Mi infierno propio y personalizado - cap 2

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RTFM: Lee el puto manual


El recuerdo de una luz cegadora y de una figura siniestra con una sonrisa diabólica en los labios fuera lo que me impidiera poder conciliar el sueño aquella noche. Sudaba en frío y notaba calor, demasiado calor y no era sólo por el sol que me estaba iluminando la cara, Yunho estaba agarrado a mí echándome babas encima.

Me sobresalté al ver que me encontraba en el suelo dormido encima de la alfombra con aquel peso muerto y babeante de mi amigo encima de mí. Cerré mis ojos por un momento al sentir un fuerte dolor de cabeza, había bebido demasiado aquella noche y apenas recordaba como había llegado a aquel lugar y menos al suelo. Pero un golpe me despertó, aparté mi brazo de mis ojos y miré a aquella figura de pié que me invitaba a levantarme del suelo.

Alcé mi vista desde aquellos pies descalzos, pasando la toalla hasta llegar a eses abdominales y pectorales medio formados dando con el rostro de un mojado y semidesnudo Hyung que secaba su pelo con una toalla. Abrí mis ojos sintiendo como mis mejillas se notaban algo más acaloradas por aquella presencia y me levanté echando a Yunho a un lado. Me puse de pié bajando mi mirada al ver como sus manos me acercaban las gafas mientras su cuerpo todavía humeante del calor de la ducha se acercaba a mí mirándome fijamente con eses ojos marrón chocolate.

Un gemido extraño de Yunho nos hizo virar a ambos y mirarlo, entonces le dí una patada sin dudarlo haciendo que se despertara. Volví mi mirada a mi rubio Hyung y me miró serio. Sus ojos se habían clavado en mi mirándome de una forma extraña, como queriendo que le diese explicaciones de cómo habíamos terminado los dos borrachos en la puerta de casa. Respiró fuertemente aguantando la respiración y me amenazó con sus ojos después, comenzó a hablarme de manera autoritaria sin sacar sus ojos de mí. Bajó su mirada por un segundo para darme un repaso y frunciendo el ceño me indicó que nos fuéramos a la ducha para sacar el pestazo de alcohol y tabaco que teníamos encima.

Asentí malhumorado por recibir una regañina y lo peor de todo era que tendría que enfrentarme a mis padres, ahora la escusa de mi amigo no tendría valor ninguno. Me sentía bastante preocupado por el marrón que me tendría que comer por haber desaparecido por completo, había sido muy desconsiderado por mi parte el escaparme, sí, pero lo de la noche pasada era algo más importante que siquiera ver a mi hermanastro.

Vi como se iba a su gran armario todavía semi-desnudo y escuché un bufido por parte de Yunho cuando lo noté levantarse y ponerse a mi lado mientras me agarraba el brazo.

- Que culo tiene...

Lo miré levantando una ceja con cara de circunstancia y bastante sorprendido al escuchar lo que por su boca saliera. Mi amigo tenía un gusto peculiar a la hora de ligar o fijarse en alguien, a él le gustaban las mujeres con carácter y autoritarias que lo dominasen. Me sorprendió sobretodo porque no era gay. Lo miré extrañado al ver como se mordía el labio y se quedaba mirando a mi hermanastro mayor mientras yo trataba de ignorar aquella reacción o más bien pensar que no la había presenciado mientras nos dirigíamos a la puerta y salir.

- Me lo follaba...

Le dí un capón y se fue quejando mientras salíamos del cuarto de mi hermanastro e íbamos al mío para arreglarnos y sacarnos el pestazo. Realmente pensar en Yunho como mi cuñado me daba escalofríos y negué con mi cabeza toda idea de ser familia. Eso era más escalofriante que nada.

Después de ducharnos y arreglarnos fuimos los dos directos al salón donde a esa hora estarían mis padres ya comiendo como cada sábado. Yunho y yo volvimos cada uno a su look habitual, él el típico Ned y yo un Geek con la camiseta oficial que me hacía distinguirme de él.

