Dark Love

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Titulo: Dark Love
Autor:
Narah
Pareja(s):
Hosu
Género: Lime, viajes en el tiempo.
Extension: Oneshot
Advertencia:
Leve Incesto.



Estaba intentando conciliar el sueño, pero se quedó en eso, un intento.
Me di la vuelta en la cama, observando la ventana que se encontraba frente a mí, hoy la luna tenía un brillo diferente, casi especial, me quedé absorto mirando a la noche, mirando a la nada.
Era uno de esos días en los que la culpa me carcomía, se empeñaba en alojarse en mi pecho hasta conseguir que me doliera demasiado, hasta que no pudiera respirar, hasta que llorara por culpa del dolor.

Hoy no fue muy diferente.

Escuché el sonido de la puerta abriéndose muy despacio, haciendo un poco de ruido, eran los pasos de alguien aproximándose a mi cama, deseé que fuera mi madre, que se quedase mirando como dormía, que me acariciase la mejilla, que me cubriese con las mantas y que luego me diera un beso en la frente. Necesitaba saber que ella aún me quería, que aún era su niño mimado, solo quería saber que todo estaba bien.
Pero no era ella, lo sabía muy bien, a esa hora sólo podía ser alguien. El lado derecho de la cama se hundió, indicando que se había sentado allí, sus dedos se enredaron en mi pelo, acariciándolo lentamente.

—Junsu, Junsu – me llamó entre susurros, cerré fuertemente los ojos, tal vez si no le hacía caso se marcharía.

Se dedicó a acariciar mi hombro dejando un casto beso allí.

—¿Qué quieres? — intenté que la voz me sonara fría, sin embargo salió rota, casi en un sollozo.
—¿Te ocurre algo? — negué efusivamente con la cabeza.

Volví a girarme, mirando aquellos expresivos ojos negros que me miraban con curiosidad, alcé mi mano llegando a rozar ligeramente su mejilla derecha, deteniéndome en sus labios, suspiré.

—Solo pensaba en esto...en nosotros.
—¿Qué ocurre?
—Es que...esto...no puede seguir así – me tragué las lágrimas y respire hondo – lo que hacemos no está bien, esto tiene que acabar.
—No es malo Junsu, nos queremos, además, nunca dejaremos de ser hermanos y...
—¡No!¡No esta bien! Nadie entendería esto...esto es...repugnante.

Yunho parecía crispado, él no entendía lo que le quería decir, él podría soportar el deprecio de la gente, él era fuerte, yo no.

—Esta bien, si eso es lo que quieres, en cuanto salga por esa puerta, saldré de tu vida para siempre – hizo el ademán de levantarse y me entro repentino miedo, no quería perderle, le agarré fuertemente del brazo en un intento desesperado de que se quedara a mi lado.

Me puse de rodillas en la cama hasta llegar a su altura, él se inclinó más hacia mi, su mano se había posado en mi cuello, con los pulgares me acariciaba lenta y exquisitamente, su nariz, que estaba fría, rozaba la mía y me hacía cosquillas, su aliento sin embargo era cálido, podía notar como se colaba poco a poco en mi boca, hasta que sentí sus labios. Me besó con furia, casi me hacía daño, pero seguía su ritmo insistente, ni siquiera nos importo hacer ruido con aquel beso húmedo, probablemente porque los dos sabíamos que era la última vez. Le abracé por la cintura y colé mis manos por debajo de su camiseta. Soltó un suspiro y me agarró por las manos hasta deshacer el abrazo.

Y sin decirme nada más, le vi marchase por la puerta.

Las lágrimas se me apelotonaron y me escocían los ojos. Me restregué las manos por los ojos intentando apartar las lágrimas de los ojos.
Miré la foto que descansaba en la mesilla de noche, estábamos los dos, disfrutando de las vacaciones de verano, parecíamos tan felices en ese momento.
Mis lagrimás chocaban contra el cristal incesantemente, ¿por qué lo que haciamos estaba mal?¿por qué no podía ser feliz?

