Cuéntame la leyenda del Conde y su sirviente - Cap. 20 -21

2 comentarios
Conde de guerra

“Se escuchaban las campanas en toda la ciudad. Era imposible, no podía ser que el Conde haya muerto. Más no fue así, cuando uno de los soldados comentó que fue la Condesa la fallecida la noche anterior. Nadie supo exactamente que pasó, porque quienes lo habían presenciado no tenían intensiones de hablar. Igualmente  los rumores hablaban de un suicidio, de un amante, de un Conde debilitado, de una mansión maldita. Era el momento de salir a demostrar que Yunho Jung aún permanecía más vivo que nunca y que no existía evento que pudiese detener su sed de poder”

Parecía un cuento interminable… pero era uno de los más divertidos que hayan escuchado.
Recorrer Japón siempre había sido el sueño de esos tres viajeros historiadores. Todo debía basarse en hechos fácticos, pero esa noche quisieron dejarse llevar por el comentario popular.
Mucho había de coherente y tal vez de cierto en el relato de aquel hombre… que se habían cruzado casi por casualidad al entrar al “bar”.
En los últimos 15 años, no solo la guerra había finalizado… si no que el tratado de Corea y Japón cambió su curso, para bien.
Si bien mucho se habló del final del imperio Jung, ningún dato jamás fue exacto. Ni tampoco sobre el fracaso del imperio de generales, el cual sin dudas intento comandar Typhoon. Algo no tenía sentido en los dichos de los escritores, los pocos que quedaban… ya que de los verdaderos testigos casi ninguno había sobrevivido.
Hoy en día todos querían conocer a ese Yunho… y por que no también a quién se decía fue su amante. Se agregaba luego a Bo Ah, incluyendo su sirvienta… ¿y por qué no a los 5 muchachos que hacían la vida del Conde más fácil?

- La desgracia llegó nuevamente a la familia Jung. Luego de haber perdido a sus padres, al Conde ese día, le tocó perder a la Condesa, de escasa edad a solo dos años de tener a su primer y único hijo…
- Miles de teorías me imaginé en mi cabeza sobre como pudo haber sido su muerte… - la señorita sorprendida compartió con sus compañeros.
- Así de loca estaba… intentó matar a su propia hija. – Junsu la siguió, casi convencido del hecho, aunque solo se suponía era una leyenda - ¿Y Jaejoong? él… estaba herido…
- Antes de responder todo mis colegas, quisiera aclararles algo…
- Diga… no podríamos oponernos luego de haberlo escuchado por más de 1 hora – Yoochun sonrió, intentando que pudiese sentirse cómodo.
- Todo lo que viene de la historia… puede parecer bastante alocado… pueden elegir si creerlo o no, pero seré sincero y les contaré todo lo que se. Si se preguntan el porqué, es muy simple. Ustedes también serán parte de la historia… aunque no lo crean.

Hyunah se retorcía en la cama al no poder dormir.
El yeso en su brazo izquierdo le impedía colocarse en su posición favorita.
Tal vez no solo era eso y la oscuridad en la pieza la estaba volviendo loca.
Así era todo el tiempo, desde aquel evento desafortunado donde participó su madre de sangre. El pánico se apoderaba de ella cada vez que se encontraba sola o lejos de su familia, y estar junto a su padre, mientras utilizaba armas, era casi imposible.
Con a penas 3 años, las experiencias vividas le hacían doler más de lo que todos imaginaban. Criada entre gritos, por un hombre que cumplía un papel extraño en esa sociedad, con un padre ausente y una madre demente, la niña intentaba crear un concepto del “bien y el mal”… pero nadie podía corregirla.

[…]

Esa noche el rubio le había prometido volver y le rogó que no le dijese a nadie que partía a la ciudad. En especial a Changmin que sería la primer persona en comunicarse con Yunho.
Pero todo salió mal, incluso peor de lo que se pueda imaginar, ya que no solo Yunho se enteró, si no que decidió salir a buscarlo. Había venido de visitas imprevistamente.
El intento por viajar a las calles de Tokio se frustró, cuando el Gran señor Kwon pisó la puerta de su castillo. Jamás había existido una charla posterior a la muerte de su hija, jamás una pregunta.

