I know we are united. Cap. 7

0 comentarios
Tanto ustedes como yo conocemos a YooChun, el chico Don Juan. Un… ¿ex-emo?, como sea. El chico de cabello negro sostuvo entre sus brazos a JunSu siendo la prim…no esperen, creo la tercera o cuarta vez en toda su vida que ayudaba a otra persona que no fuera él mismo. JunSu termino recostado en el cómodo lecho de su santidad y este sin pensarlo dos veces, es más sin siquiera pensarlo, termino a su lado cubriéndolo con una de las cobijas que tenía cerca. Pensó en llamar a un doctor pero  él poseía algunos conocimientos de medicina general así que sabia como proceder.
Mientras preparaba todo, se culpaba una y otra vez así mismo por lo sucedido, pero luego de atender al pelicastaño volvieron sus dotes de maldito despiadado y sonriendo de manera frustrante fue que se acerco a la cama nuevamente preguntándose qué es lo que tenía ese chico que le hacían cambiar  tan repentinamente de opinión.   

En la leve luz que se extiende por el paisaje poco después de ocultarse el sol, pero antes de la auténtica oscuridad, durante uno de esos escasos minutos que los que hacen cine llaman “La Hora Mágica”, Kim JunSu salió de su delirio a una breve lucidez. “Me estoy muriendo” pensó y las palabras resonaron de una forma extraña a través de su mente haciéndole creer que había hablado en voz alta, a pesar de no haber sido así. Miró a su alrededor diciendo “Pareciera que me han dado una paliza” pensó divertido.”Que me han pateado algunos idiotas”. Un poco después surgió una pregunta “¿Dónde estoy?”. Tenía una cobija con un olor interesante, un olor exquisito, sin embargo dejo de olfatear ya que al pobre aun le dolía la cabeza. Al ver esa cobija, extraños pensamientos le entraban y salían de la mente, sabía que estuvo preso de un desmayo y quizá aquello volvería. Estaba enfermo, se sentía enfermo y aquel momento no significaba curación ni el comienzo de una curación, sino un breve respiro.
Apoyo la parte interior de su muñeca derecha contra la frente y la aparto con una mueca del mismo modo que uno retira la mano de una estufa al rojo vivo. Estaba ardiendo. Y lleno de sudor. En resumen JunSu se despertó con una resaca (y ni siquiera había bebido) que podía posiblemente haber sido peor; con una boca que estaba más seca que el desierto del Sahara y con la sensación de que no se hallaba en el lugar debido.
La cama era de dos plazas y media, con cuatro almohadas, demasiada cómoda como para tratarse de su propia cama. Entonces olio otra cosa, le llego a su sentido del olfato agudo el olor a tocino frito. Se sentó y vio por aquella ventana colosal otro día que se iba con la llegada de la noche. Lo primero que recordó una vez estando un poco más cuerdo fue la cara de un pelinegro apunto de asesinarlo, se dio cuenta de lo que tenia debajo de él era la cama de Park YooChun, los aposentos de su temido jefe.
Siguiendo un impulso, se había dirigido al cuarto de baño con todo el dolor de su cuerpo, no para descargar la vejiga, sino para comprobar el botiquín de las medicinas. Necesitaba una aspirina, un calmante, mate si era posible, el punto era que fuera lo que fuera que hallase, tenía que servir para frenar aquel dolor de cabeza que se sentía como si un destornillador se la estuviera apretando con rudeza.
Un cepillo de dientes nuevo (Pepsodent)  colgaba del fino soporte de donde habían colgado todo tipo de cepillos de marca. El menor se había quedado allí mirando todas las cosas que existían en aquel baño sin encontrar lo que buscaba, luego cogió el tubo de pasta dentífrica y lo sostuvo en la mano. Su boca no olía a flores así que por lo menos había que hacer algo al respecto. Comenzó a limpiarse los dientes, preguntándose en dónde estaría su jefe en esos momentos, sintiéndose mareado, y con una gran escases de equilibrio propio.

