Amistad Olvidada, Santo Pecado - Cap. 3

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Desde que tenía  memoria, desde lo que podía recordar… él y Junsu habían sido amigos. Era una linda amistad, de esas que no se olvidan, de esas que no terminan.

Pero ¿Por qué, por qué? Él lo había olvidado, entonces… ¿Su amistad había sido falsa todo ese tiempo?

- ¡Todos a la base, nos bombardean! - gritaba Junsu a todo pulmón mientras corría y recibía las bolas de nieve con su cuerpo. - ¡Ah! ¡Hombre herido! - se tiró al suelo.
- ¡Ha ha ha! ¡No podrás escapar ahora! Tus compañeros no podrán rescatarte, serás mi rehén. - lo tomó de un brazo y lo levantó.
- ¡Nunca! - tomó un montón de nieve y se lo lanzó en la cara. Changmin lo soltó.
- ¡Oye eso no se vale, dije que en la cara no! - se limpió la cara y Junsu rió a carcajadas.
- Perdón, no pude evitarlo…

Changmin lo miró fijamente, con el ceño fruncido y lo empujó haciéndolo caer sobre la nieve. Junsu lo quedó mirando, Changmin lo miró serio y luego rió, tirándose sobre él.

Ambos rieron y comenzaron a rodar juntos sobre la nieve, tirándose montones de esta. La madre de Changmin gritó su nombre para que se fuera a casa, y ambos se levantaron.

- Ya me voy, nos vemos mañana… - sonrió Changmin y Junsu le sonrió, pero cuando se dio vuelta este le tomó el brazo.
- Min…
- ¿Hmm? - lo miró con mirada inocente, esa mirada que sólo los niños pequeños poseen.
- Siempre seremos amigos, ¿Cierto?
- Siempre, es una promesa - le mostró su dedo meñique y Junsu hizo lo mismo, ambos cruzaron sus dedos en forma de promesa, y se fueron a sus hogares.

Abrió sus ojos y llevó su mano a su rostro, tapándolo. Las lágrimas que brotaban de sus ojos no se detenían. Se sentó en la cama y secó sus ojos con sus manos, sintiendo la rabia envolverlo nuevamente.

- ¿Estás bien? - preguntó alguien a su lado, era Junsu. Changmin lo vio y giró sus ojos.
- No me hables, por favor…
- Pero…
- NO me hables.

Se levantó molesto y salió de la habitación. Últimamente se la pasaba triste y enojado, no podía evitarlo. Ese lugar le estaba haciendo mal, y ya estaba tan delgado que a ratos, cuando caminaba, todo le daba vueltas y se mareaba.

Salió a los jardines del internado, había varias monjas paradas conversando, y algunos chicos caminaban con libros. Esa era otra de las cosas más insoportables del maldito internado, las clases.

Cambiaban toda las cosas, toda la historia, todo lo cambiaban para su beneficio fanático. Y lo peor de todo… le metían miedo a cada alumno, diciendo que cualquier cosa “mala” que hicieran sufrirían la ira de Dios, que este los castigaría y sufrirían eternamente en el infierno.

Puras babosadas, realmente. Pues él ni siquiera creía en el “Todopoderoso”, si él existiera jamás habría permitido que se llevaran a su mejor amigo, jamás habría permitido todo el sufrimiento de los padres de Junsu, y OH… ¡Los padres de Junsu! Ellos no sabían que estaba ahí, ellos ni siquiera sabían que su hijo estaba vivo.

Se arrepintió en ese momento de todo lo que había hecho, quizás debió haberle dicho a  sus padres en el mismo instante que se enteró, estos hubieran demandado quizás a ese internado de enfermos y todo estaría bien… pero si Junsu no los recordaba como a él, no serviría de nada en todo caso. Lo primero que debía hacer era lograr hacerle recordar su niñez, hacerle recordar todo aquello que vivieron juntos.

