I know we are united. Cap. 9

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Gracias a sus reflejos; levantó un brazo para protegerse la cara.

Y si que volaron los trozos de cristal. Sin embargo, a pesar de los pedazos, logro ver al otro lado del edificio la mueca de una expresión contraída y rencorosa.

- ¡Maldito idiota! – exclamó y dominado por una cólera quiso caminar recto hasta llegar al otro extremo. Pero ah, en medio había un vacio, si daba un paso más caería hasta estrellarse con la calzada de aquella desolada calle.

Por suerte ChangMin logro sujetarle el brazo.

- ¿Acaso estás loco?, apártate de la ventana YooChun!
- Maldita sea – rugió el pelinegro. – lo mato – declaro con odio acumulado.

Aquel monstruo del edificio de en frente llamado Lee EunHyuk lo miraba con bronca, como si YooChun le hubiese asesinado al padre.

- ¡Márchate o te juro que llamaré a la policía! – le grito el pelinegro. Le había amenazado con aquello porque pensaba que él era un amigo o algo por el estilo de su asistente. En otras palabras permitió aquel descaro solo porque especulaba que era alguien importante para JunSu.

Aquello llamado EunHyuk, se echó atrás como si estuviera esquivando un puño poderoso que le partiría la cara. Pero enseguida la expresión de sorpresa desapareció transformándose en una risa paranoica.

- Eres una escoria…Park YooChun – dijo esta última frase perdiéndose entre las sombras de la habitación.

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Algo cierto es que los días siguientes pasaron como si nada hubiera sucedido, JunSu continuaba con su insomnio, YooChun ahora estaba ocupado en algunos documentos importantes de una de sus empresas. Su amigo Shim ChangMin ultimadamente terminaba a su lado como una lapa, o al menos eso es lo que JunSu llego a pensar al verlos tan juntos como si fueran un par de tortolitos. ChangMin por otro lado había notado la creciente mirada retadora por parte del pelicastaño cada que YooChun lo mandaba a llamar. Al contrario de que pudiese molestarle esa actitud de niño que llora porque le quitaron la pastilla, ChangMin disfrutaba del repentino malestar que JunSu presentaba cada que los encontraba hablando o riendo juntos.

- Hyung… ¿Aún te falta mucho? – pregunto el menor con aspecto cansado.
- Un par de cosas y listo – contestó en un tono desinteresado.

Al escuchar el retumbar de la puerta dejo de escribir, dándose cuenta rápidamente (sin necesidad de ver al frente) que se encontraba solo. Continuó legalizando más papeles hasta que el agotamiento se hizo presente, recientemente no había logrado dormir como se debe, y apoyando ambos codos en su escritorio fue que pensó en llamar a su asistente para comunicarle que tenía hambre. “Lo llevo a comer o debería decirle que traiga dos platos de Ramen”.

El mayor se había pasado los días pensando en lo que Eun le había hecho, eso de tirarle una piedra así como así, no lo haría una persona en sus 5 sentidos ¿O sí?. Al ver los ojos de ese chico, YooChun había sentido una especie de alerta, su sentido de supervivencia se había encendido pero vamos…seguro que solo fue alguna especie de ataque de nervios, una acumulación de ansiedad, completamente normal dada las circunstancias. La clase de cosa que podría pasarle a cualquiera. Era un humano y los seres mortales pueden asustarse ¿no?. Algo innegable era el hecho de que le había dado la sensación de desalojar el perímetro, pero ¿Y qué con eso? Nadie podía acusarle  de escapar. Él sencillamente estaba dirigiéndose hacia, y NO huyendo de.

Tampoco estaba tan preocupado por esa bestia. ChangMin le había dicho que averiguase de quien se trataba exactamente, le había insistido; pues bien él lo haría. JunSu, al parecer no iba a decírselo, y si media hora con un detective de primera podría ayudarlo a encontrar una solución a un problema (por ahora) inexistente estaba dispuesto a regalar ese periodo de su tiempo. En cuanto a las demás sensaciones, todas eran puramente personales, estaba decidido a esperar a que pasasen, a ignorarlas, y a que se resuelvan solas. Ninguna persona racional podía tomarse aquellos sentimientos enserio; para YooChun se trataba de una especie de tormenta de verano, que viene y luego luego se va.

Ahora mientras se recargaba en el espaldar de su silla giratoria, se sintió capaz de ver con cierta perspectiva las dificultades de haber contratado a Kim JunSu como su asistente personal. Era perfectamente comprensible que se hubiera sentido incapaz de parar el beso aquella noche (bueno digamos que poco dispuesto a hacerlo). Las sorpresas desagradables hacen que uno se piense las cosas dos veces ¿No es así?, pero él estaba al tanto de que no lo había pensado dos veces, sino que simplemente había obedecido a sus instintos. De hecho, de un tiempo a la fecha había tenido claro el querer sentir la suavidad de esos labios. Algo que, en el momento de la unión de sus bocas, le había incapacitado de cualquier medio de parar ese beso que lo quiera o no, en lo personal lo había disfrutado mucho.  

