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Arualthings

Seventh Heaven cap 7

¿Y su corazón?


Si había algo que amaba, era estar plantado en ese lugar. No le importaba ser un parásito para el otro mientras pudiera verlo. Porque amaba todo en él, aún sin siquiera conocerlo en profundidad. Él prefería ignorar ese tipo de planteamientos y simplemente disfrutar de los sentimientos que nacían en su corazón; de desvivirse para sacarle una sonrisa, de molestarlo para verle enojado, de insistirle hasta sacarle algo de su historia. Por eso y por una infinidad de cosas más, amaba a KiBum.

Esa mañana, como tantas otras, apenas se había visto desocupado de los deberes que le encomendaba su padre, fue rumbo hacia Seventh Heaven para verlo. Iba con una chaqueta negra; una que KiBum encontró bonita una vez y desde entonces era su favorita. Entró al edificio y se encontró con la sorpresa de que KiBum aún estaba solo.

- Buenos días Bumie. ¿Mi amigo SiWon aún no llega?- apenas lo vio, KiBum le puso mala cara, pero a él no le importaba verlo enojado mientras pudiera verlo.

- Ya te dije que…-

- No es mi amigo, es tu amigo. ¿Pero por qué no puede ser mi amigo también?- el recepcionista no contestó – Él nunca se ha quejado por llamarlo así…-

- Eso es porque a SiWon le causa gracia todas tus tonterías- aclaró cortante, mirándolo directamente a los ojos.

- Te levantaste de mal humor parece…- sentenció, levantando una ceja.

- Mira, hoy tengo mucho trabajo y no puedo perder el tiempo discutiendo contigo, a si que mejor vete…-

- ¡No! No te molestaré, te lo juro. Me quedaré quitecito aquí y sólo te observaré y no abriré mi bocota- estaba completamente decidido a pasar todo el resto del día haciendo compañía a ese hermoso muchacho pues, estaba seguro, aunque no lo dijera KiBum se sentía solo.

-… como quieras…- y esa era su prueba más poderosa.

En ese momento, KiBum saludó a una persona que venía entrando por la puerta principal. No pasó por la recepción, a si que DongHae asumió que era un trabajador o algo por el estilo. No se molestó en voltear a ver quien era, pero lo vio cuando se encaminaba en el pasillo.


Esa forma de caminar…


… ese cabello… ese estilo…


No. No podía ser.


- ¿¡YunHo!?- preguntó completamente sorprendido. Era él, definitivamente; ese amigo a quien, con dolor, tuvo que dejar atrás cuando se mudó a Seúl y a quien volvía a encontrar luego de años.

- ¿DongHae?- pregunto en castaño algo dudoso al verlo, pero la enorme sonrisa que se dibujó en su rostro, lo convenció completamente de su identidad.

- ¡¡YUNHO!!- se olvido de mochila y de recepcionista, para correr hacia ese viejo amigo. Saltó sobre él y lo abrazó con fuerza, demasiado feliz para expresar palabra alguna.

- ¡DongHae! ¡No puedo creerlo! Pensé que nunca te volvería a ver- YunHo también se aferró fuertemente al moreno y apretó los ojos de tanta emoción.

- YunHo, YunHo… dios YunHo… no sabes cuanto te extrañé-

Obviamente, KiBum no entendía absolutamente nada de lo que pasaba, quedando completamente fuera del cuadro que esos dos presentaban. Se sintió un poco intimidado, por lo que se adentro a una pequeña sala, donde SiWon y él dejaban sus cosas.

- DongHae, me alegra tanto verte… ¿Pero, que haces aquí?- se alejó un poco de él para verse frente a frente.

- Vine a…- apuntó hacia atrás pero no dijo nada – bueno, ya tendré tiempo para contarte, ¿Y tú, qué haces aquí?-

- Trabajo aquí- respondió con simpleza.

- ¿¡Qué!? Cómo… ¿Aquí?… ¿Aquí, aquí?- el moreno apuntaba el reluciente piso del spa.

- Si- observándolo, YunHo se había dado cuenta que su amigo no había cambiado nada. Aún tenía una mirada brillante y llena de vida, esa sonrisa tan especial y esa expresión de inocencia que lo hacía tan atractivo. – YooRi y yo nos mudamos aquí…-

- ¿¡YooRi también esta aquí!?- preguntó aún más sorprendido y alegre

- Por ella estoy aquí. Ganó una beca para estudiar en el instituto de Seúl a si que nos vinimos a vivir aquí-

- ¿Y cómo lo hiciste para traerte al viejo Jung de su madriguera en la costa?- la sonrisa de YunHo desapareció al instante. DongHae de inmediato comprendió – Oh, lo siento YunHo. Pensé…-

- Está bien, no tenías porque saber- de pronto se dio cuenta que aún no había hecho acto de presencia ante su jefe – DongHae, tengo que ir a la oficina de mi jefe…-

- ¡Te acompaño!-

Cuando el recepcioncita salió se encontró con que ni el masajista ni su fan estaban en el lugar. Sintió de pronto que había demasiado silencio, que necesitaba quien le estuviera hablando constantemente para no tener que oír sus propios pensamientos.



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JunSu miraba el paisaje que pasaba por fuera del vehículo de su suegro, preguntándose qué buscaría el señor Park de él esta vez. No tuvo que esperar mucho hasta averiguarlo:

- JunSu…- el aludido miró al hombre mayor - ¿Amas a mi hijo, no?- esa pregunta lo tomó por sorpresa, pero aún así asintió. El señor Park dio un largo suspiro – Supe que habían roto de nuevo…-

- Oh si, pero ya todo se solucionó señor- el hombre lo miró con esos ojos felinos, tan o más penetrantes que los de YooChun.

- ¿Podría saber el motivo?- JunSu lo pensó un poco antes de responder. Sabía perfectamente que la relación de Micky con su padre era absolutamente nefasta, por lo que creyó que de alguna forma lo comprendería. Sin darse cuenta, le dio a su suegro una gran explicación de cómo y por qué su hijo y él habían terminado, haciendo énfasis en las cosas JunSu le había hecho entender que debía cambiar. Luego de desahogarse, espero pacientemente a que aquel hombre diera su veredicto.

- U… ¿Usted que piensa?- su interlocutor volvió suspirar.

- Mi hijo es un idiota…- fue lo primero que salió de su boca - … me crítica y me acusa de errores que él mismo comete constantemente. No es responsable, ni tampoco es considerado con la gente que vive a su alrededor; aunque lo hace sin intención, lo que lo hace una buena persona al fin y al cabo- el delfín asintió, dándole la razón a su suegro – Eso ha sido siempre así. Desde pequeño a tenido siempre la misma personalidad… llegamos- el castaño giró hacia la ventana encontrándose frente al edificio de Seventh Heaven.

