Cautivo - Epílogo

3 comentarios


Siendo alguien que se dedica a hacer trabajos por encargo pensé que sería bastante amoral tener  a un abogado de pareja, el hecho de estar juntos tampoco es lo que la sociedad categoriza como “correcto”, todo esto y miles de factores más han influenciado lo que Jaejoong considera que está bien y que está mal. Ya que una de las cosas que más le deseo en la vida es que sea exitoso y se desempeñe bien como profesional, una vez incluso se ofreció a ayudarme con mi trabajo y nunca más volvimos a hablar del tema, comencé a buscar opciones para mejorar mi carrera laboral.

Después de quedarme con Jaejoong, desobedecer las órdenes del jefe y robarle parte de su dinero me gané muchos enemigos, aún así mi lista de contactos es bastante extensa, nunca me sería difícil encontrar a alguien dispuesto a ayudarme, jugando bien mis cartas conseguiría todo lo que necesitaba en un abrir y cerrar de ojos. Y así, influenciado por los caprichos de Jaejoong, decidí convertirme en un hombre de negocios. Siempre dijo que le encantaba verme de traje, cuando seguíamos viviendo en la casa solía ordenar mis camisas y corbatas para distraerse hasta que un día se atrevió a preguntar por qué tenía tantos trajes formales, le expliqué que cuando iba a reunirme con algún jefe me gustaba verme bien. Nunca más volvió a preguntar, supuse que la respuesta lo había dejado satisfecho.

Un mes después de nuestro reencuentro regresé a Corea. Lo primero que hice fue ir a dar una vuelta por la SNU, tenía que ir a ver cómo andaba todo con mi hijo y mi esposa. El colegio de Leyes está ubicado a una considerable distancia del de Medicina, el campus es inmenso y si no lo hubiera visitado antes, durante la época en la que espiaba a Jae, estaría perdido. A dudar por la hora todavía estarían teniendo clases, eso me desanimaba un poco, quería ver a Jaejoong cuanto antes… ¿Qué estaría haciendo ahora? Podía imaginarlo claramente; mi Jaejoong mirando atentamente al profesor, concentrado en el tema que se desarrollaba mientras la mitad de la clase tenía sus ojos clavados en la nuca de mi amado, mandándole miradas lascivas. El sólo pensar en ello hizo que viera rojo y aceleré el paso hacia su edificio. Changmin podía esperar. Me encontré rodeado de estudiantes en cuestión de segundos, menos mal, la hora del almuerzo había llegado. Supe que sería un poco idiota de mi parte pero lo busqué con la mirada en ese mar de estudiantes, un grupo de chicas pasó a mi lado riendo como niñitas y aunque me resultó molesto, me mantuve impasible. Y ahí estaba, riéndose con un chico, sostenía algunos de sus libros de forma adorable, su cabello brillaba bajo la luz del sol, ese tono miel tan encantador… No había cambiado nada, mi Jaejoong. Sus grandes hermosos ojos estaban fijados en el chico y no pude evitar sentirme celoso, ¿acaso le estaba coqueteando? Sé lo seductor que puede ser mi Jaejoong con otras personas. Estaba tan concentrado imaginando las mil maneras en las que podía asesinar a ese chico que casi no noté la presencia de cuatro guardaespaldas que lo rodeaban. Cierto, su familia había duplicado su seguridad.

El número de estudiantes a mi alrededor era cada vez menor. Jaejoong seguía hablando con el chico, si se atrevía a tocarlo lo mataría esa misma noche. Unos minutos después terminaron su conversación y el chico se despidió, Jaejoong aún no notaba mi presencia a diferencia de sus guardaespaldas que me miraban fijamente, guardó sus libros en su bolso de diseñador y arregló su cabello antes de levantar la mirada. Quise abalanzarme hacia él y llenarlo de besos al ver su expresión de sorpresa, ojos bien abiertos y boca en “O”, pero no daría un paso, no iba a arriesgarme y recibir una interrogación por parte de los guardaespaldas.

—Yunho…

Sólo sonreí levemente, supongo que captó el mensaje y miró a sus guardaespaldas.