“No lo hagamos sonar peor de lo que no fue” pensaba YooChun “Podría haber detenido el beso, pero no quería hacerlo. No tenía ni el más mínimo de asco, es solo que…no quería que se fuera de la habitación, no quería arriesgarme a que se topara con la condenada de mi madre. Muéstrame a un psiquiatra que diga que eso es neurótico y yo te enseñare a un tarado que no entiende de psicología. Recuerdo que YunHo solía decirme que besarse entre hombres era de lo más excitante. ¡Demonios, para empezar esa fue una de las razones por las que me retiré!.
¿Qué se suponía que tenía que hacer, quedarme en el club y esperar a que todos me besuquearan y hacerlo como conejo a cada momento?. Tú eres un tipo listo Park YooChun, y yo te quiero, ¡Pero hay algunas cosas que no CAPTAS!” cubrió parte de su rostro con una de sus manos soltando un suspiro que inundo la habitación.

- ¡Eh!, tengo hambre, trae algo de combustible a mi oficina de inmediato – sentenció mientras oprimía aquel botón rojo. Ya había tomado su decisión.
- ¡Entendido! – se oyó la voz de JunSu a través del aparato.

El mencionado había contestado por simple casualidad, normalmente no lo hacía y esto se debía a que estaba al tanto de que antes de que dijera las primeras dos letras de su oración su jefe se habría desconectado, ¿Y qué quedaba?, pues un JunSu hablándole a la nada. Pero en esta ocasión fue diferente, YooChun se había quedado en línea, algo sorprendente para cualquiera que conociera al rey de reyes.

- No te tardes – fueron las palabras finales de su magnificencia. Prontamente se desconecto.

El menor se quedo como si hubiera visto a Santa Claus en persona, tenía los ojos como platos y brillantes. Eso de que le respondiera tenía que pasar a la historia. Lentamente una sonrisa iba dibujándose en sus labios, eso sí, sin que su ojos dejaran de resplandecer como un par de gemas recién pulidas.

Tras sacudir su cabeza, según él, comenzó a sentar cabeza…por lo que le concernía su único deber era de atender a YooChun como a todo un príncipe, no emocionarse porque le haya respondido por el radio, ni que fuera algún cantante de primera con una voz preciosa. El no era su fan, de eso estaba seguro, y si por adversidades de la vida lo llegaría a ser estaba seguro que podía salir corriendo y tirarse al río Misisipi. ¿Él un fan? ¿De YooChun? JA-JA-JA. Con el temperamento que solía tener su jefe era seguro que tendría más anti fans que fans. Y aunque a veces el mayor se comportaba de una forma más humana, solo duraba un día a lo mucho, porque después salía el demonio que llevaba dentro. O al menos esas eran las conclusiones del pelicastaño.

Los momento de humanidad y seducción (?) que expresaba YooChun eran señalados, pero esos momentos eran los que le hacían dudar de sus sentimientos. El señorito al cual servía se pasaba de bipolar. Y lo último, lo había encontrado muy pegadito a su amigo, y este era como su sombra, las únicas veces que se separaban era para dormir. Y el sentirse totalmente ignorado le estaba afectando de una forma interesante.

- Le compre dos porciones de Ramen, si me necesita solo llámeme – dijo dejando un par de bolsas sobre el escritorio del pelinegro.
- Espera…
- Que.
- …ChangMin salió, necesito que me comuniques con él. Eso es todo, puedes retirarte – declaró hurgueteando algunos papeles.
- Claro, no se preocupe…yo me encargo – el pelicastaño se dio media vuelta dispuesto a desalojar el lugar “Es un ogro, como pude pensar que yo podría ayudarlo. ¿En qué podría hacerlo?, soy un estúpido”.  Después de que se manifestaran aquellos pensamientos…casi enseguida JunSu sintió una presión en la muñeca derecha.

El mayor lo saco de la habitación y con una mirada seria e carente de expresiones paso de lado de una mujer de edad media quien venía a visitarlo. Después de escabullirse de su oficina lo bastante deprisa como para evitar una conversación inútil con su madre, YooChun había cedido a un impulso y había decidido ofrecerle al pelicastaño la preparación de la cena para los dos. Un par de buenos bistecs, una botella de buen vino, setas a la parrilla, una gran ensalada, etc.

