Mi infierno propio y personalizado - cap 3

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Ser Geek no es fácil...


A partir de aquel momento mis días se volvieran un tormento, donde tenía que soportar el control de mi hermanastro desde el instante que me levantaba, hasta que me iba a dormir. Aún teniendo clase, desayunaba conmigo siempre con sus ojos encima de mí, me acompañaba en el coche hasta la universidad y cuando me tenía que volver estaba dentro del coche con su mirada fija siempre sobre mí. Me preguntaba una y mil veces si no tenía más vida para estar seguido controlándome.

Por el contrario, mi padre estaba más que encantado de ver que éramos los dos tan amigos, como si hubiéramos sido siempre hermanos, no nos separábamos por un momento el uno del otro, y eso le hacía pensar que realmente nos llevábamos bien.

Si supiera, que me tenía más amargado que nada, casi incomunicado con mis amigos. Era incapaz de apenas de poder conectarme a Internet en casa o usar mi propio teléfono móvil, todo lo que estuviera en sus dominios estaba completamente bajo su control. El único momento donde podía conectarme para poder hablar con Jaejoong vía Skype era en un Cyber cercano a la universidad a la hora de la comida.

Desde que el revuelo del casamiento todo se había torcido para mí. Y por ese mismo momento andaba más acelerado y desconcentrado de lo normal, ya casi sólo hablaba de Junsu, mi maldito Hyung amarga-vidas era mi tema de conversación incluso en confidencias con Yunho, el cual siempre me escuchaba o más bien le aburría por culpa de mi serenata continua y repetitiva.

Aquel día fuera como todos los demás, me levantara cansadísimo de no pegar ojo por los exámenes y me encontraba que mi hermano ya estaba esperando sentado a que yo me arreglase. Tanto control no servía para nada, sólo para ponerme más nervioso de lo que ya me tenía de normal.

Me levanté con el pelo alborotado, ondulado como siempre se me ponía; y lo ignoré, siempre estaba allí en esa misma postura esperando paciente y ya arreglado. A veces me preguntaba si dormiría o era un vampiro, por que siempre era la primera y última imagen que mis ojos contemplaban antes de cerrarlos e irme a dormir.

Simplemente pasé de largo con mi pijama y fui directo al baño a darme una ducha. Tardé más de lo normal, no tenía ganas de salir ya que sabía que allí estaría. Siempre pendiente de mí, siempre controlando cada movimiento o gesto. Menos mal que me dejaba al menos entre esas cuatro paredes, tener algo de intimidad.

Aún en mitad de mis parciales me había dejado de controlar tanto, aunque seguía con su firme ímpetu de no dejarme a sol ni a sombra, había respetado mi momento de estudio.

Muchas veces mintiera incluso para poder conectarme a Internet ya fuera por el ordenador o el móvil para poder hablar con mi abandonado novio al que echaba de menos más que nada durante demasiado tiempo. Pero al final siempre me pillaba aquel maldito rubiales y me cortaba toda comunicación como si fuera una dictadura, su dictadura.

La amargura que me había producido un acumulo de cosas diferentes estaban afectándome realmente y era incapaz de concentrarme. Si no fuera por toda esa cantidad de pasteles y cosas dulces que me llegaban a la habitación sin aviso, siempre con aquella notita de detalle animándome a que estudiase mucho no habría podido siquiera estudiar. Mi padre podía imaginarse cuan atacado de los nervios estaba, al menos él si parecía preocuparse por mí.

Duchándome bajo aquella alcachofa que tenía la ducha mi mente sólo se centraba en una cosa, poder encontrar la manera de escabullirme de mi Hyung, de su control y sobretodo pensar la manera de contrarrestar su incesante acoso. Siempre su mirada, siempre eses ojos que se clavaban en mí como si fueran agujas que me atravesaban el alma desgarrándola. Me preguntaba cómo era posible que llegase sólo para centrarse en mí, él tenía un trabajo y también estaba estudiando una carrera al igual que yo. ¿Acaso no dormía para poder estudiar? No comprendía su comportamiento conmigo y yo era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera él. Ya me estaba hartando de tanta tontería.

Pero ese día le subiría los colores, mientras me duchara me había planteado andar en pelotas por el cuarto. Quería descolocarlo y sacar esa miada fría que tenía sobre mí, espantarlo con mi desnudez y que escapase al verme como dios me trajo al mundo.

Estaba decidido.

