Look at me again: Cap. 1

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“Para Boca muda… Oídos Sordos.”

“Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado sería el estar muerto”



Buscaba otra vez en sus bolsillos con impaciencia, no podía creer que perdió la llave de su habitación siendo que apenas y bebió dos copas de vino. Era frustrante darse cuenta que en los últimos cuatro años tener ese tipo de descuidos se había vuelto casi una rutina que le recordaba que no estaba del todo bien, no como decía o creía estarlo, pero esos pensamientos no llegaban a notarse en su consiente; No, él solo seguía buscando entre sus ropas sabiendo que no tendría éxito, porque era la cuarta vez que revisaba los bolsillos de sus pantalones y de su chaqueta sin encontrar absolutamente nada, salvo su billetera. Apoyo su espalda en la puerta deslizándose hasta el piso tratando de pensar en donde pudo dejar el maldito objeto de metal.

-¡El maletín!-recordó luego de cinco minutos, o seis, en que casi deja a su cuerpo relajarse a mitad del pasillo, su resistencia siempre se veía afectada por los cambios de horarios. Golpeo una de sus mejillas levantándose para salir casi a la carrera de regreso al bar restaurant del hotel. Busco por las mesas, en la misma mesa en que estuvo sentado junto a un par de compañeros de trabajo de esa ciudad sin encontrar nada- Disculpe…-hablo al joven encargado de recibir los abrigos y demás cosas que los clientes traen; el joven de ojos castaños le quedo mirando sin entender, pero suponiendo que le hablaba a él ¿A quién más?- tsk… Disculpa… -volvió a intentar ahora en el idioma local, el joven le sonrió divertido por el acento del joven.

-Dígame, ¿En qué le puedo ayudar?-el pelinegro casi salto aliviado al escucharlo hablar en inglés.

-¿Dejé aquí un maletín?-pregunto sin mostrarse siquiera ansioso, aunque lo estaba, con una urgencia increíble de tenderse en la cama y de darse una ducha antes de salir a la fiesta que su nuevo equipo había preparado para darle la bienvenida. El empleado le pidió el número de su habitación para buscar en los registros sin obtener ningún resultado- ¿Nadie lo ha venido a dejar siquiera?-el joven negó- Bien, gracias…-soltó un pesado suspiro.

-Dígame como es y si alguien lo viene a dejar se lo hago llegar a su habitación-fue el amable ofrecimiento del muchacho de custodia, y el pelinegro pensó que esa amabilidad parecía natural en la gente de ese país, demasiado amables y familiares para quien viene de un país tan frío como ese en que creció.

-¿En serio?-el chico sonrió asintiendo- Mira, es un maletín de tamaño medio, marrón y tiene una placa dorada con mi nombre grabado… ¿Me facilitas papel y lápiz?-le fue entregado una pequeña libreta con un lápiz, donde anoto su nombre en coreano, además de su nombre (romanizado) y número de habitación- esto está grabado, si aparece solo llama a mi cuarto que yo bajo a buscarlo. Y gracias-Por cómo se le dieron las cosas tendría que pagar la multa por perder la llave y pedir otra. Agradeciéndose a sí mismo por no haber perdido la costumbre de llevar la billetera en el bolsillo de la chaqueta o el pantalón.

Por fin podía disfrutar, aunque se por corto tiempo, de esa blanda superficie después de ese reponedor baño de tina caliente, sentía que ahora si podría soportar lo que le quedaba de jornada. No entendía como sus compañeros podían mostrarse tan enérgicos luego de una jornada completa de trabajo, el por su parte se quedaría a descansar… a dejarse sumergir en los mundos de la inconciencia para no sentir ese mundo que pesa sobre sus hombros, lo haría sino se hubiese comprometido con ellos, que habían sido tan amables de ofrecerse a gastar su fin de semana para ayudarlo con la mudanza.

Miro el reloj pensando que se le había hecho tarde, las 23:15hrs marcaba el reloj, solo había dormido treinta minutos. Se levantó y miro la ropa que descansaba en el sofá. Sonrío antes de caminar hasta la ventana del cuarto para ver hacia esa nueva ciudad que sería suya hasta tener que tomar sus maletas y partir a otra, cualquier ciudad servía si lo mantenía lejos de Seúl o Broadway. Porque aunque extrañe a su familia no estaba listo para enfrentar los recuerdos. Porque su corazón se sentía seguro entre esos edificios desconocidos. Inhaló profundo, y en su mente se volvió a decir mientras soltaba lentamente el aire, que esa había sido la decisión correcta. Pensó otra vez en si debía ir o mejor dar alguna excusa para quedarse a dormir.



“Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe”


Unos golpes lo sobresaltaron, no habían sido especialmente fuertes, pero él había estado concentrado en sus pensamientos y en el simple acto de abrochar sus zapatos. No recordaba estar esperando a nadie, el compañero que lo iría a buscar no llegaría sino hasta media noche y al empleado le había indicado que llamara, que el bajaría por su maletín. Curioso se acercó hasta el ojo de la puerta sin llegar a ver a nadie. Abrió de todas formas, para cerciorarse que no había nadie, ya antes le paso que era una de esas persona demasiado bajas para ser vista a través de ese minúsculo visor. Nuevamente no vio a nadie.

-No sabía si devolverte o quedarme para ver si aprendes a ser menos descuidado-se paralizo por un segundo, no esperaba escuchar esa voz en un lugar como aquel. Dio un paso hacia el frente y cerro un poco la puerta para poder ver a esa persona que abrazaba su maletín con la mirada perdida en alguna parte, por un segundo tuvo deseos de abrazarlo, al verlo con esa expresión apoyado en el muro. Desde que eran niños le despertó un instinto protector, que con muy pocas personas tenía.

-Junsu…-casi podría jurar que más que hablar suspiro ese nombre, era tanto el tiempo sin verlo, tantas cosas habían pasado. Tantas cosas que dolían demasiado. Recordar el dolor le devolvió la compostura, haciendo que lo mire con un súbita severidad- No sabias si entregármelo o quedártelo…-dejo fluir una risilla sarcástica- ¿O no sabías si entregármelo personalmente o quedarte con algo más que sea mío?-alzo una ceja- Porque si fuera por entregármelo podrías haberlo dejado en recepción… tienes practica en eso de abandonar sin dar la cara-apretó con súbita fuerza el pomo de la puerta.

Su mirada extraviada se posó en el muchacho de cabellos oscuros, sintiendo como con cada palabra destilaba rencor y eso le revolvió el estómago. Porque nada de lo que paso antes fue intencional, porque él jamás quiso hacerle daño. Porque él de verdad lo amo, pese a las circunstancias y las mentiras.

-Iba a hacerlo… -no hablo especialmente alto, solo lo suficiente para que el pelinegro lo escuchase- La encontré junto a una mesa cuando…-bajo un poco el mentón- Después que te fuiste… -guardo silencio; cuando lo vio en el restaurant cenar tan alegre con esa gente no tuvo el valor de acercarse ni de dejar a su compañera comer sola. Tampoco tuvo el coraje cuando lo siguió al notar que dejo el maletín, no tuvo el coraje para acercarse y dárselo en el pasillo, así que se iba a marchar y, como dijo el pelinegro, quedarse con algo más que era de él. Pero tampoco pudo, regreso a dejarlo en recepción a entregarlo en custodia- Pero…-vio como el más alto le miraba con impaciencia cuando levanto el rostro- escuche lo que le dijiste a empleado y…

-¿Y? se más conciso Junsu-

-No me viste…-suspiro cansado- estaba de pie a tu lado y no me viste Yoochun, fui completamente invisible para ti… -el chico de liso cabello castaño se sintió morir, porque no recordaba haberle hecho tanto daño como para que no lo viera. Él estaba seguro que todo lo que paso no fue su culpa; Aunque Yoochun no piense igual, que por eso le escuche resoplar con tanto hastío.

-Lo siento, no te vi ¿Y?, eso no explica porque estás aquí y no dejaste el maletín en recepción -sonó incluso más seco de lo que el mismo Yoochun deseaba, pero no se corrigió. Para Yoochun el tiempo de corregirse y pedir perdón había pasado hace tiempo.

-Solo quería verte, hablarte… saber de ti-fue sincero- No podía perder esta oportunidad, sino pasarían ¿Cuánto cuatro o diez años antes de volver a verte? Incluso después de esta noche puede que no volvamos a cruzar palabra en lo que nos resta de vida, y no quiero más arrepentimientos pesándome-bajo nuevamente la mirada- Solo quiero…

-Junsu-miro la hora en su celular- habrá una persona esperándome en la entrada del hotel en los siguientes minutos, no me hagas perder más el tiempo ¿Si? Si quieres hacer una pregunta, pedir algo o lo que sea hazlo rápido -miraba hacia cualquier lado que le permitiera no ver al castaño, moviendo impaciente su pie derecho.
-Yoochun, tú… ¿No quieres aclarar las cosas? -temía que le respondiese que no le interesaba, que no quería recibir después de tanto tiempo explicaciones, que su actitud no era una máscara y que de verdad no quería verlo más, que había encaminado su vida, a una donde el no tuviese ningún papel que jugar.

