Deadman Walking cap 20

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El modo de salvarte. 

- ¿Yeonhoon? – Yunho todavía no podía creérse lo que acababa de oír – Taegong, soy Yunho.

- Yun... Yun...
– Taegong comenzó a retorcerse del dolor.

Yunho no tenía ni idea de lo que estaba pasando, se imaginó muchísimas cosas pero jamás se le había pasado por la cabeza que el alma maligna de Changmin estuviera poseyendo a su novio. Le zarandeó para que fuera consciente de la realidad y sin ningún resultado, lo último que se le ocurrió fué besarle para intentar calmarle.

Afortunadamente aquello funcionó, pues una vez que Taegong sintió los labios de Yunho en los suyos comenzó a calmarse y volvió a ser él mismo otra vez. Su cuerpo todavía estaba temblando y el corazón y pecho le dolían a morir, pero ahora fué capaz de mirar a su novio a los ojos y sonreír aunque fuera de una forma más débil. El dolor fué desapareciendo poco a poco mientras recuperaba su respiración, y una vez calmado cogió a Yunho con sus manos y se lo acercó lo más que pudo.

- Lo siento... – le susurró.

- Pero, ¿qué te ha pasado? – le preguntó su novio completamente desorientado.

- Creo... – Taegong no sabía muy bien cómo responder, estaba claro que no podía decirle la verdad sobre lo que le estaba pasando – creo que tuve un mal sueño y me afecto demasiado, esta mañana no me encontraba muy bien. Y la verdad tuve que hacer un gran esfuerzo...

- ¿Y por qué viniste? Estúpido...
– le respondió Yunho apenas sin voz.

Justo después de aquello se abrazó fuerte a Taegong, aspiró su calor y se pudo dar cuenta de que no podría vivir si él no estuviera a su lado. Poco después, se sentaron bien, colocaron sus cinturones y se dirigieron a casa.



03 de Junio de 1955

Más de un año después de su ruptura...


Los tiempos habían sido más que difíciles para Changmin, después de recibir aquella carta de Yeonhoon sin ninguna respuesta ni explicación más por su parte, el joven se hundió completamente. Cayó en una profunda depresión y la bebida fué su acompañante durante buena parte de los siguiente meses, aquel curso suspendió en UCLA por lo que tuvo que repetir su último año de carrera.



Si no hubiera sido por los amigos que tenía allí, jamás habría salido adelante y aún así su corazón todavía le dolía demasiado, tanto que no podía permitirse pensar en Yeonhoon sin llorar.

Hoy afrontaba un nuevo reto en su vida y es que después de terminar la carrera, ya en Junio de 1955, Changmin por fín volvía a casa. Estaría de nuevo con sus padres y con los más ayegados pero si había algo que realmente no podía afrontar, era la posibilidad de encontrarse con su ex-novio cara a cara. Y aunque Seúl era una ciudad grande, se decía que el mundo era un pañuelo... y en realidad así era. Llegó al aeropuerto con una pequeña maleta en la mano, su imagen estaba completamente cambiada. Ahora tenía una pequeña melena peinada hacía detras y su estilo de vestir era mucho más maduro que antes. Estaba claro que su vida había cambiado en todos los sentidos, pero por desgracia ahora estaba volviendo al lugar donde había empezado la mayor agonía de su vida.

Llegó a casa casi una hora después y cuando entró en esta no había nadie, seguramente sus padres estarían trabajando en la oficina. No tenían ni idea de que Changmin volvía tan pronto a la ciudad así que era lógico que no se encontraran allí para recibirle. Subió despacio a su habitación, con la misma decoración que siempre, esperando por su vuelta... y una vez estuvo allí tiró la maleta sobre la cama para abrirla justo después. De ella sacó un viejo diario, el cuál había sido el mayor testigo de todo lo que había vivido durante aquellos años. Con los ojos aún lagrimeantes se sentó en su escritorio para escribir sus últimas palabras.

“Hoy te digo adiós para siempre. Si alguna vez fuí feliz... siento que tan sólo fué un espejismo que se desvaneció ante los ojos del desierto. Seguir adelante ha sido lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida, y sobretodo porque he tenido que hacerlo sin tí, el hombre del que estoy enamorado... mi querido Yeonhoon. Aquí se acaba todo, no se si seré capaz de mirarte a los ojos para decirte cuanto daño me has hecho... pero si no lo hago, alguna vez, aunque sea en una futura vida serás consciente de todo el daño que me has hecho...”

