Contrato de sangre - Cap. 1

9 comentarios

—!Jaejoong!

Kim Jaejoong despertó de golpe, sentándose con la espalda recta tan rápido en su silla que su bloc de notas se deslizó de la mesa y cayó al suelo. Parpadeó durante unos instantes, confundido acerca de que lo había sacudido de su sueño.

—¡Jaejoong!

—¡Sí, señor! —Oh sí, él estaba en clase, en la clase de Filosofía del profesor Tae Sung, por cierto. El hombre era atemorizante, no sólo porque hablaba en un constante tono monótono que hacía a Jae querer pincharse sus globos oculares con un lápiz, sino que también porque el profesor reprobaba a cualquiera en un segundo. La única razón por la que Jae estaba tomando la clase era porque necesitaba un crédito en Filosofía para obtener su título.

—El decano de los estudiantes quiere verte en su oficina.

—Sí, señor. —Jae se agachó y cogió su libreta del suelo y la puso sobre su escritorio. Podía oír a algunas pequeñas risitas disimuladas en torno a él, pero prefirió ignorarlas. En primer lugar, estaba acostumbrado a la gente riéndose de él, y segundo, él ya estaba bajo la mirada torva del Profesor Tae Sung. No necesitaba añadir nada a eso.

—Ahora, Jaejoong.

Las cejas de Jae se alzaron.

—¿Ahora, señor?

—Ahora, Jaejoong.

—Sí, señor. —Jae rápidamente recogió sus cosas y las metió en su mochila.

Podía oír la risa a su alrededor incrementarse cuando el profesor Tae Sung suspiró profundamente. Dios, así que él no iba a pasar esta clase. Tenía pesadillas acerca de tomar la clase del profesor una y otra vez hasta que su pelo se volviera gris.

Jae cogió su mochila y la balanceó por encima de su hombro y subió corriendo los escalones del aula hacia la puerta. Oyó al profesor regresar a su monótono discurso que podía hacer a los muertos caer dormidos, cuando la puerta se cerró tras él. Jae no tenía idea de por qué el decano quería verlo. Trataba de permanecer fuera del radar tanto como era posible.
Jae estaba respirando pesadamente para cuando llegó al otro lado del campus universitario donde se encontraba la oficina del decano. Aunque sabía que había sólo unos pocos pasos hasta el frente del edificio, ellos se sentían como un centenar. Trabajar en dos puestos de trabajo y asistir a la universidad a tiempo completo estaba empezando a hacer mella en él. Estaba exhausto. Sus pies se sentían como si estuvieran cargados con cemento mientras subía las escaleras.

Entró en el edificio, luego caminó por el pasillo hasta la oficina del decano. Tomando una respiración profunda para calmar sus nervios, Jae abrió la puerta y entró. Le sonrió a la recepcionista y se detuvo frente a su escritorio.

—Hola, soy Kim Jaejoong. Me dijeron que me reportara en la oficina del decano.

—Por favor tome asiento, señor Jaejoong —dijo la recepcionista mientras cogía el teléfono—. Voy a informar al decano que usted está aquí.

—Gracias.

Jae escuchó a la recepcionista hablar por teléfono mientras se giraba y se acercaba a una de las dos sillas situadas a lo largo de la pared junto a la puerta. Antes de que pudiera sentarse, la puerta del decano se abrió y un hombre en un traje azul muy caro salió, sus ojos buscaron en la oficina exterior hasta que se posaron en Jae.

—Señor Jaejoong —dijo el hombre mientras le tendía la mano a Jae—. Soy el Decano Sooro.

Jae se irguió y afirmó sus piernas en el lugar. Sus rodillas se sentían como que fueran a ceder.

—Hola, Decano.

—Por favor, venga a mi oficina donde podemos hablar.

La agitación llenó a Jae mientras seguía al decano a su despacho. Por lo que podía recordar, estaba pasando todas sus clases. Ni siquiera tenía ausencias. ¿Por qué el decano quería verlo? No estaba muy seguro de querer saber la respuesta, aun así estaba demasiado ansioso por averiguarlo.