-No quiero odiarte Junsu… -miro el reloj nuevamente- Me quedan 10 minutos, quince si logro que me esperen… -le informo con una ausencia total de interés- Te escucharé… -se reservó un par de segundos en silencio-según me dijeron, sería bueno para cerrar toda esa maldita etapa hablar con los “involucrados”, entra-lo miro más frío y distante que nunca, ni antes ni en esos minutos compartidos ingresando a su habitación. Sentándose en el pequeño sofá- En lo personal no creo que me sirva realmente nada de lo que tú tengas que decir, me hubiese servido hace años, quizás hace diez o más, pero ahora no ¿Te imaginas la razón?-Junsu solo desvió la mirada no deseando responder porque la verdad seguía doliendo demasiado- porque el día que necesite de ti solo huiste ¿Con qué? ¿Con quién?... -movió su cabeza frustrado- no quiero ni imaginarlo, pero te necesite Junsu… -el castaño solo se movió apretando un poco más el maletín entre sus brazos.

-Yo también te necesite Yoochun... y tampoco estuviste para mí...-le respondió sin alzar la voz.

-¡¡Me estaba muriendo Junsu y tú, tu solo huiste… yo… yo te llame por días, te busqué por meses incluso cuando apenas podía con mi propia existencia!! -los reclamos bulleron del pelinegro con una fuerza que hizo desear a Junsu fundirse con el sofá- Pero no... Tú simplemente desapareciste como si nada -las mandíbulas apretadas y el odio se reflejaba en cada palabra que escupía Yoochun. Oprimiendo el pecho de un Junsu que sentía sus ojos arder.




“El pasado pesa más que los sueños”


Sentía su cuerpo frío, incapaz de soportar su peso por más tiempo. No sabe cómo es que logro llegar hasta su hogar en esas condiciones, no recuerda en que momento subió a su vehículo y ahora con más dificultad de la normal trata de meter la llave en la cerradura sintiendo el sudor frío caer por su frente. No logra ver bien la puerta. Su pecho sube y baja marcadamente. De entre los dedos se le resbalo el pequeño artículo metálico.

-Maldición-exclamo agudamente, golpeando con el puño la superficie de madera un par de vez reclamándose en su interior: ¿Por qué? ¡¿Por qué tuve que hacer eso?! No debí hablarle. Desesperado, sintiendo como su pecho se desgarraba al recordar cada palabra que él dijo, los “Te odio”, “Despreciable”, “Arribista”, “Interesado”… no, nada de eso era él, Yoochun no tenía derecho a tratarlo así- No quiero odiarte… yo tampoco Chunnie…-apoyo su frente en la puerta dejándose caer de rodillas al piso, buscando entre sus propios brazos algo de calor, algo de confort para esos sollozos que malamente logro ahogar hasta ahora- No eres justo…-gemía agotado.






“Respirar duele cuando el alma se seca”


-¡Por el nuevo líder de equipo!-gritaron todos en la mesa con sus copas alzadas, sonriendo entusiasmados con la velada que se proyectaba. Bueno, no todos, justamente el celebrado concentraba sus energías en sonreír a esa gente que tan amablemente le recibía de esas personas que antes de esa noche solo habían escuchado de él por boca del director general. Aunque le era imposible no sentir esa pesadez que se instauro en su pecho después de ese encuentro inesperado. Tan parecido a la culpa y al desamparo; no entendía cómo es que ese agudo dolor que por tantos años cargo en su pecho se transformó ahora en esa punzada que le atravesaba, y no, no era ese escozor que percibía en su mentón.

-Líder…-la voz de una mujer joven lo saco de ese momento introspectivo. Enfoco su mirada en ella, morena y de unos ojos miel que desprendían un brillo maternal, idéntico al calor que sintió al notar como con cuidado poso sus pequeños dedos en su rostro, le dio la sonrisa más sincera de esa noche- ¿Qué paso?... ¿Cuándo se hizo daño?-ahora recordaba que ella fue una de las personas con la que estuvo cenando. Mariah, recuerda que era su nombre.

-Si me disculpas… no quiero hablar de eso-hizo un esfuerzo por no sonar descortés. Ella solo sonrió asintiendo.

-Claro, total… recién nos estamos conociendo-comento comprensiva- cuando lo invite al cumpleaños de mi bebé me ofenderé si no me responde sincero una pregunta privada, ahora solo espero que confié en esta trabajadora…-agrego con el buen humor, ese que con el paso del tiempo conocería el pelinegro.

-Está bien, gracias…-rió un poco llevándose el vaso de cereza a los labios, para ocultar esa expresión desolada. Definitivamente, pensó, la mitad de las cosas que le dijo a Junsu, quizás, solo fueron producto del tiempo y la angustia de esos años. Del dolor acumulado. Y pensar que no tendría otra oportunidad para remediarlo, para secar las lágrimas que le hizo derramar- Te has ganado ese golpe a pulso Yoochun… debió romperte la cara realmente-se dijo a sí mismo en un susurro ajeno a la alegría que seguía rodeándolo.




