Rosa de invierno. Cap. 18

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Ya había pasado el tiempo suficiente para tener mi primera sesión con mi psicólogo privado. En realidad no sabía si estaba nervioso por lo que le podía contar, por su reacción o si era por volverlo a ver.

Ese chico era bastante más cariñoso de lo que había sido Junsu conmigo.

Y de nuevo aquel sentimiento de lamentaciones que solo podía sentir al comparar y al ver que todo lo que fuera un sueño de instituto resultara siendo una pesadilla que solo me atormentaba más y más con el paso del tiempo.

Respiré hondo y piqué el timbre de la puerta, dándole a entender que estaba allí. Puntual como me había pedido.

Venía con una bolsa de comprar unas pastas de té para acompañar al café que había dicho que iba a preparar.

Me agarré las manos esperando a ver si abría la puerta mirándo fijamente al marco superior pero no se abría, ni se escuchaba un paso en aquel piso.

Miré mi reloj por si había llegado tarde, pero eran las 4:55pm, 5 minutos antes de la hora acordada. Siempre trataba de llegar a mis citas no solo con médicos sino con amigos antes de la hora, ya que para mí llegar tarde o ser impuntual era un poco de falta de respeto.

¿Sería demasiado exigente con esas cosas? Puede ser, quizás por eso las decepciones me trastornaban tanto... esperaba demasiado de la gente. O más bien pensaba que la gente podría ser como yo.

Suspiré.

Parecía que el simple hecho de encontrarme allí parado ya me ponía de los nervios.

Escuché un crujir y vi como la puerta por fin se abría.

Pero la escena que vi al abrirse esa puerta no era menos que la esperada. Una chica salía de allí sonriéndome y decía adiós a mi nuevo inquilino recordándole éste la siguiente cita.

Changmin me sonrió y me pidió que pasase. No tenía ni idea que había transformado parte del salón en su consultorio particular.

Por un momento había pensado que era mi psicólogo único y exclusivo. ¿Pero que pretendía con eso? ni que fuera de mi propiedad...


Me saludó y me invitó a entrar mientras cerraba la puerta tras de mí.

- Lo siento, no pensaba que fueras a ser tan puntual... pasa y siéntete cómodo, es tu piso de todas maneras- dijo sonriéndome- toma asiento en aquél diván.

Señaló un diván negro de cuero al lado de la ventana y asentí no sin darle la bolsa de pastas que me había pedido.

Se sorprendió y me sonrió.

- Vaya, las trajiste- entrecerró su ojo y me miró asintiendo- pondré el café a prepararse.

Fue hasta la cocina, de mientras yo dejaba mi cazadora en el perchero con mi cartera, y vino con la bandeja de pastas poniéndolas en la mesita al lado del diván

Fui directo a este último y me senté mientras veía como colocaba posa vasos para que la madera no sufriera el calor y la humedad del café recién hecho.

Se sentó en su sillón con respaldo y sosteniendo su libreta, sacó la goma que lo mantenía cerrado y agarró el bolígrafo empezando a anotar unas cuantas cosas.

Yo lo miraba perplejo como hacía su trabajo y me sentía algo nervioso de verlo tan serio con su profesionalismo que lo observé en cada detalle.

Vestía un pantalón vaquero Camel con una camisa azul clara con las mangas remangadas y la tenía metido dentro de su pantalón. El cuello lo tenía ligeramente abierto dejando entrever su pecho y lo que parecía una rojez, podía ser debido a aquella cadena que le seguía colgando del cuello.

Alargó su brazo cogiendo sus gafas de pasta negra fina y se las colocó para comenzar la sesión.

Pasó su mano por su media melena ligeramente ondulada poniendo parte de ella y su flequillo detrás de su oreja derecha dejándomela ver completamente.

Se levantó hacia un mueble sacando un papel y me lo dio.

- Bueno, veamos... nombre... edad, número de teléfono... etc. Necesito que rellenes esta ficha de mientras voy a servir el café y comenzamos la sesión...

Me dio su Boli mientras iba con su cuaderno revisando lo que fuese y viéndolo desaparecer en la cocina fui rellenando mi ficha completamente.

A los minutos llegó y dejando los cafés en los respectivos posavasos, me pidió la ficha y la guardó entre las hojas de su libreta.

