Primera Plana: capitulo 3

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Carencia.




Completó las casi cuarenta páginas de contrato con un bostezo en los labios.



Impresionante.



Su contrato era solamente de dieciocho páginas a lo mucho y la mayoría hablaban solamente de confidencialidad con la revista. ChangMin pensó que le gustaría un empleo como el que le estaban ofreciendo al tal YunHo.



Después de todo no había sido tan importante, al parecer era un trabajo que le estaban proponiendo al mejor amigo de JaeJoong y nada más. Pagándole medio millón de dólares por la decisión de cambiar de empresa sin contar con el pago casi millonario que le darían.



ChangMin suspiró, el tal Jung ganando en dólares y él todavía en Wons.



—Ah~ La vida es tan injusta con el pobre.



Masajeó un poco la zona superior de su nariz y dejó los papeles sobre la mesita de noche en su pequeña habitación. Aunque si lo pensaba un poco mejor pagarle medio millón de dólares a alguien solo por indemnización al cambiarse de empresa era algo exagerado.



Aunque bien, ChangMin no sabía mucho de esos múltiples traspasos de grandes empresarios. Pero su instinto en ese momento le gritaba que Jung debía saber mucho, demasiado como para que EMC lo buscara con tanta primicia.



—Sin contar con el hecho de que Jung no ha de ser ningún angelito si aceptó leer la propuesta de la principal competencia de OhDae.



ChangMin mordió su labio inferior, Jung YunHo podía ser un excelente blanco para la información que necesitaba. Pero también muy peligroso, por que seguramente YunHo tenía muchas armas escondidas.



Suspiró con tranquilidad y recordó lo sucedido durante la cena de esa noche. Por primera vez sintió mucha pena por la actitud que habían tomado los hermanos mayores al momento de atacar a MinHo. Y aunque Boa lo había defendido. MinHo había lucido tan devastado.





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—A veces siento tanta pena por el joven MinHo, no merece que lo traten de esa manera.



La mayoría de los empleados se encontraban amontonados en las puertas de la cocina, viendo discretamente a los dueños de la casa. YooChun en ese momento miraba intensamente a Boa. La mujer acababa de cachetear al segundo Kim de los herederos de OhDae después de todo.



—MinKih ¿Por qué le dijeron asesino?



ChangMin susurró con cuidado sus palabras, rodeado por el resto de los empleados.



—Cuando el joven MinHo nació su madre tuvo muchas dificultades. Lo que nosotros sabemos es que el señor OhDae habló varios minutos con ella, y la señora antepuso la vida del joven MinHo a la suya. Los jóvenes JaeJoong, YooChun y JunSu en ese entonces tenían ocho, siete y seis años respectivamente.



ChangMin miró a la mujer y ella suspiró delicadamente.



—Ellos nunca se lo perdonaron, con la muerte de la señora esta familia se convirtió en lo que es ahora. Se comenzaron a autodestruir y convertirse en personas muy frías y obtusas. No creen en nadie ni nada más allá de ellos mismos.



El mayordomo Lee dejó unos platos sobre el mesón y suspiró.



—Lo único que esperamos es que algún día ellos puedan abrir los ojos y escapar de todo esto. Que todo vuelva a ser como antes de que la realidad tan horrenda los golpeara en la cara.





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Y la razón volvía a estar de lado de las novelas de trescientas páginas.



El sufrimiento y el dolor, llevaban de la mano a la frialdad y la crueldad. Seguidos y acompañados por la señora maldad. Y es que después de todo nadie es malo solo por que si, nadie nace con la maldad en su corazón.



Todos cargan con un pasado que los convierte en lo que son en el presente.



Y todos ellos eran el blanco perfecto para la prensa de farándula, todos ellos eran el blanco perfecto para cualquier historia de noticiero de diez minutos. Pero eso los destruiría y tal vez sería el momento para que todos ellos renacieran o se convirtieran en algo todavía peor.



Lo cual indicaría si tendrían salvación o no.



Unos pasos en medio del silencio de aquella noche y ChangMin apagó de inmediato la única luz de su habitación, proporcionada por la pequeña lámpara sobre la mesita de noche. Guardó los papeles en uno de los cajones y se acostó para fingirse dormido.



La puerta fue abierta, ChangMin cerró los ojos con más fuerza. Eran cerca de la media noche ¿Quién podía ser? Se sentaron en la cama y tocaron su brazo. ChangMin arrugó el entrecejo. Iba a golpear a quien sea que fuera.



—Hey… Levántate…. ¡ChangMin!



