Rosa de invierno. Extra

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Como si arrastrados por una estampida de ñús, aquel pelinegro y su amado albino habían sido absorbidos por una multitud que despavoridos, escaparan por la explosión que surgiera en una tienda de venta de bombonas de butano.

Corrieran por las calles de aquel barrio de Seúl despistando a los policías que habían estado controlando cada movimiento de Jaejoong desde el mismo instante en que saliera libre de la cárcel, después de cumplir su condena.

Una furgoneta camuflada con el logo de aquella maderera, lejos del rastro de aquellos policías encubiertos, los esperaba en una acera a unas cuantas manzanas de donde había sido aquella fortuita explosión.

El pelinegro captó la indirecta directa y no dudó en entrar en el asiento del piloto, sabía perfectamente que su adorado albino al que llamaba su rosa de invierno, tenía una deficiencia visual que le hacía casi imposible enfocar su mirada para ver más allá de 3 metros, su campo de visión era tan limitado que el tanto por ciento de pérdida le hacía casi imposible hacer cosas que otros seres humanos normales podían hacer.

Algo impensable para Jaejoong, ya que poseía la vista y agilidad de un lince.

Entrando y poniendo el motor en marcha, Jaejoong, no tardo mucho en ver su destino en aquel artilugio que había sido algo normal para él desde que Junsu era incapaz de guiarle. Y aunque hubiera pasado tiempo desde que condujera, puso en marcha como pudo el coche.

El GPS le indicó el lugar a donde ir y ambos no tardaron en llegar a aquel hostal de poca monta que se encontraba en uno de los barrios más alejados del centro de Seúl.

Dejaron el coche mal aparcado, les daba igual, no volverían a utilizarlo para volver a escapar, en ese motel nadie los encontraría.

Entraron ambos mientras el recepcionista estaba absorto en las noticias que salían por la televisión. Jaejoong aprovechó el disfraz de Junsu y se apartó un poco por precaución, algo le decía que el hecho de haber perdido de vista a los policías podrían aprovechar aquel acto e involucrarlo. Quizás era una locura, pero quien podía negar las locuras que a Changmin se le podrían ocurrir. Estaba claro que Jaejoong conocía perfectamente hasta que punto de desesperación por atrapar a Junsu podía llegar aquel demente moreno.

Y como si le hubiese leído los pensamientos su rostro apareció en la televisión, su foto antes de salir de la cárcel que se tuvo que sacar para la ficha de registro antes de salir de allí, que aunque parezca increíble el ingresar en la cárcel y el salir conllevaba a una gran cantidad de papeleo.

Se giró maldiciéndose mil veces, pero gracias a la voz melosa de Junsu, el señor que estaba en recepción le distrajo por lo que fue incapaz de alcanzar ver el rostro de aquel supuesto criminal, que sin saberlo, estaba a menos de dos metros de distancia de él.

Les dieron una llave y aquel buen señor los acompañó recordándoles que no tendrían desayuno y que deberían dejar la habitación doble con cama de matrimonio vacía antes de las 12, ya que solo estarían allí ese día, al amanecer se irían de nuevo a un nuevo destino todavía incierto para el albino de cabellos platino ocultos bajo una peluca de pelo negro.

Entraron entre la penumbra de aquella habitación que poseía una única ventana a la parte posterior con las persianas bajadas, dejando todo oscuro, donde apenas la silueta de ambos podía ser vista o distinguida en el diminuto cuarto.

Jaejoong encendió la llave de la luz que se encontraba al lado de la puerta, la cual pudo divisar antes de que el señor cerrase la puerta tras de él y este le diera las gracias oculto en su gorro de lana y bufanda.

Ese gentil rostro que despidió al señor se tornó de otra faceta diferente, había pasión, deseo y sus ojos miraban fijamente a una figura que estaba siendo iluminada luego debajo del foco que apenas sí sostenía la bombilla convencional que iluminaba con esfuerzo el cuarto.

Este último, bañado por aquella luz se giró y no tardó mucho en recibir un aliento cálido cerca de sus labios. El pelinegro se había avanzado hasta él agarrándolo de la cintura ciudadosamente pero firmemente y lo miraba bajo eses complementos que lo acompañaran por las calles frías de Seúl durante el último mes del invierno, Marzo.

- Es invierno de nuevo....

El más bajo miró como queriendo entender a que se refería con eso y ladeó la cabeza medio sonriendo; y alcanzando el rostro de su amado, lo destapó descubriéndolo completamente, viendo como aquel Jaejoong que conociera hacía tanto en el instituto y después de 5 años seguía tan hermoso como el primer día.

Agarró su gorro de lana y lo dejó lentamente en el suelo mientras el que estaba siendo despojado de sus complementos lo miraba fijamente con una pequeña sonrisa en la cara. Este movía sus ojos atento a cada movimiento de su albino disfrazado como cualquier persona normal hacía, mientras le sacaba la bufanda posteriormente y la posaba lentamente en el suelo de nuevo.

- Mejor así...- sonrió el chico de pelo platino mientras se acercaba a mirarlo con los ojos bien abiertos.

Jaejoong lo miró y sonrió al ver como lo miraba de nuevo, tan cerca. Sabía que su deficiencia visual con la penumbra era incluso más pobre por lo que empezó a mover los labios como queriendo decir algo y solo se limitaba a sonreír. Estaba tan contento que no cabía en su ser de lo emocionado que estaba de ver como su amante disfrazado se acercaba para tener una visión más definida y detallada de él. Pero que se tuviera que acercar tanto para poder verlo no le desagradaba, ni le causaba molestia, al contrario, le encantaba tenerlo tan cerca y a pesar de que quería romper esa barrera de ropa que hacía que sus cuerpos estuvieran separados el uno del otro, se contuvo, todo lo que pudo y esperaba que fuese el otro más bajo quien empezara.

Los años como alguien fuerte en la cárcel, no le habían hecho olvidar de quien era el que llevaba la relación de los dos, él seguía siendo el pasivo. Y por irónico que fuese al ver el contraste de su cuerpo ahora musculado y fibroso con el de su amante todavía delgado y estilizado, causaría risa o quizás incredulidad de pensar que aquella persona que era todo un "hombre" era el dominado por uno más enclenque.

El más bajo alzó sus manos por sus brazos y no pudo evitar tocar aquel cuerpo que potente se le presentaba delante. Sonreía vergonzoso, quizás por primera vez, al ver aquel ejemplar delante de él esperando que tomase la iniciativa.

- ¿A qué.... te refieres con el invierno?- este lo miró a los ojos con deseo mientras era consciente de que cualquier conversación era lo que menos querían ambos.

- En invierno- dijo Jaejoong acercándose a él y abrazando al fin su cintura con sus brazos mientras se acercaba a su boca lentamente- fue cuando te conocí por primera vez...- sonrió mirándole perdido en los labios rosados del menor y levantó su vista lentamente de nuevo para mirar sus ojos cubiertos por lentillas marrones- y ahora en invierno... nos volvemos a encontrar...

Levantó una de sus manos al rostro del albino disfrazado y le acarició la cara, viendo como su pulgar se manchaba de lo que era base de maquillaje dejando entrever su verdadero tono de piel bajo toda aquella mentira. Volvió con su mano a tocar aquella mejilla y empezó a limpiársela delicadamente para descubrir a la persona que realmente amaba bajo ese disfraz.

El más bajo posó su mano en la del más alto y lo miró fijamente a los ojos. Eses ojos aún cubiertos por las lentillas emanaban fuego de una pasión ya encendida que se había mantenido en ascuas durante demasiados años. Y que con solo un roce y una mirada sentía como ardía por dentro, como que lo consumiría si no daba el primer paso y literalmente se lo comía entero.

Y entonces Junsu en un arrebato, se agarró a su abrigo y tiró fuertemente de él para darle un beso, un profundo beso donde solo los labios los unían a presión, sin moverse sin poder respirar, demasiado había estado aguantando y ahora sus propios nervios y arrebatos de fuerza le hacían imposible mover los labios más que pegarlos fuertemente.

Pero fue el alto que consiguió controlar la fuerza del más bajo, ahora por fin después de tanto tiempo, esa fuerza entre ambos era comparable y casi igualitaria. Lo agarró fuertemente intentando que no lo estrujase por la nuca y agarrándolo sintiendo la tensión de los músculos del más bajo hizo el primer movimiento de lengua que consiguió abrir los labios del menor, dando paso a una serie de sensaciones fuera de lugar, donde la locura era la única que tenía paso libre para hacer de las suyas.

Forcejeaban y se movían sin ver a donde llegaban solo con un único propósito de que aquello que sobraba los dejase llegar al otro sin obstáculos y todo lo que tenían contenido encontrase una escapatoria al fin. Chocaban con todo lo que se les ponía delante, incluso si dolía, no lo notaban, estaban tan centrados en lo que ambos cuerpo y mente les pedían que eran incapaces de centrarse en lo que pasaba a su alrededor. Terminando al fin, donde la pared no los dejaba avanzar más, o en su defecto la mampara de la ducha.

Para ese entonces se encontraban con la ropa media revuelta, pero no desabrochada si quiera, habían estado tan centrados en saborear los labios del otro después de nada más y nada menos que 5 años, que se les olvidara lo principal, sacarse lo que sobraba.

Se sonrieron cuando se vieron lo desesperados que ambos estaban mientras reían y daban muestras de cariño al otro mientras se miraban fijamente a los ojos. El mas bajo limpió las manchas de maquillaje del rostro del mayor al besarse y este le acarició la cara mientras lo miraba enamorado, más si cabía de lo que ya estaba. Embobados el uno del otro se volvieron a mirar a los ojos, sentían que era hora de ir sacándose la ropa y de que lo que ambos cuerpos deseaban se realizase de una vez.

Volvieron a besarse esta vez algo más calmados. Junsu se apartó de la mampara donde Jaejoong lo apresaba con su cuerpo y deslizó la puerta entrando no sin antes deshacerse del calzado para abrir el agua y así ducharse ambos juntos.

Entraron ya solamente con los pantalones y las camisetas que ambos llevaban. El más alto volvió a aprisionar al albino tan adorado por él. Mirándolo detenidamente y por unos minutos, acercó lentamente su mano a la cabeza de este donde tenía todavía colocada la peluca que ocultaba ese pelo platino que tanto le encantaba tocar y oler. Le apartó aquel molesto pelo falso dejando que los mechones del más bajo bajasen por su rostro tapando su ojo izquierdo lo que hizo de él aún más atractivo a la vista de su acompañante.

Dejó que aquella peluca se deslizase por sus dedos y cayese al suelo sin fijarse donde caía ya que aquella nueva visión de su amante lo tenía embobado, mientras tanto llevó la mano a la llave del grifo haciendo que una fuerte cascada de agua fría chocase con ambos, detonando de nuevo ese impulso salvaje que los llevara sin control a terminar al cuarto de baño.

Jaejoong lo presionó de nuevo contra la pared y esté empezó a acariciar el rostro del más bajo con su pulgar, haciendo que el agua y su mano eliminasen el rastro de maquillaje que ocultaba para él, el tono más hermoso que jamás había visto antes en su vida. Cada centímetro de aquella blanquecina piel brillaba con cada gota de aquella helada agua que los calaba a ambos. Pero no era momento de tiritar de frío ni de siquiera pensar en cosas lógicas. Ambos deseaban que lo inminente sucediera de una vez.

Entre gemidos y lamidas incesantes con la lengua perversa de Junsu, Jaejoong comenzó a tomar el lugar que le correspondía solo a él, el de pasivo.

Lo deseaba, lo deseaba con todas sus fuerzas y sentía doblegarse, vencerse ante los encantos de aquel maldito criajo casi un año menor que él. Ese cuerpo, esa ímpetu que una vez les hiciera perder la cabeza no sólo en el yate, si no en aquel escondite del más bajo, donde no pararan de hacerlo hasta acabar casi muertos por no probar bocado, ni beber otra cosa más que sus propias pieles y la semilla que tanto ahínco se dedicaban a extraerse por medio de felaciones.

Aquel sabor, aquel afrodisíaco sabor que tanto el uno como el otro echaban de menos y despedazarían a mordiscos si no fuera que por eso se convertirían en auténticos caníbales, sabía a gloria, ambrosía que solo los dioses podían tomar, algo prohibido para el resto de mortales.

Pero Jaejoong era un Dios, o eso decía su espalda que recordaba una vez más todo lo pasado en aquel "hotel" donde estuviera encerrado por cinco años. Y Junsu era la Muerte. Ambos, seres sobrenaturales que habían quedado prendados el uno del otro por las garras del odioso Cupido, que solamente les hiciera pasar por un enamoramiento tortuoso. Además de Cronos, el dios del tiempo los había apartado por 5 años. Y eses minutos ahora podían ser lo más maravillosos que jamás hubieran pensado pasar juntos en su efímera eternidad.

- Como me ponen tus tatuajes...- dijo el más bajo en un gemido extasiado al ver como gracias al agua dejaba entrever parte del tatuaje del pecho del más alto oculto bajo aquella ahora transparente prenda.

- No es nada en comparación con lo que te espera encontrar detrás...

Eso que dijo el alto encendió aún más al pequeño de los dos que estaba a punto de dejarse llevar por su propia locura.

Era el momento adecuado, después de tanto tiempo estaban disfrutando el uno del otro, retozando casi prácticamente de forma vertical, rotando de posición y desprendiéndose ambos cada vez de mas ropa con solo quedar con los pantalones entreabiertos del más bajo. Jaejoong introdujo su mano para animar a su miembro, o más bien para hacerle consciente de lo que quería en ese momento, tenerlo dentro.

-Veo que... -gimió y tuvo un escalofrío al tacto frío de la mano del más alto- estás tan necesitado como yo- lo beso dejando que el otro volviese a besarlo de nuevo y se ahogasen por no dejar que el otro soltase sus labios- Oh Jae, ¿Desde cuando tomas las riendas?...

El más alto sonrió y le volvió a devorar la boca sin dejar que apenas el aire saliese o entrase de ellas.

- No lo sabes bien...- sonrió y le fue besando la cara hasta llegar a su oreja y mordérsela para luego lamerla con lascivia mientras de una embestida empotró a Junsu contra el azulejo de la ducha- desde que me muero que la metas de una santa vez- jugueteó con sus dientes en el lóbulo de la oreja de su albino y luego lo mordió haciendo que el más bajo tuviera un escalofrío.

Jaejoong se colocó de rodillas para que el placer que sintiera su chico no le produjera una contractura. Se acomodó apoyando su cabeza en su bajo abdomen mientras el otro empujaba la cabeza del pelinegro con sus manos hasta que al fin conseguía rozar con sus labios aquello que iba a estallar después de tanta excitación.

