Rosa de invierno. Cap. 12

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Habían pasado semanas después de que Muerte decidiera romper la relación o como el dijera pararla momentáneamente.

Lo peor no era sólo el estar separados, tampoco podía llamarlo ya que el móvil lo había apagado y me era completamente imposible volver a contactarlo.

Quería ir a verlo a su casa, pero fue ahí cuando me di cuenta de que no me había interesado sobre su alrededor, ni familia, ni siquiera sabía donde vivía su abuela. Y otra vez más me había quedado sin saber su verdadero nombre.

Lo dí por hecho, seguí llamándole Muerte sin darme cuenta de que jamás me había interesado en saber su nombre real. No me había parado a pensar que eso era lo mínimo que se requería para conocer a la otra persona.

A la persona que amaba e idolatraba tanto, que solo usé como un objeto. Sin siquiera importarme lo más mínimo las cosas insignificantes.

¿Que había pasado conmigo?

¿Donde estaba ese ser poético que veía a su linda flor como su musa que hacía inspirarle y crear las más bellas melodías?


Me sentía como ser absorbido por el placer carnal que había ocupado mi cuerpo, me sentía sucio.


Aunque me lavase sin parar la piel podía oler ese olor de miseria que me acaparaba. Estaba derrumbado psicológicamente de nuevo. Me había encontrado con mi primer amor por segunda vez, dándome la vida otra oportunidad que poco a poco fui echando a perder.

Pero de que serviría lamentarse ahora ya que lo único que conseguía era darme cuenta de cuan miserable y desgraciado me había vuelto.

No había sido nada consciente de hasta que punto había humillado a mi preciosa rosa, esa rosa que me tenía apartado de su lado ahora.


Estuve lamentándome de mi suerte durante tiempo. Solo, incluso parecía que mi jefe se compadeciera de mí al estar sin aparecer durante todo ese tiempo.

Aprovechara a cambiarme el móvil y tener otro en el cual nadie me estuviera acosando. Solo a mis tutores, mi tío y mi tía; y mi dulce y amada Muerte estaban en mi móvil nuevo.

Durante un tiempo estuve mandándole mensajes pero no recibía respuesta y aunque quisiera llamarlo desde otro móvil desconocido para él ese teléfono seguía apagado.

No sabía que hacer, se me pasaron mil y una cosas, cada una más cobarde y más absurda que la anterior. Solo tendría que hacer como me dijo él, recapacitar y pensar que era realmente lo que yo quería.

Y lo tenía claro, lo amaba a él...


Me había acostumbrado a ir a correr casi todos los días y me hacía despejarme y olvidar momentáneamente, mucho mejor que el alcohol, ya que no tendría resaca al día siguiente. También dejé de fumar y trataba de dormir lo más posible sin ayuda de ningún medicamento.

Costaba pero tendría que esperar a que fuese Muerte el que decidiera aparecerse en mi vida.

Y si jamás se aparecía, tendría que intentar dar con alguien que fuese una cuarta parte de su reemplazo. Ya que me sentía incapaz de querer o incluso amar como amaba a mi muerte.


Corría entre la zona peatonal al borde del río Han y escuchaba la radio mejor que mi propia respiración.

Cuando ya estaba cerca de mi límite paraba a estirar mis piernas y brazos y luego tranquilamente iba a andar.


Esa era mi rutina cada vez que iba a correr. Pero ese día era el sábado anterior a noche buena. Debía hacer compras para mis tíos y para el regalo de cumpleaños de mi Muerte.

Aunque no lo había visto en todo ese tiempo, quería hacerle el mejor regalo del mundo. Tenía algo entre manos preparándose desde hacía tiempo, sólo que al final cambié mi idea para dárselo a el. Tenía todo más que listo ya que había ahorrado el dinero suficiente para ello. Lo gótico le encantaba por lo que estaba dispuesto a satisfacer aquel deseo que un día sin darse cuenta me había contado.

Había estado redecorando un piso para él y su abuela. Un piso que había heredado mi padre y mi tío cuando mis abuelos murieran años atrás, al morir mi padre parte de la herencia me había pasado a mí también por lo que compartía mitad del piso, más poseía el piso donde vivía como legado de mis padres al morir cuando tenía 17 años. Ese piso compartido con mi tío era un piso viejo, lleno de humedades y como mi tutor no sabía que hacer con él me había dado la llave en una caja ya que él poseía demasiados terrenos y yo sólo un piso pequeño y antiguo en el centro.

Otra cosa que no le había contado a Muerte, pero ahora tenía una razón para demostrarle cuanto lo quería y que estaba dispuesto a hacer sin reparo alguno.


Cuando terminé las compras me dirigí andando hacia ese piso y continué pintando lo que sería la habitación principal.

