Rosa de invierno. Cap. 26

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".... Tírate por un puente..."

Como siempre no era otro sino Junsu el que me dejaba con la palabra en la boca. Y siendo él el último en hablar, me colgó.

Era el colmo, ahora me decía que para demostrarle lo que le amaba me tenía que lanzar por un puente.

Estaba demente...


Pasé el resto del día en silencio, meditando la manera de poder encontrarme con él de nuevo. Estaba todavía molesto por los cambios de pensamiento que tenía y sobretodo el hecho de que por mucho que hiciera seguía sin convencerle de que lo amaba de verdad.

Me rascaba la cabeza mientras estaba tumbado en mi cama boca abajo y con las sábanas por encima de mí. Estaba cubierto de pies a cabeza asándome por la colcha que no la sacara de la cama.

Resoplaba al recordar sus palabras que no se iban de mi cabeza de una vez. Era incapaz de dormir...



La mañana llegó, como siempre todos los lunes tenía que madrugar y seguir con el ritual. Despertar, levantarme, ducharme, afeitarme, acicalarme, desayunar y vestirme para irme a coger el bus destino a mi trabajo.

Pero ese día no me sentía con ganas de querer trabajar. Ya que me quedé en la parada del autobús mirando al suelo con la mente en blanco mientras el bus que me llevaba a la parada de mi trabajo me habría las puertas, y al no ver reacción por mi parte, las cerró y se fue.

Estuve sentado en la marquesina mirando al suelo con mi cartera del trabajo en mi regazo. El viento mecía mi flequillo dorado revolviéndomelo mientras veía la gente ir y venir en el bus. Subiendo y bajando en la parada mientras yo seguía allí sentado sin moverme.



Al darme cuenta de la hora del día miré mi reloj viendo como habían pasado más de 3 horas. Mi jefe estaría llamándome como un loco, pero me había cerciorado de apagar completamente el móvil ayer de noche para poder dormir y todavía no lo había encendido. Ahora estaba incomunicado y nadie podría dar conmigo.


Y sólo había una cosa que me perturbaba, que no me dejaba seguir. Lo que Junsu me dijera el día anterior me había removido el interior.

De verdad tenía que demostrarle mi amor al lanzarme por un puente abajo. ¿El se refería a puenting? o ¿simplemente que me tirase al agua del río Han?

Eso más que una muestra de amor, era como firmar un papel para ir directo al otro barrio.


Entonces sin saber porqué, me levanté de allí, meditando, recapacitando y pensando qué sería lo correcto hacer en ese caso.

Sabía que era una locura el tirarse simplemente por un calentón de mala leche que le había dado.

Pero por otro mi interior sólo me decía y afirmaba que siguiera lo que mi corazón me dictaba, que algo bueno saldría de todo aquello...


Sinceramente, ¿Qué podía salir de lanzarse al vacío, más que contusiones y/o quizás una muerte horrenda por ahogamiento?...

No sabía si estaba preparado para dicha demostración de amor. En realidad no sabía si quería hacerlo.

Lanzarme, solo un loco haría eso.

¿Tanto amaba yo a Junsu?... ¿Tanto estaba dispuesto a perder que mi propia vida solo por seguir un impulso que había tenido por haber estado discutiendo?


Simplemente, seguí lo que mis pies marcaban, cada paso me acercaba más a mi destino y fue levantando la vista del suelo que me cercioré de lo que estaba apunto de cometer.

La mayor locura que había hecho en toda mi vida.


El semáforo estaba en rojo y yo como el resto de los peatones inconscientes de tener un suicida a su lado, esperaban con paciencia a que el paso de cebra cambiase su color a uno más esperanzador, el color verde.

Los peatones comenzaron a andar y yo como otro más, mezclado entre la multitud, fui dando pasos lentos pero seguros, con mi vista fijada en mi objetivo. El puente Bampo, también conocido como la cascada arco iris.

Me dirigí como el resto de peatones por el primer nivel del puente. Toda persona que quisiera ir al otro lado del río tendría que pasar por allí.

El puente Bampo, que tantas veces había visto por las noches iluminarse con sus colores, haciendo de ello algo precioso. Ahora sería mi sino.