Pero fue una sombra que moviéndose pudo Junsu divisar bajo la puerta además de unos pasos rápidos, sin parar. Aquella luz  delataba que alguien había entrado en su cuarto, profanando su intimidad y fue ahí, con la sangre fría que tuvo que parar aquello que estuviera deseando durante tanto tiempo. Tapó la boca de su amante pelinegro y le hizo una señal de que divisase lo que les estaba acechando por detrás de la puerta.

Junsu siguió gimiendo como si de verdad estuvieran haciendo algo no recomendado a menores y con la mirada hizo que Jaejoong atendiese a lo que estaba fuera acechándolos.

Los instintos del musculado y mojado pelinegro estaban ahora en el limbo, pero al ver como una sombra se movía sin parar en aquel lugar, cambió radicalmente, y un estado de alerta como el que había estado manteniendo en la cárcel se reavivó. Había vivido demasiados años entre la tensión de estar al 100% alerta de todo su alrededor, que el cambio de estado excitado a concentrado en atacar a un posible enemigo había hecho, que como a Junsu, el libido se le bajase subiendo la adrenalina que le aceleraba la sangre casi de la misma manera.

Dejaron la ducha con el agua corriendo y siguieron instintivamente haciendo gemidos hasta que Junsu simuló que se corriera definitivamente. Todo quedó en silencio y fue ahí cuando el pomo de la puerta empezó a girarse y ambos se escondieron detrás de ella para sorprender a su atacante.

Pero para su sorpresa estuvieron apunto de atacar a ese señor que los había atendido en recepción, sorprendiéndolo y haciendo que saltase del susto. Y con razón se sobresaltó, no tardó nada en reconocer al delincuente que la televisión no paraba de mostrar una y otra vez en todos los canales.

"Un altamente asesino de masas anda suelto por Seúl, provocando el terror en una de las calles principales, por medio de la colocación de una bomba. Rogamos si vieron ese criminal informen rápidamente a este número que aparece en pantalla"

La televisión estaba encendida misteriosamente y el señor se apartó de ellos mirándolos fijamente mientras, sobretodo, miraba a Junsu aún más extrañado.

- ¡La policía ya está en camino!- dijo el señor mientras salíamos por la puerta del baño y escuchábamos como las sirenas estaban cada vez más cerca- ¡Y yo seré el que recompensen por tu cabeza!

El señor con aires altaneros y creyendo que podría con Jaejoong, se lanzó, pero fue parado por ese mismo con sólo una mano.

- Señor, la televisión se equivoca... y no pierda el tiempo intentando agredirnos... no queremos hacerle daño.

Junsu miraba al señor a los ojos con cara de pena mientras Jaejoong soltaba el brazo del señor, que asustadizo dejó que recogieran lo que podían y terminasen saltando por la ventana por las escaleras de emergencia.

A toda prisa Jaejoong y Junsu mientras iban medio desnudos y descalzos, corrían por los callejones de aquel barrio escondiéndose como podían de ser encontrados. Estaban calados hasta los huesos, pero eso poco importaba, si tenían que enfermar por salvar su vida de ser detenidos, no habría nada mejor que un paracetamol para cortar de cuajo todos los síntomas. Salvarse de ser pillados por los maderos, era lo más importante en ese momento.

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En el piso donde anteriormente los dos se encontraran, unos pasos entraron dando fuertes pisotones. Un apuesto jefe de la patrulla del NIS, el equivalente al FBI Coreano, entró por la puerta inspeccionando cada rincón donde aquellos delincuentes habían estado hospedándose por un par de horas. Sonrió y miró a su subordinado que no tardó en entender la orden.

El señor asustadizo se acercó al joven moreno con ojos inyectados en sangre e implorando por que el NIS encontrase una solución a aquella desventura.

- No se preocupe señor... daremos con ambos delincuentes- sonrió haciendo que el señor se calmase un poco más.

Era fácil para él engañar a la gente, Shim Changmin, bajo el disfraz de un agente del NIS estaba más en búsqueda y captura, para llevar a cabo una vieja venganza que no lograra cumplir

Vio una prenda en el suelo, una bufanda, bien conocida para él. Todavía la usaba, uno de aquellos tantos regalos que él mismo le hiciera a aquel mal nacido cuando fingía amarlo. La agarró y oliéndola posteriormente, se la llevó consigo como "prueba" de que aquellos dos habían estado en ese preciso cuarto.

- Registrar todo de arriba a abajo en busca de pruebas... y precintar la zona... no quiero que ningún periodista husmee por aquí.

Diciendo eso se cercioró de que aquella prueba, tan valiosa, no se quedara en la escena, ya que le encontraría un sitio mejor.


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Largas horas habían estado corriendo por Seúl y más allá, las cosas ya no eran tan fáciles como hacía años, y menos cuando Junsu estaba 100% con su aspecto natural. Era demasiado llamativo y cualquier policía lo tenía en modo busca y arresto por los crímenes que había cometido. No fuera tarea fácil tampoco introducirse entre las calles peatonales, cuyos guardias de tráfico también eran conscientes ahora del peligroso delincuente que hiciera estallar la bomba hacía unas horas.

Todo estaba demasiado fresco en la mente de la gente y esquivar todo aquello, por dos personas que estaban corriendo prácticamente sin ropa de abrigo por las calles, era más llamativo que cualquier otro tipo de escándalo. Con el frío que hacía era casi insoportable mantenerse solo con un jersey, y ellos calados hasta los huesos por el agua de la ducha, se habían dejado prácticamente todo lo de abrigo en aquella estancia donde permanecieran hacía nada.

Llegaron al puerto, donde una vez fueron separados y entre la penumbra de los containers fueron sigilosos hasta divisar en el apeadero uno de los tantos yates que Junsu tenía. Esta vez no habría policías que estuvieran allí para impedirles escapar.

Se acercaron hasta la cubierta del mismo en el que Junsu le había secuestrado y entraron sigilosos en el interior. Todo estaba a oscuras. Pero aquello no les hizo no volver a revivir aquello que hacía tantos años sucediera en el interior de aquel lugar. El más bajo miró de reojo al otro que pronto se percató y lo abrazó por la espalda. Le besó el cuello y Junsu cedió ante su agarre, realmente quería continuar lo dejado en aquel apartamento.

- ¿No hay prisas por irnos y llamar a mis subordinados para que nos alejen de la costa no?- Dijo Junsu al darse la vuelta y recorrer con sus manos los pectorales de aquel individuo que le había hecho desear cada hueso de su cuerpo.

Jaejoong negó con una sonrisa en la cara y se fue acercando a su albino que no tardó en atacarlo de la forma más salvaje que había estado conteniendo. Aprovechando que el más alto tenía más fuerza aparente que él, se colgó de su cuello y se aferró a las caderas del otro al entrelazar sus piernas, El pelinegro no tardó en agarrarlo y sostenerlo contra él mientras impedía que el otro se resbalase agarrándolo de su perfecto trasero.

- ¿Vamos al cuarto?- decía Jaejoong cuando vio el ímpetu del más joven.

Junsu no paró de asentir mientras pronunciaba repetidas veces "Si" y movía la cabeza dándole besos sin parar. Aún se detuvieron apoyando la espalda del albino contra las paredes de aquel pasillo, ese pasillo que una vez hizo que Jaejoong escapase despavorido hacia la trampa del cuarto donde Junsu lo tomó sin descanso hasta que acabó rendido.

- ¿No es genial recordar buenos momentos?- decía el pelinegro excitado- ¿Debería intentar resistirme?... ¿Que dices cariño?

Junsu no dejaba de besarlo sin parar de magrearlo y de gemir excitado de las ganas que tenía por volver a probar aquello de nuevo, que le fuera frustrado por aquel maldito señor y las sirenas de la policía.

Entonces fue que se acercaron a la puerta y abriéndola encontraron un panorama que no se imaginaban encontrar en aquel preciso lugar. Alguien ya estaba ocupado profanando la que fuera su cama durante varios días de sexo sin fin.

Junsu se bajó sorprendido por los gemidos que escuchaba y pudo reconocer a alguien entre aquellas sábanas. Una mujer estaba teniendo relaciones sexuales con su otra mitad. Su hermano Junho, había tenido la misma escalofriante idea de tener una noche de pasión entre el casco de aquel yate. Que irónico se veía aquello.

Volviendo su vista a su acompañante, Junsu se atrevió a pronunciar unas palabras cuando sintieron que aquella pareja había terminado de hacer sus intimidades.

- ¿Hyung-nim...?

Las siluetas que hacía nada estaban disfrutando de una buena sesión de sexo habían quedado en silencio, sobretodo el hombre que no tardó en levantarse de aquel lugar y encender la luz mientras desnudo se acercaba a los otros y miraba con indiferencia al par que se encontraba en el marco de la puerta.

- Junsu... y acompañante...- le hizo un repaso de arriba a abajo a aquel pelinegro que lo miraba sorprendido por la similitud pero a la vez la diferencia tan grande que hacía de cada gemelo una persona completamente diferente, cruzó a través de ambos y se fue directo a la salita interior.

El albino y su amante se quedaron perplejos al ver como sin más él dejaba a la chica que lo había acompañado en esa intimidad. Fueron junto al hermano que se encontraba ya sentado y bebiendo una copa de whisky, teniendo dos copas listas para ambos. Tomaron asiento y vieron como el gemelo mayor los miraba sonriendo.

- ¿Así que tu eres mi cuñado?

En la mirada de aquel chico se podía percibir interés a la vez que todo lo contrario, se le veía muy seguro de sí mismo mientras con esos ojos sonrientes los miraba a ambos que apenas tocaban los vasos con aquel alcohol.

Junsu asintió con la cabeza y actuó de la forma más sumisa que Jaejoong podría imaginar jamás al verlo. Se veía que su hermano era el mayor y el que en cierta manera sufría menos problemas por traumas de aspecto que el amante del pelinegro. A este último no le gustaba la altanería de su cuñado y menos aún cuando su albino se portaba de esa manera frente a un hermano, al que estaba de acuerdo que tendría que respetar por ser el mayor, pero no a ese extremo.

Estaba cabizbajo casi sin levantar la vista de la mesa, con las manos en su regazo mientras Jaejoong lo miraba perplejo al cambio tan grande que acabara de pegar con sólo la presencia de su hermano. El mismo miraba a Jaejoong de una manera fija, parecía analizar todo su semblante hasta sus movimientos capaz de leer su mente. Jaejoong volvió su vista al gemelo de su albino, al que acababa de conocer y se le quedo mirando fijo mientras asintió.

- Eso es lo que parece...- dijo desinteresado mientras agarraba las manos de Junsu y entrelazaba sus dedos con los de él.

Junho no tardó en sonreír y ver a los dos juntos, la apariencia de su nuevo familiar no le disgustaba nada en absoluto e incluso aceptaba que su defectuoso gemelo al menos tuviera buen gusto, el que había estado emperrado y enamorado de Jaejoong por tantos años, y aún sin saberlo el mayor ya sentía que lo conocía de lo que Junsu hablaba de él. Jaejoong tenía la particularidad de que era muy franco, incluso con la mirada, podías saber si mentía o si era un completo embustero, y sus poros rezumaban esa sinceridad, Junho se percató que su querido nuevo cuñado, no se fiaba de él.

- Papá, hace mucho que no sabe de ti- dijo mirando a Junsu inmediatamente- yo también me preguntaba donde andabas metido... pero viendo con quien apareciste ahora lo entiendo todo- sonrió- no debió ser nada fácil burlar a la policía... y menos a aquel demente de Changmin.

El pelinegro se asombró de escuchar aquello de los labios de su cuñado peli castaño. Al parecer el también estaba al tanto de aquello. Aunque siendo el gemelo de su amante no era de extrañar que supiera las cosas que atañían a su alrededor.

Junsu levantó la mirada y asintió.

- Iré a verle tan pronto como sea posible, pero ahora no podemos.

El peli castaño hizo una mueca de desaprobación y se inclinó sobre la mesa mirándo fijamente a su hermano menor mientras este tenía sus manos apretadas entre las de Jaejoong que miraba con furia al Hyung de Junsu. Al mayor de todos no le gustaba nada, sabía que no se traía buenos asuntos, y que ese Junsu sumiso no era para nada él. Se preguntaba una y mil veces que tan poderosa fuerza podría ejercer sobre el pequeño. El pelinegro frunció el ceño sin ser consciente de que su cara reflejaba todo.

Junho desvió su mirada a Jaejoong por un segundo y volvió a mirar a Junsu obligándole a que bebiese. Pero el más bajo se negó a ello ya que como bien sabía su novio, no le gustaba nada el alcohol ya que no lo toleraba. Entonces el gemelo mayor sin dudarlo llenó su copa y se la acercó incitándole a beber ya que si no lo hacía se sentiría insultado ya que era el único en beber. Lo más interesante fuera que a Jaejoong no lo invitó, ni le llenó la copa para que bebiese, sólo se centró en molestar al más pequeño de los 3.

- Ya basta...- dijo Jaejoong de forma autoritaria- si lo conoces tan bien como yo, sabes que no tolera el alcohol... no lo molestes más.

El recién conocido cuñado del pelinegro se sorprendió al verlo con esos modales autoritarios defendiendo a su hermano pequeño, al cual no tenía apego ninguno. Se echó a reír y se levantó posteriormente dejándolos solos en aquel salón.

- Podéis quedaros... pero no habáis ruido, no quiero escuchar a dos maricones fornicar- diciendo eso con una cara de asco se dirigió al cuarto donde despertó a la muchacha que lo acompañaba y retomaron la sesión de sexo que había sido molestada por su cuñado y hermano menor.

Jaejoong se había alterado, apenas podía soportar al gemelo de su amante, al que acababa de conocer. Junsu por su parte miró al pelinegro dándole las gracias por defenderlo y se acercó a darle un beso. Se abrazaron mientras Junsu buscaba sentirlo. Necesitaba protección, siempre se sentía débil y sumiso cuando estaba cerca de su padre o su hermano, y ahora eso Jaejoong era algo que odiaba, ver como su querida rosa sufría y sin saber exactamente los motivos reales por los que su verdadera personalidad se veía eclipsada por otros.

Decidieron quedarse en ese yate ya que no tenían otra opción ni lugar al que dirigirse y abrieron el sofá para convertirlo en una cama. No tenían pijama por lo que optaron por simplemente dormir con la ropa que llevaban puesta. Buscaron ropa de cama y unas cuantas mantas y se acostaron en aquel improvisado nidito de amor que tenían ambos por fin.

