Adictivo

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Título: Adictivo.
Autor: Xochiquetzal
Pareja: MinSu/SuMin
Género: Lemon
Extensión: Oneshot
Nota: dedicado a You, Natsumi Naoko, chagminxiah y a Yunnie-buns por su infinita paciencia y su apoyo en JdN.
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Lo que le gustaba de estar con Junsu era el control, era esa magnífica y gratificante sensación de poder manejar su cuerpo, de hacerlo bullir y responder en contra de su voluntad.

~*~

“Qué onda. Mañana voy a pasar por unos libros a la uni y luego a dar un rol a ver a dónde, ¿te apuntas?”

Se mordió el labio.

Vaciando su mente envió el mensaje y dejó el teléfono sobre el borde de la terraza. Se estiró bostezando a sus anchas, con el rostro apuntando hacia el estrellado orbe.

La noche era cálida, tranquila, nadie pasaba debajo de su balcón. Una noche desierta.

Respiró hondo queriendo exhalar las preguntas, las dudas… la idea del rechazo…

La tenue luz de las lámparas se regaba limpia sobre el asfalto, dándole algo en qué entretenerse al hacer destellar el marco de la puerta del edificio, los manubrios de las bicicletas estacionadas en la entrada. Un viento suave sopló acariciando la piel descubierta de sus brazos y su roce se tornó en un sensual paralelismo. Cerró los ojos disfrutando ese tacto desconocido, familiar en la oscuridad.

El teléfono rompió todo vibrando ruidosamente. El estómago le dio un vuelco.

~*~


Había veces en las que no sabía qué hacer, dónde quedarse para que su cuerpo no fuera un estorbo para sentir su mente, cuando la ciudad le parecía extraña, un monstruo solitario que lo absorbía todo y lo dejaba varado entre el frío concreto; las personas testigos grises de cartón que observaban si se detenía y se mofaban internamente de su azoramiento. En un momento así, por casualidad, por destino… por algo, se sentó en una parada a esperar la calma de un autobús que no vendría, entonces, habían cambiado de ser simples bancas y anuncios de cristal a un refugio abierto: podía sentarse ahí el tiempo que fuera, no sería extraño, nadie inquiriría con su puntiaguda mirada, sólo sería uno más, un perdido camuflado por el colectivo de los que esperan el autobús de las 5:13, o cualquier otro.

Por eso había escogido ese punto para verlo.

Respiró hondo y consultó su reloj: faltaban diez minutos, lo que significaba que seguramente lo tendría ahí dentro de cinco. Bostezó suavemente, como si esperar lo aburriera, escondiendo la fuerte pulsión de su cabeza, esas múltiples posibilidades que se acercaban entre los pasos del segundero. Dirigió la vista más allá de su libro y se fijó en las sedosas medias negras y las zapatillas rojo brillante a su lado, al otro unos estrambóticos dunk high plateados con rosa y negro y pantalones de tubo, luego un par de zapatos negros de metedera y calcetas de colegio, un espacio vacío, y más allá… unos fórum mid negros con blanco caminando hacia la parada, acercándose a donde él estaba sentado. Fingió seguir leyendo su libro como si nada.

-Ya llegué- anunció el otro sacudiéndole el hombro. Changmin levantó la mirada lentamente, fijándose en las agujetas medio desatadas, casi sin querer en los pliegues de los pantalones de mezclilla que delineaban sus piernas torneadas y la perfecta S, en su camisa prearrugada (manga ¾) y finalmente en su rostro.

-¿Cómo estás?- le echó un ojo a su reloj- Cinco minutos antes. El autobús llega como en diez.

Junsu suspiró mirando el espacio vacío que quedaba hasta la orilla de la banca. Inmediatamente Changmin se levantó y se fue a esperar al lado del anuncio, esperando a que el otro hiciera lo mismo. Y efectivamente, así fue.

Si seguía siendo tan predecible todo sería perfecto.

Después de un rato de platicar como si nada, llegó el autobús. Nadie más se subió y arriba no venían más que un par de personas. Claro, en sábado sólo los colegiales iban a sus clubes, pocos universitarios se iban a parar el fin de semana a la escuela pero él quería hacerlo.

Se sentó él del lado de la ventana, en parte para molestar a Junsu, y se puso a mirar el paisaje.

El autobús se mecía engañosamente despacio. El claro cielo de primavera, estático, era recortado por los marcos de las ventanas; la tira de casas de colores sobrios se alejaba en dirección opuesta, atrapando sus entrañas en sus puertas, halándolas cruelmente. No. No eran las indiferentes puertas que iban quedando atrás, era…

Junsu miraba hacia la otra ventana, sobándose la pierna distraídamente. Para Changmin se volvió insoportable, podía percibir el movimiento de su mano a través de su muslo y ese sutil tacto le hacía crisparse, como si esos dedos recorrieran los propios con toques eléctricos que terminaban inmiscuyéndose en cada rincón de su cuerpo.

-¿Y qué vamos a hacer?-preguntó Junsu con ánimo, sacándolo de su pasmo.