A pesar del silencio la voz de MinHo fue algo alta, el aroma de la fragancia del muchacho llegó hasta sus fosas nasales. ChangMin abrió los ojos.



—¿Qué hace aquí?

—Necesito que me vayas a dejar a una Disco en el Norte. Rápido que se me hace tarde.

—Pero…



MinHo abrió el closet sin ningún problema y empezó a sacar un poco de ropa y lanzarla a la cama. ChangMin no entendía, ¿Por qué MinHo no lucía ni mínimamente afectado?



—Rápido, que Onew me espera.

—Pero es que… Con lo de esta noche yo pensé que…— ChangMin calló, no debió haber dicho eso. MinHo enarcó una ceja. –Lo siento, se que no me incumbe.



—Escucha ChangMin. ¿Tu de verdad crees que a mi me importa lo que esos imbéciles me digan?— MinHo sonrió. –Por supuesto que no, ellos me tienen sin cuidado. Ya aprendí a ignorarlos. Solo fingía por que mi padre me ama así de débil y de esa forma tengo más poder sobre mis hermanos, más confianza, más todo.



Y ChangMin se sintió como un verdadero estúpido por haber pensado que el menor estaría en su habitación llorando.



—Ahora, no demores. Te espero abajo.— Estuvo a punto de salir, cuando abrió la puerta ante un aún inmóvil ChangMin. –Por cierto, nadie se debe enterar que voy a salir.



Y luego ChangMin suspiró. ¿Por qué se preocupaba por un mocoso así?













Tenía los audífonos bluetooth puestos.



YooChun golpeó la bolsa de boxeo una vez más con fuerza. Ajustó un poco mejor los guantes de seguridad que llevaba puestos y con el sudor corriendo por su frente a pesar de la poca luz que había en el pequeño gimnasio de la casa YooChun trató de respirar cómodamente.



Miró fijamente la bolsa de boxeo y con unos pequeños saltos volvió con el mismo ritmo mientras golpeaba con fuerza, alternando sus brazos y golpeando con sus piernas de vez en cuando. Finalmente cuando llegó al tope de cansancio alcanzó a sostenerse de la bolsa de box y respirar hondo.



Necesitaba desgastar toda la rabia interna que sentía por culpa de Boa. ¿Cómo había osado si quiera a tocarlo la mujercita esa? Apretó su puño con fuerza.



—¡Agh! Maldita zorra… Juró que te saco de esta casa así sea lo último que haga.



Se sacó los guantes y los lanzó al piso. No lo iba a permitir, ninguna mujer ocuparía el lugar de su madre. Lugar que Boa osaba querer ocupar. Eso jamás. Como que se llamaba Kim YooChun que eso jamás pasaría.



Decidió sentarse durante un rato, sacudió un poco sus cabellos. De todas las esposas de su padre, ella era la que más había durado, casi cuatro años de matrimonio. No la iba a perdonar, jamás. No volvería a tocarlo.



Llevó una mano a su mejilla, la maldita lo había golpeado con la mano en la que llevaba un anillo. Y la marca del anillo estaba en su mejilla, una línea roja que cuando YooChun la vio reflejada en el espejo, no pudo más que salir a descargar todo el coraje que sentía.



Pensó que JunSu regresaría mañana y entonces las cosas estarían mejor.



Suspiró un poco más tranquilo, cuando JunSu estaba junto a él todo estaba mejor. Siempre era así. JunSu era probablemente lo único bueno en su vida. Lo extrañaba, y esperaba por su regreso. Era sencillo.



Lo amaba cuando estaba con él, y cuando se iba lo amaba todavía más, por que lo extrañaba.













Las luces y la música a todo lo que daba.



ChangMin se vio sorprendido al notar aquella zona exclusiva para niños ricos. Nunca había estado en un lugar así, estacionó el auto con cuidado, entre muchos autos del año que para nada despreciaban al Mercedes que MinHo había escogido esa noche para salir.



MinHo se bajó del auto, arreglando su chaqueta y verificando una vez más su cabello. Por alguna razón Changmin lo veía un poco más grande de lo que habitualmente el menor de los Kim lucía.



—Oh, JinKi tu niño de escuela llegó.



ChangMin que ya se había bajado desde antes para poder abrirle la puerta a MinHo, levantó la mirada hacía donde habían llegado esas voces. Y entonces encontró a un grupo de chicos muy probablemente universitarios.



—MinHo… Igual de atractivo y sexy que siempre.



Uno de los muchachos de cabello castaño y algo largo se acercó, MinHo sonrió de lado. Con una expresión por demás sensual que sorprendió al mismo ChangMin. El muchacho castaño se acercó con paso elegante.



