Rosa de invierno. Cap. 13

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Solo podía pensar una cosa en ese momento y era darle de palizas y machacarle los huesos hasta que fueran polvo. ¿Cómo era posible que fuera él?, no podía ser cierto lo que mis ojos vieran delante de mí.

En un instante sentí como mi sangre se congelaba al ver a mí ser amado delante de mí destapando él mismo una mentira.

Las aletas de mi nariz se movían como síntoma de mi enfado. Lo miraba fijamente mientras arrancaba esa peluca que ocultaba su pelo real.

No era un sueño ni una pesadilla, era real y ni siquiera me había parado a pensar que realmente era él.

Lo tenía tan bien preparado todo que hasta el detalle de la prótesis facial me parecía tan real que sentí como se había arrancado la nariz completamente.

Pero no era así.


Esa persona bajo toda esa mentira no era ni más ni menos que el ser al que había amado con tanto fervor desde los días de instituto y el mismo que ahora me hacía hervir la sangre al ver la farsa que me había tragado como un imbécil.


Al sacarse la peluca al completo y al mirarme con sus ojos de cordero degollado solo sentí como la mecha de furia crecía y crecía. Me sentía incrédulo delante de él viendo como se había mofado de mí en mi propia cara.

- Que esperas... ¿que lo entienda?... vale, de acuerdo... analicemos.... ¿un pringado de instituto se enamora de una persona poco inusual y años después no sólo lo encuentra de nuevo sino que el mismo le hace caer en una trampa de mentiras para qué?- hice un ruido de molestia con mi boca mientras miraba al techo- parece que se haya sacado de un guión malo de serie B...

Me miraba sin decir nada y yo me di la vuelta rascando mi cabeza.

- Sabes lo más gracioso... es que piqué... te felicito... tenías que ganarte el premio en los Premios de Dramas Coreanos de este año... de verdad hiciste un papelazo... no sólo interpretaste dos personalidades a la perfección si no que aguantaste hasta que llegara aquí de lejos...

Apoyé mis manos en la encimera y continué hablando. Parecía que tenía mucho que decir al respecto.

- Estabas dispuesto a violarme... ¿como pudiste hacerme eso? y no sólo eso... sino que también me has echo la vida imposible como tu segunda identidad... ¿quien cojones eres tu?... ¿por qué coño no hablas claro de una santa vez?

Mis músculos empezaron a tensarse al venirme todos los recuerdos buenos y malos de todo el tiempo que estuvimos juntos.

- Ah... me duele la cabeza... no paran de venirme una y otra vez recuerdos de tus perradas...- me giré y lo miré. Estaba mirándome fijamente sin ninguna expresión en su rostro- Dime, ¿que pensabas hacer si esto llegaba a más?... ¿acaso solo pensaste en ti durante todo este tiempo?... ¿que soy yo?... ¿una mierda, un juguete?... y tu ironizando de ti mismo ayer... ¿fuiste muy convincente lo sabías? realmente me enfadaste... realmente quería darte de ostias hasta tirarte en el suelo y no parar hasta destrozar tu sonrisa...

Me reí mientras los ojos se me aguaban y mi mentón comenzó a temblar por lo que llevé una mano a mi cara para limpiarme las lágrimas que estaban por caer. Me temblaba el pulso y seguía en shock e iba en aumento.

- Eres una mierda... un mal nacido... ¿y dices que me amas?... tu solo te quieres a ti mismo...- reía, mis lágrimas caían y mi mano no dejaba de tapar mi vista, mientras rascaba con mi dedo pulgar e índice mis ojos.

Lloré, lloré incrédulo ante lo que me había encontrado. Tanto que lo amaba, tanto que estaba dispuesto a hacer por él....

Todo se fue al traste al saber aquella verdad.....

- Te odio....

Sollozaba mientras repetía esas mismas palabras una y otra vez tapando con mi brazo mis ojos.

Me abrí paso entre aquel cuarto como pude y salí de allí.


Todo había sido una farsa, ya no sabía que era verdad y que no. Pobre Señor Kim porque tendría que lidiar con un hijo tal toda su vida. Lo compadecí.

Me dirigí a mi despacho pero en vez de regresar a mis quehaceres diarios me fui a por mis cosas y después me fui lejos de allí.


