Todo Comienza con un Disparo - Cap. 3

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Lo primero que lo despertó fue un fuerte ardor en su labio magullado. Alguien tarareaba una canción mientras algo muy áspero y húmedo se frotaba contra sus heridas. La persona que tarareaba se detenía momentáneamente para contestar, y luego volvía a tararear.

- ¿Qué crees que diga el jefe?
- No lo sé.
- ¿Deberíamos matarlo?

Se removió en su lugar. El tarareo se oía junto a su oído. Era una voz bonita. Volvió a removerse en su lugar y se quejó levemente por el insistente ardor en su rostro.

- ¡Hey, creo que está despertando!

Entreabrió sus ojos, dándose cuenta que sólo podría abrir uno; el otro, por los golpes de su padre, estaba aún hinchado y no podía abrirlo. Dolía como mil demonios. Se encontró con el rostro de un chico frente suyo. El ardor en su rostro era causado por él, pues hasta ahora había estado limpiando sus heridas. Le alejó la mano del rostro con un golpe brusco, alejando también su rostro. Observó al chico en silencio, molesto y a la defensiva, para luego mirar al otro chico tras él. Changmin se sentía molesto, colérico, totalmente iracundo, pues su intento de suicidio se había visto frustrado por un grupo de desconocidos.

Intentó levantarse, pero ambos chicos se abalanzaron sobre él y lo sujetaron contra la cama.

- ¡Hey, hey, no puedes irte! – gritó uno de los dos, el que tenía los labios muy rojos y enormes ojos, escandalizado. Changmin no comprendió bien por qué no. Aún se sentía mareado y su cuerpo estaba levemente adormecido.
- Ya déjame – intentó soltarse, pero el chico que hasta hace un rato había estado tarareado se encontraba casi por completo sobre su cuerpo también.

Antes de que pudiera intentar siquiera moverse alguien entró por la puerta. El ruido de la pesada puerta de metal hizo que los tres voltearan. Entró un chico de piel muy blanca y cabello negro con ondas, con una sonrisa en los labios, y Changmin sintió un revuelco en el estómago al recordar que esos labios eran los labios que tan bonitos había encontrado hacía unas… ¿Cuánto había pasado? ¿Minutos, horas?

- ¿Qué le están haciendo al pobre? - rió al ver a los dos chicos sobre Changmin.
- Quería escapar - dijo el que antes tarareaba - y no podemos dejarlo huir hasta llevarlo donde Yu....
- ¡Ehhh! - lo interrumpió el otro junto a él y le tapó la boca - nombres clave, XIA, nombres clave - lo regañó y el chico se encogió de hombros. Changmin los miraba con una ceja alzada. No sabía dónde demonios estaba ni quiénes eran ese puñado de raros. El chico en la puerta rodó los ojos con una sonrisa y habló.
- Cómo sea, a eso vengo. El líder quiere ver a este espécimen – apuntó a Changmin, el cual lo miró algo ofendido. El chico del lunar bajo el ojo hizo que se levantara y le esposó las muñecas detrás de la espalda.

Changmin ni siquiera se resistió. El chico lo empujó suavemente para que avanzara y Changmin simplemente obedeció. Lo llevaron por unos pasillos rectos y oscuros, apenas iluminados por unas lámparas baratas. Changmin caminaba con la mirada baja, sintiendo el ardor en todo su rostro causado por las heridas. Pudo notar de reojo que el chico de cabello negro y labios rojos le daba  varias miradas curiosas. Changmin lo ignoró, pues no tenía energías siquiera para pensar, se sentía muy cansado de la vida y de todo lo que lo rodeaba.

Caminó casi mecánicamente siendo guiado por los pasillos, y cuando se dio cuenta se encontraba dentro de una sala de pequeñas dimensiones. Al oír sobre ese tal líder se había imaginado una oficina gigante con muebles de roble y botellas de vino de hace muchos años, candelabros y copas de cristal, una silla gigante de cuero y un hombre de traje con aires de empresario acompañado de  unos guardaespaldas corpulentos con lentes oscuros y esas cosas, ya saben, como las películas de mafiosos donde llevan al idiota debilucho hasta el jefe quien le dará la sentencia de muerte. En este caso, él era el idiota debilucho (no voluntariamente, claro. Todos esos golpes, emociones, la disminución de ganas de vivir y esa cosa que habían usado para sedarlo lo tenían así), los cuatro chicos eran los guardaespaldas -aunque para nada corpulentos debía decir- y el hombre ahora frente a él era el tan temido líder de esa peligrosa mafia.

Pero no había muebles de roble o copas de cristal rebosantes de vino de calidad, ni candelabros ni hombres distintivos de traje planchado, ni guardaespaldas ni sillas enormes de cuero.

No. Sólo un chico alto con facciones masculinas sentado en la silla de madera negra, vestido con una musculosa blanca y unos pantalones holgados, frente a una cama de esas de hospital con fierros y colchones duros, una lámpara de aceite apagada por ahí y un botiquín de primeros auxilios en la cama. El chico vendaba su brazo tranquilo, y al alzar la mirada y encontrarse con la expresión confundida de Changmin dejó las curaciones para después, cerrando el botiquín y poniéndose de pie con una sonrisa.

Changmin movió sus muñecas detrás de su cuerpo, sintiendo el frío metal de las esposas rozar su piel. Realmente no estaba entendiendo este lugar, ni mucho menos qué tipo de criminales eran los cuatro chicos rodeándolo.

- Conque tú fuiste – murmuró el chico frente a él. Se veía alto, mucho más que los otros tres que lo sujetaban por atrás, pero no sobrepasaba su propia altura. ¿Por cuánto lo pasaría Changmin? ¿Unos 6 ó 7 centímetros? (Changmin tenía muy buen ojo). El chico esposado no respondió nada - ¿Cómo te llamas?

Hubo silencio. Changmin ni siquiera se dignó a alzar la mirada. Alguien detrás de él le dio un empujón y murmuró “responde”. Changmin ni se inmutó.