—Onew, tú y tus viajes me tienen muy abandonado.



ChangMin desvió la mirada en cuanto el tal Onew agarró por el rostro a MinHo, besándolo con una pasión que por un momento Shim pensó que el objetivo del universitario ese era plasmar a Kim contra el automóvil.



—Esa es mi felicitación por ese maravilloso premio que obtuviste. Me siento tan orgulloso de ti que no tienes idea.



—Fue un premio tonto.— MinHo sonrió, Onew seguía con su rostro todavía muy cerca del suyo y MinHo adoraba que Onew a pesar de ser un par de años mayor siempre lo respetara… A veces demasiado para su gusto. –No tiene tanta importancia.



—Es el premio al mejor estudiante de todo el país ¿Y no tiene importancia?— ChangMin tuvo que estar de acuerdo con JinKi en ese momento. MinHo solo sonrió pasando los brazos alrededor del cuello del mayor.



—Para mi es más importante estar contigo ahora.

—¿Sabías que yo también gané ese premio hace cuatro años?— Onew comenzó a besar el cuello de MinHo. –Quizá sea una conexión del destino. Que tú y yo debemos estar juntos siempre.



MinHo rió divertido. —¿Es esa una extraña proposición?

—Tal vez…— Onew sonrió, y la sola idea puso nervioso a MinHo. –Digo, yo estoy a punto de terminar mi carrera y tú a punto de graduarte.

—Si, bueno… No es el momento. ¿Por qué no vamos a bailar?



Onew besó con una sonrisa en los labios a MinHo y asintió. –De acuerdo, vamos.



ChangMin solo los vio alejarse, tomados de la mano mientras se acercaban al grupo de amigos de JinKi. Suspiró y vio la hora en su reloj. Seguramente tardaría un par de horas, si es que no más, aprovechó que tenía aún abierta la puerta por la que MinHo hubiera salido y se recostó en el asiento trasero.



Dormiría un rato en tanto el niño de la casa terminaba de jugar con otro de sus noviecitos.













—…Y la ilusa esa de Boa que se cree la señora de NUESTRA casa se atrevió a golpear a YooChun, de acuerdo eso me alegró. Pero no que esa se creyera con el derecho de golpearnos a nosotros. Le falta altura para siquiera osar posarse ante nuestros ojos.



YunHo rodó los ojos mientras continuó moviendo la olla con las verduras.



—Jae, deja de hablar como si fueras de la monarquía.

—No es necesario que seamos príncipes para saber que esa mujer no está a nuestra altura.



JaeJoong permanecía sentado, jugando con el vaso sobre la mesa y escuchando como YunHo se deslizaba de un lado a otro en la cocina, sirviendo la comida o terminando de vigilar un par de cosas.



Era un alivio para él que las molestias entre ellos fueran olvidadas con facilidad, apenas YunHo le hubiera abierto la puerta de su departamento él había intentando entrar, pero YunHo se lo había impedido pronunciando un ‘¿Ya te calmaste?’



No había sido difícil por que JaeJoong solamente había pronunciado un ‘¿Te acostaste con esa zorra?’ y apenas YunHo con una sonrisa hubiera negado con la cabeza, JaeJoong se había lanzado a sus brazos para besarlo.



—¿Demora la comida?

—No. Ya está todo listo.



YunHo comenzó a servir los platos en la mesa y JaeJoong observó gustoso la deliciosa comida ante sus ojos. Olía realmente bien y una sonrisa surcó en sus labios.



—No esperes comida gourmet, Jae.

—No te preocupes.



Y tal y como lo había esperado estaba delicioso, YunHo se sentó frente a él, a comer con la misma elegancia que siempre. JaeJoong lo observó. Y sonrió. Se sentía tan cómodo junto a YunHo, que él era siempre su único escape.



—¿Qué es ese sonido?

YunHo levantó la mirada. –Mi celular. Está en mi habitación, tú sigue comiendo. Ya regreso.



Jung prácticamente corrió hacía su habitación y encontró el celular rosa táctil a un lado de la cama en el piso. —¡Demonios! Maldita mujer…— Masculló con molestia sus palabras, la dichosa Keisha había dejado el celular. Si Jae se enteraba seguramente le armaba un escándalo.



—¿Por qué me mientes?



YunHo giró asustado. JaeJoong estaba en el resquicio de la puerta con el celular de tapa blanca en la mano. Su celular.



—Este es tú celular YunHo. ¿De quien es ese celular?

—Mío. ¿Acaso no puedo tener otro?



