Cuéntame la leyenda del Conde y su sirviente - Cap. 14

2 comentarios
Volviendo a lo suyo

Parte 1

Ella se sintió distinta al despertar, él, destruido y arrepentido.

Los sirvientes tuvieron la necesidad de comunicarle a Yunho que Jaejoong simplemente se había ido… y saltear por supuesto los pequeños detalles de lo que había quedado de la atacada habitación.

- Es la segunda vez que le doy a elegir si quedarse o no a mi lado… si lo encuentro, entonces, ya no será dueño de su propia vida. – Golpeó la mesa enojado… mientras intentaba controlar su pulso, a pesar de que era inútil - Si lo encuentran, lo traen de regreso. A la fuerza.

Esas fueron las únicas palabras que el moreno pudo omitir al enterarse.
Taemin sintió una enorme tristeza… más al darse cuenta de ese cariño extraño que había surgido por el rubio.
Los otros… callaron…  y Changmin ni siquiera intentó entrar al cuarto vacío, ya que sentía ese gusto amargo en la lengua… que le confirmaba, que no volvería y era más que nada su culpa.

El día pasó lento. Demasiado tal vez.

[…]

Y en una de las tantas tardes que vinieron…

El conde se quedó en su habitación, hasta que decidió que era el momento de retomar muchas de las cosas que había dejado. Volvió a las andadas militares luego de bastante tiempo y Bo Ah, comenzó a sentirse más sola si era posible.
Changmin permanecía a su lado, impaciente por que le explicase, que era lo que le daba fuerzas para permanecer allí, con un hombre que a penas la miraba.
Todas, eran discusiones. Él había vuelto a ser el mismo despiadado de siempre en tan solo días.

- Podría decirse amigos míos… que aquí… comienza el desenlace de la historia.
- ¿Si?
- Así es Jovencita… es divertido ver como la gente enamorada se cree inteligente a pesar de dejarse atrapar por tal sentimiento. Pero como dije, “se cree”, no lo es…


A paso firme y decidido, caminó hasta su caballo y se dirigió al campamento más cercano una tarde de verano. Había contado con los dedos los días en que su corazón le exigían volver a herir… 99 en total.

Los agentes y generales no podían creer su regreso.

Así como llegó la luna, 14 prisioneros coreanos llegaron al lugar.
Cada vez que había victorias, el Conde les permitía salir a divertirse, aunque solo por 2 horas.
Esa noche sin dudas, habría una gran fiesta, ya que a la batalla ganada se le sumaba la presencia del gran señor.

Alcohol, mujeres, músicos… todo llevaba a lo que eran los antiguos festejos, que revivían aquella alma de militar que tanto había escondido.

A las 12:00 en punto, de a uno los prisioneros, ahora esclavos, fueron colocándose en fila, uno al lado del otro, con los ojos vendados y las manos atadas. Yunho sonrío y se dirigió cerca del primero.

- ¿Cuántos japoneses han caído en batalla?
- No lo se señor. – contesto asustado el joven, que estaba temblando debido al miedo.
- Así que… ¿No sabes?
- No señor, mil disculpas señor… - le dijo de nuevo, moviendo las manos un poco más desesperado.
- Bien.

Sin pensarlo dos veces, el moreno desenvainó su filosa y poca utilizada espada. El sudor frío del hombre hizo reír a todos los militares japoneses allí.
De un solo golpe, lo atravesó y sonrió. Agitó la cabeza enojado.

- ¿Y tú maldito mendigo?
- No señor, tampoco lo se.
- Bien.

Y repitió la historia. Así, 5 veces más… sacándole la venda a los últimos 3 para poder mirarlos a los ojos y saber si eran sinceros.

- ¿Y tú?
- Yo tampoco se nada señor. Será mejor que me mate ahora mismo.
- Mmh… eres bastante valiente.
- No lo soy señor. Solo acepto mi destino. – la sonrisa del moreno volvió a aparecer. Si, el era el dueño de todos sus destinos y eso, le daba más poder aún.
- Tu valentía ha ganado un último deseo antes de morir. ¿Qué quieres?
- Una noche con Kim Jaejoong señor. Si es posible.