Caminó hacia la habitación, pero en el trayecto, para su desgracia, lo detuvo una monja. Changmin maldijo de todas las maneras posibles en su mente, y se mordió el labio para que aquellas vulgaridades no salieran de su boca.

- Hermano Shim, no ha ido a las misas de la tarde. Se molestarán si no va.
- Lo siento, no me he sentido bien…
- Debe ir a confesarse, ahora.
- ¿Ahora? Debo ir a…
- Debe confesarse, ahora.

Changmin suspiró y caminó en dirección contraria a su habitación, dirigiéndose a la iglesia. Una vez adentro la monja le indicó a que fuera al confesionario. Caminó lentamente y esperó a que un chico saliera, luego sólo lo imitó y se puso de rodillas frente a la cosa grande de madera.

- Cuéntame tus pecados, hijo - dijo una voz anciana desde adentro de la cosa de madera.
- Ah… ¿Mis pecados? Honestamente ni siquiera sé por qué me enviaron aquí - dijo de manera honesta, ¿Para qué mentir? No tenía ni idea de la razón.
- Todos hacen cosas malas alguna vez. Nadie es perfecto, todos son pecadores…
- ¿Incluso tú? - preguntó divertido, teniendo cero respeto hacia el hombre mayor. Este aclaró su garganta.
- Sólo el Señor es perfecto, hermoso. Y tú, como su fiel oveja dentro de este rebaño, debes creer y confiar en él… Y yo, como aquel que enseña la Palabra, puedo darte la confianza para que me cuentes aquello que aqueja a tu corazón…

“Junsu…” se le vino a la mente en ese instante, pero cambió los pensamientos al instante.

- La monja de allá me regañó por no ir a la misa de la tarde.
- Oh, con que eso era. Pues la hermana tiene razón, la misa es un momento importante en el día. Un momento de respeto en el que nos ponemos en presencia del Señor…
- Nos tienen TODO el día en presencia de Dios - puso total énfasis en la última palabra, de manera burlesca - ¿No se cansan? Deberían dejarlo descansar de vez en cuando, de seguro él tiene cosas más importantes que hacer que escuchar a personas quejándose todo el día… - rió, Ni siquiera creía en él, así que aquellas cosas las decía más que nada para burlarse.

El hombre rió suavecito adentro de la cosa de madera, y Changmin se sintió impresionado. Estaba esperando los regaños de su parte, no que se riera por lo que había dicho.

- Tienes un espíritu bastante liberal, ¿Eh? - dijo el hombre - es algo bastante agradable, me agrada que aún haya chicos como tú, pero recuerda… intenta que eso no te juegue en contra, principalmente aquí

Changmin sonrió, el hombre no estaba tan loco como el resto en ese maldito internado de locos fanáticos.

- Promete que irás a las misas de la tarde - dijo finalmente.
- Lo haré… - suspiró resignado, y el hombre le indicó que podía irse. No lo admitiría jamás en voz alta, pero esa conversación había sido la más agradable que había tenido en ese lugar.

Llegó a su habitación y sin siquiera tocar abrió la puerta, encontrándose con Junsu quien, sin camiseta, le daba la espalda. Este, al ver a Changmin en la puerta se puso la camiseta de inmediato.

No pudo evitar notarlo, pero Junsu tenía exactamente la misma marca en su espalda baja. Vio que debajo de la marca había un número, era el 88. Se preguntó si el suto también tenía un número, y en ese caso cuál sería.

También notó (y aquello le hizo sentir un extraño nudo en la garganta) que en sus hombros, en su espalda, tenía muchas marcas.

“Pecados” pensó al instante, recordando lo que el mismo Junsu le había dicho “Cada marca es un pecado”.

