Rosa de invierno. Cap. 28

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Había pasado un rato largo desde que accediera a saber qué fuera lo que llevara a Junsu a actuar como lo había hecho.

Estaba ansioso moviendo mis piernas entrecruzadas en el suelo mientras apoyaba mis codos y aquel té en la mesita con dibujos geométricos.

Lo miraba, no sacaba ojo de encima. Junsu tenía la vista perdida por algún lugar en aquel cuarto. Una de aquellas alfombras, la colcha del suelo o alguno de aquellos cojines que tenía a mis espaldas estaban descentrándolo de lo que era el asunto importante aquí.

Que me dijera toda la verdad de una santa vez.

Levantó la vista por fin al escuchar como aclaraba mi garganta de forma exagerada para llamarle la atención y que empezase.

¿Realmente era tan difícil de contar que no sabía por donde empezar?

Me miró y suspiró. Su boca intentaba comenzar de alguna manera pero siempre se frustraba él mismo ya que no parecía fácil.

¿Tenía miedo que yo no lo aceptase?...


Suspiró y al fin comenzó a hablar después de refrescar su boca bebiendo de aquel té.

Metió sus manos entre el hueco que dejaban sus piernas cruzadas en aquel suelo alfombrado y empezó a hablar.

- La verdad... no es una cosa fácil de decir, pero como te dije... tenía muy buenas razones para ocultarte cosas y mentirte...- me miró y al ver que yo lo atendía y asentía, prosiguió- en realidad... yo lo que hacía era probarte... probar tu aguante...

Suspiré al escuchar eso... mejor era escuchar todo, de todas maneras el daño ya pasara y sinceramente prefería escuchar la verdad de sus labios.

Me miró al verme suspirar y apretó los labios poniendo cara de pena.

- Como pudiste ver, no soy una persona de la clase social media... mucha gente se acercó a mí toda mi vida por el simple hecho de tener dinero... o simplemente porque yo... Bueno... Erm... -se rascó la cabeza- ser hijo de un narco no es tarea fácil de llevar...

Levantó su vista y lo miré con los ojos como platos mientras abría mi boca lentamente. Me quedé pálido.

¿Su padre trapicheaba?... No, lo era... era un traficante...

Entonces comprendí, tanto lujo en su ropa, en el tener un Yate, en tener aquellos muebles, y sobretodo de subasta.

Moví mi cabeza con un reflejo y encogí mis hombros.

- Bu... bueno... no todo el mundo tiene un padre fontanero...

Vi como Junsu se sonrió y bajó la cabeza, cambió la expresión a una más dura.

- El caso es que tú ibas mucho por la empresa aquella maderera e ibas a dejar comida y tal y fue estando con mi padre que te vi. Nada más verte supo quien eras. Pero no podía acercarme a ti....- se revolvió el pelo- es que es tan lioso de explicar...

Junsu bajó la mirada de nuevo con aquel pelo revuelto y yo aproveché para que me contara y me acerqué como quien no quería la cosa. Agarré su mano y sonreí. Quería que viese que quería saberlo y que no le juzgaba.

Me miró con ternura y medio sonrió para poder seguir contándome.

- Lo siento es que es un lío muy grande...- suspiró de nuevo- yo no soy un hijo único... tengo un hermano gemelo, se llama Junho... y él es normal... - la mirada de Junsu se volvía melancólica y emotiva- ¿Sabes lo que es que tu padre por ser diferente te desprecie?.... tengo que ganarme su amor y cariño que no obtengo fácilmente como mi hermano, pero no creas... no lo odio, es simplemente que... si hubiese nacido normal...- me miró- yo me disfrazaba así por mi padre... sentía como si tuviera cariño, o algo más de cariño... y todo sucedió así... Realmente no esperaba encontrarte a aquellas altas horas, es más siempre me las arreglaba para que no me vieras disfrazado.... Lo intentaba duramente, pero tenerte allí, poder acercarme a ti, poder tocarte... y provocarte... no sabes lo que me ponía aquello...

Lo miré levantando una ceja y él se empezó a reír.

- Realmente me lo hiciste pasar mal... ¿Como pudiste jugar tanto conmigo?

Se acercó a mí y me miró a los ojos moviéndolos rápidamente.