Se sentó y ahí fue cuando comenzó la hora de terapia individual.

Empezó preguntándome como me había ido el día y tranquilamente le fui diciendo como me había ido desde el justo momento que me levanté hasta que había llegado allí, como me había pedido él, mientras me miraba fijamente detrás de esas gafas y cruzaba las piernas para estar más cómodo.

Le conté como me levantara, como fuera al trabajo, como me fuera con los repartos, que me habían llamado para hacerme propaganda de una telefonía nueva y poco más.

Él se dedicaba a escribir las cosas que veía interesantes o le llamaban la atención y me sonreía cuando me veía mirándolo fijamente a ratos.

Era extraño, parecía que buscaba su atención, quería que me mirase a la cara y no escribiese tanto...

¿Que coño escribía?


Torcí mi morro y decidí tumbarme ya que prefería no mirarle y mirar el techo ya que me estaba poniendo nervioso de verlo.


Pasados los minutos el tema de conversación empezó de hablar de mi vida rutinaria a mis problemas en el trabajo y de ellos a mi problema principal que tanto me trastornaba, Junsu.

Podía sentir el pasar las páginas y eso me ponía más nervioso aún. Pero estaba tan frustrado con Junsu y tan metido en el tema que al sentir que seguía en esa casa y oler todavía el olor de mi dulce Muerte impregnada todavía en las paredes me hizo llevarme completamente sacándolo todo a relucir.

Mis frustraciones, mis preocupaciones, mis propios pensamientos negativos referente a él y todo. No sabía como concluir el asunto.


Ya habían pasado dos horas y fue ahí cuando sulfurado y enfadado por todo fruncía mi ceño y apretaba mis puños por la frustración acumulada.

Entonces fue cuando sentí su silla reclinarse y levanté mi vista para verlo tomar el café y dejarlo en la mesa de nuevo.

- Bueno, creo que entiendo lo que ha pasado durante todo este tiempo... la sesión de hoy termina ya- dijo sonriente y me senté en el diván.


¿No iba a decirme qué hacer o que debería él decirme las conclusiones que saca?

¿Acaso no trata de eso?

Me miró y cogió una pasta mirándome y mirándo al reloj.

- Lo siento pero, tengo otra sesión ahora... ven en 3 días- miró su cuaderno apuntando la fecha y la hora la misma fecha que le dijera a la chica anterior- a las 5 también...

Picaron al timbre y me levanté al instante mientras él abría a una señora en sus 50 y le invitaba a pasar.

- Vaya Minnie veo que tienes muchos clientes.

Esa señora parecía de confianza y me sonreía mientras me acercaba a por mis cosas en el colgador.

Changmin se reía mientras invitaba a la señora a sentarse en el diván que previamente había ocupado yo y me miró apartándonos un poco y hablando bajito.

- Sé que te sientes extraño, pero esto es así en un principio- como si me leyera la mente- primero es que me cuentes todo te desahogues y yo te sacaré mis conclusiones después de la segunda sesión...- miró a la señora que nos miraba como queriendo saber que me decía y le sonrió mientras le decía que le preparaba un café, me miró de nuevo, ahora más cerca y me sonrió levemente- me gustaría quedar contigo esta noche... te mandaré la hora y la dirección en un Sms después.. ¿No es repentino verdad? ¡Genial!.

Me fue echando poco a poco por la puerta mientras se acercaba a mí y diciendo eso, y sin dejarme contestar, me cerró la puerta en las narices.

Me quedé alucinando con esa reacción.

Abrí mi boca al escuchar como la señora lo reclamaba detrás de la puerta y reaccionando mientras miraba al suelo y de nuevo a la puerta fui bajando las escaleras.


Cuando llegué al portal y cerré la puerta tras de mí me sentí extraño. Pero me sentía aliviado. Había soltado todo...

Y fue en ese momento que me sentí colorado cuando recordé que me mandaría un Sms después para quedar.

¡Tendría una cita!

¡UNA CITA NORMAL!...

Que raro sonaba eso incluso en mi mente...


Miré mi reloj y sin saber porqué me fui a toda prisa a mi piso, quería estar guapo y presentable para esa noche.

No tenía citas demasiado a menudo.

Y menos entendía el porqué de aquel cosquilleo en mi panza.


Me sentía liberado y quizás algo feliz y contento.