- Es momento de que uses tu comodín Conde. Yo no voy a decir que lo siento, por que no es así. – fueron unas palabras frías y realmente aterradoras para el moreno, que entendía a la perfección lo que significaba cada una de ellas.
- ¿Cuál sería el motivo?
- Que perderemos la guerra. Y junto a eso, tú perderás tu puesto.
- ¿Y si gano?
- Tú te lo quedarás… por siempre, y elegirás a quién otorgárselo. Así como te prometí desde un principio.
- ¿Incluso si fuese Hyunah esa heredera?
- Claro que sí… es mi nieta. Es mi sangre.

El señor tendió su mano para sellar el último pacto.
Yunho debía consagrarse victorioso junto a ese ejército especial que durante tanto tiempo entrenó. Debía viajar y colocar su cuerpo como fianza, y estar dispuesto a morir por su patria

- Mañana por la mañana saldrás. Despídete de todas las personas que quieras.
- Será así entonces.
- Al finalizar, mi ejército irá a buscarte y traerá… junto a los soldados sobrevivientes. Los grandes Generales, incluyendo Typhoon, viajarán en los próximos 3 días para apoyarte. Tendrás las armas necesarias, el alimento indispensable y el oro suficiente como para moverte libremente en tierras coreanas. Por supuesto, tu castillo quedará ampliamente protegido.
- De acuerdo Señor. – Yunho creyó que tal vez en agradecimiento por esta ayuda repentina, hablar de su hija sería correcto. No entendía porqué jamás se había comunicado con él o volcado sus dudas. Era un tema silencioso para todos a su alrededor. -¿Hay algo más que quiera saber antes de que parta?
- ¿Se suicidó verdad? – la pregunta salió desprevenidamente de su boca, y dejó completamente inmóvil al Conde. - ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué jamás pudiste enamorarte de ella?
- Me enamoré de alguien más.
- ¿Tanto? ¿Tan así vuelve a las personas el amor?
- No podría explicarlo. Es asquerosamente hermoso.
- Algo Idiota.
- Muy idiota.
- Así como para tomar un arma con 3 balas... ¿Cómo logró descargarla por completo?
- ¿Quiere que sea sincero? – el moreno intentó ser cauteloso… después de todo no sabía si iba a creerle o si podría llegar a herir sus sentimientos como padre. – ¿sincero aunque duela?
- Así es.

Los 3 hombres que acompañaban al Señor Kwon se quitaron sus protectores.
Typhoon era uno de ellos y el más curioso por saber que era lo que iba a contar el Conde.
No notó que él, había oído toda su conversación.
Tampoco le importó… y solo recordó momento a momento aquella noche.
Veía la sangre… la sangre de dos personas que lo amaban. De una que lo amó.

- Ella llegó a la habitación y descubrió esto que acabo de decirles. Probablemente no quiso creerlo. Probablemente le destruyó la vida y por eso decidió ir a “despertar” a su hija. Él corrió a la habitación y se interpuso entre ella y la niña. Recibió el primer disparo. Sangró. Así llegué y no pude contenerla… volvió a tirar, pero esta vez ya no falló. En realidad, no lo hizo ninguna de las dos veces. Ella manchó sus manos con la sangre de su bebé… y luego de eso me miró y decidió que su papel en el mundo había terminado.

[…]

El rubio rompía la última nota que el General le enviaba, cuando se escuchó el llanto de la niña.
La niña ya no solía llorar, no mientras ciertos temas permanecieran en silencio.
Jaejoong entendió, que nada bueno podría ocurrir esa noche.
Los sirvientes comenzaron a correr, llevando y trayendo bolsos, ropa, armamento, incluso comida. Taemin fue el único en notar su presencia en la habitación… pero tampoco se detuvo a explicarle que era lo que estaba ocurriendo.

- Tal vez, haya llegado la hora.

Salió del castillo… pero sin ninguna intención de abandonarlo.
Era sentir, una fina capa transparente de fuego rodeándolo, y el horrible sabor a cenizas en la boca. Parecía como si todo a su alrededor, estuviese siendo destruido por las llamas.

[…]

Pov’s Jaejoong.

