Making a Lover - Cap. 1

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Sus dedos nerviosos y sudorosos se entrelazaban uno con otro mientras aguardaba sentado en la tercera mesa del fondo, justo al lado de la ventanilla del restaurante familiar frente a su oficina. Podrían ser cerca de las seis de la tarde. Luego del trabajo, con nerviosismo, se acerco al lugar de siempre, esperando en el sitio de siempre ver pasar a la persona de siempre.

Era alguien simple, bastante tímido y patético, le costaba tomar decisiones o hacerse claro en algo, y justo por eso sentía que cada vez era más complicado salir de su monótona y aburrida vida.

La campanilla de la puerta de entrada de la cafetería en su tintineo le aviso que alguien había entrado, trago saliva y redirigió su vista hacia la puerta, expectante, con el corazón bombeando a mil, y al ver a una pareja de chiquillos en sus dieciocho empejotados entrando de la mano, su ánimo se fue al suelo. Suspiro derrotado y tomo la gastada maleta de cuero que reposaba aun lado de su asiento, levantándose de la mesa para ir a casa a alimentar a Tiger, Bakira y Leo… -sus tres amados gatos, y por el momento, únicas compañía-

“Ahí estás Junsu, prometiste que no volverías a estas y aquí estás”-se reclamo así mismo a lo que se incorporaba y caminaba con dirección a la salida del acaudalado restaurante…

Un golpe seco se oyó a su espalda, y sintió una mano apretarle el hombro casi inmediatamente se levanto, y giro bruscamente buscando con los ojos a aquel que quería llamarle  la atención… y le vio, un hombre alto y bronceado de no mucho mas de 25, con lentes de sol y una preciosa chaqueta de cuero, de ese estilo que siempre quiso probar en si mismo pero nunca tuvo el valor, unos vaqueros negros acompañados con botas altas también de cuero y una sonrisa de 10 mil dólares colgando de sus labios… sin duda lo mas reluciente de todo su cuerpo.

-Te rindes rápido ¿uh? –el susodicho le miro de pies a cabeza sin apartar la sonrisa blanquecina y brillante, suavizando el agarre de su hombro y redirigiéndolo con total confianza a empujoncitos leves en la espalda a la mesa de la cual se había alejado.

-Ehm… ¿Q-Quién es usted? –Pregunto nervioso incorporándose en la mesa, mas por inercia que por decisión propia-

Se quedo pasmado sin emular palabras cuando el sujeto se quito los lentes con suavidad y estilo, moviendo el flequillo y acomodándolo y pudo divisar su pequeño rostro perfecto ya no oculto tras las gafas de aviador, dándole un aspecto suave y masculino, constantemente con la sonrisa de trofeo pintada en el rostro. Sus facciones eran de modelo de portada. Parpadeo un par de veces antes de cerrar la boca y acomodarse las anticuadas gafas de oficina que había olvidado quitarse, y abrazar en su pecho el maletín, sintiéndose tan pequeño como una hormiga. No hay nada que lo hiciera sentir mas inferior, que un hombre guapo se le pusiera al lado. El hombre lo observo por varios segundos, jugando con las gafas en su mano, pasándolas de un lado a otro, hasta que frunció ligeramente el labio, y hablo:

-Te he estado observando desde que pusiste el primer pie en la cafetería… a eso de las 5:45 -El aludido miro a ambos lados como si al cosa no fuera con el, y se acomodo el pelo de alguna forma antes de perder la postura recta y entreabrir los labios, buscando decir algo, en respuesta, el sujeto se saco la chaqueta mostrando sus bien torneados y ligeramente musculosos brazos, acomodándolos en la mesa y entrelazando los dedos, mirando con fijeza el rostro perdido y ensombrecido de Junsu:

-Luces como un crio de doce años jugando con el popote de tu bebida, la primera impresión de ti es la de alguien medianamente tímido y abstraído que tarda en responder preguntas y puede ser acorralado fácilmente. Cuando te sientes inseguro o cansado sueles jugar con tus dedos para tratar de distraerte y al ser tan callado y ensimismado alejas a la gente aunque esa no sea tu intención. Independientemente de lo que busques, no lograras nada si te rindes solo porque la persona que esperas cada día no se aparece, o más bien, no aparece el día en que lo esperas para finalmente decirle algo. Eso muestra el poco interés y fuerza de voluntad que tienes para dar un giro a tu vida… o para luchar por algo que quieres.