- Lo siento... en parte se me fue de las manos...- acarició el dorso de mi mano mirándolo y volvió a mirarme a los ojos- aquellos mensajes tan sumamente planeados no fuera yo... mi padre te provocaba para que salieras de aquel sitio. Él sabía que yo fuera quien te contratara... en el fondo creo que sabía que ya sufría lo suficiente, irónico, no me mostraba cariño pero se las arreglaba lo necesario como para joderme el ligue...- negó con su cabeza y prosiguió- el caso es que aún con todo decidí probarte... por eso aparecí como Muerte... tenía que demostrarme a mí mismo y también a mi padre que me querías de verdad... por eso me esforzaba tanto... lo llevaba minuciosamente planeado el que fuera casi imposible que pensaras que éramos la misma persona, con ayuda del Sr. Kim te engañé con los mensajes.... y suerte que mi disfraz me lo ponía con prótesis faciales... porque sino estaría seguro de que fácilmente me reconocerías... pero ese día no pude mentir más... me dolía tener que hacerte todo eso...

Me agarró las dos manos y me miró.

- Sé que he actuado mal, que te he herido muy profundamente... y que además de eso... he sido muy egoísta... Es cierto que a mi lado no tendrás una vida normal... no la vas a tener... por eso te decía que te quedaras con ese chico... porque estando conmigo solo lograré que tu seas cómplice de todo, ya que estoy siendo buscado con orden de arresto por varios delitos...

Me quedé helado.

¿Delitos?... pero si... no podía ser...

- Para ser aceptado por mi padre... he llegado a hacer cosas imperdonables mediando por él... Aunque es mi padre el responsable, nadie lo logra alcanzar, es mi cara, esta cara la que tienen, y desde el instituto no he parado de cometer un delito tras otro... he vendido droga... me he ocupado de recibir los pagos de los usureros...he chantajeado... he amenazado- me agarró fuertemente las manos- y he incluso... matado gente con mis propias manos...

Las declaraciones que me estaba haciendo lo estaban sobrecogiendo, realmente se veía afectado por todo. Y yo no era capaz de procesar tanta información chocante en tan poco tiempo.

¿Mi chico era un asesino? No, no podía ser verdad...

Lo miraba atónito buscando entender como terminara haciendo dichos actos tan deshonrosos, como llegara a aquello. Cómo fríamente había matado a un ser humano por sólo el hecho de contentar a un padre.

Sabía lo que pensaba y veía como mis ojos lo juzgaban, lo sabía, estaba juzgándolo, pero su expresión al ver mi decepción y sorpresa con un cruce de sentimientos que no lograba comprender, hizo que sus ojos se aguasen y apartara sus manos de mí bajando su mirada.

Me quedé helado cómo si una ráfaga de frío polar llegase a aquel recinto y nos congelara a ambos.

¿Pero quien era yo para juzgarlo? Cómo podría yo juzgarlo... estaba siendo sincero y contándome a mí su más oscura verdad...

A mí... a quien él amaba de verdad...

De sus ojos emanaban lágrimas de resignación. Sabía que no era algo que nadie podría comprender y yo atónito lo miraba mientras agonizaba sin un sólo quejido viendo como ese líquido salado resbalaba por sus más delgadas mejillas.

Fue ahí cuando comprendí lo delicado del asunto.

El estar con él, el querer siquiera amarlo, ponía en peligro no solo su identidad y la de su familia, me ponía en peligro a mí y sabía las consecuencias de sus actos al contarme todo aquello.

Aunque había hecho cosas atroces en el pasado, tenía un corazón puro y herido por la vanidad de un padre que no sabía apreciar a su más valorado tesoro.

Él mismo....

Ver aquello me sobrecogió de tal manera, sentir como se resignaba a ser rechazado sin siquiera quejarse.

No pude evitarlo, lo abracé. Era lo que más sentía, lo que me decía mi corazón que hiciese. Había sufrido demasiado y se le notaba apesarado por todas esas cosas que había tenido que hacer por solo agradar a un padre que ni siquiera lo apreciaba como un ser humano.

Su padre era una persona despreciable.

Escuché un sollozo de su parte como quedando incrédulo ante mi reacción y no tardó en reaccionar y apretarse fuertemente a mí necesitando aquel abrazo por mí parte de una manera casi desesperada, se apretaba tanto que sentía como mi ropa se humedecía con su llanto ahogado en mi pecho.