~ Si pongo un paréntesis en la historia, termino hablando de mí. Es como si quisiera entender que es lo que estoy sintiendo en este momento. Desde que lo conocí, nunca tuve un sentimiento definido. Era como una mezcla de todos, incluyendo los opuestos. Cariño – odio, felicidad – tristeza. Era como llevar una enfermedad conmigo.
Llegué a la conclusión de que tal vez eso era amor.
Me molestaba, pero no estaba en mí poder desecharlo.
Vos estabas en mi mente, en mi cuerpo y en mi alma. Y a mi me gustaba.
¿Lo ven? Ya tan rápido contradiciéndome. ~

Salí corriendo del castillo, aunque era de noche y sabía que era peligroso.
Esos coreanos estaban todo el tiempo pendientes de los movimientos de la casa, y aunque yo fuese su compatriota, probablemente lo olvidarían a la hora de atacar. Era algo así como la vergüenza de mi patria.
Por supuesto que te ví siguiéndome, y sin embargo no quise detenerme.
No quería oírte esa noche… ¿Para qué escuchar malas noticias?
Todo parecía terminar en lo mismo: ibas a irte.
Y yo no podía dejarte ir, pero tampoco podía impedirlo… por que era tu deber, por que a pesar de que yo fuese alguien importante en tu vida, tú seguías siendo tú y yo seguía siendo tu amante. Tu esclavo, tu amante, tu amor.

La ciudad intentaba sobrevivir a la guerra, por eso continuaba con sus actividades… aunque sabían que llegaría lo peor.
Me encontraba en ese restaurante… dispuesto a beber alguna copa, pero pequeña, ya que no tenía dinero… cuando llegaste y me jalaste el brazo.
Si… me habías seguido, eras muy persistente y no ibas a dejar que la noche terminara sin decir lo que tenías en mente.
Me senté, me imitó y aunque lo miré con mala cara, solo llamaste al mozo y le pediste a parte de tragos, un menú especial. Él te reconoció… todos los hicieron.
Y ahí empecé a sentirme intimidado, aunque nadie se atrevió a mirarme a los ojos o de frente. Era demasiado extraño y me sentía poderoso… pero sabía, ese era tu poder. No el mío.

Cenamos. Tranquilos y con pocas palabras.
Me hablabas de Hyunah y yo, no podía evitar contarte de todos esos avances que habíamos tenido en su tratamiento. Realmente luego del accidentado suicidio de su madre, fue necesaria la intervención de muchos médicos para que continuara lúcida. Y no hablaba justamente de las heridas que recibimos, ya que ambos nos pudimos curar de esos disparos.

Salimos del lugar y tomaste mi mano. No te importó que todos miraran… pero ese era el detalle, nadie se animaba a mirar.
¿Qué habías hecho Yunho Jung? ¿Quién eras?
Las personas creían ver un fantasma al cruzarse contigo, y sus ojos luego comenzaban a brillar cuando les sonrías. Y ni hablar de la palidez que producía un regaño de tu parte.
Tal vez si eras un ser sin corazón, tal vez enserio eras casi un dictador y yo no lo notaba.

Por que me habías enamorado.

Nuestro extraño paseo continúo por todo el centro. Terminamos visitando esa plaza mitológica, y me contaste de las leyendas que se habían inventado.
No quería volver, me la estaba pasando genial contigo… y eso siempre era así, pero cada vez más seguido.
Compraste después los dulces que te pedí… me llevaste a la biblioteca a buscar de esos libros que siempre quise leer y me mostraste los monumentos más hermosos que tenía la ciudad. Todo lo hacías sin quejarte, hasta que decidí volver con el carruaje que yo mismo había traído. Jonghyun me esperaba en él.
Te negaste. Le dijiste que volviera solo y que comunicara al castillo que todo estaba bien… que tu tenías a tu caballo para volver.
Sonreí. No tenía nada para decir.

Caminamos fuera de la ciudad, y estaba tu caballo negro esperándote.
Me llamó la atención que me hicieras subir solo, pero después entendí cual era tu intención… que paseáramos juntos… por eso te colocaste detrás y empezamos a cabalgar.

Ese camino dio a la playa. Jamás había llegado hasta ahí, porque creo que no me habías dejado.
Aunque la arena diminuyó el paso, parecía ser la escena perfecta… mientras tomabas mis manos y me ayudabas a montar a Yen… si, así se llamaba tu compañero.

Me pareció extraño que te hayas detenido, me encontraba bastante perdido, pero quizás solo era producto del retroceso mental que sufría cuando te portabas así de bien conmigo.

