Mi infierno propio y personalizado - cap 6

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Tan dulce como el azúcar

Los días habían pasado desde ese momento que estuviera a punto de irme de casa de mi novio. En mi cuarto estaba estudiando o quizás más bien mirando a las musarañas pensando en mis cosas.

Apoyado en el respaldo de aquella silla de ruedas pensaba una y otra vez en lo que mis ojos habían visto y mi mente seleccionó cada parte importante de aquel suceso.

Recordaba como después de que tirasen los cristales de aquel vaso en la basura y como mi novio sonriendo se acercó a mí. Me dio uno o más besos, algo cortos y poco apasionados de la manera que siempre hacía, parecía algo cortado, como si estuviera incómodo. Lo miré cuando se separó y mis ojos se fueron directos a los de Yunho que miraba al suelo, podía notar en sus ojos como aquello no le había gustado siquiera un poco. Volví mi mirada a mi novio y lo besé de nuevo sin que se lo esperase apasionadamente; le sonreí y le volví a dar otro pico de despedida.

Me separé de él y al darme la vuelta sentía como ardía por dentro, no sabía que era pero aquella expresión de Yunho y sobretodo el ver como las aletas de su nariz se ensanchaban al respirar me dio a entender que aquello no le había agradado lo más mínimo.

¿Pero por que razón? creía saber la respuesta, pero juzgar así de pronto no era lo adecuado... Debía cerciorarme mejor, podrían ser paranoias mías.

Recogí mi mochila y volviéndome a despedir de él escuché como se despedían. Salimos por la puerta y nos dirigimos a su coche.

Yunho siguió serio sin cambiar la expresión. No pronunciaba palabra y yo lo observaba detenidamente desde atrás, estaba rígido y su pose era la típica cuando estaba enfadado. Intenté sacar un tema y hacer que me contase que le pasaba para estar así, pero sólo dijo problemas de familia, no me dio mucha explicación en detalle y yo tampoco insistí.

Algo me olía mal y a como era él siempre, más inocente que yo y con un carácter más llevadero; hacía que ese comportamiento me extrañase. O había cambiado tanto desde que teníamos casi una comunicación nula que se le hacía alguien irreconocible en aquel momento.

No sabría decir cuando fue que se relajó y volvió a su ser normal, pero para aquella ya me había empezado a comer la olla y a hablar menos de lo que yo solía hablar de normal. Observaba todo, me olía a chamusquina.

Todo aquello que viera seguía en mi cabeza aún cuando me había presentado a algún parcial que otro y Yunho parecía ser él mismo. Centrado estudiando y repasando conmigo en el descanso, comentando lo que habíamos comentado en las preguntas de cada parcial.

Mi mente estaba a punto de estallar, era prácticamente imposible para mí estudiar más. O más bien pensar, ni siquiera era capaz de leer una línea sin volver a releerla mil veces, no me centraba y sólo tenía aquellos gestos de ambos cuando me vieron aparecer.

Eché mis manos a la cabeza y cerré el libro, me iba a reventar la cabeza.

Me levanté de la silla y seguí recordando la curiosidad que me diera al ver como Yunho cada día había llevado gafas diferentes cada día. Ahora era más coqueto, cuidaba más de su aspecto y no vestía con aquellas blusas tan horteras que traía siempre. Pero había algo que me causara cierta inquietud, esas gafas negras que siempre llevaba y eran sus favoritas, tan parecidas a las de mi novio, no las había llevado aquel día que fuera a recogerme.

Me harté de pensar y me levanté de aquel lugar, decidí darme una ducha y descansar, realmente necesitaba despejarme no podía tener esas cosas en mente mientras parecía un alma en pena.

Incluso mi hermanastro que tanto le gustaba mandarme centrarme y estudiar, no me molestó, me dejara sólo y tranquilo desde que viera que no me volvía rebelde ni le contestara una sola palabra malsonante. Simplemente estaba conmigo en aquella casa, haciéndome compañía mientras seguía con su libro a las horas de las comidas, siempre estaba conmigo cuando no estaba estudiando, pero centrado en lo suyo.