La rabia fluía por mis venas, las manos me temblaban, tiré el marco de fotos contra el suelo, viendo como el cristal se hacía añicos, salpicándome algunos cristales pequeños, provocándome pequeños arañazos. Con el brazo tiré todo lo que estaba en la mesilla de noche a mi derecha, el móvil, la lamparilla, los libros, todo caía al suelo sin ningún tipo de cuidado. No encuentro ninguna explicación de por que lo que hago está mal, me gustaría desaparecer del mundo, poder olvidarme de todo, no sentir nada más.
Apoyado en la pared me acurruco un poco sobre la cama y abrazo con fuerza mis piernas, apoyando la cabeza sobre las rodillas, de pronto siento mucho frío, estoy tiritando, las lágrimas siguen cayendo, yo...yo solo quiero olvidarme de todo.
Poco a poco me deslizo hasta volver a tumbarme, me siento como un niño pequeño, más desprotegido, solo quiero que Yunho vuelva, que vuelva a abrazarme y a besarme. Estoy cansado y he empezado a bostezar, sé que pronto me dormiré y solo tengo un último pensamiento.


''Ojalá dejara de existir''


Tengo el cuerpo pesado, como si llevase durmiendo años, los brazos y las piernas los tengo entumecidos, aún no quiero abrir los ojos, pero hay un fuerte olor que me penetra la nariz, es un olor a húmedo, a rancio, quizás a putrefacción, de cualquier forma no es agradable. El olor cada vez era más notable, supongo que era porque cada vez estaba más despierto. Tenía la vista nublada, quizás por las lágrimas de la noche anterior, intento fijar la mirada, pero me sorprendo al ver que aquella no era mi habitación ¿dónde estaba?
El lugar era diferente, parecía más sucio y descuidado, las grietas adornaban las paredes y la humedad era patente en el techo.
Me desperté de un salto y me fijé en todo a mi alrededor, todo era tan diferente, aquella no era mi casa.
Salí desesperado a la calle sin saber muy bien a donde dirigirme, los trajes que la gente llevaba eran antiguos, busqué por todos los sitios, esperando reconocer a alguien o que alguien pudiera reconocerme, un amigo, un familiar, algo...pero no fui capaz de reconocer a nadie. Algunos me miraban de una forma extraña, las mujeres parecían incluso un poco escandalizadas por mi escasez de ropa, de repente me entró un poco de vergüenza.
Una multitud se acercaba a la calle donde estaba situado, aclamaban por el rey, ¿el rey? ¿que rey? ¿qué demonios era todo aquello? Si era una broma no tenía ninguna gracia, empezaba a desesperarme. Me acerqué hasta un hombre que aclamaba el nombre del Rey Sungjo, si mi mente no fallaba (y no me había saltado ninguna clase de historia) ese fue un rey de la Dinastía Joseon alrededor de 1800.
Era como si hubiese viajado en el tiempo, y si de verdad... No, no, aquellas cosas no existían, aquello no podía ser cierto. Me entraron ganas de pellizcarme y de tirarme de los pelos para comprobar si estaba despierto, pero me contuve, ya era suficiente con que la gente me mirara de una forma extraña, si hacía eso era probable que me tomasen por un loco. La multitud comenzó a llevarme por delante y yo sentí como las lagrimas se me apelotonaban, queriendo salir, y de pronto fijé mi mirada en aquel extraño que se encontraba al otro lado de la acera, tenía la vista borrosa así que me enjugué las lagrimas con el dorso de la mano e intente acercarme más a aquel extraño.
Me miraba fijamente y a la vez con una incógnita plasmada en su rostro, tenía un traje negro, llevaba el pelo un poco largo, y su tono era tan pálido que rozaba lo enfermizo, reparé en su rostro, aquel lunar... Al principio no había sabido quien era pero al fijarme más lo reconocí de inmediato.

Era él...

Yunho


Mi hermano


Me sorprendí de su aspecto pero me alegré de verle, el tendría una explicación para todo este numerito, corrí entre la multitud, apartándolos entre empujones, pero Yunho puso una cara de molestia, se giró y salió corriendo, y yo tras él.

Corría detrás de él, pero no podía seguir su ritmo era mucho más rápido que yo y tras girar en una esquina perdí su rastro.
Seguí corriendo como un enloquecido, por todos aquellos sitios que ni conocía ni había visto en mi vida, hasta que llegué a un callejón sin salida ¿qué se supone que debía hacer ahora? Mi única oportunidad había salido corriendo, y yo...yo me encontraba totalmente confuso e impotente.

