Amistad Olvidada, Santo Pecado - Cap. 8

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Despertó una mañana y se encontró completamente solo en la habitación. Al estar aún somnoliento pensó: ¿Qué pasaría si todo lo que había pasado hasta ese día había sido sólo un hermoso sueño, donde luego de tantos años de soledad había podido experimentar el amor y la felicidad? Lloró al imaginarse esa realidad. Lloró porque no quería volver a sentirse solo como siempre se había sentido, o al menos desde que tenía memoria. Pero se quedó pensativo, y supo al instante que todo aquello sí había pasado cuando respiró profundamente y el aroma masculino del perfume de Changmin envolvió sus sentidos completamente. Cuando al cerrar nuevamente sus ojos, volvió a sentir la suavidad de esos labios sobre los propios. Cuando al deslizar sus manos por su pecho sintió las manos de su pecado tocándolo. Cuando al tocar su intimidad sintió que era él quien se colaba por su ropa y le daba placer, y cuando al llegar más lejos sintió que era el mismo Changmin quien embestía contra su cuerpo.

Miró al techo con la respiración agitada y el sudor deslizándose por su cuello y frente. Extrañaba demasiado a Changmin. Necesitaba pronto volver a sentir sus besos, sus caricias y que le hiciera el amor.

Habían pasado dos semanas desde que Changmin había golpeado al cura, y por ende dos semanas desde que estaba encerrado en la torre de castigo. Lo extrañaba mucho, y aunque fuera cada día para llevarle comida y hablar con él, durante las noches sentía la soledad apoderándose de la habitación, y de su ser. Y durante las noches o las mañanas, cuando tenía un momento de soledad, se tocaba pensando en él, pues se había vuelto adicto a su cuerpo, a la forma en que se volvían uno, a la forma en que el vaivén de sus caderas lo enloquecían de mil y una formas indescriptibles. A la forma en que sólo él sabía cómo tocarlo para encenderlo a mil.

Las misas ya no tenían sentido. Ni las charlas de las hermanas, ni las lecturas de la biblia ni nada que en ese lugar se dijera. Sólo pensaba en Changmin. Pensaba en lo mucho que lo amaba, en que era la primera vez que experimentaba el amor, al menos desde lo que recordaba, y que era el más grato sentimiento que pudiera recordar en su corta vida en ese, pues lo llenaba completamente de una forma que jamás creyó posible. Era increíble, pues en tan poco tiempo que lo conocía, no más de tres meses, sentía que lo conocía de toda la vida… era algo que no podía explicar con facilidad.

“Un amor tan perfecto no puede ser real… algo malo debe haber” solía pensar “No pude haber tenido tan buena suerte…”

Caminó por la habitación sin saber qué podría hacer para distraerse. Si tenía suerte Changmin sería soltado al día siguiente, y realmente lo necesitaba, pues las masturbaciones ya no lo saciaban. Y no es que quisiera a Changmin sólo como un juguete sexual, para nada, es sólo que… Simplemente se sentía con ganas y no sabía cómo diablos saciarse.

Se recostó sobre la cama de Changmin y respiró profundo abrazando su almohada. Realmente no podía saber qué sería de su vida si su pecado no hubiera llegado esa mañana al internado, reclamando conocerlo. Cada vez que pensaba en eso le dolía el pecho, pues sabía que estaba haciendo sufrir horriblemente a la persona que amaba. Aún no comprendía del todo todas aquellas veces que Changmin lloraba a escondidas haciéndose el fuerte, o cuando soltaba lágrimas frente a él, molesto por algo que no comprendía. Y su mirada se clavaba en la propia, sintiendo todo de él brotar hacia su ser.

Vio que sobre  la mesita de noche de Changmin había un libro negro con letras doradas. Se preguntó qué podría ser, siempre veía a Changmin tomándolo y dejándolo nuevamente en la mesa,  así que lo tomó y lo abrió. Rió suavemente, haciendo sonar su nariz al dejar escapar el aire en esa risa silenciosa. Como a la mitad del libro las hojas tenían un agujero, perfectamente cuadrado, en el cual guardado se encontraba el ipod de Changmin. Rió por lo ocurrente que había sido para poder infiltrar ese pequeño aparato, pues era bien sabido que al entrar al internado te despojaban completamente de todo lo que traías, y si tenías suerte te dejaban con la ropa que vestías. Iba a guardarlo de nuevo, pero comenzó a picarle el bichito de la curiosidad por saber qué clase de música le gustaba, así que se puso los audífonos y lo prendió.

Tenía una gran variedad de estilos. Se notaba que era alguien a quien le encantaba la música. Apretó botones, curioso, sin saber exactamente qué hacía, pues la tecnología no era lo suyo. Entró sin querer a las listas de reproducción. Se impresionó al ver una lista de reproducción con su nombre, y sin pensarlo dos veces picó el botón para entrar.

Dejó sonar las canciones una a una, y poco a poco su corazón comenzó a oprimirse. Había escuchado esas canciones alguna vez, en algún momento de su vida, cada una de ellas. Pero no lograba recordar cuándo. Su memoria estaba en blanco. Y eran canciones absurdas, como canciones infantiles o de caricaturas (según el nombre indicaba), canciones que no tenían por qué causarle ese dolor, pero  lo hacían… Le causaba algo.

Se dio cuenta de que estaba llorando cuando un sollozo involuntario escapó de su boca. Apretó sus labios, intentando calmar esa enorme angustia que se había ido transformando poco a poco en un dolor agudo que le dificultaba el simple hecho de respirar, pero no podía, las lágrimas salían libremente, y no hubo caso, no podía detenerlas. Cerró sus ojos y una imagen fugaz apareció frente a sus ojos.

Un auto blanco. Un zapato en la hierba. Juguetes y soldaditos esparcidos por el suelo. Gotas cayendo sobre su rostro.  Una mujer.

Una punzada más fuerte le dio de lleno en el pecho, como si le hubieran enterrado un puñal. Sintió entonces lo que probablemente sentía Changmin cada día desde que estaban bajo el mismo techo y se sintió mierda. Fue un dolor que automáticamente le hizo pensar  en él y en todo lo que estaba pasando en ese lugar. Quería abrazarlo. Quería darle el amor que no le había podido dar en esas dos semanas. Quería recordar. Recordar algo, recuperar esas memorias que ni siquiera sabía si existían, si alguna vez fueron reales, y así darle descanso al corazón de su amor.

Ese día se sintió triste, sin ganas de nada, sólo quería que el día terminara pronto y así poder ir a dormir en paz. De vez en cuando veía al cura degenerado caminando por ahí, pero cuando cruzaban miradas, el hombre se tensaba y se iba al instante. Seguramente la golpiza que Changmin le había propinado había más que funcionado. Se notaba que el hombre estaba asustado siempre que lo veía. Aquello realmente le causaba una tranquilidad increíble, porque estando sin Changmin en el enorme internado se sentía más vulnerable de lo normal.

Cuando al fin llegó la noche se arrodilló a los pies de su cama y rezó, como hacía mucho tiempo no lo hacía. Pero se sentía tan vacío que necesitaba hablar con Dios, aún cuando había estado cuestionando su existencia esas dos semanas. ¿Sería demasiado hipócrita hablarle, cuando en lo más profundo de su ser negaba su existencia? De todos modos, hasta ese momento no había demostrado estar muy interesado en él, pues no toda su vida había sido color de rosas.

Arrodillado le pidió un milagro a ese Dios en el cielo. Pidió que lo ayudara a aclarar todas esas dudas que nublaban su mente. Todas esas nubes tormentosas en su cerebro, que le impedían pensar con claridad. Pidió que todo el tormento que estaba sintiendo terminara, pues ya no estaba soportando todo eso. Y se durmió dejando caer una lágrima solitaria, la cual se perdió en su cuello.

Se despertó levemente al sentir un par de labios cálidos sobre los propios. Sonrió entre sueños al saber inmediatamente a quién pertenecían esos labios, pero no quiso abrir sus ojos, pues se sintió atemorizado. Había soñado eso tantas veces, y cada vez que abría los ojos esa calidez desaparecía, dejándolo solo una vez más. No quería volver a sentir esa soledad golpeándole el rostro. Apretó los ojos con fuerza y se aferró a las mantas. Sintió los mismos labios besando su mejilla, luego sus ojos y su frente. Besó la comisura de sus labios y lo que alcanzaba de su cuello. Besó la mano libre sobre la almohada y besó su cabeza. Cada beso más tierno que el anterior. Junsu sentía que su corazón explotaría. Era demasiado real.

-          Junsu-ah – susurró aquel ser que besaba con tanta ternura su rostro, y sin soportarlo más abrió sus ojos de par en par, sabiendo que al hacerlo la imagen de su amado desaparecería.

Pero ahí estaba, mirándolo fijamente con esos ojos de ciervo enamorado que ponía cada vez que lo miraba fijamente, esos que hacían que su corazón saltara, con esos labios apretados de forma inocente, como un niño al que descubrieron robando una galleta del galletero, que le hacía ver tan tierno, con ese brillo que le brindaba el sol de la mañana que se colaba por entre las persianas. Ahí estaba, intacto como si jamás lo hubiera dejado, como si esas dos semanas no hubieran pasado jamás.

Al verlo, y comprobar que no era un sueño, sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre él con fuerza y lo abrazó, envolviendo su cuerpo con sus brazos y dándole miles de besos en los labios.

-          Te extrañé, oh, te extrañé tanto – repetía una y otra vez sin dejar de besar su boca, dando cortitos besos. Changmin comenzó a reír.
-          Tranquilo, oye – lo alejó y sujetó su rostro con ambas manos, apretando sus mejillas. Junsu lo miró preocupado.
-          Fueron dos semanas, Changmin – hizo un puchero y frunció el ceño preocupado – Perdiste peso, ¿Te sientes bien?
-          De maravillas – contestó - ¿No es lindo acaso ser recibido por un ataque de besos del cabeza hueca más tierno? – rió con malicia y Junsu le dio un golpe en el hombro.
-          ¿Me darías otro beso?
-          Los que quieras – sonrió y lo abrazó, besándolo con más pasión.