Cerré la ducha y me sequé el pelo y el cuerpo. Salí por la puerta y fui a por la ropa que tenía esperando por mí en mi sillón. Como todas las noches dejaba preparado lo que me pondría al día siguiente, fuera algo que me mandara hacer desde que empezara con ese control. A veces pensaba si era que me quería ayudar a ser más atento o si por el contrario me quería tener controlado hasta el último detalle. Lo que era más extraño es que no me decía nada cuando combinaba mal mi ropa, sólo se quedaba fijo en mí mirándome sin que le afectase nada.

No me di la vuelta ni dije nada, sólo hice como si no estuviera y me paseara en bolas. No quería mirarlo porque sabía que mi nerviosismo podría pasarme una mala jugada al tener que mirarle a la cara.

Seguí a lo mío mientras me secaba el pelo todavía, pero no escuchaba nada de su parte, ni respiración agitada, ni siquiera un paso, un movimiento de silla, un carraspeo de garganta o lo que fuese. Estaba la habitación en completo silencio.

Entonces fue cuando dudé de si realmente se encontraba todavía en el cuarto sentado en su sitio. Giré mi rostro levemente y con cuidado de que no me viese mirarlo y lo vi allí, sentado en el mismo sitio donde quedara cuando fui a la ducha y mirándome fijamente como él sólo lo sabía hacer.

El hecho de verlo mirarme siempre tan fijamente era lo que más me inquietaba y más todavía ese día. No comprendía de que iba todo aquello ¿Acaso le molaba mirarme desnudo?... Por mucho que intentase miles de cosas siempre estaba frío, impasible, sin mostrar una pizca de rubor o algo extraño.

Ni un titubeo, ni un cambio de expresión, ni siquiera un tic o un simple sudor en su frente. Nada...

- Date prisa o llegarás tarde a las clases... ¿Hoy tenías examen no?...

Me di la vuelta y me maldecía una y mil veces. ¿Cómo podría entonces hacer que se escabullese de mí? Parecía que realmente me costaría caro el contraataque.

Se mantuvo sin cambio alguno y terminé por vestirme al completo y agarrar mis cosas para desayunar, ya que aunque fuese con el tiempo justo siempre se aseguraba de que comía todo lo que tenía que comer.

Su mirada estaba atenta a mí mientras tomaba su café con alguna tostada integral. Yo también había empezado a observarlo. Siempre comía delicadamente, despacio y a poquitos, como no queriendo perder las formas delante de mí. Era refinado hasta para limpiarse los labios y muy educado al sentarse, a diferencia de mí que yo apoyaba mis codos y comía encima del plato.

Podía observarlo comer aquella tostada con la boca cerrada y moviendo la mandíbula muy lentamente, masticaba mucho y perdía su mirada en aquel libro en la mensa al desayunar. Era un gran aficionado a la lectura y siempre tenía un libro consigo, a veces incluso se ponía unas gafas de acuerdo a su atuendo diario y leía atentamente mientras me controlaba de vez en cuando con la mirada.

Esta vez sin haberme dado cuenta era yo y no él el que lo andaba controlando, cada movimiento que hacía lo analizaba pero era incapaz de saber que pensaba en cada momento, era tan difícil de descifrar. Cualquier cálculo matemático era sencillo al lado de él. Me tenía loco....

Al terminar de desayunar me indicó que me apurase y cerró su libro marcando la última hoja que estaba leyendo, esperó a que terminase y se levantó a la par que yo.

Iba pasos detrás de mí cuando nos íbamos a acercar al coche y entré con él siendo una sombra. Se sentó a mi lado en aquella limusina y volvió a leer.

Ese día no sabía porqué pero lo observaba tanto que era incapaz de quitarle los ojos de encima. No pronunciábamos palabra ninguno, y sólo sentía como me ignoraba por momentos mientras se leía ese libro sin descanso.

Cuando el coche paró delante de la puerta de entrada de la universidad escuché como cerró su libro y me miró fijamente.

- Te vendré a recoger luego... Buena suerte con tus parciales...

Al menos era educado.

Me despedí de él asintiendo y me fui directo a mi clase, en pocas horas tendría un parcial y era incapaz de tener la mente despejada.

Bajé del coche y me coloqué la mochila en un solo hombro. Miré al frente nada más salir y me giré a cerrar la puerta para echar un último vistazo a mi hermanastro, otra vez con aquel libro. El coche arrancó y vi como desaparecía a lo lejos.

Realmente me desconcertaba...

Entonces al momento de girarme choqué con alguien y me disculpé. Pero fue su voz la que me hizo sonreír con cara de sorpresa. Mi novio Jaejoong había venido a verme, después de tanto tiempo al fin veía su cara.