—Es un amigo—dijo—Quiero hablar con él.

Se acercó a mí sonriendo, seguido de esos cuatro tipos y haciendo uso de todo mi autocontrol, lo besé suavemente en los labios sin importarme nada. Si esos cuatro no estaban ahí ya tendría a Jaejoong contra una pared, devorando sus labios.

—Vine por ti—susurré sobre sus labios—como dije.

Sólo asintió, un leve rubor cubría sus mejillas y quise besarlo una y otra vez pero me contuve. Me aparté y acaricié su mejilla derecha con el pulgar, como queriendo esparcir ese color rubí por más piel hasta tenerlo rojo de la vergüenza. Sabía que todo esto era muy arriesgado pero no podía importarme más, no lo veía hace un mes y lo extrañaba tanto.

—Mis clases ya terminaron, ahora me voy a casa—dijo y me agarró de la mano, la bajó suavemente—¿Viniste para quedarte?

—Así es, si eso es lo que quieres…

Asintió efusivamente y luego se mordió el labio inferior. Si antes me era imposible controlarme ahora ya estaba hecho un profesional a la hora de ignorar ese tipo de gestos.

Dos de sus guardias le dijeron que irían a traer el vehículo y se marcharon. Jaejoong le dijo a los otros dos que quería al menos caminar hasta el estacionamiento.

—¿Me acompañas?

—Claro…—me hice de espacio entre esos dos tipos y lo abracé por la cintura acercándolo a mi cuerpo.

—¡¿Qué haces?!

—Tranquilo, no pasa nada.

Parecía molesto pero no protestó más así que no lo solté y caminando así fuimos hacia el estacionamiento. Estoy seguro que nunca le habían conocido un solo novio a mi Jaejoong así que los estudiantes que seguían vagando por las inmediaciones nos miraban sorprendidos.

—¿Contento? Ahora mitad de la población estudiantil hablará sobre esto por semanas.

—Es lo que corresponde—susurré contra su sien antes de darle un besito, subí mi brazo hasta sus hombros—Me perteneces y deberían saber que no estás disponible. Quería matar a ese chico por robar toda tu atención.

—¿Park Yoochun? Es sólo un amigo.

—Llega a insinuarte algo y lo mato—le susurré al oído mientras fulminaba con la mirada a unos cuantos chicos que nos miraban demasiado.

Suspiró, dijo que tenía hambre y que no quería discutir. Eso me hizo recordar a Changmin. Nos detuvimos frente a su vehículo y lo miré.

—Iré a visitar a Changmin, espero encontrarlo todavía.

—Oh.

Parecía decepcionado, su expresión cambió de dolida a molesta en cuestión de segundos, frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Sí que fue una visita corta.

Me acerqué a él lo suficiente y le susurré al oído: —La próxima vez vendré a secuestrarte…

—Pues eso me gusta más.

—No te molestes por esto, Boojae.

—Me pregunto desde cuándo tengo ese apodo.

—Desde siempre—sonreí y volvía a acercarme para darle un besito pero posó ambas manos sobre mi pecho y me detuvo, lo miré sin entender.

—Vete con tu Changmin—dijo molesto y miró a otro lado.

—Es tan mío como tuyo.

—Pues no me gusta.

—Sólo dices eso porque no lo conoces—le robé un besito rápidamente. No tenía tiempo, todavía me quedaba ver a Changmin, luego ir a averiguar unas cuantas cosas…

—¿Cuándo nos volveremos a ver?

—Te llamaré, tengo tu número, pero tienes que librarte de estos gorilas.

—Pero tú puedes hacer eso—dijo haciendo un pucherito.

—Amor, ¿quieres que los mate? Aigoo, eres tan hermoso así…

Lo tomé del rostro y comencé a darle besito tras otro, estaba llegando al límite necesitaba besarlo de la manera apropiada o moriría. Iba a apartarme antes de cometer alguna estupidez y me sujetó de la chaqueta.

—¿Qué es lo que te pasa?—me preguntó.

—¿Por qué?

—Todavía no me has besado…

—Estoy besándote.