Junsu sintió su interior arder en ese instante, al tener los labios de Changmin para él solo una vez más. Intensificó el beso más rápido de lo normal, internándose en esa cavidad, moviendo su lengua sin descanso, buscando hacer más fogoso aquel delicioso beso. Changmin no se esperaba eso, pues se separó levemente, intentando preguntar.

-          ¿J-Junsu? ¿Estás…? – susurró, pero Junsu lo interrumpió volviendo a besarlo con fuerza.

Envolvió el cuello del más alto con sus brazos, y con una de sus manos acarició con suavidad su cabello. Mordió sus labios y los lamió. Sintió a Changmin temblar, quizás por la vergüenza que le daba ver a Junsu tan candente, cuando mayormente era sumiso por completo cuando hacían el amor.  Soltó un gemido al sentirse extasiado, pues esas dos semanas había deseado esos labios y su cuerpo de una forma increíble, y sin siquiera dejar al menor reaccionar metió sus manos por debajo de su camisa, acariciando esa piel tostada que tanto le gustaba. Changmin se alejó un poco.

-          Oye, Junsu – suspiró entre sus labios, intentando separarlo, pero Junsu comenzó a besar su cuello – Junsu, ahora no podemos, debemos ir a la misa de la mañana… - cerró sus ojos al sentir su lengua tibia – Junsu, en s-serio…  ¡Ahh, Junsu! – gimió cuando este clavó sus dientes con fuerza, logrando hacer una herida que comenzó a sangrar. Junsu lamió esta sangre con gula y continuó besando la herida. Changmin lo alejó de una vez, sonrojado.

Se miraron fijamente. Las mejillas y orejas de Junsu estaban completamente rojas, y sus labios estaban hinchados y colorados por los besos. Sus pupilas estaban dilatadas y su respiración estaba agitada, y la cara de éxtasis en su cara era increíble. Changmin tragó saliva.

-          Junsu, tranquilízate, debemos ir a misa ahora.
-          Estoy caliente, quiero que me hagas el amor – le dijo de sopetón, haciendo que Changmin se sonrojara más. ¿Desde cuándo Junsu era tan directo para decir las cosas?
-          No sabes las ganas que tengo de hacerlo, pero Junsu… - susurró algo incómodo – Debemos ir a misa, y… - se alejó un poco al ver que Junsu no se alejaba de su rostro. Hablar a tan escasos centímetros lo ponía nervioso – No creo que sea bueno faltar a la primera misa luego de que me dejaran ir, ¿No?
-          Uhm, cierto… - frunció los labios algo decepcionado – lo siento – suspiró y se levantó sin decir nada más.

Caminaron por los pasillos vacíos, sintiendo el frío de la mañana. Junsu notaba cómo Changmin lo miraba de reojo, pero cada vez que se giraba para mirarlo este alejaba la mirada y se sonrojaba.

-          Lo siento – volvió a repetir y Changmin negó con la cabeza, restándole importancia.

No pudo concentrarse en la misa. Primero porque ese cura asqueroso fue el encargado de hacerla, y segundo porque se sentía sexualmente frustrado. De verdad quería hacerlo con Changmin. Le servía de consuelo pensar que tenían la tarde libre, así que podrían hacerlo cuando nadie los molestara. Sonrió ante la idea, pero agitó la cabeza para borrar esas imágenes subidas de tono que comenzaban a aparecer en su mente. No sería bueno emocionarse ahora mismo en la iglesia.

“Quién pensaría que sería capaz de imaginar cosas de ese tipo en la casa de Dios” pensó y se sintió realmente mal por unos instantes. Changmin realmente lo había cambiado. Y no es que fuese una mala influencia o algo, pues… Bueno, sí, probablemente sí lo era. Pues de ser un chico virgen que no sabía qué era el sexo, había pasado a ser un adicto sexual, adicto al cuerpo de Changmin.

Cuando la misa terminó intentó comportarse tranquilo, pero sus impulsos lo superaron y se paró de una vez, agarrando del brazo a Changmin.
-          Vamos a la habitación – le dijo en tono de orden, haciendo a Changmin abrir sus ojos de forma escandalosa (y adorablemente cómica).
-          Está bien – se levantó cediendo ante la mirada llena de deseo que se había formado en el semblante inocente de Junsu y caminaron fuera de la iglesia.

Se notaba la desesperación de Junsu en cada paso. Cuando dieron un paso fuera de la iglesia y Junsu estuvo a punto de correr, una voz conocida los devolvió al planeta tierra. Era la directora. Se oía molesta. Ambos suspiraron y se giraron. Cada vez que esa mujer hablaba no traía nada bueno.

-          ¿A dónde creen que van? – preguntó seria, apoyando su mano en su cadera. Junsu se encogió de hombros sin saber qué realmente responder. ¿Qué podría decirle? “No se preocupe, directora, sólo iremos a tener sexo a nuestra habitación. Volveremos en seguida”. Al pensar en una idea como esa los colores se le subieron al rostro, así que sólo atinó a bajar la cabeza.
-          Bueno… La misa terminó así que iríamos a la habitación hasta la hora de la comida, para no estorbar a nadie… - respondió Changmin de inmediato, intentando sonar creíble. De todos modos era cierto, irían a la habitación, pero no exactamente para no estorbar. La mujer miró a Changmin con desagrado y chasqueó la lengua.
-          Te necesitan en la cocina, ven conmigo.
-          ¿En la cocina? – respondió con cara de confundido. Junsu no entendió, ¿Por qué lo necesitarían en la cocina?
-          ¿Creías acaso que lo que hiciste se perdonaría así como así? Lo que hiciste fue horrible, y si no te ganaste unos azotes fue porque un buen alumno hizo ciertos trabajos para ayudarte – se cruzó de brazos, seria. Junsu se encogió de hombros a la vez que Changmin le daba una mirada incrédula. – Tendrás que ayudar en la cocina durante un tiempo, lavando los platos y limpiando todo.

La decepción en Junsu fue enorme. Aquello le llegó como si le hubieran golpeado la cabeza con un palo. Suspiró sin poder reaccionar de otra forma y le sonrió a Changmin – Suerte con eso – susurró, recibiendo una tierna mueca de “lo siento” de parte del más alto.

Cierto. Hacía dos semanas, cuando se habían llevado a Changmin, había rogado de todas las formas posibles que no le hicieran nada grave. No quería que lo marcaran, ni que lo golpearan, no quería ningún tipo de sufrimiento para él. Y decidió tomar él el castigo que Changmin debía recibir.

Aún le dolía mucho la herida que le habían hecho. Hacía bastante tiempo que no recibía un corte por pecado en su espalda, y haber recibido tres en lugar de Changmin había sido bastante doloroso. Pero no le importaba. En todo caso no podía decirle eso a Changmin, jamás lo haría, pues de hacerlo enloquecería. Decidió quedarse callado y simplemente disfrutar el hecho de saber que gracias a su dolor Changmin no lo habría pasado tan mal.

Se quedó el resto de la tarde en la habitación, escuchando sin permiso las canciones del Ipod de Changmin. De vez en cuando derramaba lágrimas, pero al instante se regañaba por hacerlo, pues no sacaba nada con llorar, menos aún cuando no sabía la razón que le hacía llorar de esa forma. De todos modos, ¿No eran acaso sólo simples canciones? No debería por qué causarle esos sentimientos. Cuando comenzaba a quedarse dormido, aún con la música sonando a un volumen moderado en sus oídos, la puerta se abrió lentamente dejando ver a un Changmin totalmente cansado. Junsu dio un salto y se quitó los audífonos

-          Oh, lo siento – se disculpó cuando Changmin notó que usaba su reproductor – lo tomé sin permiso… Sólo me sentía curioso.
-          No importa – le sonrió – Puedes seguir usándolo mientras me des de tu comida en el almuerzo – rió con malicia y Junsu le tiró una almohada.

Se sentó a su lado y con suavidad besó sus labios, sintiendo ese dulce sabor que tanto le gustaba de sus besos. Changmin le pellizcó la nariz, riendo por la mueca que recibió del más bajo.  Le besó la nariz con sus labios finos y suspiró.

-          ¿Cuál fue la tortura de hoy? – preguntó Junsu jugando con los dedos de su mano derecha, doblándolos y moviéndolos de arriba abajo. Changmin intentaba alejar su mano pero Junsu no lo dejaba.
-          Pues lavar y lavar, ya casi no puedo sentir mis manos – las extendió hacia adelante para mostrar lo que debían ser sus dedos a punto de caerse por fregar tantos platos – Amo la cocina ¡Pero para comer, no para lavar! Mis pobres dedos cansados – se quejó. Junsu acercó una de sus manos para depositar un suave beso en sus labios.
-          ¿Mejor?
-          ¡Qué cursi! – rió dándole un golpe en el hombro. Junsu se quejó.
-          ¡Intento crear ambiente, orejón insensible! – le gritó y Changmin rió a carcajadas, dejándose caer sobre la cama como cada vez que reía con ganas.

Luego de unos instantes se levantó, quejándose de lo cansado que estaba y sin ninguna ceremonia comenzó a desvestirse para ponerse el pijama. Junsu no pudo evitarlo. Ver su cuerpo desnudo como no lo había hecho en esas dos semanas fue demasiado para él. Cuando se dio cuenta Changmin ya se encontraba mirando fijamente algo de lo que Junsu no se había percatado, y al seguir su vista y llegar a donde esta se posaba, no pudo evitar sonrojarse de sobre manera

-          Lo siento – se tapó la entrepierna avergonzado, la cual se encontraba levemente despierta. Changmin frunció los labios.
-          ¿Tanto lo necesitas? – se sentó a su lado. Junsu suspiró.
-          Algo así.
-          Si quieres podemos…

Hizo un movimiento con la cabeza y Junsu, sin siquiera responder, se recostó sobre la cama, dejando a Changmin posicionarse entre sus piernas, estirando sus labios para poder alcanzar los del chico moreno que sonreía sobre él.