- Ir por un libro al cubículo y luego ya veremos. ¿Hay algo que quieras hacer?- preguntó más para aparentar que otra cosa.

-En realidad no- negó suavemente con la cabeza, su cabello balanceándose, multiplicando el sol en destellos castaños.

No tenía razón para ser un consuelo pero lo fue.

Llegaron a la parada y no pudo decidir si la vista de la reja era deseable o se le figuraba al presagio de una hecatombe. Pero no importaba realmente, ya no había camino a sus espaldas.

Caminaron por las instalaciones topándose apenas con gente. Las puertas de un edificio frío y gris se abrieron para ellos. Subieron al elevador. A Changmin le molestaba, raro en él, el silencio, como si éste fuera un delator de su desidia. Junsu en cambio pasaba de él delineando su propio rostro en el espejo. Después de un tiempo indefinible, las hojas se abrieron y salieron a un largo pasillo plagado de puertas. Junsu inspeccionaba los letreros como si de verdad esperara reconocer alguno.

Changmin le hizo una seña indicándole cuál era.

Entraron a una estancia amplia con un pequeño cubo que parecía funcionar como mini-cocina, varias computadoras al otro lado, y al fondo, una estancia con una larga mesa rodeada de visiblemente cómodas sillas ejecutivas. Junsu miró con interés la sala vacía, disponiéndose a explorarla.

-Vamos- indicó Changmin con decisión, señalando el salón contiguo. Prendió la luz y dejó que pasara primero, cuando se alejó hacia los estantes cerró la puerta despacio y puso el seguro.

-¿En qué parte está?- preguntó Junsu mirando los letreros en los lados de los estantes.

-No sé bien, tal vez está en generales- respondió con fingida indiferencia.

Junsu se dirigió a un librero al azar y giró la palanca, haciendo que los demás comenzaran a recorrerse para abrir un pasillo.

Changmin respiró lentamente y fue tras él, viendo cómo comenzaba a inspeccionar los títulos. La mirada dispersa y desinteresada que les dirigía demostraba lo inusual que esa actividad le resultaba.

-¿Qué libro buscas?- preguntó. Changmin no respondió, sólo le pasó una hojita donde estaba escrita la clave. La miró un segundo, volteó a ver los papelitos pegados en los lomos.- Creo que no es por aquí- comentó saliendo del pasillo.

Changmin se quedó en su lugar. En realidad para él hubiera sido muy fácil localizarlo pero, ¿qué caso habría tenido? Escuchó cómo a lo lejos el otro iba moviendo los libreros, buscando la letra entre las largas filas. Emprendió el paso con calma y salió al pasillo principal. Pasaba junto a los muebles echando un ojo a las letras iniciales.

Lo supo, Junsu ya había encontrado el lugar.

Se adentró.

-Debe andar por aquí- informó examinando con atención las claves. Changmin se acercó despacio, con un ligero hervor asaltándole de repente. Junsu tomó un libro por el capitel y lo sacó.- ¿Es éste?- preguntó leyendo el título, entrecerrando los ojos. Changmin asintió aparentando naturalidad.- ¿Para qué quieres esto?- cuestionó suavemente, dirigiéndole una mirada difícil de descifrar.

Se adelantó y le quitó el libro.

-Quería ver unas cosas. Aunque quizá tú puedas hacérmelas más claras- explicó con una cínica sonrisa.

Junsu pareció cohibirse.

-¿Um?

Dejó el libro sobre los otros y volvió lentamente la mirada hacia el mayor. De qué era el libro. Se chupó los labios y se situó frente a él. Junsu lucía confundido, no hizo nada. Entonces, él posó las manos sobre su abdomen y se acercó a su oído.

-Tú sabes, ¿no?- murmuró insinuadoramente.

-¡Pero de qué hablas!- rumió alejando sus manos. Changmin no se inmutó, ya sabía que las cosas serían de esa manera y también sabía lo que tenía que hacer.

-Anda, no me vas a decir que no - insistió con una sonrisa que pendía entre la curiosidad y la provocación, al tiempo que lo tomaba de las muñecas y acercaba más su rostro.

-No estés jugando- le reclamó Junsu sacudiendo sus manos, rompiendo el contacto de nuevo.

-No estoy jugando- deslizó con voz tersa, pegando su cuerpo, sin tomarlo esta vez. Junsu sólo ladeó la cabeza. Las comisuras de los labios del menor se curvearon ligeramente ante aquella desvalida espera.

Sí, lo había descubierto un día: lo que necesitaba para tener a Junsu era presionar, y había memorizado cada paso como si fuera una receta.

Una receta para tener a Junsu…

Uno: acorralarlo e ignorar toda resistencia.

