Contrato de sangre - Cap. 2

6 comentarios

—¿Esta aquí?

—Lo está, señor. Lo he puesto en la habitación contigua.

—Quiero verlo.

—Yunho, no sé si eso es una buena idea —dijo Sully—. Él ahora mismo está durmiendo y…

—¡Quiero verlo! —Yunho gruñó silenciosamente.

—Como desees. —Sully inclinó la cabeza y salió de la habitación.

Yunho cerró los ojos. Esa poca bravata había chupado la energía directamente fuera de él. Sus párpados se sentían como si estuvieran unidos a pesos de plomo. No podía recordar estar alguna vez así de cansado, ni siquiera cuando luchó en la Revolución Francesa, y esa había sido una batalla sangrienta que se prolongó durante mucho tiempo.

Yunho abrió los ojos y giró la cabeza cuando escuchó la puerta abrirse. Vio entrar a Sully, con un hombre acunado cuidadosamente en sus brazos. La curiosidad de Yunho despertó cuando obtuvo un buen vistazo del extraordinario pelo rubio como los rayos del sol que sobresalía de la manta envuelta alrededor del joven.

—¿Está bien? —preguntó Yunho cuando Sully puso al hombre inconsciente a su lado.

—Sí, sólo está durmiendo. —Sully hizo una mueca y cruzó las manos frente a él mientras se ponía de pie junto al lado de la cama—. Me temo que tuve que darle un sedante.

Los ojos de Yunho se dispararon hacia arriba y se encontraron con los de Sully un momento y luego volvieron a bajar al hombre que yacía a su lado. Una preocupación antinatural por el humano lo embargó.

—¿Por qué?

—No creo que él fuera plenamente informado por parte de su familia de las condiciones del contrato, señor.

—¿Qué? —espetó Yunho—. Él firmó el contrato, ¿no es verdad?

—Lo hizo, pero creo que creía que estaba firmando un contrato entre él y su padre, no contigo. Cuando le informé del contrato entre ustedes dos, él se resistió. Ahí fue cuando tuve que sedarlo.

—¿Él no quiere ser un donante? —Cuando Sully permaneció en silencio, Yunhose volvió para mirarlo—. Di lo que está en tu mente, Sully.

—No estoy seguro de qué exactamente le dijo Kim al muchacho, Yunho, pero no creo que sea plenamente consciente de la situación.

—¿Qué fue exactamente lo que cree que estaba firmando?

—Como he dicho, un contrato entre él y su padre.

—¿Para qué propósito?

—Una vez más, no estoy seguro.

—Bueno, ¿qué sabes entonces? —Yunho espetó silentemente. Odiaba la comunicación silenciosa que tenía que usar debido a su frágil salud. Le gustaría mucho más estar pisando fuerte con su pie y gritando a los cielos en vez de tener que usar la telepatía. Era demasiado agotador para él y no tenía el mismo efecto.

—Es perfectamente compatible, Yunho.

Yunho suspiró y apoyó la cabeza sobre la almohada al lado de la de Jae.

—Déjame verlo.

Sully se agachó y tiró de los bordes de la manta hacia atrás para revelar la perfecta cara en forma de corazón del hombre dormido. Yunho inhaló fuertemente ante la belleza que yacía frente a él. No había esperado que su donante de sangre luciera tan guapo.

—Él es una belleza.

—Nadie debe tocarlo —gruñó Yunho, entrecerrando los ojos. Tuvo el súbito deseo de atacar a Sully. Simplemente no tenía la energía—. Voy a desgarrarle la garganta al primer hombre que toque un pelo de su cabeza.

Sully arqueó una ceja a Yunho, un gesto que muy pocos hombres lograban hacer frente a él. Eran sólo los años de servicio de Sully y la amistad que tenían los dos hombres lo que le permitía salirse con la suya ileso.

—¿No crees que es mejor que repongas tus fuerzas antes de empezar a hacer amenazas? —Sully preguntó, arqueándole una ceja oscura a Yunho—. Dudo que puedas desgarrar la garganta de una mosca en estos momentos.

—Tenemos que iniciar el proceso de inmediato —respondió Yunho mientras seguía mirando a Jaejoong, haciendo caso omiso de la observación de Sully sobre su decreciente salud—. Necesitaré mi fuerza para mantener a los observadores lejos de él.

—La necesitarás. —Sully asintió con la cabeza, una ligera mueca cruzó su rostro—. Una vez que se enteren de que Kim  es compatible, no dudarán en alejarlo de ti.

—Quiero que dupliques los centinelas —gruñó Yunho. Tenía una necesidad desconocida de mantener a salvo a Jaejoong, algo a lo que no estaba acostumbrado—. Te estoy nombrando su Sàssari hasta que sea capaz de protegerlo por mi cuenta.

Sully visiblemente tragó saliva.

—¿Sàssari?

