Inesperadamente tú cap 11

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- ¡Yoochun ah, bella durmiente! – los molestos gritos de Jaejoong hicieron que me revolviera en las sábanas y gruñera algunas incoherencias – Des-pier-ta.
Abrí los ojos y su sonrisa me recibió a unos pocos centímetros de mi rostro.
- ¡Ah, joder, Jaejoong, deja de hacer eso! – gruñí apartándole la cara de un manotazo.
- Está bien, lo siento – se apartó con una carcajada y se dedicó a descorrer las cortinas haciendo entrar la luz tenue de la mañana de invierno –. ¿Cómo te encuentras?
Me limité a encogerme de hombros.
Físicamente me notaba mucho más descansado, como si hubiera estado una semana de vacaciones en una isla desierta, sin presiones, ni sesiones de fotos, ni juicios ni nada que me provocara estrés.
Mentalmente ya era otra cosa. Si bien estar en el hospital me había ayudado a recuperarme, aquellas cortinas, las sábanas blancas, los pasillos llenos de personas con bata, la comida insípida… todo en aquel lugar, incluso el olor, comenzaba a ponerme nervioso. Y qué decir de la cantidad de tiempo que tuve para pensar en él. Bueno, en ellos.
Sí, porque si había algo que había hecho durante aquellos cuatro días en aquel hospital, había sido pensar en Kim Junsu y en Lee Ye Eun.
Y por fin creía haber llegado a una conclusión. Una conclusión que me daba miedo y en la que prefería no pensar hasta llegado el momento.
Solo tenía que actuar, pero para eso aún necesitaba reunir el valor para hacerlo.


- Mira lo que te he traído, Chunnie ah – Jaejoong me sacó de mis pensamientos y comenzó a rebuscar en su enorme bolso –. Lo hice ayer. Los cocineros del hotel son muy majos, ¿sabes?
Me tendió una caja blanca y marrón con un Mickey Mouse sonriente en la tapa. La abrí y el mejor olor del mundo entró por mis fosas nasales, haciendo suspirar y gritar de alegría.
- ¡Pastel de chocolate! Dios, Jaejoong ah, te quiero, lo sabes, ¿no?
- Sí, lo sé, lo sé – dijo haciendo gestos con la mano como si fuera algo obvio –. Supuse que en el menú del hospital no entra el chocolate como postre. Además, sé que te encanta.
Sonreí sinceramente por primera vez en mucho tiempo. Por algo Jaejoong y yo éramos Soulmate. Sabía exactamente cómo hacerme feliz.
Se sentó en la butaca al lado de la cama y devoramos el pastel en silencio.
No pasé desapercibida la sonrisa permanente de Jaejoong que decía “Hola, mírame, estoy feliz y enamorado”.
- ¿Qué ha pasado con Yunho? – pregunté de golpe. No le pillé por sorpresa, porque sabía que se moría de ganas por contármelo - ¿Te acaba de decir que es gay y está enamorado de ti?
- No – Jaejoong sonrió con superioridad y se llevó un trozo de pastel a la boca –. No es eso.
- ¿Y entonces qué es? Sabes que estar aislado me pone muy susceptible, así que ya estás empezando a hablar.
- Pues… ayer me llamó – se calló para crear expectación. Contar historias era su fuerte, sin duda –. Y me dijo que quería verme, para charlar y eso.
- Vale, ¿y? Ve al grano – le insté. Me comí un trozo más de pastel para calmar mis nervios.
- Pues nada, nos vimos, comimos juntos…y me dijo que me había echado de menos. ¡No en general, sino que me había echado de menos a mí! – hubiera pagado por hacerle una foto a su cara (y a la mía). Parecía una quinceañera enamorada, aunque en cierta parte lo era – ¡Y me cogió de la mano!
Y dicho aquello, se calló, esperando que hablara, que dijera algo. Pero, ¿qué quería que le dijera? Si no había pasado nada.
Nada de nada.
- ¡¿Y ya está?!
- Sí, ya está.
- Pues menuda mierda. Algo más tuvo que pasar, si no, no estarías así. Yunho coge de la mano a todo el mundo.
- Tienes razón – dijo asintiendo solemnemente y soltando una carcajada.
- ¿Y entonces?
- Nada, que cuando estábamos en el coche y se tuvo que bajar, nos besamos.

Me llevó unos cinco segundos asimilar esas dos últimas palabras.

¿Qué Jung Yunho y Kim Jaejoong se besaron?

Imposible.

A Yunho desde nunca le han gustado los hombres. Y eso incluía a Jaejoong, que por mucho fanservice que hicieran, no dejaba de ser eso, fanservice.
Aunque por lo visto, nada es lo que parece.