“Si no hay dolor, el amor es insuficiente
¿Por qué lo buscas entonces?
Porque al final ese dolor puede que sea verdaderamente feliz…”



Arrastro su humanidad hasta su cuarto, ni siquiera dirigió una mirada al salón o cualquier parte de su hogar, las fuerzas medio le alcanzaron para llegar a ese sitio junto a su cama donde se mantuvo abrazándose a si mismo con la mirada perdida hasta que el amanecer comenzó a mostrar sus primeros pasos. Entonces, más por costumbre que por iniciativa consiente se levantó y fue al baño.

-patético…-se burló tocando el frío reflejo que dejaba en evidencia sus ojos hinchados ¿Cuándo comenzó o dejo de llorar? Porque había lagrimas secas en sus mejillas. Apoyo la palma para cubrir su rostro, le causaba un pánico horroroso el ver sus ojos enrojecidos o su nariz irritada, por eso detesta enfermar- Junsu… ¿hasta cuándo? Lo habías superado… ese tiempo era pasado… ¡ERA PASADO MALDITA SEA! ¡MALDITO IDIOTA! ¡LO SABÍAS, SABÍAS QUE NO DEBIAS ACERCARTE! ¿POR QUÉ FUISTE TAN DEBIL?-sus puños se cerraron golpeando el espejo hasta abrir un grieta en aquel objeto-no puedes… no puedes…dejar que te afecte tanto…-se detuvo a tiempo, justo antes que algún fragmento del cristal hiciese una herida en su piel. Unos golpes en la puerta.

-¿Junsu?... hermano ¿estás bien?-lo había olvidado, Junho estaba en casa. Soltó un suspiro cansado, pensando en lo preocupado que debe estar su buen hermano al otro lado de la puerta- Junsu-sonrió al reconocer como su hermano trataba de no sonar asustado con ese tono tan conciliador.

-Estoy bien Hyung…-abrió la puerta un poco, ofreciendo su mejor intento de sonrisa- Solo tuve una mala noche…

-¿Seguro?-era claro que no le creía.

-Claro, luego te cuento ¿Si? Ahora me quiero bañar…-en ningún momento miro a los ojos a su hermano, consciente de que no quería leer la aflicción en las ventanas de su gemelo.
-Está bien, te espero en la cocina… no demores, por favor-el terapeuta les había explicado cuando dejaron el centro, que no debían presionarlo a contar sus cosas, incluso si hubiesen pasado seis o diez años. Porque podrían causar un retroceso- Tengo mucha hambre…-estiro su mano para desordenar los cabellos de su hermano menor y se alejó rumbo a la cocina para hacer lo de siempre. Esperar.

Cerró la puerta y sin más se desnudó antes de dar el agua. Agua que segundos después estaba cayendo por su cuerpo, por ese cuerpo que por tanto tiempo daño hasta llevarlo casi a la muerte. Pasó las manos por sus brazos, blancos y suaves… heridos, marcados por cicatrices de distintas extensiones un poco más oscuras que el resto de la piel, muchas marcas de un pasado que le parece más amargo que la hiel. Las peores cicatrices eran esas. Las más pequeñas. Los puntos casi redondos, que le recordaban que no eran la persona ejemplar que los demás creían. Que tiene un pasado del cual avergonzarse y creerse merecedor del desprecio de muchos.


6 comentarios:

  1. Chelsire XD7/02/2012

    Me gusto muchisimo XD
    Este tipo de fics no se suele ver mucho,y menos yoosu(suele ser yunjae)espero que puedas actualizar pronto,me muero de ganas de la continuacion.

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  2. wooooaa!!! me dejo super intrigada x fa actu pronto. gracias :D

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  3. Oh, me dejaste super metida en la historia. Esperaré el próximo capítulo ansiosa. Quiero saber su pasado y todo... Aunque presiento que me harás llorar con el fanfic pero igualmente e.e

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  4. Anónimo7/04/2012

    esta muy bueno el fic continualo porfa!!!!

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  5. Anónimo9/09/2012

    ooooooooooooh! esta buenaza la historia!!

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  6. Anónimo6/25/2015

    Pero que buen fic como dijeron mas arribita en los comentarios no se suelen ver estos fics en esta pareja.. de hecho casi no me gustan por que me hacen deprimir mucho pero como casi no hay lo leere--- el masoquista es el yunjae --- jeje--- el yoosu es mas amor --
    *ADRILOVEYOU*

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