Inesperadamente tú cap 6

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- Yoochun…
Manos, ropa volando por los aires, suspiros ahogados por los besos.
- Ah…

Ir a ver a Ye Eun al hotel en el que se hospedaba había sido una buena idea. Era lo que necesitaba para dejar de pensar en…

Basta, Yoochun ah. Concéntrate.

Mis manos expertas recorrieron los hombros de Ye Eun y se posaron en sus pechos desnudos, haciéndole soltar un débil gemido. Junté por enésima vez aquella tarde mis labios con los suyos, saboreando con ansias cada rincón y cada espacio de su boca, jugando con su lengua. Estreché un pecho con la mano, pellizcando de vez en cuando su pezón mientras continuaba el camino con la otra mano hasta acabar en el borde de sus pantalones. Sus uñas clavadas en mi espalda y sus suspiros cada vez más incontrolables me instaron a seguir desabrochando los botones lentamente, jugando con ella, apretando de vez en cuando mi miembro semi erecto bajo los pantalones contra el interior de sus muslos.

- Ye Eun ah…

Sus ojos me sonrieron lujuriosos desde abajo, y sentí cómo bajaba una mano directa al interior de mis pantalones, agarrando mi miembro con firmeza y masajeándolo con movimientos cada vez más rápidos, sólo parándose a acariciar las zonas más sensibles. Ye Eun sabía cómo excitarme, y se le daba muy pero que muy bien.

Entonces ella tomó el control. Rodó y quedó sentada a horcajadas justo encima de mi ya crecida erección, moviendo las caderas, haciéndonos gemir. Se acercó a mi oído, sopló y me mordió el lóbulo de la oreja.

- Estos pantalones…realmente son una molestia – susurró.

Sonreí y dejé que sus labios y lengua recorrieran todo mi torso desnudo hasta mi ombligo, deteniéndose y recreándose en mis pezones, mientras dejaba un camino de saliva que luego rehízo con soplidos, excitándome en sobremanera. Sus labios continuaron bajando, y sus manos me despojaron de mis pantalones y calzoncillos, dejándome al fin libre. Besó los alrededores de mi ombligo y cuando paró, me miró, pidiéndome permiso para ir más allá.

Como si lo necesitara.

Cuando su boca empezó a succionar y a lamer poco a poco toda la extensión de mi miembro, impulsos eléctricos recorrieron mi cuerpo y no pude evitar cerrar los ojos y gemir con fuerza.

Y entonces, ahí, en ese instante, en la oscuridad de mi mente, entre recuerdos recientes e imágenes grabadas e imposibles de borrar, le vi.

Junsu. Tan inoportuno e inesperado.

Abrí los ojos y me di cuenta que mis manos estaban agarrando inconscientemente las sábanas de la cama. Parte de la culpa de ese gesto la tenía Ye Eun, pero solo una parte. Y me asustaba reconocer que era una parte más pequeña de lo debido.

- Ye Eun… - no, no estaba jadeando de placer. Ya no.

Quería que parara.

Sin embargo, Ye Eun no me escuchó. En ese momento, introdujo mi miembro en su boca y empezó a moverse con habilidad, de arriba abajo, haciéndome suspirar inconscientemente. Estaba indefenso, confuso y no podía pensar.

No quería hacerlo. No podía hacerlo.
No si cada vez que cerraba los ojos le veía a él.
Tenía que pararla.

Los movimientos de Ye Eun fueron cada vez más rápidos y nuestros jadeos más sonoros y entrecortados. Sabía que ella no quería acabar ahí, pero fue involuntario. Alargué una mano a su cabeza, guiándole con cada subida y bajada y me mordí el labio luchando por no cerrar los ojos.

Me sentía tremendamente dividido en dos. Estaba excitado, y la boca y las manos de Ye Eun me estaban haciendo subir al cielo de una forma que sólo ella sabía; pero en cuanto cerraba los ojos, él, su rostro, su sonrisa, su voz haciendo eco en mi mente, repitiéndome todo aquello que me dijo hace ya dos semanas, su beso. Todo eso aparecía y me hacía bajar de golpe, estrellándome estrepitosamente contra el suelo.

Y eso dolía mucho.


Estaba al borde del límite, tanto emocional como sexualmente hablando.
No podía más.
Con un sonoro gemido, un impulso nervioso hizo que mi espalda se arqueara cuando me vine en la boca de Ye Eun.

Tuve que morderme la lengua por no gritar otro nombre.

