Mi infierno propio y personalizado - cap 7

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Volver a empezar… otra vez


Horas y horas pasé tirado en aquella cocina logrando comprender al final tantas cosas de él que sólo conseguí sentirme miserable. Desde aquel fortuito día mi Hyung ya no se pasaba tanto a controlarme, apenas podía cruzármelo en los sitios comunes y su habitación se encontraba siempre cerrada.

Me había parado enfrente de su puerta tantas veces para pedirle perdón por lo de la cocina que era incapaz de ser lo suficientemente valiente como para golpear y entrar después que me diera su permiso. Parecía un memo esperando dar alguna explicación.

El resto de la semana transcurrió más o menos tranquila, sin chófer propio, sin bici y apañándomelas como podía para ir a la universidad pagando un taxi, como había hecho después de aquel fin de semana que me acostara con Jaejoong, por suerte el dolor se me fuera aliviando con los días. Seguí con mis parciales hasta llegar a la última jornada donde tendría que presentarme a los tres últimos. Me encontraba nervioso y no era por no haber sido capaz de estudiar, me había centrado tanto en lo pasado con mi hermanastro que ni siquiera me había parado a pensar en el comportamiento raro de Yunho y los constantes mensajes de Jaejoong que decía de vernos de nuevo. Me había apartado de todo, dando largas, ya que ese tema tenía que aclararlo, pero sin el apoyo de mi hermano no sabría como podría afrontar mis preocupaciones entonces.

Pero ahí me encontrara en la mañana temprano delante de la puerta de mi hermano buscando una escusa para tener su presencia más de cinco minutos delante de mí. Golpeé levemente la madera de la puerta de entrada a su cuarto y esperé su respuesta, al fin me atrevía a hablar con él y traspasar su territorio.

Los minutos pasaron y no recibí contestación, ¿Ni siquiera quería dirigirme la palabra por cortesía? Era un Geek necesitado de conversación humana, algo raro y difícil de encontrar en nuestra especie que se dedicaba más a centrarse en el ordenador que otra cosa.

Suspiré al no tener respuesta y cuando me iba a rendir escuché unos pasos a mi lado que se acercaban a mí. Mi hermano con ropa de hacer deporte venía sudando con una toalla en la mano secándose el rostro.

Me miró y yo lo miré colorado, no sabía como actuar o que decir, me quedara cortado. ¿Que podía decirle?

- ¿Que haces a estas horas aquí?

Levanté mi vista como pude sin sentirme apenado por mi comportamiento y medio sonreí tímido, debía ser rápido y ponerle alguna escusa, sacarle algún tema de conversación para que no me escapase.

Pero no me salió ni pío, estuve nervioso mirando para él queriendo articular palabra pero al final acabé bajando la cabeza y conseguí que mi hermano me dejase solo de nuevo. Hasta que mi cabeza se iluminó.

- Necesito tu bici... estoy cansado de ir en taxi... me va a salir por un ojo de la cara y me queda poco dinero del mes...

Mi hermano se paró, se volteó rápido y me miró con cara rara... ¿Pero que coño dijera?...

Puse cara de circunstancia al soltar aquella burrada, mi hermanastro enarcó las cejas y me miró extraño suspirando. Acto seguido abrió la puerta y la dejó tal cual para poder pasar a su interior, fue a su cartera y me sacó un billete de los grandes.

- Si te falta dinero, pídemelo a mí... prefiero que vayas en taxi que no en bici... es peligroso y más siendo tan temprano...

Me puso el dinero en la mano y se fue a su armario para cambiarse la ropa después de ducharse, pero yo no era el dinero lo que quería, yo quería a mi hermano de nuevo y temía decirle algo que lo pudiese molestar.

Al recoger su ropa se giró y me vio allí parado mirando al dinero con cara de pena. Logré que se acercara a mí dejando antes la ropa en su cama y me cerró la mano con el billete entre mis dedos. Levanté mi vista y lo miré fijamente.

¿Como le haría entender lo que quería de él?...

