Rosa de invierno. Cap. 11

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La situación no podía ser más desesperante. No solo Muerte me tenía en sequía por haberle querido forzar un par de veces sino que mi jefe, más conocido como mi acosador sexual personal, me estaba haciendo la existencia insufrible.

Muerte empezó a apartarse de mí lentamente, a dejar de tocarme tanto como lo hacía y eso aumentaba mis ganas de querer, desear poseerlo de una vez.

Llevábamos meses de noviazgo y todavía no me había permitido llegar más allá de una mamada y contadas con los dedos de una mano. Ni siquiera me dejaba tocarlo con tanta frecuencia o buscar el roce para acabar acostándonos. Me estaba desesperando.


Y los continuos acosos que recibía de mi jefe no ayudaban en nada.


Cuando no buscaba rozarme o manosearme se las arreglaba para buscar mi atención poniéndome malísimo. Debía reconocer que ese chico me atraía de una forma poco convencional.

Era consciente de que si cedía me pillaría y no pararía hasta satisfacerse él con mi cuerpo. Pero estaba tan frustrado sexualmente que la sola idea de dejarme tocar por él no me parecía ni mala.

Estaba teniendo pensamientos impuros con ese ser egoísta e inmaduro que solo buscaba un agujero donde meterla.

Y yo de idiota le ponía los cuernos de pensamiento a mi querida y amada Muerte.


Debía cortar de cuajo eses deseos...



Ese día me levanté temprano y me fui a correr durante una hora por todo el río Han. Necesitaba soltar adrenalina para estar exhausto y no andar acelerado cuando mi jefe me provocase chupando un boli de forma lasciva delante de mí.

Eses labios carnosos, me ponían a mil...

La verdad me recordaba a alguien pero no sabía decir quien. Siempre que quería fijarme apartaba la mirada ya que si me veía lo interpretaba con otro sentido totalmente opuesto y se lanzaba encima de mí.

Aunque tampoco ayudasen el echo de que tenía que hacerme una revisión ocular ya que no veía 3 en un burro.



Después de correr y correr y pegarle patadas a todas las piedras que me encontraba en el camino me apoyé en la barandilla para estirar mis piernas antes de irme a casa y darme una ducha y desayunar para irme al trabajo.

Ya comenzaba a bajar la temperatura. Se notaba que el otoño estaba apunto de finalizar.

Muchos que se preparaban para la policía o gente deportista se cruzaran por mi camino hoy, pero tenía un problema, no sabía bien como tenía que estirarme.

Vi como un chico más alto que yo de coleta y piel morena se paraba a unos metros de mí y comenzaba a estirarse. Lo imité mirando descaradamente como hacía, copiándolo ya que no tenía ni idea de como estirarme sin lesionarme.

Lo imitaba en absolutamente todo.

Al ver que ya se había estirado las piernas se puso con los brazos y fue ahí cuando intercambiamos miradas.

Que chico tan potente y guapo, parecía un modelo de pasarela. Y seguramente lo era... que cuerpazo tenía.

Al ver como levantaba una ceja al verme tan ensimismado en mirarlo, giré mi cabeza y seguí estirando la misma pierna esperando que no se acercase o me dijese nada.

Pero como estaba condenado a que todo lo que no quería que me pasase me pasara, se acercó.


Se puso a mi lado y yo traté de ignorarlo hasta que me tocó y me habló.

- Oye... estás destrozando la pierna de tanto estirarla... con que hagas tres o 4 ejercicios llegan de sobra, si sigues así acabarás por tener calambres...

Cerré mis ojos e hice lo que me pidió. Bajé la pierna de la barandilla y me miró de arriba a abajo descaradamente.

¿Estaba destinado a ser un objeto?

Me miró de nuevo a los ojos y se puso el pelo detrás de la oreja. Parecían las orejas de Dumbo, pero, no le quedaban nada mal...

- Me llamo Shim Changmin... encantado.

Ese nombre, solo conocía a un Shim Changmin y ese era el chico del instituto, aquel secuaz de Jung Yunho, aquel chico que solo sabía robarme los poemas ya que debido a su estatura nadie se atrevía a enfrentarlo.

Antes era un palo largo con cara seria y nada sociable. Pero el Shim Changmin que tenía frente a mis ojos era una completa estatua romana con proporciones perfectas y una piel preciosa.

- Bueno si no me quieres decir tu nombre te llamaré bello desconocido...

¿Alucinaba o eso era un cumplido?, ¿Estaba intentando ligar?...

