Anónimo

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Titulo: Anónimo
Autor: Candy
Pareja: Jaemin
Género: Lemon, Angst
Extensión: Oneshot
Advertencia: Un poco de sexo heterosexual
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Al sentir aquella anónima belleza bajo su cuerpo, piel suave y labios ansiosos a su sola merced, Changmin no pudo evitar recordar aquella vez en que Kim Heechul había intentado besarlo. El recuerdo en sí no se asociaba mucho a la situación actual que, básicamente, consistía en tener sexo con una mujer que acababa de conocer hoy, pero algo en la manera en que aquel cuerpo se movía bajo el suyo, o quizás en la mueca de absoluto éxtasis que adornaba la agraciada cara de aquella mujer (¿Y cómo era que se llamaba la mujer? ¿Ji Yeon? Sí, Changmin estaba seguro que su nombre era Ji Yeon), lo hizo evocar aquel lejano recuerdo.

En aquel entonces, Changmin no era más que un crío, Diecisiete recién cumplidos hace mes y medio (‘Un mes y veinticinco días’ pensó Changmin ausente, embistiendo una vez más contra las caderas de aquella mujer que gemía como si no hubiese un mañana), y un mundo por conocer. Aún había cosas que descubrir, mentiras que desmentir, y una inocencia que corromper. Ese día, uno de sus hyungs (Changmin no sabía a quién atribuirle la responsabilidad) había decidido que sería una maravillosa idea el juntarse a beber con otros artistas de la SM.

(Artistas. Colegas. Porque amigos aún no, no para él)

Y generalmente él, el chico dulce y bueno del grupo, señorito responsabilidad, señorito Pan de Dios, se hubiese negado rotundamente a ser cómplice de aquello que atentaba contra todo lo que los de la compañía le habían impuesto, pero los otros miembros de la banda (en realidad, Jaejoong y Yoochun), fueron especialmente persuasivos aquel día, así que él, nada más que un niño inseguro con un sueño más grande que él mismo, terminó cediendo.

Y se encontró a sí mismo rodeado de gente mayor, más agraciada, más talentosa, y mucho, mucho más ebria que él. ‘No gracias, yo ya tengo algo para beber’ Había tenido que responder al menos cinco veces a cinco personas distintas, sonriendo amable pero firme mientras mostraba su vaso de Coca-Cola.

Pero no por no estar bebiendo se estaba aburriendo. Oh no, muy por el contrario, Changmin se encontraba bastante divertido, sus ojos bien abiertos, procesando todo lo que ocurría frente a él. Y, aunque se comería los calcetines sucios de Yunho antes de admitirlo, Changmin encontró extrañamente placentero el presenciar aquella dulce decadencia que se desplegaba frente a sus ojos.

Changmin nunca lo admitiría, pero en ese entonces, en el fondo, muy en el fondo, una pequeña parte de él no cabía de regocijo cada vez que alguno de sus compañeros se equivocaba o mostraba algún signo de debilidad.

Sus flaquezas eran, de cierta forma, su consuelo.

(Claramente, su autoestima no había sido la más alta en aquellos tiempos.)
Pero luego, Changmin se fue encariñando (a veces el joven creía que demasiado), y las flaquezas y tristezas de sus hyungs empezaron a sentirse tan dolorosas como las suyas propias.

Y entre ver a Yunho bailando cosaco y a Kangin cantando un tema más añejo que los calzones de su abuela, no notó a Heechul acercándose hasta que lo tuvo pegado a su espalda, su aliento caliente y alcoholizado contra su nuca y sus manos dos lianas que lo envolvían con fuerza.

-Ah, pequeño – Había sonreído y aunque Changmin no lo estaba viendo, sabía que su expresión debía ser definitivamente la de alguien que no pretendía nada bueno – Estás tan solo y abandonado en este rincón ¿No quieres un poco de diversión?

-No estoy aburrido, hyung – Había respondido él de la manera más dulce posible, aún cuando de verdad sólo quería darle una buena patada en alguna zona de riesgo vital y alejarlo de él. Pero no podía arriesgarse a hacer eso, oh no, no cuando este era Kim Heechul. Ya había leyendas sobre este hombre en la compañía, sí, y en resumidas cuentas, casi todos aquellos que se le habían enfrentado, no habían tenido un final feliz.

Además, la agencia había sugerido poderosamente que Changmin se comportara lo más tiernamente posible. (Y por sugerido poderosamente se debe entender impuesto, claramente. Es parte del código de la compañía.)

-Tsk, Tsk, mentiras…- Había reído él, soltándolo solo para ubicarse en frente de él -Pero no te preocupes pequeño, Tío Heechul te va a dar un poco de diversión

‘Suenas como un maldito pedófilo, Heechul’ Estuvo a punto de decirle, pero en vez de eso, sólo lo tomó por los hombros y le dijo – Estoy bien, gracias hyung. Ahora, si me disculpas, me gustaría ir al baño a…

-Bésame.

¿Qué?

-¿Qué?- ¿¡Qué mierda le sucedía a este hombre!? ¿Y por qué nadie venía a salvarlo? No es que no pudiera manejar a este tipo (Changmin poseía mucha más fuerza que el común de la gente creía posible para su cuerpo enclenque), pero no quería recurrir a la fuerza cuando todos estaban pasándolo bien. Y más que eso, Changmin no quería problemas con nadie. Ya suficientes problemas tenía con su vida, muchas gracias.