- Nos vemos señor…- dispuesto a salir, abrió la puerta del automóvil

- JunSu. ¿Amas a YooChun?- giró hacia el señor Park con la sorpresa marcando su rostro

- Ya se lo dije…-

- ¿Cómo puedes decir semejante mentira, si ni siquiera lo aceptas tal y como es?- cerró la puerta y el auto partió, dejando al dermatólogo completamente hundido en sus pensamientos.



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Avanzó por los pasillos del spa completamente perdido en sus ensueños hasta llegar su lugar de trabajo. Se sentó en la primera silla que vio completamente anonadado. Su compañero no se dio cuenta de su presencia hasta que se lo encontró de estorbo en el camino.

- ¿¡SiWon!?- preguntó el moreno - ¿Cuándo llegaste?- el alto no respondió, miraba hacia un punto del espacio con la cabeza algo ladeada, con la sorpresa marcando su rostro. - ¿SiWon? ¿SiWon, estás bien?- se estaba asustando al ver la expresión de su amigo

- Bumie…- lo nombró en un hilo de voz

- SiWon, ¿Qué paso?- expectante esperaba la respuesta de Choi, que tardo un siglo en llegar.

- ¿Puedes… puedes revisar mi bolso y ver si hay una caja negra de este tamaño?- con sus manos indicó el tamaño y Kim obedeció a su petición. Revisó su bolso por todos lados buscando dicho elemento, sin éxito.

- SiWi, no lo veo…-

- … ¿No está?- su voz cada vez era menos audible.

- No…- miró a su compañero con curiosidad, observando como poco a poco una enorme sonrisa se expandía en su cara, tocando sus labios con sus dedos.

- Estonces… fue real…- susurró.

- ¿Qué?- precipitadamente, SiWon se levantó de la silla y salió corriendo a toda velocidad. KiBum se sorprendió al principio, pero sin importarle trabajo ni responsabilidad, siguió al alto a donde sea que se dirigía.

Corrieron por los pasillos y bajaron unos pocos escalones hasta llega a la piscina techada. Al llegar, SiWon comenzó a buscar desesperadamente a su mejor amigo, gritando su nombre una y otra vez. Vestido con traje de baño, HanGeng apareció ante los intrusos con una notoria expresión de sorpresa. Al verlo, SiWon corrió hacia él y lo rodeo con sus brazos, apretándolo muy fuerte.

- ¡Te quiero, te quiero!- ni KiBum y HanGeng entendían qué pasaba salvo una cosa: algo había pasado, que había vuelto a Choi SiWon inmensamente feliz.

Corrió y saltó por todo el lugar, dándole las gracias una y otra vez a cada uno, abrazándolos efusivamente y sonriendo a todo lo que sus mejillas daban, dándole un toque muy encantador.

- ¿Algún día nos vas a explicar qué pasa?- preguntó KiBum un tanto mareado de las vuelta que daba el alto alrededor de ellos.

- Yo… voy a intentarlo- los otros dos abrieron los ojos con sorpresa – Ustedes tienen razón. No puedo rendirme si no lo he intentado. Yo… quiero ser el príncipe de Cinderella-



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Por otro lado del spa, cierto pelirrojo alistaba todo lo necesario para empezar una nueva ola de trabajos. Sabía que en la tarde el lugar era muchísimo más concurrido, por lo que ni había comenzado y ya se sentía cansado. Tomó una toalla para guardarla en su sitio, cuando en su campo de visión entró esa figura. Sin poder evitarlo, sus ojos se concentraron en ella y sonrió enternecido recordando todo lo que ese dragón representaba para él, así como también en aquel hombre tan hermoso que lo había comprado para él.

- Te ves horrible, ¿Tan cansado estás?-

- ¿Nos extrañaste Chul ah?- HeeChul giró su cabeza de forma brusca hacia la puerta, sin poder creer lo que escuchaba

- ¡KANGIN! ¡TEUKIE!- el estilista ya no podía estar más feliz. Corrió hacia sus amigos y los abrazó – Los extrañé tanto-

- También te extrañamos Chul- respondió LeeTeuk – Te extrañamos mucho- se soltaron los tres del abrazo e inmediatamente la pareja notó el estado en el que se encontraba HeeChul.

- Chul ah…- dijo KangIn muy preocupado – Estas muy cansado, ¿Verdad?- el aludido rápidamente se acomodó la ropa y el cabello.

- ¿De que estas hablando vaquita? Parece que te olvidas quien soy yo…- y ahí iba otra vez, todo ese despliegue de personalidad que su primo amaba y odiaba a la vez – Kim HeeChul podría atender millones de clientes con una sola mano sin siquiera inmutarse. Mis dotes ayudaron a que esas pequeñas princesas no se nos escapen con el enemigo…- miró hacia un lado, fulminando a la pared con la mirada

- Que enemigos Chul ah…- respondió el moreno en un cansado suspiro

- Ay, precioso. Hablo de la competencia, los estilistas de todo Seúl, ¿Capissi?- dignamente se dio media vuelta y continuó con su labor. Así era las demostraciones de afecto del pelirrojo; apasionadas pero efímeras.

Sin más, la pareja se instaló en su lugar de trabajo, arreglando y preparándolo todo para la llegada de sus clientas mientras hablaban de asuntos triviales. De pronto, el mayor de los tres reparó en la existencia de un nuevo objeto.

- HeeChul…- miraba el artilugio, tratando de recordar algo, hasta que lo logró y abrió de par en par los ojos - ¡Eso… eso es…!- lo apuntó, llamando la atención de los otros dos. KangIn, al darse cuenta qué era, giró violentamente su cabeza hacia su primo, buscando la respuesta.

- Oh, eso…- sonrió ampliamente - … es un regalo.-

- ¿De quien?- preguntó sorprendido el moreno, pero HeeChul no respondió, simplemente le guiño el ojo

- Secreto, precioso-



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JaeJoong trataba con todas su fuerza de concentrarse en el papel que tenía entre las manos, pero simplemente le era imposible. Primero, por la presión que le había puesto su padre esa mañana con la repentina llegada de una persona a la que no había visto hace mucho tiempo, también por ese incesante golpe sobre la mesa de su escritorio. Ruido que provocaba un dedo. Dedo que pertenecía a una persona.

El rubio desvío su mirada hacia arriba, encontrándose con la cara de aburrimiento de ChangMin. Al mirarle, éste automáticamente se detuvo, pero en cuanto regresó su mirada a los papeles, de nueva cuenta comenzaba a golpear el escritorio.

