Blind - Cap. 24

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Yoochun recordó a Junsu…. La atractiva expresión del Sr. Kim y los bordes de sus labios. ¿Cómo es que Yoochun pudo ser tan estúpido? ¿Cómo pudo haberle dicho esas cosas a un hombre ciego?

Tan estúpido. Yoochun. Estúpido.

Pero ciertamente no era la cosa más estúpida que había hecho en su vida.

Ya sin sentir la necesidad de hornear para distraer ese sentimiento de depresión, Yoochun colgó el mandil en la barra y salió de la cocina. Caminó a su habitación.

No necesitaba distracciones. Estaba tan cansado, tan enfermo de siempre tratar de buscar una distracción.

Yoochun se lanzó a su cama y cerró los ojos. Alzó un brazo hasta llegar a su cabeza para que su antebrazo quedara sobre sus ojos cerrados.

Hoy no era un día para distracciones. Hoy era un día de memorias; recordar, lo bueno y lo malo.

[F.l.a.s.h.b.a.c.k]




Las ásperas y callosas manos rodearon su delgado brazo y lo lanzaron contra la pared. Su delgado cuerpo colisionó con la destruida repisa y sintió como si quisiera gritar y llorar de dolor. Pero ignoró el dolor porque estaba enojado, muy enojado con el monstruo que estaba golpeando a su madre en el centro de la diminuta sala.

“¡Detente!” el pequeño Yoochun, de diez años, gritó mientras corría hacia los dos adultos tratando de salvar a su madre de otro golpe.

No se dio cuenta de que cuando su cuerpo golpeó la repisa, un candil que se encontraba en el borde del viejo mueble cayó al suelo.

“!Chunnie, corre!” escuchó la voz de su madre gritar. El monstruo la empujó hacia el suelo.

Los ojos de Yoochun se abrieron, aterrorizado por la expresión de dolor en el rostro de su madre. Quería correr hacia ella, tomar su mano y alejarse de ese quebrado lugar (quebrada familia) juntos.

“¡Esto es por ser irrespetuosa!” gruñó la profunda voz del monstruo.

Yoochun sintió las ásperas y callosas manos una vez más sujetando su delgado brazo y alejándolo de su madre, el monstruo lo arrojó con furia en la esquina del closet y azotó la puerta.

La luz de un nuevo fuego fue la última cosa que Yoochun vio antes de que la obscuridad del closet lo engullera, “¡déjame salir! ¡Mamá! ¡Mamá!, ¡Ayúdame!”

Golpeó la puerta, se recargó en ella con esperanza en que la puerta del viejo closet se rompiera.

“¡Déjalo salir!” escuchó a su madre exigir. El pequeño de diez años fácilmente podía imaginar a su pequeña madre arrojar sus débiles puños a su esposo; lo había visto tantas veces en su corta vida.

“¡Mamá!” chilló Yoochun mientras trataba de escapar.

Finalmente el monstruo se alejó de la puerta y esta se abrió. Yoochun cayó fuera del closet, siendo bienvenido por una neblina gris. Sus ojos estaban llorando y este no podía distinguir si la humedad en ellos era a causa de sus emociones o del escozor del humo.

Vio que el monstruo se había separado de la puerta solo porque su madre había tomado un arma para atraer la atención del monstruo. Él agarró el arma (una botella de cerveza vacía) arrancándola de sus delgadas manos y lanzándola al fuego del otro lado de la habitación. La tomó con rabia del cabello y la golpeó.

Yoochun rápidamente agarró una vieja silla rota y corrió hacia el monstruo. Con toda la fuerza que pudo reunir, se dirigió hacia la cabeza del monstruo.

Yoochun escuchó un rugido de dolor. Lo ignoró esquivando el brazo de la bestia para alcanzar la mano de su madre.

“¡Corre!” gritó mientras se dirigían a la pequeña cocina. El fuego ya se había tragado la mitad de la sala y pronto se extendería a la otra mitad de la pequeña casa.

“¡Tu pequeño mocoso!” un rugido de ira volvió a escucharse y Yoochun fue jalado hacia atrás. La fuerza con la que era jalado le provocó dolor en el hombro.