-Eso mismo- La sonrisa de Heechul se ensanchó, y si Changmin no hubiese querido golpearlo en la cara, habría pensado que aquella sonrisa era bastante hermosa –Bésame.

Y sin esperar una respuesta, el mayor se abalanzó contra él.

-No – El menor sujetó fuerte al otro hombre por los hombros, hablando con firmeza, todo rastro de dulzura desvanecido de su tono. Changmin ya estaba harto de este tipo.
–Aléjate- Agregó, sin alzar la voz, pero el veneno evidente en esta -A mí me gustan las mujeres, y por más que tú parezcas una, hyung, sigues siendo hombre. Por ende, no quiero nada contigo.

Por un momento, la cara del mayor se congeló en algo que sólo podría llamarse asombro. Ah, sí, Changmin ya podía adivinar lo que su hyung estaba pensando: ¿Dónde quedó aquel chico tímido de sonrisa dulce?

Changmin quería responderle a él, a todos: Aquel chico no existe.

Pero luego, Heechul comenzó a reírse. A carcajadas.

-Pequeño, pequeño, pequeño…- Decía entre risotadas – Eres un chico con actitud, ¿No es así? Muy bien, muy bien…

Hecho: Kim Heechul era sin dudas la persona más rara que Changmin haya conocido en sus diecisiete años de vida.

-Creo que de verdad te subestimé, Changmin- El mayor le sonrió, alejándose hasta quedar en frente de él, brazos cruzados y mirada penetrante – Pero déjame decirte algo…- Agregó, en tono de confidencialidad, bebiendo de un vaso (que muy probablemente no era ni siquiera suyo) ubicado en una mesa cercana – Esta compañía de mierda tiene un plan, ¿Sabes? Un plan malvado…

-¿Eh?- Changmin preguntó, verdaderamente incrédulo.

-No sé por qué, pero estos hijos de puta se empeñan en mariconizarnos a todos. Sepa Dios qué hay dentro de sus cabezas podridas, pero así es…

¿…Ah?

-¿Y sabes qué es lo más triste, pequeño?- El mayor preguntó, su mirada de pronto suavizada por algo que casi, casi podría ser confundido con afecto -Que generalmente logran su acometido.

-¿Crees que en realidad Lee So Man nos está entrenando a todos para ser sus concubinas personales, hyung?- Changmin preguntó, siguiéndole el juego al mayor porque, realmente, esta conversación era realmente estúpida, y Changmin no podía no meter algo de sarcasmo en esta. De todos modos, era altamente probable que Heechul no recordara nada de esto a la mañana siguiente -¿O a lo mejor es un plan maléfico para extinguir la raza humana? ¿Estarán planeando quizás el ocaso de la heterosexualidad?

- Estas fueron palabras salidas de la boca del chico dulce e inocente del grupo – Rió el mayor – Es una pena que no muestres tu verdadera personalidad en cámara, ¿Sabes? Creo que es realmente encantadora.

-Tu teoría es ridícula – Changmin trató de ignorar el comentario anterior, porque claro que no podía mostrarse así en cámara; Changmin tenía un rol que cumplir, una responsabilidad dentro el grupo. – A mí me gustan las mujeres, y no creo que eso cambie nunca.

Y era cierto: No porque los de la compañía sugirieran poderosamente que se mostraran cariñosos entre ellos (Changmin recordaba haber escuchado el término Fanservice en más de una ocasión en sus reuniones con la producción), él se iba a volver homosexual. Que Heechul creyera eso era francamente ridículo, pero claro, a lo mejor el mayor nunca estuvo muy seguro de su heterosexualidad desde el principio…

-Ya veremos, pequeño. –Suspiró el mayor, revolviéndole los cabellos -¿Quieres más Coca-Cola?

-Claro- Rió extrañado el menor, porque de veras, todo esto era ridículo. Toda esta situación era francamente estúpida. Primero Heechul se había inmiscuido sin vergüenza en su burbuja personal y ahora resulta que el mayor era el único que en toda la noche le había ofrecido lo que él quería (Coca-Cola) y no lo que los demás querían para él (Alcohol). Como un verdadero Hyung.

El resto de la noche, Heechul se la pasó hablando animadamente, pausando su monólogo de cosas sin importancia (chismes de gente del staff en su mayoría) sólo para respirar, reír o beber, y Changmin se había dedicado a escuchar, una que otra risa o comentario sarcástico escapando de sus labios de vez en cuando. Y aunque jamás se lo diría a nadie, Changmin realmente le agradecía el gesto a su hyung. Changmin no quería ser rencoroso ni nada con los miembros de su banda, pero ninguno, ninguno de los otros cuatro, le había hecho compañía durante la noche. El tener a otra persona al lado suyo, conversándole sobre cosas sin sentido en vez de estar disfrutando con los demás, era ciertamente reconfortante.

Y algo dentro de él se sentía un poquito orgulloso: Al parecer, alguien lo encontraba lo suficientemente interesante como para estar toda una noche con él charlando.

‘No estoy tan mal ¿Verdad?’ Pensó el menor, tomando otro sorbo de su vaso, y no pudo evitar sonreír.

Después de eso, no es que hayan quedado como amigos (Después de todo, sus personalidades eran demasiado distintas), pero cada vez que se cruzaban, Heechul le sonreía de manera especial, y Changmin creía ver, cada vez que Heechul le sonreía, las palabras no dichas por el mayor: ‘Sé quién eres en realidad. Y sé quién serás’

‘No te desconcentres’ Pensó de pronto Changmin, notando que había enlentecido el movimiento rítmico de sus caderas sobre las de su acompañante. ‘No vaya a ser que después corra el rumor de que apestas en la cama’

Changmin sonrió, acercando sus labios al delicado cuello de la mujer, mordiendo con delicadeza. No señor, aquel recuerdo no iba a hacer que él dejase de disfrutar este momento.