El más bajo suspiró al encontrarse ya tumbado y en los brazos del otro. Éste lo miraba y besaba por la cara con todo el amor contenido que había guardado por tantos años. Y aunque la pasión quería abrirse lugar desde el momento en que se vieron, el comportamiento de Junsu y su estado de ánimo bastante decaído les había llevado a dar un "descanso" a su locura y centrarse en solucionar o al menos hablar qué era lo que le había pasado a Junsu para estar tan decaído.

Jaejoong acariciaba la espalda de su albino y este se acurrucaba en su pecho cerrando los ojos. Por tan largo tiempo, el pelinegro había sentido que era el dueño de la relación y sabía, era consciente, de que Junsu era el más dominante, y si no estaba por la labor de mostrarse tal cual era cuando estaban solos, era porque algo le reconcomía o le impedía al más bajo desinhibirse de todas ataduras morales y ser una auténtica fiera.

- ¿Que es lo que tanto te atormenta?

El albino abrió los ojos y miró a su querido pelinegro suspirando y aferrándose a él aún más si cabía. No supo por donde empezar, la verdad sabía lo que le pasaba, era el acumulo de tantas cosas que sentía que esa felicidad que tenía sería truncada por el destino de nuevo y sin previo aviso.

- Tengo miedo...- hizo una pausa para volver a mirarlo a los ojos- desde el momento en que te vi en aquella calle del centro, he tenido miedo- Jaejoong lo atendió acariciando su rostro con dulzura- temo que el destino nos vuelva a separar...- los ojos de Junsu se volvieron acuosos, realmente era una de sus razones por sentirse así, estaba temeroso de lo que viniera a partir de ahora y realmente, aquella era la primera vez que tenía realmente miedo a lo que estaba por venir.

Su voz empezó a temblar y una lágrima furtiva escapó de sus ojos grises con tonos verdes que hizo que su musculado amante le limpiase la lágrima besando su recorrido hasta llegar a los ojos y besarlos. Temblaba, realmente estaba asustado. ¿Pero porqué tanto miedo?, ¿Que era lo que sabía que Jaejoong no?... Esas eran preguntas que el más alto se hacía así mismo. Sabía que Junsu no le quería contar, por lo menos de momento. Y realmente temía que las reacciones de Junsu fueran por algo que podría ser inevitable.

Lo posó en la cama y se puso encima de su rosa, lo besó con ternura haciéndole saber que estaba allí, que estaba por él y que ese momento no se lo sacaría nadie. Se besaron durante horas hasta que al fin ambos durmieron exhaustos después de recorrer medio Seúl andando y corriendo a toda prisa.

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Aquel amanecer que les esperaba no era ni mucho menos parecido a los que pasaran ambos juntos en alta mar aquella vez que la locura del albino les hizo encontrarse a ambos en una especie de secuestro sin recompensa. Lo que les esperaba era lo que el albino temía, un nuevo traspié que hiciera que ambos volviesen a separarse por capricho del destino. Realmente si aquella noche supieran que aquello iba a pasar no se habrían dormido y habrían escapado optando a burlar la suerte, que parecía no estar de su lado.

Tantos años encerrado en aquel lugar, tanto tiempo que el pelinegro había estado alerta aún dormido en su celda, no le quitaban que estuviera con sus sentidos al 100% despiertos esperando que algo malo e inminente sucediera en cualquier momento. ¿Pero quien pensaría que en ese sitio y con su "cuñado" de por medio, serían encontrados? Nadie en su sano juicio pensaría, que un hermano podría hacer acto tan ruin como el que Junho hizo contra su hermano menor. Y fue, en su ignorancia, que Jaejoong consiguió dormir, tan placidamente que fue incapaz de reaccionar a tiempo para evitar aquel despertar.

Como el hermano mayor de Junsu había planeado desde el instante en que los vio en el yate, agentes del NIS que estaban a la búsqueda y captura de ambos sospechosos, sobretodo del más reciente, despertaron de forma brusca a los dos amantes que se encontraban plácidamente dormidos en aquel sofá convertible.

Con fuerza los agarraron, los sorprendieron haciendo que lo poco que pudieran revolverse les hiciera prácticamente imposible ponerles las esposas, sobretodo a Jaejoong, que fuera el que más se revolcara en la cama.

Las miradas de ambos amantes se cruzaron, viendo como el más pequeño ponía una expresión amarga a su amado pelinegro, mostraba sus miedos a través de sus ojos, como sabiendo que eso pasaría, todavía preguntándose si las horas que habían pasado juntos habían sido un sueño, un mal sueño que le hiciera anhelar el estar con él, tan fuertemente, que sentía desgarrarse su interior. El pelinegro también lo miró, temeroso de lo que podía pasar. Y siendo ambos llevados por los agentes, se dirigieron a fuera donde no sólo la policía se encontraba arropando al peli castaño y a la chica que lo acompañara la noche anterior, si no que la prensa no paraba de hacer fotos con eses flashes cegadores que tenían a ambos con los ojos prácticamente cerrados.

Se podía escuchar como el hermano gemelo mayor hablaba con los agentes mientras explicaba lo tortuoso que había sido que se apoderasen del barco en mitad de la noche y como se las habían apañado para dejarlos inconscientes para luego llamar a la policía.

El pelinegro miraba con asco a ese gemelo sin darse cuenta de que estaba siendo observado por otra persona muy familiar a él. Junsu al que terminaron por poner las esposas en el barco estaba siendo llevado a un coche de la policía mientras veía como su propio hermano lo estaba ofreciendo en bandeja de plata al que había sido uno de los mayores errores del pasado del albino por obedecer y acatar órdenes de su padre. Pudo reconocerlo y no pudo evitar soltar aquella expresión de cariño que aún con todo, todavía guardaba para el que era su hermano mayor.

- Hyung-nim- dijo con cara de pena y lo bastante bajo como para que cualquiera se diera cuenta, excepto aquel ser introvertido y poco equilibrado que se hacía pasar por un agente del NIS.

Changmin había estado allí desde el primer instante, y aunque la cara de la víctima se le hacía extrañamente conocida, no sabía decir quien exactamente era a quien se asemejaba tanto. Pero fue en ese instante, que una lucecita se encendió en su mente y supo rápidamente a quien se refería Junsu como su hermano mayor, a aquel que tanto y a la vez tan poco se le parecía. El mismo que hacía pasarse por víctima estaba deshaciéndose de aquel que tenía su misma sangre en las venas como si de un trapo usado se tratase, con cero sentimientos que podría siquiera albergar por el más joven.

Sintió en parte alegría, al ver como el rostro de aquel albino se había oscurecido al darse cuenta de su cruel realidad, y aunque no se tratase de su misma situación, sintió el llamado "Ojo por ojo y diente por diente". A aquel desertor que tenía por hermano, no podría darle el lujo de seguir con vida. Ya no tenía que fingir, ya no tenía la escusa para con los medios necesarios, encontrar a Junsu y devolverle su misma jugada a aquel albino, pero esta vez quería ver con sus propios ojos el dolor de su odiado enemigo y ya que no le gustaba sentir que las cosas no tenían su esfuerzo al conseguir realizarse y no podría saborear el éxito sobre Junsu, si su hermano gemelo se lo daba directamente como si fuera un favor personal, tomó la justicia por su mano eliminando al causante de que todo hubiese sido tan sumamente fácil de conseguir. El gemelo mayor no lo sabía, pero aquello había sido un insulto en toda regla para Shim Changmin.

Simplemente hizo lo que sintió, sacó su arma y cuando el chico de igual altura la vio, no supo reaccionar a tiempo recibiendo un tiro en medio de la frente. Todo el mundo quedó conmocionado y Changmin, hábil en su engaño, desconcentró a todo el mundo al ver como él mismo atacaba a la supuesta víctima y éste último quedaba muerto sin vida en el suelo.

Giró su vista y vio como aquel albino cambiaba por completo su mirada, no era de alegría por haberse deshecho de su hermano, aquel acto que Changmin había hecho sin miramientos le había dejado perplejo sin poder creer lo que estaba viendo. Se resistió, empezó a llamar a su hermano, cosa que ningún agente ni la prensa pudieron entender. Junsu forcejeó lo que provocó que el policía que lo escoltaba lo metiera en el coche y lo encerrara mientras este no paraba de llamar a su hermano mayor.

Nadie entendía nada, y todo el mundo se encontraba impactado por lo que acabara de pasar. Un agente del NIS había matado a una víctima inocente de un secuestro en un yate y aquellos delincuentes habían pasado a un segundo plano. Nadie podía creerse lo que había pasado.

Changmin, que se había jugado su placa, miró de nuevo al pelinegro fijando su mirada en él, distrayéndolo de lo que era de nuevo un trasvés del destino. Entonces un compañero del NIS de Changmin se acercó a él posando su mano y mirándolo fijamente como buscando el porqué de su acto e intentó convencerlo de irse de allí para hablar. Pero el moreno se negó y se puso violento. Los medios de comunicación empezaron a filmar la escena cosa que el resto de policías intentó que no fuera así.

Jaejoong seguía siendo bloqueado por el policía y antes de que pudiera resistirse para escapar lo noqueó dejándolo apoyado en el capó del coche esposándolo después, donde Junsu se encontraba encerrado, reconociendo extrañamente a su conductor. Su amigo de la universidad, Hyun Joong, estaba en el asiento del piloto y se quedó mirándolo por un rato largo. ¿Como era posible que estuviera allí? Su amigo le guiñó el ojo y haciéndole señales le dijo que entrase rápidamente a la parte trasera.

Pero lo que sucedió fue algo un tanto inesperado. Changmin que había empezado una revuelta con el resto de policías se había armado a tiros con sus compañeros, ya tenía lo que quería, no era momento de fingir por más tiempo, tenía a Junsu atrapado y a Jaejoong apoyado en un coche listo para ser secuestrado de nuevo y por primera vez por él.

Después de ver como sus compañeros estaban tendidos en el suelo, algunos heridos y otros ya muertos por los balazos recibidos, no tardó en acercarse y llevarse lo que era suyo. Changmin, creía que desde hacía tiempo, Jaejoong le pertenecía. La estancia durante tantos años en aquella prisión, las incesantes amenazas por su parte y la actitud del mayor habían hecho que dejase la vida que se había forjado, con el pensamiento de que tenía que atrapar a Junsu, y no se esperó que después de tanto tiempo, se hubiera finalmente dejado conquistar por los encantos del pelinegro, sin este ser consciente de que la retorcida mente del moreno estaba poco a poco quedando prendada de él.

El alto moreno se acercó a donde estaba Jaejoong que al verlo intentó soltarse del temeroso policía que lo agarraba como podía viendo como Changmin se acercaba y le plantaba una bala en mitad del entrecejo.

Jaejoong reaccionó al disparo asustándose y viendo lo que amenazaba con llegar. Miró al interior devolviéndole la mirada a Junsu, el cual lo llamaba que entrase a toda prisa, pero Jaejoong se negó, solo una mirada a su amigo de universidad hizo que este no tardase en arrancar el coche e ir marcha atrás evitando como podía los disparos de un demente Changmin que no quería perder su más preciada recompensa, Junsu.

Al acabar las balas se giró y vio allí a Jaejoong de pie con las manos esposadas a su espalda, demasiado apetecible que no pudo evitar sonreír al ver como su pertenencia volvía a él. Dando pasos firmes se fue acercando haciendo que el pelinegro diera pasos hacia atrás, nervioso al ver como todo su alrededor se encontraba lleno de gente asesinada por un impostor.

- No vas a volver a escapar de mí...

Jaejoong volvió a mirar a su acechante, viendo como su semblante estaba cambiado, no era el mismo, su mirada y sus gestos le hacían entender que estaba más que encantado de encontrarse a Jaejoong en esa situación. El pelinegro empezaba a desesperarse, con las manos esposadas era prácticamente imposible tener un equilibrio al andar con lo que tropezaba aún yendo para atrás, siendo agarrado por el moreno más rápido de lo que esperaba.

Changmin le agarró fuertemente contra su cuerpo y llevó su mano para acariciar la cara de aquel pelinegro que desde hacía tiempo no se la había podido sacar de la mente. Estaba tan o más obsesionado por él que por Junsu, y aunque le había jodido haber perdido al causante de todas sus desgracias, se encontraba más que encantado de tener a aquel musculado ex-convicto indefenso ante su persona.

Y tras aquella sonrisa y eses ojos que le miraban fijamente a Jaejoong, sintió un fuerte golpe y la oscuridad apoderarse de todo su ser.


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Casi le había dado, Changmin en uno de eses intentos de evitar que Junsu se escapase de sus garras por segunda vez, había disparado al coche que fuera su única salvación, pero a la vez, aquel fortuito encuentro con otro de sus subordinados había hecho que volvieran a separarlos de nuevo.

La gasolina había llegado al mínimo y Hyun Joong, el que fuera tan amigo de Jaejoong en la universidad paró el coche en un sitio donde su jefe podría estar a salvo.

Éste miro por el retrovisor del coche viendo como su feje albino derramaba lágrimas por haberse separado de Jaejoong otra vez más. Hyun Joong lo miraba fijamente viendo y sintiendo lo que su superior sentía en ese momento. Él era uno de los pocos fieles que todavía apoyaban a aquel frágil chico sin pigmento que había renegado de su jefe principal, y ayudaba fiel a aquel pobre albino secretamente.

- Señor... lo siento...- decía el apesarado subordinado a su jefe- no quería dejarlo allí... pero con el demente aquel... temía por su propia seguridad...

Junsu levantó la vista y fijó sus ojos en aquel retrovisor. No podía juzgar a aquel ser, Hyun Joong, fuera el más fiel subordinado que le había mostrado una fidelidad al 100%, incluso cuando tuviera que fingir que no lo conocía. Todo aquel teatro que hicieran para sólo conseguir la atención de Jaejoong y que por fin sin mediaciones e impedimentos del padre, pudiera reunirse con su amado.

Aquel subordinado tan fiel, era cuanto menos consciente de que él no tenía ninguna posibilidad con aquel albino, que había amado en silencio desde que eran jóvenes, aceptó sin reservas que este estuviera enamorado de alguien como Jaejoong, tantos años con él en la universidad controlando que no sufriera daño alguno y que no sacase de foco jamás a Junsu, hizo que viera cuan buena persona el pelinegro era. Aún con todo quería el bien para su amado jefe, no era ni parecido al obseso de Changmin.

El albino sonrió y negó dándole a entender que no pasaba nada y que entendía a la perfección sus actos.