Tenía la mente tan en blanco que me movía por inercia a cada paso que daba. Salí de la empresa y solo me fui andando sin destino.


Analizaba a cada paso todo lo sucedido. Como si se tratasen de diapositivas, mi mente iba recordando cada hecho sucedido anteriormente.


Recordaba aquellas vacaciones que solo sentía como lo echaba de menos y me lamentaba por haberlo asustado.

Sonreía al ver como eses recuerdos terminaron mal de nuevo...


Ahora definitivamente sería un tonto si volvía a dejarme embaucar por él.


Las lágrimas no dejaron de salir aunque estuviera sonriendo. Esa sonrisa que se mostraba irónicamente para no fruncir mi ceño y romperme a llorar en cualquier esquina.

Tenía el corazón destrozado.

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Pasaron horas y permanecía allí sentado. Había acabado por llegar al río Han y me encontraba sentado en la hierba de aquel canal mirando como las luces de la ciudad al otro lado del río lo iluminaban.

No pensaba, ya que si me volvía a poner a pensar no pararía de llorar hasta deshidratarme completamente.

Me sentía vacío, sin vida dentro solo mirando aquel agua moverse lentamente mientras cambiaba el reflejo de aquella ciudad con el movimiento de la corriente.

Me había quedado horas allí sentado. No sabía a donde ir, tenía tanto miedo de que al llegar a mi apartamento me lo encontrara sentado en mi puerta que no me atrevía a siquiera dormir en casa.

Por suerte tenía otro sitio al que podría ir sin problemas. La casa de mis tíos.

Ellos se habían ocupado de mí desde el fallecimiento de mis padres meses antes de cumplir la mayoría de edad. No tenía gran trato con ellos pero era la única familia cercana que me quedaba ya que mi madre era hija única y mis tíos eran una pareja apunto de jubilarse. Habían trabajado toda su vida en aquella casa de comidas que ofrecía servicio a domicilio donde había trabajado desde antes de empezar en aquel maldito lugar.

Fui andando hasta su casa y cuando llamé a la puerta se extrañaron de verme allí pero al no pronunciar palabra y al ver como mi rostro no estaba tan alegre como siempre, dejaron que me fuera directo al que había sido mi cuarto durante un tiempo antes de irme a vivir solo.

Entré y sacando las ropas de cama que estaban guardadas en el armario las eché en el suelo y me tumbé encima. Echaba de menos aquello y ahora esa casa era lo único que sabía en el que podría permanecer escondido hasta que me sintiera capaz de enfrentarme a la vida de nuevo.



Tumbado en aquella cama solo pude recordar al Señor Kim, el padre del que hasta ahora había sido lo que más amaba en este mundo. Tenía que presentarle mi carta de renuncia antes de que se pusiera en contacto conmigo pidiéndome explicaciones.

Pero eso ya lo haría otro día.


Quería dormir, quería no pensar en lo que había sucedido y sobretodo no quería verle a él en mis sueños. No más, nunca más.

Abrí mis ojos y una lágrima traicionera salió de mi ojo deslizándose por la mejilla dirigiéndose hacia mi oreja y colándose detrás goteando y mojando la almohada.

Era incapaz de dormir, mis ojos solo podían humedecerse sin parar dejando que mis lágrimas furtivamente escapasen sin permiso, sin el permiso que yo les había dado para salir.

Me giré estirando mi brazo sobre el que estaba apoyado mi peso y metiendo la otra mano por debajo de la almohada.

Inspiré y expiré soltando el aire y notando como esa maldita barbilla de quinceañera volvía a temblar.

No quería que se moviese así, no quería tener que estar derramando más lágrimas por alguien egoísta que solo me había echo sufrir por egoísmo propio.

Lo odiaba.

Odiaba esa sensación tan asquerosa de querer lamentarme por todo lo sucedido, pero mi mente no me dejaba pensar, me prohibía ella misma siquiera frustrarme más de lo que ya estaba.

Tenía mis pensamientos bloqueados completamente. Pero las reacciones de mi cuerpo eran algo imposibles de controlar. Por mucho que sintiera mi cabeza vacía, el daño fuera sentido incluso en mi piel. Cada pelo se erizaba de frío o quizás de impotencia al no poder parar.

