Rosa de invierno. Cap. 9

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Estuvimos tiempo allí parados besándonos y sonriéndonos. Se le notaba nervioso por la nueva experiencia ya que no había nunca probado con un chico.

Pero eso ahora era lo de menos, estaba dispuesto a enseñarle todo lo que hiciera falta enseñarle aunque tuviera que fingir ser un experto. Me sentía el responsable de su cambio de gustos sexuales y la verdad...

¡ESTABA ENCANTADO!


Cuando nos dimos cuenta del espectáculo que estábamos formando recogimos mi compra y nos fuimos directos a mi casa. Fuimos callados pero esta vez no era incómodo como la otra vez.

Me miraba y me sonreía y se ruborizaba levemente las mejillas cada vez que bajaba el rostro. Pero jamás quitaba esa sonrisa de sus labios y yo me sentía dichoso.

Llegamos a mi apartamento y abriéndole la puerta dejé que entrase.


Ahí fue cuando realmente comencé a sentirme realmente nervioso. Mis miradas se fijaron en el primer lugar visible. Un lugar abultado que sobresalía de su cuerpo y marcaba una curva en forma de "S" en ese cuerpo perfecto.

Debía de ir a un ritmo lento. Aunque ya probara parte de mí, lo hacía por complacerme porque sabía que era gay... la verdad todavía seguía confundido con su reacción desde que pisó mi piso hasta que se fue.

Porque habría jurado que fuera él el más interesado en tener sexo desde el primer minuto.

La verdad debía haber sido cosa mía porque... ¿si fuera un juego lo del otro día como podría estar así de sumiso?... parecía más un pasivo que un activo como yo era y era realmente extraño. Mi cabeza era realmente extraña, estaba seguro que fuera mi propia cabeza que alucinara las cosas...

Pero de todos monos, aquí lo más importante es que me aceptaba y quería intentarlo, darme una oportunidad y buf... me ponía tenso cada vez que pensaba tenerlo bajo de mi cuerpo haciéndole el amor una y otra vez...

Noté como me miraba desde dentro y no entraba y se aclaró la garganta llamando mi atención.

- Te entrarán moscas en la boca si no la cierras y ladrones si no entras y cierras la puerta.

Me puse colorado y sonreí con cara de pena bajando mi cabeza y cerrándola detrás de mí.


Llevamos la compra a la cocina y la dejamos en la mesa mientras veía como la lavadora ya había acabado y me acercaba para sacar las sábanas.

El se apoyó en la mesa y miró la compra viendo como había sábanas nuevas. Las sacó de su bolsa y las miró sonriendo.

- ¿Las compraste porque sabías que las estrenarías conmigo?

Levanté mi mirada a la pared y lo miré con la velocidad del rayo soltando un "¿eh? no, no" que hizo que me echase la lengua y guiñase su ojo. Entonces ahí me di cuenta de que era una broma y me rasqué la cabeza riendo en alto.

- No hagas esas bromas... como podría yo pensar en sexo...- soltaba risas entrecortadas con cara de preocupación y volvía a mi faena con la lavadora metiendo la ropa que quedara para lavar mientras noté pasos que se acercaban a mí y unos brazos después que me abrazaban quedando prieto a mí apoyando su mentón en mi hombro.

- ¿Acaso no quieres estrenarlas conmigo?

Su voz sonaba como una queja, pero sonaba tan... cuco... tan lindo... me derretía de verdad.

Sonreí y agarré sus manos y me giré dándole un beso en los labios tiernamente mientas acariciaba su rostro.

- Claro que quiero... pero no querrás que te estrene así sin más...

Me miraba haciendo un puchero y agarraba mis muñecas mirándome con cara de corderito.

- ¿Y porqué no?...

Le di un beso en la frente y le revolví el pelo.

- Porque duele mucho...

Me abrazó fuerte y me miró levantando la ceja. Y al escuchar su pregunta me quedé colorado

- ¿Acaso tu... ya lo has echo?

