Rosa de invierno. Cap. 6

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Si la noche anterior hubiese sabido que conseguiría llevarlo a mi casa con tanta facilidad no habría intentado secuestrarlo. Su mirada seria y esperando mi respuesta me hiciera ver que hablara en serio y que esperaba un sí por mi parte.

¿Pero que podía hacer?

¿Decirle que no cuando era lo que más deseaba en este mundo?

¡Estaría loco si lo rechazaba!



- Así que esta es tu casa...

Dejé las llaves en el colgador al lado de la puerta mientras veía como él con la capucha de aquella sudadera puesta se acercaba peligrosamente a mi cama. Lo iba a pasar realmente mal...

Colgué mi cazadora de la noche anterior en el perchero y fui acercándome a él mientras limpiaba el sudor de mis manos a mis pantalones.

-Perdona el desorden, en realidad no esperaba tener visita ni nadie en mi casa... puedes sentarte y ver la tele o lo que quieras, la cocina está allí y el baño en esta puerta... yo... haré la cama de nuevo para que puedas dormir en ella...

Vi como mi chico flor me sonrió y asintió mientras permaneció de pie mirando mi estantería de libros mientras yo sacaba las sábanas y las metía al cubo de la ropa sucia.

Me acerqué a la cocina a mirar si la ropa se había lavado ya y la saqué para tenderla en el tendal de la cocina.

Vi como el chico se me acercaba y me sonrió mirando como recogía la colada.

- ¿Quieres que te ayude?

Negué con mi cabeza metiendo las sábanas en la lavadora, le eché el suavizante y el detergente para luego programar la lavadora mientras él me miraba y se acercaba a mí.

Necesitaba apartarme un poco de él por lo que agarré la ropa recién lavada y fui con ella al tendal que había allí.

Muerte me seguía como perrito faldero y me sonreía controlando cada movimiento que hacía. Yo lo miraba de reojo y me sentía incómodo porque por mi cabeza solo pasaba el querer acorralarlo contra la pared y allí mismo hacérselo de pié.

Tenía que sacar eses pensamientos de mi cabeza o al final acabaría violándolo.

Agarré la ropa una por una y fui colgándola para que secase. Pero Muerte no dejaba de seguirme a todos lados y no tuve más remedio que aceptar su ayuda.

Todo contento se puso a colgar mis prendas en el colgador mientras sonreía y parecía que se lo pasaba en grande haciendo algo que no era nada divertido. Sonreía y hablaba solo preguntándose como se colgaba. Entonces fue cuando agarrando la prenda le enseñé como se colgaban.

- Oh es fácil...

Lo miré extrañado y sonreí, ¿estaba de broma? si tenía menos ciencia que el mecanismo de un chupete.

- Parece que nunca tuvieras que hacer la colada... ¿tu madre te lo hace todo o algo?...

Al levantar mi mirada vi como su expresión se había vuelto seria y me asusté, había dicho algo malo y se le notaba.

- Oh lo siento... yo no quería decir nada que te importunase...- decía con cara de pena, la había cagado...

Se apartó un poco de mí y se fue yendo hacia el cuarto. Me sentí tan culpable, no sabía lo que había dicho y quería enmendarlo, ahora que lo tenía conmigo no quería volverlo a perder.

Lo seguía como un perrito faldero.

- Perdóname no sé lo que he dicho, sólo me sorprende el echo de que jamás hayas colgado la colada... es eso, no quería ofenderte.

El chico negó con la cabeza y se sentó en la cama sin hacer. Era un sitio realmente peligroso...

- No es nada es sólo que... siempre he vivido con mi abuela y jamás me ha dejado hacer nada, era la primera vez que podía hacer estas cosas y me sentía extraño... quería probar...- me senté a su lado mientras lo veía afectado y quise animarlo tocándole la espalda, pero no me atreví y dejé que mis impulsos se frustrasen por mis pensamientos- en realidad... desde que mis padres murieron he estado metiéndome en problemas, unos tras de otros y ahora que me he metido en el lío aquel... no me gustaría ver a mi abuela afectada.