Si en su rostro había existido alguna clase de diversión o compasión por aquel muchacho… sin dudas, estaba en el olvido.
Su amante, su esclavo… no quería ni siquiera oírlo nombrar y menos por otro hombre.

- Sea amable… o acaso… ¿El esclavo se le escapó?

Ese hombre quería morir, en ningún momento le intentó hablar con respeto solo… buscó bajar su guardia para burlarse de él.
Un silencio se hizo en todo el campamento en medio de la celebración.
Así que era cierto… Kim Jaejoong existía… Kim Jaejoong tenía el corazón del Conde en sus manos.
Los Coroneles lo recordaron, los soldados, comprobaron los rumores.

- No mi querido amigo, él no se escapó… nadie, se escapa de su destino.

Y lo atravesó sin piedad, sin quitarle la venda. La mirada perdida de todos sus soldados… ya no era necesaria tanta saña contra los prisioneros.

- A ver ustedes…los que quedan… - la cabeza de los otros 7 esclavos restantes giró hacia donde oyeron la voz - ¿Dónde está Kim Jaejoong?
- No lo sabemos señor. – respondieron a coro.
- No… ¿Cómo saben de su existencia entonces?
- Oímos rumores señor.
- Mmmh… ¿No oyeron ningún rumor sobre su paradero?
- No señor.
- Bien. Mátenlos a todos. Es una orden.

Y se volteó sin decir más nada. No servían, no importaban si no podían responderle a la pregunta que estaba arruinándole la tranquilidad.

Hasta que una voz lo detuvo… el último de todos, que sostenía un collar de perlas en sus manos atadas…

- Yo… se donde está Conde. El joven… ese joven, el más hermoso de todos.

Los ojos de Yunho se volvieron brillosos e intimidantes.
El grito profundo de los que aún estaban con vida y ahora pasaban al otro mundo. Excepto del que se decidió a hablar.

- Y bien colega… cuénteme de qué se trata todo esto.

[…]

El llanto de la Condesa que entendía, había logrado lo que quería, desde muy lejos donde Yunho sonreía por haber obtenido respuestas que tanto buscaba… Ella llevaba dentro suyo algo que iba a tener atado al amor de su vida por lo menos por un tiempo más..
El silencio de Changmin, que se sostenía la cabeza intentando no entrar en pánico debido a la reacción que sabría iba a producir en su primo todo esto.
El susurro de los sirvientes, que ya se sentían puros objetos sin vida de una mansión abandonada.
El corazón de 2 hombres que dejaba de latir.

…Otra vez.

[…]

Parte 2

- Tu turno Jaejoong… ya son las 12:00.
- ¿Mmh? ¿Victoria?  ¿Acaso tú no bailas?
- Que es tu turno nene… ya es hora de que salgas a bailar, terminé con lo mío por hoy…
- Dice la gente, los de cabello oscuro bailan mejor que los rubios. ¿Sabes?
- Demuéstralo entonces pequeño.... y suerte, la vas a necesitar.

Un Jaejoong cambiado completamente salió a bailar esa noche de verano en aquel antro japonés.
Desfile de mujeres… desfile de hombres… dinero y más dinero.

Al fin había retomado el baile y había superado la etapa más perversa.

La del sexo.

Aunque había creído que jamás volvería a llegar a ese lugar, la situación lo superó y su vida, retrocedía como las hojas de un libro.

Con el cabello castaño oscuro, a penas más largo que antes, perlas colgadas a su cuello y cicatrices de cortes por todo el cuerpo… Kim Jaejoong se presentaba esa noche frente al público japonés.

Pero claro, no contaba con la presencia del Conde – General, aspirante al trono del imperio japonés. Yunho Jung.

La música comenzó a sonar.
La multitud empezaba con sus gritos y cantos… todo era como cada noche en ese lugar.

Hasta que se vieron, por supuesto.

En el escenario, Jaejoong se quedó sin aliento y se sintió desnudo de golpe… es que eso le provocó la mirada hambrienta del moreno, que se mantenía sentado junto a algunos soldados, vestidos como tal.
Ya no pudo encontrar la concentración de nuevo, y ante la inesperada sonrisa… salió corriendo, dando por finalizado su acto.

