Rosa de invierno. Cap. 5

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Sentado en la sala de espera del hospital más cercano de la zona donde habíamos encontrado a mi chico albino, miraba el suelo mientras mis manos se encontraban entrelazabas bajo mi mentón.

Tantos pensamientos recorrían mi mente que me era prácticamente imposible el centrarme en uno solo. No solo los sentimientos por aquél chico habían vuelto a estar a flor de piel si no que la preocupación solo conseguía hacer que mi corazón fuese más y más rápido.

Conforme pasaban los minutos miraba a todos lados esperando que una enfermera o el mismo doctor me dijese el diagnostico del estado del que yo decía "mi primo" ya que si no eras familiar no te dejaban acercarte a saludar al ingresado o simplemente te ignoraban.

Estaba más que acostumbrado de mi época de universidad de hacerme pasar por hermano o primo o incluso novio, ya que no solo mis amigos se pillaban una buena cogorza, algunas de mis amigas acababan mal de tanto beber o incluso fumar maría.

Tanto Hyun Joong como yo éramos los únicos del grupo de la universidad que nos manteníamos fuera de esas cosas modernas como yo decía.

No es que me considerase un "marginado social" pero no me gustaba pensar en la idea de luego sufrir las consecuencias de no llevar una vida sana.

Y eso que era consciente de que fumar cigarros no hacía nada bueno.

Hyun Joon como buen amigo que era me había acompañado hasta el hospital y andaba dando vueltas alrededor mientras no se acercaba ningún médico.

Sentía su mirada criticando mi comportamiento, realmente me había pasado...



-Flash Back-


Ahí, tirando en el suelo con la cara magullada se encontraba mi ángel albino.

Como si de un sueño se tratara me quedé perplejo y paralizado mirándolo fijamente. Era él, era real, no estaba soñando, ese chico tenía la cara llena de rasguños y sangre de la paliza que le habían dado, el que me había estado robando mis sueños y esperanzas de seguir adelante y buscarme alguien con quien compartir mi vida estaba allí enfrente de mí postrado y débil.

Cuando pude reaccionar me agaché quedándome de rodillas e intenté despertarlo del shock que había recibido al ser abatido por aquellos matones.

-Eh... ehh despierta...

Lo llamaba zarandeándolo un poco y sin más lo agarré fuertemente e intenté llevarlo en mis brazos.

- Vayámonos al hospital que hay a dos manzanas de aquí, tienen que revisar por si se ha echo algo o si tiene lesiones internas.


Como una persona con la cabeza centrada respondería que sí sin dudarlo, pero mi cabeza solo pensaba una cosa, llevarlo conmigo, tenerlo conmigo, curarlo yo, ocuparme de él y sobretodo tenerlo retenido a mi lado para que no escapase jamás de mí.


La vida me había dado una segunda oportunidad y no permitiría que ahora después de años de habérmelo encontrado lo perdiera de vista por culpa de los médicos.

Estaba ido, inconsciente, centrado en solo irme y llevármelo conmigo.


Hasta que un dolor me hizo darme cuenta de cuan cegado estaba por mi enamoramiento o más bien, mi obsesión por ese chico.

- ¡¿SE PUEDE SABER QUE HACES?!

Hyun Joong me había propinado un golpe en mi costado, y fue ahí cuando me di cuenta que más zonas de mi anatomía estaban ardiendo de dolor.

Al ver su cara y sus manos intentando sacarme a mi chico lo miré extrañado y acabó por arrebatármelo.

- ¿ESTÁS DEMENTE O QUE TE PASA? ¡TE LLEVO TIRANDO DE LA ROPA TODO EL CAMINO! ¡¿COMO SE SUPONE QUE DEBO TOMARME ESTO?! ¿PENSABAS SECUESTRARLO?

Me miré y vi que había ido en dirección contraria al hospital. Mi amigo llamó a un taxi que pasaba mientras llevaba al chico en brazos y apresurado fui con el directo al hospital.


