Rosa de invierno. Cap. 17

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Como si me hubieran paralizado los ojos de medusa y me cuerpo se hubiera convertido en piedra, no me moví. Ni un sólo músculo de aquel cuerpo que yo habitaba se movía un solo centímetro.

Me había quedado tan sorprendido que el mismo chico cambiaba su expresión de sonriente a preocupación.

Miró lo que podía ver del piso desde la puerta girando su cabeza y luego me habló.

- Bueno creo que tengo una ligera idea del piso, me lo quedo- dijo sonriente- pero preferiría que me dejases entrar a verlo y hablar de los términos de contrato si no es mucha molestia.

Eses ojos me miraron sonrientes de nuevo y entonces fue cuando reaccioné.

Me dio un espasmo en el cuello que hizo que moviera mi cabeza y la bajé avergonzado pidiéndole por favor que entrase.

Pasó por delante de mí con esa sonrisa y eses ojos redondos. Apretaba sus labios con una sonrisa en ellos y fue mirando cada cuarto con detenimiento mientras yo le enseñaba.

Solo lo miraba furtivamente, ya que ahora me sentía avergonzado por esa reacción tan extraña que me diera. Pero para qué negarlo, aquel chico tan guapo dejaba a cualquiera de por sí con la boca abierta, y aunque no fuera por eso mismo, el hecho de que me quedara pasmado ante él fuera simplemente que jamás se me hubiese pasado por la cabeza que fuese él el que me llamó para ver el piso como posible inquilino.

- Me encanta el piso...- decía mirando el salón, se giró y me sonrió de nuevo- ¿donde tengo que firmar?

Sonreí levantando un poco la mirada y fui con él a la mesita de la cocina. En realidad era el primero y no quería que ningún otro ocupase el piso. Lo quería a él, y en verdad no sabía el porqué de esa fijación.

Ni siquiera lo conocía... ¿sería fiable?...

Charlamos de las condiciones del piso y de la cantidad a pagar. Todos los meses me pagaría unos 900,000 wones mensuales de alquiler con el agua y luz incluido. Dejándome un adelanto de la mitad como fianza para asegurarse el piso.

Estábamos ya por salir cuando me giré de repente casi chocando con él y le sonreí.

- Ten... tengo que comprarte todavía un colchón- dije apartándome y mirándolo tímidamente- El otro estaba muy gastado y no era para dejar a un posible inquilino. Compraré uno esta semana para que así puedas dormir confortable. Cualquier avería o cosa que pase tú me llamas y yo vendré a ocuparme de ella o yo mismo llamaré a quien sea para que arregle el problema

Sonrió y me acompañó a la puerta. Salimos de allí y cerré con pestillo. Fue extraño pero me pareció escuchar un sonido de su estómago... ¿Acaso no había cenado todavía?

Me miró y sonrió.

- Ah... aún no cené... que desastre... siempre ando tan ocupado con todo que es cuando me relajo que me suenan las tripas... perdón no quería ser maleducado...

Sonreí y lo miré a los ojos de nuevo y negué con mi cabeza.

- No te preocupes a mí también me pasa a menudo, yo también dejé el trabajo sin cenar- decía guardándome las llaves en mi bolsillo.

Pero aquello que me dijo, no sabía porqué acepté, no lo conocía de nada, pero accedí.

- Pues... ¿qué te parece si te invito a cenar?... sé que no nos conocemos de nada... pero no sé... me inspiras confianza

Esa sonrisa me volvió a dejar hipnotizado. Asentí con mi cabeza y cuando me quise dar de cuenta, ya estábamos mirando la carta en el restaurante cercano

Habíamos entrado en una típica casa de comidas japonesa que hacía uno de los mejores ramen que había probado en mi vida.

Nos sentamos en una mesa del fondo. Por suerte no estaba lleno el lugar y podíamos darnos el lujo de elegir e l mejor sitio.

Pedimos dos raciones de ramen, kimchi y pulpo salteado picante. Y por supuesto Soju.


Estaba alucinado de la cantidad de comida que había ordenado para los dos. Yo jamás comía tanta pero al ver como tenía ese cuerpo, lo comprendía todo.

Se sacó la chaqueta quedando solo en camiseta blanca de manga corta y cuello en pico, que dejaba entrever unos pectorales bien formados y morenos. Tenía un collar con cadena en su cuello y desaparecía por su escote.

Me miraba sonriente y yo estaba tan cortado que no sabía de que hablar con él.

- Estuve esperando a que me llamaras... pero nunca volví a verte por el río Han, ¿dejaste de correr por las mañanas?


Asentí levemente mientras subía mis ojos de su pecho y luego negaba cuando le miré a los ojos.

- Esto... no, no dejé de ir a correr... bueno no antes de dejar el trabajo que estaba realizando.

Eso pareció interesarle, apoyó sus codos en la mesa y agarrando una mano a la otra se las colocó debajo de la barbilla atendiéndome completamente.