Se basaba en básicamente colores violetas, blancos, negros y algunos rojos. Los muebles estarían a punto de llegar ya que los tenía encargados.

Dejé mi móvil en una silla mientras terminaba de hacerle dibujos en las paredes con pintura que de noche brillaría haciendo que su habitación fuese un cielo estrellado.

No veía el momento de regalarle aquel piso con todo mi amor por su cumpleaños el 1 de Enero.



Me pasé el fin de semana pintando y esperaba que Muerte al menos se pusiera en contacto conmigo, pero jamás llamó.



El lunes de la resaca de pintar volví a lo mío. Mi jefe seguía dándome tregua y no me molestaba desde hacía casi el mismo tiempo que Muerte se había ido de mi vida. Por lo que pude concentrarme en mi trabajo de nuevo, dando buenos resultados y centrándome al máximo.

Necesitaba aquella tranquilidad o acabaría haciendo una locura de la que luego podría arrepentirme.


En las navidades todo el mundo era feliz, todo el mundo tenía una sonrisa en los labios menos yo. Me apartara de la gente y apenas trataba con mis compañeros en el trabajo. Incluso el Gerente Señor Kim se preocupaba por mí animándome e invitándome a su casa a comer para Noche buena, pero no podía, además de tener a mis tutores no quería encontrarme con su hijo y poder tener un escarceo o desliz por falta de mismos y atención que el estaba muy dispuesto a darme.

Pero yo no quería en absoluto.

No pasaba un instante en que no recordase su cara, su voz y todo su ser, sonriéndome, abrazándome, mirándome a los ojos y sobretodo amándome. Algo de lo que yo había olvidado ofrecerle y darle incondicionalmente.


El martes siguiente empezara como un día normal. Papeleo y más papeleo, café y más papeleo.

Estaba con mi chaqueta puesta sentado en mi despacho mirando las cuentas y todo el dinero que se movía en aquella empresa mientras tenía un café calentito en la mesa con dos donuts rellenos de chocolate a los que iba dando mordisquitos poco a poco.

Ahí fue cuando la puerta se abrió y el niño mal criado entró por aquella puerta dejando su abrigo en el perchero y entrando con las gafas de sol que llevaba siempre todo sonriente.

¿Que tenía de bueno un martes?...

Se acercó saludándome con una voz algo extraña y lo miré para saludarle y darle una reverencia.

Me hizo un movimiento con las manos como diciendo que me dejase de formalidades y que me sentase.

Así lo hice y luego vi como se sentaba enfrente de mí y sonreía cruzando las piernas y apoyando su codo en la mesa mientras apoyaba su cabeza en su mano.

- Tengo una proposición indecente que comentarte...

Antes de que siguiera hablando lo corté educadamente e hice como que no lo escuchaba. Sentí como sus ojos inquisidores me fulminaban y continuó.

- ... ¿que te parece si esta navidad la pasamos tu y yo juntitos al calor de una hoguera?

Hice como que no lo escuché y acto seguido vi sus manos apoyándose encima de mis papeles notando un silbido llamando mi atención.

Levanté la mirada y lo vi sonriendo y mostrándome los dientes.

- Lo siento señor ya tengo planes...

Intentaba sacar sus manos de mis asuntos y que me dejase continuar con el trabajo tranquilamente pero se levantó y vino detrás de mí comenzando a darme un mensaje en mis hombros.

- Hm... Estás muy tenso... necesitas que te liberen un poco la tensión acumulada...- sentí como se ponía encima de mí y bajaba olisqueando mi pelo llegando a mi oreja- ¿quieres que te la chupe?

Al momento de decirme eso se me subieron los colores, con eses labios, solo imaginármelo me empezaba a poner duro. Pero no lo permitiría.

Tanta abstinencia sexual me estaban afectando demasiado. Me negaba a que esa persona que sólo me veía como un objeto me tocase o intentase hacer algo con mi cuerpo fuera de la manera que fuera. Por lo que aparté sus manos de mis hombros y continué con lo mío.

Noté un quejido procedente de su nariz y como andaba de vuelta a la silla, apoyó sus manos en el respaldo y me miró callado.

- No sé a quien piensas engañar.... no estás bien... y yo estoy preocupado... fuera quien fuese esa persona no me hace gracia que estés tan absorto en esa idea que tienes y en darme de lado por que piensas que solo te quiero como un objeto... si ese chico le hubieras importado un mínimo no sólo se molestaría en recibir sino en dar.

Hizo una pausa, esas palabras estaban haciendo daño en mi cerebro y mis pensamientos. Era verdad que el único que estuviera insistiendo con las cosas fuera yo mismo.

Yo lo achacaba al hecho de que era su primera vez y quería probar con un chico, pero tantos meses solo recibiendo lo mínimo, siendo una relación donde solo daba yo, pero recibía poco a cambio, no me parecía nada justo y era Kim Junsu, el obseso con acosarme sexualmente que me estaba haciendo tener otra visión.