- ¿Podrías dejar de hacer eso por favor?- no recibió respuesta – ChangMin…-

- Que-

- Deja eso…-

- Qué cosa- el menor imitaba el tono seco que su hyung usaba contra él. De pronto, JaeJoong bajo los papeles y estiro una mano para ponerla sobre la de ChangMin

- Basta- ordenó imperante. Volvió a concentrarse en la lectura sin soltar la mano de su amigo, hasta que sintió esa penetrante mirada sobre su cabeza. Levantó la vista y lo miró algo extrañado

- ¿Pasa algo?- era lo que esperaba. Instantáneamente ChangMin se acomodó en el asiento, dando un largo suspiro

- Supe… que tú y KiBum… ya no. Bueno, no se que tenían pero…-

- Al grano Min- no quería tratar de esa forma su Minie, pero odiaba que chismosearan sobre su vida privada. ChangMin, por su parte, no sabía bien que decir. Se estaba inspirando y su adorado hyung le cortó todo el romanticismo. Lo miró directo a los ojos, tratando de encontrar nuevamente las palabras, pero sólo una frase retumbaba en su cabeza

- Tengamos un cita- el corazón de Jae se detuvo de pronto.

- … ¿Qué?- pestañeaba con rapidez, tratando de asimilar lo que había escuchado. ChangMin ya no quería dar más explicaciones, a si que se levantó de la silla y rodeó el escritorio para acercarse a JaeJoong. El mayor nunca se había sentido tan intimidado en toda su vida, pero aún así no le extrañaba; Shim ChangMin era el único que podía lograr ese efecto en él – Minie…- murmuró sorprendido

- Hyung, ¿Lo sabes verdad?- con una mano se afirmo del escritorio, mientras que con la otra se apoyó en el respaldo. – Tú lo sabes, ¿No es así?- JaeJoong comenzó a apegarse al respaldo a medida que el rostro de el alto se acercaba al suyo

- ChangMin, me estás asustando- le dijo, pero él no escuchó. Frunció el seño y se acercó un poco más.

- Joongie… dímelo.- le habló con la voz mas grave que le dio la garganta. ¿Desde cuando era así? ¿Desde cuando el pequeño Minie, que lo defendía en sus tiempos de escolar, se había vuelto todo un hombre? – Siempre lo supiste. Siempre… -

- N-No se de que estas hablando- por supuesto que lo sabía, por supuesto que siempre lo había sabido. Pero no le daría en el gusto, porque era su pequeño hermanito Minie y nada más.

El momento fue interrumpido por toques en la puerta. Sin prisa, ChangMin se alejó de su hyung y volvió a su asiento dejando perplejo y sin habla al rubio.

- Pase- tuvo que contestar el menor.

- ¡¡Minie!! ¡Estás aquí!- de la nada DongHae había entrado de golpe a la oficina como una estampida. Al verlo, la cara de ChangMin cambio y sus ojos se volvieron más alegres. Asintió en forma de saludo, pero asiendo notar su agrado. La reacción de JaeJoong fue completamente distinta. Apenas lo vio, frunció el seño y se levantó indignado de su asiento. ¿Cómo se atrevía ese a entrar en su oficina y de esa forma?

- ¿Se puede saber quién te dio permiso de entrar a mi oficina?- sí, lo odiaba y no tenía por qué negarlo. Lo odió desde que lo conoció y lo odiaría hasta el último día de su vida.

- Tranquilo oxigenado, no vine por ti si es lo que piensas. Vine a dejar a mi novio- ambos administradores imaginaron que se refería a KiBum, pero la sorpresa llenó su semblante al ver quien era el que cruzaba la puerta

- DongHae, no digas tonterías- YunHo miró a su amigo de la infancia con el seño fruncido, pero con una sonrisa en los labios.

- ¿Yu-YunHo?- el susodicho le sonrió a su jefe, dándole las buenas tardes ya. JaeJoong saltó de su escritorio y se detuvo a un lado de YunHo, pero cerca… muy, muy cerca de él. – ¿Te fue bien con el asunto de YooRi?- tanto DongHae como ChangMin miraban con extrañeza a la pareja. Ellos dos desprendían un aura algo… linda.

- Si, ya todo esta firmado. Me alegra que ya no tenga más preocupaciones aparte de sus estudios- JaeJoong dejó ver una hermosa sonrisa y abrazó eufóricamente al castaño. - ¿Qué te alegra más, que YooRi este oficialmente en ese colegio carísimo o que yo me quede a trabajar definitivamente?-

- Ambas- a pesar del motivo por el que lo hizo, haber pasado la tarde con la hermana pequeña del masajista había resultado todo un deleite. La pequeña no era menos que su hermano en cuanto a simpatía y calidez, además desprendía ese aire inocente también. Por otro lado, gracias a que ella se quedaría definitivamente en ese instituto, significaría ver a YunHo casi todos los días a todas las horas que quisiera - ¡Ah, YunHo!- gritó de pronto en su oreja – Tienes que firmar tu contrato, ¡Ven!- importándole poco los otros presentes, tomó la mano de YunHo y lo llevó corriendo rumbo a la oficina de su padre.

- ... Minnie, ¿Me pones al tanto?- no respondió, sólo miraba hacia la dirección por donde desapareció el rubio con el seño fruncido.


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Una mañana más que pasaba. La última tarde que pasaría en ese lugar. Caminó con lentitud por las calles, muy impropio de un joven de su edad, mirando a su alrededor con nostalgia, sabiendo que no volvería a pasar por esos lugares. Entró, como siempre lo hacía, sigiloso por entre los jardines de Seventh Heaven, hasta llegar a su lugar favorito: esa ventana. Suspiró.

Hermosos pero cansadores habían sido los meses que había pasado tras esa ventana, observando a ese hombre que le robaba el sueño, mandándole regalos, soñando con que algún día tendría el valor de hablarle, entonces el le hablaría y se conocerían poco a poco hasta terminar juntos y felices para siempre. Lindo sueño. Lástima que sólo era eso.

Hoy, por última vez veía llegar el regalo para HanGeng de parte de una persona anónima. Veía como nuevamente esperaba hasta estar solo y abría el paquete como un niño de 5 años con sus regalos en Navidad.


Esta carta es para HanGeng.
Te sorprende que escriba, ¿Verdad?

Aunque no lo creas, te conozco, hermoso instructor.
Sigo cada uno de tus pasos y admiro cada una de tus acciones,
tanto que ya no se en qué momento me enamoré de ti.
Pero así es, ¿Sabes?

Esta, HanGeng, es la única forma que tengo para decírtelo, lo siento.
Soy cobarde, egoísta y prefiero huir como una gallina ahora, con tal
de no tener que llorarte después.