—No, no lo estás haciendo.

—¿Quieres un beso de verdad?

—Ajám.

Cerró los ojos y partió sus labios levemente, ¿cómo podía resistir eso? Comencé el beso al principio lento, disfrutando la forma en la que su boca se amoldaba a la mía, lo acerqué más a mi cuerpo abrazándolo por las caderas. Sus manos asieron con más fuerza mi chaqueta, urgiéndome a besarlo con más ganas y lo hice; nos besamos un buen tiempo hasta que se apartó por falta de aire, se veía bastante satisfecho.

—¿Un mes sin vernos y pensaste que sólo quería besitos?

—Pensé que te molestaría aún más.

—¿Por qué? Es obvio que acabas de destruir mi reputación.

Uno de los gorilas lo llamó desde dentro del vehículo, tenían que irse ya, había un horario que cumplir. Nos besamos una última vez y luego se marchó. Conozco la ubicación exacta de la mansión y estaba seguro que una visita no le desagradaría para nada.

Eso fue hace seis meses, ahora todo va a la perfección. Jaejoong y yo incriminamos al hombre que me contrató para secuestrarlo y desde ahora en más el único lugar que llamará hogar será la prisión. Está hecho, ya no tengo que preocuparme más sobre el asunto ni nada, estoy completamente tranquilo y contento con el resultado. Por otro lado, comencé mi propio negocio; no es nada relacionado con drogas o prostitución, intenté mantenerme lo más legal posible y con ayuda de algunos de mis amigos lo conseguí. Jaejoong no sabe nada al respecto, sabe que tengo una fuente de ingresos, sabe que trabajo, pero nunca le di detalles así que vive curioseando y preguntándome cosas.  No quiero involucrarlo, este tipo de negocios hay que tratarlos con cuidado. Todavía estoy asentándome y tratando de organizarme lo mejor posible, mi fuente de ingresos no es ilimitada como muchos piensan, es cierto, me gusta ahorrar pero mi terrible hábito de engreír a Jaejoong no lo he superado todavía, cada mes es todo un gasto.

Lo que me hace más difícil sobrellevar todo este estrés del negocio es que no vivo con él ni puedo verlo a menudo; intento, realmente intento darle su espacio, después de todo todavía es un estudiante y además sigue viviendo con su familia, que no sabe nada de nuestra relación, lo que hace nuestros encuentros más difíciles. Su familia, dijo que nunca aceptarían tener un hijo gay, su padre sería capaz de desheredarlo, aunque el dinero no tiene importancia, sigue amando a su familia, alejarse una vez más de ella podría destrozarlo; comparte un lazo en especial con su madre y por supuesto que con sus hermanas también, no pasa un día sin comentar algo referente a ellas, es un amor de hijo, en serio. En la universidad también le está yendo de maravilla, siempre supe que podría volver a desenvolverse académicamente bien, como antes de que lo retuviera conmigo; hubo una época en la que intentó persuadirme a escoger una carrera y comenzar la universidad, le dije, no sin sentirme un poco triste al respecto, que me sería imposible estudiar en una universidad ya que apenas había terminado la educación primaria, entre otras cosas.

Dejo los papeles con los que he estado trabajando por unos veinte minutos y suspiro, estoy muy cansado, son casi las ocho de la noche y he estado trabajando sin parar desde la primera hora de la mañana. Mi celular vibra repentinamente y gruño molesto, no voy a atender si es algo relacionado al trabajo, lo agarro molesto.

“De: Boojae
05/06/11 | 7:54PM.
Yunnie~ Ya cenaste? ^_^
No te olvides de cenar, eh~
Hwaiting con el trabajo! >3<”

Sonrío todo enamorado, esto sólo hace que lo ame aún más, siempre es tan atento. Sabe lo descuidado que soy, especialmente con las comidas, como no tengo la paciencia como para hacerme un simple sándwich casi siempre ignoro las comidas y termino el día sin haber almorzado ni cenado, que conste que mi desayuno consiste en café negro y nada más; podría sin problema llamar a Changmin y decirle que me traiga algo de comer pero ambos están en época de exámenes y viven concentrados en sus estudios, no quiero molestarlo por nada. Lo extraño tanto, pero no puedo ser tan egoísta y ponerme por encima de sus exámenes, eso es más importante que yo… Creo que ya lo ha dejado claro, no nos vemos hace dos semanas. Me siento tan abandonado.