Al ver mi expresión se puso a reír y vi como uno de sus ojos se hacía más pequeño. Que sonrisa tan bonita.


Antes de que me dejara decir mi nombre extendió su mano dándome una tarjeta.

- No creo que te sirva de mucho, ese es mi número. Si te interesa volver a hacer ejercicio y correr, yo te puedo dar algunas pautas para que sepas hacerlo sin lesionarte. Trabajo como voluntario en una asociación para la tercera edad... Llámame, nos vemos bello desconocido.

Me sonrió de nuevo acariciándome la mano donde me daba la tarjeta y se fue.


¿Podía ser posible que ahora tuviera 2 tíos macizos rondándome? que alguien me pellizque porque no me lo creo.

¿Porqué siempre pasa que cuando uno tiene una pareja y es estable, aparecen más pretendientes que van a por todas?

Y sobre todo,

¿PORQUÉ AHORA CUANDO ANDABA EN EPOCA DE SEQUÍA PRÁCTICAMENTE Y ESTABA MÁS DEBIL DE LO NORMAL?

La vida era injusta completamente.


Yo solo quería amar a Muerte y no entendía porque me daba tantas largas, porqué me evitaba tanto y porqué se enfadaba cada vez que intentaba que se dejase llevar. Teníamos la confianza suficiente como para poder ver que ambos queríamos.

Y yo sobretodo quería volver a ver ese arranque salvaje que le diera cuando le hiciera la felación.

En mis sueños húmedos con el solo buscaba eso, sexo salvaje con mi Muerte.

Debía trazar un plan y necesitaba tiempo para meditarlo. Este fin de semana caería sí o sí.



Llegué a casa y mirando la tarjeta pude ver que trabajaba para una empresa como el responsable de Recursos humanos.

Me guardé la tarjeta en la cartera y me fui a la ducha directo. Pronto tendría que enfrentarme al acosador que tenía por jefe que misteriosamente estaba allí día sí y día también.

Echaba de menos la tranquilidad que había cuando estaba solo por meses sin que apareciese una sola vez.


Llegué al trabajo como todos los días pero esa vez mi jefe no se encontraría en todo el día por lo que podría respirar tranquilamente.


La semana pasó y miraba mi tarjeta cada vez que salía de casa a correr. Si tenía que encontrarme con ese chico moreno sería allí, si tenía que encontrarlo era la única manera de hacerlo. No quería tener conversaciones telefónicas con alguien que no conocía y menos darle el número y resultaba ser un acosador como mi jefe o un asesino en serie.

Me paré a meditar lo que estaba pensando y me pegué un golpe en la cabeza regañándome, ya que los desvaríos me estaban afectando seriamente.

Corrí todos los días el mismo recorrido e iba a la misma barandilla para estirarme.

Pero ese chico no apareció más.

Me había quedado con las ganas de decirle mi nombre, aunque el cumplido de bello desconocido me había impactado tanto que hasta imaginaba su cara diciendo mi nombre.


¿Podía ser posible que la falta de afecto me estuviera perturbando tanto que solo pensaba en la primera tontería que se me venía a la cabeza?

Y lo peor de todo es que estaba tan frustrado con Muerte que no dejaba de pensar en los otros dos.

Me estaba volviendo loco.


Y como siempre el fin de semana estaba por llegar, gracias a dios mi jefe no me había amargado al final en toda la semana. Por razones de su propia empresa, que montara sólo para fastidiar a su padre, había tenido problemas con las cuentas y la mala gestión y se encontraba en un momento crítico.

Aunque me encantaba encontrarme en paz y sin agobios tenía que reconocer que ya me había acostumbrado a sus acosos.

¿Extraño verdad?




Me encontraba en el sofá viendo la tele mientras Muerte estaba en la cocina preparando palomitas para ver una película. Yo me hacía el despistado mientras recordaba el plan que llevaba en mente toda la semana y el trabajo que me costara para mantener todo detalle al mínimo para que acabase viendo una película porno sin que pareciese hecho a drede...

Que le iba a hacer... o lo ponía a cien o este hombre, ahora más frío que un témpano, me iba a hacer perder las pelotas de lo que me pesaban ya.



Llegó con el bol de palomitas y sentándose junto a mí pasé mi brazo por sus hombros, nos tapé con la manta y me acerqué al bol para olerlas.

- ¿Hmmm... son de mantequilla y queso?