Señalaste  la gran silueta sobre la colina. Era de noche y no podía observar bien… pero si no me equivocaba era su castillo, nuestra casa.

Me invitaste a sentar en la arena, el viento soplaba pero no daba frío, la luna iluminaba solo lo necesario, las olas cantaban y causaban paz… y estabas tú amenazando con hacerme perder la cabeza otra vez.

- Detrás del castillo siempre estuvo el mar. Es por eso que al principio no quería dejarte salir… temía que hicieras una locura.
- Eso explica el suave sonido del agua cada vez que todo se encontraba en silencio…
- Sí… - se sentó detrás de mí y me acomodo entre sus piernas… terminé apoyando mi espalda en su pecho. Que más daba, estaba completamente entregado cuando se trataba de ese Yunho romántico. – el río… que siempre frecuentamos, es la entrada… y los bosques, los costados. Fue siempre una posición estratégica para que sea difícil entrar, pero fácil salir.
- Para mí fue al revés… fue fácil entrar, pero difícil salir.
- Depende la persona, me olvidé aclarar…

Me hundí en pensamientos, estaba más que cómodo y sentir tu pecho subir y bajar más fuerte cada vez que me movía… sin dudas me relajaba.
Tal vez… ¿Tú también estabas tan enamorado como yo?
Pensar así me hizo sentir que me faltaba humildad, que derrochaba soberbia.

- Mi padre… fue un gran padre. Aunque no haya demostrado ese lado paternal común.
- ¿Y tu madre?
- Fue una gran mujer. Demasiado pura. – me quedé en silencio. Él jamás había elogiado algo de su madre… siempre le había reprochado cosas y se mostraba en descontento con ella. Llegó a decir que la odiaba frente a mí. - ¿Sorprendido?
- Un poco… pensé que la odiabas…
- La odiaba ella y a sus decisiones, pero solo por que no podía entenderla.
- ¿Qué cambio de ese momento a este?
- Que ahora si la entiendo.
- ¿mmmh?
- Ella vivió por amor. Ella cambió por amor. Ella… murió por amor. – giré la cabeza, necesitaba comprobar que era el mismísimo Conde quien decía esas palabras. No parecía él… incluso su voz se mostraba temblorosa. – ella solo hizo lo que yo estoy haciendo ahora.
- ¿Qué estás haciendo tú? – quería escucharlo de su boca, quería que gritase la palabra amor y terminaría de una vez por depender de este hombre. – No me respondes… ¿Qué estás haciendo tú Yunho?
- Yo cambié por amor. Vivo por amor y moriré… por amor.

Lo besé… ni quise escucharlo decir nada más. ¿Para qué? Probablemente todo lo que saliera de su boca, fuese lo último que yo recordaría
Sujetaste mi rostro y profundizaste el beso. Tanta pasión, tanto cariño que me hacías sentir… era como si estuviese volando en aquel momento.
Me volteé, te eché al suelo y ninguno de los dos podía parar… porque nos habíamos vuelto adictos, porque los labios del otro eran el mejor regalo de nuestras vidas.
Cuando me liberaste para recuperar aire… vi tus ojos cristalizados y eso bastó para que estallara en lágrimas.
Tú no ibas a llorar. Yo iba a hacerlo por ti. Así que me abrazaste y me acomodaste en tu pecho.

- Cuidarás a Hyunah.
- Mientras te vayas… claro que sí… y cuando vuelvas los harás tú… como siempre…
- La cuidarás por el tiempo que sea necesario… tal vez para siempre. Prométemelo.
- ¡No será necesario el “por siempre” maldición!
- Si que lo es… - golpeé su pecho… ¿Por qué estaba hablando como si esto fuese una despedida? – Soy realista… te pido que tú lo seas. Mi madre no lo fue… y se volvió loca.
- ¿De qué me estás hablando? – me levanté a los gritos… ¿Qué estaba diciendo? Yo conocía a la perfección la historia de sus padres y  la nuestra, no tenía por qué tener ese horrendo final. – estoy siendo realista… te irás a luchar, como siempre lo haces… y yo cuidaré de tu Hyunah… de mí Hyunah… y cuando regreses, todo será igual…
- Jaejoong…
- ¡No digas nada! Todo será igual… o no, será aún mejor ¿Sabes? Por que ya no habrá guerra, ya no dependerás de nadie y podrás ser feliz…
- Jaejoong por favor…
- No, ¡no te despidas!