—Por favor —el decano hizo un gesto con la mano hacia una silla frente a su escritorio—, tome asiento.

Jae sintió un nudo en la garganta mientras se sentaba. Se secó las manos sudorosas en la parte delantera de sus pantalones mientras su corazón latía fuera de control.

—¿Estoy en algún tipo de problema?

—Oh Dios, no. Sólo quería comprobar y ver cómo lo está haciendo.

—¿Haciendo? —Jae estaba tan confundido. Ni siquiera sabía que el decano sabía quién era. Nunca había conocido al hombre. ¿Por qué diablos el hombre quería saber ahora cómo lo estaba haciendo?—. Lo estoy haciendo bien, supongo.

—¿Tiene algún problema en alguna de sus clases?

—No que yo sepa. —Jae frunció el ceño—. ¿Por qué? ¿Hay algo que debo tener en cuenta? ¿He perdido una tarea?

—No que yo sepa. —El decano sonrió ampliamente—. He oído sólo cosas buenas de sus profesores.

¡Mierda! ¿El decano estaba hablando con sus profesores? Jae aferró las correas de su mochila firmemente en sus manos.

—No entiendo. Si lo estoy haciendo bien y no estoy en problemas, ¿por qué me ha llamado aquí?

—Estoy seguro de que puedo explicarlo si quiere sólo… —El decano dejó de hablar cuando algo sonó, y él se inclinó para presionar un botón en su teléfono—. ¿Sí, Sooyoun?

—Su próxima cita está aquí, Decano Sooro.

—Bien, bien. —El decano sonrió incluso más ampliamente, lo cual Jae no creía que fuera posible. Parecía que su rostro estaba a punto de partirse en dos—. Por favor, envíalo aquí.

Jae empezó a tener una fría sensación premonitoria cuando el decano se levantó y caminó hacia la puerta, alisando su corbata. Los dedos de Jae casi estrangularon las correas de su mochila mientras se levantaba y se volvió para enfrentar a quien fuera que iba a venir a la oficina del decano. Tenía una idea bastante buena, y si él tenía razón, él se iba.

El corazón de Jae latió más rápido cuando la puerta se abrió lentamente. Echó una mirada al hombre que entró caminando y balanceó su mochila sobre su hombro. Se dirigió a la puerta, evitando la mirada inquisitiva del otro hombre, y le tendió la mano al decano.

—Gracias por reunirse conmigo, Decano Sooro, pero tengo que volver a clase.

—Oh, pero… —El decano tartamudeó, mirando hacia atrás y hacia adelante entre Jae y el hombre de pie junto a su escritorio. Sus cejas se juntaron arrugándose como si estuviera completamente desconcertado.

—Kim—dijo el otro hombre severamente—, te quedarás.

—Wow. —Kim se volvió hacia el hombre—. Recuerdas mi nombre. ¿Consiguieron sopladores de nieve en el infierno?

—¡Jaejoong! —advirtió el hombre, sus cejas se arrastraron en una profunda arruga, una que Kim había visto más veces de las que podía contar. Solía asustarlo a morir. Ahora, sólo lo hizo enojar.

—Padre —dijo Jae.

—Tenemos que hablar, Jaejoong.

—Creo que todo lo que tenía que decirse entre nosotros se ha dicho. —Jae se dirigió hacia la puerta—. Buen día, Padre.

—Tu hermano está enfermo.

Jae se detuvo en la puerta y lentamente se volvió hacia su padre. El hombre era conocido por mentir para conseguir lo que quería. Jae no sabía si podía confiar en las palabras que salían de la boca de su padre.

—¿Cuán enfermo? —sondeó.

—Está en el hospital conectado a un respirador.