Bajando a la primera planta, el joven amo reposaba en uno de los sofás con los brazos cruzados mirando calculadoramente a la mujer que le había dado la vida.
- No me quedaré por mucho YooChun, deja de verme de esa manera – la mujer de piel blanca y cabello castaño lacio cruzada de piernas observaba a su hijo sin expresión alguna.
- En realidad no me importa si te quedas o te vas – YooChun se incorporo – no te preocupes, de todas formas ya reserve una suite.
- ¡YooChun! – exclamó la mujer sin voltear a ver a su retoño cuando este ya había iniciado su andar. El pelinegro se detuvo por unos segundos esperando algunas palabras pero él ya sabía que  aquella mujer no tenía el mas mínimo de derecho de cuestionar o reprocharle algo. El trato desde que era un niño ya había sido escrito por el destino según los pensamientos de nuestro príncipe.

Él sabía que muy en el fondo amaba a su madre…que conste he, he dicho en el fondo, muy, muy, MUY en el fondo. Restándole importancia subió a su habitación encontrándose con unos aposentos vacios, y según recordaba había dejado el cuerpo débil de su asistente antes de irse en esa cama. Por una milésima de segundo la preocupación se hizo presente, y digo milésima porque poco después escucho el sonido del agua dentro del baño. Supuso entonces que ese muchacho ya estaba mucho mejor. Pero ojo, como ustedes y yo sabemos el pelinegro estaba en un error.

JunSu salió del baño con la ayuda de una fuerza invisible, su espíritu estaba latente como de costumbre sin embargo aquel maldito dolor de cabeza continuaba haciendo de las suyas.
- Alístate, nos vamos dentro de 12 minutos – declaro el mayor sin siquiera verlo mientras iba cambiándose sin vergüenza alguna delante de unos ojos puros y vírgenes, ok, exagero.  Como toda persona, comenzó a sacarse la parte superior quedando semidesnudo. La vista sin duda era genial, en esos momentos…¿Quién no codiciaría estar en la zona VIP?.

Ay pero hombre créanme que SI existía alguien que no deseaba estar en ese lugar; JunSu  sintió otro repentino mareo y al momento apoyo su cuerpo en la pared colocando una mano en el muro para mantenerse de pie. Y muchachas, que quede claro que la fiebre (esta vez) no tuvo nada que ver con el inesperado desequilibrio que tuvo el menor. Al instante de ver como YooChun quedaba en bóxers JunSu, como pudo, entro al baño cerrando la puerta con un gran frenesí.

YooChun al escuchar el sonido alzo la mirada buscando un indicio del por qué de aquella actitud. Toco como unas dos veces y en ambas nadie le contesto. Así que se olvido…o mejor dicho mando al diablo la educación y abrió la puerta en un parpadeo.

JunSu dio un respingo y se irguió sintiendo en aquel instante una punzada de dolor en el cuello, y la sensación de calambre en la carne dormida le obligo a hacer una mueca, no había estado adormecido sino sumido en un profundo recuerdo, durante el cual revivió los tiempos de sus amados años de colegio. Tenía las manos en los extremos del lavamanos mirando su reflejo. Olvidando de cuenta nueva al sujeto que se hallaba en el marco de la puerta observándolo de manera frustrada.

Otro “toc toc” se escucho obligándole a girar la cabeza lentamente y con dolor y vio (recién) a su jefe quien llevaba únicamente puesto los bóxers. Por un momento se limitaron a mirarse y el pelicastaño tuvo una extraña sensación al verse así mismo siendo observado por el pelinegro, se sintió desnudo, como un animal al que le estuvieran observando en el zoológico. Entonces intervino su boca, que sonrió. Luego el menor se paro delante de él.
- Jefe… – dijo con una voz uniforme.

El joven Park sostuvo con elegancia la mano de su empleado (sin articular palabra) para llevarlo hacia la cama, hizo que se sentara y sin previo aviso se puso de cuclillas para quitarle las sandalias, su intención era clara, dejaría que JunSu descansara toda la noche.