Mis pensamientos son torpes, lo se. Atropellados, tontos. Así es como
me siento ahora y dudo que algún día eso cambie.

Con este ultimo presente y esta insignificante carta hecha a mano te digo:
Adiós Hannie. Por favor, se feliz.



El instructor de natación dejó caer sus brazos una vez leída la nota. Miraba anonadado hacia la puerta por donde había salido el repartidor. No sabía que hacer. No sabía a quien pedir explicaciones. ¿Qué se suponía que debía hacer?, ¿Cómo podía evitar que esa persona no se escape de su vida?, ¿Con quien hablaba? ¿A quien pedía ayuda? Su corazón se comprimió hasta el extremo y bajó la cabeza, resignado… completamente vencido.

Henry contenía las lágrimas y los sollozos en su garganta. Sabía que de alguna forma, esto le afectaría también a la persona que amaba, pero era lo mejor para ambos. Ya no quería seguir ahí, viéndole vencido por su culpa. Se levantó del césped donde estaba arrodillado y tomó la mochila entre sus brazos. Recordó la tarde en la que había visto por primera vez a HanGeng; estaba en el casino de su escuela y creyó que era un profesor. Movió a los contactos de su padre para hacer que ese profesor enseñase en su clase, pero nunca lo encontró. Tiempo después descubrió qué hacía ese hombre realmente, entonces comenzó la historia del admirador secreto.

El pequeño cachetón levantó la cabeza y miró el cielo plomizo, pensando que pronto llovería, dentro y fuera de él. El dolor en su prematuro corazón era tanto, que tuvo la necesidad de apoyar su espalda atrás; sin caer en la cuenta que lo que había a sus espaldas era una ventana de esas con bisagra justo en medio que se giran. Por supuesto, ese día no estaba bien cerrada. El moreno sintió cómo la ventana rechinaba, despertándolo de sus pensamientos y volviéndolo conciente de lo que estaba por pasar.

El mayor estaba ahora en la habitación donde se guardaban la mayoría de los implementos de mantención de la piscina, releyendo la primera y última carta mandada por su admirador secreto, cuando sintió el eco de algo que parecía rechinar. Se asomó a la habitación techada y miró hacia las ventanas. Aunque para el exterior los ventanales estaban a ras de suelo, del lado de la piscina dichas ventanas estaban en la parte más alta. HanGeng observó con horror como una persona caía por un de esas ventanas, directamente a un montón de colchonetas duras y otros implementos puestos desordenadamente. El impacto provocó que algunas de esas cosas saltaran, dando espacio para un golpe seco que retumbó en la habitación.

Rápidamente, el trabajador del spa corrió hacia el lugar del accidente, escarbando entre las cosas para encontrar a la persona que había caído. Y lo encontró. Era un niño que aparentaba unos 15 años, el cabello algo largo y unas mejillas grandes que estaba tirado en el piso como una oruga, retorciéndose de dolor.

- Chico, ¡Chico! ¿Estás bien?- el pequeño tenía los ojos apretados por el dolor y respondió apenas con un quejido. El castaño trató de levantar un poco al chico para poner contra su cuerpo - ¿Te golpeaste en la cabeza?-

- No…- respondió apenas - … el hombro…- de pronto abrió los ojos y levantó la cabeza de golpe, mirando a su interlocutor. HanGeng podría apostar que jamás había visto una cara de sorpresa tan expresiva como esa.

- ¿Qué pasa?...- preguntó curioso, pero no obtuvo respuesta. En vez de eso, el pequeño se desplomó entre sus brazos debido a un repentino desmayo – Oye, ¡Oye!... – miró hacia los lados – Diablos… dijiste que no te habías golpeado en la cabeza-



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Un ambiente no muy grato se respiraba a la hora del descanso. El primero de todos era el ambiente algo secreto entre HeeChul y SiWon. El primero sacó a relucir sus mejores modales sobre la mesa y miraba de vez en cuando al alto, dedicándoles sonrisas fugases; el segundo simplemente ya no podía ocultar sus sentimientos, miraba fija y descaradamente al pelirrojo mientras comía y lo provocaba con sonrisas, aunque francamente, ninguno de los dos estaba seguro de lo que hacía.

El ambiente de su alrededor era aún peor, con DongHae metido en medio, tanto encima de KiBum como del amigo que había reencontrado apenas ese día; JaeJoong tratando de acercarse un poco más a YunHo y esquivando a ChangMin; JunSu sentado mirando la nada y a su lado un YooChun que ocultaba la rabia tras su sombrero nuevo, al no tener idea de lo que pasaba por la cabeza de su novio.

En otro extremo, SungMin haciendo uno tras otro comentario a KyuHyun sobre la ausencia de RyeoWook ese día, aunque él mismo estaba preocupado por su amigo; KyuHyun en tanto acumulaba todas sus fuerza para no acriminarse contra ese odioso niño, y para colmo, YeSung no había ido hace días al spa, RyeoWook lo había llamado esa mañana para avisarle que tampoco iría, ZhouMi no había ido a ayudar a su hermano y éste se había quedado en la piscina techada. Solo. Absolutamente solo y con una mosca gigante dándole vueltas por el oído.

Finalmente, EunHyuk y YooRi que estaban más pendientes de las acciones de DongHae hacia el recepcionista y Jung, que a su propia conversación. Curiosamente, ambos estaban pasando por una misma etapa en sus vidas: el reencuentro con él. EunHyuk no tenía idea que la adolescente había estado enamorada del moreno antes de su mudanza, y YooRi con mayor razón no estaba conciente de la relación muy, muy en serio que ellos habían mantenido hace poco más de un año. Tal vez, inevitablemente estaban destinados a conocerse.

- Por dios, esto cada vez está peor…- comentó con fastidio KangIn al entrar al comedor.

- ¡KANGIN!- exclamaron KyuHyun y JaeJoong al mismo tiempo; uno para sacarse un ENORME peso de encima, el otro para llamar la atención de los demás a un nuevo objetivo. – HeeChul, ¿Por qué no me dijiste que KangIn había llegado?- cobró sentimientos el rubio a su primo. – HeeChul… te estoy hablando…- SiWon miró hacia otro lado, entonces el pelirrojo pudo concentrarse en el otro

- ¿Mmh?- preguntó algo despistado, mordiendo la pajita de su jugo.

- Aish… ya olvídalo- se giró hacia el moreno con una sonrisa – KangIn, me alegro estés aquí- el moreno sonrió. Jae iba a levantarse para saludarlo como era debido, pero su torpeza nuevamente le jugaba una mala pasada y tropezó con la silla en la que estaba sentado, cayendo de espaldas al suelo. Lo malo fue el silencio que se hizo, Lo bueno fue que YunHo lo sujetó entre sus fuertes brazos para que cayera.

