Labios del Pecado. Cap Extra 1

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¿Por qué Jaejoong estaba así? Yo solo dije lo que era cierto. Nuestras conversaciones ya no eran solo eso. Últimamente todo era solo tener relaciones y nada más. Además era él quien me lo pedía.

¿Se habrá cansado de mí?

Y si fuera así, no debería preocuparme. Yo también tome a Jaejoong como un pasatiempo. Nada era serio. Sé exactamente que él siente algo por Yunho pero no quiere aceptarlo. Y tampoco voy a engañarme, porque yo tengo a Junsu muy metido en mi corazón.

La gente cree que soy de piedra, pero no es así. Yo también se querer, quise a mi padre muchísimo y a Junsu de igual manera.

Pero ambos se fueron, a uno me lo arrebato esa desgraciada mujer y al otro me lo arrebato la cobardía.

Que podía hacer entonces, si no más que encerrarme en mis propias desdichas. ¿Cómo soportar tanto vacío?

Había encontrado por fin a una persona que me hiciera tomar la pérdida de mi padre con más cordura. Sin lágrimas si no con sonrisas, me hacía recordar los buenos momentos que pase con él, que aunque era niño, los recordaba porque fueron muchos. Sentí que había llegado a mi vida una persona que me volvería a hacer sentir vivo.

Recuerdo cuando lo conocí. No le importaba que yo fuera grosero, él siempre estaba tan alegre que tomaba con humor mi mal genio.

Al principio eso me hacía renegar demasiado, pero luego me acostumbre a ello.

Tenía 12 años cuando lo conocí. Ambos tomamos el mismo profesor particular. Aquel profesor ya me venía enseñando desde hace mucho, ya que desde que murió mi papá me aleje de todos, pero mamá no quería que perdería años de estudio.

Por lo que me mandaban a su casa como su único alumno. Cuando me entere que daría clases a otro chico más, me negué tajantemente a querer ir.

Mamá me llevo a regañadientes y tuve que acatar su orden.

Por eso mi mal genio se triplico, porque estaba muy bien con mi soledad. Pero que llegue un intruso a irrumpir mis clases particulares, me hizo hervir la sangre.

Aquel día, el profesor me lo presento, Kim Junsu. Con mala gana le estreche la mano y le dije mi nombre. Él solo sonreía y me daba tremenda ira ver que solo eso sabía hacer.

No le dirigí la palabra las primeras 2 o 3 semanas. Pero él si se acercaba a mí, me hacía bromas y yo simplemente le ponía mala cara. Aunque a él ni le interesaba que fuera tan grosero.

Lo que más me molestaba era que fuese tan hablador. Cuando el profesor nos dejaba haciendo ejercicios, comenzaba a narrar su vida entera, como de donde venía, sobre sus papas y sobre lo cotizado que era con las niñas. Simplemente no sabía cómo callarlo, me molestaba pero como el profesor le daba toda su atención él no cerraba la boca.

Tuve que soportar un año de sus historias, que entraban por un oído y salía por otro. Gracias al cielo que llegaron las vacaciones rápido.

Al segundo año, ya me daba terror encontrármelo. Rogaba por que no siguiera tomando clases con el mismo profesor. Pero al parecer no fui escuchado porque volví a verlo.

Pero cuando lo vi, fue totalmente cambiado. No hablaba, cohibido, apático y sin esa sonrisa que siempre tenía. Eso me pareció bastante extraño.

Pasaban las semanas y a veces iba a tomar las clases, otras no. Y la verdad, empezaba a extrañar a ese Junsu que solo sonreía y soportaba mi mal genio. Por qué nadie me soportaba, solo él lo hacía.

Así que un día que llego, por cierto tarde, decidí hablarle. Aunque fuera en contra de mi actitud.

- Junsu.

Recuerdo su mirada, vacía, apagada, sin vida.

- Hola Changmin.
- ¿Podrías ayudarme con los ejercicios?
- N-no entendí.

Y efectivamente cuando vi sus apuntes, no había resuelto ningún ejercicio lo que me pareció muy extraño ya que era muy bueno con los números. Para ser sincero en todos los cursos que llevábamos, menos en el inglés.

- ¿Te sientes bien?

Recuerdo su intento de sonreír, pero le gano esa tristeza inmensa que tenía.

- Me parece extraño que me hables.
- ¿Por qué estás tan triste?

Y mejor no le hubiese preguntando porque de inmediato sus ojos se llenaron de lágrimas.

- E-eh no llores.

Lo quise abrazar pero mejor no lo hice.

- E-es que…

El profesor que miro que Junsu estaba llorando, se retiró un momento y me dejo a solas. Pero no entendí para qué. Aunque pensando unos segundos, caí en cuenta que era para consolarlo.

Mala idea porque no era nada bueno.

Solo me atreví a palmearle la espalda, al hacerlo recuerdo muy claramente que él se cobijó en mi pecho y lloro muy fuerte.

Los días siguieron pasando, ni el profesor ni yo sabíamos que le pasaba. Pero se lo veía cada vez más demacrado. Por lo que él profesor decidió llamar a sus padres ese mismo día.

El profesor en un acto que no en ese instante no supe entender pero que luego me explico, que al saber que era lo que le pasaba, sabría yo como ayudarlo.