Vaciló un poco, si cada marca era un pecado… ¿Por qué Junsu tenía tantas marcas? No le cabía en la cabeza…

Oh… Oh, ahora comenzaba a entender…

“Quizás… Quizás eso explique por qué cambió tanto”

Agitó su cabeza a ambos lados repetidas veces para alejar esos pensamientos, y se decidió a entrar a la habitación finalmente, ya que llevaba largo rato en la puerta.

Pasó largo rato. Changmin se encontraba escuchando música con su Ipod, había sido la mejor idea de su vida. Sabía que Junsu no lo acusaría, no sería capaz… Así que él estaba tranquilo leyendo un libro en su cama. Los pensamientos de Min volaban en su mente, sin escuchar nada del mundo.

De pronto alguien se lanzó sobre él, y cuando abrió sus ojos y se enderezó un poco estaba Junsu sobre su cuerpo, sus rostros quedaron a escasos centímetros, y su posición era tan extraña que de alguna manera ambas piernas quedaron a cada lado de sus caderas. Todo aquello en fracción de segundos (segundos que para Changmin fueron eternos), y de pronto Junsu le quitó los audífonos de un tirón, apagó el Ipod, se puso de pie rápidamente y se lo metió en el bolsillo. En seguida le puso encima el libro abierto a la mitad y fue hacia la puerta, abriéndola.

La única reacción de Changmin fue sonrojarse completamente, ni siquiera alcanzó a preguntar qué pasaba, ya que ya había abierto la puerta cuando había reaccionado un poco.

- Buenos días, hermana - dijo Junsu sonriendo, la mujer le devolvió la sonrisa.
- Buenos días a ambos - miró a Changmin, quien le devolvió el saludo con la cabeza - ¿interrumpo algo?
- No, no se preocupe. Estaba orando un poco,  mi compañero leía un libro.
- Lamento la interrupción entonces, sólo hacía una visita para ver que todo estuviera en orden… - sonrió - ya no los molesto, que Dios los bendiga.
- Igualmente - dijo Junsu y la mujer salió de la habitación.

Se quedaron callados un ratito y Junsu suspiró.

- No sé por qué lo hice, quizás sólo porque no me gusta que regañen a mis compañeros, pero acabo de mentir por ti… - se sentó en su cama - así que júrame que tendrás más cuidado con esta cosa - le mostró el Ipod y se lo pasó.
- Gracias… - dijo al fin, recibiendo el objeto.

Aquello había sido repentino, pero lo más extraño…. Aquello le había hecho sentir algo muy extraño, su pecho seguía latiendo y había sentido su rostro arder cuando vio el rostro de Junsu tan cerca del suyo… Y ahora se sentía nervioso, muy nervioso.

Se volvió a recostar sobre la cama y le dio la espalda a Junsu, intentando tranquilizarse y pronto terminó quedándose dormido.

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La habitación estaba totalmente oscura, y ahora bastante calurosa. Una mirada lujuriosa, un cuerpo desnudo, suspiros…

- Tócame… - le susurró lamiendo sus labios, y su corazón dio un fuerte salto, enviando sangre rápidamente a todo su cuerpo, pasando por su rostro y llegando finalmente a cierta parte de su cuerpo que comenzaba ya a notarse bastante por debajo del pantalón.
- J-Junsu… - se le acercó, ubicándose entre sus piernas. Sus caderas se movían por inercia, sintiendo el cosquilleo crecer cada vez más, al punto de no aguantar los gemidos.
- Changmin… Changmin-ah… no pares - gimió Junsu lamiendo su oreja derecha, haciéndole darse cuenta de que ese era su punto débil - Changmin… Despierta… - susurró.
- ¿Eh? - respondió acalorado, sintiendo una mano acariciar su entrepierna. Sentía que pronto llegaría al orgasmo, todo aquello era demasiado para su cuerpo.
- Despierta… - lo miró fijamente y comenzó a bajar su cabeza hasta quedar frente a su erección.
- ¿Despertar? ¿De qué… hablas? Hmm… - gimió al sentir su lengua - Oh, OH no, no… - rogó, abrió sus ojos.