Yunho comenzó a reírse ante la sorpresa de Sully, pero rápidamente se convirtió en una tos, sacudiendo su cuerpo con la fuerza de ella. Para cuando Yunho había terminado de toser, Sully estaba de pie junto a él, con un vaso de agua en una mano y un pañuelo en la otra.

—Te estás poniendo peor, Yunho—dijo Sully mientras limpiaba la sangre de la comisura de la boca de Yunho—. Debemos comenzar con la sangría tan pronto como sea posible, o puede ser demasiado tarde.

Yunho asintió. Sabía que Sully tenía razón. Se estaba poniendo más débil en cada momento. Él ya no podía caminar ni sentarse por sí mismo. Pronto, no sería capaz de levantar las manos o girar la cabeza. Yunho estaba más preocupado acerca de ser capaz de usar sus colmillos. Si no tenía la fuerza para beber sangre, moriría.

—¿Qué tan pronto podemos empezar? —le preguntó a Sully—. Estoy cada vez más cansado.

—Puedo sacar un poco de sangre por el momento o darte su muñeca, es tu elección.

—No estoy tan débil que no pueda beber de la fuente —gruñó Yunho, curvando hacia atrás la esquina de su labio superior, mostrando las puntas de sus colmillos—. Dame su muñeca.

—¿Estás seguro, Yunho? —preguntó Sully—. Él está bastante reticente.

—Firmó un contrato legalmente vinculante, ¿no es así?

—Sí, pero…

—Entonces él está obligado por el contrato que firmó.

—Yunho…

—¡Ahora!

Sully suspiró profundamente.

—Como desees, señor.

Yunho trató de no parecer demasiado ansioso cuando Sully llevó la muñeca de Kim su boca, pero habría sido un tonto al pretender que no lo estaba. Y Jung Yunho nunca había sido acusado de ser un tonto.

Yunho se sorprendió de lo deliciosa que sabía la piel de Kim mientras acariciaba con su lengua todo el largo de la muñeca del hombre. La mayoría de los humanos tenían un sabor ligeramente amargo en su piel. Yunho lo asociaba con beber vinagre. Kim sabía a menta fresca en verano.

Ambrosia diferente a todo lo que había probado alguna vez cruzó a través de la lengua de Yunho cuando hundió sus colmillos en la carne suave de la muñeca de Jaejoong. La sangre de Kim era caliente y suculenta, dulce como el chocolate negro. Yunho podía sentir que empezaba a infundir en sus células con cada trago. Sabía que cuanto más tomara, más saludable se volvería hasta que una vez más tuviera su antigua fuerza.

Pero también sabía que si tomaba demasiado, su fuente de sangre moriría por dar demasiada sangre. Yunho de mala gana retiró sus colmillos y lamió la herida de la mordedura. Su saliva curaría cualquier herida punzante que él dejara, dejando la piel de Kim rosa sonrosada en una hora.

—Asegúrate de que obtenga un montón de comida y bebida —susurró Yunho en voz alta, su voz sonaba temblorosa y ronca después de tanto tiempo sin uso—. Él necesitará la proteína para reponer su sistema. Dale algún tipo de suplementos vitamínicos también.
—Sí, Yunho. —Sully caminó al otro lado de la cama y levantó a Kim en sus brazos—. Voy a dejarlo dormir hasta que el efecto del sedante pase y luego veré que él coma.

Yunho asintió y luego apoyó la cabeza contra las almohadas.

—Asegúrate que consiga cualquier cosa que necesite, Sully. Él debe ser tratado como el tesoro que es.

Se sentía extrañamente despojado cuando Sully llevó a Kim fuera de la habitación. Quería saborear más de la sangre de Jaejoong, en parte porque sabía tan condenadamente bien, pero también en parte porque ya podía sentir algo de su fuerza regresando. Después de estar enfermo durante tanto tiempo, la intensidad de la energía corriendo a través de su sistema ante la infusión de sangre nueva, era abrumadora.

Envejecer apestaba.

Jae pasó la lengua por los labios y trató de tragar. Su boca se sentía como si estuviera llena de bolitas de algodón o arena del desierto. Trató de tragar, pero incluso eso le hizo sentir como si no hubiera bebido nada en días. Se estaba muriendo de sed.

Se echó hacia atrás y gritó cuando sintió que alguien envolvía un brazo alrededor de sus hombros y lo levantaba a una posición medio sentado. Almohadas fueron colocadas detrás de su espalda para ayudarlo a incorporarse, por lo cual Jae estaba agradecido. Se sentía agotado.

—Ssshhh, estás a salvo, Kim.

—J.....J…Jae —susurró mientras trataba de abrir los ojos—. M… mi nombre es Jae.

Los ojos de Jae finalmente revolotearon abriéndose justo a tiempo cuando un vaso de jugo de naranja fue sostenido contra sus labios. Cogió el vaso y lo inclinó hacia arriba, gimiendo cuando el sabor ácido y dulce se deslizó por su garganta. Jae decidió que estaba enamorado del jugo de naranja. Era la mejor jodida cosa que había probado nunca.