—¿Qué pasa con él? —Jae odiaba a su padre. No odiaba a su hermano, incluso si ya no hablaban. Junsu no le había dicho ni una palabra desde el día que Jae se había mudado de la casa de sus padres. Pero todavía era el hermano de Jaejoong.

—Él está en coma.

—¿En estado de coma?— susurró Jae—. ¿Qué dicen los médicos?

Jae sabía que su padre habría pagado por los mejores médicos del país. Junsu era su chico dorado, su heredero. Y, a diferencia de Jae, Junsu era hetero, puso todo en su hijo mayor, toda su atención y los sentimientos emotivos que pudiera tener. Desde luego, no los compartía con su hijo gay.

—Los médicos no saben lo que está mal con él. —frunció el ceño de nuevo, dándole a Jae una pista de que había algo más. Su padre daba señales. Fruncir el ceño era una de ellas—. Es por eso que estoy aquí.

Jae estaba confundido.

—¿Porque estás aquí? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza—. Sé que no has venido todo este trayecto para decirme que Junsu estaba en el hospital. Una llamada de teléfono de tu asistente habría hecho eso.

—Necesito una muestra de tu sangre, Jaejoong.

Jae pensó que sus ojos podrían haberse salido de su cabeza mientras miraba a su padre.

—¿Mi sangre?

—Los médicos creen que hay algo malo en la sangre de Junsu. Como hermano de Junsu, quieren una muestra de tu sangre para examinarla y así poder ver si tienes una anomalía similar o si sólo es Junsu.

Había algo en esa explicación que no le cayó nada bien a Jae, pero maldita sea si podía comprenderlo. Sus instintos le estaban gritando que corriera y nunca mirara hacia atrás. Pero era de Junsu de quien estaban hablando. Ya sea que a Jae le gustara o no, se quedaría a escuchar.

—¿Qué hay de mi madre o de ti? —preguntó. Él no era el único pariente de sangre de Junsu.

—Ya nos han examinado. Ninguno de los dos es una buena coincidencia para Junsu.

Eso llamó la atención de Jae. Su padre le había dicho que estaban buscando una anomalía, no una coincidencia.

—¿Una coincidencia para qué?

—Si tu sangre es igual a la de Junsu, le pueden dar una transfusión que esencialmente podría salvar su vida.

—¿Qué tan enfermo está?

Su padre cruzó los brazos detrás de su espalda y le dio a Kim una mirada severa.

—Pagaré por los cuatro años completos aquí en la universidad en cualquier campo que desees estudiar si estás de acuerdo en darme una muestra de tu sangre y dejas de hacer preguntas estúpidas.

Jae pensó en los dos puestos de trabajo que mantenía para pagar su escolaridad y mantener un techo sobre su cabeza. Apenas había suficiente para conseguir alimento en su estómago. Trabajaba largas horas en los dos trabajos, mientras llevaba una carga completa de clases. Era la única manera en la que podía permitirse el lujo de pagar su educación.

En el segundo que su padre se enteró de que su hijo menor era homosexual, había mandado a Jae a la mierda. Se negó a pagar por la educación de Jae o incluso ayudarlo con un apartamento. Sólo le dio a Jae dos horas para recoger sus cosas y salir de la propiedad de la familia.

Jae apenas tenía tres mil dólares en su cuenta bancaria cuando salió de su casa, un regalo de una tía cuando falleció, el coche que le habían dado para su vigésimo primer cumpleaños, y algunas cajas de objetos personales. Todo lo que había ganado en los últimos tres años los había ganado por su cuenta.

—No quiero tu dinero.

—¿Qué quieres?

—Quiero que me dejes de una puta vez en paz.

—Hecho.

—Dijiste eso demasiado rápido —dijo Jae—. ¿Por qué no puedo creerte?

—Estoy diciendo la verdad, Jaejoong, y voy a firmar cualquier cosa que quieras para ese efecto si estás de acuerdo en darme la muestra de sangre que quiero, y donar la sangre necesaria si eres una buena coincidencia.