Me estaba partiendo el alma al escucharle llorar y noté como mi maldito mentón quería traicionarme así como mis ojos al ver lo destrozado que estaba.

- Eh... Junsu... no... Venga no llores...

Mi voz sonaba tomada, ahogada, conmovida por su reacción y sus lloros que había estado reteniendo en su interior tan frustradamente.

Eso nos reafirmó que los sentimientos que ambos sentíamos por el otro eran reales, el hecho de aún superponer mi amor por él a hechos atroces y posiblemente una vida llena de peligros, persecuciones, condenas y quizás la muerte eran meras cuestiones sin importancia.

Lo amaba y estaba dispuesto a si era necesario dar la vida por él.

En ese abrazo lloré junto a él, pero no lágrimas de sufrimiento, sino lágrimas de felicidad, una felicidad tan inmensa que me hacía sentir salir el corazón del pecho.

Al fin me sentía lleno, lleno de la persona que siempre había amado de verdad.

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Pasaron los minutos y dejé que se desahogase, era mejor así. Tan solo de pensar lo horrible que pudo ser haber cometido tantas cosas malas por el amor de un padre, me revolvía el estómago y me ardía la sangre.

Ahora más que nunca lamentaba el no haberle hablado de aquella, quizás ante todo habría tenido una vida más normal y yo le habría convencido para que no se dejase llevar por querer agradar a su padre.

Le habría enseñado lo hermoso que era y que ser diferente no lo hacía un defecto en la sociedad sino una persona especial.

Lo rodeaba con mis brazos mientras veía como ya se calmaba, apoyaba sus manos en mi pecho y dejaba su cabeza de lado apoyada en mis pectorales escuchando el latir de mi corazón.

Ese mismo que se sentía aletear como un pajarillo en pleno mes de Mayo.

- Por eso desaparecías... ¿verdad?... te buscaban, ¿no es cierto?

Noté como asentía con su cabeza en mi pecho. Acariciaba su brazo mientras tanto y me atreví a besarle su cabeza.

- Cuando te secuestre... te llevé conmigo en una de esas escapadas... y al regresar me llevaron al aeropuerto... salí del país en un jet privado destino Japón...-acomodó su cabeza en mi pecho suspirando- unas veces voy allí, otras a China o incluso Tailandia... me muevo por eses países... pero siempre permanezco encerrado ya que mi aspecto no es lo habitual... ¿dónde se ve un asiático albino?...- dijo riendo- no es algo muy común... soy un espécimen raro...

No me gustaba nada que se menospreciara a sí mismo por el hecho de ser diferente.

Él era incapaz de ver lo perfecto que era. No solo tenía un cutis claro, tenía unos ojos llamativos y preciosos, su pelo era abundante aún siendo tan claro y simplemente, me enamorara desde el primer momento en que lo viera.

- No eres un espécimen raro...- dije melosamente mientras acariciaba su mejilla- eres lo más hermoso que vi en toda mi vida...

Mi tono de voz susurrante hiciera que se dejara de apoyar en mi pecho y me mirara fijamente.

Mi mano continuó acariciando su rostro y él sonrió cerrando los ojos. Abrió sus ojos de nuevo y alzó su mano para acariciarme mi mejilla y acomodarme el cabello.

- ¿Y esto?... estabas celoso de mi hermosura que te pusiste rubio platino- dijo gracioso.

Sonreí y bajé mi mano por su cuello y hombro hasta acariciarle el brazo. Resoplé y puse una boca pensativa apretando mis labios.

- En realidad... - me reí tapando la boca con el dorso de mi mano y miré al techo, bajé la mirada y volví a apretar los labios utilizando mi mano libre para expresarme con ella- me habían salido canas y me iba a teñir de moreno... pero la tipa aquella peluquera me dejó así...- volví a agarrar a Junsu sonriendo y me fui acercando a su cara para mirarlo de cerca y susurrarle- no era por envidia de mi rosa de invierno...

Vi como quería evitar esa sonrisa y apretaba los labios mientras se le marcaban los hoyuelos a cada lado de la boca. Como me gustaban. Me miró con los ojos abiertos del todo y terminó por sonreír de lado.

- Era envidia a mi no me engañas...

Se echó a reír con esa risa que tenía tan particular que sonaba como "Eu kyang kyang" que tanto me gustaba y mirándolo de cerca me atreví a robarle un beso.