El celular en manos de YunHo volvió a sonar. JaeJoong sonrió. –Contesta entonces.— YunHo intentó fingir que no le importaba, le enseñó el celular al mayor y luego lo llevó a su oreja derecha.



—¿Si?



—¿YunHo? Oh, que bueno. Creí que había olvidado mi celular en el taxi.

—No, tranquila. Yo lo tengo.

—Me alegra, iré por el mañana a primera hora y quizá… Podamos repetir el maravilloso encuentro de hoy.



YunHo sonrió, Keisha había resultado muy entretenida en la cama. Y el descaro lo repletó mientras miraba a JaeJoong y por otro lado la mujer no hacía más que ofrecérsele en bandeja de plata.



—Claro, cuando quieras. Para mi será un placer. Pero hablamos mañana, ahora estoy ocupado.

—De acuerdo, nos vemos entonces. Muchos besos, besos que con gusto te los daré personalmente mañana.



YunHo colgó y levantó el celular en señal de que no había nada de malo en sus palabras.



—¿Lo ves? Yo no miento. Era un cliente que quería hablar sobre un par de clausulas en un contrato que vamos a firmar mañana.

—Esa mujer es una zorra, no me gusta. Siempre se anda revolcando con cualquiera.



—Oh, vamos mi Jae. No seas tonto. Además yo no hago nada cuando tú estás con Yoona.

—Por favor… Yoona no viene a la conversación.

—No pretendas que te sea fiel, Jae.



Una desazón en el estómago de JaeJoong y por su propio bien decidió respirar hondamente.



—No te estoy pidiendo fidelidad, YunHo. Solo que no te entrometas con esa.

—Esta bien, ¿Vamos a cenar?

—De acuerdo.



YunHo abrazó por la espalda a JaeJoong, caminaron juntos de regreso al comedor. YunHo miró una última vez hacía el celular sobre su cama y sonrió. Esa mujer estaba loca si creía que volvería a estar con ella. Jung YunHo no arriesgaría a JaeJoong por alguien como ella.











JunSu revisó su celular.



KangTae frunció el ceño. —¿Esperas la llamada de alguien?

—No, solo que… Pensé que me podían estar llamando.— JunSu sonrió tiernamente, y KangTae no pudo evitar pensar en lo lindo que se veía JunSu cuando hacía ese tipo de gestos. —¿Sabes por que hemos hecho esta escala?



—Al parecer hay demasiadas tormentas y hay muchos problemas con los vuelos que van para Estados Unidos.

—Pero si hay tantas tormentas entonces será difícil grabar el video.



KangTae suspiró, si era muy probable, y si eso pasaba. Adiós a su plan de conquistar a JunSu durante su viaje a San Diego. Por que en Corea era algo casi titánicamente imposible. YooChun y JunSu se la pasaban juntos día y noche.



—Muchachos, lo siento.— El manager de MBLAQ hizo aparición, los integrantes de la banda también se acercaron. –Al parecer será difícil que podamos seguir con el viaje. Habrá que dejarlo para dentro de dos semanas. Volveremos a Corea.



Los cinco integrantes de MBLAQ parecieron desanimados, sin embargo KangTae solo pudo notar la reluciente sonrisa en el rostro de JunSu. Lo vio marcar un número que se sabía de memoria. KangTae no necesitaba escuchar para saber de quien se trataba.



—¿Chunie? ¡Adivina!… No, no estoy viajando. Tuvimos que hacer una escala… Hay tormentas o algo así, el punto es que ya no vamos para San Diego. ¡Si! Estoy de regreso en Corea en un par de horas… Claro… Mmh, si yo también te extraño.



KangTae sonrió ante aquello. JunSu era muy apegado a su familia, especialmente a su hermano mayor. Tuvo que admitir mentalmente que envidiaba esa relación entre YooChun y JunSu, después de todo YooChun pasaba todo el tiempo que a él le encantaría pasar con JunSu.



—Lo bueno es que son hermanos y YooChun no es un rival con el que competir por JunSu.



Ajustó el abrigo a su cuerpo, y pensó que tal vez sería bueno pedirle un poco de ayuda a YooChun. Después de todo, YooChun y él eran amigos también.











—¡Terminé!



HeeChul estiró sus brazos hacía arriba y dio varias vueltas en su silla mientras sonreía gustoso con su trabajo. Siwon que parecía haberse quedado dormido despertó ante su grito y HeeChul sonrió cuando lo vio a punto de caer del sillón.



—¿Qué? ¿Qué pasó?

—Lo siento, no quería levantarte, Siwie.

—No importa ¿Nos vamos?