Ye Eun levantó la cabeza y subió de nuevo hasta mis labios, los cuales besó con pasión. Exploramos cada recoveco de la boca del otro, mezclando nuestra saliva con los restos de mi esencia que aún quedaban en su boca. Me atreví a cerrar los ojos mientras la besaba y la imagen de aquel otro beso volvió a inundar mi mente.

Entonces fue cuando empecé a imaginar que el que me besaba era él.
Y fue entonces cuando empecé a perder la poca cordura que me quedaba.

Me separé suavemente de Ye Eun y reuní fuerzas para mirarle a los ojos. Ella me devolvió la mirada, un poco aturdida por haber interrumpido el beso y yo la aparté de encima de mí, haciendo que se colocara a mi lado. Me levanté de golpe y me quedé sentado en el borde de la cama con las manos temblorosas cubriéndome la cara.

- Lo…lo siento – musité –. No puedo hacerlo.
-
Ye Eun se recostó y me abrazó por la espalda, depositando besos por mis hombros y cuello, que se perdieron por el camino que lleva al corazón.

- ¿Qué pasa, Yoochunnie?
- Lo siento – repetí.

Me deshice de su abrazo, me levanté y me vestí, intentando ignorar su mirada, sabiendo que si la miraba, corría el riesgo de derrumbarme ahí mismo y entonces mi corazón se rompería en miles de pedazos que irían a parar a quién sabe dónde.

Me sentía como una mierda.

Salí de la habitación sin mirar atrás, dejando un simple “adiós” flotando en el umbral de la puerta antes de huir de sus lágrimas y de las mías.
El problema es que nadie puede huir de sus propias lágrimas.
Jamás.

Arranqué el coche y puse rumbo a nuestro hotel, intentando no pensar en nada.
No hace falta mencionar que me fue imposible.
Las luces de la ciudad se juntaban unas con otras, temblorosas y húmedas. Las lágrimas me cegaban y no veía nada. No sabía por dónde iba.
Estaba perdido.

Acabé, sin saber cómo, en el bar de siempre, donde unos días antes le había confesado a Jaejoong que sentía algo – algo extraño y que me daba mucho miedo – hacia Junsu. Jaejoong no dijo nada y desde entonces se ha limitado a observar cada gesto y cada palabra que intercambiábamos Junsu y yo.

- Yoochun ah, ¿sabes que a Junsu le gustas?
- Sí.
- ¿Lo sabías? Entonces, ¿a qué esperas?
- ¿A que espero de qué, Jaejoong ah?
- A decírselo. Que le quieres.

Silencio.

- No le quiero.
- ¿No? Vale, te creo.

Más silencio. Miradas incómodas. Sabía lo que me iba a decir.

Por favor, hyung, no lo digas.

- Yoochun ah, ¿cuántas llamadas perdidas tienes de Ye Eun?

Lo sabía.

- No sé.
- ¿Te lo digo yo?

No quiero oírlo. No quiero oírlo. No quiero oírlo.

- Dieciséis llamadas, Yoochun ah. Te lo he visto en el móvil esta mañana. ¿Por qué la evitas?

- No la evito.
- La evitas. Y es por él.
- No es por él.
- Sí, pero tienes tanto miedo que no quieres reconocerlo.

Le miré. Sus manos envolvieron las mías y paré de temblar.

- Es normal que tengas miedo.

No. Deja de hablar. No me digas lo que ya sé. Te lo ruego, hyung.

- ¡No tengo miedo, joder! ¡No le quiero! ¡No siento nada por él, es sólo un amigo!
- Yoochun ah…
- Métete en tus propios asuntos, ¿quieres?

Le di la espalda y salí de la habitación.
Como siempre, huyendo.


¿Cuánto tiempo voy a seguir huyendo de todo?

Pasé en el bar el tiempo necesario para olvidar las dos últimas semanas y lo bastante como para no saber a quién estaba llamando para que me viniera a buscar.
Craso error.

- ¿Diga? ¿Yoochun hyung?

Reconocería esa voz aún con todo el alcohol del mundo corriendo por mis venas.

- ¿Junsu? ¿Por qué me llamas? - mi voz era pastosa y la cabeza me estallaría de un momento a otro.
- Me has llamado tú, hyung. Estás borracho - no era una pregunta.
- No, tú estás borracho.

Un suspiro.

- ¿Dónde estás?
- Lejos de ti -
murmuré.

Apoyé la cabeza en una mano y cerré los ojos para que las lágrimas que luchaban por salir no hicieran su aparición.
Y silencio. Largo y tenso silencio.