Suspiró de nuevo y poniendo los labios en una línea terminó por sonreírme y revolverme el pelo.

- Venga... te acompañaré a la universidad hoy... tengo que ir a la biblioteca... así que... ¿Comemos juntos?... pero invitas tu eh... que para eso te di dinero.

Se echó a reír y esa simple risa típica de él me hizo recuperar algo de brillo en mis ojos. Mi hermano seguía siendo mi hermano y yo no pude agradecérselo de otra manera que no fuera abrazarlo.

- Con cuidado que te emocionas y me acabas besando...

Me eché a reír, realmente era tan gracioso que... no sé como no me diera cuenta antes. Y lo que me encantara hacerle rabiar durante todo ese tiempo atrás volviera a mí de nuevo, pero de una manera menos cabrona y más juguetona.

Me separé de él y lo miré fijamente, con cara seria dispuesto a darle a mi hermano otro beso, pero esta vez de coña; fui acercándome a él lentamente hasta que con su mano me tapó el rostro y yo seguí riendo. La seriedad en ese momento era algo que no se podía tener entre los dos. Pero sólo tenía certeza de una cosa, me encontraba feliz de que mi hermano y yo volviéramos a llevarnos bien, nunca imaginé que me resultaría tan doloroso no tener de él siquiera un hola.

Después de risas entre ambos dejé que se duchase y lo vi marchar a su cuarto de baño. Se despidió de mí hasta la hora del desayuno, que sería en unos minutos. Sin saber porqué quedé allí, por alguna extraña razón miraba aquella puerta, quería sobrepasarla, no quería que me dejase solo, o más bien... no quería separarme de él.

Tragué saliva pensando en cruzar el umbral y meterme con él en la ducha... Me sentía tan nervioso con mis propios sentimientos que me preguntaba una y otra vez que pasaría si lo hiciera... ¿Cual sería su reacción?...

Desde aquel momento en que yo me apoderara de los labios de mi hermano, no me había dado cuenta de lo sensual y atractivo que era. Sus respuestas hacia mí aquella tarde tumbados en el suelo de la cocina me habían dejado más trastocado que nada, no estaba seguro de verlo igual que antes. Sus palabras me habían liado tanto que no sabía lo que él sentía hacia mí exactamente...

Sólo supe hacer una cosa, suspirar y anhelar lo que no pasó. Entre los problemas de la supuesta infidelidad de Jaejoong con mi mejor amigo Yunho y esto, me tenían desconcertado y deprimido; pero mi hermano me tenía de una forma que era incapaz de explicar. Aquel día ni me acordaba del dolor que todavía padecía por las penetraciones de Jaejoong, en ese momento sólo quería llegar al final de aquel arrebato...

Ensimismado me quedé en aquel lugar pensando en las musarañas, rápidamente tantas cosas que no supe siquiera moverme...

Escuché como se abría la puerta y lo vi salir con la toalla en la cintura, tal y como lo había visto aquella mañana después de mi escapada con Yunho. Ese preciso día que para mí solo era una molestia, en el que pensaba que él estaba para joderme la existencia... Ahora sí que con sólo ver su humeante cuerpo, me llenaba de deseo, de un deseo que quería que hiciera que mi cuerpo implorase que jodiera de verdad, pero en un sentido más sexual...

Su pelo chorreaba y mojaba sus facciones tan carismáticas. Me miró, fui incapaz de no evitar el ponerme colorado al ver como salía y cómo se sorprendía al verme en la misma posición con cara de idiota, porque verdaderamente sólo un idiota quedaría allí parado. Me molestaba tanto comportarme de una forma tan imbécil a veces que parecía una quinceañera hormonada y salidorra esperando por su oppa.

Se secó el pelo y me sonrió mirándome fijamente, parecía como si mi comportamiento le causase risa o gracia en cierta manera.

- Yo no tengo problema... pero con esa cara de lujuria que traes... parece que busques algo más de mí...