Sonrió y me agradeció con ello el detalle de fijarme en los olores. Muerte cuando me hacía comida o algún tentempié era muy detallista. Le encantaba que me fijase en las cosas y luego sonreía con la sonrisa más bonita de este mundo.

Todo era romántico y perfecto a la tenue luz de la lámpara del salón. Todo preparado para engañar a mi florecilla escarchada...

Apreté el botón y la película se empezó a reproducir. Y ambos empezamos a comer las palomitas.

Si esta vez el plan no funcionaba me pegaba un tiro.


Todo iba normal, la película estaba siendo un éxito. Se reía con las tonterías que decían y luego empezó la marcha.

Se veían flashes de imágenes de sexo que eran casi inapreciables y veía como miraba la película extrañado.


Me las había arreglado para editar una película con mensajes subliminales de sexo, para que se adentrasen bien en el subconsciente de Muerte y le entraran ganas de hacerlo.

Y no solo eso...

Había puesto la calefacción para que sudara y se sintiera incómodo con tanta ropa que llevaba encima. Obligándolo a desnudarse sin darse cuenta.

Con el calor afectándolo no notaría apenas que lo estaba incitando a despojarse de la ropa y a sentirse sofocado por el calor que empezaría a notar, lo cual también esperaba que empezase a afectarle a los pantalones.

Una película con escena subidita de cama era lo que necesitaba mi niño para comenzar a calentarse. Y así fue.

Cuando los protagonistas se pusieron cariñosos noté como se abanicaba y me acerqué mirándolo.

- ¿Tienes calor....?

Susurré en su oído y el asintió con los ojos abiertos como platos mientras sonreía de forma que no entendía el porqué de ese calor repentino.

Más y más arrumacos se daba la pareja y el empezó a quitarse la manta de encima.

La aparté y seguí con mi agarre acariciándole el brazo con mi dedo pulgar

Estaba tan despistado que no se dio cuenta que una nueva película empezaba hasta que se dio cuenta de los personajes.

- ¿Ya terminó?- me dijo extrañado.

Yo encogí mis hombros y asentí mientras seguía comiendo palomitas y mirándolo de reojo.

Veía como se embobaba con la película de nuevo y como el calor lo afectaba que le empezaba a brillar la frente. Gracias a dios yo soportaba bien el calor y no sudaba nada de nada.

- Sudas... ¿seguro te encuentras bien?

El asintió y me miró para seguir mirando la película y no perdérsela esta vez. Y la película porno encubierta comenzó.

Los protagonistas era una pareja de chico y chica, y como en las típicas que veían los heterosexuales, comenzó a haber sexo más rápido que en cualquier película normal.

Sentí como Muerte se tensó y como la expresión de su cara comenzó a abrir su boca lentamente. Siento anteriormente Hetero, no tenía duda que al ver aquello se excitaría en poco tiempo y así fue.

Sonreía con malicia al ver como ese pantalón comenzaba a abultarse algo y esperé un poco a que estuviera más excitado para lanzarme y no ser rechazado.

Me acomodé en el sofá abriendo las piernas y rozando una con la de él. Al simple roce de nuestras piernas se sobresaltó y me miró.

Lo miré moviendo mis ojos con un pestañeo lento y una mirada penetrante llena de deseo. Me miró y fue ahí cuando me erguí de nuevo y me acerqué a él lentamente y mirándolo fijamente mientras comencé a rozar mi nariz levemente contra su mejilla.

Le di un beso y me aparté un poco mirándolo sensualmente con cara llena de deseo. El solo me miró a los ojos, luego bajó su mirada hasta mi mano que se acercaba lentamente a su mejilla y me miró a los ojos de nuevo con cara deseosa y mi dedo gordo comenzó a rozarle aquella carnosidad rosada que me tenía loco.

- Parece que nos colaron lo que no era ¿hm?... voy a tener que tener mas cuidado con lo que descargo por Internet... o me saldrá una porno... como esta.

Sus ojos se fijaban en mi boca que se humedecía con mi lengua y luego sonreían.

Lo miraba fijamente mientras los gemidos de aquella chica llamaban la atención de Muerte que me volvía a mirar tragando la saliva.

- Será mejor que lo apague ya... ¿o quieres ver la película todavía?

Abrió la boca sin saber que decir ya que los gemidos de aquella película lo estaban distrayendo sin parar.


Veía su bulto aumentar de tamaño y fue cuando decidí empezar a incitarlo.

Acerqué mi mano a su miembro latiente y comencé a masajearlo levemente por encima de la ropa.

Me miró y yo acerqué mi cara hasta dejarla a centímetros.