“¡No!” su madre chilló justo cuando el pequeño cuerpo de Yoochun fue lanzado hacia atrás casi llegando a las llamas. Su cabeza golpeó la esquina de una mesa y la sangre comenzó a correr de la herida provocada. El fuego estaba tan cerca de su cuerpo que ese ardía por el calor.

Su madre volvió a atacar al monstruo mientras Yoochun se incorporaba. La silla que había utilizado anteriormente ahora ardía en llamas. Trató de buscar alguna otra arma para defenderse.

Vio otra botella de cerveza vacía en el suelo y lo tomó, corrió hacia la pareja que peleaba y golpeó al monstruo (su propio padre) fuertemente en la cabeza con la botella de vidrio. El sonido del cristal quebrándose y el gemido de su madre fue acallado por el estruendo del creciente fuego.

“¡Chunnie, corre!” su madre lo tomó de la mano tratando de guiarlo a través de la cocina hasta la puerta trasera.

Cuando Yoochun trató de correr con su madre, sintió una mano en su tobillo. Se aferraba fuertemente y Yoochun calló, soltando la mano de su madre para que no fuera arrastrada junto con él.

Yoochun calló boca abajo en el ardiente piso, sudor cubriendo su desnutrido cuerpo. Sintió una gran mano en la parte posterior de su rasgada camiseta jalando su cuerpo entero hacia atrás.

“Me asegurare de que te quemes antes de que muera” rugió el monstruo mientras sujetaba al flacucho de diez años de edad y lo lanzaba hacia el fuego que ya había consumido la mitad de la casa.

Justo cuando pensó que era el final, sintió todo su cuerpo siendo lanzado. Aterrizó con el lado derecho de su cuerpo y su rostro golpeo un objeto que se encontraba en el suelo, no sabía lo que era, pero estaba tan cerca del fuego que aquel objeto había elevado su temperatura a un grado insoportable. La cabeza de Yoochun se estrelló contra este, causando que la piel del lado derecho de su rostro hiciera contacto con el ardiente objeto quemando su piel, el agudo grito del niño de diez años junto con el sonido de su piel quemándose se mezclaron.

“¡Chunnie!” su madre sollozó mientras lo alcanzaba y lo abrazaba fuertemente.

Con los ojos entrecerrados, Yoochun podía ver como el cuerpo de su padre estaba junto a sus pies. Había un trozo de cristal de la botella rota que sobresalía de su espalda. ¡Su madre había apuñalado al monstruo por la espalda con la botella de cerveza rota! ¡El monstruo estaba muerto! ¡Su padre yacía ahí, muerto, junto a sus pies!

Las lágrimas de dolor se habían detenido a causa del shock y el adormecimiento del acontecimiento era suficiente ayuda para ignorar la insoportable quemadura en su rostro.

“¡Vamos! ¡Rápido!” gritó su madre mientras lo jalaba.

Yoochun trató de no mirar el cuerpo que pronto sería consumido por el fuego. Siguió a su madre y mordió sus labios tratando de no expresar lo dolorosa que la quemadura le resultaba.

En poco tiempo la casa había desaparecido a manos del fuego. Pedazos del techo caían mientras la casa (el hogar) se quebraba.

Solo quedaba una salida y era difícil de llegar a ella.

“¡Vete!” ordenó su madre, tratando de empujarlo hacia la salida en la puerta trasera. Tuvo que arrastrarse porque el fuego se había diseminado por todo el techo y la parte superior de la puerta estaba bloqueada por ardientes pedazos de madera.

Yoochun se aferró a la mano de su madre para asegurarse que escaparan juntos.

Apenas pudo salir cuando escuchó el sonido de la madera quebrándose. El grito de su madre hizo eco en sus oídos (y en su corazón) cuando una larga pieza de madera aplastó la parte baja de su cuerpo.

“¡Umma!” lloró Yoochun mientras tomaba sus manos y trataba de sacarla. Solo tenía medio cuerpo de fuera, solo un poco más y serían capaces de ir en busca de Kyuhyun al orfanato; para ser una familia feliz otra vez.

La sangre se escapó a través de sus labios secos, causado por heridas internas. Todo su cuerpo estaba bajo un dolor insoportable, pero cuando el entumecimiento se fue apoderando de su cuerpo poco a poco, ella supo que no lo lograría.