Junsu se sintió levemente afectado con la lluvia de criticas golpeándole la cara, y aunque bien no era la primera vez que las escuchaba, si era la primera vez que un completo extraño se las decía, creándole un sentimiento bastante terrible de manejar, mas allá de la inferioridad, era una humillación completa:

-Y-Yo…-emulo nervioso, mordiéndose el labio inferior para tratar de vocalizar bien- No entiendo. ¿C-Como sabes eso

-En realidad venir a esta cafetería es mi rutina, asi que te he visto, desde el primer dia que entraste aqui…-sonrio jugeton, cambiando su mirada de seria y calculadora a una mas divertida- porque quieres saber la forma como lograr cambiar y no sabes, te enseñare a hacerlo, cambiando uno a uno los aspectos que te hacen sentir incómodo y que alejan a los demás…

- uhm… ¿de que hablas?

-Cuando cambies lo que en tu interior te hace sentir inseguro, entonces reflejaras a los demás ese cambio, y veras cuan fácil es lograr lo que sea que te propongas –afirmo seguro, estirando el brazo para alcanzar las manos de Junsu que estaba apretujadas una sobre otra y tomarlas entre las suyas, viendo como se encogía como un gatito sobre tus hombros- Entonces déjame enseñarte…

Junsu parecía perdido, sin entender ninguna de las palabras que el extraño decía, este pareció impacientarse por su silencio, y apoyo los codos en la mesa sosteniendo su rostro con las manos y formando otra mueca extraña con los labios:

-Eres bastante lento, a pesar de que luces como un cerebrito –dijo en broma, liberando una sonrisa abrazadora- he dicho que, ya que no tango nada que hacer, ayudare a que el oficinista al que siempre esperas se fije en ti –vitoreo, apoyando la barbilla en la mesa y sonriendo como un niño- se exactamente que hacer para que cualquier persona se fije en ti…

Junsu abrió la boca de par en par, mas que por el repentino ofrecimiento de ayuda, se sorprendía de que el sujeto supiera a quien esperaba ver pasar todos los días, prácticamente desde que entro a trabajar en el edificio de enfrente y se sonrojo hasta las orejas clavando los ojos al piso:

-Soy Jung Yunho –Se presento, dándole la mano al notablemente shockeado Junsu- Soy trabajador a tiempo completo en “Klous”… por lo que pronto es hora de irme a trabajar.

-¿Klous? –Pregunto, pero antes de que Yunho pudiera responder, la respuesta le vino a la cabeza inmediatamente y abrió la boca de par en par levantando la mirada con los ojos como platos al aun divertido Yunho - ¡¿Eres un prostituto?! –Casi grito, atrayendo la mirada de los comensales más cercanos a la mesa donde se encontraban, llevándose la mano a la boca inmediatamente dándose cuanta de su imprudencia – L-Lo siento mucho…

-No te preocupes, es la reacción de todos –sonrió mas que tranquilo, demostrando lo poco que le afectaba la denominación- de echo soy un host, servimos como compañía tanto para hombres como mujeres y nos pagan por eso… pero si quieren tener sexo la tarifa es mas alta -dijo sin una pisca de pudor, divertido al ver como la cara del chico de enfrente se descomponía-

-P-Pero yo… no se si pueda pagar algo como…

-Generalmente un asalariado no puede costear una sola noche con un host de Klous –sonrió pícaro, guiñando un ojo a Junsu- de echo gano tanto que no es necesario ir a trabajar todos los días, y tengo tanto tiempo libre que es mas divertido pasar el día en esta cafetería. Y de echo, cada día que te observaba ir y venir a la misma hora, me entretuve bastante creando patrones de razones por las cuales venias a este lugar, y cuando lo descubrí me sentí realizado –dijo con animo, como si en verdad hubiese sido una hazaña- Por eso he decidido ayudarte sin cobrarte… solo por devolverte los días en los que me entretenido a costa de tu angustia.