Acto seguido, salieron ambos del coche. Tenían que prepararse para lo inminente, pronto se encontraría con Changmin. Junsu sabía que teniendo a Jaejoong, no tardaría en hacerle chantaje, una vez eliminado su hermano, ¿Por quien más podría tener algo de apego verdadero? Changmin lo sabía, y era consciente de que ahora, aparte del dolor de la pérdida de un hermano, tenía el miedo de que ese moreno, hiciera algo malo a Jaejoong con solo el propósito de hacerle sufrir más.

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Mientras la oscuridad cubría sus ojos, el pelinegro despertó al fin después de sentir como su consciencia desaparecía manteniéndose apartado de todo lo que le rodeaba a la vez que se encontraba en el limbo, tirado en un ruinoso sofá donde los muelles podían sentirse clavarse en su piel. Estaba incómodo, una banda negra opaca por la cual era incapaz de percibir un atisbo de luz hizo que aquel estado en el que se encontraba le diese temor pero al mismo tiempo provocó que sus sentidos se multiplicasen por cinco. El sonido de otra respiración le causaba que se mantuviese centrado en lo que vendría a partir de ese instante. Aquel inmundo ser se encontraba en el mismo cuarto helado que él.

Changmin que había cargado con el musculado cuerpo del mayor hasta llevarlo a aquel lugar secreto que tan solo conocía él, un lúgubre sótano donde tenía preparado para que aquel odioso albino recibiese cada una de las penurias que había afligido en Changmin desde mucho antes ya que su padre, ya fallecido por culpa de las drogas, se hubiera enganchado.

Jaejoong se incorporó sentándose en ese sitio, posando sus pies descalzos en el frío suelo de cemento, notando el polvo y la rugosidad del mismo en la planta de sus congelados pies nada más posarlos. Olía a tabaco, un tabaco reconocible para él, solo aquella persona fumaba tan delicado y exquisito tabaco, el olor era inconfundible por lo que hizo que su boca hiciera una mueca de desprecio como retándolo, diciéndole que aun estando esposado, no le sería fácil controlarlo.

El moreno, que esperaba impaciente a que aquel pelinegro se despertase, vio con una sonrisa oscura en sus labios como el mayor se sentaba y le regalaba una mueca, sabiendo quien era aquel que llenaba el cuarto de humo. Bien recostado en el sillón, con el pitillo en la boca aspiraba el humo cerrando levemente los ojos y soplándolo por la nariz como si de un dragón que escupía fuego se tratase. En verdad aquel dragón estaba emocionado de ver aquella figura, que para él además de perfecta, le había encandilado cada día desde hacía mucho tiempo.

- ¿Donde me encuentro?- decía pausado y con una respiración calmada, sabía que lo que Changmin prefería ver era la desesperación de la gente al encontrarse en situaciones límites o donde eran incapaces de controlar, así de retorcido era el moreno.

Changmin terminó su cigarrillo con tranquilidad y aspirando la última calada apagó el cigarro en la mesa de madera que a su lado había, se inclino hacia delante para echarle el humo en toda la cara al mayor. Molestarlo un poco hasta que se comportase como él quería, era lo que más deseaba. Aunque su interior le gritase atarlo y darle de castigos, pero no los típicos de castigos que cualquiera podría dar, la mente de Changmin imaginaba cosas poco corrientes que un secuestrador haría un rehén. Changmin se deleitaba con lo que en sus sueños durante tantos años había estado imaginando. Se levantó y fue hasta detrás de aquel sofá y posó sus manos en el respaldo, deseando tocar esa piel pálida llena de tatuajes de aquel moreno. Se le hacía la boca agua.

El pelinegro permanecía sereno aún teniendo la venda en los ojos, y sobretodo sintiendo como aquel despreciable ser se encontraba detrás de él. Pero sabía que no tendría el coraje de hacerle nada, sabía que además de comportarse raro con él desde hacía un tiempo, él mismo era indispensable para llevar a cabo su venganza frustrada hacia Junsu. No lo mataría así como así, pero eso no quitaba que pudiera desahogarse de cualquier tipo de manera con su cuerpo, y eso en parte, era una de las cosas que más temía del más alto.

Los dedos de Changmin deshicieron el lazo de la venda del más bajo, este último por fin abría los ojos viendo la oscura habitación con solo un ventanuco por donde entraba algo de luz, dejando el resto en penumbra. Fue su vista lo que le distrajo de sentir las manos del más alto acariciarle delicadamente parte de la cara y cuello con sus yemas. Sintiendo como las manos de Changmin se deslizaban por su cuello y hombros, reaccionó por fin moviéndose molesto, no quería que el alto lo tocase, no quería sentir su tacto por nada del mundo.

Esa acción alegró a Changmin que sonriendo, lo volvió a agarrar fuertemente en contra de su voluntad y echando su cuello hacia atrás, agarrando fuertemente la cabeza de aquel por el que tenía más que deseos carnales. Fuertemente sostuvo entre sus manos la cara de aquella belleza sin igual aún a sus 33 años, Jaejoong poseía una hermosura que ni la novia que tuviera Changmin por tantos años en el NIS fuera capaz de mantener. Aquellos ojos negros grandes, ya una vez le llamaran la atención cuando Yunho, el chico más popular del instituto, lo había estado molestando. Miró eses ojos fijamente y se fue acercando a su boca mientras cerró sus ojos y respiró el aroma de Jaejoong. Así por unos minutos quedó oliendo aquella fragancia que desprendía el pelinegro cuando lo soltó al fin haciendo que el más mayor se revolviese apartándose lo que podía teniendo a Changmin en su ángulo de visión.

Le encantaba, como reaccionaba, como se expresaba con la mirada, como sus músculos se tensaban. Cuan ciego había estado, engañándose a sí mismo que aquel enclenque pelinegro que conociera en el instituto no le atraía lo más mínimo. De hecho, fuera con la llegada de Junsu y todos aquellos favores que estaba obligado a hacer que fue, sin querer, conociéndolo más detenidamente, al leer los poemas, al robarle él directamente las cosas que hacía, al molestarlo. Muchas veces no tenía Junsu ni siquiera que obligarlo a ir a junto a Jaejoong para molestarlo un rato y robarle las cosas, Changmin como si fuera por inercia se movía hacia él. En cierta manera se había sentido siempre atraído por él, pero el odio profundo y la envidia que tenía por Junsu fue ganando en su interior, eclipsó sus sentimientos hacia el pálido pelinegro. Y no fue hasta que Jaejoong estuvo preso, que no volvió a sentir todo que había comenzado cuando todavía no tenían la mayoría de edad.

Changmin sonrió y fue a un sitio más cómodo, su anterior sillón, donde tenía una vista más que perfecta del pelinegro. Cruzó sus piernas viendo como los ojos del pelinegro se clavaban en él. Los labios rosados del mayor que tan engatusado tenía a Changmin, hicieron un amago de dejar que palabras pasasen a través de ellos, pero el moreno paró al más bajo de su intento de volver a preguntar donde estaba.

- En un sitio que sólo conozco yo, no te diré donde estás... tampoco necesitas saberlo, pronto haré que tu cariñito venga a mí utilizándote como mi moneda de cambio- se paró para sonreír y echarle una mirada de arriba a abajo al mayor- así que sé buen niño si no quieres que te castigue, hasta que tu papi te venga a recoger... o podré castigarte duramente...- su tono de voz había cambiado, o eso notaba el pelinegro, parecía excitado.

Se levantó nuevamente de su asiento y fue pavoneándose alrededor de Jaejoong, sorprendiéndolo posteriormente mientras iba agarrándolo de nuevo frente a frente y apoyaba su rodilla en aquel mugriento sofá y con sus manos en el cuello del pelinegro. Se subió en el sofá de rodillas y vio las expresiones del otro al estar siendo ahogado con las grandes manos del moreno.

- No te niegues a nada, o volverás a revivir lo mismo que te hice la última vez en la cocina...- susurró a su oído, sin perder in segundo después le lamió cara, algo que estaba deseando desde hacía un largo tiempo.

Lo soltó y sonrió ante su victoria hacia ese pelinegro que estaba congelado de frío en ese sótano.

Se acercó a la puerta una vez probó de nuevo el sabor de su piel y le lanzó una manta. La cual resbaló y cayó al suelo. Al moreno ni siquiera le importó que el más bajo estuviera esposado y que fuera incapaz de agarrar aquella tela. Se giró y cerró ese sótano con dos vueltas sonando en todo el sitio.

Jaejoong que estaba todavía tosiendo por el amago de estrangulamiento del moreno, miró al suelo viendo como esa manta estaba allí. Levantó su vista hacia el ventanuco que anunciaba que pronto sería de noche viendo como todas sus esperanzas de tener una vida normal junto a su amado se iban con los rayos del sol.

¿Porque el destino no podía dejarlos disfrutar después de tanto sufrimiento?, ¿Porqué solo podían encontrar impedimentos y gente que les hiciera la vida imposible?

Esa noche después de tanto tiempo, Jaejoong derramó lágrimas de amargura, llevaba tantos años guardándolas, tantos años siendo fuerte que sentía que ya nada merecía la pena. Se tumbó en aquel sofá tiritando del frío de tener solo una camiseta y unos pantalones como ropa de abrigo e intentó cerrar los ojos, para que una vida de ensueño con su amado albino le hiciera por un segundo creer que todo era una mala pesadilla.


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Las manos de aquel albino temblaban al ver lo que acabara de suceder, todo fuera tan sumamente rápido que ni él entendía como el gatillo se le había apretado. Sí, tenía que haberlo hecho, era su deber, como buen hijo que respetaba las decisiones de su padre tenía que dar el castigo merecido a Yeon Hee, pero eso era demasiado. Había hecho cosas deshonrosas y sin perdón de dios durante tantos años, su padre le había exigido todo aquello con tal de recibir un poco de amor de su parte. ¿Pero porqué él?

Su padre le había comparado tantas veces con su Hyung Junho que debía contentarlo, "Tienes que hacer actos deshonrosos para ser un verdadero hombre", esa frase se le repetía en su mente una y otra vez mientras sujetaba aquella arma, absorto por lo que acabara de cometer.

Como un mal sueño, aquello volvía una y otra vez, aquella pesadilla era eterna, no bastaba con volver a repetir aquel acto, que volvía a soñar lo mismo.

En su pesadilla Junsu se encontraba en uno de los tantos edificios de su padre, de aquella tendría unos 19 años, la edad de cualquier chico que estaría empezando su segundo año de carrera, pero Junsu no necesitaba una, o al menos su padre le decía que no le hacía falta. Como bien decía su progenitor, Junsu era más de trabajar, menos estudiar y ser más eficiente con las cosas que el padre le mandaba hacer. Desde hacía años no había hecho otra cosa que ocuparse de los trabajos que su padre le mandaba directamente o le hacía llegar por medio de algún que otro subordinado.

Aquella tarde fuera a casa de los Shim a pedir el dinero que tanto debían de atraso. Aunque no le gustaba tener que aparentar, su porte sin pigmento y su mirada cuanto menos fiera si no lo conocías, podría uno pensar que era frío como el hielo, pero aquel chico pecaba de buena persona, tanto que era iluso e inocente, se había creído tanto el modo de ver las cosas con la visión de su propio padre, que con tal de hacer todo lo posible porque le mostrara algo de cariño, acataba las órdenes sin preocuparse de su propia moral.

Se acordará toda si vida de cuando picó el timbre y el señor de la casa salió suplicándole nada más abrir la puerta que le diesen más tiempo para devolver el dinero acumulado que debía. Junsu realmente lo miraba con pena, aunque sus ojos no mostrasen lo mismo, aquel albino sentía como había gente que por culpa de una adicción habían echado a perder su familia y hasta se había despreocupado de sus hijos. El mayor de ellos Shim Changmin, compañero de instituto de él mismo era el que estaba detrás de la puerta mirándolo con el ceño fruncido. Sabía quien era, sabía los problemas que desde que llegara al instituto había causado en su familia. Pero Junsu no lo culpaba, era su cara la que tenía que enfrentar cada vez que el padre del albino se le antojaba que fuera a molestar su familia.

Después de mirar mal a Junsu, Changmin esquivó al más bajo dejando a su padre suplicando cual mendigo en la puerta de su propia casa, se sentía ultrajado, se sentía humillado ante la presencia de aquel ser y más sabiendo que todas las culpas provenían de su sangre. La hermana pequeña de Changmin, Yeon Hee, se quedó detrás de su padre con los ojos llorosos, lo miraba fijamente, para ella Junsu era el sinónimo de mal fario. En su interior pensaba como una persona podía ser tan fría como el hielo y como podía ser tan déspota con una familia ya rota por el fallecimiento de una madre.

Toda esa fachada fría era solo eso, fachada. Y no pudo evitar al ver cuan destrozados estaban que prometerle al señor en bajito una cosa, esperar e intentar hablar con su padre para que no le ahogase tanto en su reclamo del dinero. Aquello fuera un acto de bondad que fuera sincero, pero solo atrajo un destino fatídico.

Semanas más tarde después de la visita de Junsu a la casa de los Shim, el hijo mayor se dirigiera con su hermana a devolverle el dinero que tanto reclamaba el padre de Junsu. La repentina llegada de ambos a la que eran las oficinas tapadera, como unas cuantas más poseía el señor, habían hecho que el chico se dirigiera a la oficina principal del último piso. El señor y padre del albino se encontraba reunido con varias personas, muchos subordinados y hasta Junsu se encontraba allí. El chico de pelo color platino tenía por obligación dirigirse a la oficinas cuando su padre lo reclamara, ya que solo podía significar una cosa, ir a recoger dinero o hacer chantaje a otras victimas que le debían dinero y se le antojaba que se lo devolviesen.

Y fue en la tranquilidad de la reunión, que el joven moreno irrumpió en la sala alborotando el panorama. Se había traído a su hermana pequeña consigo, y todos los subordinados excepto Junsu se habían levantado alterados al ver cuan desafiante se acercaba hasta su jefe. Junsu solo pudo ver como sucedía todo, aquel acto de irrumpir lo pilló por sorpresa y después de que la respiración de aquel alto moreno se calmase se fue acercando a ellos mientras miraba a la hermana pequeña de Changmin.

Ese último, tiró el dinero en el suelo escupiéndole encima después. El padre de Junsu desde su asiento vio como aquel chico lo desafiaba con la mirada, aquel acto estaba poniéndolo a prueba y la altanería de aquel joven no le gustaba un pelo. Pocas palabras bastaron para que el mandamás cambiase su expresión facial al ver como aquel niño se intentaba revelar. Changmin estaba decidido a dejar clara una cosa, que estaba harto de la situación y que pondría fin a aquello definitivamente. Sacó una pistola haciendo que todos se alarmasen y quisieran sacársela, pero el padre del albino los detuvo y altanero igual que el moreno se levantó de su asiento y se puso frente a él dispuesto a recibir un balazo. Entonces dijo algo que siempre quedó grabado en la mente de Junsu.