-Fin del Flash back-



Levanté mi cabeza y vi la mirada recriminatoria de mi amigo, ahora se imaginaba quien era él. ¿Pero como le iba a explicar todo lo que se me había pasado por la cabeza?... ¿estaba obsesionado?... ¿era un secuestrador en potencia?....


Entonces llegó el doctor y preguntó quien era el familiar, me levanté y me acerqué nervioso y tartamudo a reclamar el parentesco que no teníamos.

El doctor al verme afectado bajó la cabeza y se rasco la calva. Me temía lo peor.

- Si perdonen, no tiene nada más que unas leves magulladuras y cansancio... dormirá en el hospital hasta que se recupere, pueden irse a casa y volver mañana a buscarlo...

Quizás mañana sería muy tarde para mí de nuevo y no estaba dispuesto a perderlo de nuevo.

- Yo me quedo- dije cortante- es mi responsabilidad... no quiero que mi primo se despierte solo en un sitio que no conoce en medio de la noche y no me vea con él...

Podía ver como la expresión de mi amigo cambiaba completamente por el rabillo del ojo. Lo estaba decepcionando a pasos agigantados.


Cuando el doctor nos dejó y me avisó que lo llevaban en ese momento a la habitación miré a mi amigo que me observaba con una cara entre decepción, enfado y preocupación que solo negó con la cabeza y se me acercó diciendo.

- Prométeme que no harás una locura como la que intentaste hacer antes... si el chico se va, déjalo ir... no fuerces las cosas o el que acabará mal serás tu...


Se fue y me dejó solo en el hospital y fue ahí cuando sentí miedo, no miedo de lo que me pudiera pasar, sino miedo de lo que yo pudiera llegar a hacer con solo querer tocarle.


Me avisaron del número de habitación y subí a la planta. Fui andando por el pasillo hasta llegar a la puerta. Me quedé parado mirando la manilla, no sabía que hacer. Estaría toda la noche con él delante a pocos centímetros de mí y me ponía aún más nervioso. De repente notaba como unas ganas inmensas de tocarlo, de besarlo, de hacerle mío.

Sudaba en frío.


Tragué saliva y abriendo la puerta lo vi dormido en aquella cama de hospital entre aquella penumbra. Estaba tapado hasta el pecho con los dos brazos de fuera, tenía la cabeza ladeada hacia la parte de la ventana y dormía plácidamente.

No sabía que hacer.

El sillón se encontraba en el lado de la pared de la puerta de entrada y fui andando hasta allí para sentarme. Era mejor que estuviera allí y no de pié mirándolo sin moverme. Eché el respaldo para atrás y me recosté.

Lo miraba fijamente como su pecho subía y bajaba con si respiración. El sonido que producía su nariz era leve y le daban espasmos en las piernas de vez en cuando.

Estaba seguro que era debido al forcejeo, debía de estar soñando con le pelea o algo. Me tenía completamente embobado contemplándolo.


Deseaba por una parte que fuese de día para ver sus preciosos rasgos, pero al mismo tiempo no deseaba que el tiempo corriese por si era rechazado por él.

Lo peor de todo era que las últimas palabras de Hyun Joong no dejaban de resonar en mi cabeza como si de Pepito grillo se tratase recordándome una y otra vez lo que estaba bien o lo que era ético y lo que no.

En mi cabeza solo había espacio para dos cosas. Demostrarle cuando lo amaba y cuanto tenía por darle; y demostrarle cuan sumamente cariñoso podía llegar a ser en horizontal a la vez que activo y pasional.

Me relamía los labios ya imaginándome como serían sus gemidos bajo mi cuerpo y algo ahí abajo comenzaba a despertar.

Esa abstinencia sexual me había trastocado bastante y además de que andaba sediento de algo que no me daba el lujo desde hacía mucho tiempo y había sido reanimado previamente por el niñito de papá y ahora al verlo a él el calor y el deseo aumentaba por minutos.