- Nos iremos mañana, por hoy fue suficiente – dijo obligándole a recostarse sobre su cama.
- N-n…no es necesario, tengo mi propio cuarto – declaro el menor parándose, pero en aquella acción reiteradamente perdió el equilibrio; YooChun alcanzo a sostenerlo por la cintura, lo apego más hacia su cuerpo y cuando todo quedo estabilizado se miraron en silencio por eternos segundos, el mayor sintió el palpitar del corazón de su asistente, vio como sus mejillas se iban poniendo de un color rojo bajito a medida que se acercaba mirando alternadamente sus labios y sus ojos como pidiendo permiso de hacer algo que el otro seguramente ya habría captado que iba a hacer.

JunSu al sentir un leve roce de unos labios intrusos sobre los suyos sintió una sensación de satisfacción, pero algo cierto es que no lo podía creer tenía muy abiertos los ojos ¿En verdad YooChun lo estaba besando?, ¿acaso había alguna cámara escondida de un programa de TV o algo por el estilo?, No, todo era real…al sentir como los mismos labios se movían por encima de los suyos sintió la necesidad de mover los suyos a la par. Y así lo hizo, empezó a disfrutar de ese beso cerrando también los ojos y regocijándose como nunca jamás pensó en hacerlo. El mayor mordió parte de su labio robándole un suspiro y fue ese momento el que aprovecho para introducir su lengua y saborear el interior de la boca del menor, se deleitaba succionando esa lengua mientras que una de sus propias manos dibujaba un recorrido en el cuerpo del pelicastaño y la otra mantenía un firme agarre en su cintura.

Automáticamente, una de las manos de JunSu que se mantenían fijas a los costados de su cuerpo  se dirigieron   hacía la espalda del pelinegro; el beso se había vuelto fogoso pero muy tierno, no había prisa, se estaban probando, sus lenguas se reconocían entre ellas, siendo la de YooChun la que dominaba, enseñándole a la otra como se hacía; y como siempre el aire fue el que interrumpió dicho beso. En aquel momento el pelicastaño logro zafarse del agarre de YooChun con un notorio rubor en las mejillas y ¿qué creen?, para esas alturas misteriosamente su dolor de cabeza  había desaparecido.

“Gr..gra…permiso…” el menor retomo la palabra saliendo de la habitación a todo lo que le permitían sus energías, tocando sus labios rojos y algo hinchados por tremendo beso proporcionado.
YooChun no se molesto en detenerlo, se quedo ahí parado analizando lo que acababa de hacer, pero fuera de eso sobre una de las mesas vio el plato de comida que había preparado para que cuando el pelicastaño despertase se lo comiera. Y lo vio ahí, intacto, tal y como lo había dejado. Entonces desvió la mirada ahora con el único fin de tomar una exquisita ducha.

A los tres días JunSu se encontraba nuevamente todo risueño, YooChun no lo había molestado por esos tres días, no le dijo ni hola durante los tres  benditos días de vacaciones del pelicastaño que sin duda alguna le sentaron de maravilla.

Ambos individuos se encontraban en la suite que el mayor había reservado; como había dicho YooChun, al día siguiente fue que se mudaron sin avisar a nadie. Bueno al menos no a su madre. Este dúo dinámico, durante esos tres días (y aún) contaban con la presencia de un visitante alto, intelectual, erudito, todo un modelo de belleza masculina, si, señores hablamos de Shim ChangMin alias el invisible. ¿Por qué invisible?, pues es más por JunSu, ya que este no estaba al tanto de que tenía como compañía a un ChangMin que únicamente se dedicaba a la lectura.