—¡Yunho!¡Yunho! – grité a todo lo que mis pulmones me permitieron, pero solo obtuve el silencio por respuesta, yo había empezado a sollozar.
—Joder Yunho, si esta es una broma ¡no tiene gracia! ¡Ven ya! – me sentía demasiado solo, sólo quería que alguien viniese a sacarme de toda aquella locura.
Pequeñas gotas empezaron a caer sobre mí, miré al cielo y vi aquella enorme nube negra que lo cubría, empezó a llover.
Terminé escurriéndome por la pared de aquel callejón, hasta poder sentarme en el suelo, donde empecé a llorar como un niño pequeño que se ha perdido.
—Ven por mi Yunho, ven por mi por favor, ven por mi – terminé murmurando, más para mi mismo, tenía mucho miedo.
Me quedé allí, sobre el suelo, notando el frío que azotaba mi cuerpo, abrazando mis piernas en un intento vano de sentir un poco de calor, estaba titiritando y no supe si de frío o de miedo.
Pequeños pinchazos en el costado me hicieron despertar de aquel ensimismamiento, me había quedado hundido en mis propios pensamientos. Una voz gruesa me habló.
—Eh...¿Quién eres tu? - la voz era severa, pero a la vez amable.
Con la mirada perdida me fijé en aquel extraño que cuando me miró mas detenidamente palideció, como si hubiera visto un fantasma. Desenvainó la espada que llevaba y adoptó una postura de defensa. Me asusté y me entraron ganas de echar a correr pero la espada que ahora se había colocado en mi cuello me lo impidió.
—No puede ser...no puede ser.
Estaba aturdido, un escalofrío recorrió mi espalda, aquello me gritaba que estaba en una situación de peligro.
—Tu deberías estar muerto.
Yunho
Miraba como aclamaban al rey, me parecían patéticos, nadie le conocía realmente, nadie sabía lo cruel que podía llegar a ser, nadie lo sabía tanto como yo. Me apoye en la pared, siendo indiferente a aquella patraña. Hasta que la esencia de alguien me llamo mucho la atención, conocía ese aroma, en algún momento incluso había adorado ese aroma...y entonces le vi.
Estaba allí, en medio de toda la gente, parecía aturdido, perdido, me recordó a la última vez que le vi con vida, tenía la misma expresión de miedo, sacudí la cabeza en un intento de olvidarme de aquello y dejar de ver su fantasma, pero él seguía allí, aquello era imposible, mi mente volvía a jugarme una mala pasada ¿me estaría volviendo loco? Él me vio, y volví a ver en sus ojos la pureza, salí corriendo, no podía ser, no podía volver a pasarme lo mismo que hace años atrás, él empezó a perseguirme y escuché aquella voz melodiosa gritar mi nombre y entonces corrí como un desquiciado huyendo de él, hasta que su fantasma me dejó en paz.
Pero su olor seguía en mi mente, no me dejaba tranquilo, sabía que era imposible volver a verle, pero volví a caer, si podía verle aunque fuese una vez más, aunque me engañase a mí mismo, lo haría, rastreé su olor hasta que le vi en aquel callejón acorralado como un animalillo. Ahí estaba uno de los sirvientes del rey, le conocía perfectamente, pero entonces...¿él también podía verle? ¿aquello era real?
—Suéltalo – su expresión era de confusión, estaba amenazándolo con la espada pero parecía asustado de hacerlo, quizás aun no me había vuelto loco y ahí estaba él verdaderamente.
Él me vio y su mirada se iluminó, como si viniese a salvarle la vida. Me perdí en sus ojos, quería volver a besarle, tocarle, abrazarle.
—Está vivo, no p-puede ser, Xiah no puede estar vivo – le empujé para que se apartara de Xiah, no volvería a dejar que nadie le hiciera daño. El sirviente no opuso mayor resistencia, seguía confuso.
Me puse delante de él para protegerle, él solo se colocó tras de mí y me apretó con fuerza el brazo.
—Yunho ¿que ocurre? Yo...yo soy Junsu, díselo, dile que yo no soy ese tal Xiah del que habla.
Me quedé estupefacto ¿de qué hablaba? Claro que era Xiah, mi Xiah, era idéntico.
—Vete – atiné a decirle a aquel sirviente.
—P-pero...
—¿No me has oído? ¡Largo! Y si dices algo a alguien te mataré — agarré con fuerza el mango de la espada, cuando me vio hacer eso entrecerró los ojos en una mirada amenazadora pero sin decir nada más se fue.