"Demuéstrame qué sangre corre por tus venas"

El moreno al escuchar esa desafiante voz no dudo en apretar el gatillo, pero por miedo desvió su objetivo hacia uno de los subordinados que lo apuntaban con la pistola todavía. Aquello hizo que el silencio se hiciera en el lugar. Pronto lo bloquearon e hicieron que se pusiera de rodillas después de propinarle un puñetazo en toda la cara. Yeon Hee intentara impedir que su hermano fuera herido pero fue Junsu quien la agarró y la abrazó contra él ocultando el rostro en su pecho e intentando que no viera lo que a su hermano, y anteriormente amigo de Junsu en el instituto, estaban a apunto de hacer.

Todo ese tiempo que Junsu había estado molestando a la familia Shim, era lo más duro que había hecho durante todo momento que había actuado como un gángster. Ver como uno al que consideraba de los pocos amigos que había conseguido hacer en toda su vida lo despreciaba sobremanera por todo lo que tenía que hacer, le dolía, le hería y él más que nadie se odiaba a sí mismo por tener que hacerle la vida imposible a un amigo.

Estaba tan absorto en sus propios pensamientos que no escuchó como su padre lo llamaba para que hiciese algo de lo que se arrepentiría durante el resto de su vida. Su padre, volvió a llamarlo por quinta vez consecutiva. Este giró su rostro y escuchó detenidamente lo que su progenitor le mandaba hacer. No fue hasta la séptima vez que reaccionó pestañeando mientras se daba cuenta que tenía que asesinar a aquella inocente criatura que tenía entre sus brazos.

Sin saber como, todo pasó demasiado rápido, sintió como despojaban a la niña de sus brazos y como un tacto rugoso y helado se posaba en su mano. Como sus manos apretaban el gatillo y como un estruendo le hizo sentir una salpicadura en todo su ser.

Sangre.

La sangre de aquella inocente niña inundaba el suelo de aquella oficina, y fueran sus manos, sus podridas manos que habían hecho aquel acto sin perdón de dios por primera vez en su vida.

...

Junsu abrió los ojos como siempre del susto. Notó como su cara estaba húmeda y se pasó su mano para cerciorarse de que aquello no era sangre. Su sudor había empapado las sábanas y su propia ropa. Su pelo estaba pegado a su frente y otra vez se había dado cuenta de que aquello que fuera lo más deshonroso que había hecho en su vida, volvía a su mente sin contemplaciones para torturarle una y otra vez como tantas veces desde que aquel fatídico día había sucedido.

Los quejidos y gemidos habían sobresaltado a su fiel subordinado que se encontraba absorto delante del ordenador controlando todo de lo que ya era un experto.

En un motel cualquiera de carretera se habían instalado él y Junsu, por suerte para ellos no necesitaban más que pinchar la línea telefónica para poder tener contacto con Internet.

Junsu miró a su fiel subordinado y bufando limpiando el sudor de su cara se levantó con la ropa que llevaba puesta y se acercó a él. Varios meses de investigación y seguimiento desde que se había enterado de cosas inesperadas le habían llevado a investigar a fondo a aquel agente del NIS. Conocía su residencia habitual, conocía todo su historial, incluso tenía su teléfono móvil. Podría contactarlo sin problemas, pero sabía que para poder conseguir a Jaejoong sano y salvo tendría que esperar a acatar las condiciones que el moreno le haría seguir, el que tenía las normas ahora era él, y si las saltaba podría poner en peligro a Jaejoong.

Hyun Joong era uno de los pocos agentes de policía que tenía contacto a bases de datos de la agencia de seguridad nacional de Corea, el NIS. Como agente colaborador, se había encargado de muchos temas referentes al terror cibernético y era de los pocos que sabía rastrear personas por medio de la red, pinchando cámaras y teléfonos. Todo aquello era encubierto, su oficio tapadera era el que tenía como un agente más, mientras servía a Junsu fielmente por otro lado otorgándole información preciada. Él mismo fuera quien detrás de toda aquella fachada había estado apoyando a aquel albino. Era de los pocos que sabía lo que se estaba jugando en realidad desde hacía un tiempo, era de los pocos que sabía cuan oscuros planes tramaba el padre de Junsu, y fuera él mismo quien a riesgo de perder su posición y más cosas, como arriesgar su vida y la de su familia, le facilitara información esencial a Junsu, el cual no dudó en desaparecer al momento de rebelarse contra su padre.

Todo era demasiado complicado y sabían a lo que se enfrentaban, por suerte no estaban solos, más gente conocida y de la que Hyun Joong podría confiar plenamente los estaba ayudando a que la verdad y la justicia tomara cartas en el asunto, sólo tenían que encajar los puzzles que faltaban y todo sería resuelto.

Junsu apoyó su mano en el hombro de aquel fiel trabajador que sólo hizo que éste se ruborizase y agachase un poco la cabeza, a lo que el albino sonreía con dulzura.

- Has hecho demasiado por hoy, descansa ahora yo me quedaré recopilando la información que has buscado para mí- Hyun Joong se levantó y le miró a los ojos de aquel albino que lo tenían más que prendado, sonrió y asintió aún con la cara colorada.

El albino ocupó su asiento más rápido que nada y dejó que su subordinado descansase, ya había hecho demasiado hoy y en realidad el trabajo que estaba haciendo a escondidas podría empeorarle su tapadera en la oficina del NIS.

Junsu revisó todos y cada uno de los detalles que se le escaparan desde que fuera un niño. Realmente había vivido una mentira, en verdad desconocía aquella faceta que su padre se empeñara en guardarse para él. Todo ese juego que se formara y Jaejoong, que tenía que ver él en los planes de su padre y sobretodo que hacía Changmin en medio de todo eso.

Un informe detallado estaba enfrente de sus ojos, páginas y detalles, fotos, enlaces y miles de cosas que con su arduo trabajo no sólo Hyun Joong fuera capaz de recopilar, sino información minuciosa de todo lo que rodeaba a Changmin, cosas que ya sabía y cosas que tenían una laguna. Por alguna extraña razón a aquel demente le habían pasado en las pruebas de entrada al NIS, una de las más complicadas oposiciones que podía cualquier ciudadano enfrentar. No sólo pedían una gran condición física, el examen psicotécnico era uno de los más complicados de superar, donde si no estabas bien mentalmente o tenías algo extraño, te tumbaban, te eliminaban ipso facto de la convocatoria. Y aquel albino se preguntaba una y otra vez, como era que los informes decían que estaba sano mentalmente y era apto para ejercer como un agente cualificado del Servicio de Seguridad Nacional, cuando aquel moreno era lo más peligroso que el gobierno podría tener en sus manos. Ese moreno era como una bomba, una bomba que si accionabas sabías que estallaría, pero como sería el estruendo, era algo de lo que no te podías esperar. Demasiada información inconclusa, de alguna manera Changmin había logrado entrar en el NIS.

El hecho de que Jaejoong y Changmin estuvieran en medio de algo relacionado con su padre no le daba buena espina y esa era el hueco del puzzle más difícil de rellenar.


Había pasado horas delante de ese ordenador, y debido a que su vista tenía una disfunción visual tuvo que dejarlo para otro momento, tanta luz y tan de cerca era prácticamente imposible de soportar, notaba como sus ojos ardían de tenerlos tanto tiempo fijos a una pantalla con las luces del cuarto apagadas. Se levantó y decidió que sería mejor empezar el nuevo día. Todo estaba planeado, Changmin ahora como él también sería buscado, no tendría el apoyo de los suyos al haber asesinado a un "inocente" y con cámaras delante.

Avisó a su subordinado despertándolo posteriormente y se pusieron en marcha.


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Helado y temblando, Jaejoong se despertara en aquel sótano frío y oscuro. Tenía la cara con rastros de lágrimas, el polvo de aquel sofá se le había colado por los ojos durmiendo y de tanto rozarse hiciera que despertara con ellos hinchados del escozor. Se irguió y sus muñecas dolían, por alguna extraña razón ya no estaba esposado. Se las agarró con fuerza y vio lo amoratadas que estaban, incluso habían hecho sangre manchando su ropa y el sofá. Temblaba, notaba como su cuerpo estaba más frío de lo normal y como su piel se encontraba morada. Le había dado una hipotermia del frío y de no haber probado bocado desde hacía dos días. Se sentía exhausto e intentó levantarse pero sus piernas le fallaron cayendo al suelo.

Una vez en aquel piso miró sus manos moradas, sus muñecas rozadas y rojas, dolían y escocían del esfuerzo de sostener su cuerpo al intentar colocarse para ponerse de pie, tragó saliva, como pudo se levantó con todas las fuerzas que tuvo y se incorporó gracias al sofá de brazos que estaba justo delante del sofá. Se sentó para respirar, parecía que jamás había experimentado tanto cansancio y sofoco al mismo tiempo. Notaba como la vista le daba vueltas y cerró los ojos tocándose con la palma su frente, realmente estaba helado.

Su mentón empezó a temblar y fue en ese momento que mirando hacia la puerta la vio abierta. ¿Cómo podía ser eso, le estaban dejando libre de alguna manera? Era un engaño, sus ojos lo engañaban, Changmin no era tan sumamente descuidado como para dejarle la puerta abierta. Estaba seguro de que aparecería de la nada para noquearlo y darle de golpes hasta que se quedara tranquilo de tenerlo bien atrapado en aquel lugar.

Optó por quedarse sentado y mirar al suelo, pero su impaciencia hizo mella en él, nadie aparecía por la puerta, ni se escuchaba nada. Decidió levantarse, ¿Quizás Changmin podría ser tan estúpido como para no darse cuenta de que su rehén se estaba escapando? La verdad no quería pararse a esperar que aquel demente moreno le pudiera todavía retener contra su voluntad y se aventuró a salir.

Se asomó con cuidado y vio justo al lado de la puerta una escalera, no demasiado larga, y hacía esquina, entonces con esfuerzo, y pensando en salir de allí, fue subiendo poco a poco, tan rápido como las fuerzas le daban para subir cada peldaño con el más absoluto sigilo. Todavía tenía presente que en cualquier momento lo podrían asaltar e impedirle fugarse. Pero extrañamente consiguió llegar hasta la puerta del piso y la abrió con sigilo. Aquello parecían unas oficinas, ¿Que hacía en un sitio tan lleno de gente? Se sorprendió y fue sintiendo el calor de aquel lugar que decidió dar un paso adelante. Pero algo o alguien tiró del pomo de la puerta haciendo que se abriese de cuajo y el pelinegro se precipitase contra el suelo. Un señor con gafas de sol oscuras y traje negro con camisa blanca lo agarró seguidamente y sin mucho que forcejear acompañó a aquel rehén por delante de la gente que estaba en la recepción y lo metió en un ascensor, le dio al último número cerrándose luego las puertas con aquel pálido y congelado chico dentro. Aquello sin duda no fuera algo que no pareciese planeado, nadie a su alrededor se había siquiera percatado de su estado y eso fuera lo que más le había extrañado.

Miró como el piloto cambiaba de piso nada más avanzar hacia su destino hasta parar. Se abrieron las compuertas y vio un despacho. Quedó parado al ver y al no entender nada. Pero entonces las compuertas se quisieron cerrar y éste puso su mano para impedir que se cerraran, saliendo posteriormente. Miró todo, y vio como al fondo, en la mesa había puesto un desayuno occidental, con su zumo de naranja, tostadas, un café, huevos fritos y bacon. Su estómago rugió nada más verlo, tenía demasiada hambre, y sabía que todo eso no era más que una emboscada contra él, que todo aquello no fuera fortuito y el que planeara todo aquello no sería más nadie que ese odioso Changmin.

Pero que iba a hacer, aún sabiendo que estaba meditado y preparado, era comida, moría de hambre y fue como cegado hacia la bandeja. Cuando estuvo cerca la miró viendo que no hubiese nada que la rodease y luego miró de nuevo todo el cuarto cerciorándose que nadie le sobresaltaría nada más probase bocado. Pero no había nadie, y la puerta del ascensor estaba cerrada. No pudo evitarlo se lanzó a la comida como si de un perro hambriento se tratase, aunque en aquella cárcel se había pasado días sin comer, jamás le había dado una hipotermia y ese afán por llevarse algo a la boca y sentir de nuevo su ser completamente recuperado era lo que su mente le pedía que hiciese.

Pero fue comiendo que con el ansia no podía comer sin que le doliese todo, estaba tan mal que ni masticar podía. Por lo que dejó la comida y fue pasos hacia atrás con la mano en la boca, agarrándola para que al masticar no le doliese tanto. Y fue ahí cuando sintió otro cuerpo chocando con el de él, como unos brazos lo habían abrazado y un rostro jugueteaba con su nariz oliendo su pelo. Miró abajo y vio aquel tono de piel dorado natural. Se intentó soltar pero fue el más alto, ahora más fuerte, el que lo mantuvo pegado a él.

- No debes comerte el desayuno así de rápido... y menos cuando es de otros- su lengua pasó por detrás de la oreja del mayor, mostrándole cuan cariñoso estaba dispuesto a ser si se dejaba conquistar.

Pero Jaejoong no dejaría que aquel demente se tomara tantas confianzas con él y se soltó como pudo, obteniendo así un empujón del más alto que hizo que terminase boca abajo en el sofá que estaba al lado.

Changmin se apresuró y no dudó en bloquear al pelinegro que estaba con la cara pegada al sofá, bajo su cuerpo, hacía tanto que deseaba aquello que no dejaría que nada ni nadie le impidiera conseguirlo una vez más, y esta vez siendo él mismo y sin el odio por el amante del más bajo cegándole el pensamiento. El moreno agarró el rostro del pelinegro con fuerza haciendo que este girase su rostro y acercó sus labios a los de Jaejoong atrapándolos desesperadamente, haciendo que se revolviese debajo de su cuerpo tonificado. Lo agarró fácilmente, ya que el otro estaba más que exhausto de haberse congelado de frío.

Jaejoong estaba sintiendo asco y sólo podía pensar en una persona, que aquel albino lo rescatase. Y fue su nombre que pronunciándolo hizo que el mal genio del moreno saliera a relucir.

Se separó de su rostro todavía sosteniendo sus manos todavía en la baja espalda del pelinegro y fue con rabia que le propinó un puñetazo en la cara. Cómo osaba pensar en aquel que le había jodido la existencia mucho antes de que ni él mismo albino lo supiera. No quería que pensase en ese molesto engendro de la naturaleza, quería que Jaejoong, ahora que se encontraba al fin con él, pensase sola y exclusivamente en su persona.