- ¿Cuánto tiempo te llevó emborracharlo tanto?
- Eres un idiota – Jaejoong me miró con mala cara y se comió el último trozo de pastel con frustración sobreactuada –. Además, ¿por qué te resulta tan increíble? A ti te ha pasado lo mismo. De hecho, lo tuyo es peor. Yo no me he acostado con Yunho.
- Pero Yunho no es como yo. Yunho es… – varonil, fuerte, valiente, responsable, hetero, un hombre con todas las letras –. Es Yunho.
Jaejoong sonrió y se recostó en el asiento de la butaca con cara de satisfacción.
- ¿Sabes?, es el mejor beso que me he dado nunca. En serio – añadió cuando vio mi cara de escepticismo –. Fue genial.
- ¿Qué pasó después?
- Se le veía confundido – dijo pensativo –. Me pidió perdón y salió del coche sin darme tiempo para hablar.
Abrí la boca para responderle cuando alguien picó a la puerta y entró. La cara de Jaejoong de pronto adquirió un color rosa intenso y se levantó de golpe ante el hombre que acababa de entrar.
Yunho, el hombre oportuno.
El cruce de miradas entre los dos me hizo sentir desplazado y muy pequeño. Miré a Jaejoong y vi cómo intentaba decir algo pero no encontraba las palabras.
Yo opté por aguantarme la risa.
- ¡Jaejoong ah! Ho-hola – saludó Yunho visiblemente nervioso - ¿Llego en mal momento?
- No, no, no. No, qué va. Si yo ya me iba – Jaejoong sonrió y se dirigió a la puerta intentando no mirarle –. Yoochun ah, nos vemos mañana.
Y medio segundo después, ya había desaparecido tras la puerta. Miré por donde se había ido y no pude evitar echarme a reír, hasta que recordé que no estaba solo.
- Yunho, ¿qué haces aquí? – pregunté cuando conseguí ponerme serio –. Sabes que es muy arriesgado.
- Sí – respondió encogiéndose de hombros. Se sentó en la butaca donde momentos antes había estado Jaejoong y me miró con el rostro serio –. Pero necesitaba hablar contigo, Yoochun ah.
Asentí y dejé que empezara a hablar. Sabía perfectamente qué era lo que me iba a decir.
- Estoy… – empezó, intentando encontrar las palabras. Suspiró y se pasó una mano por el pelo –. Nunca he estado tan confundido en mi vida. Pienso en…en él constantemente, y lo de anoche… debería tener la sensación de que fue un error, pero no es así – Yunho me miró y se mordió el labio inferior –. No sé qué es lo que me pasa. ¿Acaso es su ausencia que me está volviendo loco?
Por un momento creí verme a mí mismo diciendo aquellas palabras, y supe que nuestra situación no era tan diferente al fin y al cabo. Alargué una mano para tomar la suya y le miré a los ojos.
- Que Jaejoong está enamorado de ti es un hecho – noté cómo sus ojos se abrieron por la sorpresa, pero decidí ignorar aquello –. Así que ahora tienes que pensar en si tienes la sensación de necesitarle a cada momento, si el corazón te va más deprisa cada vez que piensas en él. Si a veces te preguntas qué te diría si estuviera a tu lado, o si cada vez que le ves te entran ganas de sonreír sin motivos. Piensa en si Jaejoong te produce estas sensaciones, porque si no es así, lo de anoche fue un error. Intenta aclararte. Jaejoong es una persona extremadamente delicada, ya lo sabes.
Parecía mentira que todo aquello lo hubiera dicho yo.
Realmente, ¿se lo estaba diciendo a él o a mí mismo?

Yunho asintió y me sonrió.
- Gracias Yoochun ah. Pensaré en ello. No quiero hacerle daño innecesario con mis dudas.
Nos quedamos unos minutos en silencio. Un silencio que fue para nada incómodo, de esos que te permiten reflexionar y que no tienes necesidad ninguna de querer romperlo.

“Piensa si tienes la sensación de necesitarle a cada momento”
Sí, claro que le necesitaba en cada momento. Le necesitaba hasta en sueños.
“Piensa si el corazón te va más deprisa cada vez que piensas en él”
Hacía tiempo que mi corazón ya no latía. Desde el momento en que le hice mío, mi corazón le pertenecía.
“Piensa si cada vez que le ves te entran ganas de sonreír sin motivos”
No sonreía sin motivos, porque él era mi motivo para sonreír, y siempre lo había sido.
Así que no, no tenía la sensación de que era un error.

El teléfono móvil de Yunho nos sacó de nuestros pensamientos y nos hizo volver a la realidad.
- ¿Diga? Ah, Changmin ah…sí…vale, ahora mismo voy – cerró el teléfono y me miró disculpándose –. Lo siento, Yoochun, mánager hyung está preguntando por mí y Changmin no sabe qué decirle.
- Entiendo.
Nos levantamos y nos dirigimos a la puerta de la habitación. Yunho me miró y sonrió como solía hacer antes.
- Echaba de menos hablar contigo, Chunnie ah.
- Yo también, hyung.
- Gracias por todo.
Me estrechó fuertemente entre sus brazos y pude sentir la calidez y sinceridad que hacía tanto tiempo que no sentía y que tanto añoraba. Cuando nos separamos, sus ojos brillaban.
- Llámame si necesitas hablar otro día.
- Lo haré.
Y me quedé contemplando cómo la sonrisa del líder se iba tras la puerta.
Suspiré y me dirigí para mirar por la ventana. El cielo era de color azul pálido y los árboles desnudos se esparcían a lo largo de los jardines del hospital. Los pacientes que habían hecho frente al frío paseaban junto con sus enfermeros o con algunos familiares, intentando desconectar de aquel mundo atrapado en paredes de color blanco y fingiendo llevar una vida un poco normal.
Pensé en Yunho, en Jaejoong y en su problema. Me acordé también de lo que le había dicho a Yunho y volví a suspirar.
- Ojalá fuera capaz de aplicar mis propios consejos.



La duda es uno de los procesos vitales del ser humano.
La vida está hecha para hacernos dudar, para confundirnos y darnos miedo.
Porque si hay algo que el ser humano teme, es la duda.
No queremos vacilar, queremos vivir sin pensar en nada, siguiendo instintos, sin preocupaciones.
Pero, ¿es eso vivir realmente?
No.
Vivir es dudar.


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