Rosa de invierno. Cap. 21

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Aquellos minutos que habían pasado desde que salió de la sombra del edificio y se pusiera delante de mí mirándome fijamente a los ojos me habían parecido eternos.

Notaba el sudor de mi frente enfriarse por momentos aún cuando el sol ya empezaba a calentar en aquella mañana de verano.

Sus ojos intimidatorios me miraban fijamente sin pronunciar palabras de sus labios y yo sentía correr, escapar en un principio al ver como su mirada me fulminaba y me chamuscaba hasta el alma.

Era tan penetrante que notaba como leía mis pensamientos con solo ver como levantaba la ceja.


No sabía que hacer, no sabía que decir. El miedo pronto pasó al darme cuenta que lo tenía enfrente de mí.

Mi flor, mi niño, mi amor, delante de mí... era real estaba en frente y no era producto de mi imaginación.

Mis ojos acuosos por la amargura que tenía por estar con Changmin habían cambiado a incredulidad y posteriormente a felicidad de habérmelo encontrado por fin.

Por fin estaba delante de mí y no movía un puto músculo ya que sus ojos me atravesaban como si fueran cuchillos de culpabilidad fríos como el hielo.

Mi expresión de tristeza inicial cambió a sorpresa y esa misma se volvió en pesadumbre y añoranza repleta del deseo de abrazarlo y sostenerlo entre mis brazos y jamás dejarlo.

Y fue cuando un mínimo músculo de mi cuerpo se movió que hizo reaccionar sus cuerdas vocales dejándome otra vez petrificado.


- ¿Así que esto es lo que me tengo que encontrar cuando me tenga que ausentar por largos periodos de tiempo?...

Su mirada seria cambió de expresión moviendo la cabeza. Era diferente, esta vez sonreía ladeado y eso sinceramente daba más miedo.

- Entonces... ¿se supone que si yo desaparezco por la razón que sea, aún siendo pareja me pondrás los cuernos con otro?

Bajó la cabeza y miró al suelo negando y poniendo sus manos en la cintura.

Levantó la vista y se fue acercando a mí lentamente para mirarme más cerca si cabía a los ojos. Me miró fijamente moviéndolos para ver la expresión de cada ojo y yo solo supe torpemente retroceder mientras aspiraba con mi nariz la inminente moquera que me provocaban los sollozos.

Me sonrió con una sonrisa pequeña apretando sus labios mientras tanto y respiró por la nariz cambiándole la expresión a una sonrisa forzada y dura apretando sus mandíbulas, viendo lo tirante que se le ponían de apretar tanto los dientes.

No sabía que contestar, estaba que todas esas acusaciones no las entendía.

¿Como que desaparecer?... ¿Como que siendo pareja?

¿Acaso no habíamos roto ya ese día que no volvió jamás ni a arreglarlo?


Lo miré frunciendo el ceño sin lograr entender a qué se refería.

- Tú... tú rompiste conmigo...

Abrió sus ojos al máximo y levantó las cejas exageradamente alto que desaparecían debajo de su flequillo casi blanco. Abrió su boca sonriendo con ella abierta y mirándome incrédulo por mis palabras.

- ¿Hice o dije yo algo que te diera a entender que ya no éramos pareja? - pronto me leyó la mente que comprendió todo lo que me refería- Oh, así que la pataleta que te dio aquel día y mi repentina desaparición te la tomaste como eso, como que habíamos roto...

Volvió a sonreír negando con su cabeza y echándose a reír poniendo su mano en la cara y levantando su flequillo al pasarla por su frente.

- ¿Sabes qué?... mejor dejémoslo así... porque sinceramente si por aquello me pones los cuernos con otro, entonces es que no tienes aguante... mejor dejar todo... mejor olvidarlo... tu... mejor quédate con él y se su puto... ¿que a fin y a cabo eso es lo que eres no?... que iluso e imbécil fui pensando que podrías comprenderme si te lo explicaba todo... pero sabes qué... es mejor así...

Mis ojos se aguaban al escuchar lo que me decía, ¿como podía ser tan cruel?... ¿como podría yo saber aquello?... ya me sentía bastante culpable por no darle la oportunidad de poder explicarse.

- Yo no... Yo no soy el puto de nadie...yo... Junsu... dame una...

Alargué mi mano hasta agarrar la suya, pero la rechazó y me cortó al instante.

- ¿Una oportunidad?... ¿acaso tu me la diste a mí?...

Eso me cabreó, él se había pasado engañándome y humillándome durante mucho tiempo. Lo agarré fuertemente con mis dos manos y lo zarandeé un poco debido a mis nervios y sentimientos encontrados. Sólo él me alteraba tanto.