Todos, absolutamente todos estaban metidos en sus propios pensamientos y problemas; pero YunHo junto a JaeJoong, JaeJoong junto a YunHo, sólo te llevan a un pensamiento.

Juntos… ¿Cómo es posible que se vean tan… lindos?

- L… Lo siento YunHo-

- Esta bien- el menor soltó al otro que ya había recuperado el equilibrio. El silencio los incomodaba a ambos pero no encontraban la forma de remediarlo

- ¡Buenos días, pequeña familia de este hermoso spa!- entró LeeTeuk gritando a los cuatro vientos. Y luego JaeJoong se preguntaban por qué sus fans lo catalogaban de “ángel”.


Desde ese momento en el que sintió esos brazos atrapándolo con fuerza, JaeJoong no fue capaz de pensar en nada más durante el día. Se dio cuenta que lo que sentía por YunHo estaba llegando a niveles peligrosos, aún así, disfrutaba de cada suceso que había vivido hasta ese momento compartiendo con el castaño. Pensando en él, en su sonrisa que calmaba sus mares internos que lo devolvían a la vida lleno de energía, fue que se le ocurrió esa grandiosa idea.



- ¡PAPÁ!- gritó emocionado. Su padre abrió los ojos asombrado, su madre sonrió y algunas de sus hermanas se atoraron con la comida.

Estaba cenando en su casa, ya de noche. ¿A qué hora había pasado tan rápido el tiempo?

- JaeJoong, estoy tu lado, no hay necesidad de gritar- sus dos hermanas menores comenzaron a reír y sus tres hermanas mayores lo miraban con reproche. Todas sabían que el tiempo y el espacio del cerebro de JaeJoong eran muy especiales.

- Lo siento. Estaba pensando… ahora que YunHo tiene contrato en el spa, deberíamos remodelar su lugar de trabajo-

- ¿Remodelar?- preguntó el padre

- Si, remodelar. Ese lugar está muy anticuado. Deberíamos…-

- JaeJoong, el spa no está tan viejo-

- Padre- tocó el dorso de su mano – no te preocupes. Confía en mí, ¿Si?- aunque las personas aseguran que los padres son más flexibles con las hijas, en este caso era distinto.

- Está bien. Pero quiero que todo lo que inviertas quiero que YunHo lo recupere con los clientes, a si que más vale que…-

- Si, no te preocupes. Se verá espectacular y se llenará de fans…!- ni siquiera se tomó la molestia de pedir permiso y se levantó de la mesa. A esa hora, salió en busca de su nuevo objetivo. Él no era de confiar en el dinero, ni tampoco buscaba comprar todo con éste; pero habían veces en las que el dinero le permitía hacer milagros.



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¿Hasta cuando duraría el tiempo de “Dios fastidia a KyuHyun todo el día”? Eso era lo que éste se preguntaba cada noche al llegar a casa. Sus días iban de mal en peor, todos los días tenía problemas con ese descerebrado que nunca decía bien su nombre, y para rematar, por ser el último año ZhouMi casi no se aparecía por el spa. Y pensar que hubo una época en la que huía de él, ahora en cambio, era él quien lo perseguía.

Tal vez si se hubiese enamorado de ZhouMi y no RyeoWook todo sería más fácil. Incluso, tal vez podría llevarse bien con… ¡JA! No, eso nunca.

Su teléfono móvil comenzó a sonar y miró la pantalla. Era un número telefónico registrado con el nombre de: “TE VOY A MATAR!”. Hablando del rey de Roma.

- ¡Que quieres!- respondió con pesadez. El idiota de Sungmin siempre lo llamaba para molestarlo por algo: “¿Sabes con quien salió Ryeo hoy?” “Wookie me dijo que le gustaba tal persona”. Siempre lo mismo, siempre para fastidiarlo.

- ¿Hola?- no era la odiosa voz de ese tonto. Era la voz de una mujer mayor - ¿Eres… tú eres “pio-pio”?- la sangre de KyuHyun hervía en ese instante. Estuvo a punto de colgar pero justo en ese instante la mujer habló – Lo siento, es el nombre con el que estás registrado. Soy la encarga de Sky Black- ¿Sky Black? ¿¡El antro!? – Tu amigo esta tirado en el piso y desde el suelo le está buscando pelea a otro, ¿Puedes venir?- ¿¡QUÉ!? ¿¡Por qué de todas las personas que existían en el mundo, justo él, Lee KyuHyun, tenía que ir a buscar a ese busca-pleitos!?

- Oye, no quiero que tengas problemas pero no soy…-

- Por favor joven. No nadie más a quien pedir ayuda. Eres el único número que este chico tiene registrado en su móvil-

- … E... está bien. Voy para allá…-

- ¡Gracias!- la mujer cortó y el moreno aún seguía con el teléfono en la mano. De pronto reaccionó, tomó su chaqueta y las llaves de su automóvil para ir a buscar a SungMin. La frase resonaba como eco en su cabeza

Eres el único número que este chico tiene registrado en su móvil

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Se lo preguntó un millón de veces mientras caminaba en la oscura calle: ¿De verdad lo iba a hacer? Aún no podía creerlo, no podía aceptar que finalmente todo había llegado a su fin.

Había comenzado con esa relación sabiendo que algún día pasaría. Todo el mundo sabía que Kim JongWoon sólo se acostaba una vez con alguien, luego de eso, adiós. Aún así lo hizo, se involucró y dejó que ese sentimiento tomara por completo su corazón. Pero lo sabías RyeoWook, sabías que este momento llegaría.

El último día que lo vio, fue el día de la discusión. Tal parece que YeSung ya estaba arto de tanta jugarreta y lo amenazó. Debía estar hoy, viernes, y entregarle lo que sabía que quería. Pero el nunca lo había hecho.

Y ahí estaba, a las tantas de la noche deambulando por el edificio donde YeSung y KyuHyun vivían, cada uno en su respectivo departamento; pensando qué pasaría si iba y qué pasaría si no. Entonces, pudo ver desde lejos el automóvil de KyuHyun aparecer por la calle provocando que el castaño se escondiera detrás de un poste. No quería que Kyu lo viera porque sentía que estaba a punto de hacer algo horrible.

Con desgano caminó hacia la entrada del edificio. El conserje lo conocía, ya que pasaba mucho tiempo con KyuHyun últimamente a si que lo dejó pasar sin problemas. Subió por el ascensor hasta el piso correspondiente y quedó para frente a la puerta del modista. Aun no podía creer el motivo por el que estaba ahí ¿De verdad iba a hacerlo? ¿De verdad quería?

