Amor - Cap. 14

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Has perdido un pedazo de alma entre sus brazos.


Maldición.



¡Lo odiaba! ¡DEMASIADO!



—Mmh…— El gemido de Jaejoong fue grave, muy cerca de su oído, tan cerca que su cuerpo entero se estremeció un poco más todavía. Y las piernas de Kim rodeaban su cintura, con una naturaleza que lo escandalizaba. —…Yunho.



Y los besos que Jaejoong depositaba en su cuello eran aterradoramente electrizante, y sus manos lo traicionaban, por que ansiaban esa piel, ansiaban tocarlo y perderse en ese rostro lleno de deseo que solo Jaejoong podía poner en un momento como ese.



Sabía que podía estar cayendo en una trampa, y aún así no le importaba. Por que Jaejoong era tan retorcidamente delicioso, que atrapar sus labios con fuerza era refrescante, por que podía tratarlo con verdadera pasión sin que se asustara.



Por que Jaejoong respondía a cada uno de sus contactos con más pasión desembocada y Yunho perdía el horizonte, de que estaba a unos metros de donde vivía Namin, la había olvidado por completo. Y Jaejoong solo susurraba su nombre, elevando su deseo en niveles insospechados.



—¿Por qué piensas tanto en un momento como este?



Jaejoong arrugó el entrecejo, marcando sus palabras molesta con la forma en la que abrió la camisa de Jung, dejándolo tumbado sobre la cama, sentándose sobre su estómago. Aprovechando la soledad de su casa aquel día.



—Déjame, Jaejoong. Esto no está bien.



—¿Me estás rechazando?— Jaejoong sonrió. Restregándose un poco sobre ese cuerpo, besando los labios de Jung en un contacto íntimo que hizo a Yunho inspirar hondamente. –No seas ridículo.



—Ya basta… No…



Yunho interpuso sus brazos, alejando a Jaejoong lo suficiente como para que su cuerpo quedara sentado a un lado de la inmensa cama que ambos ocupaban, Yunho a medio vestir y Jaejoong sin camisa.



Sabía que había sido un error, desde que pisara esa casa a las siete en punto y Jaejoong sonriera de aquella forma tan malditamente sensual, él no había llevado nada, y Jaejoong tampoco había preparado nada. Como si ambos sopesaran las posibilidades y supieran a lo que iban.



Había sido un error dejar que se acercara, que accediera cuando le pidió un abrazo de feliz cumpleaños. Por que en cuanto percibió el aromar de Jaejoong su cuerpo perdió el control, y Jaejoong empezó todo con un beso en el cuello.



Cuando se pudo dar cuenta ambos estaban sobre la cama, y Jaejoong ahora depositaba una mano sobre su hombro.



—Yunho no seas ridículo. Sé que a este punto nuestra relación es más que de un odio mutuo.



Pero contrario a lo que el mismo Jaejoong esperaba, sus manos no pudieron hacer contacto otra vez con esa piel, Yunho se levantó de la cama y él arrugó el entrecejo.



—Fue un error venir hasta acá, desde un principio.



Yunho empezó por recoger sus cosas, sus pertenencias, cada cosa que pudiera mientras trataba de convencerse así mismo que salir de ahí era lo correcto. Pero Jaejoong solo apretó los puños, observándolo marcharse, atravesar la puerta y salir, como si lo estuviera persiguiendo.



Incluso verlo partir con aquella prisa lo hizo sentirse hasta cierto punto regocijado, aún Yunho no se sentía con la suficiente fuerza de voluntad como para mirarlo a los ojos y decir que podía negarse a él.



El auto de Yunho arranco con fuerza, haciendo ruido y sin detenerse una sola vez. Pero el regocijo verdadero de Jaejoong llegó cuando vio a la casa de a lado, Namin estaba ahí, con un par de fundas de basura, dispuesta a dejarlas en su lugar. Viendo el lugar por donde el auto de Jung acababa de desaparecer.



Y recordó entonces que estaba sin camisa.



Y todo cayó por su propio peso, la mirada angustiada – confundida – enojada de la muchacha, su propia sonrisa cruel y devastadora mientras hacía una pequeña venia, a medio vestir, del lugar donde Yunho había saludo apresurado en medio de la noche.



