Rosa de invierno. Cap. 2

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Ya llevaba trabajando unos dos meses para Furniture&Woods Inc. Me dedicaba a revisar las ganancias y las pérdidas con cada exportación e importación tanto doméstico como a nivel internacional. Nuestra empresa tenía unas cifras en ventas e intercambios bastante alta.

No solo me causaba admiración que una empresa tan sumamente pequeña y familiar consiguiera llegar tan lejos y con apenas dinero sucio de por medio, era gratificante ver como el número de ganancias mensuales y los varemos que había realizado los meses anteriores solo se veían picos y picos más altos el la gráfica cada vez que tenía que hacer una exposición de power-point a los gerentes y accionistas; básicamente el Sr. Kim y sus dos delegados, el Sr. Jung y el Sr. Shim, que me regalaban sonrisas de amabilidad e incluso me pedían consejo a la hora de invertir en valores o salir a la bolsa nacional.

Me daban manga ancha para exponer mis opiniones y valorar que pasos serían los buenos para llevar la empresa a un nivel más alto.

Quizás el horario de trabajo me haría mantenerme durante más horas en aquel despacho que incluso trabajando en el restaurante anterior. Pero la satisfacción que recibía de todo aquello solo me impulsaba a esforzarme más y sacar esa empresa adelante y conseguir que destacase frente a otras.

Me había prometido a mí mismo que devolvería el favor con creces y sin una sola queja, no había nada más que me llenase en la vida que un trabajo bien echo.

Cuando miré el reloj en aquel despacho oscuro, me erguí y estiré mis brazos poniéndolos detrás de mi cabeza y apoyándome en el respaldo de aquella silla ergonométrica que tanto sostenían mis posaderas desde el mismo día que comenzara a trabajar.

Decidí estirarme las piernas por unos minutos mientras dudaba en si tomar otra taza de café o un té mientras seguía con la faena. Me dirigí a la "sala del café", un minúsculo cubículo entre los despachos donde se encontraba lo básico; una barra tipo mesa con dos sillas altas sin respaldo como en los bares, con unas alacenas, un frigorífico, un microondas y una cafetera de café expreso que tanto me despejaba por las mañanas en el descanso de las 12.

Abrí la nevera ya que me apetecía comer algo dulce y allí se encontraban los donuts que habían sobrado del descanso mañanero. Pillé sin dudar el relleno de chocolate mientras que vi que aún había leche en el tetrabrik.

Los dejé en la encimera mientras iba a una de las alacenas y pillaba mi taza con mi nombre que muy amablemente el Sr. Kim me había regalado y llené la mitad con el contenido de la leche sobrante.

Me apoyé durante unos minutos en aquella encimera mientras sorbía un poco de leche al mismo tiempo que masticaba el primer mordisco a aquel caprichito de chocolate.

El silencio en la empresa y aquel regusto de leche y chocolate era un deleite para mis sentidos.

Me separé de la encimera y me fui a mi despacho, no había cosa que más me gustase que ver a través de mi ventanal toda la parte del almacén.

Contaba los palees de maderas que irían a Japón y los que irían a Busan y Jeju.

Sonreía al mirar a través de ese ventanal y me jactaba de lo afortunado que era al haberme encontrado con un trabajo así. Daba gracias a dios, aunque no era nada creyente, de ofrecerme a mis 26 años un trabajo tan maravilloso.

Cualquiera que me viera en ese momento y no me conociera podría pensar que esa sonrisa dibujada en mi cara era muestra de una ambición interior de crecer pisoteando a los que se encontraban bajo mis pies. Pero no era así, yo era incluso más humilde de lo que mi cara podría reflejar a ojos ajenos.

Sin darme cuenta de lo que sucedía tras de mí escuché un refunfuñar de alguien y me dí la vuelta.

Delante de mis narices se encontraba un chico moreno con gorra, gafas de sol puestas y un chándal de Adidas de color azul marino.

Me quedé parado reaccionando al instante de que ese chico podría ser el hijo del Sr. Kim.

No dije nada, me limité a mirarlo y a dejar lo que estaba comiendo a un lado. Si el chico era tan cretino como me diera a entender su padre preferiría que por verme holgazanear no me dijese algo extraño. Aunque, ¿que tenía de malo tomarse un tentempié a la 1 de la madrugada?