- ¿No vas a responderme? – dijo el chico cruzándose de brazos.
- ¿Cuál es tu nombre? – dijo Changmin con voz rasposa. El chico alzó una ceja.
- U-Know – dijo. Changmin rió, girando los ojos.
- ¿El verdadero?
- No te diré eso.
- Entonces yo no te daré mi nombre – se encogió de hombros. Oyó una risita disimulada tras él, pero la ignoró.

El chico suspiró y masajeó una sien con el brazo no lastimado, soltó un leve gruñido y se sentó en la cama – Por favor –murmuró, al parecer sufriendo un dolor de cabeza – Hagamos esto rápido, me había desacostumbrado a los disparos y me siento muy cansado – dijo. Recién en ese momento notó que uno de los tres chicos había salido, pues llegó con una taza y lo que parecía ser una aspirina. Era el chico del lunar bajo el ojo. El que debía ser el líder le sonrió por el gesto y le murmuró un “gracias”, para luego tragar la pastilla y beber un poco del humeante líquido de la taza. Soltó un suspiro.

- ¿Qué harás para que no te matemos? No ha sido una buena semana y necesito desquitarme – dijo el tal U-know, aún sentado a la orilla de la cama mientras el otro chico le comenzaba a dar un masaje en los hombros (no era por nada, pero el chico ese tenía un leve olor a puta).
- ¿Hacer algo? – rio débil Changmin, sacudiéndose levemente por el dolor. Sus esposas sonaron - ¿Si no hago nada me matarán?
- Efectivamente – respondió, diciéndole al chico tras él que no se preocupara más.
- Entonces adelante – se encogió de hombros. El chico líder abrió sus ojos.
- ¿Oh? ¿No opondrás resistencia?
- Al parecer no lo notaste, pero frustraste mi intento de suicidio hace un rato, y si crees que aquello me hizo pensar “¡Oh, estoy vivo, es un miagro!” y tomarle un nuevo significado a la vida… Pues estás mal. Mátame y terminemos con esto ¿Quieres? – lo miró al fin a los ojos, mostrándole todo el odio reflejado en ellos. U-Know sonrió.
- Micky, llévatelo y enciérralo abajo – dijo y los otros tres lo miraron asombrado. Changmin frunció el ceño.
- ¿En serio? – dijo el chico junto a él. Este asintió.
- ¿Quiere morir? Entonces el mejor castigo es hacerlo vivir – sonrió y lo miró a los ojos. Changmin le dio una última mirada llena de odio hasta que uno de los chicos lo tomó por las muñecas esposadas y lo sacó de la habitación.

Se sentía mareado, somnoliento. Quería dormir, y nunca más despertar. Mientras caminaba por los pasillos en silencio imágenes fugaces comenzaron a aparecer en su cerebro. La cabeza de su jefe reventando en pedazos, sus llantos miserables, el aroma a su sangre, aquella que aún permanecía en su camiseta sucia y su sudadera. Sentía e sudor aún sobre su cuerpo, se sentía por completo sucio y, al ser Changmin una persona muy limpia, aquello se sentía asqueroso. El chico que o guiaba comenzó a silbar, sacándolo levemente de sus pensamientos. Soltó un suspiro.

- Conque intento de suicidio, ¿Eh? – murmuró con una voz ronca y profunda y Changmin exhaló el aire de sus pulmones por la nariz. No respondió - ¿Qué edad tienes? ¿Unos 20? Eres bastante alto para tu edad. Yo tengo 23 – dijo tranquilo, como si estuviesen caminando por un lugar cualquiera, como una plaza o simplemente por la acera.

Siguieron caminando en silencio. Bajaron unas escaleras. El aire helaba sus huesos  y hacía doler aún más sus heridas. Jadeó con dificultad y se detuvo de pronto. El chico pelinegro lo adelantó por unos cuantos pasos y se detuvo frente a él para mirarlo.

- ¿Te sientes muy mal? – preguntó. Changmin no contestó, simplemente se contrajo levemente cuando el dolor ya se había vuelto insoportable. Ahora su rostro ardía y el escozor incomodaba, le dolía respirar y se  sentía mareado.
- Creo que… - jadeó con dificultad sintiendo una fuerte punzada en su costado. El chico lo miró con una ceja alzada – Creo que tengo unas costillas rotas… - murmuró arqueándose levemente.
- Hah… El sedante perdió su efecto – suspiró el chico pelinegro y se le acercó para posar su mano en su hombro y llevarlo a su destino - ¿Qué demonios te pasó? ¿Te caíste del techo de un edificio o te pisoteó un elefante? – rió divertido. Changmin ni siquiera sonrió.

Una vez terminado el recorrido entraron a una habitación. Era fría, mal cuidada, con apenas una pequeña ventana para que entrara el sol… pero era mejor que una celda de prisión en todos los aspectos. Había cama, tenía colchón, mantas, no estaba muy sucia. En fin. Era mejor.

- Sácate eso – le indicó el chico pelinegro, apuntando su ropa – la camiseta y la sudadera.
- ¿Por qué? – preguntó casi sin aire. El chico rodó los ojos.
- Si quieres ahogarte en tus costillas rotas y tu dolor a mí no me importa – se encogió de hombros – pero el líder dio su orden y recoger y deshacerse de un cadáver es una lata, así que… - sacó una caja de un mueble de madera vieja y se le acercó - ¿Entonces?

Changmin bajó la cabeza y no dijo nada. Yoochun suspiró un “como quieras” y lo dejó solo.

El frío comenzó a envolverse los sentidos, nublándolos. Se sentía entumido, mareado, el ardor en sus heridas tirantes por la cicatrización era horrible, y la punzada al respirar cada vez se hacía más fuerte. Se sentó sobre la cama y se arrinconó, cubriéndose un poco con la manta. Tosió con dificultad y soltó un fuerte gruñido de dolor al tener aquellos espasmos. El sonido de su respiración dificultosa se oía en toda la habitación. Comenzó a tener sueño.