Ese día mi hermano estuviera más desaparecido de lo normal y yo me preguntaba donde andaba metido. Desde que lo conociera me gustaba demasiado su compañía, aunque fuese solo por lo molesto que era me gustaba escuchar su voz y sobretodo ver su sonrisa. Mi hermanastro Hyung que en un principio me parecía el típico mimado iba cambiando mi visión sobre él a medida que pasaban los días.

Salí de mi cuarto una vez me duché y fui deambulando por la casa, que se encontraba completamente en silencio desde que los sirvientes nos dejaran completamente solos. No lo encontraba, mirara en su cuarto y no había rastro de él.

Me molestaba saber que no estaba por mí, sabía que mi hermanastro tenía una vida aparte de venir a cuidarme como una niñera pero me había acostumbrado que estuviera siempre disponible para mí que me sentía algo vacío al no verlo venir a hacerme compañía. Me sentía deprimido, aunque solo fuese molestarle un poco o bañarnos juntos como aquel día.

No entendía porqué me había gustado tanto aquella pelea y el chincharlo y todo, era demasiado divertido, pero si no estaba era todo demasiado silencioso y sombrío. Suspiré y fue en mi suspiro que escuché el sonido de cacharros en la cocina. Era imposible que estuviera nadie allí y menos a esas horas, acabáramos de comer hacía dos horas.

Sin más me digirí a aquel lugar, me suponía que no estaría fregando ya que ambos lo hiciéramos al poco de terminar de comer e incluso se quedó fregando el suelo mientras me mandaba a estudiar.

Llegué a la puerta y vi como la fregona con el cubo estaban allí, ¿Si no estaba fregando que podría hacer sino? Me acerqué a la puerta y la vi algo entreabierta, me asomé y mis ojos vieron algo que no me esperaba para nada, que me dejaron completamente asombrado.

Mi hermano, él, el mismo que sólo se dedicara a dar por culo y a mandarme hacer las cosas como una obligación, ese mismo que era tan estricto y frío, que se mofaba de mí y sólo sabía controlarme; ese mismo, estaba haciendo repostería.

¿Como era posible que estuviera con ese tipo de cosas cuando siempre estaba tan ocupado molestándome y con su estudio?

Me que dé perplejo con la boca abierta preguntándome si lo que veía no era una visión del hambre que me daba aquel olor, aquel olor que era real y entraba por mi sentido del olfato extasiándome con aquel dulce aroma que me llevaba a otro mundo mientras cerraba mis ojos perdiéndome. Abrí mis ojos y maravillé observando como batía los huevos, mezclaba todo y se ponía a amasar posteriormente con sus manos. Realmente se le veía un experto en aquello. En la isla central, o mesa central de aquella cocina estilo americano; tenía una bandeja con moldes de papel donde echó el líquido de la mezcla que había preparado.

Estaba alucinando.

Sonreí de lado incrédulo por lo que veía... no podía ser cierto, pero el horno pitó llamando la atención de mi hermanastro que dejó la mezcla del bol a un lado haciéndole entender que aquello que tenía en el horno ya estaba listo para salir. No era un espejismo, era real, cocinaba aquello y yo solo podía abrir mi boca de par en par al igual que mis ojos. Tomó con sus manos dos guantes para no quemarse y retiró otra bandeja que recién salía humeante del horno, con magdalenas de chocolate recién hechas.

Se me hizo la boca agua.... empecé a babear con solo percibir su olor.

Vi como dejó esa bandeja en la mesa central y se dedicó a terminar de rellenar lo que había preparado posteriormente, las llevó al horno ya calentado de la anterior horneada; y cerrando la puerta marcó botones para poder el tiempo de horneado, volviendo a la mesa para proseguir con lo anterior.

Cogió una paleta y con una de sus manos se ayudaba a pasar las magdalenas de chocolate a una nueva bandeja donde enfriarían por separado además de hacerles una presentación. Era tan increíblemente delicado y cuidadoso que no fue hasta que vi los adornos de azúcar que le ponía que me hizo recordar todos aquellos cupcakes y pasteles que tenía en mi habitación enviados por mi padre.