Estaba tocado y hundido.




Me desperté a la mañana siguiente temprano sintiendo como los rayos del sol de mi antiguo cuarto se habían posado en mi rostro calentándolo levemente en esa fría noche de invierno.

Ya era el día 23 de Diciembre, la víspera de noche buena y para mí era el día más triste de todo el año.

No quería levantarme de aquel suelo cálido, no quería tener que verme la cara echada a perder de tanto llorar.

Pero tenía que ir a mi casa mínimo a por los regalos de mis tíos, algo de ropa y el cargador del móvil. Y no me quedaba otra que ir pensando en levantarme.


Al final con toda la vagancia del mundo me levanté y fui directo a la ducha. Me refrescaría y aunque tuviese que ir  a casa con el pelo mojado andando prefería eso que coger cualquier medio de transporte.

Bajé ya duchado y mi tía me dio los buenos días. Yo le hice una reverencia y me senté en la mesa con mi tío que leía el periódico. Ciando me vio sentarme, ya que mi tía me saludó, apartó el periódico y me saludó también.

Mis queridos tíos, no habían tenido la suerte de tener descendencia y para ellos era como un hijito al que cuidar.

Mi tía me puso mi cuento de arroz y acariciándome el pelo me besó. Yo la miré y sonreí apretando mis labios dejando que solo se viera una parte muy pequeña de ellos. Me despeinó y se urgió en buscarme una toalla para que no mojase mi ropa.

- Jaeboo... cuando termines de comer te secaré el pelo... no quiero que te enfermes para el día de noche buena ¿vale?

Mi tía siempre cariñosa conmigo.

Asentí y empecé a comer la comida a la par que mi tío y ella.


Íbamos comiendo mientras no había conversación entre nosotros. Sabía que tarde o temprano mis tíos me interrogarían, no por regañarme sino por saber y entender que fuera lo que había sucedido para estar tan afectado.

Y no tardó mucho en llegar la avalancha de preguntas. Por suerte no agobiaban demasiado.


Le expliqué todo lo que pasara diciéndoles la verdad, ellos ya sabían que yo era gay y sobretodo mi tío trató de comprender mejor que nadie los tiempos modernos ya que, que su sobrino le gustaran los hombres no era algo muy bien visto en este país. Pero le agradecía el no juzgarme y el quererme por encima de las críticas del resto de la gente.

- Pues entonces no hay nada como olvidarte de tus cosas y tu vida, y venirte siempre que quieras con nosotros cariño- dijo mi tía mientras me acariciaba la cara.

Asentí y sonreí. Me alegraba que mis tíos me siguieran apoyando y miré a mi tío para pedirle un favor.

- Sé que fue gracias a ti que conseguí ese puesto y te estoy muy agradecido. Pero me gustaría volver a trabajar como repartidor mientras no encuentre otro trabajo que sea parecido al mío.

Mi tío asintió al instante y sonreí más aún. Había acabado de comer cuando iba a levantarme pero mi tía se puso detrás de mí y comenzó a secarme el pelo.

Les estaba tan agradecido por tratarme como a un hijo que no me llegaría la vida para agradecérselo siempre.



Una vez terminó de secarme el pelo cogí mi abrigo y me fui andando con la ropa del trabajo que no había cambiado del día anterior. Me preguntó si volvería a casa y asintiendo me dio una lista de la compra que hacer para el día de noche buena.

Esta vez cocinaría con mi tía el menú.

Ese día hacía un frío que pelaba y me alegré que mi tía me secara el pelo. Si no estaba condenado a pillarme un resfriado sí o sí.

Fui andando de camino a casa, el frío me hacía despejar mi cabeza y mis ojos recuperaran su forma natural. Ya no estaban hinchados, ni tenían restos de venitas rojas de llorar.

Miraba la lista de la compra mientras mi aliento podía ser visto del frío que hacía.

Llegué al supermercado de mi vecindario y cogiendo un carrito fui comprando lo que aparecía en la lista. Esa noche comeríamos pescado, algo que por lo general odiaba, pero mi tía conseguía hacer que me lo comiese sin rechistar y limpiar mi plato.