¿Tenía una abuela?... el pobre era huérfano, como yo....

Me sentí tan triste mientras escuchaba su historia que me conmoví al instante ya que sabía lo que se sentía, me identifiqué y noté la necesidad de darle mi teléfono y que llamase a su abuela cuanto antes para decirle que estaba bien y eso fue lo que hice.

No rechazó el llamar y me miró con una sonrisa.

Dejé que hablase con su abuela y yo fui a seguir tendiendo la ropa mientras escuchaba su conversación desde aquel lugar con una sonrisa de incrédulo en la cara. No dejaba de morderme el labio de solo pensar que sin apenas conocernos me abriese tanto su corazón. Nadie me sacaría ese momento jamás.

Cuando terminé de tender la ropa lo vi en el marco de la puerta sonriendo y devolviéndome el móvil. Me dio las gracias y me sonrió algo avergonzado. Que tierno era.

- ¿Que te parece si te hago la comida que mas te guste?- dije sin más llamándole la atención y viendo como abría los ojos de par en par por la sorpresa de que me ofreciese a ser su chef personal.

- ¡Claro, me encantaría!- se quedó pensando un rato- me gusta la lasaña es mi comida favorita... pero si no tienes tiempo suficiente no importa comeré cualquier cosa.

Lasaña... un plato por suerte de los más deliciosos que sabía hacer gracias a la receta de mi madre.

Negué con mi cabeza mientras le ofrecía una de mis sonrisas.

- No es molestia, además no tengo nada para poder hacerme la comida y así me obligas a ir a comprar al supermercado, porque no pensaba hacerme de comer...

Sonrió y se acercó de nuevo a mí para meterme el móvil en el bolsillo de la camisa que llevaba. Sentí sus manos tan cerca de mí que miré como metía el aparato y luego mis ojos recorrieron sus largos brazos blancos hasta llegar a él y verlo con una sonrisa tierna en la cara marcándosele los dos hoyuelos a los lados de su boca. Sus ojos sonrientes eran tan inocentes que si supiera lo que mi mente y mi cuerpo ardían por hacerle escaparía descabullido.

Terminé de tender la ropa y lo miré sonriendo y bajando la cabeza.

- Por cierto... yo te dije mi nombre... o bueno mi apodo, pero tú no me has dicho el tuyo... ¿como se llama mi salvador?

Sonreí avergonzado y lo miré levemente mientras decía mi nombre para bajar mi mirada de nuevo.

- Me.. me llamo Kim Jaejoong...

Vi como su mano se extendía y acerqué la mía para darle un saludo cortés.

- Encantado de conocerte...

Levanté la mirada de nuevo avergonzado y sonreí asintiendo.

De verdad no entendía que me pasaba con él, era todo tan raro, pero no podía evitar sentirme avergonzado. Quizás era por el echo de las miles de cosas que pensaba aunque el parecía pensar que era por su aspecto al que no estaba acostumbrado.


Después de un rato recogiendo las cosas y de haberle hecho la cama siendo ayudado por él en todo momento apenas hablamos, solo sabía mandarme miradas y sonreírme con esa sonrisa que me estaba volviendo loco.

Entonces me di cuenta que no me había duchado en todo lo que llevaba de mañana y todavía apestaba a alcohol y tabaco. Tiraba para atrás, no sabía como no se daba cuenta.

Él tampoco se había aseado desde que lo recogimos del suelo y tenía todavía las marcas de arañazos en la cara ya cicatrizadas. Sería mejor que se duchase mientras iba a comprar.

Me acerqué a un armario y saqué una toalla para él y se la di mientras me miraba.