Se acercó felinamente a su cuello y respiró sobre la piel descubierta. Junsu se movió en un intento de escapar de la cercanía pero Changmin tomó sus muñecas, las colocó sobre su cabeza y lo acorraló con un raudo movimiento. Junsu lo miró sorprendido y abrió la boca pero su réplica fue interrumpida por el roce de sus labios. Forcejeó un poco pero él lo empujó contra el estante y lo afirmó poniendo una pierna entre las suyas, presionando su ingle con el muslo. Contacto bastante conveniente. Unió sus labios, primero levemente, separándose luego para exhalar su aliento tibio, un mensaje sin palabras, un momento suspendido entre ese ínfimo espacio que los separaba, y después, los atrapó con intensidad, deteniéndose a saborear el belfo carnoso, aún algo reticente. Afianzó ambas muñecas con una sola mano y con la otra sostuvo su barbilla para morder su labio inferior. Era tan carnoso, tan suave… El otro cedió un poco y él aprovechó para libar la comisura y pasar la lengua sobre sus dientes, captando con ella la grana tibieza de su boca. Lo soltó y fue a acariciar su cuello, su clavícula, a recorrer su pecho, imprimiendo un poco de fuerza. Un ligero temblor le hizo saber que había encontrado el punto que buscaba y sus dedos jugaron con la nervadura que se irguió bajo sus yemas. Junsu de nuevo se resistió pero Changmin lo acalló presionando su pelvis.

Dos: Provocarlo.

Liberó sus manos y descendió, rozando distraídamente su mejilla, poniendo las palmas firmemente sobre su pecho, dejándolas bajar por su cintura y desviarse hacia el centro para desabrochar su cinturón. Junsu protestó empujando su cadera con fuerza (lo que provocó únicamente que un toque eléctrico los recorriera a ambos). Changmin sonrió y de una sola abandonó su boca para apresar su garganta, robándole un jadeo. Le tomó ambos antebrazos, haciéndolos a un lado y abrió su pantalón para sacar la camisa, la cual fue desabrochando lentamente, tocando apenas la piel que iba quedando descubierta. Al llegar al último botón atacó el otro lado de su cuello, lamiéndolo descaradamente, subiendo hacia su oreja y atrapando el lóbulo. Abrió la prenda para exponer el terso manto y se entretuvo acariciando la escarcha de sus hombros blanquísimos, siguiendo las finas líneas hacia el vértice de sus axilas, prolongándolas hacia sus costados, hasta la cadera; se desvió hacia su abdomen, deshilando fibras de fuego que enredó en sus pezones, trazando primero círculos superficiales, después tañendo de arriba abajo, haciéndolo resoplar. Lo besó de nuevo, queriendo beber las notas reprimidas, y éstas se entregaron inermes cuando pellizcó los frutos con un poco de saña. Encendido por su éxito, los tomó entre sus dedos y los apretó firmemente, al tiempo que presionaba su cadera con brusquedad y buscaba su lengua bendita. Sintió entonces, complacido, el cuerpo de Junsu arquearse contra él, entregándole su peso.

Comenzaba a sentir cierta punzante disposición a aquello, no lo negaría…

La tibia calidez de su boca era tan agradable que comenzaba a dispersarse, pero no debía olvidar lo que tenía que hacer, aunque esos labios fueran tan suaves, aunque esa lengua se enlazara con la suya en un ritmo sedante, aunque el calor de ambos fuera incrementándose, difuminando su cordura. Abandonó el beso entonces y fue a libar la unión de su cuello, a probar su torso, envuelto por el tibio y ajumante efluvio ajeno. Sus dedos bajaron hacia su cadera y su caricia fue suplida por sus labios que se cerraron sobre un botón besándolo con cuidado, rozándolo con la lengua para desviar la atención mientras abría el cierre de su pantalón y lo bajaba un poco. El toque fue más firme e insistente en lo que metía sus manos bajo la pretina y rodeaba su cadera, después, atarazó el fruto con fuerza mesurada mientras enterraba las manos en la parte trasera de su pantalón y tomaba sus carnosas nalgas con ambas manos. Junsu no pudo reprimir una deliciosa queja, la cual se infiltró por las endebles venas de Changmin, azuzándolo.

Dejó el espacio y volvió a jugar con la sensibilidad de su cuello flexible a la vez que masajeaba sus nalgas con rudeza, atrayéndolo, haciendo encajar el vaivén de su pelvis a aquel ritmo, sintiendo cómo la excitación de Junsu crecía a la par de la suya. Sus dedos temblaban por el exquisito contacto de sus glúteos que apenas cubría con sus manos, ya no tenía que hacer nada más que sostenerlo pues éste se movía buscándolo. Sólo quedaba:

Tres: mimarlo.

Subió de nuevo hacia su oreja; la delineó suavemente esta vez. Alzó una de sus manos para acariciar sus hombros, trepó delicadamente hacia su nuca, al tiempo que iba sembrando besos en su mejilla hasta alcanzar sus labios y besarlos con una suavidad que contradecía el apasionado compás que abajo unía su tensión. Halando levemente su cabello, lo hizo inclinar la cabeza hacia atrás y profundizó el beso, encontrando el toque aterciopelado del otro y sumiéndose en él lentamente. Sabía que le gustaba que lo besaran así, también por eso atrapó su lengua con los dientes en un roce mesurado y la fue liberando poco a poco entre los ronroneos de Junsu que se ahogaban en el beso.