Quizás la mejor acción ahora era ir despacio y con cautela tocando poco a poco y ver como reaccionaba a ello, si reaccionaba bien continuaría...

Y si no...

¡Lo violaba y punto!


Mi mano empezó a acelerar los movimientos y sus gemidos comenzaron a sonar como música celestial para mis oídos. Por fin después de tanto se estaba dejando llevar por mí.


Acerqué mi boca y lo besé lentamente y el correspondió a aquellos impulsos.

- Hagámoslo en cama...


Me emocioné al escuchar sus palabras diciéndome eso. Me emocioné de más y no dudé en dejar todo, apartar todo de mi camino y llevarlo a toda prisa al cuarto para hacerlo mío de una vez.

Cuando pasamos el umbral de la puerta me di la vuelta y lo abracé a mí besándolo sin parar y desnudándolo tan rápido como me daban las manos. Él también me ayudó a desvestirme quedándonos como dios nos trajo al mundo.

Cuando me acerqué para abrir la cama, arranqué de cuajo las prendas dejando solo la bajera donde nos lanzamos los dos. Muerte se sentó y se apresuró a tumbarse mientras yo subía e impulsándome con la rodilla quedaba entre sus piernas atrapado.

- Por favor sé gentil... es mi primera vez...

Me suplicaba pidiendo clemencia y rogándome que fuera delicado. Y quería serlo, ¿pero en realidad llegaría a ser delicado de verdad? estaba deseoso de más y solo mis instintos respondían por mí.

Nos besábamos y revolcábamos en aquella cama turnándonos las posiciones mientras yo pensaba donde estaba la vaselina para hacer menos dolorosa su primera vez.

Me senté en mis rodillas de una y alargué el brazo hasta la mesilla. Agarré la vaselina con mis dedos y me dispuse a masajearle la entrada.

- Te lo haré sin preservativo... estoy demasiado ansioso como para poder ponerlo...- decía dándole besos por toda la cara mientras mi dedo índice se habría paso entre sus paredes estrechas con un dedo, las expresiones de mi amada flor eran de molestia- hm... vamos cariño... verás como pronto te empieza a gustar....

Le besé en la mejilla lentamente y masajeaba haciendo círculos.

Aquellas expresiones mientras cerraba los ojos y fruncía el ceño me hacían regocijarme del inminente desahogo que sentiría al hacerlo sin parar esa noche. Por fin después de tanto podría mostrarle cuanto lo amaba.

No dejé de atender su boca mientras sentía esa nueva experiencia entrando en un recoveco desconocido, descubriendo miles de sensaciones nuevas. Mi otra mano comenzó a acariciarle su prominente y latiente miembro mientras tanto.

Jamás me había encontrado tan ansioso como en ese momento. Todo estaba saliendo según el plan y ya saboreaba la victoria antes de siquiera probarla.

Ya había metido el segundo dedo cuando un ruido molesto comenzó a escucharse en aquel apartamento. El sonido de mi móvil.

Traté de ignorarlo, sabía quien era y hacía todo lo posible porque Muerte no lo escuchase ni me preguntase o me dijese que cogiera el teléfono.

Pero resultó ser tan insistente que al final lo escuchó.

- Jae.. ah... te .... llaman...- decía entre gemidos.


¿Por qué parecía que la vida me quería joder, literalmente? Me negaba a cogerlo....


Otra vez sonó la llamada y seguí ignorándola ya metiendo tres dedos en su entrada y notando como clavaba sus uñas en la carne de mi espalda.

- Jae...quizás es algo urgente...

Hacía caso omiso hasta de lo que Muerte me decía tapándole la boca con mis labios y besándolo sin parar hasta que cansado de intentar articular palabra empezó a empujarme y a gritarme.

- ¡Quieres coger el jodido teléfono de una santa vez! ¡No quiero estar follando y que el puto teléfono me raye la cabeza!... ¡haz el favor!....


Resoplando saqué mis dedos de la entrada de mi niño y pillando el teléfono me fui a la cocina. No quería que me escuchase gritarle al mal nacido de mi jefe.

Llegué con mi erección a la cocina y descolgué respondiendo con un "¿Sí?" muy cabreado.

Pero no se escuchaba nada. Así que colgué.

Pero volvió a sonar y descolgué al instante.

-Oye jodido maníaco... ¡deja de joderme la noche!... como vuelvas a llamar te denuncio a la policía por acoso sexual, así que tu verás....