- ¿Y tu te paraste a pensar en lo dolido que estaba por tener que soportar todo lo que he soportado, las humillaciones que me diste y aun encima un secuestro?

Me soltó forcejeando y me miró con rabia.

- Yo sí que tenía una buena razón para mis actos, razón la cual no quisiste escuchar... Pero tú lo tenías más fácil no... Seguro pensaste "un clavo saca a otro clavo"... ¿verdad?

Me conocía demasiado

- Eres tan patético que sé perfectamente las gilipolleces que se te pasaron por esa cabeza...

Se hizo el silencio entre ambos y vi como asintiendo con la cabeza se iba alejando poco a poco dándome la espalda.

- Hagamos de nuestra relación una laguna... olvídate de todo...- le notaba decepcionado en su tono de voz mientras se paraba de espaldas a mí- ódiame... prefiero que lo hagas... no te volveré a molestar... desde este mismo instante... ya no seré nada para ti...

Se giró y me miró con cara de pena, me destrozaba por dentro esa expresión. Se le veía tan afectado y triste que el arranque de mala leche que me hiciera sacar se volviera en pena por ambos.

- Yo... no volveré a hacerte la vida imposible... será mejor para ti de todos modos que desaparezca... mereces tener una vida normal...- sonrió mirando al suelo- conmigo no la tendrías jamás...

Volvió a mirarme dándome un último vistazo y se fue andando.

Se alejaba de mí, se iba otra vez de mi lado, me volvía a dejar solo, pero no quería, no podía, aún cuando lo odiaba por hacérmelo pasar tan mal, lo amaba, lo amaba, ahora sabía que lo amaba y no quería morir sin decírselo.

- Te amo....

Junsu se paró en mitad de la acera y quedó estático girando un poco el rostro y viéndole desde mi posición parte del perfil.

- Te amo... Junsu... te amo solo a ti...

Me iba a cercando poco a poco hacia él, no quería que escapara de mi vida de nuevo.

Llegué junto a él y solo pude lenta y torpemente abrazarme desde atrás. Pasé mis manos por su cintura y apoyé mi cabeza en su hombro. Por ese minuto que pasé abrazado a él me sentí en paz y quería que durase eternamente.

Pero ese sonido de molestia de su nariz y un suspiro por su padre seguido de una voz ronca y rota me había partido el corazón.

- Yo no... No quiero que te rías de mí... déjalo ir... lo intentaste... pero quien me iba a querer a mí de verdad y sinceramente después de todo aquello...

Me soltó las manos y bajando su mirada se quedó parado por unos segundos. Yo lo observé con los ojos acuosos e intenté mantenerlo entre mis brazos de nuevo, pero me rechazó.

- Olvídame...

Sus pasos lo llevaron a la limusina negra que esperaba por él. Yo solo pude ver como se metía en el coche, con su rostro algo enrojecido y con una expresión destrozada, estaba llorando...

Se me partió el alma y solo reaccioné al escuchar el sonido del motor, corriendo hasta su ventanilla y golpeándola fuertemente gritándole una y otra vez que no se marchase.

Pero no paró, ni bajó la ventanilla y aunque hubiese intentado correr por medio de la carretera detrás de su coche, desapareció a lo lejos adentrándose en la avenida.

Me quedé parado en medio del tráfico con miles de coches pitándome.

Mi respiración se había agitado y miraba el horizonte con una vista perdida al ver cómo se mezclaba entre aquella multitud de coches

Ahora ya lo había perdido completamente, ya no podría saber nada más de él.

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Pasaron horas desde que aquel desafortunado incidente pasó.

Mis pies me habían llevado sin rumbo fijo hasta un parque, cuando vi el primer banco de madera me senté mirando al cielo. El cual parecía querer acompañarme en mi dolor ya que estaba oscureciéndose con una nube de tormenta.

Bajé mi mirada al suelo y vi como el cemento de aquel paseo entre árboles empezaba a tener motitas de colores más oscuros cada vez más rápidamente.

Comenzó a llover y yo allí sentado veía como la gente se apresuraba a ponerse a salvo de la lluvia.

Me limité a mirarlos y a sentir el agua correr por mi pelo y cara, empapando mi cuerpo.

Ni las lágrimas del cielo podían consolarme al acompañarme en ese dolor, estaba hundido de nuevo y ahora era verdad, el sentimiento no era el mismo que cuando una vez me dejó como muerte, ahora me sentía completamente hueco. Como si mi cuerpo y mi cerebro solo contuvieran aire, ya que podrías hablarme al oído y retumbaría en su interior cada palabra.

Me empapaba cada vez más y aún sabiendo que podía pillarme un resfriado por culpa de esa mojadura, no me moví, solamente miraba a la nada como buscando el alma que me había sido arrebatada del cuerpo.