Fue menguando la intensidad del contacto de sus cuerpos morosamente, buscando llevarlo a un callejón. El otro, ¿ingenuo?, lo siguió por ese paradójico camino donde sus cuerpos ardían agitados aún por la crudeza de su pasión y sus labios se unían sutilmente.

Cuatro: …

Changmin se separó lentamente de Junsu y se quedó inmerso en sus pupilas oscurecidas por asomos de deseo, en la prolongada línea de sus párpados medio plegados, en el calor de su aliento que chocaba contra su boca semiabierta, preparándose para decir esa palabra que jamás, jamás, decía, por más que se lo pidieran, se lo exigieran o lo riñeran por ello. Pero esta vez tenía una buena razón para hacerlo, ¿no?

-Hyung- musitó con voz porosa contra los labios de Junsu, su tono alevosamente suplicante.

Hyung…

Junsu se estremeció perceptiblemente y sonrió. Eliminó la distancia entre ellos e imprimió el sello de sus labios en su garganta, quitándole en tanto la estorbosa chamarra y empezando a alzar su playera, aprovechando para saciar las repentinas ganas que tenía de la piel del menor. Al sacarla finalmente lo despeinó un poco pero, ¿qué importancia podía tener eso cuando la boca de Junsu comenzaba a descender peligrosamente hacia su torso, cuando sus manos hábiles acariciaban sus brazos e iban por su abdomen directo a quitarle el cinturón mientras su exquisita lengua ya había alcanzado sus pezones sensibles y su boca los mimaba succionándolos lentamente, cuando ni siquiera importaba que sus pantalones hubiesen sido removidos dejándolo con menos prendas que el otro? Ahora él simplemente debía dejarse hacer y esperar a que le aclarara todo.

Sintió entonces una sorpresiva y placentera presión en su entrepierna: el otro avivaba su lujuria sin recato alguno; incendiaba brotes de lumbre en su vientre en lo que se acomodaba de rodillas frente a él. Changmin se estremeció ante el entendimiento de lo que haría. Junsu acarició despreocupadamente sus ingles y el reverso de sus muslos (haciéndolo perder estabilidad), en tanto que sus labios probaban el hueso de su cadera y el toque fluía por la zanja que llevaba hacia su pubis. La caricia marcada, lenta. Una de sus manos sosteniendo ahora su cadera mientras su boca se iba acercando peligrosamente al centro. Pero el contacto esperado no llegó; a cambio sintió cómo acariciaba sus piernas, arañando filamentos blancos en las pantorrillas, la impresión cálida de su boca repentinamente en sus muslos, yendo hacia el interior y remontando hacia la senda de su ingle, la cual regó con su lengua caliente. Prometedor. Echó la cabeza para atrás cuando un espasmo agitó su cuerpo al sentir esos labios aprisionar la volátil superficie y apenas pudo controlar la plácida nota que se escapó de su garganta. Pero no lo pudo lograr cuando sintió la húmeda lengua de Junsu acariciarlo sobre la delgada ropa interior. Alcanzó su pecho con dedos temblorosos y sobó ásperamente por encima de la ropa. Cerró los ojos, incapaz de mirarlo, con la oscuridad detrás de sus párpados amplificando el placer que le daba la suave y mojada caricia que presionaba su ya obvio deleite. Esa boca divina se cerró alrededor un segundo; una marcada succión se fue recorriendo hacia abajo. Exhaló profundo. Una ligera dentella en los sensibles frutos de su centro. Una suave caricia en sus pantorrillas para romper la repentina tensión y después esos dedos subiendo con su tacto apenas perceptible hasta llegar y quitar la ropa interior, dejándolo completamente descubierto. Sintió claramente el rubor poblar sus mejillas al sentir la mirada de Junsu inspeccionarlo de pies a cabeza (si tan sólo él estuviera desnudo también).

Una mano tomándolo cuidadosamente; la calidez de su lengua deslizándose por la cima; una ligera succión que lo hizo sostenerse del filo de la repisa y que lo abandonó casi de inmediato. Junsu lo sostuvo y empezó a acariciarlo con el pulgar y el índice, el toque casi nulo le crispó el cuerpo incontables veces hasta que cambió por la presión de su mano en la raíz, el cálido vaho impregnándose en el tronco, un delicado punteo alrededor de la corona… Un acezo bajo perdiéndose en el ambiente. Apretó los párpados esperando… deseando. Al fin el seráfico toque. Tembló y su voz resonó entre las filas de libros, innegable placer reverberaba en ese eco que no le parecía suyo. Sintió la boca de Junsu plegarse en una somera sonrisa para después encerrarlo en una deliciosa y absorbente gruta donde las intensas sensaciones lo cubrían de fuego, endureciendo su sangre, donde su razón era un estorbo. Respiró tratando de vaciarse, sólo quería pensar en el rocío que lo iba recorriendo; en los ronroneos apenas audibles de Junsu que su excitación aprisionaba.