Para cuando el menor reacciono se halló caminando (más bien siendo arrastrado) por las calles de Corea del Sur. YooChun no lo había soltado desde que salieron de su oficina. Eso estaba raro. “Este es un claro ejemplo de bipolaridad” se decía JunSu sin despegar su vista de la nuca del mayor.

A las seis se había detenido ante el espacioso restaurante de su familia, se suponía que ese día no se trabajaba, pero se trataba de él, si no le habrían…los trabajadores tendrían por seguro su más dolorosa jubilación. Dentro le informaron que el chef había salido de viaje, pero eso le valió madre a YooChun. Pidió un manual de cocina y una vez que el objeto estuvo entre sus manos se dirigió a la cocina dispuesto a preparar dos platos de comida.

JunSu le miraba absorto, ¿acaso ese chico era su jefe?.

Para entonces el mayor había lanzado el libro a uno de los extremos de la mesa y, tras abrir una botella de vino, había llenado un vaso para su anfitrión y otro para él, y había empezado a cocinar. Le llevo unos minutos familiarizarse con las (según él) excentricidades de la cocina. Mientras YooChun cortaba, hurgaba en las gavetas y cocinaba, JunSu había puesto la mesa en la cocina, con platos; después se sentó queriendo hacerle varias preguntas a su jefe.

Los bistecs fueron trasladados a los platos, con las setas presentadas alrededor y la enorme ensaladera de plata en el centro de la mesa. JunSu al probar un bocado no pudo evitar el declarar que la cena era deliciosa, tomó un sorbo de vino sin dejar de ver a YooChun, eso de que el susodicho cocinara era algo sorprendente.  

- ¿Hay alguna razón de suma importancia para todo esto? – el menor preguntó con cierta imprudencia.
- Lamento decir que prácticamente ninguna.
- No lo entiendo – JunSu pinchó la carne con un tenedor y luego cortó un pedazo estrecho. – ¿Por qué de esta cena entonces?.
- Porque de una forma u otra creo que debes de tener hambre al igual que yo – contestó el pelinegro.
- Oh…¿Pero por qué con migo?.
- No quiero que me malinterpretes, solo te estoy invitando a una típica cena de empleado y jefe.
El Delfín frunció el ceño al escuchar esas palabras; restándole un poco de importancia utilizó su técnica de cálculo para atrapar otro trozo de bistec.
- ¿Así que empleado y jefe? – preguntó de repente. El pelinegro dejo de masticar y levantó la mirada observando la expresión de insatisfacción del menor.
- Si. Básicamente esa es la razón – un silencio se produce en el ambiente. JunSu parte la carne, mordisquea lo que corta y lo acompaña con un vaso de vino de los años 50, honestamente esperaba algo más, creía que había otra razón para esa cena pero ¿Qué razón podría existir? “Soy un tarado, como pude pensar que existía otra razón. Este chico no me gusta, definitivamente NO PUEDE GUSTARME ALGUIEN COMO ÉL. Ah JunSu ya sal a tirarte a alguien”.

Por su parte, YooChun ladea la cabeza porque ha escuchado una voz en su interior, frunce el entrecejo y deja el tenedor en su sitio, y la voz interior, la de su conciencia continúa solicitando su atención.

- JunSu… – el aludido salió de sus pensamientos y lo observo de reojo con una parte del tenedor (aún) dentro de su cavidad bucal. – No nada.


Después de dejar los platos apilados junto al fregadero, nuestros amigos deciden volver al hotel, al salir del restaurante se topan de frente con ChangMin quien jugaba con las llaves de su carro.

- ¿Nos vamos? – pregunta el alto con un gesto y ademan de manos.
- Claro – tanto ChangMin como YooChun se acercaron al auto, pero JunSu se quedo quieto observando todo desde atrás.
- ¿No vienes?.

Sacudiendo la cabeza, sonriendo y negándole deliberadamente al pelinegro la satisfacción de una respuesta es que comienza a caminar en dirección al hotel. Detrás de él escucha el motor que tose y se agita, los faros adquieren vida y poco después aquel medio de transporte se aleja dejándolo completamente solo.

El pelicastaño transitó por las calles sumergido en recuerdos, se puso a estudiar el comportamiento bipolar de su jefe, y por mucho que quiso encontrar respuestas a aquella conducta…no encontraba una que calmara sus dudas, “¿Le gustare?, Si JunSu le gustas, por eso te trata como te trata, pero a veces es muy cálido, ah pero otras es un imbécil, pero hay que reconocer que ese beso fue exquisito, ¡¡Eh!!!, claro que no, ese beso solo fue un beso como uno cualquiera, nada de sentimientos de por medio, pero sí que besa bien, ¿pero qué estupideces estás diciendo Kim JunSu? ”. El menor tenía una batalla campal contra su conciencia mientras descendía por la avenida de un parque de atracciones desierto. No muy lejos percibe el sonido vibrante de un punteado de guitarra, debería alegrarse ya que amaba la música, pero ese tipo de punteado solo podía hacerlo una persona y es ahí donde ese sonido, para el pelicastaño, es el terror mismo hecho música.

