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Labios del Pecado. Cap Extra 2

Cuando se lo dije estaba con el corazón muy acelerado. Ni siquiera había pensado decirlo, simplemente en ese instante sentí que decía decírselo.

Changmin me había ayudado a superar algo tan fuerte, algo que hasta ahora no olvido, una situación que ni el mismo Yoochun sabe.

Changmin me contó que había estado presente, o mejor dicho, escondido, cuando el profesor platico conmigo y mis padres. Y me alivio saber que si estuviera informado de lo que me había pasado. Por eso entendí lo atento que comenzó a ser conmigo. Todos esos detalles que empezó a tener hacia mí, me confundió, me agrado y terminar por darme cuenta que él me hacía bien. Me ayudaba y entendí que si él podía vivir con el sentimiento de perder a su padre, yo podía continuar mi vida con el sentimiento de haber sido raptado.

No estaba solo, en cambio él si lo estuvo y solo, continúo con su vida. Cuando lo conocí también me preguntaba el porqué de su amargura. Pero nunca se lo pregunte, solo me empeñe en hacerlo sonreír, aunque nunca, en ese primer año, lo logre.

Finalmente en el segundo año, él con todos sus problemas y soledad, se atrevió a romper ese hielo que había y comenzó a ayudarme. Me acompañaba a casa, me recogía y estábamos juntos todo el día. Todo eso empezó a confundir mis sentimientos.

Pero lo entendí. Yo quería a Changmin, no como hermano, lo quería como más que amigo. Quería que ese chico que fue capaz de ir en contra su personalidad solo para ayudarme, sea solo para mí.

Pero tenía miedo, mis padres jamás aceptarían una cosa así. Pensarían que todo eso sería producto de todo lo que pase. Pero no es así. Changmin se había convertido en alguien importante para mí. Lo quería y mucho.

- Te quiero Changmin…

Se lo dije, y lo que paso fue que nos abrazamos como si la vida se nos fuera en ella. Con eso sentí que él quizá también sentía lo mismo. Y rogaba porque eso fuera así.

Entre nosotros no había besos, solo abrazos, muestras de cariño. Todo era tan inocente, solo teníamos 13 años que más podría pasar. Además yo no me atrevía a pensar en esas cosas. No podía, tenía pánico.

Así nos mantuvimos por tres meses o cuatro. Ya casi las clases terminaban. Ambos superábamos día con día nuestras penas, juntos, lo cual era muy importante.

Pero eso se acabó un día que mamá nos vio en una situación extraña para ella.

Changmin y yo, como lo hacíamos desde hace meses, llegábamos a mi casa. Creí que mamá no estaba en casa, pensé que estaba trabajando. Pero no fue así.

Changmin siempre fue cariñoso conmigo y yo con él, esa costumbre de acariciar mis mejillas y ordenar mis cabellos, era lo que tanto me gustaba de él, eso y muchas cosas más. Esa tarde, Changmin intento algo más y por supuesto yo también lo andaba deseando.

Intentamos darnos un beso, lo ansiaba tanto, pero mi madre quien había estado mirando desde la ventana salió pero sin hacer escandalo alguno. El beso quedó en nada.

Le agradeció a Changmin por acompañarme y él se fue. Lo que adentro me espero fue muy diferente.

Ella estaba indignada con lo que estuvo a punto de suceder. Me prohibió regresar con Changmin a casa, y me advirtió que le dijera que ya no me venga a recoger. Y que al año siguiente iría a la escuela del pueblo. Fue tajante y no pude reclamar.

Al día siguiente no le dije nada a Changmin, solo le dije que ya no me viniera a recoger, él me pidió una explicación pero no se la di. Y así pasó, comencé a mantener mi distancia. Él no entendía y a mí me dolía demasiado.

- Tus padres lo saben verdad.

Me dijo un día. No le respondí, pero era cierto, mamá se lo había contado a papá y el me reprocho aún más.

Lo que sucedió días siguientes me lo merecía. Changmin comenzó a perder la paciencia conmigo y me dijo cobarde. Era cierto, lo fui pero era menor de edad y mis padres, aparte de Changmin, eran lo único que tenía. Todo lo que tenía era por ellos.

Comenzó la indiferencia de él, ya faltaba poco para que terminen las clases. Y cuando llego el último día, Changmin no apareció. Me reprochaba el hecho de haber pasado tanto tiempo junto y nunca haberle preguntado donde vivía. Siempre fui yo, yo y yo. Él me contaba sus asuntos pero él siempre prefería escucharme. Me sentía tan mal de pagarle así. A final de cuentas lo abandone y él no se lo merecía.