Sólo esperaba dormir y no volver a despertar.

--

Unos movimientos lo sacaron de su sueño… Y realmente lo agradecía. Había soñado con su jefe. Este embestía contra él con fuerza contra su cuerpo y gemía, apretaba su cuello con sus manos. Su padre observaba en una esquina de la habitación, serio, cómo su hijo era sometido a tal tortura. Y Changmin le pedía ayuda, gritaba. Dolía.

Otro movimiento lo despertó por completo.

- Oh, despertaste – dijo el mismo chico de cabello negro. Changmin no entendía nada. La hinchazón de su ojo comenzaba a disminuir, pues al fin había podido abrir ambos ojos – Te puse un sedante para que no sintieras dolor. Tendrás que mantenerte en esta posición durante un tiempo para no soltar las vendas y así puedas sanar – le indicó. Sólo en ese momento se dio cuenta de que estaba recostado, vendado y con una camiseta limpia y blanca puesta.

“¿Por qué hace esto?” pensó sin decir nada, bajando la mirada, confundido por aquella amabilidad sin razones.

- No sé por qué hago esto – dijo el chico de pronto, como si hubiera leído su mente – sólo pensé que si ibas a morir deberías hacerlo de una forma rápida y decente, no una lenta y tortuosa como agonizar por un par de costillas rotas – se encogió de hombros. Changmin no dijo nada.

El chico se levantó y dio unas vueltas por la habitación y luego se giró hacia Changmin una vez más – Si el líder no te mató fue porque vio algo en ti. - le dijo serio - ¿Qué cosa? No lo sé, sólo sé que tienes potencial –se cruzó de brazos y se giró, dándole una última mirada antes de salir de la habitación – hay comida en la mesa junto a ti. Disfrútala – le sonrió y se fue.

Changmin no comió nada. Simplemente cerró sus ojos y se durmió una vez más.

--

No estaba seguro de cuántos días habían pasado. No tenía reloj, ni calendario que le indicara el día, sólo tenía la luz de la ventana la cual le indicaba si era de día o de noche.

Había decidido contar los días. El tercero perdió la cuenta…

Se despertó cuando la puerta de metal se abrió con fuerza, y un aroma delicioso despertó sus sentidos como no lo hacían en mucho tiempo. El chico de cabello negro solía llevarle comidas todos los días, pero Changmin jamás probaba un bocado, sólo bebía el agua y se quedaba tranquilo mirando a la nada. Moría de hambre, se sentía demasiado débil. Quizás por eso ni siquiera había pensado en escapar, aún cuando no estaba ni esposado ni amarrado.

Pero el pelinegro había entrado y la comida que traía esta vez olía delicioso. Su estómago comenzó a rugir de inmediato, y el chico lo oyó pues comenzó a reír divertido.

- Vaya, recuperaste el apetito – sonrió enormemente sentándose a la orilla de la cama, ofreciéndoe la bandeja. Changmin se quedó en silencio, dudando de si debía o no recibirla. Finamente desistió y la recibió.

El chico lo miró curioso mientras Changmin comenzaba a comer. Este lo miró, pero volvió a mirar su plato de inmediato. As miradas reiteradas del pelinegro de piel blanca comenzaban a ponerlo nervioso, pues a pesar de todo Changmin siempre había sido una persona tímida. Iba a pedirle que dejara de hacer eso, pero el chico se adelantó a hablar.

- ¿Aún te duelen las costillas? – preguntó. Changmin negó con la cabeza con lentitud, aún comiendo – me alegro – se encogió de hombros y suspiró. Siguieron en silencio largo rato hasta que Changmin terminó de comer - ¿Estaba bueno? – preguntó con una sonrisa. Changmin asintió – Qué bien – le sonrió más, enormemente, haciendo que Changmin se sintiera incómodo por su amabilidad.

Pasó un largo rato en que ambos se quedaron en silencio. Sólo se oía la respiración dificultosa de Changmin, pues aún dolía si respiraba muy fuerte. Cuando el chico pelinegro se levantó dispuesto a irse, Changmin lo miró algo somnoliento y al fin habló.

- Oye… - murmuró. El chico se giró curioso. Changmin se enderezó - ¿Puedo… darme una ducha? – preguntó. El chico rió.
- Claro, por qué no.

Lo ayudó a levantarse y lo acompañó hasta una puerta, al abrirla dejó ver un baño bastante decente, con baldosas blancas y detalles de flores azules en cada una de ellas. Tenía una bañera muy limpia, un botiquín con un espejo y el lavamanos de las mismas tonalidades. Todo limpio y ordenado. Changmin dejó escapar un suspiro.

- Hay agua caliente. El champú y el jabón están ahí – apuntó – Y si quieres afeitarte, porque lo necesitas, las cosas están en el botiquín. Te dejaré solo, volveré en un rato – le dio una palmada en la espalda y cerró la puerta, dejándolo efectivamente solo.