Se quedó callado.
¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Por qué me hacia esto?
Me estaba abandonando…
¿Dónde estaba esa seguridad y prepotencia que lo caracterizaba? ¿Dónde estaba mi Yunho?
Caí de rodillas al suelo y me tapé el rostro.
Estaba molesto, no iba a darle el lujo de verme llorar.

Pero todos los sentimientos oscuros desaparecieron cuando me abrazó… sinceramente, tiernamente, comprensivamente.

- No te vas a morir… ¡No! – le dije entre lágrimas, pero él seguía sin decir nada. – No vas a hacerlo… no morirás. ¡No es justo! ¡Te amo! – y mi voz cada vez era más baja… por que me estaba quedando sin energías, sin aire, sin vida. – te amo…
- Haz ganado Kim Jaejoong. Me ha ganado mi conflictivo sirviente… - me calmé… esperaba que me dijeras que no irías y ya, pero sabía que otras serían tus palabras – termina el juego aquí… pero, incluso antes de morir, serás tú el dueño de mi mente… y te quedarás con lo último de mi memoria. – apreté los puños… pero ya no dije nada más. Era lo más sincero que había escuchado de él, lo más hermoso que me habían dicho en mi vida. - ¿Y sabes el por qué? Por que yo compré tu corazón y te regalé el mío… sí, por que te amo.

Podría decirse que aquella noche ambos fuimos inexpertos… inexpertos, pero en el amor.
Jaejoong se sentía nervioso, y se alteraba y ruborizaba cada vez que las manos de Yunho avanzaban sobre su cuerpo. Eso jamás pasaba, ya que su carácter le impedía demostrarlo y su ansiedad se devoraba la ternura y finalizaba en lujuria-
Aquella noche, era un niño pequeño, de lo más virginal… asustado y a la expectativa del hombre que iba a sacarle esa inocencia.
Una inocencia que él jamás había podido tener.
Por su parte Yunho… con sus temores de herirlo, de causarle impresión e incluso de parecer un bruto sin corazón, intentaba darle la comodidad necesaria y, a la vez, poder sentirse pleno al tener entre sus brazos a la única persona que le hizo sentir amor.
Eran besos suaves, pero no por eso dados con menos pasión.
Eran caricias pacientes,  intentando que el tiempo redujera su velocidad.
Eran sus cuerpos como uno, como había sido desde el principio… llenando todo lo que al otro le faltase y sintiendo por primera vez la felicidad.

El moreno salió de la habitación pasada la noche, recibiendo los finos rayos de sol que amenazaban con despertar al castillo completo.
Fue solo un beso en la frente de su hija mientras dormía… algo así como una despedida. Un saludo cordial a sus sirvientes en la sala principal… la entrega de un paquete al final para su primo.
Él y su hermana partieron a la guerra junto a los generales y el Gran Señor.

Así Hyunah podría continuar soñando.
Así Jaejoong podría continuar durmiendo entre las sábanas, sintiendo el cuerpo completamente frío y soñando que tal vez, la mejor opción sería no dejarlo ir a Yunho de esa manera.

2 comentarios:

  1. Awwww no, s justo que ahora que se han confesado y amado puramente salga con esto yunho debe poner sus fueezas en la guerra y star con jae y su hija
    Que no muera seria el colmo
    Dspues de todo lo que han pasado

    ResponderEliminar
  2. Dios Mioooo que capitulo¡¡¡ te juro qje en esta narración te luciste¡¡¡ ameeee todo el diacurso de Yunho y Jae en la playa me has hecho llorar en verdad que fue un completo momento de entrega, se dieron todo de manera tan produnda que ... Ay Dios Yunho no puede morir nooooo quiero que termine así(¡.¡) (¡.¡) Increible que Yunho haya rebelado la noche de la muerte de Bo ha así eres increible esa parte realmente la armaste increiblemente bien. Oh Por favor que no muera Yunho(¡.¡)

    ResponderEliminar

Deja tu comentario \(*O*)/ ♥ ♥
o más bien... deja tus pensamientos pervertidos grabados en esta entrada XD