La mujer, predeciblemente, había emitido un gemido especialmente sonoro, sus brazos rodeando casi con desesperación el cuello de Changmin, quién procedió a lamer con paradójica parsimonia la abusada piel de su acompañante. Paradójica, porque sus caderas cada vez se movían con más rapidez, el ritmo pasando de regular a errático.

-Ya falta poco – Susurró el hombre, besándole una acalorada mejilla a la joven, sintiendo la deliciosa sensación entre sus piernas acentuándose con cada embestida. La mujer, al oír estas palabras, sólo se limitó a emitir una larga de ronda de “Oh Dios, Oh Dios, Oh Dios”, sus manos apretando con más fuerza la piel de su espalda. Al parecer, esta sería otra clienta satisfecha. Changmin sonrió nuevamente para sí mismo: La mujer tampoco había estado mal. La justa medida entre sumisión y atrevimiento; tal como a él le gustaba.

-Oh Dios, Changmin, a-ah…- La voz de la joven se quebró, sus palabras quedando reducidas a gemidos incoherentes, y el propio Changmin sintió como ya casi, ya casi. Sus caderas, con voluntad propia y casi con salvajismo, empujaron con más fuerza dentro de la mujer, su cuerpo y mente ansiosos por la dulce liberación del orgasmo que no tardaría en llegar. Dos embestidas más, y la hasta hace poco desconocida se quebraba bajo su cuerpo, sus gritos y su respiración agitada fiel testimonio del talento de Changmin en el arte de la cama, y poco después, allí mismo, en aquella dimensión blanca y luminosa se encontraba el joven, su cuerpo estremeciéndose bajo los efectos de su orgasmo.

Diez minutos después, y Changmin aún seguía en la misma cama con aquella mujer.
Eso no pasaba todos los días.

Generalmente, poco después de terminar, Changmin tomaría sus cosas, se despediría lo más civilizadamente posible de su acompañante (ni muy afectuoso, ni muy frío), y conduciría de vuelta al departamento que compartía con sus compañeros de banda. Pero esta noche se sentía especialmente perezoso, así que allí se encontraba, recostado al lado de una mujer de la que no tenía más información que su nombre, ambos en apacible silencio.

-¿Te importa si enciendo un cigarro?- El silencio fue roto por la voz de aquella mujer, quién lo miraba con una sonrisa saciada, sus ojos oscuros brillando en la penumbra de aquella habitación.

La verdad, sí le importaba, pero no demasiado como para decírselo a la mujer. Después de todo, en su propio hogar convivía con dos fumadores.

-Adelante- Changmin le devolvió la sonrisa, refregándose los ojos un par de veces para sacarse de encima la sensación de somnolencia que comenzaba a inundarlo

-Ojala tuviese una cámara en estos momentos- Rió la mujer – Te ves absurdamente apuesto

-No fotos – Rió el hombre, abriendo los ojos y viendo como la mujer se volteaba hacia el velador. – No a esta hora.

-Buen punto- Sonrió la mujer, girándose de nuevo, una cajetilla de cigarros entre sus dedos bien manicurados, y Changmin se sintió aliviado al ver que la mujer no había decidido sacarle fotos con su celular o algo así, porque entonces Changmin hubiese tenido que actuar de manera no muy cordial, y esa no era la idea.

-¿Quieres?- Ofreció la mujer, acercándole la cajetilla, y Changmin negó la cabeza. Cigarrillos Red Star, notó. Los mismos que fuma Jaejoong.

-No gracias- Sonrió, levantándose de la cama, buscando con la mirada la actual ubicación de sus ropas y tratando de ignorar la repentina sensación que comenzaba a oprimirle el pecho – De todos modos, ya debo irme. Mañana será un día ajetreado.

-Ya veo- Sonrió la mujer, y Changmin agradeció enormemente la falta de insistencia. ‘Una mujer inteligente’ pensó, vistiéndose sin apuros. ‘Ojala todas fueran así’ deseó, recordando más de algún incidente con mujeres que exigían mucho más de lo que él les podía dar.

-¿Nos volveremos a ver?

Lo más probable era que no.

-Quién sabe- Sonrió Changmin sin mirar a la mujer, abrochando los últimos dos botones de su camisa.

-¿Sería demasiado iluso de mi parte pedirte algún número telefónico?- Y esta vez Changmin sí la observó. Allí se encontraba ella, envuelta en las sábanas y humo, luciendo francamente hermosa.

-No nos permiten dar nuestros números a nadie – Se disculpó Changmin con tono suave, deseando no herir demasiado a la mujer en frente suyo. Esta era, sin duda, la parte que menos le gustaba a Changmin de sus affairs de una noche – Pero sería estupendo si me dieras tu número – Agregó sin pensarlo. Tal vez no sería mala idea volver a ver a la mujer.

-Claro – Asintió la mujer, su expresión cambiando a una de melancolía mientras sacaba un bolígrafo y una libreta. Poco después, la mujer ya le estaba extendiendo un papel, el cual Changmin aceptó con una sonrisa un tanto amarga. ‘Cuanto lo siento’ quería decir. Siempre quería decírselo, a todas las mujeres con las cuales terminaba acostándose.