Changmin comenzó a desvestirse con lentitud. Su ropa estaba asquerosamente sucia, con restos de barro y sangre. Sentía ganas de quemar todo eso y no volver a verlo nunca más. Miró sus manos aún negras por la suciedad y la sangre seca impregnada en su piel y sus uñas. Al mirarse al espejo no pudo sino reír por lo miserable de su imagen reflejada en él. Estaba todo magullado, lleno de rasguños, costras y hematomas (Aún cuando ese otro chico había desinfectado muchas de sus heridas). Su ojo aún estaba levemente morado, no, más bien rosado y la hinchazón aún se dejaba notar. La comisura de su labio estaba llena de costras y la sangre seca bajo su nariz seguía ahí. Su cabello estaba más largo y lleno de tierra y el vello facial estaba indecentemente notorio. Miró su pecho en el reflejo del espejo, tenía leves cicatrices de mordiscos y rasguños durante el sexo con su jefe. Realmente se dio asco. Se despojó de todas sus ropas dejándolas en una esquina y abrió la llave de la bañera, dejando caer el agua caliente. Se metió bajo el chorro y dejó salir un leve jadeo al sentir las gotas gruesas golpear su piel delicada. Frotó con fuerza su cuero cabelludo, mirando hacia el suelo,  viendo toda esa agua sucia caer de él. Frotó hasta que nada más cayó y tomó el champú que ahí estaba, vertiendo un poco en su mano para luego masajear su cabeza. Tras repetir con el acondicionador y volver a enjaguar su cabello siguió con su cuerpo. Frotó con jabón su rostro, sintiendo el ardor del jabón en sus heridas. Siguió con su cuerpo, sintiendo el agua caliente relajar levemente su dolor. Frotó su pecho, sus hombros, su espalda, su entrepierna y todo lo restante, sacando la sangre seca y el sudor de cada centímetro de su piel. Pero por más que lo intentó, la sangre seca de sus uñas no salía. Gruñó y cerró la llave, mojando el piso frío con las gotas que resbalaban por su cuerpo y de su cabello.

Y volvió a mirarse al espejo. Se acercó bien y miró cada detalle. Podría jurar que tenía más arrugas en su rostro desde la última vez que se había mirado a un espejo. Su cabello largo le daba una imagen extraña, el flequillo si lo dejaba caer libre tapaba por completo sus ojos, así que debía moverlo hacia un lado o hacia atrás para poder ver. Decidió que lo mejor sería afeitarse, y así lo hizo, dejando su piel tan lisa como solía tenerla siempre.

Pero la imagen en el espejo, aún cuando se encontraba limpio y renovado, seguía dándole asco.

Con una fuerza la cual no supo de dónde sacó y soltando un grito que le desgarró la garganta dio un fuerte golpe certero al espejo, rompiendo en pedazos el vidrio. Su mano comenzó a sangrar al instante. Soltó un jadeo y cerró sus ojos, sintiendo el olor a sangre llenar sus sentidos. El sonido de 4 disparos sonó en sus oídos y la imagen del rostro deformado de su jefe volvió a su mente. Volvió a soltar un grito ensordecedor, siendo poseído por la ira que brotaba hasta de sus poros. Y hundió su rostro miserable entre sus manos, llenándolo de sangre una vez más, y tras un largo lamento tomó uno de los trozos más grandes y, decidido, o apoyó sobre una de sus muñecas desnudas, dejando un largo corte de un lado a otro del cual comenzó a brotar en gran cantidad la sangre roja y brillante. Cuando la puerta se abrió dejando ver al chico pelinegro, Changmin se giró casi por inercia hasta ella y amenazó al chico con el espejo ensangrentado.

Pero de un momento a otro se encontró de espaldas en el suelo, sintiendo el frío de las baldosas y la humedad del agua caída contra su piel y un dolor punzante en su nuca, por la fuerte caída. Un peso sobre él. Era el chico, el trozo de espejo que en algún momento estuvo en su mano ahora se encontraba haciendo presión contra su cuello, impidiéndole respirar con normalidad. El chico estaba sobre él, serio, con un semblante totalmente distinto al que había mostrado todos esos días en que iba a la habitación a llevarle comida o simplemente hablarle. Su expresión era ahora completamente la de un asesino.

El corazón de Changmin latía rápido. El chico sobre él no se movía, sentía algo líquido y caliente caer sobre su cuello y luego resbalar por su piel. Era sangre, pero no era suya. Era la del chico. Su mano sangraba por el trozo de espejo que apretaba con fuerza. Y Changmin estaba desnudo, pero en ese momento no le importó de ninguna manera ese pequeño detalle. El chico frunció el ceño.

- ¿Reamente quieres morir? Porque no me importaría cortar tu cuello de un lado a otro – habló serio, con un tono de voz grave y profesional. Changmin movió sus labios, pero no dijo nada – Tienes un cuello delicioso, ¿Sabes? – lamió sus labios, haciendo una mueca lujuriosa – Desde el primer momento en que te vi sentí deseos de cortarlo – sonrió de oreja a oreja - ¿Has tenido alguna vez el privilegio de oír una garganta recién cortada? Es algo realmente delicioso. Toda una sinfonía. El sonido de la sangre saliendo a borbotones, tu víctima ahogándose. Oh, realmente algo digno de oír – presionó un poco más el trozo de espejo, haciéndole sentir el filo al más alto. Este intentó no tragar saliva, la cual se acumulaba en su boca por montones. El chico pelinegro sonrió – No nos subestimes, ¿Entiendes? Todos estamos aquí por algo, hemos matado a más personas de lo que tú tienes cabello en la cabeza. Nuestro líder confía en que nos serás útil. ¿Lo serás? - acercó más su rostro, soltando su aliento tibio frente a su boca. Changmin, como todo un cobarde, asintió acongojado, apretando sus labios. Yoochun sonrió - me alegro.

Alejó el filo del espejo de su cuello, observando cómo un fino rasguño se mostraba enrojecido en la piel color canela del chico bajo suyo. Se inclinó sobre él y lamió la poca sangre con su lengua, de un extremo a otro. El cuerpo de Changmin se tensó, entonces el pelinegro se levantó y sacudió su ropa, soltó el trozo de espejo y soltó un suspiro resignado al ver su mano sangrando. El espejo se rompió en pedacitos al caer. Luego miró a Changmin, aún sentado en el suelo. Soltó una risa.

- Estás bastante bien, ¿Sabes? – llevó su mano a su mentón, acariciándolo con los dedos. Changmin frunció el ceño, confundido – Bien equipado – sonrió más mirando fijamente su zona baja y Changmin se sonrojó por completo, sus orejas calentándose de inmediato. Se enderezó y se cubrió con la camiseta tirada a un lado. El chico rió - ¡No seas tímido! – caminó hacia la puerta – Quizás te haga mío uno de estos días – lamió sus lamios con una sonrisa de oreja a oreja. Changmin no dijo nada, sólo miró con la boca semiabierta cómo el chico salía un poco, tomaba algo y se lo arrojaba – Aquí tienes ropa limpia. Creo que es tu talla. Vístete, volveré en unos instantes.