Me separé y se quedó atónito ante aquello. Pronto cambió su expresión a una juguetona y me miró con desprecio.

- Desgraciado... me has robado un beso...- intentaba parecer serio- te lo tendré que hacer pagar.

Esa cara, de nuevo aquella cara de lujuria que tanto me ponía y tanto echaba de menos.

No sabía que hacer, si ponerme a ello sin dudarlo y que notase mis ansias por el sexo; o jugar y seguirle el rollo para ver como terminaba la cosa.

Decidí jugar...

- ¿Ah sí?... ¿y como piensa el señorito hacerme pagar por un beso robado?

Me miró fijamente como siempre lo hacía cuando improvisaba el siguiente ataque. Se fue acercando a mi oreja poniendo mi pelo detrás de ella y me susurró...

- Demuéstrame lo que me amas ahora... y dejaré que me desvirgues por detrás....- me lamió la oreja y gimiendo continuó- más de una vez...

Me puse como un tomate. No me esperaba eso para nada.

¿DESVIRGARLO?.... ¿MÁS DE UNA VEZ?....... ¿EN SERIO?

Me había empezado a poner duro con solo escuchar lo que me acabara de decir,

Desvirgarlo... no había sido tocado por NADIE... Ya me estaba empezando a emocionar...

- A menos que no te parezca suficiente pago....

Abrí mis ojos como platos y no tardé en interrumpirlo y responder.

- ¡NO, NO, NO, NO!... SI YO, VAMOS BRR... ENCANTADO DE LA VIDA POR HACERME PAGAR TAL PRECIO...

Asentía como un tonto, ya se me caían las babas de lo que se me hiciera la boca agua.

Junsu sonrió con ojos sonrientes y se acercó a mí para darme un beso profundo y con intensidad mientras apoyaba sus manos en mis hombros y los agarraba.

El beso duró unos segundos y se separó de mí para mirarme a los ojos e incitarme con esa lengua que lamía su labio superior.

Miré fijamente aquella zona ahora húmeda por su saliva y fui abriendo mi boca lentamente hipnotizado con ello.

Junsu al ver que no reaccionaba, si no que me quedaba embobado, comenzó a atacarme sutilmente.

Se acercó a mi oreja de nuevo y la mordió levemente, mientras me hacía recostarme con un leve empujón que ejercía sobre mi pecho.

Lo miré cuando se separó después de lamerme la oreja, le acaricié la cara con mi dedo pulgar. Mis ojos no paraban de moverse mirando los suyos una y otra vez, notando como mis mejillas se tornaban rosadas del calor que comenzaba a tener.

Hacía tanto tiempo que no hacíamos el amor y sobretodo, jamás se lo hiciera, sentía que me había acostumbrado a ser el pasivo y esperaba que el empezase.

Su mano en mi pecho anteriormente, viajó hasta mi mano en su mejilla y la acarició. Cerró sus preciosos ojos gris- verdosos y me besó la palma de la mano al tiempo que sus dedos la atraían a sus labios agarrando los míos con delicadeza.

Entrecerré los ojos al sentir aquella jugosidad húmeda que me besaba con ternura. Eses labios viajaban por toda mi palma incluyendo los dedos, dándoles suaves besos hasta llegar a las yemas.

Paró de besarlos y lo miré algo acalorado. Solo eses besos tiernos ya me tenían ardiendo de deseo.

- Házmelo Jae...

Su expresión era una que jamás viera antes. Tenía el ceño fruncido con las cejas enarcadas pidiendo por ello, sin llegar a implorarme con cara de pena.

No, no era súplica, ni siquiera me rogaba. Solamente me pedía como prueba de mi amor por él, que demostrase cuanto cariño podía ofrecerle en una caricia tan íntima como aquella.

Realmente me miraba siendo serio, realmente me pedía sin bromas por medio o falsas esperanzas, que demostrara aquello. Aquello que siempre quise demostrarle, aquello que me moría de ganas de que supiese.

Dejando mi mano a un lado, se subió encima de mí y pasando ambos brazos por cada lado de mi cuello, me miró con una mirada llena de deseo y quizás sumisión.

Fue recorriéndome con sus ojos llegando a cruzar miradas, acariciándome el rostro, colocándome el pelo y sonriéndome con timidez mientras yo atónito lo miraba fijamente.