Ambos entramos en el salón y vimos a mi padre y mi madrastra con una sonrisa de oreja a oreja en los labios, algo no iba bien; o estaban contentos de verdad o aquella muestra de felicidad falsa no era más que mi sentencia de muerte. Mi hermanastro Hyung estaba sentado al lado de su madre y comía refinadamente la guarnición que acompañaba al primer plato mientras ignoraba cada momento de nuestra llegada, haciendo como si no existiéramos. Tanta educación decía tener... que ni siquiera la sabía demostrar.

Saludamos educadamente como siempre y nos sentamos a la mesa para comer, o más bien desayunar, ya que nos habíamos saltado la primera comida del día; mientras yo miré a mi Hyung-nim como esperando una mofa de su parte, la gente como él solo se sabía aprovechar de las desgracias o fallos ajenos, él no sería menos.

El silencio se hizo en la sala, aquel incómodo silencio que era una de las cosas que a Yunho más le molestaba, aunque fuera hablar del tiempo o de alguna cosa sin importancia él empezaba a hablar sin ton ni son. Pero fue mi padre y no otro, el que interrumpiendo la charla sobre el tiempo y empezó una conversación que me puso los pelos de punta, tal y como era de esperar.

- ¿Que tal os fue la noche a los 3?... ¿Lo pasasteis bien?

No sabía decir si era sarcasmo o a que venía aquel interrogatorio. Daba la impresión de que estaba perdiéndome algo... ¿Era un juego?... Aquel maldito rubiales estaba centrado en su comida, pero yo sabía que estaba más atento que nadie a nuestras reacciones. Como los cabrones de los pijos de mi instituto... cómo les gustaba disfrutar del mal ajeno.

Miré a Yunho algo alterado el cual empezó a hacer sus típicos tics por el nerviosismo y me contagió, haciendo que mi nariz y mis ojos hicieran las muecas que siempre hacían cuando iba a mentir. Noté la mirada asesina de mi padre sobre mí y quise contarle la verdad, pero mi hermanastro se adelantó...

- Lo pasamos estupendamente, los fui a recoger a la biblioteca- dijo de una forma educada y tranquila mientras se limpiaba con la servilleta los labios- luego quisieron que conociera a un sitio de comidas que frecuentan cuando asisten a clase y la verdad... se nos pasó volando...- sonrió agradablemente o quizás falsamente- apenas nos dimos cuenta de la hora... y mi Dongseng se olvidó de llamar- me miró de forma agradable con esa sonrisilla falsa- por eso luego llamé tan tarde... lo siento madre...

La sonrisa en la cara de mi padre fue de total satisfacción y me miró sonriendo como si estuviera contento por aquella contestación. Yo asentí y bajé mi cabeza mientras escuchaba a mi padre reír. ¿A que venía aquello? ¿No se suponía que ya se lo había contado y estaba esperando que me la armasen gorda?

- Me alegro... la verdad es que Changmin no tiene demasiada vida social y menos desde que está viviendo en esta casa- miró a mi Hyung y prosiguió- siento que lo dejo en buenas manos.

Él y mi madrastra sonreían mirándose como dos tortolitos. No entendía porqué mi hermanastro me salvaba el culo... maldito cabrón... aquello sólo podía significar que ese acto traería consecuencias...

Después del agradable "desayuno-almuerzo" Yunho y yo nos dirigimos a mi cuarto donde al poco de cerrar la puerta sentí cómo llamaban, mi cabreo aumentó, sabía quien podría ser el que estuviera a punto de pasar.

Alcé mi voz para darle paso con un "adelante" con mala gana y mi rubio Hyung-nim entraba por la puerta inexpresivo y mirándome fijamente. Caminó hacia los dos y miró a Yunho haciendo que este se pusiera colorado, le hizo un repaso y luego caminó un poco más acercándose a mí.

A solo dos palmos se encontraba mi bajo y rubio hermanastro mirándome de esa manera tan fija sin pronunciar palabra, como siempre hacía. Pero fue antes de que Yunho empezase con su nerviosismo que empezó a hablar.

- Lo siento, tu amigo tiene que irse... tienes que estudiar... madre me dijo que tenías exámenes...- miró a Yunho y luego me miró a mí- despídete de él, el chófer ya está esperándolo en la puerta.