Me sonreía con aquella sonrisa tan tierna y me miraba con sus ojos de una manera un tanto sexy recorriendo todo lo que se ponía a su altura hasta dar con mis ojos y fijarlos en mí. Me puse colorado, se le veía caliente, demasiado caliente y yo con esa imagen que mis ojos observaban noté como mis mejillas se sonrojaban.

Sonreí nerviosamente al escuchar como el timbre sonaba y nos marcaba el inicio de las clases. Tenía ahora un parcial y era hora de irme. Me tenía que despedir de él, pero parecía no tener intenciones de soltarme.

Me agarró al ver como intentaba hablar y me tapó la boca con un beso en los labios. Sabía dulce con un regusto a café con leche y bollería de chocolate. Introdujo su lengua dentro de mi cavidad, realmente quería algo y estaba totalmente ansioso por ello.

Tragué saliva al ver como la cosa se ponía dura contra mi cuerpo y entendí que no me dejaría ir fácilmente.

- Vamos... quiero llevarte a un sitio...

No supe decirle que no, hacía tanto tiempo que no lo veía ni podía hablar con él que no le había contado que ese día tendría varios parciales importantes. Pero a medida que iba andando con él me daba cuenta que los exámenes iban cada vez importando menos. Mi muñeca estaba bien agarrada por su mano y me hizo subirme con él en su moto. Me puse el casco y no dudé en aferrarme a su cintura. Mi nerviosismo estaba empezando a aflorar.

El motor rugió y salimos rápidamente de aquel lugar. Como dos indomables rebeldes recorrimos las calles de aquel distrito de Seúl llegando al fin a un motel.

Mi corazón estaba a punto de estallar. Sabía sus intenciones desde el momento en que lo reconociera al chocar con él, más de una vez me mirara así y siempre era para lo mismo. Me sentía tan débil que no podía siquiera reaccionar y obligarlo a llevarme de vuelta a la universidad.

Ya tenía la llave por lo que no tardamos nada en dirigirnos al cuarto y entrar.

Fue escuchar la puerta cerrarse lentamente y sus pasos acercándose a mí que sentí miedo, el miedo que siempre se apoderaba de mi cuerpo por culpa del pánico que sentía al ser tomado por él.

Como bien supiera mi hermanastro con sólo mirarme a los ojos, pudo sentir como mi pánico de aceptarme tal cual era, fuera lo que me hiciera mantendré oculta mi orientación sexual hacia mi padre; al mismo tiempo que mentirme a mí mismo y retrasar siempre mi primera vez con mi novio.

Sentí sus manos por mi pecho como agarraban las dos tiras de mi mochila y las sacaba lentamente de mí. Su nariz se acercó a mi pelo y sentí respirar el aroma que mi pelo emanaba y que tanto decía que le excitaba. Lo volví a sentir, pegado a mi cuerpo agarrándome con aquello allá abajo tan duro y rozándome bajo la ropa.

Pronto sus labios empezaban a besarme el cuello y nerviosamente intenté sacarle conversación, preguntándole como estaba, riendo mientras me hacía cosquillas con su nariz. No me sentía preparado y no quería hacerlo todavía era demasiado pronto...

Cerré mis ojos al sentir como su mano se introducía por mi pantalón y agarró mi miembro. Jaejoong estaba decidido.

Sus caricias me erizaban la piel y me fui sintiendo débil a cada toque que me proporcionaba más y más placer a cada instante, haciendo que jadease cada vez más descompasadamente.

- Jae... yo...- me mordí el labio, pero me impidió seguir pronunciando palabra al atraparme los labios con los suyos.

Era tan apasionado, como una fiera, un lobo que quería comer a esta inocente caperucita. Me tenía conquistado, era frágil al sentir su toque, por esos labios al final acabó dirigiéndome a donde él quería llevarme, a la cama.

Me tumbó deshaciéndose de mi ropa salvajemente arrancando mi camisa y pantalón de un tirón, dejándome con sólo el calzoncillo a medio sacar.

Aquella escena no podía ser más subida de tono. Sin apenas hablar, la ropa de la cama revuelta, con él encima de mí y yo casi en el cielo, jadeaba al sentir sus labios dirigirse por mis abdominales acercándose peligrosamente a mis partes erectas bajo aquella prenda.

Lo miraba atentamente mientras mis sentidos me hacían recuperar la cordura, lo veía centrado en conseguir algo por lo que estaba tan ansioso, conseguir que dejara que entrara, algo que no lo consiguiera antes.

Empecé a sentirme incómodo y mi cuerpo reaccionó solo intentando que parase lo que quería hacer, mi mente me impedía seguir con aquello. Aunque tenía un examen ya suspenso, no quería suspender el resto por lo que mi propósito en pararlo lo descentró. Y volviendo encima de mí  fue calmándome con un "shh" de sus labios.