Entonces torpemente fui acercando mis labios a los de él entreabriéndolos y tragando saliva al mismo tiempo.

Veía como Junsu iba cerrando los ojos a medida que me acercaba a él y fue en ese mismo momento que sentí como mi sangre, paralizada anteriormente cuando estaba con Changmin, volvía a fluir por mis venas lentamente.

El primero nos unió en un beso dulce y amargo de aquel té.

Cerré mis ojos y nos separé para volvernos a juntar de nuevo en otro beso. Esta vez algo más intenso. Respiraba por mi nariz profundamente mientras aprisionaba sus labios color rosado. Empecé a abrir paso a mi lengua hacia aquel recoveco que hacía tiempo no exploraba.

Conseguí que rozase con sus labios primero y al separarlos y volverlos a juntar, rocé mi lengua con algo más húmedo y cálido que en el beso anterior. Junsu había puesto en marcha el sistema de respuesta inmediata. Sacaba su lengua y hacía el beso más profundo.

Se notaba como su ansiedad por aquello era más fuerte que la mía. Pero aún con todo se contenía y no me forzaba a apurar, estaba respetando mi tiempo aguantando sus ganas.

Dejó que yo tomase la iniciativa aún cuando notaba que quería algo más de rapidez, lo sentía en la tensión de sus músculos faciales.

Por lo que decidí apurarme más y posé mis manos en sus dos nalgas, acariciándolas suavemente y masajeándolas con mis manos.

Al notar como posaba mis manos en su trasero comenzó a incitarme. Parecía decidido a que lo hiciéramos de una vez. Aunque en realidad me sentía bastante inseguro al respecto.

- No... No sé si estaré a la altura...- decía totalmente inseguro mientras separaba nuestros labios y bajaba mi rostro.

En realidad, después de tanto tiempo sólo recibiendo, me había acostumbrado y no me sentía lo suficientemente decidido como antes de hacerlo la primera vez con él.

Junsu posó sus brazos en mis hombros y se incorporó acto seguido apoyando sus manos en mi pecho. Sentía como me miraba fijamente y veía cuán inseguro me encontraba en ese momento.

Pero fue esa caricia y posteriormente aquella forma tan delicada de levantar mi mentón. Que sentí una ternura por su parte que jamás habría esperado.

Pasó sus yemas por mi mentón elevándolas por mis pómulos, acariciándolos dulcemente cambiando a su envés para darme más cariño.

Lo miré fijamente a los ojos y vi como sonreían levemente. Su boca se abrió mostrándome una sonrisa totalmente encantadora.

Pero lo que vino después me dejó totalmente hipnotizado.

- Es por eso que te quiero tanto... tienes una naturaleza tan gentil, bondadosa, tierna y adorable... mi inseguro poeta... con sólo tus poemas y canciones me enamoraste... dices que no estás a la altura... pero no te imaginas lo insignificante que me siento a tu lado, las dudas que tuve siempre de que aquello fuera para mí... y no sabes lo agracedido que estoy a lo que hay allí arriba que una persona como tu me ame de verdad... no te imaginas las veces que he soñado contigo desde que te vi en el instituto... ¿Tu crees que solo era un sueño tuyo?... pero no era así... No te das cuenta de lo especial que eres... por eso eres tan único y valioso... sobrepasas lo que tu crees de lo que estás falto...

Abrí mis ojos como platos al escuchar todo eso. Él también me había considerado su sueño de instituto. Estuviéramos el uno enamorado del otro sin saberlo y el destino jugara con nosotros a su antojo para terminar al fin juntos.

Sonreí y él me devolvió la sonrisa tierna.

Ahora estábamos mirándonos fijamente disfrutando de la preciosa vista de la que cada uno había tendido fantasías de adolescentes. Veía esa parte de él tan parecida a mí, insegura y tierna que no había visto antes.

Me miraba tímidamente, queriendo apartar la mirada por vergüenza y sonriéndome mientras jugaba con los botones de mi camisa.

Debía ser una vez más su poeta.

Respiré hondo y fui acercándome lentamente pero con paso seguro hasta sus labios incorporándome y quedándome sentado sin apoyarme en ningún sitio.

Estábamos a centímetros de los labios del otro, con las respiraciones chocando y humedeciendo los labios del contrario. Hasta que al fin se unieron de nuevo en un beso dulce, tranquilo y sabroso.