Se besaron con parsimonia, sintiendo el ambiente volverse cálido. El corazón de Junsu latía con fuerza como siempre lo hacía cuando se encontraba con Changmin. Aquello le encantaba. Abrió un poco más sus piernas, pero notó que Changmin actuaba un poco lerdo. Sus movimientos eran torpes y apenas se movía como solía hacerlo.

-          ¿Changmin?
-          ¿Uhm?
-          Si quieres no lo hacemos ahora – alejó su rostro para mirarlo. Los ojos de Changmin casi se cerraban solos. Este negó con la cabeza.
-          No te preocupes, si lo necesitas yo puedo…
-          ¡Oye! ¡Mi idea no es que sea una obligación! Mejor duerme, fue un día pesado – se movió bajo su cuerpo hasta quedarse a su lado. Changmin puso cara de culpa.
-          Lo siento mucho, en serio… - se quedó callado para poder bostezar con fuerza. Junsu hizo sonar su nariz en forma de gracia – Lo siento.
-          No hay problema – le dio un besito en la nariz y Changmin la arrugó. Se acurrucó a su lado y suspiró, sintiéndose completo. A pesar de desear con todo su ser hacer el amor con Changmin ahora mismo, se sentía completo por el simple hecho de dormir abrazado a él una vez más - Descansa – le pellizcó la mejilla suavemente y cerró sus ojos.

Esa noche durmió como hace tiempo no lo hacía. Una vez más tuvo ese sueño de galletas y césped, y cuando despertó Changmin ya no estaba. Se sintió triste. Le habría gustado despertar junto a él y darle los buenos días. Suspiró algo resignado y se giró para levantarse, encontrándose con un papel en la mesita de noche. La recogió y la leyó.

“Lamento irme sin ti, debo limpiar la cocina antes o la directora me mata. ¡Cuida que tu trasero no crezca mucho! Kkkk ^^”

Rió entre enternecido y ofendido por el mensaje. A Changmin le encantaba reírse de su trasero. Guardó el papel entre sus cosas, sonriendo al pensar que era el primer “regalo” que Changmin le hacía, por decirlo así. Una nota escrita con cariño. Decidió levantarse ya, así que tomó su ropa y fue al baño para darse una ducha.

Durante la tarde pudo ver pocas veces a Changmin. Estuvo con él durante la misa y las clases de la tarde, pero apenas finalizaban estas el pobre debía correr a limpiar o a ordenar cosas, antes de que lo regañaran más de lo que ya lo regañaban. A veces ni siquiera podía almorzar con él, pues lo enviaban a hacer trabajos por ahí y por allá.

Repetidas veces lo vio corriendo muy agotado de un lado a otro por los pasillos. Cada vez que cruzaban miradas a lo lejos Junsu le lanzaba un besito disimulado por el aire, haciendo que las mejillas de Changmin se sonrojaran. No pudo evitar reír como tonto cuando, luego de varios besos lanzados, Changmin simuló agarrar uno de ellos con la mano y guardarlo en su bolsillo, para luego regalarle una de las sonrisas más hermosas que pudiera darle. Changmin no era mucho de hacer cosas cursis, pero cuando las hacía, lograba que su corazón se derritiera de una forma increíble.

Durante las noches Changmin llegaba muy cansado. Tanto que apenas lograba ponerse pijama y dejarse caer sobre la cama. Ni siquiera se acordaba de su ropa, la cual dejaba esparcida por todos lados. Junsu solía recogerla y doblarla para quitarle un poco de trabajo. Entonces se sentaba junto a él y comenzaba a masajear sus hombros para quitarle algo de tensión. Normalmente Changmin se tensaba más, pues sabía que aún le dificultaba un poco ese tipo de contacto poco masculino. De todos modos, siempre terminaba accediendo, siempre con un sonrojo en sus mejillas, del cual él se excusaba diciendo que “sólo hacía calor”.

Y ya habían pasado varios días así. Junsu ya ni siquiera pensaba en tocarse. Consideraba eso un acto muy egoísta, pues de seguro Changmin también tenía urgencias y no se desahogaba a cada momento. Por alguna razón le parecía un engaño de su parte hacerlo.

-          ¿No duermes conmigo? – le preguntó Changmin desde la cama, con los ojos apenas abiertos y el cabello totalmente despeinado, viendo cómo Junsu se mantenía dando vueltas por la habitación.
-          En un rato, tú despreocúpate.
-          No te quedes en pie hasta muy tarde, podrías pescar un resfriado.
-          Ok.

Changmin le sonrió por última vez con los ojos cerrados, mostrando todo el cansancio que sentía, y apoyó su cabeza en la almohada blanca, dejando escapar todo el aire que contenían sus pulmones de manera suave por su nariz. Junsu se sentó en su propia cama. Minutos más tarde pudo oír la respiración acompasada de Changmin, mostrando que descansaba, que al fin se había dormido por completo. Se quedó mirándolo largo rato, mirando con atención los gestos que hacía al dormir y cómo sus mejillas se veían un poco más infladas cuando lo hacía. Sus pestañas se veían muy largas y bonitas. Quién diría que ese mismo ángel que ahora dormía era el que disfrutaba reírse de su trasero y darle golpes en los brazos.

Pasadas las horas se levantó en silencio y, poniéndose un chaleco que lo protegiera del frío de la noche dejó la habitación, no sin antes darle una última mirada cariñosa al ser que dormía plácidamente en su cama.

Caminó en absoluto silencio por los pasillos apenas alumbrados por las velas en sus respectivos sitios. Llegó finalmente a su destino y con lentitud se deslizó sigilosamente hasta el primer asiento. En vez de sentarse en él se sentó en el suelo gélido y apoyó su espalda en el mueble de madera en el que realmente debía sentarse. Suspiró viendo la imagen gigante de aquel hombre colgado de una cruz. Siempre le había entristecido esa imagen. ¿No era acaso doloroso verlo ahí, sufriendo, día tras día? Si había algo que aún recordaba de su infancia, una de las pocas cosas en ese lugar, era haber un día preguntado a una de las monjas algo muy simple:

“¿Por qué no ayudan a ese hombre? Todos los días está ahí colgado y parece que le duele”

La única respuesta que había recibido fue una cachetada. Cuando intentó preguntar con lágrimas en sus ojos por qué lo habían golpeado, la mujer le dijo simplemente “No preguntes idioteces”, y lo había enviado de vuelta a su habitación.

-          Siento que hay algo… - habló bajito, con voz suave, siendo apenas oído por sí mismo – Algo en mi interior que está escondido. No entiendo qué – miró fijamente la imagen de Jesús que, con dolor, llevaba años en la misma posición. Lo miró fijamente, esperando algún tipo de respuesta, o alguna señal que indicara que en verdad alguien lo escuchaba allá arriba - ¿No podrías al menos darme una pista? Sólo una – apretó sus labios con fuerza. – Al menos así podría entender algunas cosas… - bajó la mirada y dejó escapar un sollozo – estoy tan confundido – lloró abrazando sus rodillas, sintiéndose débil y pequeño.

Se quedó durante horas ahí. Comenzaba a dormirse sentado en el frío suelo de la iglesia cuando una voz masculina y rasposa pronunció su nombre. Se sobresaltó al pensar en cómo lo regañarían por estar en casa de Dios a esas horas de la noche. Su alivio fue inmediato al darse cuenta de quién había sido.

-          Oh, señor – sonrió y frotó sus ojos intentando borrar las señales de sueño y lágrimas que aún le quedaban. El hombre se sentó en la banca y Junsu hizo lo mismo – Tiempo sin verlo.
-          Bastante – susurró acariciando sus rodillas ancianas. Luego de esa recaída que había tenido la vejez se le había venido encima con total fuerza - ¿Cómo va  todo con Changmin?
-          Excelente, hoy lo dejaron volver al fin a la habitación, aunque perdió algo de peso – se detuvo al notar que el hombre reía y negaba algo divertido. Junsu ladeó su cabeza, confundido.
-          No me refiero a eso – sonrió más – me refiero a… ustedes dos.

Los colores se le subieron al rostro al oír eso. ¿O sea que sabía? ¿Sabía sobre su relación? Su boca se abrió sola, pero nada salió de ella. El hombre notó su reacción así que apoyó su mano en su hombro para darle tranquilidad.

-          Lo sé todo sobre ustedes – sonrió – no te preocupes.
-          ¿E-En serio? – tartamudeó, ¿Tan evidentes eran?
-          Sí, desde que Changmin llegó aquí me ha contado todo lo que ha ido sintiendo por ti – habló despacio, como si el tema que tratase fuera de lo más delicado – Desde la razón por la que vino hasta cómo comenzó a enamorarse de ti.

Tapó su boca mirando a la nada, sintiendo su pecho quemar. Cerró sus ojos, con la intensión de de calmar ese ardor, pero lo único que logró fue recordar algo, una imagen fugaz.

Era un lugar oscuro. Tan oscuro que apenas podía ver sus pies al caminar. El lugar tenía velas encendidas, pero no iluminaban absolutamente nada. Sentía tanto miedo. Preguntaba algo, pero no podía oír sus palabras. Podía ver monjas frente a él. Dos monjas y un cura. Lo tomaban por los brazos. No se podía mover. Volvía a hablar, pero no se oía. El hombre decía algo. Comenzaba a ahogarse. Oía el agua entrar por sus oídos y su nariz y su boca. Un dolor inmenso recorría su espalda. Quemaba.