Sin decir más el pelinegro salió de la habitación con la misma sonrisa que siempre usaba cuando le llevaba comida, dejando de lado todo rastro de maldad. Aquella mirada asesina no volvió a verla en mucho tiempo.

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Sin saber realmente por qué había obedecido completamente cada una de las órdenes que le habían dado desde ese entonces. Si le pedían que fuera, iba. Si le pedían que trajera algo, lo hacía. Aún cuando todo esto lo hacía sin ningún tipo de motivación, los chicos se mostraban agradecidos por mostrarse tan servicial. Changmin, con un suspiro y un asentimiento, sólo obedecía sin decir absolutamente nada. No hablaba con ellos, aún cuando ellos le preguntaban cosas, no respondía interrogantes y jamás hacía contacto visual.

Sobre todo ese chico de pelo negro, Micky.

Desde aquel suceso en el baño, el chico solía darle sonrisas a cada momento, de aquellas coquetas que a cualquier chica le quitarían el aire, pero Changmin las odiaba. Siempre que pasaba por su lado el chico solía decirle cosas sobre su apariencia, lo saludaba y le hacía bromas, se hacía el simpático y reía dándole palmadas en la espalda -ese gesto que tanto detestaba, odiaba las palmadas- o desordenándole el cabello. Y Changmin no respondía, simplemente se alejaba respetuosamente y lo ignoraba, pues cada toque y cada palabra le incomodaban de un modo increíble. De alguna manera… comenzaba a recordar a todos esos hombres en el bar haciéndole ofrecimientos indecorosos. Recordaba a su jefe.

Le daba asco.

- ¿Por qué intentaste suicidarte? - le preguntó un día el chico de tiernos ojos. Si no mal recordaba -y Changmin tenía muy buena memoria- los demás lo llamaban XIA. El más alto no respondió, sólo siguió comiendo - Yo intenté el suicidio una vez - se encogió de hombros, jugueteando con su comida en el plato - me sentía tan perdido en ese momento que no encontré otra opción - se encogió de hombros aún más. Changmin fingió no tomarlo en cuenta, cuando en realidad estaba escuchando con atención cada una de sus palabras. El chico lo miró con una sonrisa y Changmin no pudo evitar hacer contacto visual con él - Pero los chicos me ayudaron mucho, ¿Sabes? Creo que... No importa lo que te haya pasado, no hay razón para quitarse la vida – le sonrió y Changmin volvió a bajar la vista a su plato, frunciendo los labios – Quizás algo bueno te pase ahora. La vida da giros inesperados – se encogió de hombros una vez más, y cuando Changmin fue a responder se oyeron unos suaves aplausos venir de la puerta. Ambos se giraron.
- ¡Qué lindas palabras! – exclamó el chico pelinegro con una sonrisa, golpeando sus manos una contra la otra, acercándose – Muy conmovedor, pero no deberías molestar al chico con tus asuntos personales que a nadie le importan – se rió y XIA rodó los ojos. Changmin se levantó de inmediato con el plato en sus manos.
- Terminé – sentenció, y dejando su plato en una mesa se fue, dejando a los dos chicos solos y confundidos.

No le agradaba nada. Sólo el hecho de verlo le hacía enojarse, y es que sentía algo al verlo. Un mal presentimiento. Changmin era una persona muy inteligente y con muchas habilidades, y sólo con ver las expresiones faciales y gestos corporales podía adivinar las intenciones de la persona frente a él. Era un simple sistema de contracciones musculares y reacciones en la mirada, tics nerviosos, dilatación de pupilas y hasta la forma en que movían sus manos al hablar.

El líder, U-know como hacía llamarse, era una persona seria que guardaba un pasado al parecer bastante doloroso que nadie sabía. Cuando habla muestra un semblante maduro e inalcanzable, aun cuando en el fondo es sensible y, aparentemente, muy de piel. Si se le hace enojar podría resultar ser muy peligroso.

Xia, el chico de tiernos ojos se muestra sencillo y pasivo frente a la gente. Suele estar en otro mundo, tarareando canciones o pensando en voz alta. En el fondo es bastante inteligente, aunque él no lo sabe. Tiene una profunda herida en el corazón la cual aún no sana por completo, pero a pesar de eso es muy agradable y le gusta ayudar a la gente de las formas posibles.

EL otro chico cuyo nombre aún no conocía, ese del lunar bajo el ojo también se mostraba muy agradable y en cierto punto hasta maternal, aunque solía causar malas primeras impresiones a propósito, pues teme ser lastimado y prefiere asegurarse de que la persona es segura. Changmin sentía que era de aquellas personas que, para no preocupar al resto, solía guardarse todo lo que sentía, y aquello le hacía sufrir más de lo debido.

Todo aquello, e incluso más cosas pudo saberlas con sólo una mirada detallada. Edades, alturas, su pasado y hasta a veces su futuro. Porque el ser humano es un ser predecible, mecánico y en cierto modo… aburrido.

Pero entonces estaba ese chico de cabello negro y piel blanca, labios rojos y reluciente sonrisa, cuerpo delgado, semblante elegante y esa profunda voz que, debía admitirlo, le ponía la piel de gallina.

Ese chico con el que, por más que lo intentaba, no lograba saber absolutamente nada de él.

Lo podía mirar durante horas, lo podía analizar con detalle durante días, pero nada. Ni su pasado, ni su presente ni su futuro. Si lo miraba a los ojos sólo lograba hacerle reír coqueto, seguido de una frase cualquiera como “¿Soy tan bonito que no puedes dejar de mirarme?” o “Por favor, tu mirada penetrante lastima mi alma” haciéndose la víctima. Y Changmin lo odiaba, pues detestaba no saber sobre la gente.