Me sobresalté y le repliqué que no era cara de lujuria, pero se fue acercando a mí provocando, amenazándome con mostrarme lo que guardaba bajo esa toalla. Sentí miedo, vergüenza de estar embobado ante la idea de dar un paso más adelante, pero escapé despavorido.

Cuando salí del cuarto escuché su risa y yo me pegué en la frente. ¿Que imagen daría?.... de puta pena. Ahora quien se cachondearía de mí un rato sería él....

Me enfurruñé todo y volví entrando a su cuarto pero no sabía como devolverle aquello por lo que me acerqué a él y lo empujé haciendo que cayese de culo y le eché la lengua mientras veía como le dolía el trasero y me miraba con el ceño fruncido. Me agaché hasta ponerme a su altura y sonreí con los ojos como platos haciéndole burla moviendo mi cabeza.

- Con el culo de pato que tienes tendría que dolerte menos...- sonreí victorioso- jodete...

Le volví a sacar la lengua con una sonrisa en los labios al desaparecer por la puerta. Realmente se veía sexy aún con el ceño fruncido, con aquella toalla, y con ese pelo todavía mojado y humeante se hacía irresistible pero, me sentía contento, ya volvíamos a estar como antes los dos por lo que fui casi dando saltitos hacia mi cuarto y medio sonriendo, como me encantaba hacerlo rabiar.

Los minutos pasaron y me dirigí a la cocina viendo como mi hermano preparaba el desayuno y me servía en la mesa todo tipo de pasteles que había preparado en la mañana temprano. Se me hizo la boca agua, no sabía cual escoger, por que era claro que todos eran para mí.

Me acerqué queriendo probar un cupcake con almendras y crema de chocolate pero mi hermano me sacó la bandeja y la alejó de mí poniéndolo al otro lado de la mesa mientras con su otra mano bebía del café que sostenía. Sus ojos me miraban con sospecha y dejando el café hizo lo posible por alejar de mí el plato.

Me revolví hasta incluso casi me subiera encima de la mesa para alargar el brazo y coger cualquier otra cosa pero ahí estaba mi hermano para impedirme coger nada.

- No, no... Ha sido malo... no habrá desayuno para usted señor- me dijo con lenguaje formal y luego hizo una onomatopeya de negación con sus labios.

¿A que venía eso?... quería lo que era mío por derecho...Intenté volver a robar otras que había en la mesa pero todas me las alejaba o sacaba de las manos si llegaba a agarrar alguna. Me miraba con cara de importarle poco si comía de eso o no y llevó todo lejos de mí. Yo me levanté pero él me impidió coger nada de aquello con sus manos y su cuerpo como barrera.

Tendría que hacerle el cuento...

- Vamos Hyung...- dije con ojos de cachorrito y morritos- si los hiciste con todo tu cariño y amor para el único Dongseng que tienes y quieres con toda tu alma... dame uno anda...

Al no ver respuesta de él más que un cambio en su rostro de pasar de ignorarme a levantar la ceja y ocultar su risa me acerqué a él y lo miré fijamente.

- Si no te convenzo.... de una forma un poco más efusiva...

Moví mis cejas con una risa juguetona e intenté agarrarlo para besarlo pero pronto interpuso una fuente de magdalenas de chocolate entre ambos y me las ofreció. "JA... GANE..." eso pensara al llevarme la fuente para la mesa, mientras me relamía pensando en mi victoria y vi como él no tomaba más que su café al sentarse de nuevo conmigo.

Disfrutaba del desayuno y me quedé observándole a él que tenía la mente ida, como si estuviera pensando en sus cosas y quise entablar un poco de conversación normal. ¿Que le pasaba?...

Mi mano alargó una magdalena para él y mi hermano se sorprendió al mirarla tan cerca de su cara, abriendo los ojos como platos.

- Venga... toma te doy una...- dije para hacerle bajar a la tierra.

Mi hermano me miró y medio sonrió apartando la magdalena de él, negando con la cabeza y aunque insistí en que tomara una, volvió a rechazarla y me dijo que la comiera yo.