—Wow. —Una voz junto a él se echó a reír—. Más despacio. Hay un montón de jugo. Si lo bebes demasiado rápido, te vas a enfermar.

Justo cuando bebió lo último del zumo de naranja, Jae miró al hombre a su lado. Empezó a ahogarse cuando inhaló demasiado rápido, el miedo se clavó a través de él cuando reconoció al hombre que le había inyectado con algún tipo de líquido azul.

Jae empujó el vaso alejándolo y empezó a retroceder a toda prisa, tratando de poner espacio entre él y el señor Lee. Rápidamente miró alrededor de la habitación para encontrar una salida, sólo para darse cuenta de que no tenía idea de dónde estaba.

Si podía pensar en alguna palabra para describir la habitación en la que estaba sería opulento. Los pisos eran de madera pero cubiertos con alfombras persas. Una gran chimenea de mármol se hallaba en una pared, con una pequeña sala de estar situada directamente frente a ella.

La quijada de Jae cayó.

—¿Esos son muebles Chippendale reales?

—Sí.

La risita del señor Lee le recordó a Jae que el hombre estaba en la habitación con él. Jae se volvió a mirarlo. Empezó a observarlo hasta que consiguió una buena mirada del tapiz en la pared detrás del señor Lee.

—Maldita sea, eso parece un tapiz de la Edad Media —dijo mientras señalaba el intrincado tapiz—. He visto esos en mis libros de historia.

—Lo es. —El Sr. Lee miró el tapiz por encima de su hombro—. Una representación de Carlomagno del siglo IX, creo. Mi empleador lo compró hace muchos años.

Mi empleador. Esas palabras le recordaron a Jae el contrato que había firmado y el sedante que había sido forzado en él. Los ojos de Jae se estrecharon mientras se volvía para mirar al señor Lee.

—¡Llévame a casa!

El señor Lee suspiró mientras servía otro vaso de jugo de naranja.

—Me temo que eso es imposible, Jaejoong.

—¡Jae! —gruñó. Odiaba ser llamado Jaejoong. Sólo sus padres lo llamaban Jaejoong. Su hermano Junsu nunca lo llamaba Jaejoong. Nadie lo hacía.

—Jae, entonces. —El señor Lee sonrió—. Y tú tienes que llamarme Sully.

—Quiero ir a casa, Sully.

—Una vez más, eso no es posible.

Los ojos de Jae se estrecharon.

—¿Por qué no puedo irme?

—Has firmado un contrato, Jae —comenzó el hombre—. Es un contrato legalmente vinculante que será ratificado por cualquier tribunal en la tierra.

—Me importa una mierda. Lo firmé con falsos pretextos. Ningún juez lo hará cumplir.

—Me temo que estás equivocado. Mi empleador es un hombre muy poderoso. Tiene todo un equipo de abogados que garantizan que el contrato se ha realizado de acuerdo a la ley.

Jae se movió al otro lado de la muy grande cama en la que estaba sentado cuando Sully se volvió hacia él y le tendió el vaso de jugo de naranja. No iba a dejar que el hombre se le acercara de nuevo, sin importar lo mucho que quería otro vaso de jugo.

—Esto es un secuestro. Todos ustedes van a ir la cárcel por esto. —Sully suspiró profundamente otra vez. Jae estaba empezando a odiar ese sonido—. Quiero ir a casa.

—Jae, cálmate.

Las cejas de Jae se alzaron.

—¿Calmarme? ¿Calmarme? ¿Estás jodidamente loco? —Jae señaló con un dedo acusador al hombre—. Me has secuestrado y me sedaste y luego me dices que me calme. No quiero calmarme, maldita sea. Quiero ir a casa.

—Por ahora, estás en casa.

—El infierno que lo estoy. —Jae se puso de pie y corrió hacia la primera puerta que pudo alcanzar. Podía oír a Sully corriendo tras él, y su corazón comenzó a golpear más rápido. Tiró de la puerta abriéndola y corrió a través de ella, derrapando hasta detenerse cuando vio a alguien durmiendo en la gran cama que dominaba la sala.

6 comentarios:

  1. yunho ya bebio la sangre de jae y me pregunto porque solo puede beber de su sangre y no de otras personas

    ResponderEliminar
  2. esta buenoo el ficc!!! =D
    haaa yunjae hace q mi kokoro se derrita con cada story n.n

    ResponderEliminar
  3. awwww que monada de fic *----* ya quiero llegar al lemon xDD ok no :P

    ResponderEliminar
  4. *000*!!! kiero mas!!! se encontró con yunho??

    ResponderEliminar
  5. Q le pasa. Yunho??? Esta enfermo o es xq esta envejeciendo??.... Y se encontró con él???? Waaaaa quiero saber mas^^

    ResponderEliminar
  6. YH tan protector con el y apenas lo ha visto *-*… .pobre jae es comprensible con toda esta situacion…

    ResponderEliminar

Deja tu comentario \(*O*)/ ♥ ♥
o más bien... deja tus pensamientos pervertidos grabados en esta entrada XD