Entreabrió los ojos despacio y esa primera visión se le clavó en el vientre: el rostro de Junsu perfilado hacia arriba, cabello azabache enmarcando esa alba pureza, sus ojos almendrados ligeramente abiertos, una expresión mezcla de pudor y lascivia cristalizada en su mirada, como si el placer de probarlo lo torturara mientras sus labios rojos y brillantes se abrían como amapolas, dando paso a su lengua hábil para que lo acariciase sosegadamente. Cerrando los ojos lo cubrió completamente de nuevo, su expresión cambiando a una de profundo gozo.

Se mordió el labio ligeramente, marcando ingrávidas huellas en su vientre hasta alcanzar inseguro el pabellón entre sus muslos.

Se chupó los labios sin poder apartarse de ese cuadro. Perdiéndose en esos ojos profundos que volvían a mostrarle el sendero hacia el precipicio con su mirar sumiso y juguetón a la vez que su lengua se enroscaba diestra en su cima, prometiéndole locura.

Sentía su propia respiración arder en su boca al exhalar, el fuego licuándose, inundándola mientras lo contemplaba. Le acarició el cabello, tratando de no ser brusco, y Junsu, como respondiendo a una señal comenzó a jugar con sus sensaciones envolviéndolo y liberándolo en un ciclo constante, cadencioso, chupando, sorbiendo, restregándolo contra su lengua mientras su mano lo sostenía por la raíz, presionando. Exhaló violentamente tratando de cubrir un gemido, de no dejarse arrastrar aún en ese frenético remolino que giraba en su cuerpo y que lo desmenuzaba, haciéndolo sentir irreal, a la vez tan concreto.

El otro siguió mirando su fruición con trabajada inocencia y él, gustoso, se dejaba engañar por la fantástica imagen de Junsu de rodillas frente a él, sosteniendo su lujuria entre sus labios, intensificando la hoguera con el paso de su lengua ardiente y suave, con sus bermeja boca cerrándose cadenciosamente alrededor.

Adoraba, amaba esa boca sedosa, experta, la expresión de de sus ojos…

Respiró hondo antes de ceder a la necesidad que despuntaba en él. A travesó el resorte de su ropa interior y tentó su piel caliente.

Se detuvo justo cuando estaba al borde. Lo vio sonreír entre maliciosa e inocentemente y alzarse hacia él; tomándolo del cuello le plantó un beso que deliberadamente lo hizo cerrar los ojos de lo descarado que era: barría su lengua sin mesura y se juntaba hasta lo indecible a su cuerpo, arrancándole vivos trozos de voz. Changmin, resistiéndose a esa repentina prueba de poder, rompió la unión y fue hacia su pecho, dibujando tan sólo con su vaho la zanja en su tórax, en su abdomen, y llegando a su ombligo plasmó su sello en él, mientras recorría de una sola sus ajustados pantalones y su ropa interior, sin perderse detalle de su ansia despierta y de sus suculentos muslos; sin reprimirse, también marcó su impronta en ellos, lo embelesó el calor que manaban y la leve queja que resonó. Sacó la prenda y, tal como Junsu lo había hecho, lo inspeccionó de arriba abajo. Era de verdad toda una pieza de museo. Éste se dejó apreciar visiblemente ufano, tomando su deseo con una mano y acariciándose mientras lo miraba directamente a los ojos, como queriendo decirle que no había nada de lo que se avergonzara, sino todo lo contrario. Habiendo dejado su punto en claro, se hincó para quedar a su altura.

-Siéntate- ordenó con voz tenue, erótica.

Changmin lo hizo, recargándose en uno de los libreros. Un ligero cosquilleo se extendió por él al pensar en qué haría el otro.

No tuvo que esperar mucho para obtener la respuesta, cuando se hubo acomodado, Junsu se hincó sentándose sobre su pelvis. Una nítida oleada distendió su cuerpo al sentir aquel peso sobre su sensibilidad. Junsu lo distrajo sonriendo traviesamente mientras tañía su pecho. Respondió a esa sonrisa con frescura.

Sin perder el hilo, el mayor se acercó a su oreja, la mordió lene para luego repasar el contorno al tiempo que una de sus manos acariciaba su costado y luego remontaba hacia su boca. Changmin libó sus dedos, disfrutando cómo rozaban su lengua, anticipando lo que vendría en lo que el otro atendía sus hombros y la delicada unión de su axila.

Esos dedos abandonaron su boca y desaparecieran detrás de la espalda de Junsu. Changmin, apreciando el momento, lo tomó en su mano. El tacto caliente y la característica corporeidad que rodeó se le quedaron impresos. ¿Era normal que fuera tan agradable sostenerlo? Mas la cuestión fue quebrada por la dulce queja que se escapó clara de esos labios de ciruela madura. Probó ejerciendo un poco más de presión alrededor y le encantó sentir cómo el otro se tensaba y su movimiento se proyectaba en un sonoro trozo de cristal. Siguió así, probando de vez en cuando alguna de las variantes que había aplicado Junsu en él, obteniendo más gemidos y meneos que se clavaban sensualmente en su cadera, excitándolo. No era, para nada, una espera tediosa.

De repente todo se detuvo.

-¿Estás listo?- preguntó Junsu con voz rasposa, lasciva, mirándolo a los ojos.