Y porque le fascinaba.

Le daba mala espina, sí, pero muy a su pesar, el hecho de no poder saber nada sobre él como con el resto de las personas le fascinaba.

¿Cómo podía esconder tan bien su interior? Tenía un gran muro rodeándolo, el cual le impedía ver a través de él. Le intrigaba tanto descubrirlo todo de él, y por lo mismo odiaba el hecho de no poder quitarle la atención.

Se volvería loco en cualquier momento.

- ¡Hey, Max! – saludó de pronto el pelinegro de rojos labios, entrando a la pequeña habitación que le habían dado a Changmin unos días antes. Este alzó una ceja.
- ¿Max? ¿Quién es Max? – preguntó confundido e incómodo. El chico sonrió.
- Tú, ya sabes, Max… Por ese gran… MAX – dijo haciendo énfasis en aquellas dos últimas palabras y abriendo sus manos para referirse a cierta parte de la anatomía de Changmin. Este, sin poder evitarlo, se sonrojó por completo, se levantó molesto y le dio un empujón.
- ¡Ya deja de molestarme! – le gritó enojado, pero el chico de rojos labios lo tomó por las muñecas arrastrándolo hacia él, y en un rápido movimiento que no pudo predecir se encontró a centímetros de su rostro, la mano derecha de Micky presionaba su nuca para acercarlo a su rostro, mientras que su otra mano unía sus caderas, presionando la cintura de Changmin contra las contrarias.

Changmin pestañeó tres veces, lentamente. Micky suspiró sobre sus labios. Se miraron a los ojos profundamente. Changmin no pudo ver nada a través de sus oscuros orbes color chocolate, pero por el contrario él mismo se sintió desnudo y vulnerable ante el escaneo visual que acababa de recibir.

El tiempo se detuvo.

- No sé qué es lo que hay en ti que me atrae tanto – dijo serio. Changmin sintió su aliento caliente chocar contra su boca temblorosa – pero de un modo u otro… Te conseguiré – sonrió. Con delicadeza deslizó la mano que sostenía su cintura hacia arriba, delineando cada centímetro de su columna con sus dedos por sobre la ropa. Changmin sintió escalofríos recorrer su cuerpo. Finalmente la mano se posó junto a la otra sobre su nuca, ambas se movieron hasta rodear sus mejillas, y el pelinegro, con una sonrisa coqueta, se acercó a su oreja para dejar salir un suspiro caliente que hizo temblar al más alto. Rozó con sus labios el lóbulo, y antes de decir cualquier cosa, se alejó y le sonrió, alejándose hasta la puerta – el líder te espera arriba. Te necesita para una misión – le guiñó un ojo y salió de la habitación, dejándolo solo.

“¿Qué mierda fue eso?” pensó Changmin, aún completamente descolocado. Cuando se dio cuenta su corazón latía más rápido que nunca y sus orejas se sentían totalmente calientes. Tragó saliva y apretó sus dientes con fuerza, intentando tranquilizarse, frotando su oreja con su mano para quitarse esa cosquilleante sensación.

Ese desgraciado tenía un efecto sobre él que no podía controlar.

Lo detestaba.

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Se encontró en la oficina del tal U-Know entre los otros chicos del grupo, serio, oyendo cómo hablaban de algo que no comprendía en su totalidad.

- Y te necesitamos a ti para eso – dijo el líder de pronto, dirigiéndose a Changmin. Este dio un salto y apretó sus labios.
- ¿Yo? ¿Para qué? – preguntó confundido. Micky rió, pero Changmin intentó ignorarlo. Entonces el líder se levantó algo dudoso.
- Ahora que lo pienso… Todos aquí tenemos un nombre clave, pero ni siquiera sabemos tu nombre real – dijo cruzándose de brazos. Changmin hizo un gesto como que no le importaba - ¿Cómo diablos te llamaremos?
- Max – habló el pelinegro con una sonrisa, y Changmin se sonrojó por completo, girándose hacia él.
- ¡NO! – le gritó escandalizado. El chico de mirada tierna se encogió de hombros.
- Me parece un buen nombre, le llega – dijo, y el chico del lunar bajo el ojo (Hero era su apodo, supo más tarde) asintió.
- Creo que así debería ser – dijo y el líder asintió.
- Entonces Max será – sonrió y Changmin se sonrojó más.
- ¡Que no! ¡No permitiré que…! – dijo, pero una palmada en la espalda lo interrumpió (ese contacto que tanto detestaba). Al girarse no se sorprendió al ver que era el pelinegro.
- Entonces… Max – sonrió poniendo énfasis en su nombre – Hoy es tu primera misión – sonrió más y Changmin gruñó por la frustración.

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El ronroneo del motor de la motocicleta hacía eco en sus oídos. Con el casco puesto el viento nocturno no golpeaba sus mejillas con tanta fuerza como lo hacía con el resto de su cuerpo. El pelinegro frente a él aceleraba de vez en cuando con la vista al frente y Changmin suponía que lo hacía a propósito, pues cada vez que aceleraba el más alto debía sujetarse con más fuerza de su cintura para no caer de la motocicleta. Era cierto que quería encontrar la forma de quitarse la vida, pero caerse de la moto sólo causaría contusiones, huesos rotos y quizás hasta quedar en coma con el cuello fracturado, o parapléjico o algo por el estilo. Decidió que sería otra ocasión la indicada para morir.

Cuando le dijeron que tendría que viajar al lugar con Micky se había negado rotundamente, causando risas en el pelinegro, pero los demás habían insistido en que ambos ya se llevaban “lo suficientemente bien” como para ir.

Ahora se encontraba sentado detrás de él, con sus brazos rodeando su cintura (le atemorizaba quebrarlo en dos, pues realmente era muy escuálido) y con su corazón latiendo rápidamente.

