My Cat, My Junsu. Cap. 2

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Pesadillas y Realidades

Volví a despertarme entre sueños… desde aquella vez en la que visualizara a aquel chico sobre mi cama mis costumbres al dormir cambiaron. Ahora dormía volteado hacia mi gato e incluso la mayoría de las veces me abrazaba a él. Y a pesar de que pasó casi un mes desde aquella noche, entre sueño y sueño seguía viendo a ese pelirrojo, mirándome con sus ojos rasgados curiosamente…

Para luego despertar una vez más, presa de las pesadillas en las que Junsu se alejaba de mí.

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-¿Sabes qué día es mañana Susu?- le pregunté agachándome hacia él para acariciar su cabeza.

Me miró curioso con sus ojos acaramelados y se alzó sobre mis brazos para lamer mi mentón, le encantaba hacer eso. Lo cargué haciéndole mimos hasta sentarme en el sofá, dejándolo en mi regazo. Se acomodó sobre mi pecho, sin despegar su mirada de la mía.

-Mañana cumples dos meses de haber llegado aquí- besé su cabeza –y en serio doy gracias por que hayas llegado a mi vida, me ayudaste en tantas cosas… quizás tu nunca llegues a entender, pero me liberaste de todo lo que me tenia cautivo en la rutina, en el estrés, en el desgano y la falta de inspiración. Gracias- le sonreí acariciando sus orejas, recibiendo esos ronroneos que me encantaban.

Me levanté, acomodando mi camisa y poniéndome el calzado para poder ir al trabajo un día más.

-Vuelvo en la noche, y mañana te daré mucha mucha comida deliciosa para celebrar, así que puedes ir haciéndote la idea- abrí la puerta de la casa y volteé una última vez para despedirme, acaricié su cabeza y en un impulso involuntario lo alcé para besar su nariz –Te amo Junsu- le dije con la sonrisa más grande que pude mostrarle, notando el sentimiento mutuo en ese brillo que se formó en sus ojitos antes de maullar lindamente.
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Tardé más de lo esperado, tuve que quedarme 3 horas extras para cubrir a un compañero que tuvo una emergencia. Esa clase de situaciones me hacían enojar, no porque no fuera alguien caritativo o dispuesto a ayudar un momento, pero odiaba ver mis planes frustrados cuando ya tenía pensado que hacer el resto de la tarde. Pasé por la tienda que quedaba a unas pocas cuadras del apartamento y la encontré cerrada… tendría que salir mañana temprano a comprar algo para engreír a mi Susu, después de todo se lo había prometido.

Seguí caminando, deteniéndome en el lugar exacto donde lo había conocido. Pensando en lo valioso e indispensable que se había vuelto para mí, pensando en todo lo que sería capaz de hacer por ese pequeño felino, mover cielo y tierra para que él sea feliz y disfrute su vida… conmigo, conmigo y nadie más. Sé que suena posesivo, pero no habrá nunca nadie que lo quiera tanto como yo. Le di mi cariño desde aquella vez que con sus ojitos me pidió una caricia, estando aún sentadito allí, debajo del faro de luz a dos cuadras de mi apartamento.
Sonreí…

Llegué al apartamento y entré encendiendo las luces de la sala. Había una sensación extraña en el ambiente que me hizo reaccionar, comencé a encender todas las luces de la casa. Junsu no estaba.

-¿Junsu? ¡¿Junsu?!- Lo llamé una y otra vez, pero no apareció por ningún lado. ¿Se habría escapado? ¿Por qué? Continué buscándolo por todos lados, bajo los muebles, sobre las repisas, entre las sillas, incluso detrás del refrigerador. Subí al cuarto y al quinto piso, preguntando a los vecinos por mi gato. Llegué a la azotea y también revisé allí. Bajé hasta el 2do piso, tocando la puerta de mi vecina, a quien también le pregunte por Junsu. Pero lo único que obtenía eran negativas, negativas por todos lados.

-¡JUNSU! ¡¡JUNSU!!- grité a todo pulmón habiendo salido del edificio, recibiendo reprimendas de los vecinos que me mandaban a callar -¡¡¡¡JUUUNSUUU!!!!- grité más fuerte, al borde del colapso, sentí como se me llenaban los ojos de lagrimas. ¿Qué iba a ser de mí sin Junsu? Mi felicidad se había vuelto dependiente de él, y si él no volvía… mi felicidad tampoco lo haría.