Sin pensarlo más llamó a la puerta, esperando que no hubiese nadie, pero se equivoco. Al abrirse la puerta se encontró cara a cara con YeSung, sorprendiéndolo de sobremanera. Al parecer había pasado todo este tiempo en su casa, pues se veía algo despeinado y con una leve barba. Lejos de verse destartalado, RyeoWook pudo haberse derretido ahí mismo de lo sexy que se le hizo verlo de esa forma.

- Ah, eres tú- parecía molesto por algo, pero no podría asegurar que fuera por su causa, pues una sonrisa comenzó a formarse lentamente en su rostro. Comenzó a sentirse nervioso y a dudar. Tenía ganas de gritarle que era un idiota por ser así, que lo amaba pero que no quería volver a verlo, golpearlo, salir corriendo y no parar hasta que sus piernas ya no dieran abasto. La triste realidad era que, fuera como fuera, el quería estar ahí. El quería regalarle a ese hombre algo sagrado.

- ¿Me vas a dejar entrar o solo era para decirme eso?- nada había que hacer, estaba ahí y debía terminar lo que comenzó. YeSung se hizo a un lado y RyeoWook cruzó el umbral.

Adentro todo estaba algo oscuro, las cortinas estaban cerradas y las luces apagadas, aunque el sol del atardecer iluminaba lo suficientemente bien como para saber por donde andar. En completo silencio camino hacia la sala y pudo divisar desde ahí la habitación de su amante.

- Hay un par de reglas que de debes seguir- habló el mayor a sus espaldas – No debes enamorarte…- genial, ya había roto una – supongo que entiendes por qué. No puedes gemir nombres, los nombres son peligrosos y te delatan. No grites, quiero evitarme problemas con los vecinos. Nunca me beses, los besos son para los tortolitos y… - lo tomó del brazo de RyeoWook, haciéndolo girar para encontrarse frente a frente y comenzó a bajarle el cierre de la chaqueta con una mano, mientras que con la otra tironeaba de esta, haciéndolo avanzar mientras el retrocedía para entrar a la habitación. - … por favor, sin reclamos ni suplicas, ¿Vale?-

LEMON AQUI D:

Sin esperar más atacó su cuello y a la vez terminó de deshacerse de la prenda. RyeoWook instintivamente llevo sus manos al torso de YeSung, levantando lentamente la camisa, rozando su piel mientras lo hacia, despacio, sintiendo al máximo y memorizando cada centímetro de piel. Sin poder evitarlo, ya estaba jadeando con fuera, sintiendo como el moreno rozaba el borde de su pantalón; dándose cuenta que lo quería. Ahí. Ahora.

- Ye… ng- quería decir su nombre, pero no podía. De alguna forma tendría que hacerle entender que tampoco él podía esperar más. Intensificó sus caricias y sus besos, hasta que sintió como las manos del mayor dejaban de jugar y se centraban netamente en quitarle lo que le quedaba de ropa. Tembló entre sus brazos, lleno de miedo y de excitación, lleno de ganas de llorar y de reír a carcajadas. Muerto por matarlo, por llenarlo y llenarse de placer. YeSung al fin comenzó a tironear los pantalones de su amante y de un solo empujón lo arrojó a la cama.

- Shh…- lo silenció al acercarse a él - … no seas impaciente… aún falta- para ese entonces, el menor intentaba abrir los ojos, pero el placer y la excitación que tenía en ese momento lo obligaba a cerrar instintivamente sus párpados. Este ir y venir de su miraba, su boca entreabierta y jadeante, el sudor que se formaba en su frente y ese leve color carmesí en las mejillas, llamaron poderosamente la atención del pelinegro. Su mirada se posó sobre los ojos de su amante y vio en él algo extraño que jamás había visto antes. No podía decir exactamente que era, sólo podía definirlo como un brillo en los ojos, un brillo especial que reflejaba sus propios ojos, oscuros y opacos como la penumbra. Hechizado, comenzó a mover sus caderas contra las de RyeoWook, buscando más de esa mirada, más sonrojo, más excitación, más sudor, más, más y más. Llegó a un punto en el que sus movimientos eran completamente desmedidos y los roces pasaron a ser algo dolorosos, pero que provocaron reacciones en el pequeño que el otro jamás había visto.

El menor apretaba con fuerza las sabanas y reprimía mentalmente cualquier cosa que estuviera en contra de las reglas del estilista, transformando su placer en jadeos que cambiaban de intensidad y fuerza, haciéndolos irregulares, impredecibles. YeSung, por su parte, estaba completamente embriagado por el encanto inocente y dulce de su amante, que contrarrestaban con el deseo que había en sus ojos, suplicantes por avanzar. Besó lentamente desde su cuello hasta su pecho, deteniéndose para atrapar entre sus labios uno de esos pequeños botones rosados, provocando a RyeoWook para dejar escapar gemidos más audibles que intentaba reprimir mordiéndose los labios. Luego bajó por su abdomen y jugó un poco con su ombligo mientras el menor movía instintivamente sus caderas, con una enorme erección de la que no podía ocuparse. Sus mentes no pensaban en nada, tenían todos sus sentidos puestos en el otro, en la reacción de su cuerpo, de sus respuestas y de su propia satisfacción.

Desesperado, el pequeño tanteó un poco el cuerpo de YeSung antes de encontrar sus pantalones e intentó sacarlos con mucha brusquedad.

- Nnhg… cuidado- YeSung lo ayudó un poco, terminando de deshacerse de toda prenda que lo cubría y quedando los dos completamente desnudos. Con malicia, YeSung rozó su miembro contra el de RyeoWook, sólo para ver cómo éste tiraba con violencia su cabeza hacia atrás.

- Aahh…- ahogó el gemido en su garganta, respirando fuertemente, cerrando los ojos para disfrutar mejor de las sensaciones.

- Eres muy obediente…- habló de pronto el moreno - … me gusta…- pasó su mano por el pequeño de forma lenta y tortuosa hasta atrapar su miembro, provocando otro gemido fuerte por parte de éste. Masajeaba su miembro lentamente, reprimiendo sus ganas de tomarlo en ese momento, de olvidar que existía gente en el mundo porque… no… no tendría una oportunidad así de fantástica de nuevo. - …mmh… dios, estás al límite… ¿Tanto te he hecho sufrir?- el menor asintió, sin cabeza para responder siquiera. - ¿Quieres más?-

- Si… - suplicó jadeante – si…- sentía como su amante lo masturbaba con más fuerza y más rápido. Abrió la boca pero de ella no salía ni un sonido, se estaba ahogando en su propio placer. Tal vez si hubiese podido gritar, ahora estaría gritando como loco – No…- soltó de pronto – no… no…- y no era porque no quisiera todo ese placer arrebatándole los sentidos, si no porque se venía y no quería que terminara. El orgasmo vino desde su bajo vientre y se esparció por cada poro de su piel, dejándolo sin fuerza, regalándole a YeSung el gemido más delicioso que haya escuchado en su vida.