Fue ahí cuando me di cuenta que había equivocado... no fuera él, sino Junsu Hyung quien se había molestado desde casi el inicio en enviarme todos aquellos dulces para que yo me animase a estudiar.

Mi rostro se ruborizó, pensaba si todo eso era para mí, si mi Hyung me los había preparado porque él quisiera. Sin darme cuenta mis labios empezaron a formar una sonrisa de incrédulo...me había quedado embobado al ver como con una sonrisa terminaba de decorar los cupcakes. ¿Por qué hacía eso...? ¿Cómo alguien como él sin conocerme, me conocía tanto y se preocupaba así por mí? Me preguntaba a mí mismo esa pregunta mirando cada movimiento de su cuerpo, sus gestos y esa sonrisa tierna que sólo podía salir de sus labios. Estaba comenzando a ver con otros ojos al que fuera mi molesto hermano durante tanto tiempo.

¿Y si su empeño en controlarme no era más que una ayuda?... ¿Dudé, y si lo juzgué antes de tiempo?

En ese momento comentarios de su madre sobre él teniéndome un gran aprecio ahora cobraban sentido, mi Hyung-nim había venido para cuidar de mí, tal y como me había dicho él mismo.

Me mordí el labio y me sentí halagado, nervioso al sentir como mi corazón se emocionó al darse cuenta que jamás nadie se había molestado tanto por mí, ni siquiera mi padre al que adoraba tanto. Lo miré de nuevo y lo vi tan atareado despistado en sus cosas que me colé en el interior directo a preguntarle porqué hacía todo eso, pero el pánico vino a mí y me escondí bajo la encimera de la mesa del centro de la cocina casi con el corazón saliendo por mi boca. Con mi mano tapé mis labios e intenté relajarme mientras escuchaba como hablaba solo de sus cosas.

Era tan curioso escucharlo hablar solo que sentí hacer una travesura, por lo que me asomé cuando vi conveniente y le robé una de aquellas posteriormente magdalenas de chocolate convertidas en cupcakes todavía calientes que había recién sacado del horno.

La olí, podía sentir el cielo humear de aquel cupcake sabroso de chocolate. No pude evitarlo más y le hinqué el diente, aún estando caliente tenía un sabor inmejorable y de la emoción quería llorar. Estaba tan bueno que me lo zampé entero mientras escuchaba como se daba cuenta al faltar una de sus sabrosas creaciones.

- Que raro... juraría que había contado 12....

Me tapé la boca por no reírme y echar todo lo que estaba masticando, al escuchar como se extrañaba que no contara bien, volvía a contar una y otra vez las magdalenas teniendo 11 resultantes.

Escuché como con su boca hacía un ruidito de desaprobación y posteriormente un suspiro. Sonreí con la boca llena al haberle engañado y fui directo a robarle otra. Cuando vi la oportunidad, ya que se había despistado buscando adornos en las alacenas; mi mano se alargó y robó otra de su deliciosa repostería, volví a mi lugar y me tapé la boca para no emitir ningún sonido mientra engullía uno nuevo; pero una risita me escapó haciendo que lo alarmase, escuchando como los pasos lo acercaban a donde estuviera él posteriormente.

No emití ningún sonido más, pero escuchaba como sus pasos se quedaban quietos durante unos segundos seguramente observando que fuera lo que pasara y no se enterara. Noté como corría peligro en aquel escondite y salí de él sigiloso y medio a gatas andando en dirección contraria a él y escondiéndome en el lateral de la mesa central, daba gracias a dios que fuera de bloque.

Justo como imaginaba Junsu se había movido de su lugar inicial y fuera a ver que pasara en la parte posterior de aquella mesa. Levanté mi mirada y vi como Junsu echaba una ojeada y se agachaba en el suelo. Me apresuré y fui raudo agarrando un poco de aquella mezcla que era crema pastelera y fui directo a por él.

Vi como se levantaba sin entender que sucedía y girándose recibió aquella crema de lleno en su cara. En ese momento el tiempo se paró, al ver como mi Hyung lleno de aquella sustancia tan deliciosa se quedaba parado en medio de la cocina sin emitir un sólo sonido y solamente reaccionando en abrir los ojos y limpiarse con sus dedos posteriormente.