Se separó de mí todavía con su vista fija en mis ojos y lo miró mientras con el dedo índice daba toquecitos a su reloj indicándole que el tiempo volaba y que era hora de que se fuera. Cuanta prepotencia. Miré a Yunho casi descojonándome por dentro de lo que estaba escuchando y viendo de aquel pijo enano y me despedí de él viendo como mi amigo asentía. Me acerqué a él para acompañarlo a la salida y la voz ronca y estridente de mi hermanastro a mis espaldas volvía a llamarnos la atención.

- No tardes mucho... tienes que recuperar todo lo que no estudiaste ayer en la biblioteca.

No miré ni atrás, sabía que lo que me decía eran normas que tenía que acatar por haber sido tan buen samaritano conmigo aprovechándose de mi descuidada salida nocturna la noche anterior. Mi Hyung se había cerciorado con la mentira que contara de ganarse a dos esclavos a los que dar órdenes. Sabía que si replicaba, él tendría la potestad de amenazarnos y de obtener de nosotros todo lo que quisiera. Me maldecía al pensar en él como alguien que no se asemejaba a los cabrones que me hicieran la vida imposible durante tantos años en el instituto.

Me despedí de Yunho y entré desganado al ver que mi primer y único hermano mayor desde hacía poco tiempo, se encontraba en mi cuarto planeando la siguiente cosa para hacer y servir a mi dueño y señor...

Nada más llegar y verlo merodear por mi escritorio vi como levantaba su mirada y me señalaba los libros. Yo me acerqué y ni siquiera lo miré, agarré el respaldo de la silla con intención de sentarme y fui parado al instante. Iría a estudiar como castigo a la piscina.

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Bajo una sombrilla me encontraba en la mesa del jardín refunfuñando, a pocos metros de la piscina escuchando y viendo como mi padre chapoteaba en ella. Mi hermanastro y su madre se encontraban en las hamacas enfrente de mí, uno leyendo y la otra haciendo crucigramas.

- ¿Changmin no estudiaste ayer lo suficiente? ¡Ven al agua un rato!

Negaba con mi cabeza y mi hermanastro me miraba furtivamente tras ese pesado libro que sostenía. Daba la impresión como que esperase que diese la respuesta correcta. Ya me estaba jodiendo...

Ya era lo bastante mayorcito como para andar siendo amenazado por nadie, pero daba la maldita casualidad que siempre que se refería a mi padre me sentía débil y aunque odiase que se aprovechasen de mí no tenía otra opción hasta encontrar algo con lo que contrarrestar su aprovechamiento. Nadie podía comprender como me sentía en ese momento, y sobretodo al ser controlado por aquel Hyung que cada vez le estaba teniendo más tirria.

Fue en mi ensimismamiento mirando a aquel rubio que tenía por hermano que sentí como unas manos mojadas me agarraban del brazo. Mi padre se había emperrado en que me metiera en el agua que estaba fresquita, ya que mi cabeza pronto echaría humo de tanto estudiar.

Mi madrastra y su hijo al ver el alboroto miraron atentos la escena y yo sentí vergüenza mientras mi padre intentaba sacarme la camiseta a lo que yo me resistía todo colorado. No me encontraba lo suficientemente cómodo como para ser mirado por aquellos ojos chocolate tan fríos que me controlaban a cada instante.

Pero al resistirme tanto al final mi padre me empujó haciendo que cayese al agua en plancha recibiendo un golpetazo en todo el estómago. Salí a la superficie con el pelo y la ropa empapada y mi padre como un niño empezó a juguetear echándome agua. No podía negar que jamás había visto tan feliz a mi padre, esa sonrisa y esa forma tan infantil de comportarse no sólo me hacía sentir vergüenza ajena si no que al final me hacía reír y todo.

Era tan gratificante verlo así de contento, jugando, despreocupado y alegre. Jamás lo viera así, siempre estuviera preocupado por cada diminuto problema. Desde que muriera mi madre había estado tan ocupado en darme todo lo que me faltaba que se había olvidado de su propia felicidad. Ahora a su edad podría decir que era completamente feliz.