- Este no es sitio ni lugar para andar con tus tonterías de follartelo...

Una voz de alguien mayor, irrumpió en el cuarto y como si su presencia pidiese a aquel moreno que se comportase lo hizo soltando al pelinegro al instante y mirando a aquel señor se puso de pie. Jaejoong al sentirse liberado se revolvió intentándose levantar pero vio como estaban rodeados de hombres como el que le hiciera subir en el ascensor. Sólo un leve vistazo de aquel señor que lo fulminó con la mirada hizo que Jaejoong cayera inconsciente en aquel sofá.

Changmin bufó al escuchar como alguno de aquellos hombres le golpeaba en la cara de Jaejoong, aquello que iban a hablar no le interesaba al pelinegro. No todavía.


El moreno miró a la cara amoratada de su amado que se encontraba inconsciente en el sofá, tomó asiento mientras con sus manos agarraba las de Jaejoong y las traía a su boca para darles un beso.

Escuchó como aquel señor carraspeaba y levantó su vista viendo como lo miraba con el ceño fruncido. Changmin le devolvió la misma mirada retándolo y el señor se limitó a ver su comida y retirarla a un lado mandando que le trajesen otro desayuno. De mientras Changmin apoyaba su brazo en el respaldo de aquel sofá y acercó su mano para acariciar con su dorso el rostro de aquel pálido pelinegro.

- A veces me pregunto que tiene ese chico... que hace que estéis tan embobados con él- dijo con desprecio- puede tener rasgos de mujer, pero el también tiene lo mismo que tú entre las piernas.

Changmin acarició con sus yemas aquel rostro magullado y suspiró como pudo sin que se notara apenas.

- Creo que a quien escoja no es algo que le importe- dijo cortante el moreno- el que esté aquí es por algo que nos incumbe a ambos, sin él no puedo atrapar a ese engendro...- sonrió- ¿Que cara pondrá cuando lo vea así?...- su sonrisa se volvió amarga al recordar como aquel indefenso ser sólo sabía ofrecer a otro alguien su corazón.

El señor que pronto empezó a desayunar mientras Changmin miraba con amargura a aquel pálido chico, escuchó como de pronto el teléfono de Changmin estaba sonando. Si era así, los planes estaban saliendo a la perfección. Pero aquél señor no actuaría, solamente se limitaría a ver si aquella persona era digna realmente como para merecerse un trato mejor. Ese señor sabía que actos ruines sólo harían a uno más fuerte, y aunque acabara de sufrir una pérdida, eso no le limitaba a darle a aquel moreno la oportunidad de ser alguien por el que podría estar orgulloso como un padre.

El moreno descolgó sonriendo con una sonrisa oscura y escuchó lo que las palabras de aquel albino tenían que decirle. Junsu había dado con él, y como el plan así se había pensado desde hacía tiempo, fue Junsu y nadie más quien dio el primer paso. Todo estaba yendo como tenía que ir. Aquel albino no fue quien puso las normas, pero sí decidió el lugar y la hora del intercambio y con eso los que se encontraban presentes en aquella oficina se sentían dichosos de que aquel albino cayera en su trampa.



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El polvo de aquellos muebles lo habían tenido tosiendo desde el mismo momento en que decidiera reformar aquel piso. Como bien se había propuesto, esa estancia sería un regalo para su amada Muerte, para que tanto él como su adorable abuelita tuvieran un sitio mejor donde poder vivir. Era bien sabido que la abuela ya era pensionista y que aunque Muerte se esforzase en conseguir un trabajo y disfrutar de su pasatiempo favorito, el deporte, era una combinación muy mala aún para un chico que tenía un gran amor por el entrenamiento físico, era prácticamente imposible para él tener el dinero suficiente para comprarse un chándal nuevo o unas zapatillas nuevas de deporte, y aunque su abuela estuviera dispuesta a darle todo lo que podía para que su nieto pudiera disfrutar de la juventud, sabían que el poco dinero que ella recibía tendría que ir a lo básico y a pagar la casa en la que vivía todavía alquilada.

Con ese afán de mostrarle que sentía un verdadero y puro amor por él, Jaejoong había utilizado parte del sueldo que había estado ahorrando desde que había empezado a trabajar en aquella maderera. Era bastante complicado el buscar un hueco para reformar un piso que estaba bastante deteriorado. Como su tío le había dicho, ya que era un piso viejo y ellos ya tenían muchas tierras y un trabajo que les quitaba el tiempo para otras cosas, le dieron sin miramientos el piso a Jaejoong, que por derecho le tocaba heredar la mitad; el único sobrino que habían tenido y que para ellos había sido como un hijo al que mimar, le habían otorgado el piso al completo y por medios legales. Pero en su ignorancia y como prácticamente desde que Jaejoong se había buscado las habichuelas para poder tener una vida independiente como tanto deseaba; apenas se pasaba por casa de sus tíos, y no sabían lo que andaba tramando el pelinegro. Alocado en su enamoramiento había comprado unos muebles, pintado las paredes y sobretodo arreglado el suelo de madera que tenía aquel piso.

Siempre se acordará de cuando entró por primera vez, después de años que sus padres habían fallecido; como se encontraba todo. Las paredes llenas de signos de humedad y el suelo de madera algo apolillado. Y fue mientras echaba un vistazo como escuchó un crujir del suelo y casi no cuela los pies entre aquellas maderas. Aquello le hizo tomar la decisión de cambiar el suelo completamente por tarima flotante, una que ni se rallaba, no perdía el brillo, ni se notaba si estaba barrido o no. No importaba cuanto tiempo le llevase, él se ocuparía de hacer todo, de todas maneras, la tarima flotante era como enganchar piezas de un puzzle, encajaban a la perfección y en las pareces solamente le pondría un embellecedor de la misma tarima y quedaría más que perfecto.

Muchos planes, muchas ideas, hasta el color de las paredes, colores y formas góticas de las que estaba seguro que su querida muerte estaría más que encantado. Pero lo primero era sacar aquel dichoso suelo que por poco no le amputara una pierna.

Un día cualquiera de aquellos meses, Jaejoong se dispusiera a arrancar todo el suelo con sólo sus herramientas y sus manos. Era un trabajo que realmente fuera más difícil de ejecutar que nada, por suerte era lo suficientemente resistente para hacerlo sólo, tantos meses de gimnasio en la universidad le habían servido para ponerse en forma, y como había sido gratis, ahora daba gracias al cielo por no ser un enclenque.

Sin embargo, encontró una caja algo oxidada y extraña con un candado bajo aquellas maderas, y fue ahí cuando recordó una bonita historia que le traía recuerdos de su infancia con su madre. Ese era un tesoro en el que había puesto muchas cosas de él de pequeño, fotos con sus padres de bebé en su anterior trabajo y con su jefe, compañeros del trabajo de sus padres y más cosas que no recordaba. Se paró a mirarla por un momento y sonrió recordando que gratos recuerdos tenía de aquel momento en el que tenía 4 años y vivían en aquella casa. Siempre se había preguntado donde estaba la cajita de metal aquella, incluso su tía le había preguntado más de una vez por ella cuando Jaejoong se fuera a vivir con ellos, pero buscando y rebuscando jamás lo habían encontrado. La maldita caja por la que su tía también le amargara un rato...

Entonces cogió una de las herramientas para hacer palanca y poder abrir el candado, ya que como era lógico no tenía las llaves; pero fuera prácticamente imposible. Decidió dejarlo cuando vio que casi se herniada, ya la abriría cuando terminase con la reforma de la casa. Ahora eso era muchísimo más importante que los recuerdos de la infancia. Si tantos años estuviera allí escondida, podría esperar un poquito más para ser abierta y recordar cosas que aunque fueran felices, el saber que sus padres no estarían con él para recordar aquellos momentos le hacía sentir triste y ya tenía suficiente con lo pasado con Muerte como para amargarse la existencia todavía más.

Pero ese día calentaba el sol, estaba demasiado caliente, la luz brillaba y él se sintió maniatado. Le costaba respirar, sentía como algo le oprimía la cara y le ocupaba la boca llenándola. Era incómodo, demasiado incómodo, escuchaba voces que le llamaban y un golpe inesperado lo despertó de aquel sueño.

Jaejoong se encontraba tumbado en una furgoneta con las ventanas tintadas, estaba en el maletero y maniatado con una mordaza en la boca evitando que se pusiera a gritar, y allí estaba aquel demente moreno sonriendo con una sonrisa típica y propia que sólo él podría hacer. ¿Realmente era así? como podía ser que tuviera tal oscura alma. Miraba sus ojos y sentía una fuerte mezcla de emociones procedentes de aquel chico, entre amor egoísta, odio y amargura. El peli negro lo miraba fijamente mientras le sonreía y veía como la mano de aquel chico alto se acercaba a su rostro y lo acariciaba delicadamente. Pero no quería ser tocado por persona tan ruin, y aunque en el fondo si hubiera sido de otra manera podría haber sentido un gran y profundo afecto ya que Jaejoong tenía ese don que tienen muy pocas personas, sabía ponerse en los pies de otros y entenderlos sin juzgar sus actos. Pero a Changmin por mucho que quisiera era incapaz de comprender su comportamiento, todos los sentimientos que tuvo y retuvo por él eran contradictorios, pero sabía que lo más cerca de amor que podía sentir por aquella desdichada criatura no era más que pena.

Al pararse el coche, los pensamientos de aquel pelinegro se pararon de golpe ocupando solamente en su cabeza tales como "¿A donde lo llevarían ahora?", "¿Donde se encontraba?" y "¿Que era lo que pasaría?". Le agarraron y con varios hombres le hicieron entrar en un edificio. El pálido chico estaba descolocado, no sabía que era lo que querían de él. Simplemente le hicieron andar con Changmin llevándole agarrado del brazo, temía que lo estuvieran llevando a un sitio peor del que ya estuviera. No entendía que hacía subiendo en ascensor y tampoco porqué le hicieran subir las únicas escaleras que le hacían llegar a la azotea. Pero fue ya arriba cuando se dio cuenta de porqué Changmin estaba sólo con él y el resto esperaba en el edificio. Era una emboscada y el objetivo no era otro que su amada rosa de invierno.

No tardó en divisar la hermosa figura que vestía de negro en el edificio de enfrente. Junsu se encontraba vestido con sus prendas típicas de su estilo. Estaba arreglado y como siempre con los ojos pintados de negro. Cualquiera podría pensar que su esbelta figura de piel sin pigmento, tan pálida que era casi enfermiza, con sus llamativos ojos gris-verdosos pintados de negro, que era la misma muerte que se acercaba a la tierra a llevarse al mundo de los muertos a su siguiente víctima. Podría transmitir esa sensación tenebrosa a cualquiera que no lo conociera, pero para Jaejoong aquella vista era la de un ángel que cayó del cielo.

Changmin tiró de él y se acercó lo más que pudo al borde de aquel edificio mientras se veía como Junsu se quedaba quieto en su sitio. Entonces el móvil del moreno empezó a sonar. El moreno no tardó en contestar y en mofarse con una risa tétrica del otro que los observaba a ambos.

- Como ves tu petición fue concedida, querías llegar a un acuerdo y aquí me tienes.

Jaejoong miró al más alto mientras hablaba por teléfono, volvió su vista para mirar a su amante, este permanecía serio mientras pronunciaba algo con sus labios, cosa que Jaejoong fue incapaz de siquiera leer con sus ojos.

Changmin estaba decidido y estaba atento mientras escuchaba lo que Junsu tenía que decirle.

- Me parece bien... pero deja que tus francotiradores dejen de apuntarme, realmente es molesto sentir como controlan a uno por medio de un objetivo...- hizo una pausa y prosiguió mientras Junsu hacía una señal con sus dedos- así está mejor - decía Changmin victorioso mientras soltaba a Jaejoong y lo empujaba haciendo que pusiera de rodillas en el suelo para poder agarrar la pistola y apuntarle directamente en la frente de éste.

Lo que el pelinegro pudo escuchar no fue otra cosa que la voz de Junsu ahora más alta por medio del auricular del móvil de Changmin, eso no parecía lo acordado.

- Sabes que no te lo daré así como así... quiero que te entregues a mis hombres sin oponer resistencia o tu querido novio sufrirá las consecuencias de tus actos...- Changmin hizo que Jaejoong girase su rostro empujado por la punta de la pistola y prosiguió- de verdad se puede desperdiciar tal belleza... si realmente dices que lo amas... ríndete y entrégate... estoy más que harto de estar persiguiéndote sin parar... acabemos esto de una vez...

Entonces algo que dijo Junsu que hizo que Changmin girase su mirada a Jaejoong por un segundo miró a Junsu de nuevo y aceptó su petición sin rechistar. Vio como Junsu colgaba el teléfono y se dirigía a bajarse por las escaleras para llegar a la calle. Changmin agarró a Jaejoong e hizo lo mismo, se dirigió al nivel 0 de aquel edificio y con dos hombres agarró a Jaejoong y le fue desatando hasta dejarlo libre. El pelinegro no entendió nada y tampoco se paró a preguntar, simplemente se dirigió a la puerta de salida y vio en la acera de enfrente a Junsu, que lo sonreía con una sonrisa tierna en sus labios.

¿Que había pasado, como era que habían llegado a aquel acuerdo?, miró a un lado y a otro, ningún esbirro de Changmin se encontraba en la calle ni ninguno de dentro se había puesto a escoltarlo ni nada parecido. Entonces volvió su mirada a Junsu y seguía allí esperando por él. Vio como el paso de peatones se había puesto verde y sin pensarlo dos veces se puso a correr descalzo por la calzada hasta llegar al otro lado.

Era tan surrealista que era incapaz de creer que estaba a un metro y medio de Junsu y nadie los asaltase. Pero fue Junsu quien se acercó para darle un abrazo y besarlo en los labios.

De nuevo ese dulce sabor que hizo que ambos perdieran la notición del lugar donde se encontraban. Aquel arrebato de pasión que de nuevo volvían a tener les hiciera besarse sin parar hasta que Jaejoong reaccionó e intentó escapar con Junsu agarrado a su mano. Sin embargo, Junsu no se movió y el pelinegro desconcertado lo miró a los ojos para comprender porqué no se movía.

El albino miró al suelo sonriendo y luego alzó la vista una vez más antes de despedirse de su primer y único amor.

- Tu intentaste dar tu vida por mí una vez, ahora seré yo quien te demuestre lo mucho que te amo... él mató a mi hermano y yo maté a la suya, pero jamás podría permitir que por mi culpa tu tuvieras que morir...