-          Junsu, ¿Estás bien? – preguntó el anciano, moviendo su mano frente a sus ojos, cuando Junsu reaccionó tras el recuerdo, quejándose de un leve dolor en la cabeza.
-          Sí, estoy bien – respondió algo nervioso y mareado. Aquellas imágenes fugaces le habían causado un fuerte mareo – Sólo… recordé algo.
-          ¿Recordar algo?
-          Sí… - se quedó callado un rato intentando olvidar el tema y tranquilizarse, pero las dudas que estaba experimentando, y la inquietud que estas le causaban fueron mayores. No pudo quedarse callado más tiempo – He recordado muchas cosas este último tiempo – dijo – estas dos semanas con mayor intensidad, las dos que estuve sin Changmin.
-          Ya veo – dijo el hombre, pero Junsu siguió hablando sin siquiera escucharlo.
-          No entiendo estos recuerdos. Son cosas que yo jamás vi en mi vida, pero insisten en aparecer una y otra y otra vez. Yo no comprendo qué son, no entiendo por qué vienen a mi mente tan repentinamente. Por qué ahora y no antes – comenzó a desesperarse, sintiendo sus ojos humedecerse – Sé que Changmin vino con una intensión, y yo no entiendo esa intensión, y sé que él sufre, porque insiste con que nos conocemos, pero yo he vivido siempre aquí ¡Y él sufre por eso! ¡Por mi culpa! Pero realmente yo no comprendo a qué se refiere con cosas como “por qué me haces esto, Junsu” y “Por qué me olvidaste”, porque yo no lo conocía hasta que llegó a este lugar – hablaba cada vez más rápido. El hombre intentó tranquilizarlo pero no funcionó – Yo sólo quiero entender algo, lo que sea, quiero saber qué es lo que me está pasando. Me duele tanto el corazón cuando pienso en eso, porque le causo dolor a él, yo no quiero causarle dolor, pero por más que lo intento lo hago y… y yo lo amo tanto – dejó caer lágrimas sin poder evitarlo al pronunciar esto último – y… y… Temo que se canse de mí por no ser lo que él quiere que sea. Por no ser lo que él espera…. Por no poder recordar algo que ni siquiera yo sé si pasó. No quiero que él me deje. No quiero volver a estar solo, no otra vez. Pasé tantos años de mi vida solo que se creó un vacío en mi corazón, y él llenó tan rápido ese vacío que si me dejara no podría seguir adelante. Además… - sollozó intentando secar sus mejillas sin éxito. – Me siento tan frustrado sexualmente…

El hombre estalló en risas al decir esto último y Junsu se sonrojó de sobremanera al darse cuenta de lo que había dicho - ¡Olvide eso último! ¡Olvide eso último! – gritó repetidas veces, más sonrojado que nunca, moviendo sus manos escandalosamente de un lado a otro. El hombre no paraba de reír, y reía aún más al ver cómo Junsu abría sus ojos de forma exagerada.

-          Yo estuve casado una vez – dijo después de reír un largo rato, secando las lágrimas que habían escapado de sus ojos, haciendo que Junsu dejara de dar explicaciones y logrando que se calmara. Se quedó callado esperando que continuara – Estaba muy enamorado, ella era la mujer perfecta. Aún hoy pensar en ella me hace feliz – sonrió enormemente, mirando a la nada.
-          … ¿Qué pasó? – preguntó temeroso, pensando que quizás se entrometía demasiado. El anciano suspiró y sonrió melancólico.
-          Cáncer. Se lo diagnosticaron muy tarde. No pude hacer más que verla desvanecerse día a día en mis brazos. Tenía 45 cuando murió. Era aún joven y hermosa. Debió vivir más, no merecía irse tan joven. Jamás sentí en mi vida un dolor más grande, ¿Sabes? Me sentí devastado… A mis 46 años de vida sentía que ya no tenía sentido seguir viviendo, pues sin ella era como si ya no siguiera vivo.

Se quedaron callados largo rato. El hombre dejó caer una lágrima, pero la secó al instante. Junsu se sintió pésimo. Había gente en el mundo con dolores aún más grandes y vivían día a día cargando sus cruces como si nada pasara, e incluso estaban dispuestos a ayudar a la gente. Junsu sintió unas enormes ganas de llorar.

-          Mis amigos me dijeron una y otra vez que buscara a alguien, que me casara y la olvidara. Me pedían que la superara de una vez por todas, pero me era imposible. En mi interior seguía tan vivo el amor por ella como el de 26 años atrás, cuando la conocí a los 19 años, radiante como una flor. Finalmente, tras un año y medio de dolor, decidí entrar aquí, buscando algo que me distrajera, buscando ayudar a la gente para olvidar así mi dolor. Yo era casi nuevo cuando tú llegaste aquí, ¿Sabes? Y de inmediato supe algo – sonrió – Eras bueno, diferente al resto… Y aún lo eres.
-          Vaya… - susurró apenas tras oír aquella trágica historia – Yo no sabía…
-          A lo que quiero llegar es que… No debes avergonzarte de amar, el amor es amor, no importa si tienen lo mismo entre las piernas – rió y Junsu se sonrojó ante este ejemplo - Si es amor puro, es amor bueno. Yo amé mucho a alguien, y ver cómo tú amas tanto a ese chico me hace recordar a mí cuando era joven – le acarició la cabeza con suavidad – Y tampoco debes, por ningún motivo, avergonzarte de ti mismo ni de lo que hagas en tu relación. Una vida activa es buena, ¿Sabes? Aunque aquí digan que hasta respirar es pecado – rió otra vez y Junsu hizo lo mismo. – Y aunque quizás no han hecho “eso” en un buen tiempo… ¿No crees que esperar es mejor? Así, cuando el día llegue, será mucho mejor que hacerlo todas las semanas – rió. Junsu se sonrojó y le sonrió tímidamente por aquel consejo. Era extraño escuchar ese tipo de cosas de alguien ajeno, pero estaba claro que él era un hombre con mucha más experiencia.
-          Gracias… - le sonrió – siempre es bueno escuchar a un adulto… y usted es el único con quien puedo hablar así, ¿Se imagina le cuente mis problemas a la directora? – rió y el hombre lo imitó, riendo ante la imagen mental del rostro rojo y enfurecido de la mujer – Muchas gracias – se le acercó y le dio un fuerte abrazo. El hombre lo correspondió en seguida, enternecido.

Se quedaron callados un rato, mirando hacia adelante, sintiendo simplemente el sonido del silencio. Cuando el tiempo pasó, Junsu decidió levantarse.

-          Debería irme ya… - si nos encuentran aquí a usted no le dirían nada, pero a mí… - rió encogiéndose de hombros. El anciano asintió.
-          Ve – le dio unas palmadas en la espalda – y recuerda: no se precipiten. Todo a su debido tiempo. No vayan a meterse en problemas por ser adolescentes que se dejan llevar por los impulsos.
-          Está bien – se levantó y se despidió con la mano – buenas noches.

Corrió sigilosamente hasta su habitación para que no lo descubrieran caminando a esas horas de la noche por los pasillos. De ser descubierto lo regañarían mucho. Sonrió enormemente al recordar las palabras del anciano. “Es por eso que Changmin le tiene tanto cariño” pensó, recordando todas aquellas ocasiones en que Changmin le había hablado de él diciendo que era un hombre increíble. Finalmente llegó a la habitación. Se detuvo a respirar un poco, y cuando normalizó su respiración lo suficiente abrió la puerta con lentitud, intentando no hacer ruido.

Al entrar no pudo evitar sonreír. Changmin seguía durmiendo. Sus brazos estaban estirados hacia arriba y su boca se encontraba levemente abierta. Su respiración se oía acompasada y su rostro se veía adorable. De no ser porque no quería despertarlo habría apretado sus mejillas en ese instante.

“Realmente estaba cansado. Ni siquiera sintió que entraba” pensó enternecido. Sin hacer ruido se fue quitando una a una las prendas que cubrían su cuerpo, quedando completamente desnudo. Cubrió su desnudez con un camisón largo e intentando ser lo más ligero posible se metió bajo las sábanas junto a Changmin. Cuando pensó que todo había salido bien, Changmin se removió entre las sábanas, abriendo sus ojos apenas.

-          ¿Uh? ¿Recién duermes? – le preguntó estirando su mano para picarle un ojo. Junsu rió y cerró el ojo atacado.
-          Sí, me sentía algo mareado así que salí a tomar aire – respondió con el ojo aún cerrado, pues Changmin seguía picándolo con suavidad.
-          No deberías andar solo a estas horas, tú sabes, podría salir un cura pedófilo al ataque.
-          Ew, qué asco – simuló un escalofrío y Changmin rió.
-          Oye… ¿Me regalas un beso antes de volver a dormir? – preguntó y Junsu asintió, como si la petición fuera más que obvia.

Changmin se enderezó y besó sus labios con suavidad. Junsu correspondió sin siquiera pensarlo, sintiendo aquella sensación de chocolate derretido viajar por su pecho, como cada vez que se besaban. Comenzó a jugar con el cabello castaño del menor, acariciando su nuca con sus dedos. Changmin sonrió entre sus labios ante este gesto y se separó de su rostro.

-          ¿Te sientes mejor ahora? – preguntó - ¿Ya no te sientes mareado?
-           Tus besos podrían curarme hasta el hipo – sonrió.
-           Cuuuuuursi – le volvió a picar el ojo y Junsu hizo un puchero.
-           ¡Eres tan mata pasiones!
-           La directora me dijo que me he comportado bien, ¿Sabes? – dijo de pronto, captando la atención de Junsu - Sólo tendré que limpiar una semana más la cocina – le dijo y Junsu abrió sus ojos con alegría – Eso es algo bueno, ¡Me siento tan cansado y hambriento! Limpiar me da tanta hambre.
-           Todo te da hambre, Changmin.
-           Pero esto me da MÁS hambre aún, imagínate – abrió sus ojos escandalizado y Junsu giró los ojos – ¿Y sabes? Creo que tendrás que prepararte mentalmente para cuando tenga mi primera tarde libre – sonrió coqueto y Junsu lo miró expectante – Digo… Probablemente te amarre a la cama y te haga todo lo que no he podido hacerte en estos días – se acurrucó sonriente. Junsu se sonrojó y le golpeó la cabeza con la almohada.
-           No hables burradas, duérmete ya.

