Rosa de invierno. Cap. 8

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Las lágrimas fluían de nuevo por mi rostro sin parar. Aunque habían pasado casi todas las vacaciones en un abrir y cerrar de ojos. Para mí fuera un martirio.

Me encerré en casa saliendo lo justo y necesario para hacer papeleos que dejara para poder realizarlos en mi tiempo libre. Pero tan pronto terminaba con ellos. Volvía a casa sin tardar un segundo ya que las lágrimas brotaban de mis ojos como si de un manantial de agua pura se tratasen.

Me habían roto el corazón en mil pedacitos, tantos cristales diminutos que era incapaz siquiera de pegarlos con loctite o cualquier otra marca de pegamento adhesivo.

Me encontraba asolado, devastado por mi propio sentimiento.

Y parecía que el tiempo solo quería hundirme aún más un mi miseria interior.


La única persona de la que me enamoré a primera vista.

La única persona por la que había rechazado a tanta gente durante toda mi vida.

La única persona a la que realmente amé y amaba con todo mi ser.



Me había echo pedazos todas las esperanzas que volvieran a emerger de lo más profundo y recóndito de mi corazón con solo verlo aquél día.


Nada era poético, todo era insípido y sin color.


Mis ojos no veían luz donde quiera que mirasen.



Estaba completamente vacío....





-Flash Back-



El silencio dominó aquel cuarto mientras veía con mis ojos como dejaba de oponer resistencia contra mi agarre y me miraba a los ojos fijamente moviéndolos rápidamente mientras intentaba procesar lo que le había dicho minutos antes.


- Que has...


Su expresión facial había cambiado de manera gradual al tiempo que sus ojos grises se volvían fríos por primera vez.


- Te quiero Muerte...


Al escuchar mis nuevas palabras volvió a mirarme con seriedad y giró su cara cerrando lo ojos y abriéndolos de nuevo me volvió a mirar.


- ¿Puedes por favor... sacarte de encima de mí?


Viendo su rechazo inminente mis ojos sintieron el querer aguarse.


Pero aguanté, aguanté las lágrimas dentro de mí mientras él seguía allí.


Me aparté y me senté en la cama bajando la cabeza, viendo como él continuaba en estado de shock por lo que le había dicho y respiraba algo afectado.

No dijo nada y solo tomó las sábanas y se cubrió. Ahora cubría su desnudez.

Mis palabras le hicieran ver que yo no jugaba con los sentimientos.

Y lo peor,

Es que ahora parecía darse cuenta de qué me conocía.


Se sentó mirándome fijamente y asintió.

- Ya veo... ya sé de que me suenas... tu eras aquel chico delicado del instituto... aquel al que llamaban el poeta virgen.


¿Me llamaban así?...


Levanté la mirada un poco y vi como me miraba fijamente.

- El que me acosaba como cualquier fan sasaeng desde lejos.... que controlaba todos mis pasos y me lo encontraba donde quiera que fuese...


Me miró con repulsión y se jactó al verme tan afectado.


- Lo que no entiendo es como no te reconocí antes... será quizás porque has trabajado el enclenque cuerpo que tenías de chica... y cortaste la melena grasienta que tenías... pero esas facciones... esas facciones no eran difíciles de recordar...

Se rió haciendo un sonido con su nariz y se rascó la cabeza haciendo un sonido de molestia con su boca.

- Que irónico... mi antiguo acosador es ahora mi salvador... como puede ser tan irónica la vida...


Fue tirando de la sábana mientras se cubría sin dejarme ver rastro de su piel.

Sólo podía ver su rostro afectado y enfadado al mismo tiempo. Ya no quería mirarme.


Y yo solo pude decir una cosa..


- Lo siento... llevo mucho tiempo ocultándolo y tu solo me provocabas... yo..

Me miró con rapidez y me empujó enfadado.


- ¿Que coño insinúas, que el estar en pelota picada era solo provocación?... eres un enfermo...


Estaba completamente perdido.

¿Acaso no era así? yo hiciera todo lo posible para no caer tentado una y otra vez. Y fueran dos veces las que me hizo perder la cordura y la decencia de mis actos dejándome llevar por mis instintos más básicos que solo él me provocaba.

Ahora no dejaba de preguntarme a mí mismo si fuera por la falta de sueño que había alucinado y fuera yo quien lo atacara.

Me agarré la sien ya que empezaba a dolerme la cabeza de tanto pensar en que fue lo que pasara.


Sentí como se acercaba a mí para darme golpes e insultarme y yo solo me dejé pegar y pegar por él. Lo había echo sentir acosado por mí y merecía castigo.