Mis manos subieron por su espalda para apretarlo a mí, agarrándolo fuertemente contra mi cuerpo y ayudándolo a posar en el suelo. Me incorporé encima de él posándome lentamente entre sus piernas mientras me acercaba de nuevo y lo besaba con ternura.

Sabe Dios el tiempo que estuvimos besándonos simplemente con ropa puesta.

¿Sería por el frío de aquel lugar?... ¿Sería porque no habría prisa en hacerlo que queríamos poner nuestros 5 sentidos en ello?

Lo que estaba claro, es que ambos queríamos que durase lo máximo posible y esas prisas que antes tuviera Junsu, se habían apaciguado y dejaba que yo me ocupase de todo.

Dejé sus labios después de un rato. Me separé y miré su sudadera. Apoyé mi codo a su lateral en el suelo y mi otra mano libre fue bajando aquello que dejaría que su piel estuviese más próxima a ser tocada por mis manos.

La bajé lentamente al ritmo que la respiración calmada de Junsu, se podía sentir en su pecho subiendo y bajando lentamente.

Bajé toda la cremallera al completo y vi su pecho desnudo ante mí. Lo acaricié desde la cintura hasta su pectoral ligeramente marcado deteniendo mi dedo índice en el pezón. Lo acaricié levemente sin llegar a presionar demasiado y sentí como reaccionaba a ello. Suspirando llevo una de sus manos a mi pelo y empezó a entrelazar sus dedos en mis cabellos lentamente.

Lo miré a la cara y lo vi colorado mirándome mientras entreabría la boca y tragaba saliva después.

Me acerqué a su pecho que comenzaba a moverse de una manera menos relajada y succioné. Le succioné el pezón dándole besos y lamidas lentas después.

Su otra mano libre fue a mi pelo y entre ambas me fueron dando un masaje capilar mostrándome que aquello le gustaba.

Destapé el otro pezón y me dediqué a él. Mi otra mano se ocupaba del primero ya latiente de deseo. Se había alterado de tanto incitarlo y ahora se encontraba duro del roce.

Pronto su respiración comenzó a tornarse agitada. Su cuerpo empezaba a reaccionar deseando que tuviese más velocidad. Pero no era el único. Mis caderas se habían empezado a mover rozando ambos miembros uno con el otro.

Me encontraba excitado, Junsu también. La dureza de ambos estaba siendo aprisionada injustamente entre aquellas telas.

Dolía, dolía mucho, y molestaba ese aprisionamiento.

Sus manos algo alteradas terminaron por deshacerse de mi camiseta y subir y bajar desesperadas de aquel tacto entre nuestras pieles, que solo causaba más y más calor entre los dos.

Yo también terminé por despojarle de su sudadera y así ocuparme no sólo del pecho, sino de su cuello, hombros y brazos.

Era inevitable, sentía ganas de morder, quizás estaba tan muerto de hambre que no podía evitar hincarle el diente para así obtener un poco más de él.


Entonces llegó el momento crucial. Allí sobraba más ropa, había llegado un punto que sólo las caricias, lamidas o incluso mordidas, no llegaban a nada.

Y ese momento llegó cuando introdujo sus manos en mis pantalones y agarró fuertemente mis nalgas.

Solamente ese gesto, lo suficientemente simple, pero tan significativo. Me incitó deliberadamente a despojarnos de aquellas inútiles prendas deliberadamente.

La locura se había desatado y era imposible permanecer en aquella sola posición. La mesa me ahogaba entre tanto cojín y le pegué un empujón volcándola del todo y tirando los vasos al suelo derramando aquel líquido ya frío que todavía contenían en su interior.

Negué con mi mirada y seguí tan pasionalmente besándolo que era incapaz de parar.

Junsu había entrelazado sus piernas con las mías así ambos sentir mucho más fuerte el roce de nuestros miembros.

Quería entrar, quería entrar ya, pero había algo importante que tenía que hacer primero. Y eso era la preparación antes de introducirme dentro de él.

- Donde... está la vaselina...

Mi voz excitada salió para preguntarle o más bien afirmarle que tenía intención de utilizarla.

Pero parecía que Junsu en su excitamiento no me había escuchado. Por lo que volví a repetir y esta vez si me escuchó.

- N...n...no... ha...y... ni tam...poco co...ondo...nes- gimió besándome y ahogándolo dentro de mi boca mientras con su lengua quería acción.