Se sentó sobre la cama intentando normalizar su respiración. Miró a su lado y se encontró con Junsu, quien lo miraba fijamente desde su cama.

- ¿Estás bien? - dijo bajito - Te estabas… quejando mucho - alejó la mirada de la de Changmin, y este notó que había un leve sonrojo en sus mejillas.

Changmin se levantó rápidamente, un poco avergonzado, y notó cómo la vista de Junsu se posaba rápidamente en su entrepierna despierta. Junsu abrió sus ojos en forma impresionada, sonrojándose más, pero intentó disimular.

- Iré a tomar una ducha - se tapó con las manos, tomó unas toallas del armario y corrió fuera de la habitación… Y gracias, Gracias pero mil gracias A Dios, Buda, Zeus, Alá, Bob esponja o cualquier cosa que estuviera en el cielo, no lo descubrieron en el trayecto.

Se sacó rápidamente la ropa y se metió al agua, la urgencia por tocar era demasiada. Primero se preocupó de que no hubiera nadie, y pudo comenzar…

Como había esperado mucho ahora dolía, pero pronto logró acostumbrarse… y diablos, iba todo perfecto hasta que la imagen de Junsu lamiendo sus labios y susurrando “tócame” se le vino a la mente, haciendo que se corriera al instante.

Se sintió más avergonzado que nunca, más por haber tenido un orgasmo pensando en Junsu… Diablos, no podía… ¡No podía! ¡Era su amigo!

Se quedó un largo rato bajo la ducha, luego de limpiar bien cualquier rastro de su… “pecado”, como dirían esas mujeres locas… pensando, arrepintiéndose de lo que había hecho, pero es que mierda… se había masturbado pensando en su mejor amigo de la infancia.

Como fuera, no debía seguir quedándose más rato ahí… porque si lo veían muy tarde por los pasillos de seguro comenzarían con sus idioteces de  pecados.

Cuando regresó a la habitación Junsu no estaba, así que simplemente te acostó sobre la cama. Se secó el pelo con la toalla y se acostó sobre la cama, decidido a volver a su labor de escuchar música. Cuando tomó su Ipod se le resbaló de los dedos mojados, y este cayó detrás de la cama.

- Oh diablos… - maldijo por lo bajo e intentó meter la mano, pero no pudo.

Se levantó para correr la cama, y al hacerlo se encontró con una sorpresa muy poco agradable y extraña. Más que nada extraña. Corrió más la cama para ver de qué se trataba, ya que no la había corrido tanto como para diferenciar qué era.

- ¿Qué mierda…? - susurró al acercarse. Tomó su Ipod y lo metió al bolsillo.

Había una enorme mancha roja en la esquina de las paredes. La tocó, estaba seca. Miró fijamente, notando que eso no era pintura. Parecía más otra cosa…

- Sangre… - susurró. Siguió tocando hasta llegar al suelo, habían unas cosas pequeñas metidas entre las tablas. No lograba diferenciar qué eran, intentó sacar una pero le fue imposible, así que intentó con otra. Finalmente lo logró, y cuando lo puso en su palma y lo miró lo soltó a instante y se levantó asustado, soltando un pequeño grito de miedo y asco.

Eran… Eran uñas, enteras.

En ese momento alguien entró a la habitación, y cuando Changmin se giró se encontró con Junsu, quien lo miraba serio.

- ¿Qué diablos pasó aquí? - le preguntó apuntando la mancha.
- Oh, eso…

Ambos se quedaron callados largo rato. Changmin esperando respuesta y Junsu sin muchas ganas de darla. Aquel silencio era bastante incómodo. Junsu se sentó en su cama y suspiró.