Seguía estando en silencio todo y volví a colgar.


Fui con mi móvil al cuarto de nuevo viendo como muerte se había posicionado con la cabeza en la almohada y dejando mi móvil en la mesilla volví a lo que había dejado hacía unos minutos.

Pero la excitación de Muerte casi había desaparecido.

Lo miré y él a mí y sentí como el corazón se me encogía. Esa mirada me suplicaba que lo dejase correr, que no lo excitase. Se movió a un lado con expresión de dolor y con una mirada de pena.

- ¿No quieres hacerlo verdad?...

Me miró a los ojos y negó.

- Lo siento... a veces pienso que solo me ves como un agujero... Jaejoong... cuando aquella vez me dijiste que me querías pude ver como tu deseo por mí no era sólo carnal... pude ver como esos ojos me suplicaban que lo amase de aquella forma tan ferviente que me hizo tomar la decisión de intentarlo.... pero tu solo piensas en sexo... no todo es eso...

Se me bajó la erección de golpe.

- Creo que deberíamos dejarnos de ver por un tiempo... para que te aclares y pienses si de verdad me quieres como decías o sólo era una obsesión por mí... creo que es lo que mejor podemos hacer ambos antes de que esto vaya a más...

¿Estaba rompiendo conmigo?....

Como podía yo, con tantos años que lo había idolatrado. Desde que lo vi sentí que me había enamorado de él.

Pero y si... fuera verdad...

¿Y si me había obsesionado con él durante tantos años sin verlo?

No podía dejar de recordar la primera reacción que había tenido nada más encontrármelo. Estaba dispuesto a secuestrarlo incluso en esas condiciones y no había pensado últimamente nada más que en satisfacer mis deseos sexuales, o más bien mi frustración sexual que no llegaba a culminarse...

Me acarició la cara para devolverme a la realidad, ya que como me conocía bastante bien, cuando pensaba las cosas me dirigía a un lugar recóndito de mi mente y allí en silencio meditaba totalmente ido.

Se acercó a mí y me dio un beso dulce en los labios

- Te amo Jaejoong... me he enamorado de ti de verdad... y es por eso mismo que necesitas meditar... quiero pensar por una vez que alguien me ama de verdad... medita por favor... pero ahora no... ahora estén conmigo... disfrutemos mientras todavía estamos juntos...

Tiró de mí y me abracé a él. Me besó la cara y yo cerré los ojos sintiendo sus labios.

Claro que lo quería, pero no estaba seguro si lo amaba.... y él me dijera amar.

Un verbo tan corto, pero tan grande en significado que "querer" no era ni la mitad de fuerte que el significado que tenía para mí "amar".


Apagó la luz de la mesilla y nos tapamos ambos desnudos bajo aquellas sábanas negras.

Seguimos abrazados y besándonos sin parar hasta que mi amada Muerte cayó rendido a los encantos de Morfeo.


Miré al vacío mientras meditaba, era incapaz de dormirme. Solo podía pensar una y otra vez si de verdad lo amaba, si de verdad estaba dispuesto a amarlo como él me amaba a mí.

Se había convertido en una obsesión sexual que no lograba sucumbir y eso me había estado obcecado desde el primer momento.

Me sentía avergonzado por mi comportamiento y a decir verdad, necesitaba alejarme de él para aclarar mis sentimientos. Para saber si de verdad tenía esa capacidad de amar y si era más importante que el simple sexo que solo parecía ocupar mis pensamientos.

Entonces un sonido leve me desconcentró. Era el móvil. Me había llegado un mensaje.

Estiré el brazo para además sacarle el volumen y vi un menaje del móvil del Señor Kim, el móvil de su padre pero que parecía que su hijo acaparaba.

Le di a abrir el mensaje y lo leí.

"No sabes lo duro que es amar y no ser correspondido. No sé expresar mis sentimientos de otra manera, pero créeme cuando te digo que eres especial... siento que parezcas un objeto sexual... pero solo sé demostrar mi amor por alguien acosándolo... Espero que algún día puedas comprenderlo... Te amo..."

Ese mensaje me hizo sentir hundido. Lo peor de todo era que lo comprendía perfectamente. Mi comportamiento con Muerte, no difería mucho de su comportamiento conmigo... No éramos tan diferentes.


Me pasé toda la noche en vela mirando a mi chico y recordando ese momento para meditar el resto de días que pasaría sin él.

Debía recapacitar y meditarlo todo, antes que como bien dijo mi Muerte.... las cosas fueran a peor.

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