Aunque el matrimonio con SooHee fuera bastante repentino y apurado, sentía como que con esa mujer mi padre volvía a recuperar la juventud que perdiera al trabajar y al tratar de educarme y sacarme adelante solo. Gracias a esa mujer mi padre ahora estaba disfrutando como un enano de la vida y de todas las cosas buenas que tenía.

Cansados de echarnos agua me deshice de la camiseta lanzándola al borde viendo como mi madrastra SooHee y mi nuevo Hyung estaban teniendo una conversación algo acalorada. Parecía que ambos no se entendían como mi padre y yo lo hacíamos, sentía pena por ello, pero en el fondo sabiendo como era aquel rubio no me extrañaba nada que quizás su vida fuera así y que yo no fuese aceptado por él fácilmente.

Vi como posando el libro en su hamaca se fue dejando a SooHee algo afectada. Mi padre se dio cuenta y ella al escuchar como le preguntaba por su estado negó con su cabeza, mi padre salió del agua dejándome solo mientras flotaba viendo como aquel enfurruñado Hyung entraba en la casa de nuevo.

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Habían pasado horas desde que los 3 quedáramos solos en el jardín. Sin casi acordarnos de mi Hyung, mi padre y yo fuimos animando y divirtiendo el ambiente sombrío que había dejado aquel rubiales. SooHee mi madrastra al final se animara a ponerse a hacer el monguis como nosotros dos y jugáramos varios juegos dándonos la hora de la cena.

Ambos decidieron que era buena idea aprovechar el buen tiempo que teníamos con las primeras altas temperaturas del mes de Mayo que anunciaban la llegada del verano; y cenar fuera.

Yo ya había aprovechado los rayos solares y me había secado al sol tumbándome y empezando a ponerme moreno. Mi piel era de un color aceitunado más oscuro que el de muchos, había salido como mi madre biológica que tenía un tono dorado y pelo castaño oscuro abundante como el mío. Mi padre siempre me lo decía, era la viva imagen de mi madre, pero en chico.

Cuando los sirvientes empezaron a colocar los cubiertos en una de las mesas del jardín me senté esperando con el estómago rugiendo, deseando que apurasen lo antes posible para poder comer, de tanto "ejercicio" había consumido todo lo que había engullido aquel día. En realidad estaba más que hambriento y también se debía al haber tenido resaca del día anterior, estaba relativamente muerto de hambre.

Pero fue SooHee, que permanecía en la hamaca con mi padre, que mencionó aquel nombre que con sólo oírlo me fastidiaba sobre manera. Su hijo y por consiguiente mi hermanastro Hyung Junsu no había dado señales de vida desde que discutiera con él y miraba a la casa como preguntándose si todavía permanecía dentro. Vi como su preocupación le hacía querer levantarse y no dejé que eso sucediese, ya que tenía que llevar mis libros al interior y aprovechar a ducharme mientras no servían la cena. Le dije que yo me ocuparía de buscar a su hijo y llamarlo para venir a cenar todos juntos. Ella no tardó en sonreírme y agradecerme el gesto tan amable de ir yo y no hacerla levantar.

Agarré mis libros y me fui con ellos al interior. El contraste entre temperaturas era notable, la casa al ser tan grande era fresca y agradable con un ligero olor a repostería. Me preguntaba si nos habían preparado algún tipo de pastel o dulce para la cena, me relamí pensando en que podría ser y fui directo al cuarto de mi indeseable hermano deleitándome con aquel olor tan rico que inundaba la casa. Pero no se encontraba allí por lo que decidí hacer lo segundo por lo que entrara en casa.

Cuando crucé el umbral de mi puerta aproveché a ducharme y ponerme algo más cómodo y preparar la ropa para ir a la universidad al día siguiente. Siempre había sido muy ordenado en el momento de organizar mi mochila pero jamás lo era así con la ropa.

Cuando me duché salí con el pijama ya puesto y con una toalla secándome el pelo, olí ese olor tan dulce y rico que mi nariz era capaz de detectar rápidamente y busqué ese olor en mi cuarto. Me sorprendí al ver como una bandeja de cupcakes deliciosamente adornados y con una pinta tremenda estaban en mi escritorio con una nota que decía "Estudia mucho". Me sorprendí al ver todo aquello y me pregunté quien tan finamente había preparado todo aquello, y sólo se me pudo pasar que mi padre sabiendo que era muy goloso y me daban bajones de azúcar con tanto estudio había ordenado secretamente que me preparasen esas cosas deliciosas para animarme a estudiar ya que tendría mis exámenes parciales en días.