Así estaba escrito...

Así tenía que ser...


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Meditaba en mitad de aquel recorrido de 1km de largo. Miraba el agua y pensaba que antes de lanzarme debería por lo menos decirle a Junsu, cuan dispuesto estaba a hacerlo.

Ya no perdía nada.

Encendí el teléfono, marqué mi contraseña. Ya me encontraba listo para llamarlo.

Sonó un tono, dos tonos... tres... y descolgó. No dijo nada solo escuché el refunfuñar de su nariz al saber que era yo.

Lo saludé con un hola tímido y él hizo lo mismo, pero un hola algo alterado todavía.

Me quedé callado, decirle que iba a hace lo que me había pedido resultaba más difícil de lo que imaginaba. Escuchaba como estaba impaciente y fue el siguiente en decir algo, un poco más calmado.

- ¿Ya... has roto con Chanbin?...

Otra vez esa misma pregunta, y yo sin poder responderla. Esperé unos minutos, realmente no sabía como decírselo.

- No es Chanbin es... - suspiré negando con mi cabeza ya que me iba del tema- yo... no...No he roto con él, pero... no llamaba para eso...

El temperamento de Junsu se podía escuchar con su respiración agitada al expirar una gran bocanada de aire.

- Entonces para qué hacer perder mi tiempo, si no es lo de la ruptura... ¿Que otra cosa me puede interesar viniendo de ti?

Ese ruidito de molestia que salía de sus fosas nasales me demostraba que estaba decepcionado de nuevo conmigo, pero eso no sucedería más.

- Te he llamado porque voy a demostrarte lo que realmente te amo... no sé que podrá pasar... pero quiero que sepas que yo...

Junsu me interrumpió antes de dejarme terminar.

- ¡YAH!... ¿Cómo que no sabes lo que va a pasar?.... Jae... no me jodas...

Lo mandé callar con un "shh" muy lento y calmado como mi voz que continuó hablando.

- Tienes razón, soy un cobarde, estuve obsesionado contigo, no te sabía apreciar y fue apareciendo Changmin en mi vida que supe realmente a quien quería, que lo que sentía en el instituto no era una fijación, era real y que confundí mis ganas de estar contigo con obsesión, era demasiado posesivo y lo quería todo al instante, me pasé y casi te fui infiel con tu otro yo. Yo me había hecho una ilusión falsa contigo... aquellas cartas, aquellos poemas que una vez mandaste que me robaran eran puros, pero cuando nos encontramos en aquel callejón no sé que fue lo que me pasó... simplemente me dejé llevar por un yo que no sabía que existía siquiera...

Hice una pausa respirando aire profundamente y cerré mis labios apretándolos mientras miraba al frente.

- Te imaginé como yo quería que fueras... y cuando me demostraste tu ser real no te acepté, no quería creer que aquel ser mezquino eras tú, no quería escucharte, ni atenderte... era más fácil el hacerse el ofendido que dar un voto de confianza a la persona que había jugado con mis sentimientos. He pensado mucho sobre todo este tiempo... y he llegado a la conclusión de que por una muy buena razón, que rehusé a escuchar, habías hecho todo esto... ¿Tan duro tiene que ser tú?...- me rasqué los ojos al sentir como unas lágrimas furtivas querían escapar, mi corazón se encogía y mis labios se apretaban de nuevo con un tembleque que anunciaba un pronto lloriqueo.

Volvió a hacerse el silencio y mis lágrimas caían por mi rostro. Era muy difícil decirle esto.

- Es por eso que quiero demostrarte lo que estaría dispuesto a hacer por ti, no importa lo dura que sea la verdad... no me importa que sean cosas malas, me da igual sea lo que sea... lo único que quiero y que he querido siempre es estar contigo... y es por eso que voy a hacer lo que me pediste ayer.

Escuchaba como Junsu negaba y no quería escuchar, sabía lo que iba a hacer y me chillaba para que no me lanzase intentando convencerme para que así no llevase a cabo mi plan.