Veía como revisaba las cuentas y no pronunciaba palabra. Aunque fuera el hijo del Sr. Kim parecía más un espía que venía a controlar a la competencia. No me había gustado nada habérmelo encontrado de esa manera y tan de repente y menos mirando lo que había sido mi trabajo durante los dos últimos meses.

Ese era ahora mi trabajo, me habían contratado como auxiliar y cobraba como un jefe Administrativo y mí tiempo y mis horas me llevaba ganarme cada maldito won que me merecía por mi sudor.

Con sus oscuros atuendos y la poca luz tenue solo pude distinguir su figura en aquel oscuro cuarto.

Estaba decidido a decirle algo cuando se levantó y sin siquiera dirigirme una mirada salió del despacho y se fue más ancho que nada dejando la puerta de mi despacho entreabierta.

Pero más que abierta de incredulidad quedó mi boca y mis ojos cuando lo vi marcharse como si ni siquiera yo estuviera presente.

Cuando quité mi asombro decidí salir por la puerta y dirigir mis pasos a la salida donde vi al chico entrar en un taxi e irse sin más.

Incluso era tan vago que no conducía su propio coche.

Miré extrañado desde la oscuridad y fruncí el ceño. Cómo alguien había entrado de esa manera tan ruda y había invadido el trabajo de otra persona sin ni siquiera pedir permiso o interesarse por el trabajo bien realizado.

Mi asombro e incomodidad además de un leve enfado me acompañaron toda la noche. Ahora podía entender la angustia del Sr. Kim de tener tal hijo. Me parecía una falta muy grave de educación y de agradecimiento para con su padre que tantos privilegios le había ofrecido, seguramente desde antes de nacer.

Una vez dí por finalizado mi trabajo hasta altas horas de la noche me dirigí andando hacia mi piso pensando una y otra vez en todo lo que había pasado en eses minutos que aquel chico con pinta de caco de alto standing me había husmeado en mis cuentas y mis varemos para la presentación del perfil de ganancias de la empresa al día siguiente.

Me tiré en cama con el regusto del chocolate y la leche todavía en mis dientes, y me levanté para ducharme después de haber descansado unos minutos y disfrutado de ese sabor-

No podía sacarme ese pensamiento sobre aquel chico, estaba en mi cabeza y apenas podía pensar en otra cosa, ni siquiera ducharme en agua fría me hacía despejar de aquello. Parecía haberse atrincherado en mi cabeza sin dejarme centrarme en otra cosa o simplemente dejarla en blanco, era frustrante y odiaba ponerme nervioso por tontería tal.

Una vez duchado limpié el vaho del espejo y me miré durante unos segundos.

- Sabes perfectamente que era un cretino absoluto, tu jefe te lo dio a entender... si solo sigues pensando en él llenarás tu cabeza de pájaros y necesitas estar despejado para la presentación de mañana, y como siempre esperan lo mejor de ti- me decía mi propio reflejo al intentar copiarme en todo lo que hacía.

Me sequé el pelo y me lavé los dientes después ya que no quería tener caries por solo comerme un donuts relleno de chocolate.

Una vez seco y con la toalla en mi cintura me dirigí a mi cama y me puse mi pijama oficial para dormir, una camiseta blanca de tirantes y unos pantalones de pijama típicos de rayas azules y blancas; y me tiré encima de la cama mientras me tapaba con la sábana y la manta; ya que era bastante friolero, y cerré mis ojos.

Estaba decidido a dormirme profundamente y sin pensar en nada.

Comencé a tararear canciones de cuna o contar ovejas para conciliar el sueño pero era prácticamente imposible sacar a ese personaje de mi cabeza.

- El primer día, sin decirme apenas nada y ya está torturándome.

Una mueca de desesperación se pudo dibujar en mi cara mientras me tapaba con la almohada.

Me revolví entre mis sábanas una y otra vez durante horas pensando siempre en lo desagradecido que fuera y la suerte que tanto envidiaba. Le envidiaba y estaba empezando a pillarle manía por todas las cosas que tenía y no sabía aprovechar.


Jamás tuviera una noche tan turbia en mi vida anteriormente.