- En realidad si que iba después para volver a hablar contigo y pedirte perdón por ser tan grosero y mal educado.

Sonrió ladeando la cabeza y negó.

- No te preocupes, todos tenemos nuestra vida, más o menos ajetreada pero es normal, no le des importancia. De que te podría hablar si no fuese de deporte y psicología.

Soltó una carcajada y dejando uno de sus dos brazos en la mesa la otra mano fue y se puso el pelo detrás de la oreja para mirarme de nuevo.

- La verdad no te voy a mentir, me fascinaste... no había visto alguien con esos rasgos jamás en mi vida. ¿Dime eres una celebridad?

Lo que dijo me sorprendió y puse cara como diciendo "no, ¿de verdad?" mientras negaba con mi cabeza.

- No, no soy una celebridad- reía abrumado- no tengo ninguna cualidad como tal. Las celebridades de hoy en día son gente sin carisma que solo aparentan ser personas que no son para llamar la atención de la gente.

El chico que quedó impactado con mi respuesta y abrió aún si más cabía sus ojos. Eran tan de cervatillo que me dejaran tonto admirándolo sin parar.

- Ya veo...

Llegó la comida y empezamos a comer. Estaba deliciosa como siempre y nos sonreíamos tímidos mientras disfrutábamos de la cena.

Un chico que no conocía de nada, pero que estaba cono un tren y que me invitaba a cenar... ¡Ese era mi día de suerte!


Se le veía tan adorable y sexy al mismo tiempo que no pude evitar pensar en alguien súper mono y que solo buscaba sexo como fuese.


Seguimos comienzo mientras me llamó la atención con los palillos de metal y sonriéndome me preguntó...


- ¿Cuando va s a decirme tu nombre? realmente me encantaría saberlo...

Lo miré tragando el arroz y sonreí bajando la cabeza para limpiarme los labios. Los apreté y levanté mi vista.

- Ah si, perdona... Mi nombre es Kim Jaejoong...

Sonrió tiernamente e hizo una mueca de desaprobación. Se echó para atrás dejando que su brazo medio colgase en la silla y cruzando la pierna mientras miraba al techo y luego me miraba de nuevo.

- Sabes... no me esperaba un nombre así... me imaginaba otro más como no sé... diferente...- dijo con ojos sonrientes- creo que prefiero llamarte bello desconocido, pero- se puso la mano del brazo que colgaba apoyada al respaldo en su mentón y comenzó a rascarlo- pero ya no eres un desconocido... ahora tendré que buscarte otro mote...- me miró fijamente- ¿no te importa verdad?

En realidad no sabía que decirle, pero no me gustaban demasiado los motes, prefería que me llamasen Jaejoong o incluso JJ, no me gustaban los motes diminutivos como Joongie, y no siquiera Hyung...

Aunque en realidad, al único que se le permitía decir ese último era a Junsu... sonaba tan lascivo y sexy... y sensual de su voz ronca y aguda cuando gemía que me excitaba cuanto o más que si gemía mi nombre.

Me tenía embrujado todavía.


Vi unas manos reclamándome atención y fue cuando me di cuenta, en mi ensimismamiento, que no estaba con él, sino con otra persona totalmente diferente.

- Te fuiste un rato bastante largo...

Lo miré y puse cara de arrepentimiento mientras reía intentando darle la menor importancia, moviendo mis manos señalándole que no.

- No hay problema... soy psicólogo... si necesitas charlar... quizás pueda ayudarte algo...

Lo miré enarcando mis cejas con cara de pena. En realidad sí necesitaba soltar mi frustración con alguien.

No tenía amigos de verdad para contarles todo, y menos para que lo entendieran o se pararan a entender, si él era un psicólogo... quizás... podría ayudarme, aunque solo fuese para desahogarme.

Pero como es normal y políticamente correcto me negué.

- No, no, pero si... no me conoces como podría... contarte mi vida y sus problemas sin más... me da cosa...

Se echó a reír al verme apoyar mis manos en mi regazo y bajar la cabeza todo colorado. Realmente si necesitaba soltarlo todo y que alguien me escuchara. Estaba tan frustrado con el tema de Junsu que no lograba avanzar...

Era consciente de que quería estar con Junsu, pero me tenía loco. Y la última pelea me trastornara bastante. Al haber cortado su explicación en el yate no hacía otra cosa de comerme la cabeza pensando "¿y si tenía una buena razón?" si así fuera no le había dado la oportunidad de explicarse. Yo mismo le había cortado al sentirme ultrajado.

Pero por otro lado nuestra relación fuera una tortura, no sólo me había engañado con dos personalidades diferentes, totalmente opuestas mejor dicho, y actos y palabras que no tenían su lógica cuando las decía mientras interpretaba un papel.

Que me pidiera que no volviera a trabajar a la empresa y que simplemente me quedara a su lado también fuera otro punto que me hiciera sentir una puta.

Yo no fuera una persona que estaba con nadie por su dinero o posición y era eso lo que tenía.