- Ya es un poco tarde... solo tengo que saltar la barandilla...- sonreí con pesadez y miré al agua- sé que soy consciente de que no sé nadar... y sé que una vez salte no habrá vuelta atrás... pero no me va a importar arriesgar mi vida si así aceptas que te amo... te amé desde el mismo momento que te vi en nuestro instituto... ojala pudiera ir hacia atrás en el tiempo y hablarte cuando tuve la oportunidad cuando éramos más jóvenes...- me reí dentro de mí con mi nariz como hacía él- quien sabe... quizás ahora mismo estaríamos juntos... Te amo Junsu... jamás te olvidaré...


Apagué el móvil ya con la congoja que apretaba mi corazón estrujándolo y haciéndome llorar desconsoladamente.

Quien me iba a decir que terminaría en ese sitio, con esa locura en mente y apunto de hacer una real locura.

Me impulsé y con fuerza subí a la barandilla en la cual quedé de pié mientras miraba al vacío.

Escuchaba los gritos de la gente asustada por el acto de "suicidio" que iba a cometer y los miraba como pidiéndoles que no me juzgasen y que me dejasen tranquilo

Realmente no quería ser el centro de atención de la gente. Quería tener mi mente despejada para poder lanzarme, no me hacía gracia que me estuvieran mirando, me desconcentraban...

Entonces decidí que lo mejor que podía hacer era centrarme en lo mío y decidir el momento en que debería saltar.

Me concentré mirando esas aguas como fluían, recordando que lo que estaba haciendo no era para armar un espectáculo sino para que solo una persona tomase ese acto como un acto desesperado de demostrar amor.

Tenía que ser la hora, tenía que lanzarme, dios diría que pasaría después. Ojala saliera vivo para poder reunirme con Junsu y ser felices.

Tocar su piel y besar sus labios era lo que más deseaba en ese momento. Oler su aroma, ese aroma en particular que lo hacía tan especial, tan puro y a la vez tan lleno de lujuria que solo podía pertenecer a él.

Cerré mis ojos viendo su imagen en mi retina grabada y decidí a dar el paso...

- Te amo Junsu...

...

........

Pero, por ironías de la vida....


Alguien me agarró y tiró de mí con fuerza haciendo que cayese al suelo y me golpease en todo el culo.

Me revolví en el suelo pero los policías que me habían impedido mi demostración de amor, me habían agarrado bien y esposado me llevaron a comisaría a pasar la noche.

-------



Como cualquier alborotador más que estaba en aquellas celdas me dieron la oportunidad de hacer una llamada. Pero no llamé a nadie de mi familia, ni a Junsu siquiera, llamé a Changmin. Pero no cogía el móvil tampoco.

No podía esperar más. Tenía que dejar claro que no volveríamos a vernos.

Rompí de la única manera que me había brindado. Por teléfono y a su contestador.

Al colgar me llamaron para que fuera a la celda y así fue.

Me metieron en ella y yo me senté en la litera de arriba mientras me tumbaba y suspiraba por no haber llevado a cabo mi plan.

Ahora tendría que lidiar con unos cuantos días presos sin que nadie excepto Changmin lo supieran. Hice un sonido de molestia con mi boca y me giré sobre mí mismo mirando a la pared.

Pero el sonido chirriante de las rejas me sacó de mi concentración de contar azulejos y miré a donde provenía el chirrido y abrí mis ojos como platos.

- ¿Que...?

Me señaló que saliera y que me fuera que alguien había pagado por mi fianza.

¿Acaso había sido Changmin?...

Ahora si que me daba palaco verle la cara. Ya que si se encontraba allí es porque había escuchado el mensaje.

No sabía ni como mirarlo, yo acabara de romper con él y ahora se encontraba allí pagando por mí, por un acto horrible y sin sentido que había estado apunto de cometer.

¿Que era lo que me daría mas palo al verle?, afrontar que me quise matar o por el hecho de que aún acabando de romper de la forma más cobarde, él viniera a salvarme de las rejas de aquella comisaría.

Camino de la salida llegué a recepción, pero no fue a Changmin a quien vi... sino al Señor Kim, el subordinado de Junsu que me sonreía cordialmente.

Yo abrí los ojos como platos nada más darme cuenta de que no había sido quien yo había pensado que había pagado por mí.