Me giré sobre mi mismo para verle, él temblaba asustado, con la cabeza gacha, tenía la sensación de que si le empujaba un poco se derrumbaría. Me fijé en él, acerqué los dedos hasta su cara, casi con miedo, no quería que fuera como otras veces en las que cuando me acercaba su fantasma desaparecía, pero esta vez era cierto, él estaba allí en carne y hueso. Su piel también era cálida, seguía siendo suave, me mojé los dedos con un par de lágrimas rebeldes que se deslizaban por sus mejillas. Su pelo ahora era corto, de un tono marrón oscuro, de las puntas del pelo caían las gotas de lluvia. Aquella imagen me pareció adorable. Cuando acerqué los dedos hasta sus labios, rozándolos con delicadeza alzó la mirada y me quedé enganchado a ella, a sus ojos de color marrón que eran cálidos, a esa pureza y a esa dulzura que desprendían.
—Xiah... – bajé la mano hasta su cuello, acariciándolo.
Y no pude evitarlo, besé sus labios, después de tantos años volví a besarle, ni siquiera era igual a mis vagos recuerdos, era mucho mejor, bebí el agua de lluvia de sus labios, al principio él parecía sorprendido pero pronto me correspondió, enganchó los brazos alrededor de mi cuello y correspondió a mi beso, volví a experimentar ese frenesí que solo lo había sentido con él.
Acaricié su espalda con suavidad y el fuego volvió a llamear en mi interior. Era irónico, sentía como si mi corazón podrido volviese a bombear con fuerza. Me sentí más vivo que nunca.
Me separé lentamente de él y apoye mi frente sobre la suya, trazando figuras sin sentido sobre su espalda.
—Soy Junsu, me llamo Junsu, no Xiah, ¿por qué me llamáis así?
Entonces comprendí, que aquel chico no era mi Xiah, pero es que era tan parecido...necesitaba saber más de él.
—Vamos – me sorprendió lo dulce que salía mi voz – estás titiritando de frío, creo que los dos necesitamos explicaciones.
Le llevé hasta la pequeña casita en la que mi amante y yo solíamos refugiarnos antes de que ocurriera toda la tragedia que nos envolvió. La casita estaba detrás del palacio real, con lo que tuve que tener cuidado de que no le descubrieran, si volvían a verle...no quería ni siquiera pensar en eso.
—¿No recuerdas esto? – con un gesto le indiqué la casa, pero él me negó con la cabeza.
—Disculpa el desastre, hace...bastante tiempo que no vengo por aquí.
Le dejé que se sentara en el borde de la cama, parecía muy confuso y perdido en sus pensamientos. Me miró con repentino interés.
—¿Quién eres? – parecía molesto, tenía el ceño levemente fruncido, pero aún así me parecía adorable.
—Tú me conoces, sabes mi nombre, no puedo decir lo mismo de ti.
—¿Quién es Xiah?
—Es alguien que era muy importante para mí – un nudo me impidió hablar con claridad – te pareces a él, eres idéntico.
—¿Dónde está?
—Bajo tierra.
Le pregunté cómo había llegado hasta aquí, nunca le había visto, además, su ropa era extraña. Me contó que la noche anterior estaba durmiendo y cuando se despertó ya estaba aquí. Me contó que vivía en otra época, se sentía como si hubiera venido del futuro, él no sabía cómo había pasado esto, estás cosas se suponen que no existen. Incluso le parecía raro pensar que había viajado en el tiempo. Si él supiera...
—Aquí son posibles esas cosas ''mágicas''. Xiah, no era normal, él...él era un brujo. Yo tampoco lo soy.
—¿Que eres? – su voz salía casi con dificultad, le vi tragando con fuerza, un poco reticente a lo que le podía confesar.
—Yo estoy muerto, desde hace muchos años, me hubiera gustado poder ser capaz de morir, así no tendría que haber vivido con tanto dolor. Soy un vampiro.
Creo que después de estar aquí, saber que era idéntico a un brujo ya poco le asustaba, parecía tener mucha confianza conmigo, como si me conociera de siempre, no parecía intimidado, recordé el beso del callejón y eso me hizo preguntarme qué tipo de relación llevaba con mi ''yo'' del futuro.
—¿Y yo?¿Yo quien soy en el futuro?
—Eres mi hermano. Eres dos años mayor que yo.
—Pero...me has besado, es decir, me has correspondido – vi como agachaba la cabeza y las mejillas se le teñían de un rojo carmín, apretó la camiseta entre sus manos con nerviosismo – eramos...¿amantes?
Asintió levemente, con vergüenza.
—Lo sé, es...repugnante, ¿te doy asco verdad? Eras mi hermano, pero no pude evitar verte como un hombre, siempre me protegías cuando se metían conmigo, cada vez que un niño me pegaba me defendías y me comprabas dulces para calmarme, cuando nos hicimos mayores ya nunca estabas conmigo, traías tus novias a casa y admiraba como las tratabas, eras tan dulce y caballeroso con ellas, me dije que yo quería ser igual que tu, pero pronto me dí cuenta que me daba envidia, quería ser una de ellas, así que me dí cuenta de cuanto te quería, empecé a seducirte hasta que cediste, soy...soy lo peor.