Así lo hice y volví a ver como su mirada se nublaba y se perdía. Se veía tan sombrío que no entendía que le pasaba. Por lo que me acerqué a su lado sin que se diera cuenta y le pasé la mano por el hombro acercándome a sus orejas.

- Alguien me dijo una vez que el chocolate hace funcionar la hormona que le llaman la de la felicidad... Anímate Hyung... Yo tampoco quiero que estés triste.

Sin saber porqué sentí como una congoja dentro de mí que me hacia decir esas palabras sinceramente, realmente... ¿Cuando empezó a importarme?... Lo miré y le di la magdalena, sonrió al fin frunciendo sus labios, asintiendo me lo agradeció. Era tan dulce... que se notaba que no necesitaba siquiera azúcar.

Terminamos de desayunar y yo estuve atento en todo momento a que comiera lo que yo le daba y como el buen chico que era se lo comió todo sin rechistar. Preparamos las cosas y vi como iba con una cartera con libros al igual que yo, todo cargado.

Fuimos animados a la puerta principal y pillamos el primer taxi que se pasó por delante de nuestra casa. Nos montamos y fuimos felices camino a la universidad. Podría presentar a mis compañeros de clase a mi hermano. No paraba de darle vueltas a donde poder ir juntos a comer, pensaba sin cesar cual era su plato favorito, sabía que había alguno que realmente le encantaba pero no lograba encontrar en mis recuerdos cual. Yo y mi manía de vivir en mi mundo.

Suspiré al llegar a la universidad y fue mi hermano quien amablemente le pagó al taxista mientras. Esperé por él hasta que se volteó y sonriendo fuimos de camino a la universidad. Él no entendía porqué pero todo el mundo se nos quedaba mirando y yo sabía a quien miraban. Mi Hyung era llamativo como él solo, no solamente por su pelo teñido, sino por su aura que era especial, llamaba, atraía los ojos de todos por lo elegante y sofisticado que era, por lo educado que era al saludar a todo el mundo con quien se cruzaba. Yo sonreía y lo admiraba mientras todos quedaban pasmados, me sentía orgulloso de tener un Hyung tan genial como él. Aunque se le notaba que no tenía mucho trato con los coreanos, éramos menos americanizados y se le quedaban mirando extrañados.

- Debo tener algo en la cara... los saludo y me miran raro...

Me eché a reír y tapé mi boca acercándome a él para hablarle en bajito y recordarle que estaba en corea y no en Harvard. Abrió la boca y asintió, luego sonrió y me miró echándose posteriormente a reír. Ya había perdido la costumbre de lo introvertidos que llegaban a ser los coreanos a veces.

Iba riéndome por el camino cuando escuché mi nombre y giré mi rostro para encontrarme en medio del campus a Jaejoong con mi bicicleta y con sus gafas nuevas de pasta negra sonriéndome.

No me esperaba para nada verlo allí, mi corazón sintió una cosa extraña, no era agradable, me sentía incómodo al verlo de nuevo y bajé pronto mi cabeza, dándole una señal a mi hermano para que me acompañase y así presentarle al que todavía era mi novio.

Mi Hyung se acercó conmigo y pude ver como me dio una sonrisa y una palmada de apoyo en mi hombro, mientras él estuviera a mi lado podría enfrentar a Jaejoong.

Después de caminar unos pasos nos quedamos parados delante de él y lo vi, tan guapo como siempre, pero me sentía tan extraño que no supe que decirle y se me olvidó por completo el presentarle a mi hermano. Vi como Jaejoong me saludaba, me preguntó como estaba y yo solo podía encogerme los hombros, no sabía que decirle...

El ambiente se había vuelto violento, quería irme de allí. No tenía fuerza para enfrentarlo, no todavía, tenía tantas cosas en mente que no supe más que recordar, desde que el cabreo con mi hermano me llevó allí junto a él, el momento del sexo y luego aquello extraño que viera entre él y Yunho... Me puse rojo pero no fue por aquello, sino por recordar que mi desesperación me había hecho llegar a utilizar a mi hermano el cual se encontraba a mi lado y no paraba de sentir mi corazón latir a mil por hora.