No quería, no podía todavía, no era el momento para aquello... ¿En que pensaba, solo con la polla o como era eso?

Me molesté e intenté que me soltara y que se echara a un lado para poder irme. Pero me agarró las manos y se puso entre mis dos piernas mirándome fijamente a los ojos.

- ¿Porqué siempre tengo que ser yo el que tenga que intentar que pase algo entre los dos?...- me soltó viendo como lo atendía y cambiaba mi expresión facial- ¿Acaso no me quieres?... si esto no es recíproco... si sólo doy yo en esta pareja... deberíamos replantearnos el romper esto...

Jaejoong me miró con pena y me soltó echándose a un lado y dándome la espalda, sentado con los codos en sus rodillas y mirando al suelo. Rato nos quedamos callados y yo luego intenté reaccionar y sentarme en la cama viendo lo serio que estaba. Me sentía culpable por ser incapaz de entregarme a él, pero lo quería, claro que lo quería.

- Estoy cansado de que no te pueda ver, ni contactar contigo y siempre tiene que ser así... que fuera a escondidas de tu padre todavía lo puedo entender... pero ese hermanastro tuyo... ¿Qué derecho tiene sobre ti?... me vuelve loco de sólo pensarlo...

Vi como echaba las manos a su cara para masajearse sus sienes. Tenía mucha razón, él siempre queriendo contactar conmigo y yo con mi hermanastro como escusa ocultando el verdadero problema, que temía que mi padre no aceptase que yo era gay...

Tenía un lío tremendo en la cabeza, pero lo que menos quería era que pensase que yo no lo quería de verdad. Me sentí tan culpable al verlo así, de verdad no era consciente de lo abandonado y dolido que lo tenía. Tenía que terminar con la dictadura de mi hermanastro Hyung lo antes posible y sobretodo dejar de tener eses miedos que tanto se apoderaban de mí. Todos en general.

Me acerqué a Jaejoong y lo abracé por detrás, le besé su hombro y me aferré a él con fuerza haciendo que él se irguiese y sentase para mirarme.

- Lo siento... soy un cobarde... la culpa es mía...- bajé mi cabeza y él la levantó para mirarme a los ojos fijamente, eses ojos tan tiernos y comprensivos me conocían más que yo mismo.

Se acercó a mí y me dio un pico suave en los labios. Me sonrió y me llenó de besos por la cara posteriormente haciendo que volviese a caer rendido en la cama con él encima. Pero no era momento de hacerlo, no cuando tenía los parciales.

No tardó en notar mi impaciencia por irme a examinarme que lo hice reír a carcajadas. Era un Geek, podía ser sociable y tal... pero para mí aprobar... era más que vital. Y ya estaba histérico por no haber podido presentarme al primero.

Nos vestimos a toda prisa, yo más que él lógicamente; y me llevó de vuelta a la universidad. Todavía podría presentarme a los siguientes exámenes después del primer descanso.

Me dejó en la puerta de entrada y vi a mi amigo Yunho a lo lejos sentado en un banco con la mochila entre las piernas y un portátil al lado de él mientras bebía zumo de naranja y comía un sándwich y hacía muecas con su nariz nada más verme entrar.

Me esperaba una buena regañina...

Me despedí de Jaejoong con la mano y vi como se iba, entonces me giré y fui directo junto a mi amigo que me miraba con cara acusatoria mientras bebía aquel zumo de naranja por la pajita. Me senté a su lado sintiendo los ojos fijos en mí y carraspeé mi garganta mientras intentaba sonreírle con una mini sonrisa.

Era incapaz de saber disimular...

Me examinó de arriba a abajo, desde la corbata hasta los botones de la camisa e incluso los pantalones y los zapatos. Terminó de beber y puso morritos mientras tragaba el líquido y una vez bajó por su garganta me dijo.

- Tú has follado...

Me puse colorado mientras me sobresaltaba con su acusación y le negué una y otra vez que no hubiera hecho nada con Jaejoong, pero él negaba con su cabeza, no quería escucharme y se limitó a ignorarme. Lo conocía, le pasaba como a mí, era demasiado estudioso y suspender un examen por no presentarme era como herejía en nuestro mundo. Estaba decepcionado conmigo y muy profundamente.

Al final me pasé el descanso sin apenas probar bocado y sólo dándole explicaciones que no quería escuchar. Ya era hora de hacer el primer parcial para mí...