Changmin rió y se quedó callado. Junsu se acurrucó a su lado tras volver a acomodar la almohada. Se miraron fijamente en silencio, oyendo sólo sus respiraciones. Junsu era capaz de verse reflejado en el brillo de los ojos café del más alto. Y entonces una imagen fugaz apareció frente a sus ojos. Un chico sonriente. Una pelota roja. Sintió sus ojos humedecerse al instante. Changmin lo miró confundido.

-          Qué sueño tengo – mintió Junsu fingiendo un bostezo y cerró sus ojos. Changmin bostezó también.
-          Buenas noches.

Minutos después de decir esto último Junsu pudo oír la respiración acompasada de un Changmin completamente dormido. Deseaba poder dormir así también. Su cabeza estaba demasiado confusa estos días, imágenes iban y venían, cosas que no sabía qué significaban. Todo esto le mantenía ocupada la mente y realmente lo torturaba en las noches. Finalmente, tras  largos minutos de tortura mental, logró dormirse aferrado al brazo de Junsu.

Esa noche soñó nuevamente. Fue un nuevo sueño. Estaba en una habitación. La ventana estaba abierta, un chico sobre una cama y una mujer llamando a alguien por teléfono. “¡Ambulancia!” gritaba. El chico estaba mal. Un hombre llegaba, desesperado. No lograba ver sus rostros, pero todo era un total caos. Él tenía la culpa.

Despertó para encontrarse con el rostro de Changmin frente al suyo, a escasos centímetros. Su cabello estaba todo enredado y desordenado, sus ojos cerrados suavemente y su boca se encontraba abierta, dejando caer litros y litros de saliva. Intentó aguantar la carcajada, pero no pudo evitarlo. Rió con fuerza, haciendo que Changmin pegara un salto. Se tapó la boca para no seguir riendo al ver la cara que ahora Changmin traía. Sus ojos casi pegados y su expresión de confusión extrema, más la saliva cayendo de la comisura de sus labios y su cabello desordenado.

Junsu le hizo un gesto con el dedo en su propio rostro, indicándole que algo tenía, sin dejar de reír suavecito cubriendo su boca con su mano. Changmin llevó su propia mano a su boca y notó su mentón húmedo. Al instante se sonrojó y secó su boca con sus muñecas, para al instante encontrarse con la almohada húmeda llena de sus babas. Junsu volvió a reír y Changmin frotó sus ojos.

-          No es gracioso – volvió a pasar su manga por su boca, cerciorándose de que no quedaran rastros. Junsu asintió enérgico.
-          Créeme que si fueras yo sí que sería gracioso – se encogió de hombros. Changmin lo miró serio, fingiendo estar enojado. Junsu rió más. - ¡Eso ya no funciona conmigo! – rió picándole el ojo, imitando el gesto de Changmin. Este rió con él y estiró sus brazos, bostezando fuerte. Le regaló un beso en los labios y se levantó.
-          Es una lata tener que salir de la habitación para darse una ducha – se quejó tomando su ropa y unas toallas del armario - ¿Nos encontramos en la misa?
-          ¿Cómo que nos encontramos? – se hizo el ofendido - ¡Yo voy contigo! – se levantó y tomó también sus cosas para darse un baño. Changmin se encogió de hombros, y antes de salir de la habitación Junsu le robó un beso, dándole una sonrisa y adelantándosele.

Ya no se sentía tan desesperado como antes por acostarse con Changmin. Gracias a la charla que le había dado el anciano ahora se sentía mucho más liviano, pues tenía razón, si esperaba pacientemente, probablemente lo que recibiría sería mil veces mejor. De sólo pensarlo sus mejillas se enrojecían y debía agitar su cabeza para alejar esas imágenes de su cabeza. Mientras esperaban de pie a que la misa comenzara, recordó el sueño que había tenido esa noche. Le dio tristeza recordarlo, pues siempre que recordaba los sueños que tenía su ánimo quedaba por los suelos. Y no quería preocupar a Changmin, claro que no, pero Changmin tenía una especie de sexto sentido o algo así, y cada vez que por alguna razón se decaía, él era el primero en notarlo.

-          Te ves decaído – susurró mientras el hombre de voz nasal hablaba de la palabra de Dios adelante - ¿estás bien? – susurró sin despegar su vista del hombre, para que no fuera tan evidente que estaban hablando.
-          ¿Por qué crees eso?
-          Por favor, te conozco desde… - se quedó callado y aclaró su garganta, como arrepintiéndose de decir algo. – Te conozco bien, Junsu. Sé cuándo estás decaído y cuando no.
-          Sólo… Sólo tuve un sueño, eso es todo. – se encogió de hombros. Changmin frunció los labios.
-          Ya veo.
-          ¡Shhhh! – los regañó una monja y ambos se enderezaron.
-          En cuanto tenga libre hablamos de eso – le susurró y Junsu le sonrió, agradecido.

Después de misa Changmin se fue directo a la cocina para que no lo regañasen. Junsu, por su lado, le dijo que se iría a la habitación, pero en realidad fue a deambular por ahí para aclarar su mente. Le gustaba caminar por los pasillos exteriores cuando algo le preocupaba. Sentía que la briza fresca y poder ver el cielo era algo que le ayudaba. Varios chicos caminaban por ahí, algunos hablaban entre ellos sigilosamente, disimulando sus risas para que las monjas que vigilaban no los regañaran. Otros simplemente permanecían en silencio sentados en las bancas o bajo los árboles, leyendo o haciendo sus tareas. Junsu se sentó a la sombra de un gran árbol a mitad del jardín. El césped estaba más verde que nunca y en el cielo no había ninguna nube. Suspiró y cerró sus ojos, dejándose llevar por el sonido de las hojas moviéndose al ritmo del viento que soplaba con suavidad, colándose por entre su cabello. Unas cuantas avecillas cantaban entre las ramas, sin dejarse ver. Con los ojos aún cerrados deslizó su mano por el césped, sintiendo la suavidad en las yemas de sus dedos. Con la espalda apoyada en el áspero tronco del árbol de varios metros de altura comenzó a dejarse caer en un suave sueño que finalmente lo tomó por completo.


Se encontró de pie en un lugar frío, tan frío que le helaba hasta los huesos. Intentaba buscar algo que le indicase dónde se encontraba, pero nada le parecía familiar. Se encontraba solo, pero no podía moverse de donde estaba porque alguien lo sujetaba con fuerza desde la espalda. De un momento a otro el lugar solitario estaba lleno de chicos, todos con la misma ropa. Todos estaban en silencio. Nadie miraba hacia delante. Todos miraban sus pies, el suelo, como si fuese lo más interesante del mundo. No entendía nada, pero sentía miedo. Alguien lo sujetaba con fuerza. Cuando se dio cuenta estaba gritando a todo pulmón y lágrimas cubrían sus mejillas. Había alguien frente a él. Alguien que era rodeado por todos esos chicos temerosos que miraban el suelo que pisaban. No lograba ver quién era, pero sabía que debía protegerlo, pues le estaban haciendo algo horrible.

Gritos. Gritos. Gritos. Gritos desgarradores se apoderaron de sus oídos y él mismo soltó el grito más desgarrador que haya podido hacer en toda su vida.

Miró a su alrededor. Estaba rodeado de chicos con cara de preocupación y un par de monjas que lo sujetaban y le daban aire. Llevó su mano a su frente, y al tocarla se encontró con que estaba completamente húmeda. Su pecho golpeaba dolorosamente, y apenas podía respirar por lo agitado que se encontraba. Se enderezó y un sollozo se escapó de su garganta. No había notado que lloraba.

-          ¿Dónde está Changmin? – preguntó desesperado, pues fue la primera persona en la que pensó. Las monjas intentaban tranquilizarlo, pero no podían. Él mismo se repetía mentalmente “Tranquilízate, Junsu, ¿Por qué estás tan alterado? ¡Fue sólo un sueño!”, pero algo se lo impedía, algo en su interior. En su mente sonaban una y otra vez los gritos de ese sueño, y volvía a desesperarse más - ¡Changmin! – lloró asustado.

Perdió la noción del tiempo. Se sintió sofocado, comenzó a dificultársele la respiración. Las monjas le daban aire, intentando tranquilizarlo. Habían hecho que los chicos a su alrededor se dispersaran para dejarle respirar. Estaba muy agitado y no era bueno estar sobre él. Se oyeron pasos en el césped. Junsu siguió llorando sin poder respirar bien. Lo tenían aún recostado en el césped. Comenzaba a hacer frío. Le dolían los huesos. Igual que en ese sueño.

-          ¿Junsu? – oyó una voz a lo lejos y la desesperación que sentía se desvaneció por completo, pues jamás podría confundir esa voz con la de un extraño. Miró a su lado con los ojos bien abiertos. Changmin corría hacia él, acompañado de un chico que probablemente lo había ido a buscar, obedeciendo los llamados de Junsu. Changmin se arrodilló a su lado y Junsu se aferró a él, comenzando a llorar con fuerza sin razón alguna - ¿Qué le pasó? – preguntó notoriamente asustado por su reacción, intentando calmarlo.
-          Estaba acostado bajo el árbol, al parecer se quedó dormido y de pronto comenzó a gritar. Parece que entró en alguna especie de shock por alguna razón – dijo uno de los chicos, quien aseguraba haber intentado tranquilizarlo, siendo completamente inútil.
-          Déjenme llevarlo a la habitación, de seguro ahí se tranquilizará – le rogó a una de las monjas que observaba. Esta dudó un poco, pero aceptó, pues sabían que Changmin era la única persona con la que Junsu hablaba desde que había entrado a ese lugar, y siendo su compañero de cuarto sabría cómo tratarlo. – Muchas gracias – sonrió un poco más tranquilo. Separó a Junsu de su pecho y le indicó que subiera a su espalda. Este obedeció al instante y se aferró a sus hombros, escondiendo su rostro en su cuello.