Una tarde salió a comprar comida rápida y como la tienda quedaba en la planta baja del hotel, se limito a usar las escaleras. Al llegar a la tienda hizo un pedido únicamente para dos.
- Son 40.000wons – le dijo una señorita con una sonrisa en los labios. El menor pago con su propio dinero seguidamente tomo las bolsitas con el pedido y pensó en retirarse del lugar.
- Sólo necesito un minuto de tu tiempo – alguien sujeto su brazo con rudeza.
- …No – respondió el menor tratando de quitarse de encima aquella mano que apresaba parte de brazo.
- JunSu… mi Su.
- Suéltame.
- Por favor.
- ¡Que me sueltes! – JunSu elevo la voz llamado la atención de todos los clientes.
- No hasta que me escuches – el individuo ese jalo bruscamente al pelicastaño sacándolo de la tienda bajo la preocupada mirada de todos los presentes.

Al llegar casi al borde de la acera una persona de traje le impidió el paso y por más que Eun pedía que se moviera, el muchacho del traje, cliente número uno de aquella tienda, no se movió ni un milímetro.
- Suéltalo – exclamó con tono autoritario al ver el rostro de JunSu preocupado. – si no quieres tener problemas quita tu mano y lárgate.

Eun estaba dispuesto a partirle la cara al infeliz de ser necesario, “¿Tsk y este que se cree?” pensaba lanzándole una mirada despectiva al chico de traje.  Pero cuando estaba a punto de propinarle el golpe de su vida, vio a unos hombres que se acercaban a él obligándole a retirarse. Los guardaespaldas de YooChun solo hacían su trabajo, alejar a personas violentas de su amo. Obviamente Eun se rehusó a obedecer y en un movimiento termino haciéndole caer a JunSu al suelo.

El menor quedo sentado sobre sus rodillas con una mueca de dolor momentánea. Sobándose la cabeza es que vio como Eun era alejado del perímetro, noto también que las bolsas habían caído al suelo e enseguida reviso los alimentos. Por su suerte estaban intactos.
- ¿No deberías estar descansando? – pregunto YooChun con una ceja alzada y las manos en los bolsillos de su pantalón.  

Al pobre de JunSu se le habían dormido ambas piernas y cuando se levanto de golpe sintió un terrible y doloroso hormigueo que le subía desde la planta de los pies. Nunca había imaginado que se encontraría así, desprevenido y completamente expuesto. Tuvo la impresión de ser un centinela dormido en su puesto al que le ordenan de repente que se cuadre.

De pronto, se hallaba frente a él, con el pelo algo alborotado y una sonrisa vaga y bastante tonta. El hormigueo seguía haciendo su tour por todas sus extremidades inferiores forzándole a desplazar su peso de un pie a otro.  Pero al recordar a la clase de persona que tenía en frente cesó de moverse permitiendo con esto que el hormigueo le calara a gusto.
- ¿Se le ofrece algo jefe? – dijo, temiendo que YooChun se diera media vuelta, que renegara de él, que le mostrara la espalda, que se encaminara hacia la entrada del primer hotel que encontrara y lo dejara solo. Entonces le oyó suspirar, del mismo modo que un hombre suspiraría antes de levantar un pesado paquete. Y cuando habló, su tono fue tan natural, tan placido y tan correctamente complacido que JunSu olvidó su primera impresión. 

- Vámonos JunSu – exclamo con un gramo de ternura comenzando a caminar. El pelicastaño le siguió tres pasos más atrás, tratando de alcanzarlo y sin dejar de hacer muecas a causa de los hormigueos infernales que lo martirizaban. 

Pero aquel tono de voz que había utilizado el mayor hizo que JunSu sintiera algo que no creyó sentir.
- YooChun…  – era la primera vez que el menor lo llamaba de esa manera y el mencionado no pudo evitar el girarse hacia él, pero antes de que terminara por completo  frente al chico de pelo castaño, JunSu lo abrazó sintiéndose necesitado y esperando ser correspondido. Necesitaba el apoyo de alguien en esos momentos, ¿Y quién mejor que su majestad?.  

A lo lejos EunHyuk veía toda la escena con las manos en forma de puño y un rostro para nada amigable.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario \(*O*)/ ♥ ♥
o más bien... deja tus pensamientos pervertidos grabados en esta entrada XD