Lo miré sonriendo y me eché a reír al verlo tan gracioso, pero una sustancia pronto ocupó mi cara y fueron sus risas y no las mías las que inundaron aquel habitáculo.

Me limpié los ojos como él, con los dedos y chupando la crema posteriormente. Entonces lo acompañé en las risas y asentía con mi cabeza anunciándole que me pagaría por aquella fechoría mientras me acercaba a él y este sólo levantaba las manos para pararme, pero las agarré y empezamos entre risas a forcejear. Pronto se desató una guerra donde los productos tales como azúcar glasé, nata y crema pastelera nos ensuciaban la cara y el pelo aparte de la ropa dejando la cocina hecha un asco.

Cada vez que me intentaba lanzar algo yo se la devolvía después agarrándolo contra mí, abrazándolo por su espalda y bloqueándole los brazos. Era más enclenque como yo, pero era resbaladizo, muy resbaladizo; tanto que consiguió ponerse a mi altura de hacer el mismo tipo de ataque y no salir perdiendo.

Estábamos muy igualados.

---

- Habrá que recoger este desorden...

Mi hermano sentado en el suelo entre la mesa central y las puertas bajo el fregadero miraba el desastre de cocina que había quedado después de la guerra de alimentos, yo por el contrario sentado a su lado solo me mantenía ido, cabizbajo, recordando lo que había hecho que regresara a casa y no pusiera apenas resistencia en las imposiciones de mi hermano. Estaba realmente confuso, ido y desconsolado, preguntándome porqué era Junsu y no mi propio novio quien me cuidaba. Maldiciéndome, buscando las razones porqué llego a ese punto donde el dolido era yo.

El silencio después de tanta batalla se había apoderado de los dos y yo no sabía que tema sacar, ni siquiera sabía si le interesarían mis problemas.... sólo sabía que necesitaba que me escucharan y me daba palo contarle lo que mi cabeza guardaba.

- ¿Que te pasa Changmin?... Estás demasiado apagado...

Su mano se posó en mi cabeza y revolvió mi pelo sobresaltándome, haciendo que yo levantase la vista un poco y lo mirase poniendo cara de circunstancia. Pedía a gritos su atención pero no sabía si me expresaba con claridad; vi como me miraba y fijaba sus ojos en mí, me sonrió y yo suspiré. Sentí como su mano que anteriormente me revolvía el pelo la pasó por mis hombros y me dio una palmadita seguida de una suave caricia.

Pero al ver que no arrancaba, de la forma más dulce me dio tiempo para darle confianza y así contarle mis problemas.

- Bueno, no tienes porqué contarme aún si no quieres- dijo melosamente- pero intenta no comerte demasiado el tarro... hazme caso, es mejor...

Lo miré, parecía conocer las palabras exactas que decirme siempre, era un hermano ejemplar, era demasiado comprensivo. Me sonrió y volvió a revolverme el pelo, suspiró y se intentó levantar para ponerse a limpiar todo. Pero lo paré agarrándolo de la mano y lo miré con cara de súplica que me salió para que se sentase. Con ese gesto entendió que necesitaba a mi hermano ahora y que me hiciera compañía un poco más.

Se sentó a mi lado cruzando las piernas y me miró atento. No entendía porqué, pero ansiaba tanto aquello, ver sus ojos chocolate mirándome, sólo para mí todos ellos, atentos a mis palabras y brindándome el placer de su atención.

Suspiré de una forma que ni yo supe explicar y empecé a contarle de una manera algo cortada el asunto que me preocupaba, no eran ni los estudios ni nuestra relación, al contrario, era por lo que me había ido de casa, Jaejoong.

- Siento que soy un criajo y un niñato...-dije con molestia por conocerme bien a mí mismo y sentirme defraudado poniendo un puchero- y que no quiero ver más allá de lo que mis ojos ven- vi como atendía y yo me puse pensativo unos minutos mientras lo miraba fijamente y quedé parado-... en... en realidad no sé ni como empezar a contarte mis problemas...