Resignado a no poder avanzar más con estos papeles me paro y voy a la cocina. Cabe destacar que este lugar es territorio totalmente nuevo para mí, el único que sabe la ubicación exacta de las cosas es Jaejoong, yo máximo sé dónde están las tazas para mi café. Suspiro. Todo es tan callado, el departamento está tan vacío sin la presencia de Jaejoong, me siento solo y abandonado. Antes al menos tenía a Typhoon pero Jaejoong es un demonio sin corazón que me lo arrebató y se lo llevó con él a su casa. Oh, está bien, yo se lo di gustoso, sé lo bien que se llevan ambos. Me sirvo un poco de agua, lo más saludable que puedo encontrar dentro de la heladera, pero un ruido en la puerta me llama la atención. Tenso y alerta dejo el vaso sobre el mueble de la cocina, no puedo descartar la posibilidad de que se trate de algún ladrón.

—Aish, ¿qué es todo esto?

Suspiro aliviado al escuchar esa voz con un dejo de molestia tan característica de mi amado cuando ve algo que no le agrada. Voy a su encuentro en la sala y lo veo recogiendo algunas revistas del suelo. Juro que no las dejé tiradas por ahí. Cuando finalmente posa su mirada sobre mí sonrío como un niño en Navidad, sin perder el tiempo me abalanzo sobre él y lo envuelvo en un fuerte abrazo. Huele a todas sus cremas y shampoos, vainilla, fresas, lavanda… Pero entre toda esa mezcla de aromas puedo reconocer el suyo, tan distintivo, mi urgencia por llenarlo de besos está casi descontrolada.

—¿Qué haces aquí? Todavía estás de exámenes… —le susurro al oído. Puedo sentir sus brazos envolverse alrededor de mí, correspondiendo el abrazo; aunque la diferencia de estatura no es demasiada, su cabezo apenas me llega a la mejilla, se acerca más a mi cuerpo y cierro los ojos disfrutando de la sensación de sentirlo al fin en mis brazos. Dos semanas, Dios.

—Quise venir a verte… ¿No puedo?

—Claro que puedes, pero te advierto que ya no sales de aquí.

Ríe bajito y me mira. Soy realmente posesivo contigo, ¿está bien? Mientras no haga nada que lo moleste supongo que está bien. Ambos somos celosos, posesivos y dependientes uno del otro; esta dependencia emocional que sentimos alguna vez nos puede llegar a destruir, me pregunto si él lo sabe.

—Está bien~ —me da un besito rápido— Todavía no cenaste, ven te haré algo.

Me dejo llevar hasta la cocina y es ahí donde comienza su interrogatorio. Debería ser yo el que hiciera las preguntas pero cuando cocina es todo un parlanchín. Tomo asiento y me limito a mirarlo, mi Jaejoong tiene unos hábitos muy peculiares a la hora de cocinar, nunca me cansaré de redescubrir algunos; frunce el ceño levemente, concentradísimo en la tarea de cortar las verduras, habla entre cada pausa que hace con el cuchillo y me mira de reojo, el ciclo vuelve a repetirse hasta que debe comenzar con los otros ingredientes, ahí es cuando cambia todo. A veces, cuando tiene gana de agasajarme con postres, se gira hacia mí con su bowl lleno de masa para hornear y juega con el cucharón de tanto en tanto, moviéndolo al ritmo de sus palabras. Una vez armó un desastre porque estaba enojado, me había visto hablar con una fulana vecina mía frente al ascensor, eso fue suficiente para desencadenar su ira, nunca he visto a un rodillo de la misma forma desde aquella vez.

—¿Cómo está mi narco favorito?

—Ya te dije mil veces que no soy un narcotraficante.

Al menos no directamente.

—Hum… Quizás deberías… —corta las verduras lentamente, con cuidado de no hacerse daño—Son sexys.