Era momento de mentirle, claro que no me lo habían echo, yo era activo... no dejé jamás que me la metieran dentro, ni loco se me ocurriría.

- Claro... todos probamos aunque sea una vez... y necesitas estar relajado para cuando... te... bueno... ya sabes... que duele...


Me daba demasiada vergüenza hablar de esas cosas así, se le veía tan inocente en ese momento.

Eses ojos y esa sonrisa que me daba me parecían tan tiernos pero me quedaba cortado, no sabía por donde empezar.

Nos mirábamos y abríamos la boca como queriendo hablar pero siempre nos cortábamos y sonreíamos. Me seguía agarrando y me miraba fijamente los ojos sin saber que decir.


Esa noche Muerte no se quedara a dormir, se fuera junto a su abuela para estar con ella. Pero nos diera tiempo a comentar varios temas diferentes durante todo el día, sobre como que había sido de su vida después del instituto, si había trabajado y en qué y cuales eran sus sueños y esperanzas en el mundo laboral.

Cosas más personales como, su color preferido; que evidentemente era el negro, si prefería gatos o perros, a lo que me dijo gatos sin dudarlo o perros que fuesen peludos como los gatos estilo Samoyedo. Nos pasáramos la tarde charlando tirados en el sofá con calma. Compartíamos un montón de aficiones y eso era agradable.

Era encantador y se había vuelto muy cariñoso conmigo. Descubrí con él un nuevo amigo, un amigo por el que había sentimientos más profundos. El conocer las cosas más simples que le inquietaban o le gustaban me hacían entender porqué lo amaba tanto y después de aquel día me enamoró mucho más.



Pero la vuelta al trabajo era inevitable, me volvería a encontrar con aquel niño de papa acosador y cargante que solo se preocupaba de amargarme la vida.

Muerte no tendría que saber, por lo menos no de momento, que me acosaban sexualmente en el trabajo. Con suerte el niño mimado me dejaría tranquilo si se enterase que tengo una relación estable.

Ahora no tenía porque tener tentaciones ni sentir nada, podría apartarlo sin problemas, no dejaría que ahora que lo tenía Muerte conmigo en estos momentos me lo arrebatase nadie.


Como todos los lunes me había levantado temprano para ir a trabajar, pero esta vez no era un día como cualquiera. Mi alarma personal no fue otra ni más ni menos que una llamada de Muerte deseándome un buen regreso al trabajo.

Ese simple gesto me había echo llegar por la puerta de la empresa con una sonrisa de oreja a oreja al recordar su dulce voz despegándome.

Saludé a la secretaria y a todo el mundo que me dio la bienvenida de nuevo y me elogiaron por mi nuevo peinado, aunque estaban preocupados por lo pálido que me veían.

Les dije sin más que me había enfermado durante las vacaciones y coló. No debía dar más explicaciones.

La rutina de siempre comenzó y pasándome todos los papeleos que habían llegado, junto con los pedidos y demás quehaceres.


Esta vez no estaba tan atento al trabajo como de costumbre ya que tenía a Muerte mandándome emoticones al móvil. Imaginaba que lo hacía para darme ánimos y yo sólo le contesté una de las veces.

"Me estoy distrayendo completamente jeje con esas caritas... eres tan tierno... quiero comerte a besos..."

Me daba vergüenza escribir eso pero era lo que sentía, era realmente tierno y solo quería besarlo y besarlo hasta desgastarlo.

Sentía en mi interior como mi pecho se llenaba, como si todo lo malo de las dos semanas no hubiese existido, lo olvidaba completamente de mi memoria con cada mensaje de su parte.

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Después de un mes mi rendimiento en el trabajo ya no era como el anterior, ahora ya tenía a alguien esperándome y no me quedaba hasta altas horas revolviendo problemas, lo dejaba para el día siguiente y solamente pillaba vía directo a casa o a algún lado donde Muerte me estaría esperando.