Ni siquiera le dio tiempo de disfrutar su orgasmo, pues ya lo atacaba nuevamente, esta vez con más desesperación, disfrutando de cada gesto, mirada y gemido de su acompañante. Acariciaba con desesperación su cuerpo y besaba su torso con ferocidad. Pronto RyeoWook se había recuperado y su miembro nuevamente se endurecía. Él se había descargado ya, esta vez era YeSung quien no esperaría, era quien jadeaba con más fuerza y movía sus caderas contra las del otro, sin penetrarlo aún. Separó las piernas del castaño con delicadeza y afirmó una mano a un costado de la cabeza del menor para alcanzar con la otra un lubricante que había sobre el velador. Lo abrió rápidamente y esparció un poco del contenido por su miembro y tres dedos de su mano izquierda. Con uno de sus dedos presionó un poco en la entrada de RyeoWook y lo miró directamente a los ojos, deleitándose con el placer del pequeño, buscando más de esa mirada suplicante y esas mejillas encendidas. Se abrió paso lentamente, moviendo el dedo en círculos hasta que el castaño se acostumbrara a la invasión. Luego agrego otro, provocando un leve quejido de molestia que poco a poco quedó en el olvido. Un tercer dedo se unió a los otros, moviéndose intrusos en la entrada de RyeoWook, el cual había pasado de molesta a un placer extraordinario que lo obligaba a moverse buscando más contacto. YeSung había llegado al momento por el que había perseguido a ese fascinante amigo de SungMin por cuatro meses; eternos cuatro meses en los que lo miraba y se imaginaba cómo se vería así, como estaba ahora, extasiado, suplicante, excitado, jadeando, perlado de sudor, entregado completamente a su voluntad. Cuatro meses que veían su luz ahora, con unas ganas feroces de hacerlo suyo, con una erección que ya dolía. Con una erección que lentamente ubicaba en la entrada de ese que había perseguido; y lo penetraba poco a poco.

YeSung acercó su rostro al de RyeoWook y éste rodeó su cuello con los brazos. Le dolía, pero no podía decirlo, no sabía si podía decirlo. Pero no tuvo que hacerlo, porque se dio cuenta. El moreno abrió los ojos de par en par, asombrado, incrédulo de lo que estaba pensando.

- ¿Tú…- preguntó - … eras virgen?- y lo era, pero ya no. YeSung ya había introducido completamente su miembro dentro de RyeoWook. El pequeño dejó caer algunas lágrimas por todo: el dolor físico y emocional. Felizmente era buen actor.

- ¿Importa?- devolvió la pregunta de forma arrogante, demostrando falsamente que no le importaba. El mayor no dijo nada y comenzó a moverse lentamente, aunque por dentro sintió lástima por él y recordó su propia experiencia. Él había perdido su virginidad precisamente así; bajo las mismas reglas y la misma clase de persona.

Y recordó de pronto… que jamás había dado un beso.

- Mio…- escuchó el susurro de RyeoWook en su oído, respondiéndole con embestidas más potentes, apegando más su cuerpo contra el otro, pensando que era él quien debía decir eso… mío. Pensó en ese instante que nadie, absolutamente nadie, había tenido a RyeoWook como él ahora. Y sólo eso le basto.

Tomó con fuerza las caderas del menor y comenzó a darle poderosas embestidas, rápidas e imparables, que los estaban volviendo locos a ambos. Quería que lo sintiera. Quería que jamás se olvidara de esa noche. Quería que supiera que nadie lo haría sentir así.

- Aah… pequeño- besaba su clavícula, su cuello, bajando y subiendo; luego su mejilla y finalmente... Lo miró por unos instantes en los que los brillantes ojos del castaños volvieron a reflejar los suyos. Y sus labios rojos, algo hinchados por haberlos apretado con los dientes todo ese tiempo. Apoyó su labios con los del otro y jadeó sobre su boca, excitado, sin pudor alguno, mostrándole todo lo que le hacía sentir.

RyeoWook no soportó más y besó los labios que tenía pegados a los suyos. Había besado otras veces, pero ninguna como esa. De pronto, YeSung se había vuelto frágil entre sus brazos, se dejó llevar y aprovechó el descuido para explorar con su lengua lleno de lujuria, después de todo, sólo tendría esta oportunidad con él.

A medida que el beso se profundizaba, las embestidas del mayor era más desesperadas y rudas, friccionando el miembro del castaño atrapado entre los dos cuerpos para lograr un dulce ritmo entre los gemidos que se ahogaban entre sus bocas.

YeSung separó su boca de la de RyeoWook con violencia, pues ya sentía que en cualquier momento iba a terminar. Tiró su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, sintiendo en profundidad su miembro embistiendo al pequeño y cómo llegaba poco a poco a ese punto que hizo gritar a su amante, viniéndose por segunda vez; para luego acompañarlo y terminar dentro de él.

SE ACABO, PUEDE SEGUIR :'D

Con todas esas sensaciones envolviéndolos, se miraron a los ojos y volvieron a unir sus labios con deseo y terminando por completo el acto. La primera vez de RyeoWook. El primer beso de YeSung. Había sido tristemente maravilloso para ambos.

No sabía que hora sería, pero RyeoWook comenzó a sentir los ojos pesados y poco a poco comenzó a caer en los brazos de Morfeo, al lado derecho de la cama de YeSung, que por cierto, el dueño odiaba; y susurró, muy pero muy bajito el nombre de aquel que amaba y estaba a su lado ahora.

Y creyó que no le oía. Tal vez porque YeSung nunca le dijo ni le diría nada. Porque sólo por esa vez, se lo perdonó.



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- ¡Okay! Llegamos roedor…- EunHyuk y YooChun entraban a tropezones al departamento de este último a las seis de la mañana, borrachos, cansados y con sueño. Se iban apoyando uno al otro, hasta que el moreno cayó de bruces al sofá de la sala. El pelinaranjo aún podía caminar por sí solo a si que fue quien se preocupó de cerrar la puerta una vez acomodados. Avanzó por la sala de Micky mientras se admiraba de lo mucho que había cambiado el lugar desde… “eso”. – Como pasa el tiempo…- susurró.