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Ya estaba esperando nervioso subido a aquel autobús. Miraba mi móvil revisando la dirección, sería en la siguiente parada donde me bajaría hacia mi destino.

Me esperaba en un restaurante japonés, nada barato, se había propuesto el invitarme a cenar y a salir, ya que sabía que mis ingresos no eran cuantiosos y me era prácticamente imposible permitirme aquello.

Había denegado su invitación por Sms 3 o 4 veces diciéndole que no podía hacerle pagar tanto y que tendría que ser yo el que le invitase, pero mis negaciones solo consiguieron que terminase por llamarme y con su voz melosa terminara accediendo.

Me daba de golpes con el móvil en la frente hasta que vi a una señora mayor mirarme con la ceja levantada.

Dejé de autoflajelarme físicamente y seguí mentalmente culpándome por no ser lo suficientemente asalariado para poder invitar a nadie.

Esa noche sin saber porqué me había arreglado demasiado, incluso me había echado un perfume de Dior que mis tíos me habían comprado por mi cumpleaños el pasado febrero.

Llevaba una cazadora marrón con cremallera lateral cerrada hasta la altura del pecho, dejando las solapas colgar. Una chaqueta de punto gris y una camiseta con un print grunge. Pantalones vaqueros azules claros, un cinturón con hebilla de cuero marrón y unas botas que las llevaba atadas hasta la mitad dejando la lengüeta colgar.

Me había echado espuma en el pelo rizando un poco el flequillo y ladeándolo dejando una visible raya de lado en mi cabeza.

Me pusiera mis anillos, mi pulsera de acero y mi reloj.

Sostenía mi móvil y mi cartera en la mano mientras llegaba al lugar donde me había citado. Guardando ambas posteriormente en el bolsillo interior de mi cazadora.

Llegué al restaurante y entré yendo al recepcionista y preguntándole por Shim Changmin. Ya había llegado.


Cuando lo vi me quedara boquiabierto. Estaba realmente elegante y sofisticadamente vestido.

Changmin estaba sentado en la mesa con los codos en ella y apoyando sus manos entrecruzadas debajo de su nariz.

Llevaba una blazer negra con las mangas remangadas viéndosele el forro blanco con raya diplomática. Pantalones vaqueros del color estándar y una camisa blanca sin cuello con un vivo del mismo color y tejido donde el botón permanecía desabrochado hasta entreverse su escote. Su pelo estaba echado para atrás y alisado completamente mientras llevaba unas gafas de montura metalizada fina de color negro.

Estaba arrebatador.

Me puse a su lado mirándolo fijamente, era realmente una escultura romana.

Se dio cuenta de que estaba allí y al verme se apartó para mirarme y sonreírme. Se levantó del asiento y me pidió que me sentara con él en la silla de enfrente.

Me miró con una exclamación en su rostro y sonrió. Me sentía avergonzado de ver a chico tan sumamente apuesto delante de mí.

Parecía algo impactado por mi apariencia o quizás eso me parecía a mí, a su lado la verdad iba realmente normal.

- Guau... debo decir... - sonreía al mirarme-... guau

Se echó a reír y yo con él avergonzado. Lo miraba y negaba. El que estaba que quitaba el hipo era él.

Al poco de llegar y hablar otro tanto con él y avergonzarme por como exageraba, vino el camarero ofreciéndonos sake.

Changmin me pidió permiso y me echó en la copa y yo accedí gustoso. Aunque en realidad nunca lo había probado antes.

Ordenamos sushi y al instante llegaron nuestras raciones.

Eran porciones pequeñas pero muy sabrosas y comía despacito aunque me moría de hambre. Tan poca comida para un precio tan excesivamente caro.

- ¿Es poco verdad?...

Me miró y yo levanté mi mirada no queriendo asentir, pero sí riendo como asintiendo a lo que me decía.

- Entonces terminemos aquí y vayamos a otro sitio donde comeremos mejor y más abundante.

Esa era mi oportunidad de acceder pero siempre que me dejase pagar a mí. Esa era la condición.

Terminamos lo ordenado y salimos de allí. Nos encontrábamos un poco lejos del restaurante al que quería llevarle pero gracias a que viniera en coche nos fuimos en él hasta aquel restaurante que yo conocía.

Era uno de aquellos que frecuentaba con mis amigos de universidad y no se encontraba muy lejos de mi anterior piso.