Eso no estaba bien, más cuando estaba herido y cansado.

Aunque me muriera por besarle y hacerle miles de cosas diferentes de miles de maneras diferentes tenía que controlarme ya que podía ser peor si el volvía a desaparecer de mi alrededor.

Entonces giró su cara se acomodó mejor en la cama colocando sus manos bajo la almohada y recogiendo las piernas. Después de tiempo estando con él en aquel cuarto me sobresalté y mi corazón se aceleró.

Se acomodaba en la cama y abría la boca haciendo ruido, como si tuviera la boca pastosa y se relamiera o tragase saliva mientras dormía.

Estuvo un rato con la respiración tranquila y la boca cerrada hasta que comenzó a abrírsele lentamente despegando sus jugosos labios para dejar pasar el aire.

Era tan hermoso, dormido parecía un querubín con el pelo liso y chafado.


Era mi perdición, esa noche sería incapaz de dormir... no pegaría ojo en toda la noche por miedo a que al despertar no me dijese nada y se fuese sin que nadie lo viera. Me veía incapaz de dejarlo ir. Quería llevármelo conmigo y esconderlo en mi casa, guarecerlo de aquellos matones y de todo lo que pudiera herirlo o hacerle daño.

Me recosté en aquel sillón una vez el sueño pudo conmigo y me quedé frito al instante no sin abrir los ojos y mirar que él se encontraba allí dormido.



En mis sueños una y otra vez recordaba todas las veces que lo buscaba en el recreo con la mirada. Como me escondía detrás de un árbol y mi imaginación volaba componiendo música en mi mente que luego plasmaba en partituras y se convertían en melodías hermosas de piano que tenía decidido darle como mi declaración de amor personal.

Mis manos escribían poemas a la sombra de aquellos pinos donde con el frescor de la brisa veraniega le dedicaba sonetos. Habría recopilado cientos de ellos si no fuera que Yunho y sus rufianes me los arrancaran de las manos por el simple capricho de reírse de mí en mi cara.

Por suerte no sospechaban quien me gustaba sino no pararían de acosarlo más de lo que ya hacían.


Mi ángel siniestro, de piel de porcelana y cabellos blancos como la nieve vestido con ropajes negros y colgantes de cruz que se había vuelto a aparecer enfrente de mí era como un regalo del cielo.





El movimiento de una cuchara en una taza de plástico llena de café sonaba despertándome completamente. Estaba tan a gustito al volver a soñar con él que no quería despertar e impedir que nadie me sacara ese momento de disfrute personal que solo podía satisfacer en sueños.

Pero quien fuese el que se limitaba a molestarme y querer que me despertase de ese maravilloso sueño se puso a aclarar su garganta y a toser molestándome y conseguí abrir los ojos como platos al acordarme que no todo fuera un sueño, mi preciada flor se encontraba en el mismo cuarto que yo.

Estaba de espaldas a él mirando a la pared mientras dudaba si girarme o no y afrontar lo que estaba soñando desde hacía tanto.

- Oye... son las 9... en poco vendrá el médico a darme el alta... ¿podría ver por lo menos el rostro de quien me trajo amablemente a este hospital?

Sentía una leve risa con los labios cerrados y comencé a sentirme avergonzado. ¿Pero porqué debería?... se me daba muy bien fingir las cosas, ¿porqué con él parecía que no?...

Esperé un poco para sentarme y mirarlo para ver como estaba bebiendo ese café despertando también mis ganas de desayunar.

Él se encontraba sentado por sí mismo en la cama bebiendo el café apoyando sus antebrazos en aquel soporte de la bandeja. Al verme girarme y ponerme frente a él con la cara algo gacha dejó su café y sonrió.

- Buen chico...