- Siempre cuidándome...

Sonreí al ver aquella maravilla, me acerqué para olerlos y fue ahí cuando al notar que todavía estaban calientes que fruncí mi ceño y puse un puchero, todavía no lo podía comer hasta que no enfriase o me sentarían mal. Pero levanté mi mirada a la pared frente a mí arqueando las cejas y pensé, que me haría más falta estar sano para estudiar que no pillar una indigestión por ingerirlos calientes, sonreí para mí viendo mi tesoro y me apresuré a buscar un pañuelo o algo para taparlas y que las mamonas de las moscas o algún moscón rubiales se le ocurriese robarme alguna, por lo que conté la cantidad que allí había hasta cerciorarme que me acordaba del número exacto, color y adornitos que cada una poseía.

Contento como unas pascuas después de ver mi tesoro, salí del cuarto con cara de circunstancia al acordarme del motivo real por el que había entrado a la casa, tenía que buscar a mi Hyung peliteñido y decirle que íbamos a cenar fuera.

Fui al salón y no lo vi, fuera a diferentes salas y tampoco lo encontraba, quizás no estaba en casa. Me quedé pensativo por un momento al recordar si al pasar por su cuarto, al entrar, lo había visto y recordaba que no. Pero decidí pasarme de nuevo por si ahora se encontraba, y si no era así, se habría ido de casa.

Fui sin prisa hasta su habitación volviendo a hacer un repaso por las estancias que precedían a su cuarto y por las que antes pasara y seguía sin haber rastro de él.

- Es pequeño... pero tanto como para desaparecer...

Hablaba conmigo mismo cuando escuché como se oía un ruido extraño al final del pasillo. De seguro ya estaba en su cuarto.

Giré la esquina y escuché como que algo cayera al suelo seguido de un quejido. Abrí mis ojos como platos preguntándome que fuera aquello y me dirigí raudo a la habitación. ¿Se habría caído o algo?

Entonces mis ojos vieron algo que jamás en la vida habría esperado. La habitación estaba revuelta, todo tirado por el suelo, ropa, zapatos, y la imagen que hizo que mis mejillas se tornaran de un color tan rosado, que era incapaz de moverme del sitio del shock que había recibido al ver aquella escena.

Mi hermanastro Hyung, estaba en plena faena con alguien en la cama.

Abrí mis ojos como platos al ver como debajo de aquella sábana gemía y daba placer casi descontrolado a la persona que lo estaba acompañando en su intimidad. Mi boca se fue abriendo gradualmente y mi cara se fue poniendo cada vez más roja, mi corazón se había sobresaltado al ver una escena tal y más al descubrir que aquella persona que estaba bajo su piel no era otro que un hombre, el hijo del jardinero, un chico joven como nosotros llamado Yoochun.

Y fue que escuché el orgasmo de mi hermanastro que me hizo escabullirme de aquel cuarto activando mi sensor de supervivencia. Corrí rápidamente hasta la esquina que doblara anteriormente y me pegué a la pared respirando agitadamente. Sentía calor, demasiado calor por haber visto aquella escena y lo peor de todo era que mis pantalones demostraban que aquello no le había desagradado para nada. ¿Ahora como iba a poder mirarle a la cara?...

Me tapé el rostro al sentirme tan avergonzado por lo que había visto que empecé a ponerme nervioso. Mi pulso seguía acelerado y al tener los ojos tapados con mis manos no me había dado cuenta de que alguien llamaba por mí. Fue cuando la voz sonó más firme que me acojoné al darme cuenta que él sabía que estaba allí y que sabía que yo le había visto en plena faena.

Hice como que no lo había escuchado y en silencio intenté largarme pero alguien me agarró del brazo, era él, con el pelo revuelto y sólo con un albornoz. Me quedé petrificado al notar como su mano me agarraba firmemente, pero al ver que no respondía tiró de mí haciendo que terminase entrando en su cuarto.