Los ojos de Jae se estrecharon. Su padre estaba aceptando su demanda demasiado fácil. Tenía que haber una trampa, pero maldita sea si podía encontrarla.

—Bien, ten algo preparado, y te daré una muestra de sangre.
Su padre metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su teléfono celular.
—Leetuk, por favor ven a la oficina del decano, y trae al señor Lee contigo.
La mandíbula de Jae cayó cuando su padre cerró de golpe su teléfono y lo dejó caer de nuevo en el bolsillo.

—Sabías que iba a estar de acuerdo. Ya tenías todo preparado.

—Por supuesto.

Jae odiaba la mirada de suficiencia en el rostro de su padre. Lo que daría por ser capaz de arrancarla de su cara…

—¿Qué habrías hecho si hubiese exigido el dinero?

—Pagarte.

Lo imaginaba.

Antes de que Jae pudiera contestar, no es que supiera exactamente lo que habría dicho tan confundido como estaba, la puerta detrás de él se abrió y dos hombres entraron. Al primero Jae lo reconoció como Leetuk, el asistente de su padre. Leetuk nunca estaba lejos del lado de su padre. Jae estaba bastante seguro de que ellos pasaban más tiempo juntos del que su padre pasaba con su madre.

Al otro hombre Jae no lo reconoció. Lo habría recordado si se hubiese encontrado con el hombre antes. Además del hecho de que estaba construido como una casa de ladrillo, había un brillo en sus oscuros ojos que hizo temblar a Jae como si una corriente de aire frío súbitamente hubiese estallado a través de la habitación. Jae no podía estar seguro, pero algo le dijo que tuviera mucho cuidado con este hombre.

—¿Tienes los papeles, Leetuk? —preguntó su padre.

—Por supuesto, señor. —Leetuk puso su maletín en el escritorio del decano y lo abrió. Sacó un archivo y se lo entregó a su padre—. Esto es todo lo que necesita, señor.

—Muy bien —dijo Su padre mientras abría el archivo y leía lo que fuera que había dentro. Después de un momento, cerró el archivo y se lo entregó a Jae

—Encontrarás que todo está en orden, como dije que lo estaría.

Jae tomó el archivo de su padre y lo abrió. De alguna manera, no se sorprendió cuando encontró un contrato legalmente vinculante dentro. Lo leyó por encima rápidamente. No era tan versado en leyes, pero el contrato parecía bastante simple. Incluso podía ver el garabato de la firma de su padre en la parte inferior de la página. El hombre debería haber sido un médico en lugar de un banquero de inversión. Su firma era horrible.

El contrato era bueno y breve, simplemente una sola página. Si Jae accedía a suministrar a su padre un análisis de sangre y donar la sangre necesaria a la persona apropiada, si él demostraba ser compatible, su padre prometía nunca contactarse con él otra vez. Por mucho que Jae trató de ver la trampa escondida en el contrato, no pudo encontrar ninguna.

Cuando cerró el archivo, su padre le tendió una pluma.

—Si firmas el contrato, podemos seguir adelante con esto. El señor Lee está aquí para extraer la sangre, y ver si eres una posible coincidencia.

Jae frunció el ceño y miró a su alrededor.

—¿No debería ir al hospital para que me saquen sangre o algo así?

—Por favor, perdone mi intromisión, señor Kim—dijo el señor Lee mientras daba un paso adelante—, pero yo soy un flebotomista capacitado. Puedo tomar su sangre y hacer el análisis aquí mismo. Y solo necesito una gota de su sangre para realizar mi análisis.

Jae parpadeó sorprendido, en primer lugar, por la suave forma de hablar del gran hombre y, en segundo lugar, porque había pensado que el hombre estaba hablando con su padre cuando dijo señor Kim.

—Uh, supongo que estaría bien.

—Entonces firma el contrato, Jaejoong—dijo Su padre—. Es por el bien de tu familia.