Victoria, la bailarina y dueña de ese lugar, se apresuró a pedir explicaciones…

- ¿Qué demonios te ha ocurrido hombre? ¿Sabes cuanta plata han pagado estos buitres para verte bailar?
- Lo siento… lo siento. ¡Creí ver a alguien que me trae horribles recuerdos!
- No me interesa…. ¡Maldición! Yo que te dí esta oportunidad del baile… volverás a revolcarte con hombres repugnantes si vuelves a hacerme esto…

Jaejoong se encontraba nervioso como para aceptar sus amenazas. Solo pudo intentar responder, aunque no le saliera la voz.
Hasta que lo vió cruzar la puerta y tirar los billetes sobre la mesa.

- Usted es la señora Victoria… ¿Verdad?
- Si señor. Si. – la mujer respondió como un niño asustado y miró al hombre que le hablaba, con mucho temor. Si, era “el Conde de la muerte”.
- Tome ese dinero y permítame llevarme al muchacho.
- Lo siento Conde, yo… no puedo permitirle eso… él es uno de los mejores bailarines que tengo aquí.
- Señores… tomen al muchacho y encierren a la loca.

5 soldados entraron detrás de él y sujetaron al ahora castaño… llevándolo fuera del burdel, a los gritos y mediante forcejeos.
La mujer, quedó encerrada en uno de los vestuarios… la gente, ni siquiera lo notó.
La mirada fría de todos aquellos que vieron la escena, la complicidad de algunos que podrían haber hecho algo.

Jaejoong entró al carruaje seguido de Yunho, que a penas lo había mirado dentro del vestuario… tan poco le importaba si él quería volver o no.

Tanto tiempo sin verse, 259 días…ese era el conteo que el Conde llevaba cada día junto a una lluvia de sentimientos que se volvió desesperante.

Pero por qué simplemente no limitarse a decir… algunas tontas palabras.

- No me gusta el color de tu cabello.
- Lo hice buscando que te desagrade.
- Pues… lo lograste. Es más, lo primero que harás será volver al anterior.

Oír la voz del otro, sentir su perfume, volver a experimentar ese odio tan dulce que no sabían como llamar.

- Dame un cigarrillo.
- Si traes tu trasero entre mis piernas como en los viejos tiempos… tal vez lo haré.
- Muérete.
- No lo haré. Hasta que nazca mi hijo.

Jaejoong sonrió irónicamente y recibió el cigarro. Sus sospechas eran ciertas, Bo Ah y él habían vuelto a estar juntos y ella… estaba embarazada.

- A si que quieres que cuando nazca tu hijo vea como su padre se desvive por acostarse con su sirviente.
- No. Solo te buscó por que yo te compré hace tiempo. Eso te hace mío y de nadie más.
- ¿Solo para eso? ¿Quieres que ahora limpie tus pisos y junte pañales?
- Eso hacen los sirvientes.
- Recuerda algo Yunho Jung, no soy cualquier sirviente.
- ¿Qué te hace diferente?
- No podrás aguantar… sin tocarme. Porque… estás enamorado.

Él castaño arrojó el cigarrillo.
No estaba de ánimos para fumar, solo había sido molesto.
Se sintió ganador, ya que el moreno no se atrevió a contradecir sus dichos… hasta que lo escuchó otra vez.

- Te reto a no enamorarte entonces. – Jaejoong abrió los ojos… ¿Iba a enamorarse o… ya lo estaba? – Ah no, perdón, olvidé aclarar… ya lo estás también, así que… probemos suerte. Cual de los dos se vuelve loco primero…

Se miraron molestos y sin decir nada… cada uno se limitó a pensar para sí mismo.

El carruaje avanzó y ellos se sintieron felices…

 …aunque no quisieran admitirlo.

2 comentarios:

  1. Waaaaa los dos se retan a ver qien primero se descontrola
    Waaaaa
    Que se qeden juntos

    ResponderEliminar
  2. Que emoción Yunho lo en controooo¡¡¡¡ Diooos estan juntos de nuevo y espero que si desaparecen sea por que estarán JUNTOS¡¡¡¡ Muerete del coraje Bo ah. Que inusual confesión jajaja pero mi gallo es Jae Yunho está hasta las manitas por él va a perder su propio reto.

    ResponderEliminar

Deja tu comentario \(*O*)/ ♥ ♥
o más bien... deja tus pensamientos pervertidos grabados en esta entrada XD