Corrí calle abajo sin rendirme en mi búsqueda, lo busqué por todos los alrededores del edificio. Preguntando a cada persona que se me cruzaba si habían visto un gato de pelaje anaranjado pasar por allí.

Hasta que una sensación de Deja Vú se apoderó de mí al ver a una señora mayor caminando en dirección mía. Esa mujer se parecía demasiado a la de aquella pesadilla que tuve hace no tanto tiempo.

-¿Has perdido algo jovencito?- me preguntó de repente, sacándome de mis pensamientos.

-…Si… a mi gato… ¿de casualidad lo ha visto?- la anciana me miró detenidamente, y luego curvó una sonrisa indescriptible a mis ojos, no podría decir si era enternecida o maliciosa. Un escalofrío recorrió mi columna.

-¿Lo quieres?- preguntó.
-¿Eh?-
-A tu gato… ¿lo quieres?-

-…Si…- respondí, preguntándome a mí mismo porqué las palabras de esa mujer se sentían tan profundas y a la vez sin sentido.

-Si lo quieres, lo aceptarás cual sea su forma. No lo busques más. Si él te quiere regresará- y habiendo dicho esto la señora retomó su camino, dejándome mucho más confundido de lo que haya podido estar alguna vez. Sus palabras parecían un laberinto sin salida. Pero dijo que si él me quería, regresaría…

-…Junsu ¿Dónde estás?- solté la pregunta al aire, esperando una respuesta que nunca llegó.
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Subí las escaleras del edificio, deteniendo mi búsqueda luego de no tener éxito durante 3 horas. Mi corazón se sentía encogido y preocupado. Mi baby estaba “sabe Dios donde”, solo, sin comida, ni cariño… no quería que le pasara nada. Más luego de tantas horas decidí pensar en la última frase que dijera aquella misteriosa mujer y volví al apartamento a esperar.

No pude evitar dejar las ventanas de la sala abiertas en caso que él volviera, tampoco apagué del todo las luces, a sabiendas de que los gatos ven en la oscuridad y todo. Dejé una lata de atún abierta en el lugar donde siempre solía comer y finalmente me metí en mi habitación. Me puse mi ropa de dormir y me lancé de espaldas sobre la cama. Me quedé mirando al techo por un lapso indefinido de tiempo, sintiendo el frio de mi habitación…

-Susu vuelve por favor…- susurré al tiempo que una lagrima resbalaba delineando mi rostro. No me ayudaba en nada haber tenido un día tan pesado, esta había sido la gota que derramó el vaso. Sentía toda esa preocupación, esa angustia dando vueltas dentro de mí, provocándome nauseas. Pensar en todo el amor que se ganó estando a mi lado, convirtiéndose en ese mejor amigo y confidente… convirtiéndose en mi alegría, en mi entusiasmo… en mis ganas de seguir aquí, trabajando y viviendo según las expectativas de mi madre.

Me giré sobre mí mismo, hundiendo mi rostro en la almohada, ahogando sollozos e irónicamente pensando que la razón de mis lágrimas es un gato al que adoro.

-Junsu no me dejes, regresa…- dije, sin saber exactamente en qué momento dejé de llorar y me dormí.

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*Veía a Junsu correr frente a mí, en línea recta sobre un sendero iluminado. Huía de algo. Traté de seguirlo, gritando una y otra vez su nombre. Mi voz se fue apagando, hasta volverse un susurro. Trataba de alcanzarlo, pero mis pasos se volvían involuntariamente más lentos. Grité su nombre una vez más. Y volteó, mirándome a los ojos, reflejando el pánico en sus orbes acaramelados. Poco le impresionó mi presencia y continuó corriendo hasta que solo pude ver su silueta… y luego una silueta humana.*
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Desperté con un dejo de angustia en el pecho, sin poder recordar lo que acababa de soñar. Solo recordaba que necesitaba encontrar a Junsu. La luz de la mañana se colaba por las cortinas de mi habitación, sentía el ambiente fresco y calmado. Oyendo unos cantos de pájaros afuera. Todo se sentía literalmente agradable, excepto por esa sensación de vacío que no me había abandonado desde el día de ayer. Suspiré.