Las palabras le salían casi a borbotones, y vi como sus lágrimas caían una tras otra mojando su pantalón de chándal. Le abracé con fuerza y se agarró con fuerza a los costados de mi camiseta, sollozando sobre mi cuello. Su cuello quedó expuesto y no pude evitar darle pequeños besos, incluso me atreví a morderle suavemente, me recordaba tanto a Xiah, él soltó un suspiro e intentó apartarse de mí.
—No...no h-hagas eso.
—Yo no soy tu hermano – intenté calmarle y volví a besarle, aunque me correspondía se sentía incomodo aún así que le dejé un poco de espacio para que pudiese calmarse.
—¿Qué paso entre vosotros?¿Por qué él está muerto? – suspiré, tendría que contárselo.
Cuando me convertí en lo que soy ahora, no sabía qué hacer, como actuar, solo sabía que estaba desesperado por la sangre, era eso lo único que calmaba aquellas ansias que no me dejaban en paz. Pasado un tiempo empecé a dominar la sed de sangre, y aprendí a ser mucho más discreto. También aprendí a manejar la fuerza, me había vuelto más fuerte, más rápido, y era inmortal. Me ganaba la vida en peleas callejeras, de manera que aprendí a manejar la espada. Los hombres del rey me vieron y me llamaron a la corte, así fue como empecé a trabajar para el rey. Al principio trabajaba como uno más de sus hombres, le defendía, luchábamos contra los bandos enemigos y por supuesto, casi siempre ganábamos. Tiempo después me convertí en la mano derecha del rey, me encargaba de acompañarle a todos los sitios y me encargaba de su protección. Meses después llegaron rumores de alguien que hacía daño al rey de forma indirecta, según los rumores era un brujo, sus maldiciones y hechizos eran poderosos, no solo traían desgracias sino también la muerte. Mi trabajo era deshacerme de él, lo cual no supondría ninguna dificultad. Sin embargo cuando llegué a enfrentarme con él, no pude matarlo, yo no veía la maldad que los demás veían en él, para mi sus ojos resplandecían y reflejaban la pureza, la ternura, todo su ser era la belleza, mi mente no podía entender como alguien con tanta dulzura podía provocar la muerte. Él también podría haberme hecho daño si hubiese querido pero no lo hizo, nos dimos cuenta de que ambos habíamos caído en el hechizo más fuerte.
El amor.
Nos enamoramos como los dos jovenzuelos que eramos, yo no podía hacer nada contra él, estaba traicionando al rey, al hombre que me alimentaba y que me daba un techo para vivir, pero Xiah era incluso más importante que todo aquello, en tan solo unos meses se había convertido en lo única necesidad para mí, en lo único vital que me ayudaba a seguir respirando. Mantuvimos aquella relación prohibida, no solo porque éramos dos hombres, sino también porque él era un brujo y yo estaba del lado del rey, aquello no solo era una aberración sino también una traición.
Meses después nos descubrieron, en un caso normal nos habrían mandado a matar a los dos, pero yo era demasiado importante para el rey, yo podía protegerle como ninguno de sus soldados podía, así que solo ordenaron su muerte. Si alguien me arrebataba lo que más amaba, no podría soportarlo, y el solo saber que viviría eternamente sin él me carcomía por dentro, así que tome una determinación.
Sería yo quien acabase con su vida.
Aquella tarde, fui a verle, igual que un día normal, le conté que nos habían descubierto, me sorprendió su entereza, como si ya estuviese preparado para eso, yo estaba asustado, no quería hacerle daño, pero tampoco quería saber que fueron otros quienes me lo quitaron. Le besé con delicadeza, acaricié su rostro por última vez y no pude evitar besarle con toda la pasión que me fue posible, yo estaba asustado y empecé a llorar, cuando me preguntó que pasaba solo lloré un poco más y lo único que fui capaz de decir fue un 'Te quiero' y un 'Lo siento'. Acaricié el mango de la daga que tenía escondida en la parte trasera y lo apreté con fuerza. Él me miró y entonces lo entendió todo, asintió levemente y no lo pensé más, le clavé la daga y vi como se le escapaban algunas lágrimas, me dio un último beso en los labios, y sentí el sabor metálico de la sangre colarse en mi boca, me acarició la mejilla sin apenas fuerza y se fue desvaneciendo, sostuve su cuerpo y nos desplomamos en el suelo, me mantuve pegado a su cuerpo sin vida por dos días seguidos, en esos dos días no había dejado de llorar y de gritar hasta desgarrarme la garganta.