Cerró la puerta tras de mí y me soltó en mitad de la habitación. Que vergüenza más grande estaba pasando y aunque no lo pareciera no era por lo que había visto, si no porque me había excitado al verlo teniendo sexo con otra persona. Y lo que más miedo me daba era que notase como mi mini yo estaba semi-erecto por culpa de aquella imagen que me impedía mirarlo a la cara, por los gemidos que hacía nada había escuchado. Maldito cabrón...

Bajé mi mirada colorado y sólo noté como se ponía delante de mí en silencio, fulminándome con los ojos chocolate que tan fríamente clavaban su mirada en mi persona. El silencio se hizo y seguíamos ambos en la misma posición, todo era cada vez más incómodo por momentos...

- ¿Podrías haber llamado al entrar no?... No entiendo como pudiste estar observando lo que hicimos...- paró por un momento y noté como relajó su postura al tiempo que su tono- procura tener más cuidado cuando entres en las habitaciones ajenas...

¿Pero que me estaba contando si él tenía la puerta abierta?

Al escuchar eso levanté mi mirada olvidándome de mi mini ego y lo miré a la cara como haciéndole esa misma pregunta que pensara con cara de circunstancia, si quería que no lo molestaran al menos que guardase su intimidad para él.

- Perdóneme usted... no me interesan las intimidades de los demás...- dije con retintín virando el rostro a un lado mientras levantaba mi ceja.

Ese gesto que hice le hizo gracia ya que pude escuchar una risa de su parte. Lo miré con cara de pocos amigos para verle mirarme abajo y levantar las cejas.

Me había visto el paquete...

Torpe de mí me sobresalté al ver como miraba descaradamente hacia abajo y me aparté de su lado empujándolo y queriendo salir por la puerta. Pero me paró moralmente con otra de sus frases.

- Ya me parecía que eras gay... tranquilo mantendré el secreto... si decides portarte bien y obedecer cuando te diga las cosas...

Noté como por primera vez hiciera una mueca parecida a una amplia sonrisa con sus labios y me asqueé del todo. ¿Acaso iba echando tal cantidad de pluma que se me veía con sólo mirarme que era homosexual?... y sobretodo... ¿QUIEN ERA ÉL PARA DARME ÓRDENES?

Se quedó pensativo durante unos minutos, me miró como entendiendo muchas cosas y asintió con su cabeza. Vi como andaba hacia su escritorio y me dio muchos folios en una carpeta.

- No tienes la fuerza moral para aceptar que eres gay... y por lo que puedo ver hace poco que lo sabes... este es un manual para aprender a aceptarte como eres...

Agarré el manual y lo miré incrédulo... de verdad se... ¿SE ESTABA MOFANDO DE MÍ?... era el colmo. Lo sostuve viendo como mis nervios y mi cabreo aumentaba y se lo lancé a la cara haciendo que todos los papeles cayesen al suelo. Lo miré con rabia después de eso y le contesté.

- ¡LEE TÚ EL PUTO MANUAL!

Le pegué un grito y me di la vuelta chocando contra la puerta, me sobresalté con el golpe en toda la nariz y escuché su risita de nuevo al ver como me había golpeado. Giré mi cabeza para matarlo con la mirada y salí por la puerta dando un portazo dejándolo sólo olvidándome por completo a lo que fuera que lo buscaba.

Me quedé un rato dando vueltas para calmarme y ser capaz de fingir mi cabreo delante de mis padres sin que notasen nada y fue cuando escuché unos pasos detrás que me giré viendo de reojo de quien se trataba y giré mi rostro mirando al frente con cara de asco.

- Vayamos Dongseng... la cena enfriará.

Salimos por la puerta sonriendo mirándonos a los ojos con él hablándome de algo mundano, para tapar como realmente nos llevábamos entre los dos.

Realmente no sabía decir como podría de ahora en adelante tener que lidiar con semejante espécimen de ladilla de dos patas, el toca huebos de mi querido Hyung me tenía agarrado por tantos extremos que ahora se me hacía imposible el no obedecer lo que se le antojase.

Pero no sería por siempre y pronto lo vería.

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