Mis lágrimas fluían en mi cara a la vez que las gotas resbalaban, y si alguien se fijase en aquella pobre y deplorable figura no verían signo de sufrimiento, no verían dolor, no verían desamparo, ni siquiera depresión.

Ya que estaba vacío de cualquier sentimiento.

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En el momento que Don Lorenzo, más comúnmente conocido como el astro solar, dejó de iluminar en el cielo todavía cubierto de nubes y la penumbra de la noche que acaparaba los cielos, sentía que me podría envolver completamente si no fuera por esos molestos farolillos que impedían que yo desapareciese del todo, decidí levantarme y dirigirme a mi casa.

A cada paso que daba apesarado, más me costaba llegar y me paraba. No quería afrontar la realidad, no quería ir a ninguna parte, solo quería desaparecer, esconderme en algún sitio donde nadie me viese o donde pasase completamente desapercibido.

No quería existir para nadie y estaba deseoso de que alguien se aprovechase de aquella decadente persona que paseaba por las calles perdido dando pasos sin ningún destino al que llegar.

Incluso me atreví a pasar por delante de unos vándalos con cara de gángsters, pero no resultó, cuando quería ser herido la gente pasaba de mí...


Al final llegué a casa y abriendo la puerta del portal noté como unas manos me ayudaban a entrar y abrir la puerta.

Changmin para mi desgracia se encontraba allí.

Levanté mi vista y vi como me miraba fijamente con una mirada seria.

Entramos en el hall de entrada y metiendo mis manos en los bolsillos no sabía que decirle o que hacer.

Se quedó por un momento mirándome fijamente y suspiró. Se acercó a mí y me abrazó.

Aquello realmente no me sentó bien, después de estar todo el día completamente vacío, volví a sentir mi ser, aquel odioso y putrefacto ser que ahora no tenía los cojones de decirle a Changmin que no lo amaba.

No dije nada, como el cobarde que era y me acompañó a la casa entrando conmigo, por primera vez en toda nuestra relación.


Entró y dejando las cosas en la entrada se apresuró a buscar el baño y me hizo entrar a toda prisa a la bañera.

Ni yo mismo me había dado cuenta que temblaba de frío y tenía el cuerpo calado hasta los huesos.

Me desvistió y encendiendo el agua tibia me hizo entrar con él vestido, acercándonos posteriormente a la alcachofa y mojándonos completamente, agarrándome fuertemente contra él y hablándome bajo me dijo.

- Que sea la última vez que desapareces así... ¿Sabes lo preocupado que estaba cuando recibí una llamada avisándome de que no habías aparecido en todo el día en el trabajo?

Entendía completamente su posición, pero ahora me sentía egoísta, no lo quería más a mi lado y lo peor era que era tan sumamente débil que acabé cediendo a su abrazo apoyando mi cabeza en su hombro y agarrando su brazo con mi mano mientras veía como la mampara se salpicaba de gotas de agua.


Cuando entré en calor y los labios amoratados del frío se me volvieran rosados, Changmin me secó mientras se sacaba la ropa y ponía mi albornoz en vez de la ropa empapada. Me acompañó a mi cuarto mientras sus manos me daban calor a los brazos me sentó en la cama y me buscó un pijama largo.

No me quejé y acepté lo que hacía por mí. Me vestí con su ayuda y me metió en cama al instante mientras él metía su ropa en la secadora.

Desde mi cama miraba al techo y aquellos muebles y aquellas pinturas, toda la decoración gótica que una vez decorara para mi amada rosa de invierno estaba matándome por dentro tanto que fue en aquel momento que me retorcí entre las sábanas y me eché a llorar a lágrima viva con llanto incorporado.

Fuera un mierda, no solo no le había dado la oportunidad a mi amor de explicarse sino que ahora engañaba a otra persona. Una persona que no amaba que solamente utilizaba y que no la quería más cerca de mí, la misma que se encontraba cuidándome y temía que supiese la verdad de mis actos, de porqué lloraba y el porqué de todo.

Era, fue y siempre sería el que no quería allí a mi lado. No lo quería cuidándome aunque fuese mi actual pareja, yo quería ver a otro, amar a otro, besar a otro y dormir con otro el resto de mi vida.

Ese alguien que había perdido por ser un imbécil integral, ese al que solo veía inicialmente como un capricho y una obsesión, el mismo por el que lloraba tan desconsoladamente.

Aún con Changmin allí tumbado encima de mi cama dándome apoyo moral no dejaba de llorar, me hacía más daño todo y sobretodo tenerlo conmigo allí que otra cosa.