Se aferraba a mí succionándome casi el alma. Me volvía loco. Era tan apasionado aún siendo esta vez el pasivo que me descentraba de lo que tenía que hacer y volvía a la carga mientras nos revolcábamos en aquel suelo.

- Ah...- decía gimiendo cuando me mordió el cuello- necesito... acostumbrarte... duele...

Debía pensar. La saliva era una opción, luego ya con mi propio presemen lo mantendría lubricado y no le dolería, pero no quería dejar su boca por irle a lamer la entrada, incluso si me chupaba los dedos sentía que se secarían al instante.

Eso pasaba por no tener el "Kit de auxilio"...

Pero fue otro líquido que sentí húmedo en su cabello de habernos revolcado por ese sitio; que fue el que me llamó la atención.

Los vasos que previamente había derramado se encontraban en el suelo allí vertidos, pero no totalmente.

Miré hacia uno que vi todavía contenía en su interior algo de aquel líquido que me ayudaría a lubricar su entrada sin tener la necesidad de dejar de atender sus labios por un segundo.

Alargué mi brazo y los mojé, suerte que todavía estaba allí. Agarré el vaso y lo puse de pié para que no vertiese lo poco que aún quedaba en el fondo.

Y fue posicionándolo que introduje el primer dedo en su entrada y lo moví.

La expresión de Junsu frunciendo ese ceño con los ojos cerrados le había tomado por sorpresa. Era activo, se notaba que como a mí de aquella, seguía sin hacerle gracia que introdujesen algo por detrás.

Observaba sus gestos sin parar de atenderlo una y otra vez. Escuchando atentamente sus quejidos que pronto se convertirían en gemidos.

- Tranquilo cariño...- le besaba la frente y le daba mimos que sabía que necesitaba. Me abracé a él y lo seguí besando con esa ternura que me incitaba a hacer.

Dos dedos. Y sus manos se pararan en mi espalda agarrándose fuerte a mí. Yo le respondí abrazándolo con el único brazo que me quedaba libre. Mostrándole toda la ternura que estaba dispuesto a darle.

Seguía gimiendo entrecortadamente y metí un tercer dedo no sin antes mojar su entrada de nuevo con aquel té.

Dolía, le dolía y yo lo sabía. Por desgracia para él la tenía gorda, mucho y mis dedos no eran nada finos, eran robustos y largos. Comprendía perfectamente lo que debían de molestar. Si a mi su miembro, que no era tan ancho como el mío me doliera, no quería imaginar que sería recibir no solo ese ancho, sino ese largo que yo poseía.

Lo estaba martirizando y todavía no había comenzado.

Lubriqué de nuevo su entrada haciendo movimientos circulares e introduciendo dentro, hasta el tope de largo de mis dedos. Una y otra vez, sintiendo su estrechez aprisionándolos en contra de aquel intruso que se quería meter posteriormente.

No paré de besarlo hasta que dejó de quejarse y comenzó a gemir, llevando minutos largos hasta que empezó a acostumbrarse.

- Métemelo ya Jae...

Su voz entrecortada entre gemidos y algún que otro quejido estaba haciendo que mi cuerpo hiciese lo que me pedía, aún siendo consciente de que mi mente me paraba y me decía que todavía no era el momento.

Al ver que todavía no reaccionaba, tomó la iniciativa y me volcó dejándome abajo.

Lo miré sorprendido y vi como comenzó a bombear mi miembro. Estaba decidido a sufrir de verdad.

Succionaba como bien sabía hacerlo, con esa pasión y desenfreno que tanto añoraba. Lamía mi punta, la mordía y soplaba.

Su maldita lengua lujuriosa se centró de nuevo en aquel orificio. Era tan malditamente sensual y obsceno que no tardé en notar como el presemen corría por mi pene saliendo por la única salida maltratada por su lengua.

- Ah... Junsu...- cerraba mis ojos fuertemente del placer que me otorgaba con solo ese gesto- maldito seas... no quiero correrme antes de tiempo...

Entonces sin previo aviso se subió encima de mí metiéndosela dentro y comenzó a cabalgar lentamente.

Abrí mi boca y estiré mi cuello al notar aquella entrada tan sumamente estrecha y como se ajustaba a mi miembro aprisionándolo y matándome de placer.