Además de la confianza y las confidencias, la pasión fue creciendo entre ambos y ahora nuestros encuentros fuera de mi casa nos hacían llegar a tal punto de ignición que con solo una mirada o un roce acabábamos escondidos en cualquier lado solo para magrearnos y besarnos apasionadamente.

Ahora ambos deseábamos hacerlo de una vez.

Pero con eses repentinos ataques de pasión que nos daban, también aumentaba la inseguridad en Muerte y eso era un asesinato para mis pantalones.

Desde la experiencia de aquella vez no volvimos a tener ningún tipo de roce más allá que por encima de la ropa.

Estaba deseoso de sexo, y no solo mi pene, mi cuerpo entero se tensaba y mi boca pedía a gritos no soltarlo jamás. Hasta incluso quería probar su semilla, y eso que no acostumbraba a hacer felaciones...

Pero parecía como si quisiera llevar las cosas a un ritmo más lento de lo que yo me imaginaba.

Se le notaba asustado...

Demasiado...


La espera me asfixiaba, necesitaba llegar más allá, dar un siguiente paso o simplemente que me diese placer con su boca. Pero seguía inseguro y yo no podía andar más cachondo.

Estaba muy nervioso e incluso descentrado. Aquella misma noche Muerte iría a dormir a mi casa. La abuela se fuera de excursión con una asociación de vecinos a Busan y yo temía el momento de quedarme durmiendo toda la noche con él.

Incluso preparara la cama con las sábanas nuevas inconscientemente. Y me lamentaba de ello ya que Muerte pensaría que querría acostarme con él de una vez.

Me rascaba la cabeza mientras notaba como alguien se ponía delante de mí en mi oficina ya climatizada. Ese cuerpo delgado solo podía ser de una persona.

- Hola Jaejoongie... cuanto tiempo sin verte...

Mi peor pesadilla llegaba en el momento justo que menos ganas tenía de bromas y flirteando a saco.

Vi como andaba hacia mi lado y con las manos en los bolsillos se paraba esperando que le saludase y le contase las cuentas de este mes.

Me levanté suspirando del asiento y sin mirarle a la cara le dejé mi sillón para que se sentase.

- Ya tiene todo aquí preparado para que revise... con su permiso...

Me dirigí a la puerta y cuando iba a salir su voz me llamó la atención.

- He notado que las cuentas últimamente están faltas de claridad... tardas más en realizar tus tareas que antes eran brillantes y ahora son simplemente pasables- hizo un paro y noté como movía papeles- esto es un desastre... vas a tener que quedarte horas extra para arreglar todo este papeleo o me veré en la obligación de tener que hacer un seguimiento continuo de tus actividades en la empresa... no podemos tener fallos en las cuentas... te escogimos a ti porque eras el mejor.

Se levantó y yo suspirando me di la vuelta viendo como se acercaba a mí con todos los papeles y me los ponía en el pecho.

- A partir de ahora voy a supervisar cada cosa que hagas, me cercioraré de que el trabajo es brillante... no quiero que mi padre tenga que aguantar a un hijo holgazán y a un empleado mediocre... te doy otra oportunidad... quiero que las cuentas vuelvan a ser como las de antes... ¿está claro lo que digo?

El señor Kim Junsu me habló por primera vez con autoridad de jefe y no como un acosador cualquiera.

Aunque se pusiera esa etiqueta de hombre de negocios, notaba que no podía bajar la guardia con el ya que si una vez me acosó, habrá de seguro una segunda.

Entonces fue cuando mi segundo martirio meses después de mis vacaciones comenzó.


Después de que el Señor Kim Junsu estuviera conmigo toda la tarde con los papeles, llevando las cuentas de la empresa más localizando los movimientos de dinero aquí y allá; llegué a casa exhausto.