Jae pensó que era una afirmación extraña cuando estaba haciendo esto por su hermano, no por toda su familia, pero teniendo en cuenta que Junsu era el chico dorado, Jae suponía que tenía sentido.

Cogió la pluma que su padre le ofrecía y firmó el contrato. Jae apenas tuvo tiempo para bajar la pluma antes de que el contrato fuera arrancado de sus manos. Él frunció el ceño cuando su padre lo miró y luego se lo entregó al señor Lee. Jae no tenía idea de por qué el flebotomista necesitaba ver el contrato. Era entre él y su padre.

—Qué…
—Por favor, pase por aquí y tome asiento, señor Jaejoong —dijo el señor Lee mientras doblaba el contrato y lo guardaba en su bolsillo. Se agachó y cogió un bolso negro del suelo y lo llevó a la silla próxima a la que le había indicado a Jae.

Los instintos de Jae le gritaban otra vez. Le estaban diciendo que corriera lejos y que corriera rápido y lo hiciera ahora. Pero por su vida, Jae no podía entender por qué. Había algo raro en toda esta situación. Simplemente no podía entender exactamente qué.

Sin una buena razón para negarse, Jae cruzó la habitación y se sentó, dejando su mochila en el suelo junto a él.

—Por favor, deme su mano.

A Jae le habían sacado sangre en el pasado. Sabía cómo se hacía. Extender su mano no era parte de ello.

—¿Por qué?

El señor Lee sonrió, lo cual era suficientemente extraño en sí mismo, y levantó un pequeño dispositivo negro del tamaño de un teléfono celular.

—Si recuerda, sólo necesito una gota de su sangre para ver si son compatibles. Una gota de su dedo lo hará muy bien.

—¿Es uno de esos lectores de glucosa? —Jae preguntó mientras le tendía la mano.

—En muchos sentidos es similar, pero no lo uso para leer los niveles de glucosa en la sangre.

Jae se sobresaltó cuando sintió un pequeño pinchazo. No le dolió, sólo lo sorprendió. El señor Lee presionó una bola de algodón en la punta de su dedo y luego se giró a su bolsa. La curiosidad de Jae creció al ver al señor Lee sacar un frasco de un líquido color rojo oscuro.

El hombre abrió la parte superior del dispositivo de tipo celular con el que había extraído la sangre de Jae, revelando un pequeño cuadrado con papel blanco en su interior. Colocó una gota del líquido de color rojo oscuro del vial en el pequeño cuadrado blanco y cerró la tapa.

El señor Lee le sonrió a Jae.

—Esto no debe tomar más de un momento.
Jae le devolvió la sonrisa. Su nerviosismo no estaba mejorando. Su padre estaba de pie al otro lado de la habitación con las manos cruzadas detrás de él, pero Jae podía sentir el peso de su mirada, incluso desde allí. Leetuk, a quien Jae nunca le había gustado, estaba cerca de Su padre, casi flotando. El decano sólo lucía confundido mientras permanecía de pie junto a la puerta.

Jae saltó cuando el dispositivo en la mano del señor Lee, de repente sonó. Una sonrisa empezó a extenderse por la cara rugosa del señor Lee cuando bajó la mirada hacia él.

—¿Bien? —espetó Su padre.

—Es como usted ha dicho, señor Kim—respondió el señor Lee—. El contrato será honrado.

—Bien. Espero oír de usted al final de la semana.

Jae parpadeó confundido cuando su padre se volvió sin decirle una palabra y salió de la oficina, con Leetuk rápidamente sobre sus talones. Su padre ni siquiera se detuvo para estrechar la mano con el Decano Sooro. Sólo se fue.
Jae volvió su atención hacia el otro hombre en la habitación, viendo cómo el señor Lee reponía todo en su bolsa.

—¿Qué va a ocurrir ahora?

—Usted es perfectamente compatible, como su padre dijo que sería. Nuestro contrato con su familia será respetado.

Jae se puso de pie y comenzó a retroceder. Sabía que había una jodida trampa.

