I know we are united. Cap. 6

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Moviéndonos de la suite del pelinegro al lugar del accidente; el pelicastaño, no se dio cuenta de que el imprevisto accidente vehicular ya lo transmitían por los canales de televisión como la noticia en vivo y directo del momento, el sentir los cálidos brazos de Eun fueron suficientes como para revivir por completo el pasado, se separo de él encarándolo, preguntando con los ojos el por qué de su abandono.
- Su…– pronuncio su nombre haciéndole sentir débil, EunHyuk por su parte vio como de a poco en los ojos del ser que tenía enfrente iban llenándose lagrimas dispuestas a salir. – No…no llores – le pidió con una voz quebrada. – No lo hagas – permaneció quieto mientras el pelicastaño retrocedía cada vez más.
- No te acerques – sentencio JunSu al ver que su ex daba el primer paso en clara señal de mantener una distancia acortada con su persona.
- Su… – empezó con las manos alzadas en un ademan tranquilizador y suplicante. – Hablemos… – inicio su avance ignorando las palabras del menor las cuales transmitieron el mensaje claro de que no quería tenerlo cerca. – solo quiero unos seg…
Pero no pudo seguir. JunSu alzó una de sus tersas manos que lucía muy pálida sobre el nublado cielo  abofeteando al chico que le hizo sufrir. El sonido de aquel golpe, así fuera de bromas, de verdad siempre…créanlo o no hizo alusión a uno de esos típicos disparos de arma de fuego existentes en las películas de vaqueros.
Otro relámpago brillo en el cielo, retumbo otro trueno que parecía envolver todo el cielo y entonces una fría ráfaga de viento azoto a los dos cuerpos inmóviles que se encontraban en medio de la carretera desordenando sus cabellos y levantando un poco sus prendas de vestir.
- Déjame en paz…– dijo el menor en un murmullo que fue escuchado claramente por Eun, quien aún permanecía con el cachete un poco rojo mirando de reojo a su ángel.
El menor meneo la cabeza tratando de ocultar las lágrimas pero toda acción fue interrumpida cuando el dueño del auto azul cogió el mentón del menor con una velocidad impresionante para seguidamente unir rápidamente sus labios con los de JunSu.
Unos metros más al norte, y otros pocos más al sud, la sirena de la ambulancia sonaba audiblemente avisando que ya llegarían; una movilidad blanca con el logotipo de SBS NOTICIAS se detuvo entonces cerca del área del accidente saliendo de inmediato un camarógrafo y una señorita bastante joven. Y como a diez cuadras antes de llegar al lugar de los hechos, Park YooChun manejaba otro de sus Audis modernos tocando la bocina de vez en cuando, “Que no sea nada grave, por favor que no sea nada grave” se decía sin saber exactamente si se refería al carro o al chofer. Ni el mismo se entendía, pero de lo que estaba seguro era que tenía que llegar. Freno al ver como un montón de personas se hallaban reunidas en el perímetro. Salió de la movilidad  buscando con la mirada a la persona que ansiaba ver.
- Joven amo – YooChun volteo la mirada y ahí se encontraba, su asistente.
- Señorita Han ¿dónde está? – pregunto sin especificar lo que buscaba.
- Ah…vera todos los vidrios quedaron destruidos, la parte de adelante es chatarra los… – la señorita Han asumió que el joven preguntaba por su medio de transporte, pero en realidad lo que YooChun quería saber era donde estaba su asistente personal. Mientras la mujer continuaba dando sus explicaciones el pelinegro miró por encima del hombro de la asistente y distinguió a JunSu, ahí estaba, sentado en una camilla junto a un chico de bufanda que le ponía una venda en la cabeza con suma delicadeza. YooChun quiso acercarse pero el beso que le fue proporcionado al menor hizo que olvidara esa acción. – no se preocupe joven amo, solo fue un pequeño accidente, nada más. Ya lo estamos solucionando.
- Entiendo – dijo el pelinegro en un tono frio, dejo de ver a JunSu y poso su vista en la asistente. – ¡quiero ver ese auto como nuevo señorita Han! – declaro retirándose de la escena, dejando atrás a una asistente espantada y a punto de entrar en crisis nerviosa.

El pelicastaño se veía pálido, pero sano y salvo, solo una pequeña herida en la parte superior de su frente, nada grave, no perdería la memoria ni nada por el estilo. Sus órganos internos estaban intactos ningún desangramiento, nada de nada. Tres minutos más, mmm, si fueron tres minutos más de no recordar para quien trabajaba y de quién era el auto que acababa de ser prácticamente destruido; el menor abrió los ojos a más no poder cuando la imagen de un YooChun hecho furia se abrió paso por su mente, dio un respingo como si fuera una chica que se da cuenta a la hora de la comida que ha olvidado apagar el horno por atender a sus visitas.
- ¡Dios mío! – exclamó tapando su boca.
Miro su reloj pulsera con la esperanza de que fueran las once y cuarto, y media como máximo. Pero en realidad eran las doce menos cuarto. Hacia como una hora y media que debería haber llevado a su empleador las valijas que le había ordenado traer. “Debe estar molesto”  pensó comenzando a preocuparse más de lo normal.
- Su…– dijo Eun – ¿Qué pasa?.
- Nada – repuso él – solo que he tomado el camino más largo y he perdido la noción del tiempo. Y luego el accidente y…tengo que irme
- Espera…¿Seguro que estás bien?.
- …Estuve bien sin ti durante cuatro años, por qué no lo estaría ahora – el menor respondió de manera dura. Se notaba a leguas que quería marcharse, quería estar con su jefe, pero aun así le costaba decidirse, después de todo había destruido a su más amado auto. La sensación de que estuviera molesto y apunto de decapitar a alguien persistía.
Y así, en vez de reposar JunSu tomo el primer taxi que encontró para dirigirse a la mansión en busca de esas mentadas maletas. Le dolía la cabeza y más la parte de la herida, pero él era un chico muy fuerte, así que no importaba. Lo que ahora era realmente importante era llegar al hotel con esas valijas.
- ¡JunSu! – Antes de que diera el paso number one dentro de la casa JaeJoong lo ataco con sus revisiones medicas - ¡¿Pero qué carajos te has hecho?! – revisaba con sumo cuidado la herida del menor. Se notaba su preocupación.
- Dejémoslo para después…no tengo tiempo para hacer paradas Hyung – dijo el menor apresurando el paso y dejando a Jae preocupado. El mayor no sabía lo que le había sucedido a su amigo pero algo le decía que Eun tenía algo que ver, no por nada la actitud del menor era repentinamente medio arisca.