Por suerte había kakaotalkeado con Muerte tan pronto tuve el descanso de la comida. No sabía seguro a que hora regresaría ni si podría hacerle de cenar por lo que no dudó en decirme que me animaría encargándose él mismo de ocuparse de la cena.

Me hacía sonreír mientras me daba ánimos, tenía tantas ganas de estar de nuevo con él que ya me sentía ansioso de que fuera de noche. Y nervioso también de lo que pensaría al ver aquellas sábanas.

Tenía miedo de que pensase que lo único que quería era tener sexo con él, cosa que así era pero...

No... Era así...

Deseaba echarle un buen polvo y quedarme desahogado por una temporada

Era un horror ir con los pantalones marcándose cada vez que me sentía un poco emocionado. Mi amigo ya no distinguía entre el placer, la emoción o a saber que cosa.

Simplemente se ponía duro como una piedra y me mataba.


Cuando pude irme a casa ya era bastante tarde. Avisé a Muerte que me contestó que me esperaba en el portal de mi apartamento. Así que debía de tener prisa.

Recogiendo mis cosas vi como el Señor Kim Junsu se quedaba en la oficina y me despedí hasta el siguiente día. Se le veía atareado y con la cabeza centrada en aquellos asuntos. Levantó su mirada y se despidió fríamente.


No tardé nada en irme por la puerta principal despidiéndome de todos, marcando mi ficha y saliendo por la puerta lo más rápido posible.

Me quedaba un largo trecho andando hasta llegar a casa.



Una vez llegué vi a muerte con sus atuendos habituales mirando al suelo y sosteniendo una bolsa con comida china para llevar.

Sonreí nada más verlo y cuando llegué junto a él le abracé y le di varios besos en los labios el cual más deseoso de él. Estaba tan falto de sexo que en un simple gesto como un beso se me notaba el deseo.

Entramos en casa y sirviendo los alimentos en cuencos como si ya fuera su casa nos pusimos a cenar en paz mientras charlábamos.

Estaba cansadísimo de tanto papeleo y tenía ganas de acostarme en cama lo antes posible.

- Se te ve cansado- me dijo Muerte con preocupación- ¿mucho trabajo hoy?

Lo miré y sonreí. Asentí sin más y seguí comiendo.

- Todo el trabajo que llevo realizado este mes más la preparación de las cuentas y todo fueron un fiasco... el Señor Kim Junsu, el hijo del dueño y gerente estará como supervisor encima de mí controlándome por la pobre presentación... hay que arreglar todo, revisar todo y volverlo a hacer para que no dejemos escapar un solo detalle... es complicado de explicar pero solo te diré... papeles... nada más

Muerte asentía con la cabeza mientras hablaba y parecía afectado por el hecho de que me estuviera yendo mal en el trabajo. Pero creo que imaginó el motivo principal por el que había sucedido todo eso cuando volví a abrir la boca.

- Tengo tantas cosas metidas en mente que no pienso con claridad, me ofusco, me siento presionado... necesito liberar lo que tengo retenido... se me tensan los músculos con facilidad...- llevé una mano a mi cuello mientras dejaba los palillos en la mesa- creo que tengo estrés....

Muerte masticaba el rollito de primavera mientras me miraba. Terminó de comerlo y se limpió los labios con la servilleta mientras se levantaba y se acercaba a mi espalda empezando a tocar mis hombros.

- Buf... estás muy tenso...- decía apretándome con fuerza y notando quejidos por mi parte- ven... será mejor que te de un masaje.

Eso me iluminó el rostro y aunque no hubiese terminado de cenar prefería que me eliminase esa tensión que otra cosa.


Fuimos a mi cuarto y me ayudó a desabrocharme la camisa blanca del trabajo y la corbata, me dijo que me tumbase en la cama mientras la miraba atento y se iba al cuarto de baño por un lubricante que hiciera que resbalaran sus manos por mi piel. Una crema hidratante fue lo único que encontró.

-Veamos...