Junsu se llevo la mano a la cabeza, moviendo un poco el cabello y mirando a Yunho a través de los lentes con algo de duda, bebió un poco del refresco que por alguna razón tenía en frente y luego de pensar con detenimiento lo que iba a responder, miro a Yunho:

-¿Estas jugando conmigo? ¿Por qué querría un apuesto chico que parece un modelo acercársele a alguien como yo con el fin de ayudarlo? No tengo dinero… así que no puedes sacar mucho de mí.

-No es por el dinero, tómalo como una simple retribución. Veo mucho potencial en ti, por lo que quiero explorar que tanto puedo hacer.
-¿Soy algún tipo de experimento? –Pregunto desganado, haciendo un gesto de molestia-

-Si lo dices de esa forma, si, suena terrible –sonrió ampliamente- pero, ¿Qué puedes perder? En este momento puedo brindarte una posibilidad única en la vida. Piensa en ello, ¿Por qué mas lo haría?

Junsu lo miro con reserva entrecerrando los ojos, admirando sus dientes como perlas brillar con la luz translucida del lamparón sobre sus cabezas y suspiro, levantándose del asiento y cerrando los ojos por un segundo, preparándose para dar una respuesta:

-Lo pensare –respondió, encaminándose hacia la salida- sigues siendo un extraño, y no puedo confiar en gente así como así.

Escucho un leve resoplido, casi una risilla a su espalda y luego, unos brazos tibios que le rodearon los hombros, y una mano de se introducía en su abrigo. Dio un respingo cuando sintió el aire caliente del aliento de Yunho sobre su cuello, y se enrojeció como un tomate al sentir el tacto de su mano sobre su pectoral:

-Ven a verme si te decides –susurro en su oído al tiempo que volvía a la mesa- prometo que no te arrepentirás.

Junsu, algo tembloroso metió su mano en el bolsillo de su abrigo, sintiendo los bordes duros de algo, era plástico, o eso parecía. Saco el pequeño rectángulo y seguidamente lo observo, notando las letras de color plata brillante sobre la superficie de color negro:

Jung Yunho
Main Host
Klous

No quiso voltear a ver su rostro de nuevo –en gran parte porque seguía rojo como un tomate-, hizo una reverencia y raudo se aproximo a la salida del restaurante, ya fuera, camino por las calles como si de una maratón se tratase hasta que, ya alejado varias manzanas de aquel lugar, se calmo, tomando aire por la boca, aun con la tarjeta sostenida con fuerza en sus manos.

A pesar de que su apartamento quedaba bastante retirado, camino sin prisas pensando, trayendo a su mente la conversación con el extraño, su acercamiento y su propuesta. Era claro que la idea le sonó de maravilla desde el primer momento, pero era distinto el creerla una gran idea, a confiar en alguien… ya no tan desconocido…

¿Representaba aquel extraño una salida de su abismo oscurecido?

Eso pensó y repensó toda la noche mientras daba vueltas en la cama, con Leo encima de su estomago, ronroneando y arañando con sus garras la camiseta de algodón de su pijama, el seguía aun sosteniendo el rectángulo de plástico en sus manos y pasando sus dedos por las letras en relieve… en su nombre…

[…]


Como siempre solía pasar, se tomaba tiempo para pensar las cosas desde su mayor punto a favor hasta la peor consecuencia, y de echo, había transcurrido una semana desde que dejo de ir a la cafetería por las tardes, como forma de evitar al host… ahora, la tarjeta de presentación que le había entregado colgaba del espejo, y cada mañana, al mirarse, recordaba su propuesta, y al ver su reflejo, se alentaba a si mismo a tomar la iniciativa de irlo a buscar…

Suspiraba y lo pensaba, pero no se sentía con la valentía suficiente como para dejar que alguien más tratara de salvar algo en el, algo que era i-rescatable… así que, simplemente iba al trabajo, evitando la cafetería a toda costa y regresando a torturarse mentalmente cuando despertase y el ciclo vicioso continúo por una semana más…

Cuando la tercera semana llego, tomo la tarjeta del espejo y la metió en el bolsillo de su chaqueta, era sábado y vestía sin traje solo con unos pantalones de mezclilla, una plana camiseta blanca y la chaqueta de terciopelo color chocolate. Hizo un esfuerzo, dejando que su cabello respirara de la gomilla y dejando que el flequillo jugara en su frente, apartando las gafas de su rostro y olvidándolas en la mesa. Estaba haciendo un gran esfuerzo por verse medianamente bien, después de todo, el club “Klous” era exclusivo y muy conocido.