- Era mi antiguo compañero de habitación…
- ¿Tu antiguo compañero? - cierto, se suponía que todos compartían habitación, y cuando llegó al internado Junsu estaba solo.
- ¿Qué pasó con él?
- N-no quiero hablar de eso - se giró y se acostó sobre la cama.
- Acabo de encontrar uñas enteras en el suelo y una mancha de sangre detrás de mi cama, en mi pared. ¿No merezco acaso saber qué mierda pasó? - preguntó volviendo a correr su cama. Admitía que ver eso le revolvía un poco el estómago.
- Se suicidó.

Changmin abrió sus ojos impresionado. De alguna manera no se le había pasado eso por la mente. Abrió su boca para decir algo, pero la volvió a cerrar. Se sentó en la cama y Junsu entendió su mirada curiosa, así que procedió a continuar.

- Él… entró a edad tardía aquí. Había dejado a su novia afuera, así que no logró acostumbrarse a las reglas de este lugar. No soportó el trato que recibía, ni mucho menos las costumbres del lugar. Lo peor fue… el castigo que recibió cuando se enteraron de que él y su novia no eran vírgenes… Terminó volviéndose loco, se escondía detrás de la cama y rasguñaba el suelo. Terminó arrancándose las uñas. Creyeron que estaba poseído así que lo intentaron exorcizar. Sólo empezó todo. Él escapó de… ese lugar y vino a la habitación… - su voz se quebró de pronto - Yo… intenté detenerlo, pero no pude y … - tapó su boca y se quedó callado.

Changmin sintió un enorme nudo en la garganta al ver cómo los ojos de Junsu se humedecían. Aquello debió ser algo horrible. Se puso de pie y caminó hasta Junsu, se sentó a su lado y puso una mano sobre la de él.

- ¿Q-Qué hizo? Pronunció apenas, pero se arrepintió al instante de preguntar. Junsu respondió de todos modos.
- Rompió el espejo que había antes colgado de la pared, de un golpe… Tomó un pedazo y luego de correr su cama se escondió tras ella, como siempre lo hacía… Se tiró al suelo, supongo que fue para que no lo viera… - tragó saliva - Cuando me levanté para verlo él.. Con el trozo de espejo él estaba apuñalándose - puso su mano derecha en su cuello - en el cuello… y… Dios - se tapó la cara y Changmin, sin pensarlo dos veces lo abrazó fuertemente.

Y en ese momento fue cuando se dio cuenta. Cuando su corazón comenzó a latir rápidamente, cuando unas mariposas asquerosas comenzaron a revolotear en su estómago, y cuando Junsu correspondió el abrazo y sus manos se apoyaron en su espalda haciéndose sentir un cosquilleo agradable… En ese momento se dio cuenta…

Había estado años confiando ciegamente en que un día volvería a reencontrarse con él, que todo volvería a ser como antes y dejaría de sufrir, y ahora… ahora que por fin podía estar con el amigo que tanto había querido y por el que tanto había llorado…

Comenzaba a enamorarse de él…

3 comentarios:

  1. Oh Miyu-Chan♥

    Ya lei este fic tuyo ;o;
    aun asi me gusta mucho asi que lo volvere a leer desde aqui ahora♥
    me encanta la forma en que escribes *u*
    y amo la trama de este fic♥

    Gracias por compartirlo♥

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  2. Muy agradable, mucho de hecho.
    Todos creen en Dios a su manera, y algunos hasta ni creen, pero lo importante aquí es que no hay que olvidar que solo es un fic, se opina sobre la trama, sus personajes y la forma de redacción, no sobre las creencias del autor.

    Me gusto mucho ese toque de suspenso, digo al llegar a la parte de "Se suicido" yo me quedé así como de "O_________________________O que puto miedo", si fuera Changmin ni madres que vuelvo a dormir en el cuarto ese, o por lo menos en mi cama............... mejor me paso a la de Junsu con él XD

    Muy bueno :)

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  3. Abigail6/24/2013

    Woooo este fic esta super genial es facinante me encanto...
    Gracias por compartirlo ^^

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