Rosa de invierno. Cap. 27

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Su esbelta figura estaba absorta en aquel fuego. Podía apreciar desde atrás como tenía el pelo más corto, llevaba una cresta típica de él y podía apreciar como debajo de aquella bata no había más nada que unos pantalones de pijama y quizás ropa interior.

Me temblaba el pulso, no sabía que hacer, me sentía tan extraño al verlo ahí delante mirando ese fuego sin darse cuenta de mi presencia que no me moví. Tenía en parte miedo de lo que podía pasar.

Pero vi su reacción al ver que no me movía y se giró parcialmente el cuerpo para decirme que tomara asiento.

Sus ojos se fijaron en los míos y yo como un flan me fui moviendo como pude hasta uno de los sofás rococó que tenía con terciopelo, como los de las películas de época del barroco francés.

Todo era antiguo, parecía una imitación del palacio de Versalles. ¿Cómo podía ser que aquellos muebles y aquella decoración pareciesen tan reales?

- Son comprados en subastas... te estás sentando en un sofá que cuesta más que tu vida... asegúrate de que tienes limpio el pantalón antes de sentarte...

Miré a Junsu perplejo por lo que me decía. ¿Acaso aquellos muebles eran rococó originales de algún francés que perdiera su fortuna?

Me cercioré mirando mi pantalón de que aquella pieza de artesanía del siglo XVIII no se manchaba por mi inmundo trasero. Me senté y pronto me acercó una taza de té de una vajilla de porcelana exquisita.

- Ten cuidado... es una vasija de la Cartuja de Sevilla... es sumamente delicada...

¿Que era, un pijo de mierda?.... ¿Desde cuando tenía tanto dinero y yo no me enteraba?

Levanté mi vista y vi como con delicadeza removía su té y se sentaba a mi lado poniendo la servilleta de tela en su pierna y agarrando el platito mientras seguía removiendo. Esa postura recta, esa delicadeza al agarrar la taza y esa tranquilidad era algo que yo jamás viera en él.

Me quedé mirándolo atónito mientras mi té con leche se enfriaba en mi regazo.

Sorbió él primero con mucha educación y después me miró levantando las cejas y saboreando con su lengua, nada lascivamente, los restos que quedaran en sus labios.

- ¿No vas a tomar tu té?

Volvió a beber mientras yo fruncía mi ceño. ¿Como podía estar tan tranquilo?

- Junsu.... ¿Que es todo esto?...

Me miró levantando las cejas de nuevo mientras apoyaba la taza en el platito y me miró.

- Una de las tantas casas de mis padres...

Negué con mi cabeza y gruñí de frustración al escuchar eso, no me había entendido.

- No... Me refiero a todo, tu comportamiento, ¿Cómo puedes ser así de tranquilo?... ¿Tu sabías que estaba en la celda de comisaría?

Pestañeó mientras seguía sin cambiar la expresión. Me estaba poniendo de los nervios.

- Por dios Junsu... ¡Que casi me suicido! ¿Y tu estás tan tranquilo bebiéndote ese té?... ¿Qué me he perdido?....

Volvió a beber y mi frustración de la espera se notó en mi pierna que empezó a moverse arriba y abajo

- No te ibas a tirar...- miró al frente y dejó su taza de té todavía sin terminar en la mesita blanca, también estilo rococó, me sacó el té y lo dejó en la mesa delicadamente- porque ordené a mis subordinados avisar a la policía para que apresaran al 'loco que se intentaba suicidar'... ¿Acaso crees que iba a permitirte aquello?- me miró con desprecio- no te perdono el haberme puesto los cuernos... pero no por eso no te quiero fuera de mi vida...

¿Que significaba aquello?, ¿Estaba dándome otra oportunidad?

Lo miré moviendo mis ojos con rapidez. Y me fui acercando a él lentamente.

- Junsu...

Lo miré de cerca a escasos centímetros y él levantó la mirada. Me hipnotizaba con eses ojos gris-verdosos que tenía.