Comenzó a caminar rápidamente con Junsu a cuestas. No paraba de llorar ni de apretar sus uñas contra sus hombros, pero no le dijo nada para no estresarlo más. Una vez en la habitación abrió la puerta y sin siquiera cerrarla lo recostó en la cama. Comenzó a acariciarle el rostro, susurrándole tiernas palabras para que se tranquilizara. Luego de un rato esto hizo efecto. Junsu dejó de llorar fuerte y se redujo a simples temblores corporales. Alguien golpeó la puerta aún abierta. Al girarse se encontró con una monja, una de las más jóvenes (con joven se refería a que no era una pasa como las demás, pues ya tendría sus 40 años) y tranquilas que había en el lugar. Venía con una bandeja grande en la que traía unos paños, un contenedor con agua caliente y lo que parecía ser una infusión de hierbas para tranquilizarlo. Le dio las gracias infinitamente por su amabilidad, pero le dijo que lo mejor sería que los dejara solos para así no alterar a Junsu, pues en su estado estaba muy delicado.

Era graciosa la diferencia de tratos que él y Junsu habían recibido. De seguro si él hubiera sufrido ese colapso sólo lo habrían hecho reaccionar con montones de bofetadas y azotes. Pero era de esperarse. Junsu era un ángel. Jamás faltaba el respeto y era tierno, desinteresado y educado y…

Sonrió ante sus pensamientos y deslizó el paño con agua tibia, tras estrujarlo, por su frente y cuello, para relajarlo con el calor. Cuando ya estuvo mejor lo ayudó a enderezarse y le hizo beber lentamente de la infusión de hierbas. Agradecía que la directora no haya estado en el lugar, pues de seguro no estaría todo tan tranquilo como ahora. Junsu suspiró de pronto.

-          L-Lo siento tanto… - susurró apenas, apretando el tazón entre sus manos, sintiendo la temperatura en sus manos.
-          ¿Sientes qué? ¿Qué casi me matas de un susto? – le dijo y Junsu bajó la mirada – Yo elegí enamorarme de ti, imbécil… No importa lo que hagas, siempre estaré preocupándome de ti. No debes sentirlo, deberías sentirte halagado, no me enamoro de cualquier persona – se encogió de hombros restándole importancia e hizo un gesto con la mano haciéndose el importante, haciendo reír a Junsu. Changmin sonrió ampliamente, sintiéndose bien por haber logrado que riera.
-          Gracias… - volvió a tomar del tazón y suspiró – Me siento mareado aún.
-          Con ese ataque que te dio es lo menos que podía pasarte – volvió a pasarle el paño tibio por la frente. Luego acarició su mejilla con sus dedos, mirándolo fijamente – Oye… No pido que me expliques ahora mismo qué te pasó, pero si quieres… Hablar de eso – le susurró lentamente, sin dejar de rozar su mejilla con una delicadeza increíble, como si temiera que se fuera a romper si tocaba más fuerte.
-          Uh… - susurró y apretó el tazón con los dedos. – Realmente… Yo no sé qué me pasó, ¿Sabes? Es tan confuso – sonrió confundido – Yo… Sólo tuve un sueño. Uno muy extraño, y me sentía tan sofocado en ese sueño. Alguien gritaba con tanto dolor, que yo comencé a gritar también. Cuando desperté no podía dejar de pensar en ti – se le quebró la voz y le temblaron los labios – Sentí mucho miedo. Temí por mí, y por ti… Realmente no entiendo qué me pasó – comenzó a desesperarse y Changmin posó un dedo sobre sus labios, susurrando suavemente un “Shh shh” que le hizo tranquilizarse. Cuando se calmó Changmin le quitó el tazón de entre las manos, lo dejó sobre la mesita junto a las otras cosas, y acercó a Junsu a su propio cuerpo, apretándolo en un fuerte y cálido abrazo. Junsu se sonrojó y todo el miedo que había comenzado a sentir nuevamente se esfumó, para dar paso a paz y tranquilidad.

Se quedaron en silencio largo rato. Desde la posición en la que estaba Junsu podía sentir los latidos acompasados del corazón de Changmin contra su oído. Era una melodía agradable. Dejó salir todo el aire de sus pulmones y se dejó acariciar por las manos masculinas del más alto.

-          Yo estaré bien, Junsu. Tú estarás bien – le susurró con voz ronca, haciéndole sentir mariposas en el estómago – Porque yo estaré aquí siempre, siempre para protegerte. No debes temerle a nada, ni a los más horribles sueños que puedas tener – le acarició el cabello sin cesar – Así que no te preocupes más, ¿Sí? – le besó la cabeza – No te dejaré solo, no otra vez… - susurró esto último apenas. Junsu entendió perfectamente lo que dijo, pero se hizo el desentendido.
-          ¿Uh? – preguntó - ¿Qué fue lo último que dijiste?
-          Nada – respondió.

Pasado un largo rato rompieron el abrazo. Changmin depositó un suave beso en los labios del más bajo, haciéndole sentir que esa seguridad que el menor le aseguraba era completamente cierta. Se recostó y Changmin siguió sentado junto a él, apoyado en el colchón a la altura de su rostro, dándole suaves caricias en el rostro.

Todo esto era demasiado perfecto. Algo debía pasar, pues sabía realmente que no se podía vivir tan perfectamente sin que algo malo ocurriera en algún momento. Recordó ese sueño, pero esfumó aquellos pensamientos al instante de su mente, pues quería disfrutar el momento. Quería disfrutar el ahora.

-          Te quiero… - susurró, pero Changmin se había quedado dormido. Sonrió y corrió el cabello que cubría sus ojos, para observarlo un rato.

“Gracias por venir a salvarme” pensó, y se quedó dormido junto a él.

Cuando todo el drama pasó, Junsu sentía como si todo eso jamás hubiera pasado. El aire en el internado era exactamente igual. Su relación con Changmin era exactamente igual. Las monjas seguían tratando mal a Changmin como siempre y él se sentía completamente ligero. A veces se preguntaba incluso si esa situación de la pesadilla no habría sido más que un sueño dentro de un sueño o algo así, pues ni siquiera le habían preguntado si se sentía mejor o algo así. Quiso preguntarle a Changmin algunas veces, pero pensó que era totalmente innecesario y que lo mejor sería olvidar todo ese asunto y ya.

No fue hasta una mañana en que despertó por un fuerte calambre en la espalda el cual le sacó un largo quejido. Changmin se despertó con él y le preguntó preocupado qué le pasaba.

-          Ugh, no sé, calambre… Ow – se retorció en la cama y Changmin se enderezó, indicándole que se recostara boca abajo. Junsu obedeció apenas, aún quejándose por el fuerte tirón, y Changmin presionó sus manos en la zona afectada intentando aliviarle el dolor.
-          ¿Tan fuerte es? – siguió presionando y Junsu asintió con fuerza, apretando sus ojos. Finalmente la tensión cedió, haciendo que Junsu suspirara con fuerza, aún con un fuerte dolor en la espalda – Ohh… Gracias – se giró y se acostó boca arriba – Oh, Dios, hace años que no tenía un calambre así – rió aún sintiendo la molestia arriba de su trasero y Changmin rió con él.
-          Deberías comer mejor – lo regañó y se levantó para darle un poco de espacio.

Tras descansar un largo rato decidió que ya era hora de levantarse. Se paró apenas, pues aún dolía, y comenzó a vestirse con ayuda de Changmin. Salieron de la habitación y caminaron juntos a la misa.


-          Pareces un ancianito – dijo Changmin riéndose al ver a Junsu, quien caminaba con la espalda levemente encorvada por el resentimiento que había quedado tras el calambre. Junsu hizo un puchero.
-          ¡Te burlas de mi sufrimiento! – se quejó y Changmin se hizo el ofendido.
-          ¿Yo? – puso su mano en su pecho y abrió sus ojos escandalosamente - ¡Cómo crees! – puso cara de desentendido y Junsu rió.
-          Ni tú te crees eso – rió y Changmin lo siguió, riendo también, haciendo ese gesto que tanto le gustaba Junsu, con sus ojos cerrándose de forma desigual.

“Me gusta cuando ríes. Tu ojo derecho se cierra más que el izquierdo”

Se detuvo al oír esa voz en su mente, como voz propia. Changmin lo miró extrañado. Junsu lo miró y rió.

-          No te quedes parado viéndome ¡Llegaremos tarde!
-          Está bien, está bien – se encogió de hombros y aceleraron el paso.

Probablemente no tenía nada que ver, pero de una forma u otra, aquel calambre Junsu no lo veía como esos calambres que te dan simplemente cuando haces un mal movimiento. Para Junsu, durante toda la misa, le pareció que algo más tenía. Como si se tratase de una señal. Se sintió preocupado, pero recordó el poder de Changmin para captar sus preocupaciones, así que despejó su mente y se concentró por primera vez en mucho tiempo en la palabra de Dios allá adelante.

Se despidieron tras el almuerzo como solían hacerlo todos los días y cada uno siguió su camino. Junsu decidió irse directo a la habitación, pues no quería volver a tener un ataque frente al resto. Una vez ahí se dedicó a ordenar la habitación. Ordenó las camas, abrió la ventana y dejó ventilar un poco el lugar. Una vez terminado todo decidió relajarse un poco antes de ir a la misa de la tarde y a confesarse, así que se recostó sobre su cama y puso los audífonos del ipod de Changmin en sus oídos, dejando la música correr.

Se sentía totalmente relajado oyendo una hermosa balada, con los ojos cerrados y los brazos cruzados detrás de su nuca, moviendo su pie al ritmo y respirando con suavidad, cuando la puerta se abrió de golpe. Sintió que el corazón se le caía al suelo por el susto, creyendo que era la directora, pero sólo se encontró con un Changmin sonriente.