Pocas veces lo hacía.

-Puedes pasar la noche aquí – Dijo, guardando el papel en un bolsillo de su pantalón – Sería un desperdicio si no te quedas. La vista es hermosa desde el balcón y el jacuzzi está muy bien.

-¿Puedo sacar algo del minibar también?- Bromeó la mujer, luego de expirar una bocanada de humo

-Por supuesto- Rió Changmin –Sólo trata de no dejarme en la bancarrota.

-Eso depende de qué tan bueno sea el Whisky que tengan – Rió la mujer también, su risa inundando la habitación.

-Fue un gusto conocerte, Ji Yeon – Sonrió por última vez el hombre, echándole una última vista a la habitación, buscando algo que podía haber olvidado.

-Igualmente, Changmin- Se despidió la mujer desde la cama, su vista siguiéndolo hasta que el hombre estuvo fuera de la habitación

–Nunca pensé que mi nombre pudiese ser recordado por una celebridad – Sonrió acongojada, una vez que la puerta estuvo cerrada y la habitación vacía – Ahora veamos qué tiene ese minibar para ofrecerle a esta mujer.

*********

Conduciendo por las calles de un Seúl adornado de luces y color, Changmin recordó que aún no prendía su celular. Sacándolo de uno de los bolsillos de su chaqueta y encendiéndolo mientras el semáforo mostraba la luz roja, el joven no se sorprendió al notar que tenía cinco llamadas perdidas. Llamando al número de la última llamada perdida, puso el altavoz antes de partir de nuevo, la luz verde brillando desde el semáforo.

-Junsu- Habló calmado cuando notó que habían contestado la llamada -¿Qué se te ofrece?

-¿Cómo que qué se te ofrece, mal nacido?- La voz de Junsu le respondió desde su celular, sonando alta, clara y un tanto enfadada -¿Sabes acaso qué hora es?

-Las tres con diecinueve minutos – Contestó el menor luego de mirar el reloj de su auto, su voz tan imperturbable como hace cinco segundos. -¿No dejé dicho que iba a llegar tarde hoy? ¿Cuál es el problema?

-El problema – Junsu respondió cortante – Es que lo que haces no está bien, Changmin.

-Voy a cortar, hyung – Respondió Changmin, doblando en una curva - ¿Algo más que decir?

-¿Cómo era la de hoy?- Suspiró el mayor, y Changmin rió por lo bajo. Por alguna extraña razón, Junsu siempre le preguntaba lo mismo. Changmin sospechaba que, de cierta forma, Junsu vivía a través de sus relatos no que no se atrevía a hacer en la vida real, pero bueno, esa era sólo una teoría.

-Pelo largo, color miel. Bonitas piernas. Largas y firmes.

-¿Cuántos años?

-No le pregunté- Respondió el menor – No más de veinticinco.

-¿No te da miedo, Changmin?

-¿Qué me va a dar miedo? ¿Hablar por celular mientras conduzco? No te preocupes, estoy con el altavoz.

-No te hagas el chico listo conmigo, Changmin. ¿Qué pasaría si…?

-Hyung, estoy llegando. Nos vemos en unos minutos.

Y sin esperar una respuesta, colgó la llamada.

No era la primera vez que Junsu le preguntaba lo mismo: ¿Qué pasaría si un día de estos dejas embarazada a algunas de esas mujeres?

Pero Changmin no era un hombre que tomaba riesgos innecesarios. Por supuesto que usaba preservativos con cada una de ellas. ‘De los más resistentes’, le había asegurado una vez a su hyung, quién seguía con sus situaciones hipotéticas: ¿Qué pasa si el condón se rompe o algo? ¿Qué harías, Changmin?

¿Qué harías, Changmin?

*********

En diez minutos, Changmin estuvo en frente de la puerta de su departamento, y antes de que pudiese meter la llave en la cerradura, la puerta ya se estaba abriendo, el rostro de Yoochun apareciendo detrás de esta.

-Siempre haces tanto ruido con esas llaves – Sonrió, haciéndose a un lado para dejarle pasar – Debes despertar a todo el piso con menudo alboroto que armas.

-Exagerado- Suspiró el menor, apretándole el hombro a su hyung en señal de saludo - ¿Cómo estuvo tu noche?

-Nada especial- Yoochun se encogió de hombros. Junsu se encontraba en el sofá, la televisión prendida iluminando sus facciones de manera extraña. –Junsu dijo que la de hoy tenía buenas piernas.

-Muy bonitas- Asintió el menor, dirigiéndose a la cocina en busca de algo para beber – Váyanse a acostar, ambos. Mañana debemos estar en pie temprano.

-Querrás decir hoy- Rió Yoochun - ¿Y desde cuándo el menor del grupo puede mandar a sus mayores de esa forma? Respeto, Changmin, respeto…

- No tendría que mandarlos si ustedes hubiesen sido unos buenos hyungs, como Yunho y Jaejoong, y se hubiesen ido a la cama temprano – Respondió el aludido, apretándole la nariz al mayor – Me voy a la cama hyung. Estoy muerto.

-Duerme bien- Se despidió Yoochun, apagando la luz de la cocina tras él

-Para la próxima llega más temprano, mocoso irresponsable- Gruñó Junsu desde el sofá, pero en su rostro no habían rastros de enojo

-Mmm-hmm – Respondió el menor, antes de cerrar la puerta de su habitación tras él. Sacándose la ropa con cuidado (el cansancio nunca había sido excusa para ser desprolijo), se preparó para irse a la cama. Sacando el contenido de todos sus bolsillos, acomodó sus prendas en su closet y depositó los objetos en su velador. Allí fue cuando vio por fin la nota que le había entregado la mujer.