Fui acercando mi cara mientras cerraba lentamente los ojos. Deseaba besarlo, deseaba aquel beso de sus labios. Probarlos de nuevo y acariciarlos contra los míos. Rozar su lengua y que me hiciera de nuevo el amor una y otra vez sin descanso.

Pero, se levantó y todas mis ganas fueron a parar a donde había posado su perfecto trasero. Acabé besando el sofá en vez de a él.


Al sentir la suavidad del terciopelo de aquel sofá me levanté al instante todavía con los labios posicionados para besar y con el pelo rubio revuelto del sobresalto. Lo miré y apreté mis labios para solo verse una línea.

Junsu caminaba hacia la chimenea lentamente. Al verlo así de afectado, mientras cruzaba los brazos y se acariciaba con la mano el hombro, pude ver su expresión apesarada. Realmente le había hecho mucho daño...

Me levanté y caminé hacia él poniéndome detrás. Quería abrazarlo, sostenerlo entre mis brazos fuertemente contra mi pecho y mostrarle todo el amor que quería mostrarle. Que deseaba mostrarle.

- Sabes... no paro de pensar en lo que me dijiste antes de querer suicidarte...- paró por un momento y yo lo atendí completamente- ¿Realmente me amas tanto que estás dispuesto a hacer cualquier cosa, incluso sea una locura?

Seguía mirando al frente y yo asentía con mi cabeza.

- Si... no me importa... no hay nada que me importe más que tu en este instante...

Se giró levemente con las cejas enarcadas mostrándome una expresión apesarada todavía y terminó de girarse completamente.

- Si me amas, ¿Aceptarás que te cuente la verdad de todo?... ¿El porqué de mi comportamiento tan ruin y las constantes mentiras que albergaban otras?

Asentí decidido y esta vez posé mis dos manos en sus mejillas.

- Si... quiero que confíes en mí... no me importa que es lo que pasó...que motivos te llevaron a eso... Yo escucharé...- sonreí tiernamente y me acerqué a su cara mientras apretaba sus mofletes y le hacía poner boquita de piñón- todo lo que salga de estes preciosos labios...

Fui entrecerrando mis ojos de nuevo y acercándome peligrosamente, esta vez sí lo besaría.

Pero...

Apartó la cara y me soltó las manos de la misma. Bajó la mirada y con el sobresalto de ver que no me aceptaba fui bajando mis manos lentamente mientras él todavía me agarraba las muñecas.

Me quedé mirando a su precioso pelo engominado y alzó la vista por fin.

- No me beses... no mientras estés con ese otro que tienes por novio... no quiero mientras sepa que todavía tienes una relación- dijo susurrante.

El ambiente era incómodo, y el estar con Junsu y querer avanzar era una tarea ardua difícil de conseguir.

Pero tenía algo a mi favor que él no sospechaba, ya había roto con Changmin, aunque no de la manera que él se pensaba.

- Ya le dejé un mensaje en el contestador, se lo dejé cuando estaba en comisaría... le dije porqué había terminado allí y porqué lo llamaba...

Junsu alzó su mirada y me miró a los ojos moviendo los suyos rápidamente, como buscando en mí la verdad.

- No te miento... cariño... de verdad te lo digo... yo... aún estando con él todavía te tenía en mente, cuando lo besaba, cuando lo abrazaba, siempre quise que fueras tu y no él...

Volví a levantar mis manos que todavía eran sostenidas por las de él; y acariciándole tiernamente de nuevo la cara, noté como ahora sus manos acariciaban las mías mientras me miraba con aquella cara de pena, esperando que lo que dijera fuera cierto.

Junsu cerró los ojos al sentir mis caricias en su rostro y yo tenía demasiada debilidad por aquel momento. Le acaricié el rostro y él respondió a mis caricias con sus manos acariciando las mías.

Era demasiado perfecto para ser realidad, pero así lo era y no podía sentirme más dichoso cuando por fin me fui acercando poco a poco hacia él para darle ese beso que se me había frustrado ya dos veces.