Aquella sonrisa era la más brillante y tierna que había visto jamás en mí vida. En verdad verlo sonreír en el instituto era bastante raro por lo que pilló a mi corazón por sorpresa alterándose rápidamente latiendo sin parar en mi ya agitado cuerpo. Tantas emociones no eran buenas.

- No es... nada...- dije cabizbajo- no fui el único, Hyun Joong, bueno, mi amigo que no está también me ayudó a traerle aquí.

Noté como ladeaba la cabeza y escuché una risita procedente de él.

- ¿Es raro para ti ver un albino verdad?... no te sientas cohibido... estoy muy acostumbrado a que la gente me mire extraño o haga como tú por miedo a sentirme ofendido por las miradas... de verdad no te preocupes...

Levanté un poco la cabeza sonriendo y asentí. La verdad no me sentía cohibido de que fuese albino, si el supiera. Entonces dijo algo que me sorprendió bastante e hizo que levantara mi cara por completo.

- Es extraño pero... ¿nos conocemos de algo? - no sabía si morirme de vergüenza o de alegría porque me reconocía- es que siento como si me resultaras familiar ahora que te miro bien... unos rasgos como los tuyos no son algo común... dime... ¿tú me conoces? ¿Familia?... ¿Amigos en común?....

Volvió a dar otro sorbo al café mirándome y yo asustado y con los ojos como platos negué con la cabeza. Pareció quedarse por un rato pensativo y encogió los hombros para terminar el café.


Al terminar me levanté y le recogí la bandeja y el soporte con ruedas y lo dejé a un lado mientras escuchaba como se recostaba y suspiraba. ¿Me preguntaba porqué suspiraba?

- No te di las gracias por haberme salvado, puedes llamarme Muerte... no preguntes por mi nombre real... o te pondré en peligro...

Eso me asustó aún más. ¿Peligro porqué?... ¿En que andaba metido?

Me giré y asentí mientras me acercaba a su cama sin ser consciente y lo miraba fijamente, me moría por besarlo.

Él que miraba a la puerta notó como de cerca estaba de él y levantó la mirada para mirarme y sonreírme.

Entonces cuando iba a decirle la verdad de mis sentimientos y el porqué de todo entró el médico para darle el alta y me pidió la firma. Firmé y nada más salir el médico él saltó de la cama y empezó a sacarse la ropa como si nada.

- ¡E...ee..es...pera que te de...jooo que te vistas sólo!- decía alterado y casi tartamudo, asustado por la rapidez con la que se sacaba el pijama que apenas cubría su desnudez.

Ahí fue cuando le vi su culo respingón y algo ahí abajo se alteró bastante apretándose ligeramente en mi pantalón.

Se medio giró mientras agarraba su pantalón vaquero negro y miró a la puerta y me hizo una señal que no entendí. Me miró esperando mi reacción y entonces habló.

- Cierra la puerta... ¿no? el médico ese la dejó abierta y no me apetece que nadie me vea en bolas...

Me quedé paradísimo y fui a la puerta para salir entonces sentí como me llamaba.

- No te largues... quiero hablar contigo mientras tanto... vamos... eres un tío... ¿no? a menos que te asusten ver culos albinos...- dijo riéndose mientras subía su pantalón sin ropa interior y se lo abrochaba.

Se acercó a mí y tiró de mi brazo mientras miraba por los pasillos y cerraba la puerta detrás.


Tenía los ojos como platos al verlo enfrente de mí con ese cuerpazo que parecía que no tenía. No era musculoso como yo pero si tenía los abdominales y los pectorales ligeramente marcados. Llamó mi atención pasando su mano frente a mis ojos y lo miré a la cara, tan de cerca que pude ver sus ojos grises con tonos azulados mirarme fijamente.

- Necesito quedarme en tu casa... ¿tienes algún inconveniente?

¡¿QUE?! ¿MI CASA?

Me quedé perplejo mirándolo a los ojos abiertos sin saber que decirle.

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