Había escuchado hablar de ti.
Ninguna de las palabras que oí te hacían justicia.

Ji Yeon

Y bajo eso, un número.

-Cuánto lo siento – Suspiró, dejando el papel sobre el velador. Sin más, se metió entre sus sábanas, sintiendo como la actividad de todo el día le pasaba la cuenta.

Retirarse de la habitación diciendo ‘Olvídame, por favor’ le parecía un poco duro, pero eso era lo que siempre quería decirles a todas.

‘Lo que haces no está bien, Changmin’, la voz de Junsu retumbó en sus oídos, y aunque la mitad de las veces ni el propio Junsu sabía lo que estaba diciendo, Changmin creyó que tal vez, como gran excepción, Junsu tuviese la razón en esta ocasión. Pero lo necesitaba. Y no era que en realidad fuese un ninfómano o algo por estilo, claro que no. Pero, de cierta forma, el estar con todas esas mujeres a solas, compartiendo aquella intimidad, le daba la ilusión de que al fin Changmin pertenecía a algún lugar.

Si le dijera esto a cualquier otra persona, de seguro no entenderían. Muy probablemente, le dirían cosas como ‘A qué te refieres, no tienes que hacer eso para pertenecer a alguna parte. Tienes una familia, tienes a tus compañeros de banda, que son como tu segunda familia, y también tienes amigos.’

Claro que Changmin sabía esto. Y no era que menospreciara a su familia, a sus compañeros de grupo, o a sus amigos. Por supuesto que no, Changmin los quería mucho a cada uno de ellos (aunque no se los dijera muy a menudo), pero es que…

‘toc, toc, toc’ el suave sonido de alguien tocando la puerta interrumpió sus pensamientos, y poco después, sintió como alguien abría la puerta, cerrándola con cuidado tras él, de seguro tratando de hacer el menor ruido posible.

Changmin siguió inmóvil bajo sus sábanas. No tenía ganas de hablar con nadie, no a estas horas, así que fingiría estar dormido hasta que sea quién fuese que había entrado a su habitación, se retirara.

-Changmin- Una voz rompió el silencio, llamándolo, casi suplicando. Y el aludido sintió como todas sus tripas se revolvían, dolorosos retorcijones recordándole quién era el único que podía hacerle sentir de aquella manera.

Jaejoong.

Changmin se mantuvo inmóvil bajo sus sábanas.

-Changmin- el mayor suspiró, y de pronto las sábanas se separaron de su cuerpo, y por su piel se deslizaron dos manos que podían entregarle con solo un roce más calidez que cualquier cama. –Changmin, sé que estás despierto- La insistente voz de su hyung lo seguía llamando, sus manos colándose sin vergüenza por entre su pijama, encendiendo su pecho con el fuego de su piel. –Changmin- Lo llamó una vez más, depositando cortos besos desde su nuca hacia su cuello –Tu corazón está latiendo más rápido.

-¿Qué quieres, hyung?- Suspiró el menor, resignado, mientras el mayor profundizaba los besos sobre su piel, haciendo que la respiración de Changmin se dificultara -Es tarde, vete a dormir.

-Te quiero a ti, Changmin- Jaejoong murmuró contra su piel enardecida, el roce de sus labios haciendo que el otro se estremeciera. ¿Por qué mierda tenía que hacerle esto? –Te quiero a ti- Repitió, besándole el cuello con una urgencia que hizo que el corazón de Changmin doliera (más de lo que dolía normalmente).

¿Por qué Jaejoong tenía que ser así? ¿Por qué, siendo que Jaejoong era casi siempre una persona entregada, tenía que ser tan egoísta con esto?

-No seas injusto- Se quejó el menor, retirando aquel par de manos que se aferraban a su pecho, odiando el hecho de que su voz había sonado menos autoritaria y más rota de lo que había pretendido – Vete a dormir, hyung.

-Hueles a ella- La tristeza era evidente en aquellas palabras, y Changmin deseó no sentirse tan mala persona como se sentía en estos momentos.

-Jaejoong- El menor lo llamó por su nombre, volteándose para quedar cara a cara con aquel hombre – Déjame, ¿Sí?

-Nunca- Fue la automática respuesta del otro, sus manos envolviendo el rostro de Changmin como si fuese lo más delicado del mundo, y en cualquier minuto se pudiese romper – Nunca podría dejarte, Changmin. Nunca.

Y sin más, Jaejoong lo estaba besando.

-Jae…- Changmin jadeó, apartando sus labios de aquella boca que lo buscaba con desesperación – No hagas esto, Jae.

Pero era inútil. Jaejoong era demasiado insistente, y él demasiado débil, y era injusto, tan injusto, porque se sentía la peor persona del mundo en estos momentos, cuando era el mayor el que nunca fallaba en romperle el corazón. Porque sí, aquel hombre que buscaba sus labios con ansiedad era el único y exclusivo dueño de su corazón.

Y aunque desde el día cero (desde aquella fatídica tarde en que las suaves caricias de Jaejoong cambiaron a algo que poco tenía de afecto de hermano y mucho de deseo de hombre, y Changmin ni siquiera intentó rechazar aquella intromisión) había sabido que esta relación con el mayor sería el comienzo de algo trágico, nunca se imaginó que el amar podría doler tanto como lo hacía hoy.