-           ¡Estúpido!  - Le gritó sacándose los audífonos  - ¡Casi me da un ataque! ¡Creí que eras alguien más! – gritó algo alterado y Changmin sólo rió por la reacción inesperada de Junsu - ¿Por qué estás aquí? - Preguntó cuando cayó en que él debería estar limpiando y no ahí, parado en la puerta.
-          Pues  - se encogió de hombros y sonrió ampliamente - ¡Soy libre! – levantó los brazos celebrando y Junsu abrió los ojos, dejando una enorme sonrisa dibujarse en sus labios.
-          ¡¿En serio?! – saltó de la cama. Changmin asintió orgulloso y Junsu dio varios saltitos infantiles en forma de celebración.
-          ¿Sabes qué significa eso? – preguntó Changmin sonriendo de lado.
-          ¿Qué cosa? – preguntó Junsu inocentemente. Changmin levantó la ceja.
-          Tenemos… la tarde libre, Junsu – sonrió y Junsu ladeó el rostro.
-          ¿Y? – se quedó callado y se sonrojó con fuerza – Oh – respondió y se quedó callado, sintiendo el calor apoderarse de sus orejas.

Se quedaron en silencio un rato, y cuando Changmin supo que definitivamente Junsu no reaccionaría, se le acercó tomándolo por las caderas, uniendo sus pelvis. Junsu se sobresaltó ante este contacto tan inesperado (y sobre todo, tan lejano, pues hacía tanto que no se tocaban así).

-          He esperado tanto por esto – suspiró Changmin en su oído, haciendo que Junsu sintiera un escalofrío revolver todo su cuerpo. Rodeó su cuello con sus brazos y rozó su mejilla con sus labios.
-          Créeme que yo también… - dejó salir su aliento caliente contra la oreja del más alto, sintiendo cómo esta comenzaba a arder al contacto de sus labios.
-          Entonces qué esperamos – caminó lentamente, haciendo que Junsu caminara de espaldas, sin alejarse. Este cerró sus ojos y deslizó uno de sus brazos hasta sus caderas, apretándolo más contra él.
-          Pues adelante – suspiró, dejándose caer sobre la cama, mordiendo su labio mientras Changmin se ubicaba sobre él, entre sus piernas – Soy todo tuyo – sonrió con los labios temblorosos, y sólo eso bastó para liberar toda la gula de Changmin, en un hambriento beso como aquellos que hacía bastante no experimentaban.

Se besaron con una pasión increíble, como nunca antes lo habían hecho. La intensidad de cada beso, de cada roce, era mucho mayor a cualquier vez anterior en que habían hecho lo mismo. Se sentía distinto esta vez. Se sentía hermoso. Se sentía perfecto. Cada beso, calientes besos que llenaban sus labios, le quitaban el aire. Cada toque quemaba su piel. Su cuerpo cosquilleaba por el deseo de ser despojado de cada prenda con lentitud, con aquella sensual lentitud que sólo Changmin poseía. Aquella que lo enloquecía, que le hacía querer más, pero que le hacía querer esperar al mismo tiempo. Tardar en cada cosa que hicieran para que durara más que el infinito.

Se miraron durante eternos segundos, apreciándose, sonrojados y emocionados, disfrutando del momento como nunca antes. No podía dejar de pensar en cuánta razón tenía el anciano en este momento. Ahí estaban los dos, más enloquecidos que nunca, con cada roce perfectamente hecho, disfrutando a niveles increíbles. Changmin gemía. Hacía exquisitos sonidos roncos que para Junsu eran una de las más hermosas melodías. Adoraba oír gemir a Changmin. Normalmente se quedaba callado, pues le avergonzaba quizás hacer ruido en el acto, pero Junsu le rogaba que lo hiciera, por él, por ambos, porque cada nota que soltaba su garganta causada por el éxtasis en sus cuerpos era una de las notas más hermosas que pudiera jamás escuchar.

-          No pares… Gime, por favor, déjame oírte – le rogaba frotándose contra su cuerpo, sus piernas bien abiertas, recorriendo su espalda con sus dedos por sobre su ropa, sintiendo la ahora áspera ropa que lo cubría.
-          Junsu… Ah, Junsu – le dio en el gusto, gimiendo más eróticamente que nunca. Junsu sintió su rostro sonrojarse y un nudo hacerse en la boca de su estómago, al ver el moreno rostro de su compañero con ese adorable rosado en las mejillas y las orejas, mordiendo su labio con lujuria, sólo para provocarlo.

Volvieron a devorarse las bocas, mordiendo sus labios con desenfreno, paseando sus lenguas por la piel ardiente del otro, luchando entre ellas para obtener más territorio. Sus bocas húmedas chocaban una contra otra en una incesante guerra por quién lograba liderar, la cual realmente, ninguno quería ganar. Sólo deseaban seguir batallando. Sin poder controlarse Junsu comenzaba a mover sus caderas, frotándose contra la entrepierna del más alto sobre su cuerpo, quien gemía ante el contacto. Changmin deslizó sus dedos, y un simple roce a uno de sus pezones por sobre la camisa fue capaz de quitarle el más delicioso gemido a Junsu, quien tapó su boca ante su desvergonzado sonido. Changmin sonrió orgulloso, pues nadie más que él podía causar eso en él (No es como si quisiera que otra persona lo tocara, en todo caso).

Sin poder aguantar más se separaron unos instantes sólo para quitarle las molestas prendas. Sus camisas volaron por ahí. Los dedos nerviosos de Changmin intentaban quitar el cinturón de Junsu, pero le era imposible por el nerviosismo sin sentido que había comenzado a invadirlo. Con la ayuda del más bajo pudo deslizar su pantalón hasta las rodillas, frotando su entrepierna ya despierta por sobre la ropa interior.

Junsu gimió su nombre. Sentir las manos masculinas de Changmin tocándolo así era demasiado para él. Deslizó la tela húmeda de su ropa interior lo suficiente, tomando con su mano el miembro despierto de Junsu. Este se sobresaltó ante el contacto tan directo, y mordió su labio con fuerza cuando Changmin comenzó a mover su mano de arriba abajo, por toda su extensión, regocijándose con las señales de placer que el mayor mostraba.

-          C-Changm…  - Intentó decir, pero las palabras se quedaron trabadas en su lengua. Inconscientemente comenzó a mover sus caderas al ritmo de la mano de Changmin.
-              Vamos a… divertirnos un poco – sonrió de lado, haciendo esa expresión que enloquecía a Junsu. Aquella que nadie más en el mundo conocía, pues sólo hacía esa expresión cuando estaban haciéndolo, y sin dejar de mover su mano lamió la punta con suavidad.
-              ¡Ch-Changmin! – se sobresaltó ante este contacto. Jamás en su vida le habían hecho eso. Jamás creyó que se sintiera tan bien - No… Espe… Ah – intentó detenerlo, pues temía que tanto placer fuese malo. En lugar de hacer algo simplemente se mordió los nudillos con fuerza al ver cómo Changmin comenzaba a lamer la punta de su miembro, torturándolo, sintiendo un placer indescriptible.
-              ¿Quieres más? – preguntó suspirando sobre la piel hipersensible de su erección. Junsu sólo se sonrojó y abrió la boca para hablar, pero el más alto dio una lamida por toda su extensión, haciendo que lo único que pudo salir de su garganta fuera aire, en un suspiro entrecortado.

Lamió una vez más, y otra vez, logrando que su miembro se pusiera completamente duro. Junsu soltaba gemidos cortitos y agudos, tapando su boca con su mano. Finalmente, luego de jugar un rato, Changmin decidió que era demasiada tortura, así que abrió su boca y lo metió por completo, comenzando a moverse de arriba abajo. Junsu tapó su boca ahora con ambas manos y mordió su labio para no hacer ruido, pero le era difícil, había estado tanto tiempo sin tocarse ni ser tocado ni una sola vez que se había encendido a mil rápidamente. Cerró sus ojos extasiado, sintiendo la húmeda cavidad rodear su piel sensible. Cómo su lengua recorría toda su extensión, y sus labios rodeándolo con lujuria. Sentía cómo Changmin succionaba y chupaba, lamía y con suavidad rozaba con sus dientes. Sentía cómo a veces su miembro golpeaba la garganta de Changmin, haciéndole sentir tan bien que no sabía qué demonios hacer. Se dejó caer sobre la cama, llevando sus manos a la cabeza del más alto, acariciando su cabello con sus dedos.

Debía admitirlo. Siempre había querido que Changmin le hiciera sexo oral. Era una de sus más grandes fantasías, pero no sabía cómo pedírselo. No podía llegar y decirle “Changmin, quiero que me hagas una mamada”. Sería muy vergonzoso preguntar algo así. Intentaba no gemir, pero era demasiado para él. Abrió más sus piernas para sentirlo más cerca, y presionó sus manos en su cabeza para acercarlo aún más.

-              ¿Te estás sintiendo bien? – Preguntó sin dejar de mover su mano, lamiendo sus labios sensualmente – Hacía mucho que no hacíamos esto – deslizó su lengua haciendo círculos. Junsu sólo asintió, sin quitar la mano de su boca - ¿Quieres que siga? – preguntó suspirando sobre su piel caliente y húmeda. Junsu volvió a asentir, sonrojado. Changmin sonrió – está bien.

Volvió a meter su miembro en su boca. Junsu abrió la propia, pero ningún sonido salió de su garganta. Detuvo el aire en sus pulmones un largo rato, para luego soltarlo de una vez en un jadeo lleno de placer. No estaba pensando con claridad. Tener a Changmin lamiendo, chupando y succionando cada centímetro de su piel allá abajo no era sano. De vez en cuando Changmin gemía a propósito, haciendo que la vibración de sus sonidos envolviesen su miembro.

Se deshacía en suaves gemidos los cuales opacaba con sus manos, pues por mucho placer que sintiera no podía darse el lujo de gemir a gritos (aunque realmente deseaba hacerlo). Sólo se oían sus suspiros y jadeos, y uno que otro gemido bajito.