- Yoochun ah...voy a ir a buscarte.
- No quiero que vengas.
- Apuesto lo que quieras a que estás en el bar de siempre.
- No vengas, Junsu ah. No quiero verte.

Ya te veo cada vez que cierro los ojos.

- Demasiado tarde, hyung. Estoy de camino.
- ¡No! No, no, no vengas... - mi tono de voz se convirtió en un lamentable sollozo.

Aún con el móvil en la mano, dejé caer la cabeza encima de la superficie fría de la barra, intentando calmarme.

- No te muevas de ahí.

Y colgó.
Me quedé escuchando el pitido del teléfono un largo rato, como esperando que me volviera a llamar.
Esperando volver a escuchar su voz.


Pero qué bajo has caído, Park Yoochun.
Llorando por miedo a enamorarte de tu mejor amigo.

Cobarde, cobarde, grandísimo cobarde.


Me quedé en aquella postura, con los ojos cerrados y sendas manos colgando inertes a ambos lados de mi cuerpo.
Estaba mal. Muy mal.
En la negrura de mi mente, aún podía ver el rostro herido de Ye Eun mientras salía por la puerta, dejándola sola en aquella habitación.
Aquella expresión me revolvió el estómago.

¿Puedo ser tan capullo?

Pero la imagen se disolvió y dio paso a otra.
Tenía que ser él.
Su beso.
El beso.
Maldito beso, confundiendo sentimientos y rompiendo corazones.

Abrí los ojos y alcé la cabeza, mareado y con unas náuseas que poco tenían que ver con el alcohol. Salí a la calle, para intentar tomar un poco el aire y en cuanto llegué a la esquina, me volví hacia el hueco de un árbol y eché la pota.


¿Este es el gran y admiradísimo Micky Yoochun? Huyendo de todo y de todos, emborrachándose hasta vomitar, tirado en la calle, temiendo a sus propios sentimientos.
¿Es ésta la vida de la estrella de Asia?

Das pena,
Micky Yoochun.


Me apoyé en una pared cercana, asqueado y cansado, y alcé la vista al cielo. No había luna.
Un coche negro se detuvo cerca de donde yo estaba. Puso los intermitentes y de él bajó una figura que vino directa hacia mí.

No, por favor, tú no. No me veas así.
Por favor, Junsu ah.


El rostro de Junsu se detuvo a escasos metros de mí. Nos miramos en silencio durante lo que me parecieron siglos. Yo destrozado y mareado; él brillante y serio.

Alzó una mano y sus ojos se relajaron.

- Yoochunnie…vámonos.

Y no dije nada, y con dos simples palabras me dejé arrastrar hasta el coche, y las lágrimas vencieron la lucha y recorrieron mi rostro silenciosamente, y él me miraba de reojo mientras conducía, sin decir nada, y yo intentaba ocultar mi rostro de su mirada y del mundo y de la realidad y del corazón.



Tienes miedo, ¿verdad? Te lo noto en la mirada.
Pero no hay nada que temer.
Yo estoy aquí. Contigo. Siempre.


6 comentarios:

  1. TONTO TONTO TONTO TONTO!!!!!
    YOOCHUN TONTO!!!!
    esta mas que claro que lo kiere...
    si no fuera tan cobarde se lo diria TONTO...
    ahora a ver lo que pasa con el y la "novia"
    gracias por el capitulo

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  2. Amo el YooSu y amo el cap. Me facina cuando uno de los personajes principales aun se encuentra en la parte de negar sus sentimientos. En serio ese YoOSu ES todo lo que me gusta :D

    Excelente capitulo..

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  3. lalablog-fan^^8/26/2010

    AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA no no no no noooo xq se queda asi???? me va matar la esperaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa marrdetaaaa XDD amo esta cosaaaa!!!!!

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  4. Anónimo9/05/2010

    ooo! k esta wueno este fic!!!
    espero y actualizen prontoo!!!

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  5. Que cosita mas hermosa, que fanfic tan lindo~


    Junsu Oppa, es siempre tan lindo~ Me gusta tanto!
    & Yoochun, bien... me encanta cuando la perspectiva es de él~

    Espero te encuentres bien & actualices pronto! <3!

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  6. xqqqqqqqqqqqqqqqqq
    xq no hay continuacion!!!!
    T_T... chunnieeeeeeeeeeeeee tan mal estas
    y junsu debe estar en una situacion similar
    eh
    ojala actualicen pronto

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