En ese entonces, todo había sido mariposas en el estómago y adrenalina en sus venas, la piel y labios perfectos de Jaejoong deslumbrantes para un Changmin que poco o nada sabía aún del verdadero dolor.

De ese que no cede con analgésicos, quemándole el corazón y desgastando su fortaleza.

-Mírame- El mayor, que ahora se encontraba ubicado sobre su cuerpo, lo llamó, su expresión febril y desesperada claras señales del deseo que lo consumía por dentro.

Porque Changmin lo sabía: Sabía que Jaejoong lo necesitaba, necesitaba sentirlo, necesitaba tenerlo.

El problema era que lo necesitaba a él, y quizás a cuántos más.

-Jaejoong, enserio- Changmin estaba comenzando a perder la paciencia. Y el control de su cuerpo, sintiendo como la clara erección del mayor le quemaba contra su muslo, el calor de aquella piel encendida atravesando la fina tela de sus pijamas y acumulándose en su vientre. -Déjame en paz. Ya hemos conversado acerca de esto ¿No?

-Te extraño- Y aquella voz desamparada, aquellos ojos brillantes que lo miraban en silenciosa súplica casi, casi logran derribarlo, pero Jaejoong no tenía derecho alguno a hacerle esto. –Te extraño demasiado Changmin, y no puedo soportarlo- Suspiró, sus dedos acariciando la piel de sus mejillas con una ternura que ninguna mujer, ningún cuerpo sin identidad podría entregarle, y Changmin deseó con todas sus fuerzas que todo pudiese ser distinto con ellos.

Pero no lo era.

Jaejoong seguía siendo el mismo Jaejoong de siempre, y he ahí el problema.

-No me toques- Changmin respondió, quitando aquella mano de su rostro sin mucha suavidad, evitando hacer contacto visual con el mayor, que de seguro debía estar luciendo una expresión de absoluta desolación.

-No, Changmin…- Y allí estaban de nuevo, aquellos labios sobre los suyos, y por un breve instante, Changmin se preguntó cómo lo hacía el mayor para mantenerlos tan suaves y hermosos aún cuando sin duda, aquella boca se había posado sobre una infinidad de otras bocas –Ya nunca me dejas tocarte – Se quejó entre besos Jaejoong, todo su torso sobre el tronco de Changmin, y el menor pudo sentir la electricidad generada entre sus cuerpos como un doloroso recordatorio de que no importa con cuánta gente se acostara, Jaejoong seguía siendo el único.

-Eres el peor- gimió el más alto, al sentir como una mano lo tomaba por encima de su pantalón, apretando su traicionera excitación –Deja…-

-Shhh – Lo interrumpió el mayor, aquella mano sobre su pantalón moviéndose dolorosamente lenta por sobre toda la longitud de su erección, sacándole otro gemido a Changmin – Déjame hacer esto, ¿Sí?

Otro acalorado beso más, aquella lengua de terciopelo recorriendo con avidez toda su boca, y Changmin supo que esta era una batalla perdida.

-Jaejoong… - Se quejó por última vez Changmin, antes de ceder a aquella insistente presencia que no tenía intensión alguna de ceder.

(Lo que Jaejoong quería, generalmente lo obtenía.
Aún cuando eso implicase el hecho de que Changmin tuviese que pisotear su propio ego.)

Y sin pensarlo realmente, sus brazos se enredaron por sobre el cuello del mayor, atrayéndolo más hacia sí mismo, aumentando la deliciosa fricción entre sus cuerpos. ‘Buen chico’, creyó oír decir a Jaejoong, quien se separó de él sólo por unos instantes, para quitarse el pijama, dejando su torso desnudo brillando de manera irreal a la luz de la luna.

Jaejoong nunca fallaba para dejarlo sin aliento.

-Quítatela- Sonrió el mayor con expresión traviesa, jalando al menor de un brazo hasta que ambos estuvieron sentados sobre la cama de Changmin, los brazos del mayor quitándole la molesta prenda de dormir al menor que, sin mirar directamente a los ojos a Jaejoong, levantó ambos brazos para hacerle la tarea más fácil. En unos segundos, ambos estuvieron descubiertos y jadeantes, la oscuridad de la habitación haciendo poco por disimular el mutuo deseo que sentían por el otro.

-Mi Changmin…- Suspiró Jaejoong con una sonrisa cargada de cariño, sus manos recorriendo libres cada relieve del pecho del menor – Mi eternamente hermoso Changmin.

Si Heechul lo estuviese viendo en estos momentos, de seguro estaría teniendo un ataque de risa. ‘Te lo dije, Changmin. Nunca fallan en su acometido…’ escuchó la voz del mayor en su mente, al tiempo que unos dedos lo envolvían sin pudor y comenzaban a moverse con enérgico ritmo.

(Pero Changmin no se sentía homosexual, al menos no del todo. Jaejoong siempre había sido la excepción a la regla, pero una golondrina no hace verano… ¿No?)

-Changmin – Jaejoong lo llamaba, el ritmo de su mano acelerándose. De seguro había notado que Changmin estaba pensando en otra cosa.

Y Jaejoong quería su atención.
Jaejoong lo quería todo.

-Acaba rápido con esto- Jadeó el menor, su voz débil y temblorosa a causa de aquellas manos talentosas que ahora masajeaban con afán los miembros de ambos.

-¿Por qué no puedes ser sólo mío, Changmin?- Gimió el mayor, su lengua húmeda ensañándose con la sensible piel de su cuello.