YooChun se encontraba en el mini bar fumando, mientras que ChangMin estaba recostado en la cama con una pierna alzada leyendo la revista The World of Rock. Desde que el dueño había llegado a su hogar se había sentado en la silla de madera mirando al vacio, tal vez reflexionando del porqué de su actitud, o maldiciendo al chico de la bufanda…quien sabe; ChangMin sin despegar la vista de aquella revista ya sabía lo que le pasaba, conocía a YooChun, los años de amistad no fueron en vano, conocía sus debilidades y bueno algunas veces usaba los puntos débiles que relucían en el pelinegro para salirse con la suya.
- Los celos no son recomendables para la salud, suelen ser enfermizos – declaro volteando la página.
- No hables estupideces. – respondió YooChun sin voltear a verlo.
- Mejor acepta que te sientes raro después de lo que viste. Además cuando entre él estaba sobre ti y tu… ¿Cómo era?, ¡ah! Claro…estabas en medio de un sueño…– se levanto para ver directamente a los ojos de su compañero. –  H-Ú-M-E-D-O…mientras más sigas tardando peor resultara YooChun – dio un suspiro al ver la cara seria del pelinegro. – Respóndeme esto, ¿Te gusta JunSu?
YooChun meditó unos instantes con el ceño fruncido antes de menear la cabeza.  
- No lo sé. Ni siquiera se me había ocurrido pensar en algo como eso.
- Bueno ahora piensa en eso o compruébalo por ti mismo…ah y no olvides que las estupideces que uno hace nos llevan a cometer las locuras más grandes…– ChangMin camino hacia la salida. – Necesitaras estar a solas con el susodicho, no quiero ser partícipe de lo que puedas hacer.
El mayor no comprendió del todo lo que aquel mocoso quería decirle, pero todo se aclaro cuando ChangMin abrió la puerta mostrando detrás de ella a un asistente agitado por la carrera. Min le lanzo de inmediato una mirada antipática y salió de la habitación para recomenzar, lo que él solía llamar, “su cacería”, sin duda ya había escogido a su presa.

Ok. ¿A qué hora son?, pues es la hora de la verdad, aunque tal vez estamos equivocados, pero continuemos. Kim JunSu miraba directamente a los ojos negros de Park YooChun cuyo rostro denotaba ira, el primero no esperaba encontrarlo ahí, se suponía que él estaría en el hotel esperándolo, había rezado todo el camino para que YooChun estuviera de un humor alejado a la violencia y a la sed de sangre.
- Jefe…puedo explic...
- Cállate – su grandeza estaba que no quería escuchar su voz, el comportamiento que había tomado no le gusto ni a él mismo, pero en ese instante sus impulsos fueron más fuertes, dentro de sí, aquella voz racional que todo ser humano posee hablaba dictaminando todo lo que debía hacer en ese momento, sin embargo como les había dicho, los impulsos eran más enérgicos y sobresalientes.
- Déjeme que le…
- Dígame asistente Kim… ¡¿No he sido claro?! – una Catástrofe muchachas, hasta a mí me dolió el impacto hacia la pared que le provoco YooChun al menor. ¡Ay Dios! pobre espalda, con un golpe como ese yo ya hubiera entrado en inconsciencia temporal. JunSu cerró los ojos al sentir la dureza en su espalda y es que YooChun no tuvo el más mínimo de cuidado al empujarlo contra aquella pared lisa sumamente DURA. El pelinegro estaba como esas personas que cuando están que quieren morirse se ahogan en un mar de alcohol para terminar lanzando todo por los aires, rompiendo hasta las más finas copas de Champan, restándole importancia si los objetos lanzados llegaban a la cabeza de alguien. En este caso no eran copas si no un ser humano, un ser vivo queridos lectores, seguro se imaginaran el dolor por el cual estaba pasando nuestro amado JunSu.
- Pued…explicarlo – con suerte el chico aun articulaba palabra.
- ¿No entiendes? – déjenme decirles que YooChun nunca, nunca de los nuncas hubiera procedido de esa forma tan cruel y todavía teniendo en cuenta que estaba al tanto del accidente que sufrió el pelicastaño minutos atrás. Pero las emociones le ganan a uno. Clara prueba de ello es el accionar que tomo el pelinegro, el condenado soberano coloco una mano en la pared apoyando con esto parte de su peso observando a JunSu,  apreciando la mueca de dolor que se refleja en su rostro…contemplando como de a poco el cuerpo del menor iba descendiendo hasta quedar este, totalmente inconsciente en el suelo.
En ese momento reaccionó; cuando vio como JunSu quedaba privado de sentido alguno ante sus ojos fue que la culpabilidad, por primera vez en su vida, se apoderaba de él impidiéndole las salidas de escape.

Fue ahí donde su corazón comenzó a doler.

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