—Yo soy más sexy que cualquier narcotraficante, eso te lo puedo asegurar, he visto a muchos y la mayoría…

—Yunhoah… —dice interrumpiendo mi estúpida cháchara— Claro que eres el más sexy…

X

Despierto confundido y desorientado. ¿Cómo llegamos a la cama? Recuerdo vagamente lo que hicimos o acabamos de hacer ya que afuera sigue oscuro. Cenamos, Jaejoong trajo un poco de vino, bebimos tranquilos. Debió ser el vino, ¿exactamente cuánto me hizo beber ese niño?
Su lado de la cama está vacío, la almohada extra que usa para abrazar cuando duerme yace abandonada en el suelo, hmm, bien, todavía no se ha ido porque puedo ver sus botas cerca de la puerta, y su ropa al pie de la cama toda doblada y ordenada.
Aparto las sábanas y voy al baño donde supongo que está a juzgar por el sonido del agua corriendo. Sólo puedo ver el contorno de su figura a través del vidrio empañado y mojado, el imaginarme lo que me espera dentro me motiva a unírmele. Entro a la ducha y lo abrazo por detrás sobresaltándolo un poco, estoy seguro que no esperaba un invasor.

—Pensé que dormías.

—Hmm… También necesito una ducha.

Intento tocarlo para estimularlo y comenzar el segundo round pero golpea mi mano antes de llegar a sus muslos.

—¿Quieres hacerlo otra vez? Acabamos de hacerlo.

—Dos semanas, Jaejoong. Puedo ponerme duro con solo mirarte.

—Eres un adicto al sexo—dice riendo bajito y pega su espalda a mi pecho, aprovecho la posición para repartir besos por su cuello y hombros. Un Jaejoong mojado siempre me ha excitado de sobremanera; la forma en la que su cabello mojado se pega a su rostro, enmarcando sus facciones, el sabor de su piel, la textura que adquiere al estar húmeda, todo me vuelve loco.

Se voltea y me mira, una sonrisa traviesa en sus labios. Sé lo que planea y no voy a negarle nada. Posa ambas manos en mi abdomen y acaricia los músculos lenta y suavemente, sintiendo cada uno mientras va bajando hasta mi entrepierna donde encuentra su premio. Envuelve sus dedos alrededor de mi miembro y comienza a masajearlo lentamente, torturándome; aunque quiere tenerme completamente duro no va a apurar las cosas y se tomará su tiempo, siempre es así. Aumenta el ritmo de su mano y acaricia la punta con su pulgar esparciendo el presemen que se va acumulando ahí, gruño levemente instándolo a más contacto pero niega con la cabeza.

—Voy a usar mi boca—me dice y mis ojos están fijados en esos lindos labios que pronto estarán rojos e hinchados por el trabajo que ellos implica. —¿Cabe en mi boca?—se arrodilla frente a mí, el chorro de agua le golpea en la espalda pero parece no molestarle, me mira desde esa posición, expectante.

—Claro que sí, y lo sabes.

Enredo una mano en sus cabellos húmedos, esa es su señal y sin esperar más se acerca a mi miembro y lo lame desde la base hasta la punta, donde se entretiene jugando un poco. Oh, Dios, esa lengua hace maravillas. Lame alrededor de la cabeza y la succiona, echo la cabeza para atrás y cierro los ojos disfrutando de esas sensaciones tan placenteras que recorren mi cuerpo. Después de lamer y succionar toda la extensión procede a tomarlo por completo en su boca, lo lame y succiona al mismo tiempo que comienza a imponer un ritmo. Gimo su nombre y acerco más su cabeza a mi miembro, a pesar de dudar todo el tiempo, ya está acostumbrado al tamaño y no tengo miedo de hacerle daño. Relaja su garganta llevándome más profundo y gime al mismo tiempo, enviando vibraciones por todo mi miembro.

—Así… mmm… Jae…

Me masturba al mismo tiempo de los movimientos de su cabeza y con una mano libre toca mis testículos, apretándolos levemente. Si no se detiene voy a venirme, estoy tan cerca. Siento como sus movimientos se disminuyen hasta concentrarse en sólo lamer y lo miro.