- Maldito enfermo... no sé porqué me dejé llevar por tu lujurioso rostro... ¡YO NO SOY GAY!.. ¡Jamás me interesó un chico en mi vida, porqué me turbas tanto!

Me sentía tan culpable por lo sucedido que si supiera que todo esto terminaría así no lo habría recogido del suelo.


Pero eso mismo era engañarme a mí.

Habría sido incapaz de haberlo dejado allí tirado después de tanto tiempo sin saber de él ni de verlo. Lo quería, lo quería con toda mi alma, por lo que esta situación parecía inevitable. Sucedería tarde o temprano...

....y eso era lo que más me dolía...


¿Que fue el error que causó todo esto? ¿Porqué motivo no podía defenderme ni quería? ¿Por qué estaba destinado a no ser amado por él teniendo tanto que darle?

Mi corazón... todo él ya le pertenecía...

Y aunque ya estuviera rompiéndose en miles de pedazos. Lo dejaría ir definitivamente.


Intentaría vivir con ese dolor. El dolor de amar y no ser correspondido.



Los golpes dejaron de sentirse y la penumbra me abrazó en aquel cuarto.


Solo completamente.



-Fin del flash back-





El silencio hacía eco en mi cerebro que se encontraba en pausa completa tratando de entender todo aquello, recordando lo sucedido una y otra vez. Intentando comprender qué había pasado.

¿Porqué tan pasional y tan frío al instante?... ¿acaso solo fuera un juego?... ¿o lo había forzado de lo excitado que me encontraba en el sofá y lo violé sin más?

Mi cabeza ya no distinguía la realidad de las pesadillas.


Y era incapaz de hacer la cama o posarme en ella. Desde el día que se fue de mi lado no la volví a hacer, se encontraba intacta, no quería perder su olor, pero tampoco quería recordar el momento más triste y traumático de mi vida en aquel momento.


¿Que había echo?




Pasaron los días y me encontraba ya en mi último día de vacaciones.


No había echo nada, ni la colada, ni comiera y apenas durmiera. Y si lo hacía lo hacía cansado de llorar, llorar y llorar en la alfombra de mi habitación.

No quería enfrentar el día de comenzar a trabajar, no quería volver, no quería encontrarme con aquel odioso ser después de haber sufrido tanto en dos semanas cuando me encontré y me separé del amor de mi vida por segunda vez.

Estuviera decaído en mi cuarto lamentándome sin parar una y otra vez, día y noche. Y ya era el momento de intentar seguir con mi vida definitivamente.

No podía estar derrumbado siempre en aquella oscuridad. No tenía ya más lágrimas que llorar, me había quedado casi seco.


En aquella habitación miré al techo que cada vez se volvía más claro. Ya amanecía.

La luz del sol entró iluminándolo todo, necesitaba volver a ver los colores, necesitaba volver a sentir vida dentro de mí y en cierta manera, el llorar me había liberado lentamente de las cadenas que me ataban a la idea de estar con él.

Pero como un mazo sobre mi pobre corazón, su negativa lo aplastó y en cierta manera me sentí aliviado de por fin pensar que no era gay y no me quería, y dejar esa etapa de mi vida aparcada como un recuerdo del que me reiría cuando fuese mayor.

Debía encontrar fuerzas para esa persona a la que estaba destinado. Para encontrar el amor y ser feliz después de perder tantos años centrado en una ilusión de mi mente.

¿O quizás una obsesión?...


Me levanté del suelo sintiendo como me flaqueaban las piernas y me puse a andar directo al cuarto de baño. Una ducha caliente me reavivaría la sangre además de quitarme el pestazo de sudar por el sofoco de llorar además del rastro de lágrimas por mi rostro.


Una vez duchado limpié el espejo del vaho formado y me miré con ese flequillo y ese pelo tan largo que me tapaba la cara.

Si decidía cambiar mi vida empezaría por cortarme los recuerdos de las vacaciones que retenía mi pelo.

Me afeité y me vestí sacando las sábanas impregnadas de su olor y llevándolas a la lavadora para no dejar rastro.

Abrí las ventanas para que entrase aire y eliminase el viciado que se encontraba en mi piso mientras fregaba el suelo y limpiaba los muebles de polvo.

Tenía que eliminar todo rastro y sanear aquello.


Ordené mi cuarto e hice mi cama de nuevo con sábanas blancas. Tanto blanco me daba dolor de cabeza. Esa misma tarde iría a una tienda a comprarme unas nuevas.


Cuando sentí que los sentimientos se habían ido con el viento me vestí y me arreglé para luego dirigirme a hacer la compra ya que estaba muerto de hambre y no tenía nada en casa para poder subsistir.

Agarré mi blazer, la cartera y cogiendo también las llaves me fui a respirar aire de ciudad y comer algo en la cafetería de abajo.