“No deberías estar aquí, este es un sitio viejo, un sitio peligroso”, se decía notando lo familiar del lugar y antes de volver en sus pasos vio la montaña rusa, la misma que había visto cuatro años atrás.  
Henry, dice JunSu; pero ya no es el JunSu de ahora, sino el chico asustado de hace cuatro años atrás. Es él viendo a Eun en la cima de aquel juego mortal con un cuchillo sobre el cuello de Henry Watson amenazándolo de que si no aceptaba perdonarlo el rubio de Henry pasaría a ser historia.

Las imágenes de lo que había pasado en ese lugar de…bueno, de hace tiempo, revivieron como si estuviera viviendo aquel momento una vez más. Se vio así mismo, vio a un JunSu de 16 años subiendo la montaña rusa para detener una locura. Henry era su amigo, era como su hermano, lo quería mucho. No podía permitir que muriera por su causa. Al llegar a la cima le había rogado a EunHyuk que no cometiese la estupidez más grande de su vida, pero EunHyuk ya no parecía ser el mismo. Del chico tierno y gentil que había conocido a los 12 años ya no quedaba ni rastro. En el rostro de Eun se reflejaba una sonrisa que al centro mostraba malicia y en las comisuras una gran exasperación. Y bajo la atenta mirada de JunSu suplicando que no lo hiciera, dejo caer el cuerpo de Henry al vacio, al mismo tiempo un grito sonoro inundo el parque a la par de un “No” por parte del pelicastaño. Poco después JunSu vio a Eun con los ojos llorosos y abiertos de par en par sentado, con una guitarra  en las rodillas punteando el ritmo de la canción más triste que conocía.

- Lo siento – fue lo que dijo dejando de tocar por un par de minutos. – Perdóname – continuo tocando y para cuando JunSu levanto la mirada vio las manos de Lee EunHyuk sangrando. Se había cortado las venas.

El pelicastaño regreso en sí, aquellas imágenes se desvanecieron y ahora, solo estaba una vieja montaña rusa que había perdido su colorido. Aún se escuchaba esa canción, pero el menor lo único que tenía en la cabeza en ese instante era la figura que cayó desde lo alto mezclada con una de las sonrisas más características de Henry Watson. De pronto sintió el peso de una mano sobre su hombro y sin importarle de quien se trataba se volteó abrazando a aquel ente como si fuera lo último que pudiera hacer en esta vida.

- Nada de eso ocurrió – comenzó a decir con un tono de falsa paciencia – tuve una especie de crisis preadolescente causada por el estrés, al final fue una especie de maldita crisis por ver tantas pelis de horror, además yo no lo sabía, no sabía que daba crisis por  ver tanta sangre en una hora. Estaba estresado. Tenía sueños – exhala un suspiro - ¿Verdad que no fue real?.
- Así es mi Su, lo soñaste, solo fue un mal sueño – a este punto la canción había dejado de sonar y el dueño de aquella guitarra, abrazaba al pelicastaño con una expresión desolada.

En la mansión de los Park, JaeJoong listo con su pijama y sentado en el extremo de su cama, saco del velador una fotografía enmarcada, la observo con una sonrisa nostálgica, seguramente recordando  el día en que se tomo la fotografía; segundos después la coloco al lado de su despertador y se dispuso a dormir como Dios manda. Minutos más tarde cayó en los brazos de Morfeo.

Lo sucedido hace años fue algo que de seguro se revelaría más adelante. Por lo pronto lo que puedo decirles y revelarles con claridad, era que en la fotografía podían verse las siluetas de cuatro individuos abrazados, haciendo gestos humoristas y joviales. Esas personas eran Kim JaeJoong, Lee EunHyuk, Kim JunSu y finalmente Henry Watson.

Continuará…

7 comentarios:

  1. Anónimo6/01/2012

    que pasooo no entiendo biennn conti quiero contiiiii!!!!!!

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  2. waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa estaaa demasiadooo buenaa porfavor siguelaaa!!!

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  3. quiero masssssss siguela poraforrrrrrrrrr eres genialll^o^

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  4. Anónimo6/21/2012

    Conti *OOOOO* ;;

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  5. TAN LINDO FIC Y NO HAY CONTI U.U QUERIA LEER MAS
    YOOSU Y MINJAE U.U

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  6. Anónimo12/14/2013

    Dios!!! Dudas mil!! Jojojojo quedo al pendiente de actualizacion.... quiero saber como el ogro de chinnie le da amor a su!!!!! Graciad por esctibir'!!!! ^0^/

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