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Por suerte la presentación al día siguiente no fuera un completo caos, consiguiera centrarme en explicarles todos los detalles sin distraerme un solo segundo pensando en lo sucedido la noche anterior. Todo fue a pedir de boca como las anteriores presentaciones power point y como siempre me felicitaron no sólo por el trabajo realizado ese día sino por haberme ocupado tan bien de todo hasta el mínimo detalle.

Cuando hubo terminado la reunión el Sr. Kim junto con el Sr. Jung y el Sr. Shim se me acercó y me tocaron el hombro señalándome que los acompañase a la sala a la que siempre estaban reunidos fumando puros y bebiendo coñac.

Me sentí nervioso y sonreí bajando mi cabeza, eso solo podía significar algo bueno. No dudé y fui con ellos.

Salimos de aquella sala y el Sr. Kim haciendo una señal a su secretaria nos abrió la puerta y nos saludó a los 4 con una reverencia. Entramos en la sala donde había sillones de cuero negro con una mesa de sala en medio, desde ese cuarto también se podía ver a los obreros trabajar moviendo los palees de madera y colocándolos según la sección para su envío o para su apertura. No paraban de entrar más y más trailers por la puerta descargando más y más troncos de importación que sería almacenada y tratarla para crear tablones de madera.

Al poco la secretaria nos trajo 4 puros y 4 vasos para tomar unas copas de coñac. Cerró la puerta tras de sí después de posicionar los vasos con sus respectivos posavasos delante de cada uno de nosotros. Mientras el Sr. Kim sonriente iba al mueble bar donde tenía todo tipo de bebidas, tanto regalos como algunos de creación propia, ya que además de ser un empresario de la madera, en su tiempo fuera de la oficina; o de ocio como el prefería llamar, tenía una marca de destilería propia y se dedicaba a hacer varios tipos de licores.

El ambiente para ser familiar se notaba tan clase alta y distinguida. ¿Así es como lo sentían la gente con poder? ¿O estaban tan acostumbrados a tanta ostentación y a tener tanto dinero que el tiempo que tenían libre estaba dedicado a "oficios menores" que también les otorgaban dinero?

Vaya.

Mientras estaba ensimismado en mis pensamientos sentí como la mano del Sr. Kim me tocaba el hombro a lo que reaccioné girando mi rostro al instante.

- Te decía Jaejoong que tipo de licores tomas, tengo varios que puedes escoger - dijo señalándome el mueble bar- lo que van a tomar estos dos señores ya me lo sé de memoria pero tu eres nuevo aquí ahora así que me preguntaba que te apetecería tomar.

Lo peor de aquello es que no entendía de licores ni alcohol, no era nada tolerante al poco que tomara en la universidad y solo me dedicaba a tomar algunas cervezas cuando salía, y muchas veces pretendía estar bebiendo cubatas de ron o 100 Peppers con coca cola solo para aparentar y no desentonar entre mis amigos de aquella.

Ya que qué no me gustaba nada ser un cerebrito y quedarme apartado del resto de los compañeros como me había sucedido en el instituto. Era consciente de que solo me engañaba a mí mismo, y mientras mis compañeros se pillaban buenas cogorzas yo tenía que aguantar y ver todo lo que hace el exceso de alcohol en sangre.

Me ensimismé en mi mismo pensando todo aquello y como le podría decir al Señor Kim que no bebía alcohol.

Pero de nuevo, esa conciencia de aparentar como hacía en la universidad volvió y no me quedó más remedio que tomar lo que tomaban los demás y así encajar.

- Lo que tomen ellos estará bien...- dije algo dudoso intentando sonar decidido.

El señor Kim me miró con la ceja levantada y sonrió sin decir nada. Solo me echó el coñac como a los demás y se sentó para empezar a charlar sobre temas interesantes del mercado.

Pero mi cabeza se debatía en un si beber o no aquel coñac, en cómo me afectaría a los sentidos o si me pillaría una cogorza a la 1 del mediodía.

Otra vez, volví a ensimismarme en mis pensamientos y las palabras del Señor Kim me volvieron a sacar, de nuevo de mi ensimismamiento.

- Digo... Jaejoong... ¿que tal el encuentro?- lo miré con cara de póker ya que no entendía de que me estaba hablando- ¿no me tienes que contar algo?

Ahora me encontraba aún más perdido, ¿que encuentro?