Era un edificio de aproximadamente 20 pisos, en las primeras tres plantas habían restaurantes, se servía todo tipo de comida, desde la típica coreana hasta platos exóticos de Sudamérica o África. Había cenado allí con algunos inversores por lo mucho tres veces, y justo por eso podía asegurar cuan acaudalado eran los restaurantes, pues no había día en que no estuvieran llenos de personas, y hacer reservaciones era casi imposible –a menos que se este dispuesto a esperar 4 o 5 meses-. Dos  pisos mas arriba se encontraba la zona de los bares, que se dividían en una zona regular y una VIP, los bares eran mucho más tranquilos que los restaurantes, y el acceso era más fácil, se servían bebidas de todos los rangos desde soju común y corriente hasta whiskey y vino importado de la mejor calidad. Los siguientes pisos del club los desconocía o al menos nunca los había visto con sus propios ojos, eran la zona VVIP, y también la más controversial, pues esa era la actividad por la que más se conocía el nombre del club, y eso eran los pisos dedicados a los host u anfitriones, o bien conocidos en la cotidianidad como “prostitutos”. Allí trabajaban los jóvenes y jovencitas mas hermosos de corea, pero no se detenían en personas comunes, modelos, actrices, cantantes y demás eran parte de la larga lista. El lugar no era como un prostíbulo normal, era elegante, con clase y además se decía que no todos los host daban su cuerpo a cambio de dinero, algunos solo ofrecían compañía –y Yunho le había confirmado eso- pero por supuesto, ser miembro de esa zona del club costaba mucho dinero, y solo empresarios de gran alcance podían permitirse ser atendidos –o en su medida mimados- por un host de Klous.

No sabia con claridad si lo dejarían entrar si preguntaba por algún host, o si de igual manera lo echarían a patadas por no ser miembro, por lo que se arreglo lo mejor que pudo para no lucir tan pobre y tomo el auto, conduciendo hasta  el edificio. La fila para entrar al restaurante doblaba la que había diariamente, después de todo era fin de semana. El edificio tenia tres entradas, la principal y la mas amplia,  llevaba al vestíbulo y a su vez a los restaurantes, luego, se encontraba un ascensor que llevaba a otro vestíbulo, pero este conducía directamente a los bares, y la puerta numero tres, estaba vigilada, parecía un edificio aparte y era justo esa la que llevaba a la zona de los host.

Bajo del auto cuando pudo estacionarse, y lo primero que hizo fue tomar la tarjeta y empuñarla en su mano, con el corazón bombeando con fuerza en el pecho, trago saliva al acercarse, y notar los dos enormes hombres que estaban de pie en la puerta, trato de no parecer tan asustado y se llevo el flequillo a un lado, sonriendo desde varios metros de distancia, los dos vigilantes se miraron y tensaron mas la posturas, viéndose mas intimidantes, por lo que Junsu se guardo algunos pasos y se detuvo antes de llegar a acercarse a los vigilantes:

-Ehm… hola… -dijo sonriente- quería saber algo…

-No se permite el acceso a personas comunes -dijo cortante el vigilante de la derecha- por favor retírese.

Junsu se mordió el labio, gritando en su interior que debía salir de ahí cuanto antes, que aquello era una señal,  que finalmente Yunho le había tomado el pelo porque nunca lo dejarían entrar. Pero, hubo algo a su vez que le indico que no debía rendirse, las palabras de Yunho, su promesa… y por sobre todo, pensar en su incapacidad de hacer algo por si mismo y siempre darse por vencido… no podía irse, le tomo tres semanas sacar el valor para venir a este lugar, y no se iría, al menos no sin ver a Yunho…

Recordó entonces la tarjeta que aguardaba en su mano, y algo inseguro se la mostro al vigilante, este último a su vez miro al segundo y luego de hablar con los ojos miraron a Junsu y le preguntaron:

-¿De donde has sacado eso?