—¿Hmm?

Lame alrededor de la cabeza y la frota contra el interior de su mejilla, dejándome ver la forma. Vuelve a lamer y succionar levemente, limpiando el rastro de presemen antes de soltarme y pararse.

—El piso es un poco…

No le doy tiempo de terminar y lo pego a la pared más cercana, subo una de sus piernas alrededor de mis caderas y me froto contra él, sacándole más de un gemido. Sus brazos se envuelven alrededor de mis hombros y me atrae más a su cuerpo, jadea sobre mis labios, y le lamo el labio inferior.

—Nng… Yunnie… —susurra jadeando.

Mueve más las caderas, aumentando la fricción entre nuestros miembros pero no es suficiente. Mis manos bajan hasta su trasero y lo aprieto, lo elevo un poco más, posicionándolo sobre mi miembro pero no lo penetro, aún no. Lo beso por el cuello succionando un poco, mordisqueando su piel sensible, es tan fácil dejarle marcas, no desperdicio mi tiempo y lo lleno por completo de pequeñas marcas, puestas de forma estratégica para que ningún cuello alto pueda cubrirlas. Hago un camino de besos desde su hombro hasta su clavícula y bajo a sus pezones; tan rosaditos y duritos, súper sensibles como las de una mujer, me encantan. Tomo uno en mi boca y jugueteo un poco con él antes de pasar al otro, abuso de ellos lamiéndolos y jalándolos levemente con los dientes hasta quedar satisfecho.

—Yunnie… Por favor…

Mi miembro se resbala entre sus nalgas y muevo las caderas a veces rozando contra su entrada ya preparada, jadea y gime pidiéndome que se lo dé. Todavía no, cariño. Me gusta tenerte al límite antes de empezar.

—Ah… ¿Vas a hacerlo? Mmm… —mueve sus caderas intentando que lo penetre y se muerde el labio inferior.

—¿Hacer qué?—susurro contra sus labios, jadeando.

—Meterlo…  Hmm…

—¿Lo quieres?—tomo en mi miembro y froto la punta contra su entrada.

—Sí… Oh, Dios… Sólo mételo…

Entro en él de una sola embestida, tomándolo por sorpresa. Puedo sentir sus uñas clavándose en mis hombros pero eso no me detiene y comienzo a embestir de forma pausada, esperando que sea acostumbre primero para luego agarrar ritmo. Se siente tan bien, las paredes de Jaejoong apretándome de esa forma tan deliciosa, apenas puedo controlarme para no embestir salvajemente.

Envuelve ambas piernas alrededor de mis caderas mientras lo mantengo pegado a la pared presionando mi cuerpo contra el suyo, sin la mínima posibilidad de caer. Gime de repente dándome a entender que he encontrado su próstata y cambio la dirección de mis embestidas para golpear una y otra vez contra ese punto de placer.

—Ah… ahí… ahí… —gime y me abraza más. Sus piernas nunca aflojan el firme agarre que tiene, es más, intenta hundirme un poco más en él.

Aumento la fuerza de las embestidas, haciéndolas más profundas y gime cada vez más fuerte, su voz resuena por todo el baño y estoy seguro que por todo el condominio. Sus labios buscan los míos, besándome de forma desesperada, su lengua acaricia la mía y ambas se enredan dentro y fuera de nuestras bocas.

—Estoy… cerca… —me susurra al oído, entre jadeos—Nnng… Yunnie… Más fuerte…

Lo hago gustoso pero cuando siento que está a punto de llegar al clímax me detengo y salgo de él. No le doy tiempo de protestar y lo volteo, dejándolo de cara contra la pared. Guío mi miembro nuevamente hacia su entrada y lo penetro nuevamente. Comienzo a embestir más rápido y fuerte que antes por la nueva posición; le susurro cosas eróticas al oído haciendo que se estremezca de placer y empuje contra mí, intentando encontrarse con las embestidas. Le aprieto el trasero y lo masajeo hasta notar la piel un poco enrojecida.