- No te debió de molestar mucho, aunque me dijo que te quedaste ensimismado como ahora mismo. ¿Chico te encuentras bien?, ¿Estás enfermo?

Entonces caí en lo que me estaba preguntando mientras dirigía mi mirada por la mesa dándome cuenta y reaccionando al instante sentándome en el borde y apoyándome en el brazo del sillón.

- Ah no, no, la verdad me había olvidado con la presentación - dije parándome un poco y mirando al Señor Kim que bebía de su vaso sonriendo- pues fue una total sorpresa no me esperaba encontrar a su hijo a esas altas horas de la noche, mejor dicho no me...

El señor Kim me cortó lo que estaba diciendo mientras sonreía dejando el vaso en la mesa y suspiraba.

- No tiene remedio... no sé cuantas veces le dije que no fuera tan tarde, podría asustar a cualquiera, incluso el guarda de seguridad lo confundió con un caco más de una vez- se recostó en el sofá e intentó cruzar sus piernas, pero solo pudo apoyar su tobillo dejando la pierna totalmente horizontal mientras entrecruzaba sus dedos- me dijo que conversasteis mucho y que le habías caído bien, me dijo que le mostraste varios documentos sobre tu presentación de hoy y que estaba muy impresionado, de verdad le dejaste una buena impresión- me había quedado sin habla, nada de eso pasara- me alegro de que por primera vez mi hijo fuese amable con alguien... ya no tendré que preocuparme entonces... y es un real alivio...

- Chico no te imaginas como se las preparaba el Señorito a nuestro Señor Kim, hacía lo imposible por echar a todos los administrativos que ocupaban su puesto desde el primer encuentro, es realmente tozudo- decía el Señor Shim mientras el Señor Jung asentía y levantaba las cejas poniendo cara de circunstancia y preocupándome realmente.

Nada de aquello de lo que le contara al Señor Kim había echo. Había entrado casi asaltando mi trabajo y sin dirigirme la palabra para luego largarse sin más. Fuera un autentico mal educado, pero por lo visto ya se había adelantado a mi versión y ahora me era imposible decirle la verdad.

Y en realidad no serviría de nada, menos ahora al ver su cara de orgullo pensando que su hijo empezaba a madurar.

Miedo me daba que era lo que me tenía preparado. Ahora tendría que cerciorarme de no quedarme hasta altas horas en la noche para que su versión no difiriese tanto de la mía propia.

Si tan villano y ruin había sido con los anteriores empleados conmigo no sería más permisivo ya que mintiera deliberadamente a su padre solo para quedar bien. Ahora ya no me serviría de nada quejarme porque siempre habría la posibilidad de que no me creyese.

Estuve preocupado toda la reunión y fue un trabajo muy duro el disimular y el parecer interesado en la conversación de verdad. Pero mi mente solo se preocupaba de asegurarme ese puesto y que nada ni nadie me jodiera.

Una vez terminó la reunión volví a mis quehaceres matutinos y me dirigí a mi despacho donde en medio de mi escritorio se encontraba una carta con un sello de cera manteniéndolo cerrado.

Me asombré al ver eso y miré a mí alrededor por si había algo cambiado de sitio y agarré la carta con mi mano derecha levantando la ceja y poniendo un interrogante en ella.

- ¿Acaso vivimos en la edad media para tener que mandar la correspondencia en cartitas así?- dije molesto imaginándome de quien venía dirigida.

Al abrirla me asombré al encontrarla completamente en blanco. La mire estupefacto y me senté en mi asiento con cara de incrédulo.

-¿Es esto una broma?...

Entonces levanté mi vista y me fijé como en el espejo habían cambiado cosas en mi estantería. Las carpetas con las iniciales de cada empresa con las que comercializábamos se habían revuelto y desde el espejo podías leer perfectamente la formación de las palabras "FV3R4 1NTRUS0"

- ¿Como que fuera?

Me levanté de un salto y miré mis carpetas que realmente se encontraban revueltas y desordenadas con los folios mezclados y con papeles rotos, facturas arrancadas y recibos arrugados.

-Maldita sea... pero como coño...

Me puse a abrir todas las carpetas desordenadas y vi el desastre formado allí. Solo se me ocurría una persona que hiciera todo eso y esa persona sería a partir de la noche anterior mi peor pesadilla el tiempo que lograse mantenerme en el puesto.


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