Junsu extendió la tarjeta, dejando ver claramente el nombre del host que se la había dado –Me la dio Jung Yunho, el me pidió que viniera aquí –exclamo, volviendo a sonreír –si al menos pudieran llamarle para que se encontrara conmigo, no es necesario que me dejen entrar-

Los hombres inmediatamente se movieron de un lado a otro con el transmisor en la mano, comunicando un mensaje en clave, y después de varios minutos, con una respuesta –también en clave- uno de los vigilantes retiro la cuerda de terciopelo rojo y se acomodo a un lado para dejar entrar a Junsu:

-Debes ir por la primera planta, y luego subir por la escalera principal, debes esperar en los camerinos, no te distraigas y ve directamente a esa oficina sin salir de ahí… Yunho ira a verte.

Junsu casi rio de la emoción, e inmediatamente se dio a la marcha, agradeciendo a los hombres y caminando a través del oscuro pasadizo con luces azules, encontrándose luego con el ruido de la música y el impresionante –en verdad impresionante- centro de todo el lugar, era un bar, con muchos asientos, una pista de baile, y ya estaba bastante lleno de personas. Los asientos eran de lo mas modernos, el techo era altísimo y de el colgaba una araña negra enorme que brillaba con el resplandor de las luces de la pista sobre ella, había una piramide de copas de Champagne y una fuente en el centro que formaba hilos de agua de colores cambiantes, también estaba una pared de cristal, por el que recorría mas agua, dando un efecto precioso, la pared era amplia, muy amplia, y cubría casi toda la zona. La isla del bar era enteramente de cristal también, dese la mesa del bantender, e incluso las sillas que rodeaban la isla.

-Woah –soltó inocentemente, caminando con lentitud admirando cada tramo que recorría con sus pies- impresionante…

-¿Podemos ayudarte? –Escucho una voz frente a su posición, dirigiendo directamente la vista a ese lugar. Dos chicos en sus veintes se le acercaron y le sonrieron, eran hermosos, de piel tersa y blanca como la nieve y ojos negros marcados, y hermosos labios color cereza. Vestían de blanco, de pies a cabeza, y no tardo en notar como el resto de personas también vestían igual. Se puso nervioso al recordar la advertencia de los vigilantes, y simplemente paso a un lado de los muchachos, encontrando casi inmediatamente la escalera en espiral y aproximándose a ella con velocidad.

El lugar que se encontró era mas oscuro, esa una plaza con algunos muebles y muchas puertas, había otra fuente mas pequeña en el centro y lo mas notorio era la enorme ventana de cristal que daba vista a la plata de abajo y al hermoso paraíso que se divisaba, no tardo en encontrar –aun en la oscuridad- la puerta que decía “Camerinos”, así que se aproximo a esta y giro el picaporte con cuidado, abriendo sin hacer mayor ruido.

Había otra plaza pequeña, y más puertas, el lugar estaba mucho mas iluminado y cada puerta tenía su respectivo nombre. Eran alias, o eso parecía, pues eran nombres cortos y llamativos. No sabia a cual entrar, pues aun desconocía que tipo de alias usaba Yunho, así que lo tiro a la suerte, entrando a la primera puerta que le llamo la atención. Nuevamente uso su sigilo para abrir la puerta con cuidado, y paso la mirada por la habitación, hasta dejarla clavada en un punto en concreto… Se encontraban dos personas dentro, un pelinegro, que estaba siendo acorralado contra la pared por un chico de cabello chocolate y piel canela… parecían discutir en susurros, pues el chico de tez pálida y cabello color negro tenia el ceño fruncido.