- ¿Qué?- preguntó Park que ya había ladeado la cabeza para despejar sus cavidades de respiración.

- Nada…- miraba con detenimiento una enorme mueble. Había cosas que reconocía y otras no, hasta que se topó con una foto enmarcada en uno de los compartimientos. La tomo entre sus manos y la miró con melancolía. En ella aún eran adolescentes. De derecha a izquierda estaban: HyukJae, el hermano Junsu y YooChun. – Lo extraño…- dijo luego de un tiempo.

- ¿JunHo?- preguntó Micky que y estaba quedándose dormido. – También lo extraño. Él nos controlaba…- comenzó a reír de forma tonta.

- JunSu nos cuida también- respondió el otro sin despegar su mirada de la foto.

- JunSu no es JunHo. No se parecen en nada…- se escuchaba molesto. Eso llamó la atención de EunHyuk.

- Me alegra oír eso. Quiere decir que no estás con JunSu porque JunHo ya no está en este mundo…- un silencio siguió a esa frase, lo que hizo que el dermatólogo creyera que su compañero ya se había dormido.

- ¿Sabes?- dijo YooChun, al cual ya tenía un pie conciente y el otro metido en sus sueños – YunHo… se parece mucho a JunHo-

EunHyuk no entiendo la frase de su amigo en ese momento, pero luego tuvo sentido al recordar al masajista nuevo, ese que era hermano de esa hermosa pequeña que le recordaba a JunHo…



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Un fin de semana sin mucho que contar había pasado, fuera de las horribles pesadillas que no habían dejado dormir a Jung YunHo ¡Ah, pero que importaba cuando nuevamente era lunes! Lunes de vuelta al spa, el lujo, las chicas, el masaje y ese montón de homosexuales altamente peligrosos pero divertidos… como sólo ellos podían.

Sus pesadillas no empañarían la nueva vida que se estaba dando ahora. En concreto, el fantasma de su padre no lo atormentaría más, ni a él ni a su hermana. Ahora era él quien se encargaría de ella y la cuidaría como un tesoro, no dejaría que nadie le haga daño y se aseguraría de darle un futuro próspero. Aunque a veces, sólo unas pocas veces, pensaba en su padre y se preguntaba que estaría haciendo ahora, si estaba triste por que ellos se habían ido, si se arrepentía de algo.

- ¡Buenos días!- gritó lleno de energía su jefe. Jung miró hacia los lados. Hace un rato estaba absolutamente solo, ¿¡Cuándo había llegado? – Por favor, dime que aún no has ido a la sala de masajes- el masajista sonrió. Ese hombre tenía algo que… no se… lo hacia lindo. Negó con la cabeza. - ¡Genial!- lo tomó de la manó y lo arrastró hasta la sala de masajes. ¿Por qué el rubio tenía la manía de tomarlo de la mano? No era que le molestara, de hecho, no le molestaba para nada pero… ¡OH DIOS! – ¿Te gusta?-


Era hermoso.


- ¿YunHo?-


No podía ser. Todo era hermoso.


Jamás en su vida se imaginó que terminaría trabajando en un lugar así. Era todo tan elegante y hermoso, se sentía tan afortunado que…

No había palabras.

Nada podría explicar lo que un hombre que sacrifico su vida y sus sueños por un poco de comida sentía al ver todos sus esfuerzos concentrados en una pequeña sala. Se preguntaba incluso si merecía todo eso.

Entonces, recordó a su padre. Él una vez le había dicho que el había nacido pobre y se le iría la vida trabajando sin obtener resultados. Que las gente buena no existía. Que los ricos sólo buscaban hacerse más y más ricos. Se sintió vilmente engañado, pues eso no era lo que veía.

Camino anonadado a través de la sala, pasó su mano por la camilla y observó a su alrededor. JaeJoong iba a preguntarle si estaba bien, pero sus palabras se ahogaron al ver cómo los ojos del castaño se llenaban de lágrimas.

¿Qué decía?

Comenzó a desesperarse. Intentó hacer algo para ver su sonrisa pero no era eso lo que había logrado. Se dio cuenta que Jung YunHo era sólo un masajista lindo para él. No sabía absolutamente nada, ¿Tenía problemas? ¿Penas? ¿Preocupaciones? ¿Sueños?

Su sonrisa siempre lo cubría todo. Pero no. Era imposible que fuera perfecto.

- YunHo…- habló, acongojado también. El masajista no lo soportó más y cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar

- Soy su hijo… - dijo - ¿No me quiere?- su llanto se hizo más fuerte. JaeJoong lo abrazó con fuerza y Jung respondió al abrazo. Jamás comprendería una situación así porque su padre era un grandioso hombre que lo amaba mucho. Por mucho que intentara imaginarlo, nunca lo entendería.


Aun así, entre sus brazos sintió a Jung YunHo un paso más cerca de él.


Y su corazón... ?



Continuara...

11 Comentarios:

  1. Anónimo8/13/2009

    genial de veras parece como si chunnie hubiera amadao al hermano de junsu y que penita mi lindo junho continua pronto me gusta mucho el fic

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  2. por fin lo han continuado.. pense que lo dejarian votadito... me encanta el yunjae.. sigue sigue!!!!!!!!

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  3. Anónimo8/18/2009

    continualo por favor!!!!!!!!!!!
    esta muyyyyy bueno!!!!!

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  4. escribe mas, esta muy bueno el fic, ademas junsu se quedo pensando en que el padre de micky le dice, ohh el yunjae va por buen camino, quiero saber que pasara.

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  5. Anónimo9/09/2009

    kiero mas!!! ohhhh el yunjae es tan lindo... mas sichul porfavor!!!

    kontinualo pronto!!!

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  6. Anónimo10/04/2009

    waaaaaaaaaaaaaaa kiero mas yunjae siiiiii, estan tierno y hermoso, continualooooooo, por fasssssssssssss

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  7. Anónimo12/03/2009

    por fis sigan continuandolo esta hermosos y como siempre yunjae forever

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  8. aaaaaayy espero y sigas subiendo el fic porfaa kiero maaaass esta genial

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  9. Anónimo5/07/2010

    WOW
    VERY VERY VERY COOL
    por fa.. sigela me muero por saber que mas...
    debo decir que esta es unas de las 6 hisgtorias que mas me han gustado.. me encanta leer sobre todo si es yaoi!!!!
    estare pendiente a las promixas
    ok
    pero sigela....
    bye bye.

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  10. waaaadsdasdasdsdjasakdashfjashdfja sme encantoooooooooooooo lo ame en serio!!!! conti porfis porfisss ;_;

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  11. han pasado dos años y no nuevo cap? ;_;

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