Jaejoong intentó decirle algo pero fue su querida y amada rosa de invierno quien le detuvo en su intento dándole un beso en los labios mientras agarraba con su mano libre la cara del pelinegro.

- Te amo Jae... esperaré por ti toda la eternidad...

Acto seguido sintieron como los separaban, como los esbirros de Changmin atrapaban a Junsu y lo alejaban de él metiéndolo en una furgoneta y viendo la sonrisa del amor de su vida al cerrar la puerta de aquella furgoneta negra por última vez.

El motor fue lo último que el cerebro de aquel pelinegro pudo concebir. Miraba como la furgoneta desaparecía en el horizonte llevándose de su lado a la única persona que fue capaz de arriesgarlo todo con tal de amarlo y ser amado. No se movía, apenas pestañeaba, como aquella vez, sintió un vacío que sonaba hueco dentro de su ser. Era tan imposible de comprender lo rápido que había pasado todo que no se creía que aquella persona por la que había dado tanto se esfumara en un abrir y cerrar de ojos.

Entonces con sus labios queriendo pronunciar palabra, unas lágrimas furtivas salieron de sus ojos dejándolos acuosos y permitiendo que prácticamente le fuera imposible ver con claridad la escena delante de sus ojos. ¿Porqué ahora era todo oscuro, gris, mate?.. El sol no brillaba y nada tenía sonido. Sólo un zumbido de vacío entraba por sus oídos haciéndole sentir mareado. Le dolía la cabeza y sentía que las últimas fuerzas que le mantenían todavía de pie se estaban escapando. Solo sintió como la oscuridad le arropaba en su seno y no había nada más.

Al verlo desfallecer, Changmin más arduo que nadie se acercó a él agarrándolo e impidiendo que recibiese un golpe en la cabeza. Lo tomó en sus brazos y lo sujetó contra su pecho fuertemente. Se sentía orgulloso y vigoroso, su venganza no acabara más que empezar.


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Él aún sabiendo que arriesgaba su felicidad y la de su novio, no podía permitir que Changmin siguiera adelante con sus locuras. Estaba más que claro que no quería morir, lo único que aquel albino deseaba era estar con su primer y único amor, con Jaejoong, quien ahora se encontraría a salvo de todo. Como bien habían llegado a un acuerdo, el moreno le había dado la oportunidad de ofrecerse a él para llevar a cabo al fin su venganza, siempre y cuando Jaejoong quedase libre. Sabía lo que pasaría, el hecho de volver a separarse de su pelinegro era lo que más le fastidiaba, pero no quería que lo que a él le tocaba fuese a llevarse a cabo en la persona por la que daría la vida. Jaejoong ya había sufrido demasiado durante tantos años desde que se vieran por primera vez en el instituto. Tantos años de angustia de aquel moreno, momentos de debilidad y momentos de bajón que aunque Jaejoong no supiera, siempre fuera velado por ese albino al que tenía loquito.

Siempre había estado de alguna manera pendiente de que nada ni nadie le hicieran daño y solo cuando ese albino tuvo la oportunidad, y después de planearlo tanto; se reencontraron de nuevo, siendo esa vez por la cual no se separarían jamás y se amarían por siempre. Era bien sabido que en gran parte Junsu había preparado las cosas para convencer a su padre de que había hecho la elección perfecta, pero a su padre que nunca lo veía como un hijo que era, le fuera incluso más difícil de aceptar que aquel fallo que tuvo por hijo tuviera muchos más defectos. El ser gay u homosexual no era algo grato para su progenitor, y aunque aquel albino tratara de contentarlo de miles de maneras habidas y por haber siempre, tenía ese desprecio incondicional por su parte.

Ambos habían sufrido durante toda su vida, Junsu por tener un padre que no lo consideraba si quiera persona; y por haber matado a una inocente, mientras que Jaejoong sufriera del acoso escolar y la muerte de sus padres en un accidente. Pero Junsu no estaba dispuesto a que sólo la desgracia lo acompañase, por lo que en vez de huir, afrontó sus miedos y temores, abrazando la posibilidad de que muy pronto descansaría al fin y esperaría por aquel pelinegro para ser felices en la eternidad.

En la furgoneta lo habían maniatado y colocado una venda en los ojos para que fuera incapaz de ver hacia donde lo enviaban; y aunque aquel albino pensara que era totalmente innecesario ya que no iba a llamar por un rescate, además de ser incapaz de ver de forma definida más allá de 3 metros; así había sido, como en las películas, cosa que le provocó en cierta manera gracia todo aquello. Pero, esa película no tendría final feliz, o eso era lo que pensaba la mayoría de los que en el coche estaban metidos.


Cuando llegaron a un edificio, Junsu, que ya tenía el sentido del oído bastante desarrollado, pudo sentir como habían aparcado en un sótano. Si no estaba equivocado, era un edificio con gran aparcamiento. El caso era que aquel olor era demasiado reconocible, sería el olor de gases emitidos por los coches, una alta concentración de esa envergadura sólo podría ser de un sitio con mucho personal.

¿Acaso Changmin poseía tal cantidad de dinero o beneficios que le otorgaban tal prestigio a su temprana edad?

Prosiguieron y bajándolo del vehículo se metieron todos en un ascensor. No le hizo falta tener los ojos sin vendar para saber cuantos hombres lo escoltaban, 5 eran los que lo habían traído a ese lugar. De esas 5 personas sólo había una que tenía una forma de andar similar a alguien que conocía y ese alguien no era Changmin.

Subieron y escuchó como tosían, todavía hacía frío y llevando los trajes que pudiera ver antes de que le taparan la vista, estaba claro que los cambios de temperatura entre frío y calor les había tocado las gargantas. Ese ascensor tan climatizado subía piso a piso haciendo que aquel rehén contase el tiempo que le costaba subir las plantas que ese edificio tenía. Si no contara mal, ese edificio tenía 15 plantas desde el sótano y sólo conocía un lugar con las mismas instalaciones. Como si pudiera saborear el ambiente, como si ese aroma lo hubiera respirado en más de una ocasión.

Aquel lugar no era ni mucho menos algo que no fuera conocido para ese albino. De hecho él mismo se hacía creer a sí mismo que no era aquel lugar que tan bien conocía. No quería creer que le iban a llevar y postrar enfrente de aquella persona.

Entonces fue cuando una lucecita se iluminó en su cabeza, enfocando directamente en aquella posibilidad que tanto le parecía ilógica. Pero atando cabo tras otro desde hacía años, sólo pudo sacar una conclusión, Y era que por alguna extraña razón su relación con Changmin iba más allá de lo que al odio se refería. Una relación más profunda que la que él mismo jamás pudo siquiera imaginar y a la que estaba ligado de por vida con aquel demente.

Al entrar en la sala escuchó como sólo dos de aquellos secuaces lo escoltaban y lo hacían poner de rodillas en el suelo. Lo dejaron allí maniatado y con la cabeza inclinada mientras otras manos frías y firmes en su propósito le tocaban la cabeza.

- Como ve he conseguido dar con él, como usted me dijo, si lo capturaba era completamente mío- aquella voz tenebrosa que sólo podía ser de un sólo ser, paró y prosiguió después- ya quiero mi recompensa padre...

Junsu era incapaz de organizar toda la información que tenía en su cabeza sin volverse loco en el intento. Era verdad, aquel demente que tanto lo había estado persiguiendo para devolverle lo que él creía que era una venganza de honor no lo era más, aquello había sido un juego donde las piezas principales eran dos inocentes enamorados que se habían incluido en una partida que otros jugaban.

Esas manos desataron la venda del albino y dejaron que poco a poco recuperara la poca visión que ya poseía. Aquel borrón marrón que se encontraba a un metro se fue aclarando hasta ver que eran un par de zapatos de alguna marca cara donde a aquella persona le gustaba tanto comprar. Siguió subiendo la mirada y fue pasando por unos pantalones al igual caros, una chaqueta sastre cara, una camisa de rayas del mismo valor hasta dar al final con su cara. Aquel hombre no era nada más ni nada menos que su propio padre.

Ahora entendía tantas cosas que su mirada se tornó sombría, triste y no pudo ocultar su estado delante de aquella persona. Aquel ser por el que había perdido hasta su propia dignidad para simplemente agradarle. Su progenitor lo miraba tras esas gafas con una mirada sin sentimientos más que asco y frialdad. Changmin no tardó en tirar del pelo del albino para ver como sus ojos emanaban lágrimas de dolor, de un dolor indescriptible y sonrió. Se sentía en parte completo al ver lo destrozado que estaba.

Sí, Junsu era su hermano y él siempre lo supo, y era por eso mismo que lo odiaba.

- Tu te preguntabas porqué tanto odio por mi parte, la razón real era esta...hermano...

Changmin se paró un instante y empujó la cabeza de Junsu hacia delante haciendo que se desestabilizase un poco de sus rodillas y terminase apoyando sus manos al frente para no acabar con la cara estampada en el suelo al desequilibrarse, entonces vio como a su derecha estaba Jaejoong a dos metros sentado en una silla maniatado y mirándolo a los ojos sintiéndose impotente al ver como a su amante lo trataban tan sumamente mal, Changmin había roto su trato.

El demente moreno se acercó a este último y le acicaló el pelo mientras miraba a aquel que odiaba con todo su ser. Miró a Jaejoong y sonrió viendo como este también tenía los ojos inyectados en sangre y llenos de humedad.

- La historia es larga...- miró al que era su padre biológico y volvió a sonreír mirando a Junsu que ahora lo miraba atentamente, se acercó al albino y se puso de rodillas para mirarlo a los ojos fijamente y que viera perfectamente como le contaba todo- mi madre era uno de los tantos agentes de policía corruptos del NIS que trabajaban bajo papá a su cargo- sonrió y siguió susurrando en los oídos de Junsu- un día... ellos me engendraron... pero por haber nacido fuera del matrimonio mi madre tuvo que arreglárselas para guardar las apariencias, fue restituida de su cargo siendo amenazada una y mil veces si se atrevía a demandar que yo era el hijo de nuestro padre, y así se terminó por casar con el primero que pudo engañar, a aquel señor que fue mi padre postizo durante tantos años- se paró mirando a los ojos de Junsu sintiendo como la rabia empezaba a ocupar su cuerpo. El moreno vio como su padre empezaba a despistarse y siguió contándole cosas interesantes- ¿Sabes lo que mi madre tuvo que experimentar después de convertirse en la amante de papá?.. Yo tuve que afrontar todo desde pequeño... Literalmente se volvió loca de celos despreocupándose de mí y mi hermana completamente; y trató una y mil veces de vengarse de papá pero todo le salió mal... hasta que al final la mataron- los ojos de Changmin se volvieron húmedos y agarró a su hermano albino fuertemente pareciendo querer estrujarlo- mi padre postizo se volvió adicto a las drogas después de su fallecimiento y de repente apareciste tu, hundiendo más la vida de la que ya la tenía...

Junsu vio como el interés que el progenitor de ambos ponía en lo que Changmin le contaba en bajito, casi susurrando, era nulo. El hombre de mediana edad se dio la vuelta y fue hacia una caja que Jaejoong bien conocía. La caja donde sus recuerdos familiares estaban guardados bajo llave. El pelinegro maniatado veía como sacaba fotos y más fotos... ¿Por qué ese señor tenía todo aquello?

Entonces la vista de aquel chico pálido se tornó oscura al reconocer aquello y empezó a dolerle la cabeza de repente. Miles de cosas de golpe fueron a parar a su mente, como si de una ventana abierta se tratase dejando que la tormenta entrase de sopetón inundando todo a su paso y removiéndole el interior de la sesera impidiéndole pensar con claridad, además entender porqué tanta información y recuerdos se habían agolpado y esparcido con furia por todo su cerebro. Dolía tanto o más que cuando le dispararan para impedirle escapar. Sangre y más sangre era lo que veía en aquellas imágenes. Conocía a aquel señor, por alguna extraña razón conocía a ese hombre, ya lo viera en fotos.

Junsu al escuchar los quejidos de Jaejoong viró su rostro y no fue otro si no el demente moreno, ahora hermano menor, que lo tenía completamente agarrado mientras apoyaba el rostro en el del albino. Era una locura, ¿como podía ser que nada de aquello tuviera lógica para él? Pero era la realidad. Changmin empezó a llorar pegado a Junsu y fue dándole un beso tras otro en el rostro, haciendo que el más bajo sintiese miedo, un miedo que era incapaz de controlar. Ni en una película de terror podía imaginarse jamás aquello. Se revolvió como pudo de su agarre y Changmin lo agarró fuertemente dejando su cara fija en la de él.

- ¿Sabes que papá siempre quiso deshacerte de ti?... ¿Porqué sino te mandaba hacer trabajos que podría haber mandado a otra persona a su cargo?... no, hermanito...- le acarició el rostro- no era para darte una oportunidad... es la misma razón por la que a mí me metió en el cuerpo de Seguridad nacional... ¿Crees que no sé como tengo la cabeza?... No sería otro sino Junho quien se quedaría con todo, quien sería oficialmente reconocido como el único heredero e hijo del Ex jefe del NIS, nuestro padre.

El más bajo sabía todo aquello, sabía que su padre tenía doble identidad, y que era corrupto. Cómo sino tendría tanto poder que poseía la facultad de traficar con todo y más. Pero en parte tenía razón, Junsu en su inocente corazón se había imaginado que su padre no lo odiaba hasta tal punto que era capaz de ser él el culpable de todo. Aquel albino siempre había querido que su padre le tuviese un mínimo de afecto por lo que siempre había aceptado la misión que fuese con tal de contentarle. E incluso era consciente de que jamás lo presentara como un hijo, jamás lo presentara al público como sí hiciera con Junho cuando eran pequeños. Junsu siempre había estado apartado, pero él de aquella lo veía lógico y normal, no era una persona corriente como los demás y le afectaba el sol... o eso creía ya que al no tener pigmento tenía más facilidad de quemarse.

Se sentía confuso y los gemidos de dolor de Jaejoong le distrajeron de nuevo queriéndose soltar, pero esta vez no fue Changmin quien lo retuvo, es más lo había liberado de las ataduras ligeramente. Ese albino miró fijamente a su hermano menor al sentir lo que acabara de hacer y con una señal le indicó que fuera a por Jaejoong disimuladamente. El moreno se levantó viendo como su padre estaba más que satisfecho con el trabajo de su benjamín, el más alto, más inteligente y fuerte de todos. El señor se sentía orgulloso de tener un hijo del cual podía hablar, ahora sentía que el hecho de no ser legítimo era lo que menos importaba, Changmin le había demostrado que merecía un mejor trato del que había estado dándole durante tanto tiempo.