—¿Qué contrato con mi familia?

El señor Lee estaba frunciendo el ceño cuando levantó la vista de su bolsa.

—El contrato que firmó.

—Firmé un contrato con mi padre, no usted.

El señor Lee dio unas palmaditas en el bolsillo de su chaqueta. —Tengo su contrato firmado justo aquí, señor Jaejoong. El contrato es entre usted y mi empleador.

—No, no. —Jae movió sus manos hacia atrás y hacia adelante—. Vi la firma de mi padre en el contrato. Es entre él y yo.
El señor Lee dejó escapar un profundo suspiro y abrió su bolso, buscando en el interior.

—Me temo que esa no era la firma de su padre, señor Jaejoong. Se trata de la firma legal de mi empleador.

El miedo se disparó en Jae cuando el señor Lee se dio la vuelta con una jeringa en la mano y comenzó a avanzar a través de la habitación hacia él. Jae se lanzó hacia la puerta, pero la encontró bloqueada por dos grandes hombres que no había visto antes allí. No se movieron hacia él, sólo bloqueaban la salida.

—Señor Jaejoong, por favor —dijo el señor Lee mientras seguía a Jae por la habitación—. Está haciendo esto mucho más difícil de lo que tiene que ser.

Jae esquivó al hombre cada vez que se acercaba. Él no iba a dejar que un extraño lunático le inyectara una extraña sustancia azul.

—¡Manténgase lejos de mí! —gritó.

El señor Lee volvió a suspirar y luego hizo un gesto a los dos grandes hombres que cuidaban la puerta.

—Tengan cuidado con él. Saben a quien tienen que enfrentarse si dejan una sola marca en él.

Los hombres asintieron y avanzaron. Jae estaba encerrado. Sabía que era infantil, pero se puso a gritar tan fuerte como pudo cuando lo agarraron y lo mantuvieron en su lugar. El señor Lee se acercó y tranquilamente inyectó el líquido azul en su brazo.

—Ahí tiene, ¿no fue tan malo, verdad?

—¿No fue tan malo? —gritó Jae—. Usted acaba de…

Jae cayó cuando cada músculo de su cuerpo dejó de funcionar. Sintió que alguien lo atrapó justo antes de caer al suelo. Lo último que vio fue al señor Lee negando con la cabeza y suspirando profundamente, y luego nada.

9 comentarios:

  1. Pobre Jae cayo en la trampa de su padre.... ahora leer que pasara con él

    ResponderEliminar
  2. osea el padre lo engaño, que pasara ahora con jae? o_0

    ResponderEliminar
  3. asdfgd que genial pobre jae su p*to padre lo engaño >.< que pasara ahora ??

    ResponderEliminar
  4. Ohhhhh aora dond se lo llevaran a mi jaeeeee

    ResponderEliminar
  5. q malidito su papaaa!!! (= q elmio u.u)

    ResponderEliminar
  6. Pobre Jae ;o; engañado por su propia sangre :'(

    esta muy interesante~ seguiré leyendo :D

    ResponderEliminar
  7. *0000000*!!! encontré recién este fic y me encanto *3*!! ~~ no suelo leer yunjae~~ pero por el nombre del fic este me atrajo u//////////u~~
    esta muy interesante!!! *---*!!!
    y por q junsu es hetero??? D:! yo keria un pokito de yoosu <3 <3 (YO AMO EL YOOSU);3;! xDDD~~

    me ire a leer el next cap *7*

    ResponderEliminar
  8. Woooow q complicado xq su padre le tendió una trampa???.... Q pasara ahora???
    Esta muy bueno seguiré leyendo^^

    ResponderEliminar
  9. Su padre es demasiado enserio lo dejos por ser gay… y ahora lo busca y le pone una trampaaa#*#

    ResponderEliminar

Deja tu comentario \(*O*)/ ♥ ♥
o más bien... deja tus pensamientos pervertidos grabados en esta entrada XD