“Contrólate, Changmin. No es como si nunca hubieras estado a centímetros de otro hombre sin sentir nada” se regañaba mentalmente. Pero entonces el pelinegro volvía a acelerar y Changmin debía volver a sujetarse con fuerza para no caer de esa maldita moto que lo estaba volviendo loco.

Fue, honestamente, uno de los peores viajes de su vida.

Cuando llegaron a su destino se aceleró para poder salir rápido de esa moto. Cuando se enderezó intentando tranquilizarse, notó que se encontraban en la parte trasera de una enorme mansión lujosa, de aquellas de película. Miró al pelinegro con una ceja alzada.

- ¿Qué? – preguntó él quitándose el casco. Changmin giró los ojos, como recalcando lo obvio.
- ¿Qué diablos debo hacer yo aquí?
- Supongo que el líder quiere ponerte a prueba – se encogió de hombros restándole importancia y pasó por su lado sin explicarle nada. Changmin sólo optó por seguirlo.

Con las herramientas que tenían en las mochilas escalaron el gran muro y se internaron por entre las malezas y árboles del enorme jardín. Changmin sentía su corazón latir, pues no tenía ni la más mínima idea de qué estaban haciendo ahí. El pelinegro se movía con agilidad. Una vez que llegaron al muro de la casa sacó un pequeño objeto negro y dio un código. Entonces de una esquina de la pared se abrió un pequeño espacio, al parecer era el ducto de la ventilación o algo así. Changmin dudó un largo momento antes de entrar como lo hizo el chico de labios rojos.

- Sigo sin entender cuál es mi papel aquí – dijo Changmin mientras se arrastraba sobre sus codos y rodillas para no chocar su cabeza contra la parte superior del ducto. El chico delante de él no respondió. Al llegar a una curva se detuvo y miró por unos espacios que daban a una habitación iluminada.

Changmin observó con atención. Había un hombre grande haciendo guardia frente a una puerta. Fue a preguntar, pero su atención fue captada por el pelinegro quien, con una expresión relajada, dejó caer una pequeña bolita de vidrio. Changmin alzó una ceja.

- ¿Pero qué diablos te…?
- Shhh – lo hizo callar poniendo su dedo índice en sus labios. Changmin alejó el rostro.

Observaron cómo el guardia se movía para ver qué diablos era lo que se había movido, y justo cuando estuvo debajo de ellos el pelinegro rompió el suelo de una patada, haciendo que varios pedazos cayeran sobre el guardia. Entonces, con una sonrisa, Micky saltó sobre él y de una patada certera en las costillas el hombre cayó al suelo, sin siquiera haberse resistido alguna vez.

Changmin sintió que, si no sujetaba su boca, su mandíbula se abriría sin remedio por la impresión. El chico desde abajo le indicó que saltara con una sonrisa. Changmin obedeció.

- Ok, entonces ahora – sacó de nuevo el aparato negro y habló. Entonces la puerta enorme de metal se abrió, dejando salir un ruido sordo de aire a presión. Changmin abrió su boca para preguntar – el líder es bueno hackeando sistemas. Podemos abrir todas las puertas que queramos con su ayuda – sonrió orgulloso y Changmin asintió.

Caminaron por el pasillo con rapidez. El pelinegro sacó dos cosas de su mochila y le pasó una. Él se puso la otra. Eran esas ridículas máscaras de conejo. Changmin alzó una ceja, en desapruebo.

- No voy a ponerme esto – sentenció. Micky lo miró.
- ¿Por qué no? No puedes ir por ahí entrando a casas ajenas y mostrando tu rostro al mundo. Además creo que le da una imagen bastante sádica al asunto matar gente con máscaras infantiles. Ya sabes, es como esas películas en donde…

Se quedaron callados cuando una alarma ensordecedora sonó. Yoochun sonrió triunfante, y antes de que Changmin pudiera preguntar cinco hombres aparecieron por la puerta, armados, con gafas oscuras y trajes de guardaespaldas. Changmin miró a Yoochun alarmado con los ojos bien abiertos, y antes de cualquier cosa se puso la maldita máscara.

- ¡Los estaba esperando! – dijo el pelinegro abriendo sus brazos como si fuera a abrazarlos, sólo dejando ver su sonrisa, y en cuestión de segundos sacó un arma de debajo de su chaqueta, apuntándolos con ella - ¡Vamos a divertirnos!  - sonrió. Los hombres corrieron hacia él, dando disparos. Ágilmente esquivó cada uno de ellos y le dio un fuerte golpe al primero, haciéndolo caer. Changmin miraba todo desde atrás, con los ojos bien abiertos. Entonces el segundo y tercer hombre se lanzaron sobre él y el pelinegro les dio dos disparos. Lo mismo con los otros dos, los cuales cayeron al suelo igual que el resto. Micky suspiró – Vaya, qué aburridos son. Demasiado fácil – se encogió de hombros decepcionado y se giró una vez más hacia Changmin - ¿Dónde estábamos?

Caminaron lo que les restaba del largo pasillo hasta llegar a una puerta de tamaño normal con una perilla, como esas de las cajas fuertes. El pelinegro bufó.

- Mierda, no se suponía que tuviera este tipo de sistema de contraseñas – rascó su cabeza levemente complicado -  Odio estas cajas fuertes – fue a intentar descubrir la contraseña, pero Changmin le dio un empujón.
- Aléjate.

Changmin se acercó lo más posible a la puerta y echó un vistazo a cada detalle. Observó con cuidado la perilla y la zona que lo rodeaba. Luego giró un poco la perilla acercando su oído, y sonrió.

- 284726 – dijo Changmin alejándose. El pelinegro alzó una ceja – es la clave, 284726, no lo repetiré otra vez.

El más bajo se agachó frente a la puerta y giró la perilla, marcando cada número que Changmin había dicho. Finalmente, al llevar al seis, un fuerte click hizo eco en la habitación. El pelinegro se giró con la boca abierta, confundido.