Escuché como se movía hacia mí y como con su mano me daba apoyo acariciando mi hombro. Así lo quería, atento a mis palabras, puse cara de penita y volví con el mismo puchero con ojos de Bambi mirándolo por encima de mis gafas y bajé la mirada con pena.

- Las cosas no van bien con Jaejoong, no como yo quería, o al menos como me imaginaba que sería... en un principio gracias a tus acosos realmente me sentí culpable- vi como se sorprendía por la palabra que dijera y asentí- no me niegues eso... era acoso...- proseguí molesto- y este día que me escapé...

Mi hermano colocó dos dedos en mi boca para que no prosiguiera, haciéndome callar, obligando que mi cerebro lo atendiese en ese momento a él.

- Changmin, si es por lo que te dije, lo siento tenías razón, yo no soy quien para opinar nada de nadie... no debí meterme donde no me incumbe... ya eres mayorcito para tener una niñera... no volverá a suceder.

Mi mirada se volvió triste al escuchar sus palabras, si él supiera que había tenido razón, era tan irónico que mi boca cambió el puchero e hizo una sonrisa un tanto melancólica y amarga al mismo tiempo, sentí como mi interior se revolvía, me pedía perdón por algo que viera antes que yo, yo no quería aceptar que antes que yo viera más allá; que se diera cuenta de cómo mi novio actuaba, sus reacciones; algo de lo que yo no fuera capaz...

Se hizo el silencio incómodo y yo quedé ensimismado recordando una y otra vez todo, desde el momento en que Yunho me dijera que tuviera cuidado hasta el día en que Junsu Hyung me dijera aquello por mi bien... Pero su voz me despistó de mi ensimismamiento.

- ¿Sabías que el dulce, sea azúcar o chocolate ayuda a reactivar una neurona que se le llama de la felicidad?- con esa frase hizo que mis oídos estuvieran atentos a sus palabras- es algo que aprendí hace años, cuando mi padre murió.

Giré mi rostro y vi como se acomodaba y ponía sus manos entrelazadas en sus rodillas mientras levantaba su vista y sonreía. ¿Por qué siempre sonreía? ¿Cómo tenía esa entereza?... Yo me sentía tan triste cuando hablaba de mi madre difunta que no entendía como podía seguir tan positivo.

- Mi madre desde que enviudó siempre había estado triste, las pocas veces que podía verla siempre tenía una mirada melancólica y amarga por la muerte de mi padre. Se volvió sombría y sobretodo triste, ni siquiera sabía como poder animarla; claro que echaba de menos a mi padre- dijo mirándome- pero mi madre no podía seguir con esa pena y yo siendo como soy era incapaz de poder expresarle mi apoyo con una simple caricia- viró su rostro y fijamos miradas- soy incapaz de demostrar mis sentimientos, soy demasiado frío, demasiado serio... muy.... soso- eso que dijo serio hizo trágame mi propia risa ya que era verdad, lo intenté disimular lo que pude- Y un día descubrí eso de los dulces, activan la hormona aquella dándote una sensación de felicidad, efímera, pero felicidad al fin y al cabo... Debía devolverle aunque fuese la sonrisa... y fue por eso que comencé a hacer repostería...

Sus ojos se clavaron en los míos y sentí como me ponía colorado, ¿Qué me quería decir con aquella anécdota y con la mirada?

- Yo....- miró a un lado dudoso, luego de nuevo fijamente a mis ojos y prosiguió- no hago estas cosas si no es alguien especial...

Mi estado de "ojitos de cachorrillo" fue cambiando a medida que lo veía tan serio, se me subían demasiado los colores con él... Mi cara se volvió un auténtico tomate... me tensé al procesar como mi hermano hablaba de esa manera mirándome con eses ojos chocolate. Mi corazón sin saber porqué sintió lo mismo que mis músculos y comenzó a latir de una manera más desacompasada, mucho más que antes... Jamás nadie me dijera que era especial...

- Me duele verte triste... si te he hecho todos eses pasteles fue para demostrarte mi apoyo... tu eres alguien especial Changmin...