Aquello realmente fuera una sorpresa, y una sorpresa grata.

El Señor Kim me sonreía nada más verme y les daba las gracias por haberme parado en mi locura mientras me pasaba la mano por el hombro y me miraba.

- Vamos hijo... volvamos a casa...

El policía me miró y replicó al subordinado de Junsu que me controlase más como su hijo. El Señor Kim y yo nos miramos y sonreímos mientras salíamos de aquel sitio.

Una vez fuera no supe qué decir o qué hablar, estaba atónito de lo que acabara de suceder. Y él al ver como movía mis labios intentando articular palabra mientras sonreía incrédulo por su "salvación" me sonreía una vez más y me señaló que enrase al coche.

Me puse nervioso, no sabía porqué. ¿Quizás esperaba que fuese Junsu quien me había pagado la fianza?... ¿Pero como era posible?

Condujeron un largo camino y yo miraba a todos lados intentando recordar las calles y la carretera que me llevaría posiblemente a la casa de Junsu.

Cogimos la autopista y nos fuimos lejos, muy lejos, pasamos las montañas y nos despedimos de Seúl. ¿A donde era que me llevarían entonces?


A las afueras de la ciudad, uno o dos kilómetros nos adentramos por un camino lleno de árboles. Miraba por la ventana viendo que solamente se veían árboles y fue allí dándome cuenta que por alguna razón tenía que tener la casa tan lejos de todo.

Seguimos por ese camino y dimos a una carretera nacional. Era largo el trayecto. Sin saber porqué me dio miedo tanta vuelta y comencé a sentirme nervioso a cada momento.

Pero al final llegamos a un pueblo, un pueblo muy pequeño y pasaron de largo por la calle principal. Las calles eran pequeñas y la gente estaba fuera al sol aprovechando que todavía hacía bueno.

Veía campos sembrados y gente cultivando cuando salimos de allí. Encontrándonos casas, casas de estilo muy occidental. Tenía un cerrado y había más como esas. Parecía una urbanización hecha para gente pudiente.

Entonces sentí el intermitente del coche y como se metía por una de las calles y paraba momentos después. Me hicieron bajar y me indicaron que timbrase a la puerta lateral de forja. Acto seguido se fueron girando en la siguiente intersección.

Miré aquella puerta dudoso de qué podría aparecer y no dudé más. Piqué el timbre y escuché como me daban permiso desde dentro.

Abrí la puerta empujando y me encontré con un maravilloso jardín, lleno de árboles y plantas. El suelo tenía un caminito que llevaba al centro de aquel jardín, tenía piedra caliza que hacía aquel sendero entre los árboles de diversas especies. Mientras andaba podía divisar todo el jardín. Era inmenso.

Pasé por una especie de puente diminuto de madera que permitía el paso entre aquel estanque de carpas. Me maravillé al verlo. Era realmente como un sueño.

Un sauce llorón se encontraba en el centro de aquel precioso jardín y escuché como la puerta de la casa se abría sin que nadie saliera de allí.

Dejé de centrarme en aquel jardín y me dirigí a aquella entrada que se encontraba entreabierta.

La abrí y tragando saliva vi el interior de aquella impresionante casa. Me asombré de su decoración barroca, como del neoclasicismo occidental, lleno de mármol rosa y de otros colores en el suelo, las columnas. Y lámparas de araña en el techo. Pero no fue eso lo que más me llamó la atención.

Absolutamente todo, la decoración, las estatuas, los retratos y todo era barroco, incluso el techo tenía dibujos como de Miguel Ángel.

Sentía como estar en la Capilla Sixtina del Vaticano. Era realmente asombroso. Todo brillaba como si fuera realmente de oro, plata y bronce.

Caminé y caminé hasta llegar a una sala donde escuchaba estallidos como de madera al quemarse y fue entrando que lo vi allí.

Mi rosa de invierno se encontraba en una especie de bata de raso mirando el fuego absorto por la magnificencia del fuego.

Después de tanto, mi cuerpo reaccionaba temblando, ver su figura era como un espejismo...

Como un sueño del que no quería despertar.

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