Mi mente quedara en blanco, con solo sus gemidos como las notas que llenaban la partitura libre de líneas por dibujar de mi cabeza. Una melodía tan perfecta que me hacía rozar el paraíso con la yema de los dedos.

Cabalgaba a cada rato más vertiginosamente forzando su entrada para darme placer absoluto. Mi espalda se encorvaba y mi cuerpo sufría de espasmos cada vez que hacía un movimiento inesperado.

Dejó de cabalgar y solo movió la cadera de manera serpenteante. Este chico movía su cuerpo como si hubiese aprendido a moverlo en una clase de danza del vientre.

Se posó encima de mí y me empezó a devorar los labios y a arañarme con sus uñas por todo mi pecho. Algo que hizo quejarme pero a la vez disfrutarlo aún más.

- Deja de pensar tanto y ¡FÓLLAME VIVO JODERRR!

Diciendo eso me pegó un bocado en el cuello haciendo que mi cuerpo sintiese querer terminar y mis instintos más básicos despertasen dejando a un lado todo pensamiento y raciocinio.

Le di la vuelta bruscamente y aprisioné sus manos encima de su cabeza. Me volví literalmente loco. Fuera como si hubiese sabido darme al botón de "Mode racional off" y mi yo más básico y animal saliese propinándole estocadas fuertes.

Mi cuerpo entero enloqueció y ya solo pensaba en terminar. Agarré su cadera como pude para adentrarme en él bruscamente y le propiné una y otra vez embestidas si cabían más fuertes que la anterior. Agarré su miembro y más que bombearlo normal lo estrujé como intentando sacar zumo.

Junsu gritaba, gritaba como si le estuviera matando. Entre una mezcla de sexo pasional a un límite extremo que más que dar placer parecía que lo mataba a polvos.

Me movía tan rápido que era incapaz de controlarme, ni siquiera era capaz de mantenerlo agarrado con mi única mano libre por lo que lo solté para no perder el equilibrio y poder centrarme a la vez en su pene; y él se agarró a mí clavándome las uñas al sentir como derramaba su semilla en mi mano.

Me quejé fuertemente mientras lo besaba de nuevo ahogando aquel quejido medio gemido entre sus labios.

Le propiné unas cuantas embestidas más mientras Junsu me mordía por donde veía y terminé corriéndome dentro de él.

Me sentía exhausto, tan exhausto que ni siquiera el sudor de mi frente me refrescaba. Me había muerto de calor.

Me quedé encima de su cuerpo respirando dificultosamente al igual que él. Y fui sintiendo sus besos en mi cara. Abrí mis ojos y lo miré.

Tenía la cara llena de marcas, los labios que eran rosados estaban rojos de tanto beso. Su piel blanca brillaba del sudor de ambos y su pelo estaba pegado a su frente.

Aparté su pelo y posé mi cara en la de él compartiendo el mismo aliento agitado, respirando el calor que el otro emanaba.

Lo besé y me abracé recibiendo el mismo abrazo por su parte. El beso fue largo y apasionado. Aún con lo cansados que estábamos nos besábamos como si todavía necesitáramos del otro.

Me volcó y se subió encima de mí sin dejar de besarme.

- Te amo Jae...

Eses ojos mirándome con un deseo tan tierno y esas mejillas coloradas me llenaban cada vez más aquel corazón. No podía ser más feliz.

Me amaba y yo lo amaba y ambos lo sabíamos y nos correspondíamos al 100%

Aunque habíamos dado vueltas en círculo, al fin nos habíamos encontrado.

Todas las penas y todo el sufrimiento habían valido la pena. Aquel instante era el recuerdo más valioso que jamás se me imaginaría retener en mi memoria.

Aquel día fuimos uno completamente. Nos entregamos y demostramos que nos amábamos hasta tal punto que confiábamos en el otro aún teniendo que enfrentar cosas horripilantes.

Al final, como decían en los cuentos de hadas, el amor triunfó entre los dos amantes y comenzarían juntos una nueva vida feliz y llena de perdices.

Ambos nos acurrucamos en aquel suelo dándonos muestras de cariño y ternura por el otro. Siendo completamente incapaces de pensar que la vida podría traernos un nuevo revés y que todo sería más que perfecto partiendo de ese momento.

- Yo también... te amo Junsu...

1 comentarios:

  1. Que capítulo super Hot,cuanto amor quede temblando gracias

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