Después tuve que volver a ser un soldados, durante varios años creí que me volvería loco, por la noches su fantasma siempre me visitaba, creía que tal vez querría vengarse pero solo venía, se sentaba a los pies de la cama y me se quedaba mirándome, me sonreía y luego desaparecía. Me acostumbre a sus ''visitas'' porque me sentía más cerca de él, en numerosas veces le pedía que me llevara con él, pero sabía que aquello era imposible, hasta que un día dejó de venir a verme, y entonces me di cuenta de que lo había perdido para siempre. Y aunque yo estuviese muerto, estaba más vivo que nadie, porque cada día me recordaba que lo había matado y que nunca más podría tenerlo en mis brazos.
Junsu
Cuando Yunho terminó de contármelo todo, no pude decir nada, me di cuenta del alcance que había tenido su amor, y me reí ante la ironía, Yunho no podía tener a Xiah por que se había muerto, yo no podía tener a Yunho porque era mi hermano, tanto en el pasado como en el futuro nuestro amor era prohibido. Pero aquí tenía a Yunho de nuevo, el no era mi hermano, tal vez esto no era tan malo, quizás aquí podría ser libre de amar.
Me abracé nuevamente a Yunho, prácticamente me tiré sobre él y fui yo esta vez quien le besó, era la primera vez que besaba a Yunho sin pensar que aquello estaba mal, sin sentirme miserable y culpable. Acaricié su rostro, quería creer que aquello era real, que aquello no era un sueño.
Yunho coló sus manos por debajo de mi camiseta, noté lo heladas que estaban pero extrañaba tanto su contacto que de alguna forma me parecían cálidas. Su forma de tocarme era la misma, con aquella sobreprotección, esa seguridad y esa dulzura al mismo tiempo. Me dediqué a besar su cuello y dar pequeños mordiscos, escuchando leves gruñidos por su parte. Me acarició la cintura, tocando insistentemente en aquella marca que tenía de nacimiento.
—Es tan extraño... – murmuró.
—¿El qué?
—Tienes una marca en el lugar exacto donde...donde le clavé la daga a Xiah – me tumbé a su lado y rodeé su cintura con mis brazos, que tranquilidad sentía en sus brazos.
—Tal vez...el destino nos está dando una segunda oportunidad.
Soltó un risita y se dedicó a acariciar mi cabello, recordé lo exhausto que estaba, pero ¿qué sucedería si me dormía?
—Yunho
—Hum
—No quiero dormir, ¿y si me duermo y todo esto desaparece?, quiero creer que todo esto es de verdad, no quiero perderte.
—Eso no va a pasar, estoy contigo, a tu lado, vigilaré tu sueño.
Y pese a que no quería, estaba tan cansado que me quedé dormido con el calor y las caricias que Yunho me daba.
Me desperté repentinamente, asustado, miré a mi lado para comprobar que él aun seguía ahí, cuando le vi mirarme con esos ojos llenos de dulzura suspiré aliviado.
—Hola – susurró, le di un pequeño beso en los labios.
—Hola, aun estás aquí — sonrío y me dio un beso lleno de ternura en la frente.
Habían pasado días desde que había llegado a esta época, cada noche me dormía con miedo de no volver a ver a Yunho, y cada mañana me despertaba aliviado si lo veía de nuevo, aquí podría ser feliz de verdad, con Yunho a mi lado, aquí nadie me juzgaría por estar enamorado de mi hermano.
Yunho hacía días que no se alimentaba porque no quería que se fuera, no quería quedarme solo, me sentí un poco egoísta, y yo tampoco podía salir porque si algún hombre del rey me veía, pasaría lo mismo que en el callejón, me confundirían con Xiah. ¿Y si les explicaba quién era realmente?¿Me matarían de todas formas? Preferí no pensar más en eso y me dediqué a estar con Yunho, quien cada vez estaba más débil por no alimentarse, decidí que tenía que dejar que se marchase esa noche, no podía ser tan egoísta.
Pero esa noche no llegó.
Los insistentes golpes en la puerta nos alertaron, le pedí a Yunho que no la abriera, pero por los golpes que daban, si no lo hacíamos nosotros, entrarían por la fuerza.
Yunho la abrió pero no del todo, dejó tan solo una rendija para poder comunicarse.
—Sabemos que está aquí – dijeron varios hombres.
—No se de que me habláis – Yunho intentó parecer calmado pero severo.
—Claro que lo sabes, sabemos que tienes a Xiah escondido, has vuelto a traicionar al rey.
—Queremos verle – intentaron pasar a la fuerza.
—¡No! - Yunho no permitió que pasaran, pero tan débil como estaba, era casi tan frágil como un humano, me arrepentí de no haberle dejado que se marchase.