HeeChul asintió, apagó la computadora y agarró su celular y bolso. Siwon estiraba un poco su cuerpo mientras lo esperaba. HeeChul pensó que a veces Siwon hacía cosas verdaderamente amables que no debería hacer, pero aún así las hacía. Y eso le agradaba.



—Pensaba que mañana que tienes el día libre podríamos salir.



HeeChul se detuvo en la puerta de su oficina y sonrió. —¿Salir? ¿A dónde?

—No sé… Tal vez jugar tenis, cine o algo.

—Si, me gusta la idea.



Siwon sonrió, ante las palabras de HeeChul y al notar que alguien se acercaba y que probablemente chocaría con HeeChul avanzó rápido, pero con suerte, el muchacho giró adecuadamente evitando chocar a HeeChul y agarrándolo por los hombros.



—¡Wow! Casi golpeó a mi fotógrafo estrella.

HeeChul rodó los ojos divertido. –Déjate de tonterías DongHae.

—Te necesito, Chul. ¿Estas ocupado?

—Mmh… No, iba para mi casa.



Siwon apretó los puños. Maldito DongHae igual de coqueto que siempre, con todo el mundo. Si de algo estaba seguro es que Lee DongHae se había acostado casi con todo el personal de la revista, menos con HeeChul. Quien le había resultado un verdadero reto.



—¡Perfecto!— DongHae aplaudió una vez enérgico y sonrió. –Tengo que ir a una cena de personajes importantes. ¿Me acompañas? Necesito excelentes fotos.

—Bueno…

—Vamos Chul…



Kim suspiró y asintió. –Está bien.

—Genial, vamos.

—Nos vemos mañana Siwie.



HeeChul agitó su mano en señal de despedida, Siwon un poco más desganado lo hizo también. Viendo como DongHae jalaba por un brazo a HeeChul camino hacía el ascensor.













JaeJoong se siguió moviendo sobre el cuerpo de YunHo.



Con el mismo ritmo asincrónico de sus caderas y con las manos de YunHo viajando por sus piernas, tocando su espalda, su cadera, su cuerpo entero si le fuera posible. JaeJoong cerró los ojos. Sin dejar de moverse y mordiendo el labio inferior.



YunHo gemía lo más leve que podía, pronunciaba su nombre cada minuto y JaeJoong amaba escuchar su nombre de aquellos labios. Colocó las manos a un lado de la cabeza de YunHo, sobre la almohada y con su cabello rozando la frente de Jung.



Se acercó lo suficiente como para besar sus labios, se acercó lo suficiente como para que sus movimientos se volvieran más intensos más frenéticos. Y principalmente para que YunHo empezara a perder el control.



Mordió el labio de Jung y cuando este gimió ante aquello una última estocada en su interior fue el punto final de ambos, para que JaeJoong dejara caer su cuerpo sobre el de YunHo y para que YunHo diera un último suspiro antes de levantar un poco el rostro de Jaejoong y lo besara.



El sabor metálico llego a sus sentidos. Preocupado, como pudo JaeJoong se levantó un poco más, el sabor a sangre se había colado en sus labios, había mordido demasiado fuerte a YunHo y ahora que lo veía sangraba.



Besó sus labios, intentando subsanar lo que había hecho y YunHo sonrió.



—Tranquilo Jae, fue el momento.



Más tranquilo, JaeJoong decidió apoyar la cabeza sobre el pecho de Jung. —¿En serio no te acostaste con esa Keisha, verdad?

—No, JaeJoong. Ya deja el tema, es molesto.



JaeJoong quiso amenazarlo, quiso decirle que en realidad no quería que estuviera con nadie más que no fuera él. Pero no, no lo haría. Que estuviera con cualquiera menos con la tal Keisha, la había escuchado justo el día en que se comprometió con Yoona.



La mujer tenía entre sus planes casarse con el empresario más prometedor de Corea, Jung YunHo. Y él no lo iba a permitir. Keisha no tendría entre sus garras a YunHo. El problema radicaba en que hoy se deshacía de ella, pero… ¿Y mañana?



—Jae tu celular.



JaeJoong levantó el rostro y notó su celular vibrar sobre la mesa junto a la cama. Miró el nombre de la llamada, y sonrió con maldad. Apagando el celular de inmediato.



—¿Era Yoona?

—¿Quién más entonces?

—No lo entiendo, como te soporta. Rara vez contestas sus llamadas. Es más todavía no entiendo como se va a casar contigo.



JaeJoong sonrió. –Eso es un misterio para mí también.