-Sí- porosa.

Y repentinamente, como un haz, una indescriptiblemente placentera estrechez lo rodeó y un ronco gemido de su propia voz lo impresionó. Instintivamente empujó hacia arriba, queriendo alcanzar el colmo de ese exquisito calor.

-Espera- dijo Junsu con un hilo de voz, retrocediendo un poco.

Changmin se mordió los labios tratando de contenerse; era difícil, casi doloroso, tuvo que sostenerse firmemente en el suelo. Junsu resopló. Tenía los ojos cerrados y en su rostro se regaba un gesto que no podía definir si era de deleite o de dolor. Finalmente suspiró y comenzó a moverse despacio, como midiendo el terreno, para después hacerlo con mayor celeridad.

Tomó su ardor entre los dedos y lo presionó con aspereza, completando la morbosa y divina imagen que se había creado en su mente con un ventarrón de lumbre que lo abrasó.

Su cuerpo comenzaba a arder increíblemente, en especial en el centro crepitaban llamas imperantes, así que siguió el sendero de sus sensuales labios, el suave compás de copos de lumbre que quemaban las fibras de su cuerpo deliciosamente. La dulce máscara de la inocencia lo llevaba hacia el abismo.

Como si no tuviera control de sí, comenzó a pugnar por la encendida cúpula de su templo. Junsu lanzó un fuerte gemido, todo en uno, se estrechó, causándole a Changmin una abrasadora sensación en el centro que lo hizo resoplar; repitió ese movimiento indecibles veces, inflamando su cuerpo maravillosamente en cada uno de ellos, forzando su garganta a despedazar los gemidos que se amontonaban en ella insistentemente.

Junsu no trató de velar su voz, por el contrario, ésta se regaba fresca por el pasillo, sólo de vez en cuando se mordía la mano para amortiguarla, mientras se agitaba encima de él, gañendo en su oído, extendiendo vaho en su sobre su boca, mirándolo apenas con esos ojos afilados, cubiertos celosamente por sus suaves párpados, y esa mirada vidriosa que lo penetraba, exacerbando su ardor, incitándolo a entrar con más fuerza. Las manos suaves tomaron las suyas y las pusieron sobre su pecho; Changmin entendió de inmediato y cedió a acariciar su piel de pétalos de cerezo. En ese momento no hubiera podido negarle nada absolutamente. Acarició todo su torso, le gustó la impresión suave y tibia fundiéndose en bajos sus dedos, las suntuosas líneas de su abdomen donde se hundían sus yemas. Magnífica su piel aterciopelada, ligeramente húmeda.

Junsu se separó, sus ojos se conectaron un instante. De nuevo se movían en un tiempo maleable, basado en la unión de sus cuerpos. Changmin lo besó, su boca estaba más caliente ahora y se cerraba sobre la suya con una nueva posesividad, removiéndolo en un río de lava delgada. Pero, ¿por qué sus propios ojos se cerraban cándidamente? ¿Por qué su boca lo seguía dócil y se acoplaba a su gusto? Prefirió evadirlo, cambiar ese sentimiento empujando su cadera hacia arriba con marcada fuerza. Junsu reaccionó cimbrándose, rozándole el costado de los muslos con el filo de las uñas, acarició sutilmente el arco de sus rodillas y apretó levemente.

- Dóblalas- le indicó.

Changmin plegó las piernas, aprovechando para estabilizarse. Junsu se hizo para atrás y se recargó un poco en sus muslos, poniendo las palmas en el piso en lo que se acomodaba; respiró hondo; exhaló por la boca; sus labios henchidos entreabiertos, su piel pura ligeramente tintada de nardos, sus contornos deseables… Esa mirada levantándose despacio, rociándolo de espinas con su sed; sonrió y comenzó a buscarlo como una ola profunda, de arriba abajo, alejándose estrecha y acercándose amplia a la costa de su pubis. Changmin ladeó la cabeza involuntariamente y se mordió los labios. La oscilación permaneció constante en su compás pero era más intensa y contrastante cada vez, halando las tensas cuerdas su sensibilidad. Se adelantó para atrapar los capullos carmines de su pecho con los labios. Rodeó la curva de su cintura y subió, captando la tensión de su columna al arquearse, siguiendo la flexible línea por toda su espalda hasta sus tallados omóplatos, mezclando sus huellas por todo el manto, guiado por las sierpes de lumbre que se encrespaban en su centro, cuyos ecos se alargaban por todo su ser. Su boca ascendió por el luengo cuello, anidándose en él, en tanto que sus manos pasaban por debajo de sus axilas, sobando los sensitivos músculos, deteniéndose bastante en ellos para luego prolongar el sendero hasta su torso, probando su suculenta textura, deshojando con fuerza los intensos carmines.

Trataba de percibirlo todo: las sensaciones, el aroma sensual que despedía, su vaivén; de no perderse en las agudas reacciones que le eran provocadas por la insistencia de Junsu, quien biselaba su estar con su voz desbaratada. Esos vibrantes gemidos efervecían en su sangre y llevaban su deseo a un límite roto. Ya no sabía qué hacer con ese libídine cuerpo que se movía impetuosamente sobre él: recorría su espalda, su pecho, besaba, mordía sus carnosos labios febril; se aferraba a su espalda y lo jalaba hacia sí, sin importarle chocar con el estante.