Entraron y en cuanto me vieron desenvainaron la espada, quise correr, pero intenté mantenerme tranquilo. Qué debía hacer, si les decía como había llegado hasta allí no me creerían.
—Así que el brujo sigue vivo – murmuró uno de ellos, mientras levantaba las espada de una forma amenazante.
—Dejadle en paz, el no es quien vosotros pensáis, sé que el parecido es extremo pero él no es Xiah.
Le miraron incrédulos, pensando que les estábamos contando una mentira. No nos dieron tiempo a más explicaciones dos de ellos me agarraron de los brazos y me los pusieron detrás de la espalda con tanta fuerza que caí de rodillas. Varios hombres se encargaron de Yunho, que aunque puso resistencia, no fue suficiente y cayó de la misma forma que yo, tuve la mente en blanco, solo pensé ''Ya está, todo a acabado''.
—No podéis matarme – Yunho prácticamente escupió las palabras, estaba furioso.
—¿No? Yo diría que ahora te ves muy débil. Pareces...ansioso.
El que me sostenía por detrás me hizo un pequeño corte en el cuello, vi como los ojos de Yunho se entrecerraban y como luchaba por no venir a por mí. Tal vez no podían matarlo a golpes, pero sabían como hacerle sufrir. Noté el liquido espeso bajar por mi cuello, y como Yunho intentaba controlarse de una manera bestial.
—¡Parad!¡Parad, por favor! – no pude evitar gritar, no quería verle sufrir de esa manera por mi culpa. No me había dado cuenta de que había empezado a llorar. Intenté soltarme pero noté aquel cuchillo pegarse más a mi cuello.
—Basta de charlas, terminaremos con esto cuanto antes – uno de ellos me sujetó del cabello y expuso mi cuello. Me iban a matar. Vi como Yunho se revolvía furioso, les maldecía e intentaba soltarse sin éxito.
En mi mente aparecieron, varias imágenes, era yo, con el pelo mucho más largo, también estaba Yunho, eramos felices, nos reíamos. En una de las imágenes él me enseñaba a usar varias espadas y a pelear, en otras imágenes, estábamos en la cama, acurrucados, acariciándonos. Apareció una imagen similar a la escena de ahora, pero solo estábamos Yunho y yo, el me decía cuánto me quería y luego sentí un dolor punzante. Entonces me di cuenta de que aquellos recuerdos no eran míos, sino los de Xiah.
Sentí un calor recorrerme el cuerpo, casi podía sentir que me quemaba, la habitación resplandeció, había un brillo cegador, no podía ver nada más que aquella luz. Tuve un último pensamiento ''Tal vez esta es la única forma de purificar nuestro amor, la muerte, porque un amor tan oscuro como el nuestro, no podría triunfa, nunca''
Y de pronto me sentí agotado, y sucumbí a la oscuridad.
Me desperté agitadamente, estaba empapado en sudor, me miré los brazos, me toqué el cuello,¿estaba vivo?¿habría muerto?. Recorrí con la mirada la habitación, todo estaba igual que aquella noche, esa era mi habitación ¿De verdad había estado soñando?
Bajé hasta el salón, donde mi madre me saludo con una sonrisa cálida.
—Menudo dormilón estas hecho - ¿Cuánto había dormido? Casi era de noche.
—¿Y Yunho? - pregunté casi con miedo, yo solo quería volver a verle.
—¿Yunho?¿Quién es Yunho?¿Un amigo nuevo?