Estaba tan liado con todo y tan revuelta mi cabeza que no era capaz de centrarme en ningún sitio y en ninguna cosa...

Era frustración pura.


Al final de aquella cena lo acompañé a su coche, un BMW por cierto, parecía que solo se me acercaban chicos ricos; y fue allí donde me convenció para tener una sesión en su casa, pero en la nueva ya que al contarle por encima mis problemas me dijera que esa casa me traería los recuerdos más vivos y yo sería capaz de expresar mis frustración con más efecto y efusividad.

Parecía ser muy profesional en su campo.

Me diera incluso su tarjeta de nuevo. Seguía en aquella empresa trabajando de recursos humanos.

- Esta vez... llámame... ahora no soy un desconocido para ti, y por favor... no te ciegues en una persona como él, te lo digo como tu psicólogo, aunque me tienes que contar todo en detalle, seguro encontrarás a una persona mejor que no te trate como un juguete...

Al escuchar sus palabras miré al suelo. En verdad a veces me sentía como una muñeca hinchable. Solo me usaba para satisfacerse él.

Entonces sentí unas caricias en mi mejilla y sus manos levantándome el mentón para ver como su mirada preocupada estaba esperando reacción por mi parte.

Eses dedos, acariciaban mi rostro de manera suave, despertando mi sentido del tacto y erizándoseme la piel son solo ese roce.

Lo miré a los ojos fijamente y él se acercó a mí con torpeza dándome un beso en la mejilla. Me sonrojé y él se río mirándome de nuevo.

Se separó de mí y sin decir nada más abrió la puerta de su coche girando lentamente su mirada hacia mí y asintiendo.

- Te veré de nuevo en el piso dentro de dos semanas... a las 5 de la tarde... no tardes mucho, que a esa hora haré el café- entró en el coche y bajó la ventana mirándome a su lado- trae unas pastas para que las tomemos juntos... te estaré esperando.

Cerró la ventanilla y se fue desapareciendo en la esquina.

Me quedé allí parado con cara de incrédulo sintiendo su roce en mi mejilla todavía húmeda y caliente.




"Seguro encontrarás una persona mejor..."

Esa frase se repitió de nuevo en mi cabeza cuando volvía a casa andando. Me sonrojé tocando la zona besada por sus labios.

Se refería a él.

Miraba su tarjeta viendo su nombre y repitiéndolo en alto

- Shim Changmin... Shim... Changmin... Changmin...

Bajé mi mano mientras todavía sostenía la tarjeta y tragaba saliva al pensar en las posibilidades que me traía mi nuevo amigo.

Estaba decidido a intentar cortejarme. Parecía ir despacio y no se le veía solo obsesionado con el sexo como lo hacía Junsu.

¿Y si era él?... ¿Y si podría sacarme de una vez a Junsu de la cabeza con él?


- Un clavo saca a otro clavo...

¿Sería él mi oportunidad de encontrar a alguien con quien sí ser feliz?


En realidad tenía miedo, no quería volver a pasar por tanto sufrimiento. Quizás lo que sentía por Junsu era pena por su apariencia diferente y obsesión mezcladas y confundido con amor... o enamoramiento.

"Estoy enamorado de ti... Jaejoong... cuando aquella vez me dijiste que me querías... pude ver como esos ojos me suplicaban que lo amase.... Creo que deberíamos dejarnos de ver por un tiempo... para que pienses si de verdad me quieres...."

Flashes de aquel día cuando Junsu se hacía pasar por Muerte se repetían en mi cabeza.

Estaba demasiado confundido. Fuera tan real….

Como de costumbre, terminaban apareciendo eses recuerdos imborrables que me trastornaran tanto.

Si no hubiese sido todo así, si hubiese sido más valiente en el instituto.

Si aquella vez que lo tuve a dos palmos me hubiese acercado, hubiera sabido la verdad de aquella...


Ya no entendía que me dolía más, si el hecho de haber echado a perder mi vida durante tantos años centrado en una sola persona de la cual solo obtuve sufrimiento tras sufrimiento o el hecho de tener miedo de escapar de esa ilusión de lo que era el amor que había sentido durante tanto tiempo, y había desperdiciado cualquier otra oportunidad de ser feliz con otra persona por solo tenerla en mente.

Siempre en mente...


Ya no sabía cual era el significado del amor...


Llegué a casa y me eché en cama sin dudarlo más.


Estaba cansado de tanto trabajo y aquel re-encuentro con aquel chico me hiciera replantearme muchas cosas.

Definitivamente iría a la sesión en su piso nuevo.

Todavía tenía que hacer varias cosas antes de entregarle las llaves, como dar de alta el agua, la luz y comprarle el colchón.


Estaba deseando que llegase aquel día para volver a verlo y hablar sobre mis problemas.

Quizás no sólo sería una oportunidad de desahogarme, quizás sí podría ser esa persona que me curase el corazón...


Y lo enseñase a amar de verdad.

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