Fui escogiendo cada marca que mi tía me había ordenado ya que era muy escrupulosa con ciertas marcas y las quería según ella decía "de las buenas"

Llené el carrito y fui a pagar después.

No era una compra muy grande pero tenía lo suficiente para hacer un buen menú de noche buena.



Una vez hice todos los recados que mi tía me había mandando me dirigí a mi casa con pesar. Tenía una mala sensación, sentí que quizás lo vería allí, paraba cada vez que mi propio cuerpo me decía que no avanzase más pero mi mente me obligaba a hacer las cosas y volver cuanto antes a casa de mis tíos.

¿Que tan malo podría ser el verlo de nuevo?... Le cerraría la puerta en las narices y punto... no tendría más pesar que ver su cara durante quizás unos segundos o quizás ni eso.

Llegué al portal y de nuevo esa sensación que se apoderaba de mi cuerpo, tan fuerte era que me costaba incluso abrir el portal de entrada.

- Esto es ridículo, ¿eres un hombre o un gallina? ¿Que te podrá hacer ese enclenque?


Quizás no daño físico pero si emocional...

Negué con mi cabeza y entré abriendo la puerta del portal por fin.


Fui directo al ascensor y piqué el número de mi piso una vez dentro.

No entendía porque me pasaba eso. Pero a medida que daba un paso mi cuerpo me avisaba de que algo malo iba a pasar.

Llegué a mi piso y no había nada, el mismo silencio de todos los días. Sin cambios y respiré tranquilo al ver que era mi jodida cabeza de niñata que sufría de rechazo amoroso la que me había puesto nervioso de más. No pasaba absolutamente nada.

Me estaba volviendo un hipocondríaco...


Fui directo a mi puerta y la abrí sin problemas. La cerré tras de mí y miré todo mi piso buscando si había alguien que me acechaba o esperaba mi regreso. Pero en ese piso no había nadie.


Me di otro golpe en la cabeza y me quejé en alto al sentir el golpe y replicas que me hacía a mí mismo por ser tan obseso con esa sensación.

Fui como un rayo a guardar las cosas en la nevera mientras ordenaba todo y sacaba la maleta para guardarme ropa y así irme a casa de mis tíos.

Pero el cargador no lo encontraba por ningún lado y sentía la urgencia de irme ya de allí.

Ese pensamiento de nuevo.

- ¿Que eres un hipocondríaco? cálmate joder... - me decía a mi mismo en alto- si no lo buscas aparecerá... tranquilo...


Al final después de revolver mitad de la casa se encontraba allí en el cajón de la mesilla donde siempre lo dejaba. Me volví a pegar de nuevo.

Tantos golpes al final me pasarían factura.


Hice mi maleta metiendo todo y fui a la cocina pillando las bolsas de comida para mi tía y me fui a la puerta no sin verme al espejo y ver que la ropa que llevaba no era la adecuada. Me había olvidado de cambiarme.

Dejé la llave en la puerta y me fui a poner algo más cómodo. Un chándal con una camiseta y el abrigo de plumas era la mejor opción para estar cómodo allí.

Una vez listo al fin. Recogí todo del suelo de la entrada y atándome los tenis me puse el abrigo de plumas hasta la rodilla y abrí la puerta sin darme tiempo a reaccionar.

Dos hombres de negro estaban a la espera en la puerta de mi piso.

Fue tal el shock al verlos abalanzarse sobre mí que no reaccioné, no me dio tiempo. Su agarre fue fuerte.

Tenían gafas negras, trajes negros con camisa blanca típica de las películas y llevaban eso típico que llevan en el oído para escuchar lo que su jefe desmandaba. Como si fuera una película de gángster.

Forcejeé todo lo que pude pero algo que rociaron en mi rostro me hizo toser llevando mis manos a la boca cerrando los ojos de tal manera que todo se volvió oscuro.


Sentí algo golpear en el suelo....


.... toda mi habitación daba vueltas...


Estaba mareándome perdiendo completamente el conocimiento...


Siendo "Lo tenemos" lo último que logré escuchar antes de desfallecer completamente en el suelo... mientras mis ojos se cerraban hundiéndome en un mar de sombras y oscuridad....

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