- Puedes ducharte, usa esta toalla mientras estés aquí el tiempo que necesites- me pasé la mano por la frente levantando ligeramente mi pelo ya que hacer las tareas domésticas tenía mi frente sudando- tu quédate aquí que iré a comprar los ingredientes de la lasaña y aprovecharé a hacer una compra en profundidad...

Pero su respuesta fue algo que no esperaba, parecía cono si quisiera que estuviera con él en todo momento.

- No quiero quedarme solo... ¿te puedo acompañar... por favor?

Era incapaz de negarme, si lo que yo quería era tenerlo siempre conmigo y no tardé nada en acceder, intentando no parecer demasiado entusiasmado.

- Claro, no te preocupes, entonces... dúchate... y así vienes luego conmigo ¿bien?- asintió con la cabeza y sonreí- en cierta manera mejor porque no sé que te gusta comer, así escoges tu la comida ya que no sé si eres alérgico a algo o no.

Asintió y ladeando la cabeza se sacó la capucha que llevaba mientras entraba al cuarto de baño ya desvistiéndose.

Fue ahí cuando me di cuenta que la única ropa que ese chico tenía era la sudadera negra y el pantalón. Ni siquiera ropa interior...

Cuando reaccioné de imaginarme cosas indebidas con él y fui a mi armario, busqué una camiseta y un boxer nuevo que no había usado todavía para dárselo.

Me acerqué a la puerta y golpeándola lo llamé para que me abriese y poder darle la ropa. La abrió de golpe y me mostró como dios lo trajo al mundo.

¿Ese dicho que dicen que la realidad a veces supera la ficción?... en ese momento se volvió el dicho más creíble.

Todas mis dudas y mi propia imaginación de como sería completamente desnudo se volvieron picadillo al verlo en frente de mí mirándome como si nada y bajando la vista a la ropa que le traía.

- ¡Oh que amable! la verdad no suelo utilizar boxers ni calzoncillos, pero imagino que debo comportarme si estoy invitado, gracias por el detalle me los pondré ahora en cuanto me duche.

Su sonrisa se esfumó al cerrar la puerta ante mis narices y me quedé pasmado, en shock por lo que había visto. No tenía pudor alguno o quizás para él estar de esa guisa era algo normal que no tenía porqué alterar a nadie.

Pero a mí, lo que acabaran de ver mis ojos, me había turbado completamente.



Ya no tenía más nada por recoger y estaba esperando por él para que saliese del baño mientras me sentaba en el sofá y veía la tele haciendo zapping. Aunque en realidad en mi mente solo recordaba una y otra vez su cuerpo desnudo frente a mí.

¿PORQUÉ DIABLOS ERA TAN POCO PUDOROSO?

En menos de medio día le había visto todo lo visible y lo no visible.

Iba a ser demasiado, solo al pensar en eso una y otra vez noté como se me estaba yendo la poca cordura que me quedaba en la cabeza a otro lugar que no le importaba demostrar lo mucho que le había gustado aquella visión.

Pero,

¿Y si no era gay?

Eso se iluminó en mi cabeza. Ya que cabía la posibilidad de que no sintiera pudor no porque fuera gay sino porque al ser un hombre como bien dijo en el hospital no pasaba nada si le veía desnudo.

Entonces pensé...

¿Será posible el echo de que él también entre en el cuarto de baño mientras estoy desnudo?, ¿O no le de pudor el verme completamente como dios me trajo al mundo?

Estaba completamente perdido en mis pensamientos cuando sentí una mano tocarme el hombro y me sobresalté.

- Perdona, es que no me escuchabas...

Giró todo el sofá vestido únicamente con la camiseta que le había dado con los boxers y se sentó a mi lado mientras con la toalla se iba secando el pelo y lo revolvía después.

Ese pelo maldito que goteaba por su cara alguna que otra gota de agua y me hacía mirarle fijamente embobado con ver como le recorría su blanquecina piel.

Iba a acabar por violarlo como no reaccionase....