-¿Ya vas a despertar?- oí un susurro detrás de mí y volteé en un acto reflejo. Ese chico que viera entre mis sueños últimamente estaba allí de nuevo, del otro lado de mi cama, donde mi gato acostumbraba estar -¡Buenos días!- sonrió ampliamente, casi cerrando sus ojos. Me senté sobre la cama confundido. Me había frotado los ojos ya dos veces y aún seguía allí. No estaba soñando.

-¿Quién eres?- Pregunté, algo asustado. No es nada normal despertar con un chico, al que no conoces ni sabes de donde rayos ha salido, a tu lado. Su sonrisa se debilitó ante mi cuestionamiento.

-¿Quién soy? …soy Junsu- bajó la mirada.
-¿¿Junsu?? ¿Qué Junsu?- Ok, todo esto era muy extraño.
-Tu Junsu, soy yo, tu único Junsu-

-A ver, a ver… un momento- puse mis manos sobre mis sienes, no entendía nada, absolutamente nada – ¿“mi Junsu”?, mira, mi único Junsu es un gato, un g-a-t-o- repetí despacio, enfatizando cada letra -¿Quién rayos eres?- pregunté de nuevo algo fuera de mis casillas. Ahora sí la sonrisa del pelirrojo se borró por completo.

-Tanto dices que me quieres y ahora haces como que no me conoces. Tengo hambre, ya me comí el atún que me dejaste en la cocina, pero no estoy lleno. ¿Me das más de comer? ¿Sí?- se acercó peligrosamente a mí, invadiendo mi espacio personal. Salté fuera de la cama, con las manos en alto. No sabía qué demonios estaba pasando, y tampoco me iba a quedar de brazos cruzados.

-Sal de mi habitación, ahora- dije, a lo que él bajó de la cama asustado y llegó hasta la puerta, lo seguí mientras hablaba, haciéndolo retroceder –¿dices que te quiero? Ni siquiera sé quién eres, no sé qué haces aquí, no sé como entraste. Pero en este mismo momento te vas, sino quieres que llame a la policía- llegamos a la sala, casi frente a la puerta principal. Sus ojos se habían llenado de lagrimas y sus mejillas sonrojadas me inspiraron lastima por un minuto, pero ese chico se había metido en mi casa, ¡y lo que menos podía sentir en ese momento era lástima! Alcancé la perilla de la puerta, siendo detenido por un par de manos que se aferraron a mi brazo.

-Ayer antes de irte a trabajar dijiste que me amabas- comenzó a llorar dejándome mil veces más confundido de lo que ya estaba – ¿cómo puedes pretender no saber de mí cuando todas las noches besas mi frente diciendo “hasta mañana”? ¿Cuando todos los días te espero ansioso a que llegues del trabajo para poder cenar juntos?- …este chico… ¿pretendía ser mi gato?

-Mira, no sé qué clase de juego es este pero…-

-¡No es ningún juego! ¡Soy yo! Soy tu Junsu! El mismo que llegó hace dos meses aquí en una tormenta. Me acogiste y me diste comida, me cuidaste de esos sonidos horribles que no me gustan cada vez que llueve y curaste esa herida que tenía en mi costado. ¡Eso es! ¡La herida!- y se apartó de mi, alzando su playera, mostrándome una cicatriz en su costado… en el mismo lugar y con el mismo tamaño de la cicatriz de Junsu…

Puse ambas manos en mi cabeza, mi cerebro había “colapsado”. Primero estaba el hecho de que mi gato aún no volvía. Segundo estaba este chico diciendo que era mi gato. Bien… me había quedado en blanco. Mis fuerzas para discutir se fueron por la borda, y sentándome en el sofá cerré los ojos fuertemente. Esperando abrirlos y no encontrar nada ni a nadie en mi apartamento, esperando despertarme de este confuso y enredado sueño… que a pesar de todo se sentía muy real.

1 comentarios:

  1. ay pobre junsu pero yo tambien hubiera reaccionado de esa forma... quiero un gatito como junsuuuuuu

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