Fue grandioso, como casi tocar el cielo.



Por que la tonta de Namin. Había soltado las fundas y se hundía en su propio despojo de humanidad. Pero contrario a lo que esperaba, la puerta de su casa fue golpeada con fuerza, con tanta, que por un momento creyó que se trataba de Yunho dispuesto a golpearlo por alguna absurda razón.



Pero, no. No era él. Era Namin, con su rostro a punto de derramar lágrimas.



Su sonrisa no desapareció y ella levantó la mano primero, en una cachetada que incluso hizo eco dentro de su hogar.



—¿Qué crees que estás haciendo, Jaejoong?

—Wow… No sabía que podías pegar así, Namin. Interesante.



Pero la cachetada llegó nuevamente, y esta vez Jaejoong la sostuvo del brazo, antes de que volviera a bajarlo. Apretando con fuerza esa delicada piel en la muchacha.



—No te atrevas a volver a ponerme una mano encima.— Jaejoong sonrió, viendo el miedo en los ojos de ella. En sus facciones apesadumbradas y temerosas. —Al final solo eres una tonta que cree que vive un cuento de hadas.



La soltó con despreció, pasando suavemente una mano por su mejilla, donde la mano de Namin se había impactado hace poco tiempo.



—Yunho vuelve a mí todo el tiempo, por que ya es algo irrefrenable entre él y yo. Algo que evidentemente tú no compartes con él.

—Eso es lo que tú crees, ¿o por qué se marchó así? Aun no lo entiendes ¿verdad ‘Oppa’? solo eres su sucio secreto. Nada más. Nada más allá de eso. Y siempre va a ser así.



Esta vez Namin sonrió al ver las facciones congeladas en Kim, llevó un mechón de cabello tras su oreja, y respiró profundo, como si las piezas estuvieran cayendo justo en su lugar y Jaejoong por fin entendiera.



—Así que soy una tonta enamorada de los cuentos de hadas.— Su voz siseante y peligrosa hizo a Jaejoong arrugar el entrecejo, antes de que sus miradas se encontraran nuevamente. —Pues resulta que en los cuentos, al final, el malo siempre se queda solo.



En cuanto la muchacha diera media vuelta, Jaejoong cerró la puerta con fuerza, con demasía, con los ojos cerrados y la respiración irregular, apretando los puños, solo para no golpear ni destruir lo primero que encontrara en el camino.



Respiró hondo una vez más y sonrió. Caminando hasta el espejo más cercano y viendo la imagen que le devolvía, la marca roja que Namin había dejado con su bofetada. Pero luego solo cogió su camisa y chaqueta, vistiéndose lo más rápido que pudo. Necesitaba salir, necesitaba de música ensordecedora y licor. De un poco de sexo que clamara paz en su ser infestado por Yunho, al menos un momento.



Y pasó de nuevo por aquel espejo, analizó su rostro entero y sonrió, pasando una mano por su mejilla. Con el susurro cuidadosamente formado y la ironía entre sus letras.



—Feliz cumpleaños, Jaejoong.



El reflejo fue su imagen, su sonrisa jugando a mentiras de seguridad. El rechazo palpable y despecho enloqueciéndolo por completo. Por que estaba solo, hoy más que nunca. Y los cuentos de hadas en los que nunca creyó, hoy le habían golpeado en la cara. Como el llamado a una puerta que jamás existió.











“Constantemente te repites en mi cabeza

Y ya no hay manera de explicar lo que provocas en mí.”

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4 comentarios:

  1. Auch!! Eso dolió hasta en mi orgullo, pero estoy contenta por namin debe de empezar a defenderse de la víbora de jaejoong! Aunque también estoy preocupada por él, a veces la soledad enferma el alma...
    Yunjae figthing!!

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  2. LAS VERDADES AVECES SON DOLOROSAS,OH YO TAMBIÉN ESTOY PREOCUPADA POR EL YUNJAE....

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  3. Yunho que sentirá en realidad?
    Miedo a la sociedad por que sepan el tipo de sentimiento tiene hacia Jae y es por lo que se aferra a esa chica?

    Gracias!!!

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  4. yunho es un cobarde, y se valio de lo más sucio con jae!
    esa zorra como se atrevio a golpear a jae

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