¿Por qué no puedo ser sólo tuyo, Jaejoong?

-Te odio- sollozó Changmin, de pronto sintiendo que todo esto era demasiado. Simplemente demasiado.

Las lágrimas que cayeron por sus ojos cuando la fuerza de su orgasmo lo embistió poco tuvieron que ver con aquella sublime sensación de liberación y mucho con su corazón despedazado, y cuando poco después, Jaejoong colapsó sobre él, sus pelvis y vientres unidos en un solo desastre pegajoso, sintió que aquella opresión contra su cuerpo iba a lograr asfixiarlo.

-Ya tuviste lo que querías- Habló el menor, alejando aquellos labios adormilados que nuevamente buscaban los suyos, odiándose por mostrar tanta debilidad frente a este hombre -ahora déjame en paz

-¿Por qué tienes que ser tan difícil?- una mano se posó sobre sus ojos humedecidos, cubriéndolos como si haciéndolo pudiese aliviar todo el dolor que por ellos se desbordaba –Si tan sólo…

-¿Si tan sólo qué?- Changmin preguntó con tono brusco, sacando aquella mano de sus ojos, mirando a Jaejoong, quizás por primera vez en la noche, directamente a los ojos – Me preguntas por qué no puedo ser sólo tuyo, imbécil, ¿Pero qué mierda hay de ti? Mírate, Jaejoong – Apuntó el menor a su cuerpo, señalando marcas apenas visibles pero que, Changmin sabía, no habían sido dejadas por él –Mírate, Jaejoong. ¿Quién te hizo esas marcas?

-Eso…-

-No, cállate y escucha- Changmin ya había sufrido demasiados atropellos, y era hora de hablar alto y claro con Jaejoong -Llegas aquí, haciéndote la víctima, y me preguntas con ojos de tragedia por qué no puedo ser sólo tuyo, ¿Pero qué hay de ti? ¿Podrías tú ser sólo mío?

-Tú nunca me lo has pedido, Changmin- Jaejoong respondió, mirándolo con verdadera aflicción -Si tú…-

-Claro que nunca te lo he pedido. Sería como pedirles a los cerdos que volaran y a las serpientes que den leche.

-¡Yo podría, Changmin, pero tú…!

-¡NO, JAEJOONG, ESCUCHA!- Y Dios mío, a estas alturas todos los demás deben haber despertado, pero ¿Qué más da? Era hora de decirle al hijo de puta todo lo que no le había podido decir en todos estos años –De verdad, Jaejoong, ¿Crees que podrías resistirte a todos aquellos otros cuerpos que te buscan? ¿Podrías negar el calor de sus cuerpos y rehusarte a sus invitaciones? Mírame a los ojos, Jaejoong, y trata de ser sincero con ambos. ¿Podrías hacerlo?

-¿Por qué me tratas así?- Y ahora Jaejoong tenía el descaro de mirarlo ofendido -¿Con qué derecho? No es como si tú fueses un santo tampoco. ¿O acaso crees que yo no he sufrido por tu culpa?

-Estás eludiendo la pregunta, Jaejoong.

-Changmin…- El mayor agachó la cabeza, los mechones de cabello oscureciendo sus facciones - ¿Alguna vez me has dicho que me amas?

Nunca.
Changmin nunca se lo había dicho.

Y aunque claramente Changmin estaba loco de amor por aquel desgraciado que ahora se encontraba encima suyo, sus piernas aún enredadas con las suyas, sabía que si lo terminaba admitiendo, si terminaba diciendo en voz alta aquellas palabras que siempre tenía en la punta de la lengua cada vez que Jaejoong lo acorralaba contra la pared, o cada vez que lo golpeaba con más fuerza de la necesaria y le decía ‘te amo’ con voz cantarina y despreocupada, como si en realidad estuviese hablando de algo muy trivial y sin sentido, entonces sólo terminaría humillándose a sí mismo. Porque Jaejoong le decía que lo amaba, pero Changmin siempre tenía que ver como su hyung salía con otras personas, a veces por el día entero, incluso por más de un día, y volvía con diversas marcas, heridas de guerras libradas en camas ajenas.

-¿Hubiese servido de algo?

-Lo habría cambiado todo, Changmin...- susurró el mayor, acercándose hasta que sus labios estuvieron pegados al oído del otro – Te amo. Dime que me amas.

Pero el corazón de Changmin ya estaba demasiado herido. Porque aunque su relación nunca había tenido nombre, él siempre había creído que, de alguna forma, ellos iban a lograr tener un final feliz. De alguna forma los lograrían burlar a todos, lograrían mantener el secreto en la intimidad, oculto de cualquiera que pudiese juzgarlos.

¿Pero cómo se puede lograr un final feliz cuando no hay fidelidad, cuando no hay completa entrega?

Y ahora Jaejoong venía a decirle que todo era su culpa, que él nunca le había dicho que lo amaba, como si eso fuese excusa…

-Tú y yo, Jaejoong…- suspiró Changmin, y el mayor lo miró expectante – Necesitamos hablar. Pero no hoy, no aún.

-Changmin…- Y aunque la expresión decepcionada del mayor le dolía en lo más profundo del alma, no pensaba ceder en esto.

Changmin necesitaba tiempo.

-Espérame- murmuró, su voz apenas audible, aún cuando ahora eran sus labios los que se encontraban pegados al oído del mayor -Si de verdad me amas, si de verdad todo lo que me dices es verdad, espérame.