Cuando sus padres llegaron, él me pidió que me ocultara en el gran armario que tenía en su despacho. Me metí ahí y estuve bastante preocupado de que no me cogiera un ataque de estornudos, por todo el polvo que había dentro.

Escuche que entraron y como cerraron la puerta. Los silencios me mataban, me daban ganas de salir huyendo de ahí. No podía creer que yo estuviera haciendo eso.

- Los llame para decirles o informarles que su hijo ha bajado en sus calificaciones. Me sorprende demasiado esto. Señores, Junsu es muy bueno, no sé qué este pasando.

Otro silencio, yo solo contaba los segundos.

- P-profesor…

Escuche una voz que quería quebrarse, temblorosa y femenina. La madre de Junsu.

- Junsu, mi hijo…

Tomo la posta, debido a la voz, el padre de Junsu. Ya que su madre finalmente termino por quebrarse.

- Junsu paso por un episodio que destruyo nuestras vidas.
- ¿Qué sucedió? Por qué no es posible que un chico tan alegre, sonriente, aplicado haya cambiado tan radicalmente en tres meses. No logro entenderlo.

Escuche los sollozos de Junsu.

- Una noche, mi hijo simplemente salió a comprar unas cosas a la tienda. Simplemente fue a comprar…

Repetía eso insistentemente, como indignado.

- ¡A mi hijo lo raptaron y no sé qué cosas más le hicieron!

Yo me cubrí la boca, al oír ese grito desgarrador de la madre de Junsu.

- ¿Cómo?
- Si, a los cuatro días lo dejaron a unas cuadras de nuestra casa. En un ex campo de futbol abandonado, en completa oscuridad. Él solo llego caminando hasta la casa.
- Junsu ¿Qué te hicieron? ¿Denunciaron esto?
- S-si, pero soltaron a los cobardes.

Hasta el momento Junsu no decía nada. Quería oírlo, quería oír lo que le hicieron.

- Me tuvieron en un cuarto muy oscuro, a veces me vendaban los ojos.
- ¿Te hicieron…algo…t-tu…
-

No sé porque pero en esos momentos me entro una ira descomunal.

- D-dos de ellos…m-me golpearon mucho y trataron de viol…
- N-no hijo. No lo digas.
- ¡Me tocaban y me hacían cosas que no quería!
- ¡Malditos!

Grito el profesor y lo seguido fue un fuerte golpe, que supuse vino de él.

Luego de eso Junsu, conto que tenía pánico salir de casa. Por eso faltaba muchas veces a las clases. Cuando estaba en la calle sentía que lo seguían y no era para menos.

A él igual que a mí nos había arrebato algo que era valioso, las ganas de vivir y sonreír. Me sentí identificado pero nunca me creí la persona indicada para ayudarlo.

De todos modos los siguientes días a Junsu se le notaba igual. Cabizbajo y sin sonreír. Sinceramente extrañaba su sonrisa, y su voz chillona.

- Junsu.
- Hola Changmin.

Eso era lo único que siempre me decía. Pero un día intente que fuera diferente, porque si no era yo no era nadie más, solo éramos dos y el profesor que también hacia sus esfuerzos.

Entonces lleve un pedazo de pastel que la muchacha que hacia la comida en la hacienda lo había hecho. Era de chocolate, inicialmente era solo para mí pero creí que sería una buena idea llevarle un pedazo a Junsu también.

- Mira te traje esto.

Recuerdo su expresión, cejas levantadas y ojos sorprendidos.

- Después de todo lo que te incomode el año pasado. Me invitas un pastel.
- No me molestabas.

Falso, pero que podría decirle. No quería hacerlo sentí peor.

- ¿No?
- Extraño eso. Extraño tu voz tan chillona y tu manera o facilidad que tenías para sonreír. Yo olvide hacer eso.

Fue en ese momento en que se me ocurrió contarle sobre mi padre. Quizá así no se sentía tan solo o el ser más desdichado de este planeta.

- ¿Por qué dices eso?
- A mi papá…lo asesinaron. Y no es algo que haya superado. Por eso me ves amargado.
- Lo siento.
- Ya paso. En vacaciones pensé que quizá tú me hubieses podido ayudar a volver a sonreír. Pero cambiaste mucho.
- S-sí. Perdón no te pude ayudar.

Y pensé que por mucho tiempo podía volver a sentirme útil. Y comencé a ayudarlo.

Pasaban los meses, nos volvíamos cercanos. Un tiempo comencé a acompañarlo a su casa y luego a recogerlo para ir juntos. Mi vida comenzó a encontrarle una razón, un motivo para interesarme. Y mientras más pasaba a su lado, más me comencé a acostumbrar a estar con él.

En mi crecía un sentimiento de confusión, un vacío que solo cuando tenía a Junsu en frente podía llenarse, porque era él quien creaba ese vacío cuando no lo veía y desaparecía cuando estaba a su lado.

A mitad de ese caí en cuenta que lo que me pasaba con Junsu no era más que atracción. No me atrevía a decir que era enamoramiento, tenía miedo de pronunciar o pensar aquella.

Pero el querer verlo sonreír, el querer saber que se encuentra bien y quitarle ese miedo en los ojos cada vez que salíamos a la calle, se habían vuelto una prioridad.

- Junsu… creo que…
- Te quiero Changmin…


2 comentarios:

  1. Yerkito3/13/2016

    Que hermoso, pobrecito Junsu :c triste su historia, pero me alegra que ChangMin lo ayude.

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