YunHo acarició la espalda de JaeJoong en cuanto el muchacho volvió a recostarse sobre su pecho. La respiración acompasada de su pecho acurrucó a Kim. Y con una rápida mirada al reloj a YunHo no le quedó más que esperar a que Jae se levantara y se marchara.



…Sus planes de dormir temprano se habían ido a la basura.













YooChun bajó las escaleras rápidamente.



Calculando el tiempo que JunSu le había indicado. Y apenas vio las luces del taxi una sonrisa estuvo en sus labios inmediatamente. Abrió la puerta y cuando vio a JunSu frente a la puerta con las maletas en mano su sonrisa se amplió todavía más.



—¡JunSu! Te extrañé.



Si bien no habían sido más que unas horas, YooChun no pudo evitar abrazarlo con fuerza. JunSu soltó las maletas y de un saltó se abrazó con sus piernas a la cintura del mayor.



—¡Chunie! Yo también. ¡Mucho!



JunSu reía, pero su risa se opacó en el momento en que vio el rostro de YooChun. Se soltó y se alejó un paso, tomando por la barbilla al mayor.



—¿Quién te hizo esto?



YooChun desvió la mirada, molesto con tener que admitir aquello. –Fue la desubicada de Boa.

—¡¿Qué?!— JunSu frunció el ceño. —¿Por qué? ¡¿Cómo se atrevió?!

—Yo que sé… Se le despertó el instinto de madre adoptiva y se puso a defender al mocoso de MinHo.



JunSu apretó los puños y empezó a subir las escaleras velozmente. —¡Su! ¿Qué vas a hacer? ¡JunSu!— YooChun corrió tras él. Y apenas lo vio abrir las puertas de la habitación de su padre, apresuró el paso.



—¡¿Quién te has creído?!



Boa giró sorprendida, dejó el cepillo con el que peinaba su cabello y respiró profundo.



—JunSu no se lo que te habrán dicho pero…



—Tú no eres más que una zorra que se le metió en la cama a nuestro padre. No eres digna de ser llamada señora, mucho menos nuestra madrastra. Peor aún ser llamada madre por alguien. No vengas a atribuirte derechos que NO TIENES.



Y Junsu estaba siendo cruel, con toda la rabia acumulada que tenía siseando sus palabras como si de una serpiente venenosa se tratara. Caminando hacía la mujer con paso lento y mirándola con todo el odio que despertaba en él. YooChun llegó y se detuvo en el resquicio de la puerta. Boa apretaba sus puños con fuerza.



JunSu sonrió.



—¿Qué? ¿Me quieres pegar a mí también? Claro, como las… Mujeres como tú solo saben hacer eso cuando les lanzan las verdades a la cara. Si YooChun no te hizo nada es por que eres una mujer. Y si yo pudiera créeme que te botaría a patadas de esta casa que solo ensucias con tu presencia.



—¡¡JunSu!!



Su padre salió del baño. JunSu únicamente miró a OhDae, sin variar su expresión molesta en el rostro.



—¡Discúlpate con Boa en este momento!— OhDae lo agarró con fuerza por el brazo, sacudiéndolo un poco e intentando reafirmar sus palabras. Boa de inmediato agitó sus manos.

—OhDae, está bien. Déjalo así, no quiero más problemas.



—Claro, finge ser dulce, la inocente y buena Boa. Maltratada por sus malvados hijastros ¿Es así como engatusas a mi padre? Dulce fuera de la cama, pero en la cama de seguro te muestras como la callejera que eres.



—¡Te dije que te detuvieras!



OhDae levantó la mano, JunSu cerró los ojos previniéndolo peor, pero YooChun se había acercado, sosteniendo la mano de su padre con demasiada fuerza probablemente.



—Ya basta, padre. Dejemos las cosas así. Nosotros nos vamos y punto.



OhDae pareció pensarlo, pero finalmente soltó a JunSu. Y YooChun tomó por los brazos a JunSu indicándole que caminara. Una vez lo hermanos estuvieron fuera. Boa volvió a sentarse sobre la cama, tapó su rostro con ambas manos y lloró silenciosamente.



OhDae únicamente suspiró, no sabiendo como consolar a su esposa en ese momento, por ello, tan solo la abrazó.













—¡Don’t Stop, Can’t Stop!



ChangMin se levantó en cuanto escuchó la voz de MinHo cantar desafinadamente, palmeó varias veces su rostro para levantarse. El muchacho venía abrazado a Onew. Seguramente borracho, a pesar de que Onew no parecía tan ebrio como el menor.



Si el tal Onew le pedía que los fuera dejar a alguna parte que no fuera la residencia de MinHo, lo golpeaba y se llevaba a MinHo directo a la mansión Kim. No iba a dejar que ese universitario se aprovechara del menor.