Entré y me saludaron como siempre, ordené un café con unos bollos rellenos de chocolate y me senté en la barra para leer el periódico.

Necesitaba saber que habían pasado esos días que "no existiera" para el mundo.

La crisis, conflictos con Corea del Norte, bandas armadas, delitos en general.

Vamos... nada interesante para mí.

Cuando terminé mi desayuno me fui al salón de belleza a terminar lo que quería dar por zanjado para el resto de mi vida.


Entré en el salón de belleza y las peluqueras me miraron extrañadas cuando les dije de cortarme el pelo. Parecían negarse pero las convencí contándoles parte de mi trágica historia de amor a lo que no se negaron.


Una vez cortado el pelo me quisieron poner gomina y me explicaron como poder ponerla para que el flequillo que tenía se me levantase para tener un look más para el trabajo. Me gustó y salí contento de allí con el flequillo bajado.

Me resultaba extraño verme con el pelo tan corto y en parte parecía muchísimo más joven. Tanto que cuando quise pagar con tarjeta en el súper mercado cercano me pidieron el DNI para confirmar que mi edad era la de un adulto.

No tardé mucho en ir cargado con la compra de casa cuando pasé por el lado de una tienda de ropa de cama. Entré y compré las sábanas que más me llamaron la atención.

Eran negras brillantes con un bordado de flores blancas. Era la perfecta combinación para mi habitación.

Iba todo feliz con ellas aunque había invertido más de lo que había querido. Miraba el precio poniendo cara de dolor con solo ver los ceros.


Me paré en el paso de peatones de la calle principal y fui cruzando cuando el resto de gente cruzaba sin mirar hacia delante. Llegué a la otra acera y unas zapatillas que se me hacían conocidas se encontraron con mi camino.

Tragué saliva y fui subiendo mi mirada para encontrarme con un par de pantalones que me sonaban. Seguí subiendo y me encontré con unas manos metidas en los bolsillos de la sudadera que de ellas colgaban unas pulseras de pinchos que también me sonaban y no quise levantar más la vista ya que su voz se me hizo conocida para mí cuando habló.

- Hola Jaejoong... siento lo del otro día....

Muerte estaba frente a mí con la misma ropa que llevaba el día que lo encontré en la calle. No quise mirarle a la cara, quería irme de allí, pero mis piernas no se movieron.

- Sólo venía de camino a tu casa para devolverte la camiseta y la ropa interior, están limpias... mi abuela las lavó y planchó...- dijo dándome una bolsa de papel donde se encontraba la ropa.

Levanté mi vista y lo vi mirándome fijamente con la capucha puesta.

Bajé de nuevo la mirada y asentí dándole una reverencia. Daría un rodeo a la manzana y me iría por otro lado para que no me siguiera.

Pero fueron sus palabras de nuevo las que me hicieron parar en mí andar y acelerarme el corazón con sólo oírselas pronunciar.

- Quisiera intentarlo contigo... nunca jamás me ha amado nadie así... y tampoco... estoy seguro de que sea capaz de amar a otra persona desde el otro día...

Mi vista se fue elevando del suelo hasta tener mi cabeza recta mirando al frente. Notando como si fuera una tortura más, otro sueño más que me hacía sufrir y que nada era real.

Entonces sentí como sus brazos pasaban por mi cintura y me abrazaba por la espalda apoyando su cabeza en mi hombro.

- Creo que yo también te quiero...


No pensé, ni siquiera en que me encontraba en mitad de la calle y que aquella avenida era una de las más concurridas de todo Seúl. Solo hice lo que sentí hacer.

Mis bolsas cayeron al suelo, solté su abrazo. Me giré y lo miré creyendo que era verdad.

Él me miro con ojos acuosos y fue ahí cuando sentí esas mariposas de nuevo revolotear en mi estómago, sintiéndome feliz por fin al ver que no era un sueño.

Acaricié su mejilla y él cerró los ojos dejando que una lágrima se deslizase por su cara. Me miró de nuevo y posó su mano en la mía buscando mi roce.

Entonces sin más me acerqué lentamente y lo besé, lo besé como siempre quise. Dulcemente y despacio, recibiendo respuesta de él juntando sus labios mientras temblaba.

Con mi otra mano lo agarré de la cintura y lo traje a mí mostrándole que estaba seguro bajo mis brazos y que lo protegería siempre.

Separé nuestros labios y al instante recibí una sonrisa por su parte que me hizo sonreír y darle otro beso.



En ese momento, no existían nada, ni nadie solo nosotros dos en mitad de la nada y ahí fue cuando la vida recuperó su color completo.


Por fin sería capaz de demostrarle cuán dispuesto estaba a dar todo mi ser por él.

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