Estaba siempre muy concurrido y tendíamos a pillar los platos e ir a comer a la jardinera de enfrente. El plato estrella. Tiburón.

Al principio Changmin allí sentados en la hierba no quiso probarlo por el echo de saber que era, pero yo con mis palillos le ofrecí poniendo mi mano debajo y soplando le di a probar un poco.

En un principio me miraba con cara de no estar muy seguro si le entrarían ganas de vomitarlo o no, pero al instante de tragarlo me miró y asintió abriendo la boca de nuevo y haciéndome reír dándole otro trozo enfriado con mis soplidos.

Nos habíamos pillado un pack de 6 cervezas que vendían si hacías varios pedidos por lo que empezamos a beber y a comer.

Suerte que era barato y no me iba a arruinar, ya que Changmin luego siguió queriendo más y acabamos por tomarnos más de 3 o 4 cervezas cada uno debido al picante de la salsa del tiburón.

Estaba comiendo los trocitos pequeñitos del plato mientras el bebía y me miraba. En esto se me cayó un trozo de mis labios manchándome la camiseta y la entrepierna del pantalón

Me maldecía a mi mismo por esa torpeza y el estar medio chispa me hacía decir todo lo que pensaba en alto.

- Mierda ahora me manché la camiseta y los pantalones... y aun encima la entrepierna... como si no hubiera más lugares que manchar que aquí....- agarré una servilleta de papel y fui limpiándome las manchas- Changmin todo impoluto y yo hecho un asco... así como voy a ligar... es normal...


Escuché unas carcajadas por parte de Changmin y lo miré con cara de "a que viene esas risas" mientras volvía a lo mío.

Terminé por beber más cervezas de lo que habitualmente bebía. Me meaba...


Changmin me acompañó a su piso ya que no me gustaba andar sacándola a pasear por las calles y me acompañó al cuarto de baño donde eché la meada del siglo.

Después de desahogarme escuché un ruido en la cocina y vi como se estaba sirviendo más alcohol. Me apetecía a mí también y aunque no sabía que era tenía sed de tanta cerveza y me sirvió uno para mí. Era Bacardí limón con coca cola.

Me lo tomé, mucho más rápido de lo habitual, pero me sentaba tan bien que el siguiente me lo hice yo.


Estábamos sentados en la cocina contándonos nuestras penas o más bien yo se las contaba a él. Él solo asentía.


Entonces todo se empezó a nublar, estaba tan cansado que no sabía donde echarme a dormir. Pero me había relajado aquello tanto que fuera como una morfina que me incitaba al sueño.

Sentí como me arrastraban y me posaban en un lugar blando pero consistente.

Unas manos me fueron despojando de las botas y luego de mis pantalones. Estaba siendo desvestido y yo no oponía resistencia.

Abrí los ojos y lo vi allí. Changmin me estaba arropando en su cama y me miraba fijamente.

Pestañeaba lentamente y no sabía si era por el alcohol o qué pero cada vez veía su cabeza más grande. Hasta que algo suave y esponjoso a la vez que blando me besaba los labios.

Yo cerré mis ojos al sentir ese roce. Era cálido y tenía un sabor a alcohol.

Fue cuando abrí los ojos que lo vi besándome y fue en ese mismo instante cuando me di cuenta que no fuera un sueño o producto de mi imaginación.

Changmin me estaba besando...

Abrí mis ojos al máximo cuando noté como se apretaba más a mí queriendo más de aquel beso y mis manos fueron lentamente apartándolo apoyándose en su pecho y empujándolo de menos a mayor intensidad hasta que se separó y me miró.

Estaba todo colorado,

- Siento esto... pero no podía evitarlo más.... te tenía que besar....

Lo miré echándome para atrás e intentando no mirarle a los ojos mientras me decía eso.

Sentí una caricia del dorso de su mano llamaba mi atención y yo volteé mi cara para mirarlo a los ojos.

- Descansa... mañana será otro día...

Se acercó de nuevo a mí y me dio un largo beso en la frente. Se apartó de mí y sonriéndome se fue cerrando la puerta de la habitación tras de él.


Podría haberme hecho cosas sucias debido al estado en que me encontraba, pero no lo hizo.

A diferencia de Junsu...


Él no lo hizo.

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