En una de esas el libro cayó al suelo. Junsu dirigió su mirada hacia las páginas abiertas y sonrió sugerentemente.

-Hagamos eso- dijo con voz entrecortada, señalando la hoja. Changmin fue sacado brutamente de su sopor por este comentario. Miró la ilustración y el imaginar hacer eso le hizo sentirse un poco cohibido.

Tenso, lo tomó por la cintura y lo echó sobre el piso alfombrado. Respiró hondo, tratando de serenarse, el haber recibido el control tan repentinamente lo había descolocado.

Lo miró expuesto ante él, los labios húmedos, entreabiertos, esperando, escondiendo deliciosos jadeos que quería liberar con su nombre impreso en ellos. Tomó sus piernas de las corvas, tratando de controlar la incandescente desesperación de su cuerpo que lo exhortaba a tomarlo rápidamente

Atraído por ese cuerpo que fluctuaba en la etereidad de su deseo, puso una mano al costado de su cabeza, unió su boca a aquella cálida que lo empapó de ansia, y se hundió en él. Inmediatamente el mundo se cerró a su alrededor, causándole un violento espasmo que lo inundó de cálido placer. Gimió sin poder contenerse. Esos brazos suaves, fuertes, se enroscaron alrededor de su espalda, sus manos la recorrieron con sutileza, presionaron en la base. Comprendiendo, Changmin comenzó a mecerse hacia él, lenta pero fuertemente, yendo más profundo. Junsu lo recibía amplio, con la boca rebosante de voz gozosa. Era tan dócil y ávido, perfecto para satisfacer sus deseos.

Recreando lo inmaterial, intensificó su toque, aprisionando su cima. Un resuello resonó libre en la soledad de la habitación.

Se levó ligeramente y acomodó una de a piernas de Junsu sobre su hombro. Se sintió arder al contemplarlo: los ojos fuertemente cerrados, la bermeja boca henchida, flamas danzando lujuriosas, sugerentes en su gesto hambriento, en su voz suplicante y morosa.

Continuó así su faena disfrutando de la punzante presión y el calor que lo ataba, hundiéndose a su gusto en ese candente encierro, entregando su voz hecha añicos a Junsu, que lo eclipsaba.

Imbuido en ese cuerpo sin borde, era todo percepción. Se solazaba en el aroma sensual que despedían sus cuerpos libídines, la delicia de ese cuerpo tendido bajo suyo, llamándolo; quería retenerlo todo, hacer que se enraizara en su piel para que esas brasas nunca dejaran de arder en su cuerpo.

Era simplemente adictivo. Le encantaba sentir que poseía a Junsu y que a éste le gustaba entregársele; le gustaba controlarlo… o al menos la ilusión de poder hacerlo.

Se inclinó hacia él, sintiendo cómo el calor de sus cuerpos iba entretejiéndose, sofocándolos, embriagándolos. Sus ojos se encontraron de nuevo mas el lazo se rompió para que sus labios lo hicieran. Estáticos en las manecillas de ceniza, toda su existencia en el fuego entre sus vientres, ardía al frenético ritmo de sus cuerpos sedientos que se alejaban y se encontraban en la cresta de su placer, empapado de sus voces mezcladas en ese biombo de quejas plácidas.

Junsu se aferraba a él mientras recorrían el último trazo a la perdición, se restregaba y gemía frenético, moviéndose violentamente, como reclamándole toda la satisfacción que le había dado; él mismo sentía lágrimas de placer nublarle los ojos.

Enajenado, continuó provocándose, haciendo suyas esas sensaciones, caldeando su cuerpo con esa neblina.

La sangre cargada de plomo punzaba con una fuerza descomunal apesumbrando su cuerpo acrecentando su sed su fruición se precipitaba desde su vientre como una cascada bullendo incrementándose desbocado se dejó llevar esperando que al entregarse pudiera apaciguarlo su respiración hecha girones la piel ardiendo y encima sus oídos regalados con esa voz dulce su piel rusiante reaccionando fuera de control al contacto de aquella húmeda y ardiente ese libídine y divino cuerpo recibiéndolo subyugándolo de pronto en un ciclo exquisito, invitándolo a entrar más profundo más salvaje encontró su propio rostro arrebolado por su placer en la pantalla gris, percibió apenas el contorno de los objetos que reflejaba aturdido perdido a saber en qué punto del espacio sólo le quedaba refugiarse en esa gruta abrasadora en el vaivén del otro en el hálito de su propia lujuria que habiendo incinerado su razón se apropiaba de él completamente jadeaba descontroladamente mirando de hito en hito a Junsu quien apretaba los ojos halagándolo con un gesto de puro deleite su boca desbordada de exhalaciones sensuales su cuerpo envuelto de espasmos atrapado en los miles de haces que explotaban como flores de fuego por todo él.

Una llamarada se alzó en su centro, irrefrenable.