Me entró el pánico, corrí escaleras arriba hasta la habitación de mi hermano, pero cuando abrí la puerta solo me encontré con una habitación llena de polvo y de trastos. Corrí hasta mi habitación, miré la foto que aún reposaba en el suelo junto a los cristales, ignoré el daño que me hice con algunos vidrios pequeños, cuando miré la foto estaba sólo yo, me volví histérico. Salí a la calle, y observé como todo seguía igual.
''No...no, otra vez no''
No entendía nada, casi me desgarré la garganta gritando su nombre, me daba igual que me tomaran por un loco, me negaba a saber que había perdido definitivamente a Yunho.
''¿Por qué a mi?¿por qué yo?''
Llevaba horas caminando a ningún sitio, solo necesitaba pensar, poner mis ideas en orden, me pregunté si estaba destinado a no ser feliz, si nunca podría tener a Yunho a mi lado.
Alguien me agarró con fuerza el brazo y una mano se cerró en mi boca, ni siquiera puse resistencia, ya todo me daba igual, que hicieran conmigo lo que quisieran, sin él nada tenía sentido.
—Junsu... — aquella voz, un escalofrío me recorrió la columna, y sentí como me daba un vuelco el corazón.
Me giré rápidamente y le miré con una sonrisa plasmada en la cara.
—¿Yunho? - me lancé a su cuello, le abracé con toda la fuerza que pude y le llené de besos, besé sus pómulos, su frente, sus ojos, sus labios – ¡Dios! Estas vivo, tenía tanto miedo de no volver a verte.
Me acarició con parsimonia el cuello y los labios, acariciándome la frente con los labios, dejando besos pequeños por toda mi cara. De pronto empezó a hablar.
—Según las leyendas de la antigüedad los brujos pueden reencarnarse al morir, de forma que pueden limpiar su alma, vuelven a tener situaciones similares a las de su vida como brujo, como una segunda oportunidad, así pueden cometer buenas acciones y purificar su alma. En otros casos, pueden viajar en el tiempo para rectificar sus errores, pero los viajes en el tiempo se consideran peligrosos porque pueden modificar de manera significativa el futuro.
—Y todo eso se aplica a Xiah ¿no? – asintió y yo me escondí en su cuello, aspirando aquel aroma varonil. En este mundo Yunho ya no era mi hermano, pero seguía siendo el mismo, aquí podría ser feliz definitivamente, aquí nadie nos buscaba para matarnos. Entonces reparé en algo.
—Pero...tu...tu sigues siendo un vampiro – una sonrisa pícara se plasmó en su rostro.
—Lo sé, ahora podremos ser felices, podremos estar juntos eternamente – entendí el sentido de su frase, sonreí y volvimos a besarnos.
El futuro había cambiado, pero había recuperado a Yunho, quizás ahora podrían ser felices completamente, su amor había sido oscuro, prohibido a los ojos de los demás pero para ellos era el más puro de todos, solo querían amarse y eso...eso no podía ser malo.
FIN.

4 comentarios:

  1. Anónimo5/15/2012

    wauuuuuuuuuuuu un trama interesantisimo!!!!!!!!!

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  2. Anónimo5/18/2012

    waaaaaaaaaaaa me gusto!!

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  3. Anónimo12/17/2012

    ♥ Kyaaa ~~~~ Hermoso ♥ xD

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  4. Anónimo3/06/2013

    Waaaaaaaaaaaa lo ame *w*, felicidades, escribes re bien ♥

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