Escuché como se acercaba subiendo a la cama y como se sentaba encima de mi trasero mientras untaba sus manos con aquella crema y la esparcía por sus manos. El contacto de sus manos con mi piel me hizo sentir algo de dolor, pero al mismo tiempo que insistía y me daba masajes me aliviaba la zona.

Cerré mis ojos dejándome llevar por el placer que sentía al ser tocado que no me di cuenta cuando comencé a gemir.

De repente el dolor comenzó a desaparecer y a cambio noté como algo jugoso besaba mis hombros y cuello y subía por mi oreja lamiéndola.

- Vamos... te liberaré un poco del otro estrés... date la vuelta...

Me ordenó y no dudé, necesitaba todo aquello también y me moría de ganas por probar algo por lo mínimo que fuese de su piel.

Al darme la vuelta atacó mis labios sin dejarme respirar. No parecía apenas el único que estaba soportando un martirio por la abstinencia a la que estaba sometido.

Deslizaba sus manos por mi pecho y abdomen y sus labios llegaron a recorrer el mismo camino dejando besos y lamidas.

Mi respiración comenzaba a entrecortarse y mis ganas por ser tocado aumentaban. Tanto que mi segundo cerebro al simple contacto con de sus dedos ya estaban poniéndome completamente duro y erecto.

Entonces llegó a aquella zona que los pantalones de pinzas ocultaban

Deslizó su mano por dentro y comenzó a masajearme el miembro. Dolía tanto que parecía que me lo exprimía.

Pero no, era la misma tensión que me tenía así, al límite de explotar.

Cuando creyó conveniente me deshizo de mis ropas dejándome completamente desnudo y con mi miembro viril completamente excitado.

No me movía ni hacía amago, simplemente veía como reaccionaba y acto seguido de desvestirme el se quedó también completamente en cueros.

Siguió atendiendo aquella zona al principio con delicadeza usando su mano bombeándolo sin parar, hasta que noté como fue rodeado por pareces húmedas y cálidas. Estaba haciéndome una mamada después de tanto tiempo.

Cerraba mis ojos ya que el placer que sentía era indescriptible. Era gloria, gloria bendita del cielo que fuera escuchada por fin después de tanto suplicarle a Dios.

Movía su boca con tal destreza que esta vez fui incapaz de sentir sus dientes rozar mi piel y lo agradecía, porque dolía tanto que de mis ojos emanaban unas lágrimas furtivas de aquel sufrimiento.

Lamía la punta y soplaba cosa que hacía que gimiese más, estaba al punto en que no era ya consciente de hasta que punto mis gemidos eran sonoros.

Me sentía venir pero no quería, necesitaba sentir su boca más y más rápido.

Al ritmo que mis gemidos se descontrolaban y eran incesantes y cambiantes, sus lamidas y chupadas eran más intensas así como su bombeo con su mano en mi miembro. Hacía que me retorciera en la cama de placer.

Me corría, me corría ya.

- No... no lo… lo tragues...

Fueron las únicas palabras que pude soltar antes de venirme en su boca, derramando toda mi semilla a propulsión cuando llegué al clímax.


Me encontraba exhausto y aliviado. No completamente pero si en parte. Y eso hizo que me relajase y empezase a respirar algo más tranquilo.

No sabía en que momento se subió encima de mí y volvió a besarme en los labios mientras nos tapaba.

- ¿No lo tragaste verdad?- decía medio inconsciente ya de lo relajado que estaba.

Me besó en los labios y me mandó callar con un silbido poniendo su dedo en mi boca.

- Descansa... durmamos los dos... necesitas fuerzas que recuperar para mañana...

Abrí mis ojos levemente y los volví a cerrar. Era verdad, estaba híper cansado...


Esa fue la primera vez que los dos además de dormir juntos, tuviéramos nuestra primera experiencia de sexo oral como pareja. Aquella noche dormí profundamente como no lo había echo en años.

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