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Después de todo un día de parciales, me encontraba mentalmente cansado, como si tuviera el cerebro drenado, algo que jamás me había ocurrido y no fuera por haberme desconcentrado por culpa de la escapada mañanera.

Sólo había un culpable... Y ese era mi hermanastro.

- ¿Que tal los exámenes?

Lo miré con asco nada más meterme al coche y lo ignoré girando mi cara y mirando fuera sin siquiera dirigirle la palabra. Lo justo...

- Bien...

Mentía como un bellaco, claro que no fueran bien... ¡HABÍA SIDO HORROROSO! Me sentía hundido, estaba seguro que iba a suspender o incluso bajar mis notas por culpa de su incesante inquisición, una dictadura a la que tenía que hacer frente o si no se apoderaría de mí poco a poco.

Me había abducido y tenía control sobre mí, pero nunca más. Estaba decidido a atacarle con todas las armas, y si tenía que enfrentarme al hecho de admitir públicamente que era gay perdido lo haría.

No sabía la que le esperaba a aquel rubiales. Ese fin de semana sería la guerra.

Nos dirigimos directos a casa sin parar en ningún lugar y yo me sentía molesto de tenerlo al lado, siempre controlando y leyendo ese libro sin parar. ¿Que leía que lo tenía tan ensimismado?

Me atreví a girar mi rostro un momento e intentar ver que era lo que estaba leyendo. Levanté un poco la vista y no entendía nada de nada de lo que estaba leyendo...

Me fui acercando disimuladamente, sin darme cuenta que me acercaba demasiado; hasta que pude leer lo que ponía en ese libro.  Abrí mis ojos como platos, Pero... que... ¿LATÍN?

No supe controlarme y me acerqué tanto que hasta agarré su libro y pensé en alto...

- ¿Latín?... ¿Que hace este rubiales leyendo latín?- lo miré demasiado cerca sorprendido y vi como abría sus ojos como platos- ¿Que eres un cerebrito o algo por el estilo?

Su mirada empezó a mirarme de manera rara y vi como una sonrisilla se dibujó en sus labios. Eso no era buena señal.... me di cuenta que había actuado sin querer llegar a ese extremo.

- ¿Rubiales?...

Me separé viendo esa sonrisa y me puse colorado, cerró el libro y volví a conseguir que su mirada se fijase en mí mientras se reía en bajito.

Disimulaba mirando tras la ventana a todo lo que se pasaba. Lo ignoraba todo rojo por mi comportamiento, era raro, me sentía tan extraño a su lado y sobretodo odiaba que me mirara de esa manera, sólo hacía acelerar mi corazón cada vez más y más rápido, ni siquiera mi novio me había puesto así de nervioso cuando me acorralaba... ¿Sería el miedo?

Ensimismado en mis propios pensamientos no me di cuenta de habían llamado a mi hermano y que tan pronto mencionó algo que me resultó raro me giré y vi como colgaba.

Miré a mi hermanastro Hyung viendo como bloqueaba su móvil y como me miraba diciéndome que "habían llegado bien". Me quedé pensativo por un momento. ¿Quien?...

Mi hermanastro me vio con las cejas levantadas y ladeó su cabeza mientras me miraba.

- Mamá y tu padre... que ya han llegado bien a las Bahamas...

Me había perdido algo... ¿Como que Bahamas? ¿Como que habían llegado bien?

El coche se paró frente a la puerta de entrada y los dos bajamos, pero yo raudo me puse al lado de mi hermano que iba con el libro de Latín en la mano y le pregunté de nuevo por aquella llamada. Subimos las escaleras de la entrada y fue llegar arriba que se dio media vuelta y me miró fijamente.

- ¿Porqué razón estaría aquí si no?... ¿Acaso no escuchas cuando los demás te hablan?...

Hizo un parón y entró con cara de indignado en casa. En serio no entendía nada, estaba más perdido que una aguja en un pajar. Pero no hizo falta decir más sobre el tema porque fue mi hermano y no otro que me hizo recordar una conversación en la que yo había estado hablando por el kakaotalk con Jaejoong haciendo caso omiso de lo que mis padres me decían.

- Yo estoy aquí para cuidar de ti... esperaron que tuviera terminadas mis clases para así poder terminar mi tesis en casa... aquí en Corea y hacer de niñera mientras ellos iban de luna de miel...

Se paró y girándose me miró. ¿Ahora estaríamos los dos solos?... Ahora ya no tenía ataduras morales para tener que acatar sus órdenes por no descontentar a mi padre y su esposa.

Ahora le devolvería lo que me hiciera pasar durante todos estos días.

No sabía quien era Shim Changmin.

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