O que más da... lo violaba y ya se terminaría ese sufrimiento impuesto por mi mente que solo quería que siguiera lo ético y dejase de mirarlo con esos ojos obscenos llenos de deseo.

Un deseo que como no calmase rápido me iban a estallar las pelotas.

- ¡ME VOY A LA DUCHA!- dije pegando un brinco y escapando hasta el baño encerrándome en el escapando de terminar por violarlo de verdad.

¡Necesitaba una ducha de agua helada a la de ya!



Había escapado y mostrado debilidad ante él y solo esperaba que no lo hubiese notado... ¿pero y si lo había notado?

Me daba de ostias contra la pared debajo de la ducha.

Ahora era cuando me daba más palo el mirarlo a la cara, no por mis pensamientos sino por mi reacción sin sentido.



Tardé un poco en ducharme de lo normal, pero el agua congelada me estaba helando por dentro y podía darme algo. Salí de la ducha cerciorándome de que aquello tenía su posición normal y algo encogida del frío. Me até la toalla en la cintura mientras busqué mi ropa por el cuarto de baño pero no la encontré.

Había entrado tan alterado que me había olvidado de pillarme algo de ropa.

Ahora me debatía en si salir con la toalla o no... pero no me quedaba más remedio.



Abrí la puerta lentamente y mirando a mí alrededor me cercioré de que estaba entretenido con algo para así poder vestirme.

El piso no era muy grande por lo que vi perfectamente su pelo casi blanco en el respaldo del sofá.

Me apresuré y salí rápido hacia el cuarto donde comencé a buscar ropa limpia que ponerme. Un chándal y una sudadera eran lo mejor que podía ponerme ahora.

Busqué los boxers en la mesilla y me fui vistiendo de espaldas a la puerta. Escuchaba como el volumen de la televisión subía por lo que no correría peligro de ser visto por aquel poco pudoroso nuevo conocido.

Me puse la camiseta, el pantalón y luego me giré para agarrar mi sudadera e ir junto a Muerte pero para mi sorpresa ya se encontraba en el marco.

¿Desde cuando se encontraba allí parado?

- Iba a avisarte...- era raro de verdad, como es que había subido el volumen entonces... ¿solo?- ¿llevas mucho tiempo ahí?

Sonrió y negó con la cabeza y no dijo nada más. Tampoco quería saber si me había visto algo, preferí no pasar por ese momento violento.

Entonces agarré mi cartera y mis llaves y cerré la puerta tras de él.




No tardamos demasiado en bajar al súper que se encontraba a dos calles de allí. Era al que iba habitualmente y me conocían en el vecindario. Me saludaron nada más entrar por la puerta y se quedaron mirando a Muerte mientras caminaba conmigo y cogíamos una cesta para comprar comida.

Recorrimos el recinto comprando la comida que me hacía falta y la que él comía. Por suerte no era celíacos y alérgico a nada por lo que podría prepararle básicamente cualquier cosa que me apeteciese.

Llevamos bastantes cosas por lo que tuvimos que repartirnos las bolsas. Él llevaba las cervezas mientras yo llevaba la carne y demás ingredientes en una bolsa y en la otra el resto de comida que me hacía falta mientras me cercioraba de que la chica me había cobrado bien la cesta de la compra.

Fuimos andando con tranquilidad cuando sentí como él se paraba en mitad de la calle y acto seguido tiraba de mí metiéndonos en un callejón.

Nos escondió detrás de un poste y fue retrocediendo mientras yo perplejo no paraba de preguntarle que era lo que pasaba.

Sin dudarlo más dejó las cosas en el suelo y me arrastró con él dejándole entre mi cuerpo y la pared.

- Los tipos que me persiguen... si me ven... me machacarán vivo...

Estaba asustado, como podría yo protegerlo estando así.

- ¿Y qué hago.. que hago?

Me agarró fuertemente pegándome a él y acercándose a mi cara dijo las palabras mágicas.

-Bésame...

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