El moreno se sentó en la mesa mirando como ese hombre sonreía, se sentía aliviado, ahora que era prácticamente intocable, tenía las pruebas que lo incriminaban, las que tanto buscara para eliminarlas. Ahora que estaba a salvo de que nadie, ni el testigo que tenía ese recuerdo borrado en su mente, que se encontraba en la misma sala; lo delatase. Miró a Changmin y le sonrió con la sonrisa más grande que había hecho nunca. Asintió y le dio el arma que poseía a Changmin. Le había perdonado todo, incluso que hubiera matado a su primogénito, sabía que se había equivocado al haber despreciado siempre a Changmin, ahora su predilecto.

- Mátalos... no quiero que quede rastro de ambos...

Changmin sonrió y fue directo a eses dos, agarró a Junsu y lo tiró al suelo e hizo lo mismo con Jaejoong, quedando ambos a merced del moreno. Mientras los apuntaba y sacaba el seguro el padre de ambos no tardó en empezar a andar y se puso delante de Junsu mirándolo con desprecio.

- Bueno, toda vida de un hombre llega a un punto en que tiene que ser completamente sincero con las cosas- miraba a Junsu mientras vocalizaba y prosiguió mirándolo con desprecio- se dice que va en los genes del hombre el que tu hijo salga de una manera u otra y al verte pensé, "Como puede ser esto por mi culpa", no lo quise aceptar- se separó cruzando sus brazos y acercó su mano al mentón- pero fue tu madre que nunca quiso que me deshiciera de ti nada más nacer, para ella eras como un ángel que Dios le había mandado a la tierra... es por eso que siempre te permití vivir...- se puso a andar mientras la cara de Junsu al escuchar todo aquello se oscurecía, se volvía sombría, tanto esfuerzo por contentarlo...- siento haberte engendrado... siento haberte hecho convertirte en el monstruo que eres...

Entonces fue Jaejoong con toda su rabia que contestó a las palabras de aquel hombre impidiéndole que denigrase más a su amado haciendo que aquel señor le propinase una bofetada en todo el rostro. Se recompuso volviendo a poner sus ropas en su sitio de nuevo y los miró a ambos.

- Lo más gracioso es que no esperaba que mi deforme hijo se enamorase ni más ni menos que del único testigo que queda vivo... ni preparado pudo ser mejor...- miró a Junsu y sonrió- no sólo te permití vivir por tu madre, sino por él...- se agachó para mirar a Jaejoong y sonrió de nuevo- te pareces tanto a tu madre... sabes... era una de las mejores agentes que tenía bajo mi mando en el NIS... tanto que se había convertido en mi mano derecha... pero esa puta... me traicionó...

El hombre acercó las fotos en las que estaban sus padres, él mismo y aquel señor más joven que ahora se encontraba burlándose de él cuando estaba a un tiro de pasar a otra vida. Jaejoong miró aquellas fotos recordando a sus padres y se puso a llorar así como de golpe organizara sus recuerdos y recordando cada uno de los instantes en que viera a aquel señor y cuando sus padres habían muerto. Recordó el hospital y los médicos y aquella cara, la de aquel señor que permaneciera oculta detrás de tantas lagunas mentales, aparecía una y otra vez.

- La puta de tu madre había destapado varias de las tapaderas que tenía a mis espaldas... preparándolo todo para delatarme. ¿Pero como poder deshacerme de una de las mejores agentes que había tenido?... ¿Cómo hacer que se doblegase ante mí? y sin más un añadido vino al involucrarte a ti mismo, con toda la suerte de que ya eras el motivo de las burlas siendo controlado en el instituto por los hijos de mis agentes que básicamente vivían para molestarte. Aquellos niños inocentemente por medio de sus padres me iban informando sobre ti. Y fue cuando el chantaje a tus padres surgió, u obedecían o serías asesinado- Jaejoong lo miraba con odio mientras escuchaba todo eso- no me mires con esa cara... ¿Preferirías haber sido asesinado tu?... fue realizado a la perfección... nadie sospechó, todo salió como lo planeado. Un accidente de coche fortuito acabó con la vida de tus padres mandándote a ti al hospital, estabas bajo el shock del trauma del accidente, había sido tan duro para ti aceptar que tus padres habían muerto que me cercioré de que no recordabas nada, y mis agentes, colaboraron muy eficientemente desde aquella al ponerlos a cargo de ti.

Los tíos, sus tíos, aquellos señores que tenían el restaurante, aquellos que él pensaba reales, los que sin miramientos hicieran todo lo posible por llevar a cabo uno de los mejores papeles de su vida, todas las vivencias con ellos sólo fuera algo que interpretar para tenerlo controlado, para que no recordase nada y si recordaba algo, serían ellos quienes se ocuparían de hacer lo posible por que la verdad que guardaba en su cabeza fuera olvidado poco a poco.

Jaejoong recordaba todo, como sus tíos le inquirían sin parar o se preocupaban en exceso al poco de irse a vivir con ellos, la única familia que tenía o eso mismo le hicieran creer.

El recorte de periódico donde el accidente de los padres de Jaejoong había sido publicado apareció entre aquellas fotos, incluso la esquela donde se podía leer Han Jaejoong había sido escrita. No entendía nada, ¿acaso el no había sido Kim Jaejoong siempre? Toda su vida fuera una mentira, todo fuera una treta. Había estado siendo engañado por todo el mundo y él sin saberlo.

- Pero... al único que siempre recordaste fue a Junsu... por eso mismo dejé que fuera a por ti que me "demostrase que le amabas" y claro que era puro... ¿Cómo si no te acordarías de alguien a quien se supone tendrías que haber olvidado?....

Jaejoong levantó la vista y miró a Junsu a los ojos, siempre se acordó de él. Incluso después de aquel accidente había recordado su sonrisa y su ser. Junsu lo miró de igual manera viendo como aún con todo lo que había sido engañado se acordaba, ahora sentía como Jaejoong recordaba cada cosa con claridad y encajaba las cosas.

Pero fue esa escena tierna que hizo que a Changmin se le revolviese el interior, estaba cansado de tanta cháchara y quiso terminar con todo.

- Padre... no necesita dar más explicaciones... déjeme vengarme de una santa vez del asesino de mi única hermana...

El hombre de mediana edad miró a su benjamín y sonrió ladeadamente.

- Mi pobre Changmin... ¿porqué esta generación es tan fácil de engañar?- el señor empezó a mofarse riendo a carcajada limpia y se fue hacia la mesa.

El moreno no entendía, ¿a que venía eso? Su cara era todo un poema, ¿acaso había algo de lo que él no estuviese al tanto?

- ¿Realmente piensas que fue Junsu, ese enclenque, quien mató a tu hermana?... No mataría a una mosca... el muy cobarde ni siquiera apretó el gatillo de aquella pistola que le dieron mis subordinados... hijo lo que se hizo, se hizo por el bien de todos... aquella niña sólo sería un estorbo para nuestros planes...

Ahora era Changmin el confundido, no entendía como librándose de su hermana pequeña podía ser algo bueno para todos. Bajó el arma siendo llamado la atención por su padre al ser gritado para que terminase con ambos de una vez por todas. Pero fue Changmin quien se puso a reír como un loco al comprender la situación.

- ¿No me diga que al asesino de mi hermana lo tuve delante de mis ojos y no me di cuenta antes...?- su progenitor se levantó nervioso y vio como la punta de aquel arma dejaba de apuntar a los dos rehenes y apuntaba ahora al embustero que tenía enfrente- ¿No sólo he recibido sus desprecios durante toda mi vida desde que supe que era mi padre sino que me hizo creer que era mi hermano el causante de todas mis desgracias envenenándome contra él y haciéndome creer que fuera él el verdadero asesino cuando fuera usted?...

Esas preguntas quedaron sin respuesta al disparar de una vez contra el que había sido el único y verdadero culpable de todas las desgracias que lo habían rodeado. Un disparo certero en la pierna que hizo que aquel señor perdiera el equilibrio, alarmó a los subordinados que estaban expectantes a todo que no tardaron en sacar su arma y apuntar a Changmin.

Otro disparo se escuchó descolocando a los secuaces haciéndoles saber que no tendrían permiso de actuar y que si movían un pelo aquel chico encubierto les haría saber lo que era recibir balazos. Jaejoong y Junsu giraron su rostro al escuchar ese disparo y vieron de quien se tratara. Hyun Joong como buen subordinado había estado infiltrado y preparado para actuar.

A pesar de que tanto el padre como Changmin se habían pensado que el que Junsu se entregase no había sido meditado, lo fuera y mucho. No se habría arriesgado a entregarse sin tener un plan y como bien había preparado, sus subordinados encubiertos desarmaron a los secuaces de aquel al que hasta hacía unos minutos había considerado su padre.

Junsu al haberse ido desatando liberó a Jaejoong y lo abrazó fuertemente mientras Changmin apuntaba a su progenitor fijamente. Ayudó a levantar al pelinegro mientras la situación estaba controlada y el más alto lloraba de rabia al pensar que él también formara parte de toda la trama de su padre.

Los amantes se miraron y luego decidieron acercarse a Changmin. El que había sido su amigo de instituto de repente se había convertido en su hermano, después de todo no podía odiarlo. El albino tocó el brazo de su hermano menor señalándole que no había porqué llevar eso a más y este lo miró mientras la lágrima furtiva que se le escapara del sobresalto corría por su rostro y éste se acercó a abrazar al que ahora era su Hyung.

- Hyung...perdóname...

El moreno se agachó para atrapar a Junsu entre sus brazos y no pudo contener por mucho más las lágrimas, pero fue ahora el primogénito que lo apartó para calmarlo y acariciarle el rostro, calmándolo diciéndole que todo estaba bien y que ya no había nada que perdonar.

Changmin se separó y miró a Jaejoong pidiéndole perdón también y este le dio una palmada en el hombro. Jaejoong por mucho que su amante tuviera un corazón de oro, él no lograba fiarse de ese moreno por muy arrepentido que estuviera ahora. No quiso interrumpir nada entre aquellos dos y dejó que Changmin se fuera con ellos dos. Pero fue el más alto que se giró y se acercó a aquel hombre de mediana edad de nuevo para comentarle un último detalle.

- La policía está de camino...- la cara de aquel señor se puso blanca del susto y no por la sangre que perdiera del balazo- me cercioré de hacer una copia para que la gente sepa en que manos se encuentra la seguridad de los ciudadanos coreanos... espero que usted pronto reciba todo el mal que ha causado a tanta gente... ¿Cómo iba a dejar que un demente como usted anduviera suelto haciendo lo que le diera la gana?...

Se dio la vuelta de nuevo junto a su hermano mayor y el amante de éste y escuchó un estruendo y un escozor en su vientre, le ardía le ardía como un demonio y fue mirando sus manos que vio como estaban llenas de ese líquido tan difícil de limpiar. Recibió otro y fue entonces cuando Changmin con rabia volvió a disparar haciendo que aquel señor dejase de respirar y cayese muerto en el suelo.

El moreno sintió como su boca se llenaba de un líquido y no tardó en zarandearse y caer de bruces al suelo. Pero Junsu y Jaejoong atraparon a aquel cuerpo casi sin vida del moreno y lo hicieron tumbar en el suelo.

Junsu tan pronto había ganado un hermano como lo había perdido, y aunque no había tenido grandes vivencias con él sentía la desdicha de aquella pobre criatura que perdía la vida entre sus brazos.

- Changmin....

De sus ojos emanaban lágrimas al contemplar lo rápido que se iba de sus manos y como ese color dorado perdía todo su brillo. Sus heridas estaban sangrando a borbotones y no cesaba de salir. La boca del moreno pronto empezó a derramar ese líquido rojo sin parar haciendo que sintiese ahogarse con su propia sangre. Pero aún convaleciente fue capaz de reaccionar y apartar a Junsu dándole manotazos mientras tosía.

- Lárgate hijo de puta... si no quieres que te aparten de la única persona que te ha amado de verdad...

Aunque recibía golpes de su hermano menor, Junsu insistía en que lo curaría si iban raudos al hospital, lograrían salvarlo. Sin embargo el moreno seguía negando una y otra vez hasta que se cansó y pegó un grito.

- ¡YAH! Te haré la vida imposible si no dejas que me pudra aquí... ¿Acaso piensas que es fácil para mí soportar que tú estés con él?...- se encogió de dolor al sentir como sus fuerzas abandonaban su cuerpo- yo también amo a Jaejoong... pero de una forma más posesiva y oscura... terminaré matándote por querer interponerte entre él y yo... así que no seas subnormal... lárgate... es así como tiene que ser...

Aquella última voluntad del moreno hizo que Jaejoong no dejase que Junsu insistiese más, tenía razón y Jaejoong había pasado demasiado tiempo con aquel demente moreno como para saber que era lo suficientemente sincero en sus palabras. El albino con pena miró a su amante y asintió mientras se levantaban del suelo y se alejaban lentamente mientras sentían como el benjamín se empezaba a reír postrado en el suelo.

- Adiós hermano...

Cruzaron el umbral de la puerta directos al fin a su libertad mientras Changmin seguía tirado en el suelo. Las carcajadas pronto se tornaron en llanto y aquella mueca de maldad sólo pudo expresar cuan miserable se sentía. Toda una vida engañado y ahora cuando podría enmendar sus errores y pedir perdón a las personas que había herido durante tantos años sintió un vacío. Su aliento se iba apagando lentamente mientras de sus ojos todavía emanaban lágrimas y decía sus últimas palabras.

- Lo siento Hyung-nim

Aún a metros en aquella azotea el albino notaba como al que habían abandonado frente a la muerte exhalaba su único aliento, se sentía triste por haber tenido que terminar todo así, pero unas manos que lo agarraban, además de unos grandes ojos negros que lo miraban y lo consolaban se habían acercado a su rostro dándole el cariño que hacía tanto tiempo necesitaba de él. Junsu con los ojos llorosos lo miró y le dio un beso suave.

Ahora la pesadilla había terminado y en aquel helicóptero que allí había se dirigieron juntos al fin a un lugar lejos de todo ese revuelo, muy lejos donde podrían descansar. Después de tantos años sufriendo, de sobrepasar un trasvés y otro, de enfrentarse a personas que sólo los querían separar y hundir en la miseria, haciendo prácticamente imposible que pudieran tener una vida, fue en ese invierno donde se reunieron de nuevo y por fin después de tanto sentir que podrían a partir de ese momento tener la vida que siempre habían soñado compartir entre los dos desde que un día de invierno de hace muchos años se habían enamorado el uno del otro con tan sólo verse en aquel instituto donde esta historia dio comienzo.

Su historia propia y personal al fin no había hecho más que comenzar.

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