—Lo siento, no se como se me pasó. Pero bebió demasiado.



Onew parecía muy preocupado por el estado de MinHo, ChangMin se sorprendió ante aquello y lo ayudó a dejar a MinHo acostado en el asiento trasero del auto. Lo analizó por un momento pero antes de coordinar algún pensamiento. MinHo había jalado por la camisa a Onew haciéndolo entrar al auto y logrando que quedara sobre él, besándolo con demasiada pasión.



ChangMin se sintió incomodo por un momento. ¿Qué estupideces estaba pensando? MinHo no necesitaba ser cuidado por nadie. Por favor, andaba con cuatro chicos al mismo tiempo, el menor de seguro tenía más experiencia que él mismo.



—MinHo… No… No estás en condiciones.

—Pero JinKi… Quiero que estemos juntos… No mentía cuando decía que te extrañaba.

—Yo sé, pequeño. Pero no así, si vamos a estar juntos quiero que estés en tus cinco sentidos.

—Pero…



—No, Min. Así no. Te quiero, mañana hablamos. ¿Ya?



Onew besó la frente del menor y suspiró antes de ver como MinHo como podía se acurrucaba en el asiento. JinKi cerró la puerta y volvió a suspirar. ChangMin lo vio sorprendido. Esperaba a alguien más ¿Indecente? ¿Irrespetuoso? ¿Alocado?



En fin, el punto es que ChangMin llegó a la conclusión de que ni TaeMin, ni Key, ni JoongHyun y mucho menos Onew. Merecían lo que MinHo les estaba haciendo. Por que los cuatro a su manera amaban y veneraban a MinHo.



—Que día.



Onew se apoyó un poco en el carro y ChangMin asintió. –Si, un poco cansado.

—Siento que MinHo te halla hecho venir. Yo lo hubiera podido ir a ver y llevar, pero como no le gusta que haga eso. Por que según él por algo su padre le contrata un chofer.



ChangMin sonrió, esa no era la razón. Pero él no se iba a meter en problemas.



—No importa. Es mi trabajo.



Onew asintió y sacó una pequeña cajita de su bolsillo. —¿Quieres ver?— ChangMin levantó los hombros en señal de que le daba lo mismo. Sin embargo sus ojos se abrieron con sorpresa al notar la hermosa llave de plata que había en su interior.



—¿Por qué una llave?

—Pensaba pedirle a MinHo que nos fuéramos a vivir juntos, claro cuando él terminara de graduarse y yo ya tuviera mi trabajo estable.



—¿Es decir en un par de años?



ChangMin no pudo evitar preguntarlo, se sentía algo preocupado por esa respuesta.



—No tanto, MinHo esta a unas semanas de graduarse y yo tengo una importante entrevista de trabajo mañana.

—Ya veo…



Onew suspiró y volvió a guardar la caja. Changmin no supo que más decir, pero supuso que tendría que comentárselo a MinHo, para que él muchacho hiciera lo correcto. Muy probablemente terminar con Onew. Si, eso le parecía una buena idea.



—Bueno, me voy. Por favor lleva con cuidado a Min.

—Si, claro.



Onew levantó el cuello de su abrigo y se acercó a uno de los Audi que había ahí estacionado. ChangMin lo observó conducir y marcharse con tranquilidad. Dio un suspiro y colocó una pequeña mueca cuando escuchó a MinHo caerse del asiento al piso del auto.



…Eso le debió haber dolido.













—Con cuidado, con cuidado.



ChangMin intentaba hablar en voz baja, mientras dejaba que MinHo pasara un brazo por encima de sus hombros, solo para que el menor no se chocara. Habían entrado por la cocina, y ahí se encontraban, Shim miró hacia el interior procurando que no hubiera nadie.



Sin embargo en cuanto observó la puerta principal abrirse ChangMin retrocedió. Eran cerca de las cuatro de la mañana, todos debían estar dormidos. –ChangMin… Hueles realmente bien. ¿Qué colonia usas?



—¿Que?



ChangMin miró sorprendido al menor. ¿Por qué preguntaba estupideces en este momento? Regresó su mirada hacía la puerta y cuando vio a JaeJoong aparecer, entonces si se preocupó.



—¿Qué hago? ¿Qué hago? JaeJoong no te puede ver.— Miró al menor quien le sonrió torpemente y suspiró. –Que conste que lo hago por que tú me pediste que nadie se enterara que saliste en la noche.



—¿Eh?



ChangMin no lo pensó dos veces. Empujó a MinHo a un lado y sonrió en cuanto vio a JaeJoong.