Parecía haberse metido donde no lo habían llamado, e inmediatamente intento cerrar la puerta, o eso quiso, antes de ver como el pelinegro se inclinaba hasta el castaño y le daba un beso… no un pico, ni un roce… un beso, profundo, hambriento desesperado… y elevo las parpados a su tope al ver como el otro empezaba a dejar de lado la camisa blanca que llevaba su compañero, dejando a la vista hermosa piel color alabastro…

Repentinamente le temblaron las piernas al ver la escena erótica, y el corazón se le quiso salir, al sentir el roce de un aliento en su cuello y una mano que le obstruyo la vista, dejándolo en un túnel oscuro… No sabia que hacer, solo quedarse quieto sin saber lo que sucedía a su alrededor:

-Los camerinos no son para follar –dijo fuerte el hombre a sus espaldas, aun sosteniendo la mano sobre sus ojos- Tienen los dos clientes abajo, así que pónganse a trabajar…

-¡Yo también necesito follar! –grito uno de los hombres, aunque no podía ver cual-

-Si, lo que quieras, pero no en mis camerinos, y menos con uno de mis nuevos empleados.

-Solo estoy instruyéndolo…

-Instruyéndolo una mierda, Jaejoong, deja de comerte cada nuevo empleado que traigo…

-¡Yo no hago eso! –grito indignado-

-¡Claro que lo haces! –Grito- Escucha nuevo, este tipo es de los peores, no caigas por el… el es un puto en todo el sentido de la palabra.

-¡Maldición Yunho, cierra el pico! –Grito con fuerza- Eso no es verdad, juro que no es verdad Changmin… ¿Changmin? ¡Changmin!

Alguien que se aproximo a la puerta los empujo a un lado con fuerza, y finalmente, la mano fue retirada de sus ojos y observo al pelinegro con la camisa entreabierta, mirándolo con rabia. Bueno, no específicamente a él, si no al sujeto que aguardaba a sus espaldas:

-¡Por la puta mierda Yunho, aprende a cerrar la maldita boca! –Grito molesto, dándole una mirada fulminante a Yunho-

-No dije nada que no fuese verdad –rio, y el pelinegro se enrabieto mas- Es un crio Jaejoong, estas muy viejo para los de su tipo…

-¡Te dije que me lo iba a follar! –Grito con mas fuerza acomodándose la camisa- ¡Y aunque me estés saboteando cabrón, lo voy a hacer!

Junsu estaba perdido en medio de la discusión, no entendía de que iba por lo que solo mantuvo la vista en el piso, momentáneamente redirigiéndola al chico pelinegro que ahora arreglaba su cabello en el espejo, sin quitar el enojo. Era hermoso, en todo el sentido de la palabra, y sin duda era de las personas que no puedes dejar de ver aunque trates.

-Así que has venido –susurro Yunho a su oído, sacándole de su embobe por el pelinegro, y dando un leve giro a su cuerpo para poder verlo, y ahí se quedo, ahora embobado por la hermosa vista que Yunho le ofrecía… con el rostro bellamente maquillado y el cabello recogido hacia atrás, los labios brillantes y rojos y su pecho aceitado siendo expuesto por el enorme escote de su saco blanco… todo el era blanco, brillante:

-¿Y este quien es? –Pregunto el pelinegro, atrayendo la mirada de los dos, ya se había arreglado el cabello y la ropa, y se acerco con paso sensual hasta la puerta- ¿Nuevo recluta?

-No –dijo Yunho con recelo abrazando a Junsu por los hombros- Es mi cliente, así que fuera de aquí, a trabajar… no te digo que muevas el culo porque ni eso tienes.

Los perlados dientes del pelinegro se iluminaron y una risilla graciosa se escapo de sus labios, miro a Junsu, e hizo una reverencia para luego alejarse del lugar dejándolos solos:

-Lo siento –logro decir Junsu aun con el brazo de Yunho sobre sus hombros- me he metido donde no me han llamado…

-No te preocupes por ello –sonrió, girándolo para mirarlo a los ojos- es mi culpa por no poder atenderte como se debe… vamos a mi camerino…

Junsu siguió a Yunho que ahora pasaba su brazo por su nuca y lo llevaba al final del pasillo, donde brillaba sobre la puerta el alias de “U-Know” con algo de temor y expectativa sobre lo que iba a pasar se dejo arrastrar, esperando que la solución a sus problemas se diera pronto…

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