“¡Yoochun! ¡Yoochun!” trató de respirar.

“¡Ayúdame, Umma! Ayúdame, ¡ayúdame a salvarte!” Yoochun sollozó mientras tiraba y se aferraba a sus brazos, hincándose e incluso poniéndose de pie para ejercer mucho más fuerza.

“¡Yoochun, escúchame!” calló por un momento, tratando de contener las lágrimas y tomando todo el oxígeno que le era posible.

“¡Umma!” Yoochun imploró. “solo un poco más.”

“¡Escúchame!” suplicó.

Los labios de Yoochun temblaron mientras caía de rodillas (rindiéndose). Su cuerpo entero se sacudió, incluso estando tan cerca del fuego sintió frío. Ya no tiró más de su brazo.

“Lo único que lamento en esta vida es no haber podido escapar antes de él, que no pude llevarte ni a ti ni a Kyuhyun lejos de él. Pero…pero…” trató de respirar, parecía tan difícil. Yoochun apretó los dientes tratando de no sollozar. Sus lágrimas seguían cayendo. “pero por lo menos ahora, puedo dejar este mundo sabiendo que fui capaz de salvarlos a ti y a Kyuhyun de él. Ustedes dos son libres de él ahora. Cuida de Kyuhyun, Yoochun. El aún es muy joven… cuida de él y cuídate tú también.”

“Umma…” Yoochun lloró con una voz quebrada y supo que no podría decir nada más. Se aferró fuertemente a sus manos. ¿Debería tratar de sacarla una vez más? ¿Podría?

Su madre sacudió su cabeza de derecha a izquierda, lenta y débilmente. “No seas como yo. No vivas una vida llena de remordimientos. La vida es muy corta para estarse lamentando. Sigue viviendo la vida al máximo. Mira siempre el lado bueno y se fuerte. Mis padres siempre me dijeron que: siempre viera el lado bueno y fuera fuerte, pero no pude hacerlo. Tú debes ser capaz de hacerlo. Tú y Kyuhyun…”

Su propia voz, ronca, se quebró y ella sollozó fuertemente. Miró hacia arriba a su hijo mayor: la sangre cubría la mitad de su cara, las lágrimas causaban que la quemadura le picara, y esos humedecidos ojos se secarían con el tiempo. La quemadura dejaría una cicatriz. Lo sabía. Pero aun así seguía siendo su hermoso hijo.

Era tan, tan triste el saber que ya no sería capaz de poder ver a su hijo menor por última vez.

“Tengo suerte de haber tenido a un hijo como tú. Eres hermoso por dentro y por fuera. Eres fuerte y valiente, amable e inteligente. Nunca cambies, serás capaz de vivir la vida al máximo. Tú y Kyuhyun, permanezcan siempre juntos, ámense. Cuida bien de él, Chunnie,” tosió y sollozó, no podía respirar más. “date la vuelta Chunnie. Date la vuelta y corre, no mires atrás.”

No quería que viera.

“Umma,” Yoochun lloraba, nuevas lágrimas se volvían a formar.

“Haz lo que digo,” luchó y jadeó por un poco más de aire.

“Te amo, Umma. Te amamos.” Gimoteó mientras le apretaba su mano por última vez.

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:’/ Hasta aquí el cap. 24, espero no se les haya salido una lagrimita, (como a mi :P ) aun asi, gracias por seguir fieles a esta maravillosa historia y que así continúen, y por sus lindos comentarios :D

Cap. 25 : ”La vida es muy corta para tener remordimientos.”


4 comentarios:

  1. Dioooss Yoochun ha sufrido muchisimo... con lo de su infancia perdiendo de esa forma a su madre.

    Y en el presente con el desprecio de Junsu.

    Hasta cuando Yoochun podrá ser feliz, en verdad se merece ser feliz.

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  2. ;33333333; Hermoso <3

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  3. L'Park5/01/2013

    Me dio de todo TOT
    yo deprimida y esto...
    quieroo más *-*

    Graciuas por la traducción

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  4. Anónimo5/03/2013

    kamila: yoocun yo te amo no lloress
    difinitivamente gracias por traducirlo esta es una granmegahiperhistoria espero continuen asi

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