Por dios casi le pongo los cuernos a mi novio. Tragué saliva al recordarlo y ahora si que estaba tenso... En que embrollo me metiera yo solo dios mío...

- Hola... yo soy Junsu... el hermano de Changmin

Dijo Hyung rápidamente al ver que el ambiente se había vuelto un poco tirante y yo me sobresalté sintiendo mi corazón ir a mil por hora. Que miedo me daba ver como se estrechaban la mano ambos y se saludaban efusivamente.

Intentaron tener una conversación, pero entre gente extraña fue un poco extraño verlos intentar interactuar como si nada mientras sonreían. Jaejoong no aguantaba a mi hermanastro por lo que le contaba yo y Junsu no se fiaba de Jaejoong por lo que viera cuando me lo encontrara en la universidad el otro día... parecían una tira cómica... menudo par de falsos.

Sin poder evitarlo me puse a sonreír apretando mis labios mientras bajaba la cabeza y me terminé riendo, haciendo que llamara la atención de ambos y me mirasen cada uno con su cara peculiar. Jaejoong con cara de "Yao Ming" y Junsu con cara de "Poker Face"... ¡Me mondaba yo solo por dentro!

Me fijé que tenía mi bicicleta y le pregunté rápidamente para que no me replicase ninguno de los dos.

- Te la habías olvidado el otro día... y - miró a mi hermano por un segundo algo incómodo y me miró otra vez- y bueno... necesitaba hablar contigo... a solas...

Yo miré a Junsu por un instante y me vino a la mente mi amigo Yunho, podría aparecer y así hacer compañía a Junsu mientras hablaba con Jaejoong. Le pedí a mi novio que por favor me esperase en el descanso del primer parcial y que después quedaría con él antes del segundo. Miré a Junsu de nuevo y vi como asentía.

- No te preocupes por mí... yo me quedaré en la biblioteca todo el día... ya me darás un toque al móvil... mucha suerte con los exámenes Changmin... acuérdate que me debes una comida... Hasta luego.

Mi hermano se despidió antes de siquiera mandarle un mensaje a Yunho; y Jaejoong y yo nos quedamos solos completamente. Vi como mi hermano se iba y miré a mi novio de vuelta con ojos melancólicos cuando sentí su mano al tocar mi hombro. Lo echaba tanto de menos... que no sabía como empezar a hablar con él.

- ¿Tu hermano es un figura eh?... Entendió al instante que quería que nos dejase solos- sonrió lamiéndose el labio y se acercó ligeramente hacia mí.

Su aroma era tan embriagador que quería sentirlo de nuevo. Suspiré y le toqué la patilla de las gafas, eran como las de Yunho, pero esas eran suyas... Yo y mis conclusiones estúpidas... me había equivocado con él... lo que pensara que viera aquel día fue fruto de mi inseguridad... ¿Como pude desconfiar de él?...

Lo echaba tanto de menos que sólo sentí apoyar mi cabeza en su hombro disimuladamente para sentirlo aunque fuera un instante. Pero Jaejoong vio mis intenciones, sabía que eso sería escándalo público por lo que tiró de mí y dejó la bicicleta apoyada en el árbol, volteándonos a ambos al otro lado del tronco escondiéndonos de las miradas curiosas entre el muro y el árbol.

En ese mini escondite me acercó a él y me abrazó contra su cuerpo. Se sentía tan bien entre los brazos de mi chico que apoyé las manos en su pecho y mi cara en su hombro mientras recibía besos de él en el cuello.

-Te he echado tanto de menos... me moría por verte... ¿Por qué no recibes mis llamadas cariño?... no sabes lo desesperado que he estado al no saber de ti... pensaba que me odiabas por lo sucedido...

Me dijo haciendo que me sintiera tan feliz y tan culpable al mismo tiempo por todo el embrollo que sólo había montado....