Sin embargo...

Un leve ruidito se escuchó desde algún lado. Junsu abrió los ojos sorprendido por ello y me miró acto seguido. Agarró mi mano y separándose me hizo correr a toda prisa hacia lo que supuse era su cuarto.

¿Tendríamos por fin sexo?... no puede ser...

¡CON LO ANSIOSO QUE ESTABA DE ECHAR UN BUEN POLVO!

Junsu rápido como el rayo cerró la puerta y empujándome me hizo llegar hasta la mitad de su habitación. Comenzó a desvestirse y yo hice lo mismo.

Vi ese cuerpo de nuevo y me emocioné; aunque estaba más delgado que la última vez; pero daba igual, era mi chico y seguía siendo tan perfecto como siempre.

Sonreía pensando en alimentarlo con alguna de mis recetas nuevas que le impresionasen y se las comiese para engordar uno o dos kilitos.

Se desnudó completamente dejándose el bóxer y fue raudo al armario. Escogió la ropa más cómoda posible y se la puso...

¿Que hacía?

Me quedé atónito con el pantalón a medio sacar y pestañeé sin entender nada.

Junsu se giró una vez vestido y levantó la ceja viendo como me había desnudado.

- ¿Se puede saber que haces?...

Me miró como no entender que hacía con esas pintas y me ordenó que me vistiera rápidamente.

Vi como agarraba su móvil y marcaba alguna cosa que otra. Miraba atónito lo que fuese y yo me volví a vestir sin entender nada...

Me miró de nuevo con el ceño fruncido y cuando estuve vestido del todo me agarró sin decirme palabra y se echó a correr tirando de mí por el pasillo.

Llegamos a una pared y con solo apretar un saliente de un cuadro este se abrió en dos y nos dejó ver un teclado de números.

¿Que era esto, una película de Misión imposible por el estilo o qué?


Marcó un número secreto y la pared que quedaba entre la que teníamos enfrente y la columna se abrió dejando paso a una entrada a un pequeño pasadizo.

- ¿Tu conducías verdad?...

A mis 27 años todavía no había aprobado el carnet de conducir, aunque los últimos meses con Changmin me había presentado e incluso tenía el teórico, no había sacado el práctico, por suerte tenía alguna que otra práctica. Pero no me veía lo suficiente confiado para ser capaz de conducir, además que simplemente me gustaban más las motos por eso poseía el de moto una vez comencé a trabajar con mis tíos... y por tiempo insuficiente y dinero no pude comprarme una propia. Y la única que pudiera utilizar fuera la de repartir de mis tíos.

Corrimos por un pasadizo y terminamos en un garaje, donde coches de todos los modelos además de motos estaban ordenados uno a uno por gama de colores.

¿Quien era tan quisquilloso para tenerlos colocados así?

Junsu abrió la puerta de un coche pero lo paré.

- ¿A donde vamos?... Tengo que saberlo... pero no vayamos en coche... vamos en moto...- dije señalando una Honda CB 400 SUPER FOUR roja y blanca metalizada al otro lado del coche- tengo el carnet de motos... no de coche...

Junsu me miró alterado y entrando en el coche sacó el GPS y lo fue a colocar en la moto, donde yo pudiese ver con claridad el destino a llegar.

- Sigue lo que el GPS te indica...

Fue rápido a un armario y sacó dos monos de cuero más dos cascos. Nos vestimos rápidamente y nos montamos en la moto.

Se agarró fuertemente a mi cintura y salimos de allí destino donde me enviaba el GPS.

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Miraba como podía aquel GPS diminuto desde el interior de aquel casco mientras atendía a la carretera. Habíamos vuelto a Seúl. Pasáramos todo el centro de largo y callejeáramos hasta llegar a las barriadas más pobres de la zona.