Prefería estar completamente solo

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Después de quizás horas, estaba girado a un lado de la cama mirando a la pared lateral de mi cuarto iluminada por la leve luz de la lámpara de la mesilla, mientras sentía la respiración calmada de Changmin y su cuerpo tumbado a mi lado, con mis lágrimas cayendo por mis mejillas dibujando surcos.

Entonces fue cuando pronunció el siguiente conjunto de palabras.

- ¿Esto es por él verdad?... Lo has visto de nuevo, ¿no es cierto?

Era tan evidente que sabía perfectamente que me había pasado. Y no se necesitaba ser un genio para saber que algo que me afectase tanto solo podía ser de una cosa, o más bien por una persona.

Asentí con mi cabeza mientras me volvía a acomodar la sábana tapándome mitad de la cara con ella.

Sentí un sonido de desaprobación por su parte y un suspiro y como se ponía pegado a mi espalda e intentaba darme ánimos con caricias en mi brazo.

- ¿Te dijo algo malo?

Negué con la cabeza, aunque si me dijera, eran cosas que sólo podíamos entender los dos, y no quería que se entrometiese más. Y por una vez en nuestra relación le dije lo que pensaba.

- No quiero que me preguntes por esto más... no me agrada... no quiero que te siente mal pero... quiero dormir solo hoy... lo siento.

La mano cariñosa de Changmin paró de hacerme caricias y noté como sus ojos me miraban fijamente. Apartó su mano bruscamente y me giré viendo como me sonreía con los labios apretados.

Asintió y levantándose de cama fue a ver si tenía su ropa seca de la secadora. En efecto la tenía y no tardó nada en ponérsela.


Una vez se la puso vino a mí de nuevo y se agachó frente a la cama mirándome a los ojos.

- Mañana vendré de nuevo... no hagas locuras... y hazme el favor de ir a trabajar mañana, ¿de acuerdo?... que sea la última vez.

Se acercó a mí y me dio un beso en la frente.

Desapareció por el umbral de la puerta del cuarto y acto seguido la puerta de fuera se cerró.


El silencio se hizo en mi cuarto, cualquiera pensaría que me sentiría solo y abandonado. Pero por el contrario me sentía más aliviado ahora que no estaba.

Cerré mis ojos y suspiré. Tenía que encontrar la manera de volver a ver a Junsu.

¡Estaba decidido a volver a verlo!

¿Pero como?


Reaccioné al instante recordando mi antiguo móvil, justo el que dejara de usar. Tenía que estar por algún lado.

Me levanté de mi cama como un loco dejando la habitación, el salón y todo lo que se pusiera en mi camino patas para arriba para encontrar el móvil.

Pero no lo encontré.

Me revolvía el pelo dando vueltas por mi cuarto pensando y pensando, forzándome a encontrar una solución a esas altas horas de la noche.

No tenía forma de saber donde vivía ya que siempre era él quien venía a mi casa. Mi móvil tenía el móvil que era de Muerte, pero nunca jamás volviera a funcionar, ni siquiera tenía los móviles de nadie que lo conociese o me pudiera poner en contacto con Junsu.

Entonces recordé, el subordinado que yo creía su padre.

Busqué mi móvil y miré la agenda, todavía seguía allí su número, pero era tarde, demasiado...

Aún así lo intenté, le pediría mil perdones por molestarlo a esas horas, estaba decidido a darle lo que fuese con sólo recibir una respuesta por su parte.

Un tono, dos tonos.... tres tonos....

Pero nadie cogía el móvil, ni lo descolgaba.


- Maldita sea....

Volví a intentarlo, pero nadie me lo descolgó... Me desesperaba, ahora sí que lo hacía.

Lancé el móvil a la cama y me apreté las manos a la cara queriendo arrancarme la cabeza.

- ¿Quien crees que te va a coger el móvil ahora imbécil?... son las 2 de la mañana.... deberías irte a dormir y dejar de pensar estupideces... si es un subordinado como dice y sabiendo que Junsu no me quiere ver ni en pintura... ¡Como se te ocurre que te vaya a dar el número!

Me recriminaba a mí mismo por la estupidez que se me ocurriera y al instante me mentalizaba en calmarme.

- Mañana inténtalo de nuevo... no pierdas la esperanza, Junsu no te puede odiar tanto... ¿o sí?...

Ya no quería pensar más o me volvería loco de verdad.

Me volví a revolver el pelo e intenté centrarme. Mañana iría a trabajar y en el descanso de la comida llamaría de nuevo al Señor Kim... o como se llamase realmente.

Me metí de nuevo en cama y con el único pensamiento de que tenía que ver a Junsu fuera como fuese me fui quedando dormido en mi cama.

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