Si de verdad Jaejoong lo amaba y estaba dispuesto a entregarse sólo a él, entonces debería esperar. Porque Changmin necesitaría tiempo.

Tiempo para sanar.
Tiempo para perdonar.

-¿Puedes hacer eso, Jaejoong?-

-Te he estado esperando todo este tiempo, idiota- Rió triste el mayor – Esperarte un poco más no puede ser tan terrible, ¿No?

-Si me vas a esperar como lo has hecho hasta ahora, acostándote con otras personas, entonces no lo hagas.

-Lo haré- Dijo, y Changmin quería creerle. Quería creer en aquellas palabras, y en aquel brillo de feroz determinación con el que brillaban los ojos del mayor –Pero no quiero compartirte con ninguna cualquiera, así que tú tampoco…

-Hecho- El menor lo interrumpió, aferrándose al cuello del mayor y por primera vez en quizás cuánto tiempo, fue él el que inició el beso que ahora compartían, y que serviría como sello para sus promesas – Ahora vete a dormir.

-¡Quiero quedarme!- Se quejó el mayor, aferrándose a su cuerpo –No me hagas despertar de este sueño, no aún.

Changmin no tuvo la fuerza ni las ganas para negarse a aquellas palabras. Después de todo, y a pesar de todo, nada podía compararse a la sensación de los brazos de Jaejoong envolviéndolo, guardándolo del resto del mundo.

Además, no quería seguir hablando, mucho menos discutiendo con el mayor. Después de todo, mañana sería el primer día de, quién sabe, una nueva era. Y aunque Changmin no era un hombre que tomaba riesgos innecesarios, su corazón le decía que quizás este podría ser el inicio de sus días felices.

¿Y qué importaba si ya no podía seguir con sus encuentros con mujeres sin nombre? De todos modos, aquello sólo había sido el fruto de un corazón huérfano que necesitaba sentir la ilusión de que había otro corazón que latía por él, y sólo por él. Hasta los hombres más fuertes y racionales necesitan algo así de vez en cuando.
Pensando en esto, Changmin se durmió, y por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa se dibujó en sus labios, la ilusión de mejores días evidente en cada una de sus facciones varoniles.

Y aunque a la mañana siguiente Changmin se despertó solo en su cama, supo que la promesa aún seguía vigente. Lo supo por el aroma de su platillo favorito que inundaba el hogar, llegando desde la cocina hasta su propia habitación, y lo supo al mirar a su velador y notar que la nota que la noche anterior había recibido de manos de aquella mujer no se encontraba allí. En su lugar, había una hoja rasgada de uno de sus propios cuadernos, un corazón grande y rojo dibujado en medio de esta. Y aunque la acción en sí era terriblemente cursi y muy poco varonil (‘¡Gay! ¡Muy Gay!’ diría Heechul, muerto de la risa), Changmin no pudo evitar la sonrisa idiota que se formó en sus labios.

Es tiempo de sanar.

Fin

12 comentarios:

  1. T^T quiero llorar!! que fic tan emocionante!! Si no ganaste el primer lugar (es casi la 1 am y la yuuki no ha dicho quien ganó!) me amarro a un árbol como señal de protesta!!!

    Me encantan los raros personajes maduros, desconsiderados, realistas y tontos como los de este fic... Solo la Candy!!!!

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  2. NO TE CUELGUES D:!!!!!!!!!!!!!!!! adsdadsdadsdadsd ehm no sé, muchas muchas gracias por tu comentario tan hermosito <3 XDDDDDDDDD

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  3. la candy de nuevo D:12/04/2009

    AH! acabo de leer bien y no te ibas a colgar, sólo a amarrar XD de todos modos no lo hagas *3* y qué onda conmigo que ando con verborrea esparciendo mis comentarios por todos los fics, y peor aún, comentándome mi propio fic ahahahahahahahah ya oh chau <33333333

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  4. de hecho iba a poner colgar, pero era demasiado y yo aprecio mi vida... sino como leo tus fics!!! >.<

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  5. Miyu Sexy Afromate del Valle12/04/2009

    Loca *OOOO*!!! De ahí lo leo porque iwal me da paha ahora y hay gente observaandomee ¬u¬

    Eres tan locacreizi y talentossa *--*!! Solo una afromate es así poh xDDDDDDDDDD!

    Ya de ahí leo ;D pero se que me gustará porque eres tu poh shora 1313

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  6. es romantico!!!12/04/2009

    waaa..me encantooo: "(‘¡Gay! ¡Muy Gay!’ diría Heechul, muerto de la risa), "
    nooo es romanticooo.¡¡

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  7. Ah~ Mi narración inteligente(?) awww.
    Me gusta, un punto lleva a lo otro, hasta la aparición de Heechul *0* tan bonito ese hombre. Minnie no puede resistirse a Jae, esta pareja jamas existe sin peleas... Y jae bueno... es un caso perdido lol tan ninio y caprichoso...
    Me encanta para pa pa paaaa~ (8) Qué bonita eres Candy XD qué sexie son tus fics.

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  8. Anónimo12/05/2009

    me encanto!! y lo mejor es q es bn realista!!! quiza pueda ser asii vdd?? =D

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  9. Anónimo1/07/2010

    que bonito tia!! me emocionaste!! T_T
    e leido algunos fics tuyos y la verdad, m gusta mucho como escribes ^^

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  10. waooooooo
    hermosisimo!!!!
    me encantó sobreo todo por que es jaemin y tann real xD!!

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  11. hermoso muy hermoso romantico

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  12. hermoso muy hermoso

    me encanto

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