Cuéntame la leyenda del Conde y su sirviente - Cap. 2

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“Un negocio del Conde”

- Señor… ¿Este lugar no tiene dueño? Hasta lo que yo creí saber, no está permitido comportarse mal o agredir a los trabajadores de aquí… - Yoochun habló, manteniendo aún el lenguaje formal… mientras Ji Min y Junsu solo observaban.
- Si que lo tiene muchacho, ¿pero es que tú no entiendes!?
- ¿Que es lo que no entiendo? 
- ¡Quién era el Conde… y porqué todos le temen! ¡No había reglas, no importa lo que dijera el dueño!
- ¡Que más da, siga con la historia! Yoochun, ya no molestes con preguntas así… - se quejó su novia, mostrándose cada vez mas curiosa.
- Por supuesto señorita… solo dígale a su novio y a su amigo que no interrumpan.
- ¿Lo oyeron ambos verdad?

Muchas fueron las monedas de oro entregadas en la mano del dueño del lugar.
El conde Jung había decidido que Jaejoong era su nueva pieza de colección y nadie ni nada podía negársela.
A pesar de los intentos de rechazo, aceptó… casi al sentir la espada traspasar su pecho. Era por las buenas o las malas, eso ya no se discutía.

- No puedo hacerlo Conde… usted sabe lo complicado que es para nosotros hoy en día conseguir gente dispuesta a estar aquí… ¡Jaejoong es una de mis mejores piezas! ¡La perdida económica para mí, para todos, sería increíble!
- Le estoy ofreciendo todo esto viejo, ¿Qué más quiere?
- ¡No es solo esto! Usted también debería saber… este pueblo no tiene muchos recursos… los soldados, la nobleza, los caminantes, no tienen más opción que terminar pasando por aquí en sus viajes… es como nuestra… carta, nuestro comodín…
- Me importa poco y nada todo esto… ¿Sabe? Me habla de un pueblo, el cual yo no veo, de personas, las cuales no tienen porqué tocar el cuerpo de mi hombre, de dinero, el cual yo le estoy entregando ahora y de una vida, la cual se cargara mi espada si usted no me da al chico esta noche. ¿Me entiende? – el hombre más bajo se quedó en silencio y asintió… miles de cosas hubiese querido decirle, o tal vez gritar y que sus ayudantes lo echaran de ahí, pero sabía que eso no era posible, que nadie podría con el ejército del conde.
- De acuerdo señor, esta noche.

Así, el muchacho de pelos claros, ya rubios, recibió la noticia y tan poca fue su respuesta… que era imposible adivinar en que estaba pensando.
Solo tomó algunas de sus cosas y sus grandes cantidades de oro.
Se llevó la sonrisa de quienes lo acompañaron día a día y sabían, él era la persona más infeliz del mundo en ese momento.

El mismo Changmin lo recibió, lo subió al carruaje, le tendió nueva ropa y trató de hacerle hablar, pero él ignoró su presencia.

- Oye, se que estás asustado, pero enserio, es mejor que hables conmigo antes de quedar en manos de él…

Silencio, y a penas 3 parpadeos que demostraban su poco interés en responder.

- Enserio chico, no seas tonto… aunque estés enojado ahora, yo no quiero hacerte daño…
- No estoy enojado… - le respondió fríamente mientras estaba inmóvil y el carruaje avanzaba, alejándolo cada vez más de su pueblo.
- ¿Estás angustiado?
- Tampoco.
- ¿Entonces qué?
- Yo no siento nada.

Aquella respuesta lo dejo perplejo al pobre Changmin, que solo intentaba ayudarlo.
Sintió temor por un momento… es que, esa forma de hablar y de responder, le habían echo acordar desagradablemente al Conde.

- Tal vez se lleven bien. Son igual de molestos. – Jaejoong le respondió con una sonrisa y pareció adquirir una nueva imagen, completamente extrovertida y extraña, la cual hizo dudar al morocho de cómo era su personalidad realmente. – No sabía que sonreías…
- Yo, puedo hacer cualquier cosa niño… - y ahí fue cuando entendió a que se refería la gente con “la habilidad de la seducción”, con aquella mano escurridiza del rubio que llego entre sus piernas y un tono de voz que le hizo temer por su autocontrol.
- ¡Detente!
- ¿No querías hablar? Hablemos…
- ¡No!

Si le preguntan, probablemente Changmin no podrá responder porqué lo detuvo… si sus intenciones eran “esas”, sin dudas se hubiese dejado llevar y es más, iba a arrepentirse 2 segundos después de quitar su mano y recuperar la distancia.
El rostro de Jaejoong, de nuevo se tornó frívolo y recuperó su compostura.

- Cambias de humor muy rápido…
- Eso es porque… soy perfecto en todo lo que hago.

Al demonio su intención de ayudarlo… ese hombre estaba tan loco o tal vez aún más que el Conde, su adorable primo.

Continuando el viaje se limitó a hablar y al llegar, se dirigió al castillo.

Al castillo del los generales Jung… hasta ese día con un solo sobreviviente de esa gran familia: Yunho Jung, el mismo Conde.

2 comentarios:

  1. Jaejoong esta loco!
    amo su personalidad asi de maldito insensible
    Tal para cual xD

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  2. Que barbaridad se pone más y más interesante, Ay me encanta como armas esta personalidad de Jae en serio que con Un Yunho saáico y esa actitud altiva y desteuctiva de Jae ahahah es mucha mi curiocidad. Jajaja Yoochun y sus cosas locas jajaj lo bueno es que esta JiMin pa estarlo quieto jijiji

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