Me quedé incrédulo al ver como esa sonrisa que me brindaba era lo más tierno que había visto jamás antes. Sus ojos en forma de gotita me sonreían y su mano pronto me acarició el hombro y se dirigió a mi oreja para acicalarme el pelo. Sentí un pinchazo en mi corazón, fue extraño, demasiado extraño, sólo sabía que mi corazón me acabaría saliendo por la boca si no dejaba de ponerme nervioso de esa manera...

- Eres mi hermanito y quiero que seas feliz...

Su voz ronca melosamente fue bajando de tono. ¿Cómo alguien podría demostrarme tanto aprecio en poco tiempo? ¿Por qué me tenía tanta estima? ¿Porqué yo solo pensara que él me quería hacer mal, cuando tan desinteresadamente se había preocupado por mí desde el primer instante que nos conocimos?... ¿Porqué me dolía el pecho?

En mi ensimismamiento, moviendo mis labios para querer articular palabra, mi Hyung manchó mi nariz con nata para sacarme una sonrisa, yo me sorprendí y lo miré fijamente mientras llevaba su dedo a la boca y rechupeteaba los restos todo feliz mientras me miraba. Tragué saliva, ¿Cómo devolverle el favor, el cariño y tanta comprensión y apoyo? Me había dejado tan anonadado con su bondad que sentí calor, mucho calor en mi interior; y extrañamente aquel gesto hiciera que me faltara el aire por lo que empecé a respirar irregularmente. ¿Que había hecho en mí?... sentía tanto calor que quería reventar.

¿Que era aquel sentimiento tan extraño? me asusté del todo y con mucha vergüenza me encogí volviendo a recuperar mi antigua pose con la cara colorada y escuché como empezaba a reír de una manera tan adorable que me hizo sentirme culpable de mi pensamiento y posterior reacción. Solo sé que al mirar su rostro de nuevo un calor extraño vino a mí, mis músculos se movieron solos y sentí lanzarme encima de él. Lo abracé con mis fuerzas empujándolo y haciendo que cayese al suelo entre risas. No podía mirarlo, era imposible para mí, no después de sentir ese arrebato que me decía que siguiera, que no dejase eso como un simple abrazo.

- Changmin... no hace falta que me hagas placajes... no hay de qué

Sus risas me incitaban a callar su voz. Sentí calor, demasiado calor al tenerlo bajo mi cuerpo, no supe bien porqué lo hice pero decidí seguir mi instinto...

Me posicioné encima de él estrujándolo mientras este reía y me pedía explicaciones por mi reacción ya que era un tanto exagerada; y me repetía una y otra vez que no tenía porqué darle abrazos de oso que le haría perder el aire. Me hizo reír de la vergüenza que sentía mientras olía su aroma, era embriagador, en ese instante mi cara pegada a su cuello solté una carcajada haciendo que mi cuerpo tensado reaccionase a esa risa. Le escuché reír con su "eu kyang kyang" particular y me levanté con mis brazos para mirarlo bajo mi cuerpo, era tan tentador... que no lo pensé dos veces y me dejé llevar mientras lo miraba fijamente.

Mi hermano seguía a lo suyo a carcajada pura y no se dio cuenta que yo fui acercando mis labios a los suyos y en un descuido le besé despacio. Sólo junté los labios con los suyos y me quedé parado esperando una respuesta, pero no hubo otra que no fuera el terminarse aquella risa, dejando su cuerpo totalmente petrificado.

Abrí mis ojos y separé los labios viendo como me miraba sorprendido por aquella reacción con los ojos como platos y completamente asustado por mi reacción. Era tan tierno incluso así, tan adorable siendo un Hyung que mi propio cuerpo reaccionó sólo. Le acaricié la mejilla con el dorso de mi mano y lo miré fijamente con otros ojos, unos ojos que no sabría explicar. No se movió y yo sin más volví a acercarme rozando su nariz con la mía mientras cerraba los ojos y depositando otro beso tierno despacio, saboreando su sabor. Él tenía los suyos estáticos y comencé a besarle torpemente por miedo, con una extraña calma y sintiendo cada centímetro de su jugosidad con sabor a nata. Eran gruesos y esponjosos, perfectos para besar. Y lo peor de todo, es que aquello me estaba encantando... demasiado.