Changmin se alejó de pronto de él, y recién en ese momento Junsu recordó que Changmin también necesitaba ser atendido. Se sintió egoísta, así que pensó en recompensarlo.

Cuando Changmin terminó de quitar sus pantalones, se arrodilló entre las piernas de Junsu, pero este se detuvo, sonriéndole ampliamente. Este miró un tanto confundido. Junsu depositó un suave beso en sus labios, para luego lamerlos con gula. Se acomodó sobre sus rodillas y negó suavemente con la cabeza.

-          Espera un poco, ¿Sí? Ahora es mi turno de hacerte sentir bien – intensificó su sonrisa y Changmin tragó saliva, y antes de que pudiera si quiera quejarse (dudaba mucho que lo hiciera, en todo caso), Junsu se agachó frente a él tomando su miembro con su mano, miró una última a la cara a Changmin y enterró su rostro en su pelvis, engullendo su miembro por completo, sacándole un largo jadeo a Changmin.

Movió su cuello repetidas veces de adelante a atrás, intentando encontrar un ritmo para hacer aquello que jamás en su vida había pensado en hacer, ni cómo diablos debía hacerlo. Simplemente paseó su lengua húmeda por toda su extensión y lo metió en su boca, moviendo su lengua para darle más placer, tal y como él mismo había hecho recién. Sintió la mano de Changmin posarse sobre su cabeza, y aquello le hizo sentir que lo estaba haciendo bien. Más aún cuando los gemidos de Changmin comenzaron a hacerse más y más sonoros, gimiendo de una forma que jamás había oído. La pose que había elegido era un tanto incómoda, pero sabía que aquello le gustaba a Changmin. Estaba en cuatro frente a él, con su trasero más levantado, dándole una vista panorámica a Changmin de su cuerpo completamente desnudo.

Tal y como Changmin había hecho, Junsu lamió y saboreó cada centímetro. Se sentía extraño, no podía describir qué se sentía hacer una felación. Estaba estimulándolo con su boca, y le daba mucha vergüenza hacerlo. Como no sabía bien qué más hacer, sacó su miembro de su boca y sin dejar de mover su mano en él, comenzó a lamer sus testículos, sacándole a Changmin un largo y ronco gemido que no se esperaba para nada. Se sintió satisfecho al saber que lo hacía bien, y continuó un largo rato más, hasta que aquel extraño sabor de su pre-semen se apoderó de su boca.

Volvió a acomodarse para besar sus labios una vez más, acercándose lo más posible a su cuerpo, tomando ambos miembros y frotándolos entre sí. Changmin lamió la comisura de los labios de Junsu, lamiendo la saliva que corría por ella. Ambos gimieron contra la boca del otro. Changmin mordió el labio de Junsu, haciéndole gemir por la rudeza de su acto. Sabía que a Junsu le gustaba cuando lo tomaba por sorpresa de esa forma.

Changmin volvió a recostar a Junsu con delicadeza, haciendo contraste con la rudeza de hace un instante, haciéndole sentir todas aquellas cosas en el pecho a Junsu. Acarició sus caderas, deslizando sus dedos con parsimonia, quemando cada centímetro que tocaba. Junsu abrió sus piernas, invitándolo a poseerlo. Changmin relamió sus labios y llevó sus dedos a su boca. Junsu detuvo su muñeca.

-          No es necesario – le dijo mirándolo fijamente. Changmin abrió sus ojos.
-          Pero debo prepararte.
-          Oye, no es como si fuera mi primera vez, ¿No? – sonrió y lentamente deslizó su mano hasta su nuca. Una vez ahí, atrajo su rostro con fuerza al propio, quedando a una distancia nula – Además… quiero que esta vez sea más rudo. – habló con voz ronca y las pupilas de Changmin temblaron.

Besó sus labios, sintiendo el dulce sabor de Junsu. Aquel que le encantaba. Junsu rodeó su cuello con sus brazos y levantó sus caderas, rogándole sin palabras, pero con actos, que entrara de él de una vez por todas. Changmin se posicionó frente a él, y uniendo sus labios con fuerza, entró en él de una vez, capturando con su boca aquel delicioso gemido que Junsu dejó salir.

-          Ohh Dios mío – gimió Junsu, curvando su cuello hacia atrás, su rostro sonrojado por completo y una fina capa de sudor cubriendo su cuerpo – Realmente necesitaba esto.
-          Pues puedo darte más… - susurró, cada silaba llena de la más grande excitación. Junsu asintió repetidas veces.
-          P-Por favor, hazlo.

Changmin se movió una vez y Junsu rodeó su cintura con sus piernas, apretando fuerte, acercándolo más a su interior. Changmin volvió a moverse otra y otra vez, haciéndosele cada vez más fácil moverse dentro de él. Volvieron a besarse, sin dejar de tocarse. Changmin mordió sus labios, embistiendo más fuerte. Pronto sus movimientos se hicieron más fuertes, logrando sacarle los más melodiosos gemidos a Junsu. Este metió su mano entre sus abdómenes, comenzando a masturbarse para darse aún más placer.

No pudo evitar sonreír. Se sentía tan delicioso. Besó a Changmin con una sonrisa en sus labios, riendo ante las exquisitas sensaciones que experimentaba. Changmin lo besó curioso, golpeando sus caderas con fuerza, oyendo sólo sus respiraciones agitadas, el sonido de sus pieles chocando y el crujir leve de la cama.

-          No hagas tanto ruido – rió Junsu al oír la cama crujir – Suena mucho. Changmin rió también.
-          Creo que tu cama está muy vieja, la mía no suena así.
-          Si me llevas hasta allá te lo compensaré – sonrió coqueto y la propia sonrisa de Changmin creció.

Se salió de su interior y lo tomó en brazos, haciendo a Junsu reír. Lo dejó sobre la cama y fue a acomodarse, pero Junsu lo detuvo. Changmin alzó una ceja, pero Junsu se movió y le dio la espalda, apoyándose sobre la almohada, poniéndose en cuatro frente a él.

-          Adelante… - le ofreció todo de él y Changmin se sonrojó de sobremanera. Tragó saliva y se ubicó tras él.

Tomó sus caderas con sus manos y entró en él, sintiendo la presión volver a rodearlo. Junsu gimió una vez más, mordiendo su labio, aferrándose a las sábanas. Changmin comenzó a embestir con fuerza una vez más. Junsu abrió más sus piernas para sentirlo más dentro aún. El choque de sus pieles hacía un sonido exquisito. El más alto se inclinó por sobre la espalda de Junsu y besó su cuello. Con sus labios recorrió lo que alcanzaba de su espalda, besando cada cicatriz que adornaba su joven espalda. Una tras otra, cada uno de los pecados cometidos desde que estaba en ese lugar, cada una de ellas una historia distinta. Cada cicatriz escondiendo aquel pasado que aún desconocía.

Besó su nuca, deslizando sus dedos por su espalda, posándolos en la marca final de su espalda, la más grande de todas. Aquella que tenía un número marcado en su espalda, igual que la marca que él mismo tenía en su propia espalda. Besó su mejilla, sin dejar de embestir. Junsu gemía bajito, disfrutando cada beso que el menor repartía por su espalda.

-          Te amo… - le susurró al oído – Te amo, te amo – besó su oreja y su cuello. Besó sus hombros y sus labios cuando Junsu giró el rostro para alcanzarlos.
-          A-Ah… Ahh Ahh Changmin – gimió Junsu.

El calor comenzaba a acumularse en su bajo vientre. El calor aumentó. Abrió un poco sus ojos, viendo borroso por el calor que sentía. Sus sentidos se nublaron. Changmin tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de Junsu. Volvió a besarlo repetidas veces, sintiendo cómo su propio orgasmo se acercaba.

Junsu levantó más su trasero y abrió lo más posible sus piernas, gimiendo más fuerte. Las embestidas de Changmin se hicieron arrítmicas. Junsu apretó sus ojos y soltó un largo gemido, al mismo tiempo que el más alto, llegando juntos al orgasmo. Junsu ensució las sábanas con su propia esencia, y se dejó caer sobre ellas, haciendo que Changmin quedara sobre él.

Sus respiraciones agitadas era lo único que se escuchaba ahora. El aroma de sus cuerpos flotaba en el aire, y no quedaba nada más que silencio. Sólo disfrutar el silencio (y de las sensaciones post-coitales,  lógicamente).

Junsu se removió en su lugar y se giró, mirando hacia arriba. Cerró sus ojos y exhaló todo el aire que contenían sus pulmones. Changmin se movió para dejar la mitad de su cuerpo sobre él, y sin decir nada lo besó, moviendo sus labios con parsimonia. Junsu sonrió y rodeó su cuello con sus brazos para intensificar el beso. Amaba sus labios. Amaba con locura sus besos.

-          Oye… - susurró entre sus labios, sonriendo brillantemente. Changmin le sonrió de vuelta, esperando que continuara – Gracias…
-          ¿Por qué? – rió. Junsu lo miró a los ojos con total sinceridad. Y lentamente abrió su boca para terminar la frase.

Y de pronto, como si hubiera estado escrito, como si por el destino aquello tuviera que pasar, golpearon a la puerta. No pudiendo terminar aquello por lo que le quería agradecer desde hace tanto.

Uno, dos, tres golpes.

El resto sucedió en cámara lenta. Estaban desnudos, debían vestirse. No hubo tiempo si quiera de levantarse. Ahí quedaron, simplemente cubiertos con la sábana. La puerta abierta hasta atrás. Una mujer. Junsu dejó de oír, sólo podía escuchar sus latidos del corazón, bombeando cada vez más y más fuerte… Su respiración se detuvo. La de Changmin se detuvo también. No se pudo oír nada más en esa habitación… que el terror.

“Es el fin…” oyó en su cabeza, y una única lágrima solitaria descendió por su mejilla, cayendo sobre las blancas, inmaculadas sábanas.

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