El año siguiente, le rogué a mamá y papá por seguir con el mismo profesor particular, pero ellos se negaron rotundamente. Ya habían conseguido un trabajo en esta hacienda “La Corbela” nos mudaríamos y me matricularían en la escuela del pueblo.

El primer día de clases, a la hora de salida fui a la casa de mi ex profesor, con la esperanza de encontrar a Changmin. Lo encontré, pero lo que me dijo hasta ahora retumba en mi cabeza.

“Eres un cobarde y siempre lo serás. Me abandonaste después de todo lo que hice por ti. No te quiero volver a ver”

Y así paso, nunca más nos volvimos a ver, hasta ahora que tuvimos ese reencuentro.

Nunca pude darle un beso, nunca pudimos llegar a eso. Por eso me enojo tanto que Jaejoong si haya logrado eso y más con él. Por qué lo de ellos no es amor ni cariño, lo mío con Changmin si lo fue, fuimos compañeros, amigos, empezamos una relación y tuve que malograr todo. Como siempre.

En esta hacienda conocí a Yoochun. Con él bloquee todo mi pasado, todo lo que había pasado conmigo antes de que pusiera un pie en esta hacienda. Hasta ahora lo oculto, ni Yunho lo sabe.

Yoochun me recordaba a mí, cuando conocí a Changmin. Él siempre reía, hacia bromas, me recibió muy bien. Era mi yo anterior reflejado en él.

A cada momento recordaba a Changmin, quería salir y correr a verlo. Me ponía triste cuando pasaba eso. Pero Yoochun siempre aparecía y me robaba muchas sonrisas.

- Eres guapo cuando sonríes. Deberías hacerlo más seguido.
- S-sí.

Muchas veces hasta me sonrojaba con él.

Meses pasaban y me volvía más cercano a él. Me hacía bien estar a su lado. Pasaba buenos ratos, reía mucho y me hacía olvidar, con dolor lo reconocía, pero me hacía olvidar por momentos a Changmin.

Yoochun es un poco más atrevido, eso era lo diferente, yo me mostraba tímido para interactuar. Me había vuelto desconfiado, pero él no era una mala persona. Eso se notaba.

Coqueteaba sin pudor conmigo.

- Yunho me presto su perfume ¿Quieres oler?

Aquella vez que me propuso eso, simplemente no sabía dónde meter mi rostro. Porque él pregunto pero no me dejo responder.

Acerco su cuello a mi rostro y sentí un aroma muy agradable. Pero lo que hizo luego no me lo espere.

Su rostro quedo enfrente mío, el me sonrió y me dio un beso en la mejilla. Me la acaricio y esa mirada nunca la olvidare. Una mezcla de ternura y picardía.

- Me gustas Junsu.

Me dijo sin tapujo. Yo creí que era un playboy, que andaba de una chica en otra. Sinceramente la primera vez lo que vi lo creí, porque lo vi coqueteando con una joven que trabaja aquí.

- Es broma ¿verdad?
- No. Eres tierno y me gusta hacerte sonreír.

Yo solo no dije nada respecto a eso. No iba a mentirle porque aun pensaba en Changmin y sacarlo de mi mente iba a costarme mucho tiempo.

Pero Yoochun también empezaba a ocupar espacio en mi mente y en mi corazón. Era tan atento, gracioso, divertido y caballero.

Me repetía todos los días que le gustaba y que esperaba una respuesta mía, pero nunca se la daba porque simplemente no tenía una.

Así, poco a poco me fui acostumbrando a él. Me fui sacando de la mente a Changmin y comencé a sentir cosas nuevas y bonitas por Yoochun.

Todo iba bien hasta que él me trajo a la habitación, donde compartía con mis padres, un pedazo de pastel. Debí sentirme bien pero fue todo lo contrario. Changmin apareció nuevamente en mi recuerdo. Lo acepte pero no puse buena cara, no pude disimularla.

Obviamente Yoochun se dio cuenta de eso y al día siguiente me pregunto si me había molestado aquel detalle.

Solo atine a decirle que había tenido una discusión con mis padres y que no me encontraba bien, ni con ánimos de recibir nada ni a nadie.

Él me creyó y me dijo que no me preocupara, que podía llevarme otro pastel en muchas más ocasiones.

Yoochun me empezó a pintar la vida de mucho colores.

Volvía a sonreír, volví a ser el mismo de antes.

Comenzó a meterse de lleno en mi mente y en mi corazón.

Eso creí, realmente, eso creí.

Se metió de lleno en mi mente. Pero, al parecer, no en mi corazón.

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