- No tengo la mejor vista, pero sí soy muy bueno captando detalles. El aceite de la piel gasta las cosas, y las marcas de grasa en la perilla indicaban la posición en que la mano gira para dar con el primer número. El resto fue cosa de oír cuál se oía más gastado, por ende, más usado – se encogió de hombros.
- ¿Y el orden? – preguntó el pelinegro. Changmin frunció los labios.
- No sé, simplemente me pareció que así sería.
- Eres increíble – murmuró el chico y se enderezó para abrir la puerta. Changmin no pudo esconder su sonrisa triunfante.

Una vez adentro volvió a hablar por el aparato negro y de la nada llegó el tal Hero (Al parecer de otro ducto de ventilación) cargando una bolsa en su espalda. Se dieron un saludo y comenzaron a guardar las joyas y el dinero que se encontraban dentro de la enorme caja fuerte. Changmin simplemente miró confundido. Un ruido lo sacó de sus pensamientos, y al girarse se encontró con dos hombres corpulentos. No reaccionó  de la mejor forma posible, pues sólo pudo soltar un jadeo y asustado llamar el primer nombre que se le vino a la cabeza.

- ¡M-Micky! - dijo echándose para atrás cuando uno de ellos lo tomó del brazo, entonces  un disparo certero le dio en el brazo, haciéndole echarse hacia atrás. Cuando notaron que comenzaban a llegar más hombres el pelinegro sacó el objeto negro y habló.
- Demasiada gente, hay que irnos.

Hero cargó el bolso en su espalda y de un salto alcanzó la mano del chico de ojos tiernos que esperaba desde el ducto de aire. Ayudó a subir el bolso. Changmin iba a hacer lo mismo, pero Micky lo detuvo.

- Nah, nosotros nos vamos por otro lado - le sonrió y le tomó la mano comenzando a correr. La alarma sonaba a todo volumen y ellos corrían por los pasillos a toda velocidad siendo perseguidos por cada vez más hombres.
- ¡¿Por qué demonios me trajeron aquí?! – preguntó sin dejar de correr. El pelinegro sacó algo de su bolsillo y pateó uno de los enormes ventanales de la pared.
- Cállate y sujétate de mí – disparó la pequeña pistola que tenía de la cual salió una larga cuerda la cual se clavó en la parte superior del muro que quedaba frente a ellos. De su cinturón sacó un pequeño arnés el cual enganchó a la cuerda. Acercó a Changmin con su brazo rodeando su cintura y sin esperar más saltó, sujetándose de la cuerda para dirigirse hacia el muro. Changmin se aferró a él para no caer, y al verlo a la cara no pudo sino reír por la expresión que el pelinegro traía, con los ojos cerrados con fuerza y los labios apretados. Finalmente llegaron al muro y el más bajo jadeó – Odio las alturas –admitió. Changmin frunció los labios intentando esconder su expresión divertida.

La alarma aún se oía desde dentro de la mansión, pero lo ignoraron y siguieron corriendo, esquivando los disparos que eran lanzados a la nada. Llegaron al fin a la moto que Micky había estacionado al llegar y suspiró, jadeante. Sacó el aparato negro y dijo estar ya seguros, le respondieron del otro lado lo mismo y se subió a la motocicleta. Changmin se sentó tras él sin esperar indicaciones. Al ponerse el casco Micky se giró para mirarlo.

- Estuviste bastante bien – le sonrió. Changmin le respondió el gesto.
- ¿Gracias?

El sonido de motor irrumpió en el silencio y Changmin recién en ese momento cayó en la situación. Estaba hablando con él, aun cuando no le agradaba, se había reído y había sido agradable. Apretó los labios y maldijo su debilidad.

Cuando estuvieron de vuelta en el lugar donde los chicos vivían recibió felicitaciones por su buen desempeño. Changmin quiso preguntar para qué demonios habían robado todo ese dinero, pero desistió. Entonces habían preguntado si gustaría unirse a ellos, y Changmin sólo se había encogido de hombros diciendo que le daba igual. No eran gente desagradable, y realmente no tenía otro lugar donde ir… así que por ahora era una buena opción.

Y el chico pelinegro le había sonreído con una mano sobre su hombro, diciéndole “buen trabajo” con esa reluciente sonrisa. Y Changmin se había sentido cohibido, pues realmente no era tan desagradable como había pensado anteriormente. Era raro, sí, pero no tan desagradable. Podría pasar tiempo con él y no le molestaría.

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Caminó por los pasillos algo nervioso buscando al pelinegro, pues de alguna manera sentía la necesidad de agradecerle por la noche anterior cuando lo había ayudado con eso de los hombres. Le preguntó a Xia dónde estaba, y él le dijo que lo más probable es que estuviera en su habitación, indicándole dónde quedaba.

Se detuvo frente a la puerta de la que debía ser la habitación de Micky, encontrándose con que estaba entreabierta. Se acercó para entrar, cuando oyó unos ruidos. Suaves gemidos femeninos. Sintió su estómago revolverse. Se asomó por el espacio que quedaba y, efectivamente, vio cómo el pelinegro embestía entre las piernas de una bonita chica de cabello negro y largo.

Changmin sintió algo en su interior revolverse.

Se alejó del lugar a grandes zancadas, y cuando le habían preguntado en el camino qué le pasaba no respondió. Estaba molesto. Enojado. Colérico.

Entró a su habitación con el corazón acelerado por el enojo. Apretó sus puños y gruñó con fuerza.

Ese era el maldito mal presentimiento que tenía al verlo. Por eso no confiaba en él, por eso no quería acercarse a él, por eso no quería siquiera hablar con él.

Ese desgraciado de Micky era uno más del montón, como los hombres de bar que le coqueteaban, como su jefe. Era uno más de montón, otro desgraciado más que sólo quería acostarse con uno y con otro.

“Sólo otra mierda del camino” pensó enrabiado por haberse ablandado con él, y se cubrió con las mantas de su cama.

1 comentarios:

  1. Oh, espere este caítulo con ancias, me encanto, esperare la conti pliis n.n

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