¿Pero cómo sabía eso?

- ¿Cómo lo sé?... no hace falta ser un genio para darse cuenta y sobretodo cuando tengo gente q pincha tu teléfono...- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Por un momento esa pose me resultó conocida, esa sonrisa era demasiado evidente. Pero era imposible.

Lo miré levantando una ceja y suspiré frunciendo el ceño.

- Acaso no es verdad lo que dije. Ese tal... Muerte al que llamas no te quiere... lo que quiere es tener un perrito faldero que le vayan detrás. ¿Acaso por ser albino tiene que ser especial? ¿Qué le hace especial, el no tener pigmento?... es una persona normal y corriente como todo el mundo...

Definitivamente no podría ser lo que se me había pasado por la cabeza, una persona así de arrogante y sin corazón no podría ser. Pero tenía parecido, ahora que me fijaba más y no tenía la vista tan nublada, de verdad se parecía a alguien.

- Vamos... o me dirás que no te llamaba la atención porque era paliducho y de pelo blanco y ojos grises como todos los albinos... me dan asco... no sé como pudiste estar con una persona que no es ni persona, es un cubito de hielo.

Se estaba pasando, que me importaba a mí que no le gustasen los albinos. Mi Muerte era mi elección y la de nadie más y menos él que nadie debería de opinar o siquiera mencionarlo. Estaba llegando a cabrearme.

Insistía en lo asqueroso que eran ese tipo de personas delante de mí y yo ya no tenía fuerzas para intentar fingir que no le escuchaba.

Me levanté con rapidez y fuerza haciendo que la silla se echase para atrás y chocase con la estantería llamando su atención mientras apoyaba mis manos sobre el escritorio y lo miraba.

- Puede criticarme, decirme lo que sea a mí, pero jamás... JAMÁS permitiré que usted ni nadie se meta con mis gustos y menos con la persona que amo. Usted no es nada, no vale nada y como siga acosándome lo demandaré y no solo eso, dejaré que se queden con sus cuentas y que se las arreglen solos sin mí, estoy harto de escucharle señor, por favor déjeme hacer mi trabajo, rendir como un empleado y sobretodo deje de tocarme o acecharme o me veré en la obligación de presentar una demanda por acoso sexual...

Me había impuesto a mi jefe que había cambiado la expresión a una más seria. Si quería provocarme lo encontraría. No tenía nada que perder. Si me tenía que ir del trabajo me iría y sin problemas.

Sin decir nada se giró completamente y se fue por la puerta. Estaba seguro que no tenía ningún argumento al respecto por lo que había decidido abandonar momentáneamente el enfrentamiento.



Al día siguiente me esperaba que apareciese temprano ya que de normal si estaba allí una de las razones era el acoso a mi persona. Pero no apareció en toda la mañana.



Había sido un día de locura y me encontraba exhausto cuando hice el paro para comer. Era curioso encontrar que ahora prácticamente todo el mundo en la empresa se dedicaba a irse a sus casas a comer por lo que prácticamente estaba casi solo en toda la nave.

Calentara mi ramen en el microondas y me dispuse a comerlo en la encimera mientras buscaba algún condimento que echarle.

Estaba tan absorto en comer que no noté como cierta persona hacía acto de presencia en el lugar, tan silenciosamente que se puso detrás de mí y se fue pegando lentamente hasta atraparme entre la encimera y él.

Noté como olía mi pelo y como sus manos subían por mi cintura hasta llegar a mi pecho.

- Jaejoong... quiero hacértelo aquí... de esta manera... abre solo tus piernas y déjate llevar ya verás que rico te sabe.

Eses manoseos me pusieron colorado de la otra vez voz extraña de mi jefe. Además de no contar con ello en esos momentos sentí como un bulto se notaba apretando mis muslos.

Bajé la cabeza colorado y medio respondí a su agarre. Pronto empezó a besarme el cuello y a adentrar una de sus manos en el pantalón agarrando mi miembro deliberadamente.

No, yo no quería estar con él. Pero me sentía tan débil, tan incapaz de pararlo, ya que quería sentir placer y ser embaucado por el, estaba tan necesitado por cariño y afecto de mi Muerte que me sentía desdichado y tenía la cabeza tan liada que ya no sabía que pensar de todo lo sucedido.

- Hazlo de una vez y hazlo pronto... no quiero que me vuelvas a molestar nunca más- decía entre sollozos que intentaba esconder entre mis palabras.

Me siguió besando y comencé a sentirme asqueroso. ¿Por qué no lo paraba de una vez? Me había pillado con las defensas bajas del todo y sin ganas de siquiera defender mi virginidad que sería arrebatada por alguien cruel e insensible.