—Yun… ho…—gime con los ojos cerrados, tiene una mejilla pegada contra la superficie fría de la pared, de sus labios escapan gemidos y jadeos.

Le parto las nalgas y veo a mi miembro entrar y salir de él constantemente. Gruño placenteramente ante tal vista, tan excitante. Lo beso, recibiendo todos sus gemidos en mi boca, puedo sentir su cuerpo estremecerse del placer contra el mío, sé que está cerca. Una de mis manos lo comienza a masturbar al mismo tiempo que las embestidas y en poco tiempo lo siento tensarse por completo, viniéndose, llenando mi mano de su semen. Sus paredes se aprietan alrededor de mi miembro y la presión de hace demasiada como para poder soportarlo más, con unas cuantas embestidas más me vengo en él, llenándolo por completo.

—Ah… ah… —respira agitadamente, sigue con los ojos cerrados y la mejilla contra la pared. Beso su nuca y hombros antes de salir de él y sostenerlo por las caderas, siempre está débil en las piernas después del sexo.

Lo llevo bajo el chorro de agua y comienzo a bañarlo. Miro satisfecho las marcas en su cuello y hombros, sí, se ven perfectas en contraste con su piel blanquita.

—Fue un desperdicio de agua… —susurra contra mi pecho mientras deja que le limpie cualquier rastro de semen.

—Ahora estamos haciendo un buen uso de ella—respondo y prosigo con el aseo.

Al terminar de limpiarnos y bañarnos realmente, lo envuelvo en una toalla y lo cargo hasta la cama. No irá a ningún lado. Es ley que después del sexo se quede a pasar la noche, tenga compromisos o no. Después de todas esas noches que pasamos juntos después de hacerlo supongo que se hizo un hábito en ambos.

Seco cada parte de su cuerpo con la toalla y aprovecho para besar un poco mis partes favoritas, cosa que lo molesta e intenta huir debajo de las sábanas pero lo detengo agarrándole del tobillo. Con la promesa de que me comportaré sigo secándolo hasta terminar y lo dejo libre. Me espera bajo las sábanas y no me tardo en unirme a él.

—¿Fue bueno?—pregunto.

—Siempre es bueno… —se abraza a mí y apoya su cabeza en mi pecho.

No parece querer hablar mucho y cierro los ojos relajándome, no puede haber nada mejor que esto.

—Te amo, Yunho.

—También te amo.

Me quedo dormido con una pequeña sonrisa decorando mis labios, creo que nunca me cansaré de escuchar esas palabras.

X

“¿Recuerdas esa tu chaqueta de cuero que solías usar mucho durante esa época? Nunca la perdiste, la tomé prestada ^3^
Dejé un poco de comida en el refri. ¡Cómela! Es comida de verdad y hecha por mí, así que más te vale que te alimentes bien, Jung Yunho o ya verás…
No nos veremos en ésta semana, pero anímate, son mis últimos exámenes y después seré todo tuyo, podemos tener citas como las demás parejas si quieres…
Al menos intenta leer esta nota y la tires a la basura así sin más, ¿entendido?
Te ama, Boojae~

Ps. Changmin llamó, dijo que ésta semana tiene que dar unas charlas en una convención, llámalo, ¿sí?
¿Por qué nuestro hijo es más inteligente que nosotros dos juntos? Aigoo… Creció tan bien…”

3 comentarios:

  1. aaaaaw a la final terminaron juntos y con hijo y todo XD
    se conocieron de una forma inesperada, pero a pesar de todo lo malo, conocieron su verdadero yo, fue bueno leer la historia ^^... es buena ;-)

    ResponderEliminar
  2. Hermosa familia, jajaja...

    Gracias

    ResponderEliminar
  3. Yeees!!! Yunjae figthing!!! Muyy buen fic en verdad me encant, mil gracias por compartirlo con nosotros!!! Ame que terminaran juntos!! Yunjae y su hijo minnie xD

    ResponderEliminar

Deja tu comentario \(*O*)/ ♥ ♥
o más bien... deja tus pensamientos pervertidos grabados en esta entrada XD