-Ah… ¿puedo…irme…?

Un asentimiento de Junsu y el ígneo remolino lo absorbió encaró el vacío parado sobre un espejo de diáfana obsidiana que lo exhortaba a liberarse en su cálido cobijo la necesidad, la entrega, ni un pensamiento, sólo venirse a un tiempo entre los reflejos de su lámpara cegado se dejó ir esa voz lejana unida suya la de Junsu alcanzándolo en el rutilante desequilibrio.

De nuevo el tiempo comenzó a girar en su corazón que palpitaba desbocado. Le era difícil respirar. Las manos de Junsu en sus antebrazos lo atrajeron al piso. Se dejó caer suavemente sobre él, guardándose en secreto la razón, y después se rodó a su lado, tendiéndose sobre la alfombra. Se quedaron así, en ese momento estancado entre los libreros; cercados por las blancas paredes, por la pálida luz cortada por las persianas; sus respiraciones acompasándose a la par.

El cuerpo se le iba enfriando poco a poco, el corazón se acomodaba en su tic tac, todo… ¿normal?

-¿Qué te pareció? ¿Te ha quedado claro?- preguntó Junsu con voz suave, divertido.

-Ha sido una excelente asesoría pero la verdad aún tengo algunas dudas.

Junsu rió.

La sangre bombeaba aún con fuerza; los restos de su visión y su lujuria fluían lentamente hacia la calma. Changmin se balanceó en la silla y se inclinó para rebuscar en el cajón.

Lo pensó. En realidad no era una mala idea en lo absoluto. Terminando, tomó su teléfono y buscó a Junsu en su lista de contactos.

“¿Qué pasó? Oye, mañana voy a ir por unos libros a la universidad y luego a dar la vuelta a ver a dónde, ¿no vienes?”

Se mordió el labio.

Vaciando su mente envió el mensaje y dejó el teléfono sobre el escritorio.

Fin

11 comentarios:

  1. Esto ha sido más que perfecto, poesía sadhfsaghdfsa♥
    y el final... lolazo, lo amé de masiado de más a horrores♥
    -la alaba-

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  2. agh! odio el internet de mi celular! había escrito un super comentario y me lo borró.. lo odio!..

    pero a tu oneshot lo amo :).. me hizo muy feliz leerlo, estaba en mi camita ja ja XD *pereza de levantarse a hacer sus labores* y wow me encantó por el uso de las metáforas y sobre todo por tu uso ampliado de nuestro bello idioma *w*.. sinceramente hubo algunas palabras que me hicieron sentir ignorante pero gracias a ti ya tengo más vocabulario ja ja.. :)

    Los personajes.. simples y geniales, vaya manera de imaginar del menor eh, pero esa escaces de interacción verbal fue el toque perfecto, construiste bien a los personajes :).. ahora no se si leas este comentario pero me gustaria saber que autor te inspiró (por tu forma de redacción).. me sentí un poco como leyendo algo de carlos fuentes (y aún no conozco muchos autores, pero Aemin es mi tutora XD)

    *-* viva el minsu! mi 2nda pareja fav :).. me hiciste el día! por cierto.. me dejas imprimirlo :)?.. imprimo muy pocos fanfics pero este lo quiero tener en un libro que me estoy haciendo XD. yeah :)

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  3. jajjaaja un libro jajjaja si como no libros otro lemon

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  4. al menos se los parámetros de diseño e impresión de un libro :) y con o sin sexo de contenido, xochiquetzal escribe muy bien y si no te gusta no comentes nada

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  5. Anónimo1/26/2011

    magnifico *O* escribes como una profesional OMG! es que fue increible, no se si me gusta el minsu pero ame tu manera de redactar, simplemente perfecto

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  6. intenso... super mega recontra intenso o__o
    pero oh x Dios! q manera de narrar!! ha sido perfecto!!!! me ha encantado! lo amo!!!! escribe más!!!!!! 8D

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  7. Anónimo2/15/2011

    *o* MINSU!!!
    OMG OMG OMG OMG OMG OMG OMG FUE TAN PORNO!!!
    DIOS mi mente va a estar toda loca una semana entera XD por que recordare a cada rato este fic!!
    Ahhhhhhhhhh *w* me encanto!!!!
    MINSU MINSU MINSU!!!
    Son tan sexys!!

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  8. Anónimo6/19/2011

    belicimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!... no tengo palabras para decirte lo mucho que me gusto tu fic... solamente puedo decir que este fic... es el fic XDDDDDD

    pero me quedó una duda XD ... lo que paso en la biblioteca fue un recuerdo?? o fue la pervert imaginación de nuestro amado Min XD??
    los fanfic más pornosos que he leido... o eran de Changmin o eran de Yoochun XD... y leí uno de los dos... *¬* ... y eso no puedo describirtelo XDD *Q______________* peo con la cara entiendes XDD

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  9. Anónimo5/06/2013

    El primer MinSu k leo y aaaw lo ame

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  10. Oh Dios este es mi primer MinSu y solo dire que me encanto XD y que quiero leer mas Jojojo

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