Su mano no dejó de toquetearme y la otra se detuvo en mis pantalones, lo desabrocharon y lo bajaron junto con mi calzoncillo al mismo tiempo.

No podía más, no aguantaba. Comencé a llorar.


Sus dedos se adentraran dentro de mí y me masajeaban la zona como yo había ya intentado con Muerte.

Mordía mis labios para no soltar ningún quejido que pudiese notar como gemido y emocionarse más de lo que ya estaba al tener mi miembro tenso completamente.

- Por favor... no lo hagas... Junsu...

Susurraba para mí una y otra vez hasta que terminé alzando la voz y forcejeando para que me dejase tranquilo.

- ¡No... no, no!... sólo sería capaz de dejar a uno,  ese es mi Muerte.... si me tienen que desvirgar, que sea él.... por favor... no lo hagas...

Siguió a lo suyo hasta que me pidió que repitiera lo que acababa de decir.

- No lo hagas por favor...

Refunfuñó y me giró la cara para mirarme a los ojos de nuevo con aquellas gafas.

- No... Repite la frase entera que acabas de decir.

Lo miré sin entender nada y medio temblando accedí a repetirla mientras veía a través de sus gafas su expresión.

- No lo hagas Junsu... si tiene que desvirgarme alguien que sea mi Muerte...

Se apartó y me dejó solo en la encimera.

Cuando lo vi apartarse noté como era momento de escapar antes que la tormenta estallase, Pero no me veía capaz de largarme pitando y me apoyé en la encimera volviendo a cubrir mi desnudez.

Miré al suelo sollozando y este mismo comenzó a hablar.

- Se supone que no eras virgen... ¿desde cuando has mentido?... ¿que pretendías acaso?


No entendía eses reproches que el Señor Junsu me daba, que tenía que ver la virginidad cuando estaba a punto de darme completamente a él y me negué.

Estaba descolocado.

-Tu no sabes como se siente, ni sabes lo que duele, incluso no sabes nada ni te das cuenta de nada... ya sé lo que necesitaba saber... me lo has dejado claro todo.

Seguía sin comprender porqué hablaba así... ¿acaso no sería para él un sueño desvirgar el culo de alguien del que estaba completamente obsesionado?

Se fue a la mesa y se apoyó por un momento corto de pié. Se sentó en la silla y puso so brazo encima de la mensa mientras se quedaba mirando a la puerta. Estaba ido.

Lo miré extrañado y no sabía que hacer. ¿Por qué estaba tan afectado?...


Nos quedamos en silencio durante un tiempo mientras era incapaz de sacar mí vista de encima de él. Pude ver como una lágrima se deslizaba por su mejilla y mi corazón dio un vuelco. Seguía con una mirada fría y fija en la puerta.

¿Por qué sentía pena?... pero... ¿Que le pasaba?


Me acerqué sigilosamente a él y le toqué el brazo intentando saber que le ocurría.

Al instante de sentir mi toque me apartó y se levantó de espaldas a mí. Apoyó una de sus manos en la pared y me fui acercando lentamente para intentar comprenderlo. Ese no parecía mi jefe para nada...

- No te acerques...- paré de golpe- quizás no entiendas el porqué de mis actos o el porqué de todo... pero no aguanto más... me has demostrado todo lo que tenía que saber. Desde el detalle más mínimo y yo soy un cerdo por solo saber desconfiar... desconfiar de la única persona que me ha amado de verdad durante tanto tiempo... pero tenía que saber si solo era obsesión... Jae... tenía que saberlo...

Fruncí mi ceño, esa voz... era demasiado evidente...

Hizo un movimiento dejando sus gafas en el bolsillo superior de su chaqueta y se escuchó como si algo se despegase de su cara posteriormente.

Vi como tiraba algo al suelo, algo color carne... ¿Prótesis?... ¿una nariz falsa?...

Y mirándolo a él como estaba de espaldas... mi respiración empezó a agitarse y un sentimiento de furia crecía dentro de mí.

- ¿Saber el qué señor?

Se sacó la chaqueta y se arrancó prácticamente la camisa que llevaba puesta, revelando aquella piel color nieve ocultada bajo la ropa y el contraste con la que me mostraba, con pigmento... ¿Maquillaje?

De nuevo esa pose, ese trasero ahora más visible que antes; y todo su cuerpo me hacían darme cuenta de quien era esa persona. Me había estado engañando durante tanto tiempo...

Se giró mientras fue tirando de su pelo revelándome su verdadera forma, su verdadero ser. El ser que había amado durante tanto tiempo, que se presentaba delante de mí con una falsa identidad casi diariamente y que ahora el cobarde no podía fingir más.

Mi muerte se reveló ante mis ojos destapando lo que había sido quizás el mejor papel de su vida.

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