- Lo siento Jae...

Me separó y me miró con cara de pena, diciendo que no pasara nada malo que todo estaba bien, era tan sumamente comprensivo, no pude evitar sentirme fatal por dentro. Dudé de él, de mi mejor amigo, me enfadé con ambos y metí a mi hermanastro en medio de toda aquella película que mi mente había montado.

Lo miré con una lágrima traicionera cayendo por mis pómulos y él me besó. Yo siempre era el culpable de los problemas entre ambos, todavía no entendía como era que no me había dejado. Me besó y besó hasta que nos cansamos, sonó el timbre pero ni lo escuché, estaba tan ensimismado con él y recuperar lo perdido en días que ni siquiera me importó no ir a hacer el primer parcial de aquel día. Ya no quería irme a presentarme a ninguno... no quería siquiera estar con nadie más que no fuera él.

Me perdonó mi forma de actuar, yo me sentí feliz por ello... y le juré que nunca jamás volvería a decepcionarle como hiciera este fin de semana. Ofreciéndole que viniera a casa a verme cuando él quisiera siempre que pudiera.

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El día pasó y ambos nos fuimos de la facultad juntos en su moto, paseáramos por todo Seúl y comiéramos juntos. Me lo había pasado en grande con él como siempre lo habíamos hecho las veces que faltaba a mis clases. Al final me acercó a la universidad a última hora. Ya le era hora de irse a su trabajo y yo fui sonriente a por mi bicicleta que había quedado apoyada en aquel árbol... donde alguien más esperaba por mí.

Mi hermano estaba sentado en la hierba del campus mirando al frente con cara seria. En ese momento fue cuando sentí un escalofrío recorrerme la espalda... ¿Cuanto tiempo estuvo esperando por mí allí?... ¿Y ahora que iba a hacer? Me había olvidado completamente de él...

Me acerqué lentamente y lo vi allí sentado. Le saludé y vi como me miraba sin expresión mientras se levantaba. Pero no pronunció palabra... solamente me miró y se fue directo a la puerta de salida. Yo me acerqué a la bicicleta con el corazón saliéndome por la boca preguntándome si sabía que tampoco me había presentado a eses exámenes, en que estaría pensando... estaba seguro que me iba a caer una buena por haberle dejado solo todo el día.

Me mordía los labios culpable por ser tan sumamente desconsiderado cuando él me tenía tanto aprecio. Fui hasta la puerta de salida con el recomello y me puse a su lado con la cabeza baja, mirándolo furtivamente, esperando que me dijera algo, pero no dijo nada y yo sólo supe sentirme peor.

Un taxi llegó y vi como tenía un apartado para colocar las bicis, la coloqué y vi como mi Hyung entraba sentándose en el asiento de atrás. Yo terminé de colocar la bicicleta con la ayuda del taxista y le di las gracias sonriendo. Pero estaba aterrado, expectante por si mi hermano me diría algo al entrar en el automóvil y no sucedió nada.

El taxista nos preguntó el destino y mi hermano secamente le dijo la dirección, quedando el viaje en absoluto silencio.

A cada metro que el coche avanzaba sentía mis nervios acelerar mi corazón y querer colapsar del miedo que sentía por algún reproche por su parte al llegar a casa. Me empecé a morder las uñas nervioso y fue llegando a casa que se limitó a pagarle al conductor. Éste me ayudó a sacar la bici del coche y me la dio despidiéndose posteriormente.

El silencio se hizo cuando en aquella entrada a la casa mi hermano y yo nos quedamos solos. Era tan violento que no me atrevía a decir ni mu.

Lo miré un ciento de veces, otras mil querían pronunciar palabra pero al final sólo conseguimos entrar en la casa y ver como él ni siquiera se dignó a decir nada. Fue directo a su cuarto y el sonido de la puerta cerrarse hizo que mi corazón sintiera un pinchazo.

Otra vez lo había decepcionado... otra vez me había decepcionado a mí mismo...

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