Estaba tieso como una plancha de metal, tan duro y firme que se me hizo un poco extraño el besar a algo que no reaccionaba. Una ola de culpabilidad me azotó el cuerpo entero, quizás me imaginé lo que no era ¿Porqué lo besé? aunque sabía que era gay como yo, me quería como si fuera su hermano y yo estaba provocando el incesto entre hermanastros, si así podía decirse. No podía seguir con eso y ahora me sentía mal, tenía que parar aquello, él me veía especial, pero no ese especial que me correspondería como tal. No era lo correcto, me había equivocado, estaba tan dolido por lo de Jaejoong y Yunho que buscaba un consuelo de él que quizás no encontraría nunca.

Cuando me iba a pedirle perdón por mi equivocación, sentí reacción por su parte, su lengua comenzara a abrirse camino entre las dos bocas y se introdujo dentro de mí. Me pilló de sopetón haciendo que me sobresaltase, no esperaba que reaccionase así. Sus labios comenzaron a responderme al igual que su cuerpo y me sujetó, se aferró a mí, agarrando mi espalda con sus manos y correspondiéndome a aquel beso que yo comenzara.

Sentí como mi cuerpo helado por la culpabilidad comenzó a calentarse de nuevo con sus besos iniciales algo torpes al igual que los míos. Pero aquella ternura se volvió sensual donde sus besos me dejaban extasiado, ido; era un gran besador y yo me sentía débil. Ahora él actuaba como el dueño de aquel arrebato, estaba tonto por momentos, débil.

No supe decir cuando comenzó en realidad pero sentí sus manos rozar mi piel. Me había levantado la camiseta e introducido sus manos debajo, me estaba volviendo loco, no controlaba, sus besos se volvieran salvajes y mi cuerpo sólo sentía que quería pertenecerle a él sin siquiera acordarme de nada de lo anteriormente hablado ni de mis preocupaciones referentes a Jaejoong. ¿Quien era?... Dios... estaba en el cielo...

En ese momento el único que estaba en mi mente era él. Mi hermanastro, mi sensual Junsu Hyung que no me dejaba respirar ni un solo momento y se movía bajo mi cuerpo de una forma tan tentadora que no quería que parase tan siquiera para devolverme el aliento.

Noté como quiso girarme y ponerse encima de mí siguiendo lo empezado, se erguía acercándose a mi boca y me hizo separarme de él. Digirió mis manos por mi camisa y le arrancó los botones de un sólo tirón haciendo que me sorprendiera por ello, pero no me dio tiempo; me giró completamente quedando él encima. Fue gateando hasta sentarse en mis partes y ahí, justo ahí notando mi erección, reaccionó. Su rostro había cambiado completamente. Miró a su alrededor y me miró a mí, se asustó; se separó de mí mirándome fijamente respirando dificultosamente.

Yo quedé en el suelo recuperando el aire que me había faltado y tragué saliva llamándolo por su nombre de manera excitada para que volviese a mí tirando de su ropa. Pero me miró y negó con su cabeza levantándose y apartándose de mí.

- No... No vuelvas a hacer eso Changmin... esto no puede ser...- llevó su mano a su pelo y mordiendo su labio me miró fijamente- los problemas no se solucionan así...

Intenté levantarme para que no parase lo que estábamos haciendo, no quería que quedase así, no podía dejarme sólo. Pero se giró evitándome y apartándome de él, recordándome que tenía que estudiar y él también.

Y luego, simplemente se fue, se marchó por la puerta algo desconcertado, con la mirada perdida y casi tambaleándose.

¿Que había hecho?...

Fue llevando mis manos a la cabeza cuando me di cuenta de lo que había hecho...Había hecho el acto más ruin que se podía hacer a alguien con tan buen corazón, alguien que me había entregado su cariño sin reservas... Yo... Había utilizado a mi hermano.

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