Todo estaba a medio derruir o casi. Con las cornisas de las casas cayéndose a pedazod y estrechas callejuelas de piedra que nos hacía dar saltitos en aquella moto al pasar.

Mirando por última vez el GPS vi como nos dirigía a una calle sin salida y allí llegábamos a nuestro destino.

Las paredes de aquel edificio estaban ya sin pintura y se podía ver parte de la estructura. Las ventanas y las puertas estaban tapiadas y sólo se veía oscuridad en aquel lugar.

Paré el motor y Junsu se bajó de la moto mirando al edificio que teníamos al lado. ¿Que pintábamos en un sitio como ese a esas horas del día?

Estaba anocheciendo y la penumbra ya nos estaba absorbiendo en aquel callejón.

Iba a dejar la moto allí parada pero vi como Junsu se negaba a ello y abriendo una puerta de corredera metalizada me dijo que entrara con ella y la dejara allí.

Hice lo que me pidió y tan pronto entré vi como todo estaba en ruinas.

Se veían los pilares de madera apolillada y ladrillo comido por el tiempo. Ese sitio daba pena y parecía que iba a caerse en un momento dado. Incluso el suelo mostraba marcas de goteras y excrementos de animales que no podían ser otros que pájaros y ratas. Era una auténtica asquerosidad.

Lo miré como buscando lógica en ello y vi como me incitaba que escondiese la moto tras un montón de escombros que allí había.

¿Para qué esconder la moto?

Una vez lo hice, me indicó con el dedo que lo siguiese. Fue delante de mí hacia una cortina mugrienta. No pude evitar poner cara de circunstancia. Me parecía muy bien el estar con él, pero prefería un sitio menos sucio...

Levantó la cortina y vi como nos encontrábamos en lo que parecía ser la parte opuesta del escenario de un teatro. Estaba ambientado y podía ser fácilmente habitable por cualquiera. Estaba limpio.

La decoración no era como en su casa de estilo rococó, pero si tenía un aire musulmán. El suelo estaba lleno de cojines, colchas con bordados, mesas redondas con butacas sin respaldo igualmente bajas y todo tipo de muebles que podía tener un árabe.

Las paredes tenían alfombras, o eso parecía, colgadas a lo largo de la altura, cortinas tan largas, que aún retorcidas en aquellos pilares de sujeción; se extendían o amontaban en la base de las columnas dando una sensación de calidez.

Vi como Junsu se deshacía del casco dejándolo en lo que parecía una cama y dándose la vuelta me miraba mientras se sacaba el mono de motociclista. Quedando en esa ropa cómoda que se había puesto antes de salir corriendo.

Me indicó que podía dejar mis cosas en ese lugar mientras él parecía acercarse a una cocina improvisada para calentar algo para los dos.

Ahora sí que me preguntaba que cosas extrañas rodaban a mi querida Muerte. Todo era tan extraño y misterioso que sentía como el frío del lugar me calaba los huesos.

Miraba el techo de aquel lugar, recubierto y bien preparado para que no pasáramos frío. Pero se iba notando que el tiempo ya no era tan caluroso.

Fue al instante que me di calor en los brazos, que el té caliente empezaba a rezumar cerca de mí.

Bajé mi mirada hasta aquel olor y vi un vaso típico de las teterías, con eses colores llamativos y adornados con pintura dorada humeando un té calentito en su interior.

- Tómate esto, no quiero que el frío te cale los huesos... Siento no haberte podido traer a un sitio mejor...- levantó la vista mirando al techo y sonrió- este es mi refugio...

Me quedé mirando para él mientras agarraba mi té y vi como me miraba de nuevo seriamente.

- Tengo... que darte muchas explicaciones... ¿estarás listo para escucharlas?

Asentí. Estaba totalmente dispuesto a saber la verdad de todo.

Su mirada penetrante se fijó en mí atravesándome completamente y viendo hasta mi alma.

Pronto me diría que oscuros secretos ocultaba detrás de tantas mentiras...

Estaba deseoso de saberlo de una vez.

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