—¿Qué haces por aquí?

—Nada, joven… Solo bajé por un poco de agua.

JaeJoong enarcó una ceja. —¿Vestido con ropa para salir?



—Bueno… Me quedé dormido así. Entonces… Me levanté y… Creo que no me di cuenta.

Kim sonrió. —¿Me crees tonto? No tienes cara de recién levantado. Huele a licor. ¿Vienes de fiesta, cierto?

—¿Qué? No… Yo no…



—No importa, eres joven así que supongo que es normal. Por hoy no diré nada, pero asegúrate de pedir permiso cuando vayas a salir.

—Si… Yo… De acuerdo.



Y estaba mintiendo, por culpa de Kim MinHo.



—Bueno iré a dormir.

—Que tenga buena noche.

—Buenos días será.



JaeJoong comenzó a subir las escaleras. Changmin exhaló con fuerza y regresó a mirar a un dormido MinHo que permanecía en el suelo. Miró la frente del muchacho y notó un pequeño abultamiento.



—Seguramente me vas a matar por esto mañana cuando en verdad se note.



Volvió a cargar con el muchacho y se aseguró de que JaeJoong no anduviera por los pasillos. Tenía que dejar a MinHo cuanto antes en su habitación.













ChangMin dejó que el agua de la ducha mojara su rostro por varios segundos.



Ya estaba listo para salir, pero era tan refrescante aquello que decidió permanecer unos segundos más. Acababa de dejar a MinHo en su habitación. Ni si quiera se molestó en cambiarlo de ropa, no tenía por que hacerlo y a él no lo habían contratado de nana.



Cerró la ducha y agitó un poco su cabello, se secó velozmente. Viendo el alba casi aparecer y decidiendo que dormiría aunque sea un poco. Se colocó rápidamente un pantalón de tela, colgó la toalla en sus hombros y salió de la habitación.



La puerta intentó ser abierta, un empujón y esta se abrió torpemente.



—Je~ Casi me caigo… Con todo y puerta.



Y ChangMin empezaba a acostumbrarse a que MinHo interrumpiera en su habitación como si nada. El menor intentó enderezarse, todo lo que el alcohol en su interior le permitía. MinHo lo observó de pies a cabeza y sonrió de lado, como si estuviera complacido con lo que veía.



ChangMin enarcó una ceja.



—Mira tú… Mi chofer ha sido sexy… Buen cuerpo ChangMin.



El menor lo alagó e incluso se atrevió a pasar una mano sobre sus abdominales trabajados. ChangMin sonrió ante la audacia del menor. Pero no lo detuvo, principalmente por que MinHo estaba lo suficientemente ebrio como para ser consciente de lo que hacía. Y por que si intentaba algo más, ChangMin no tendría problema en detenerlo.



MinHo sonrió y terminó por acostarse en su cama de una plaza. ChangMin bufó ahora tendría que cargar con el menor por toda la casa para dejarlo de vuelta en su habitación. Suspiró ante su mala suerte y se acercó al menor.



—Joven… Vamos a su habitación.

—No quiero.

—¿Perdón?



—Mi habitación de pronto se me hizo muy grande, prefiero dormir en un lugar pequeño y oscuro como este.



MinHo bostezó una última vez antes de pegar su rostro a la almohada, cerrar los ojos y quedarse profundamente dormido. Omitiendo el hecho de que lo que más le agradaba era el aroma de ChangMin que se percibía por todas partes.



—Genial, él hoy se siente asfixiado por su enorme cuarto. Y solo por esta noche viene a dormir aquí, pero yo hoy y mañana seguiré durmiendo aquí. Ah… Que lindo ha de ser tener todo el dinero del mundo.



Suspiró con tranquilidad, y revisó un par de cosas en el armario.



—¿Ahora donde dormiré?— Miró una última vez a MinHo y se colocó una camisa de tela. –Supongo que en el piso.— Tendió un par de mantas en el suelo y miró con anhelo su cama. Genial, ahora por culpa de MinHo, perdía el sueño y su adorada cama.



Mañana MinHo seguramente no iría a estudiar. Pero a él si le tocaría ir a trabajar.



—Oh, la vida es tan injusta~



Miró el techo de la habitación y suspiró.



—Cuando sea editor en jefe, Kim MinHo será la primera persona a la que invite a ver mi triunfo…— Mordió su labio inferior y miró al menor dormido. –Si es que para esa época no me odia lo suficiente por exhibir las verdades de su padre.



Un suspiro más y ChangMin descubrió que no podría dormir ese día.

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