Varias lágrimas resbalaron por su mejilla, después arrancó aquella hoja, la doblo y abrió un poco el cuero del diario para meterla dentro. Cómo si supiera que alguien en el futuro iba a conocer su historia, una historia que si de verdad la querías descubrir con sinceridad, serías capaz de encontrar esas últimas palabras en su diario. Pegó de nuevo la solapa y se dirigió a una de las paredes para esconderlo en un pequeño agujero que había en ella, para después no dejar ningún rasto de aquello.



En casa de Yeonhoon.

- Yeonho-shi, ¿estás preparado?
– Yeonmin llevaba un traje entre sus manos.

- Sí, trae aquí – contestó Yeonhoon intentando hacerlo con normalidad – espero que no me quede pequeño.



- Mi amor...
– interrumpió una mujer – sabes que eso no será un problema. Lo arreglamos y listo.

- Lo sé, pero es que este traje me gusta
– protestó Yeonhoon.

- Anda, deja ya de protestar hermano – le pequeño le dió el traje para que su hermano mayor se lo probara.

Dentro de un mes era el gran día, Yeonhoon se casaba con Seohyun, la hija del banquero más importante de Seúl. No quedéis confundidos ante estas palabras, Yeonhoon no estaba de acuerdo con esa boda, es más, ni siquiera le gustaba aquella mujer. La consideraba una chica linda y simpática pero poco más, y es que su corazón todavía latía cada día por Changmin, deseando que el destino fuera agradecido con ambos y en el futuro hiciera que se volvieran a encontrar... porque en este mundo iba a ser totalmente posible.

Hace más de un año el padre de Yeonhoon le amenazó con matar a Changmin sino terminaba con él, y así lo hizo, pero no fué suficiente... pues su padre, para callar las habladurías de la gente y tapar la “vergüenza” que su hijo les estaba haciendo pasar, le comprometió con una joven Seohyun que siempre había soñado con estar con un chico tan apuesto cómo él, y desde luego no puso pega ninguna.

Aquellos meses habían sido igual de dolorosos que para Changmin, no era la primera vez que en la oscura noche se iba a aquel cobertizo donde volvieron a hacer el amor una vez, justo al lado de la casa de su ex-novio. Apenas era capaz de sentir su alma y ni siquiera conocía ya el latir de su corazón, este se había ido en aquella carta cuando le dijo a Changmin las palabras más dolorosas que había dicho en toda su vida. Pero ¿qué podía hacer si era la única forma de salvarle? Por más que su alma estuviera dolorida y rota, no podía ser tan egoísta de hacer que Changmin no encontrara la felicidad... lo que Yeonhoon no sabía, es que el chico no sería capaz de encontrar esa felicidad con nadie más.

El destino quiso que se juntaran y un destino escrito, de aquella manera, iba a hacer que estuvieran juntos para siempre, ya fuera de una manera u otra.

- ¿Ves? Te dije que iba a quedarte bien, tonto – Seohyun le besó en la mejilla.

- ¿Eh? – justo cuando su prometida le habló dejo de nuevo de pensar en Changmin – perdona, tienes razón... fué buena idea comprarlo.

- Todo arreglado entonces
– interrumpió Yeonmin.

- Entonces ya puedes llevartelo cuñado – la chica sonrió y le dió el traje a Yeonmin para que lo guardara en su sitio.

- Ufff – protestó Yeonhoon – otra cosa hecha.

- ¿Sabes? Me alegro de que Yeonmin y tú os llevéis mejor.

- Bueno, no podemos estar peleados para siempre... además, mamá ya esta lo suficientemente enferma como para que le demos disgustos.

- Tienes razón, pero aún así
– la joven le besó en los labios – me alegro mucho.

Después de que Yeonhoon tuviera que romper con Changmin, su madre fué la que vió lo realmente doloroso que se encontraba su corazón y se odio tanto por dentro que la mujer cayó enferma. No sabían exactamente que le pasaba, pero si alguien hubiera podido observar a través de su cuerpo se habría dado cuenta de que la mujer estaba destrozada por no cumplir el papel que toda madre tenía que cumplir, hacer feliz a su hijo costara lo que costara.

Esa misma tarde, la pareja tenía una entrevista para la Korean Dream Times, donde hablarían de su unión y sobre los negocios que sus padres habían podido lograr tanto en Corea como en el extrajero gracias a su unión.

No es que Yeonhoon estuviera muy de acuerdo y la verdad es que todo eso le daba una mala sensación, y si hubiera sido consciente de lo que iba a desatar aquella noticia, tal vez jamás la habría hecho. Todavía tenía idea de que Changmin había vuelto a Corea, es más, hace meses que dejó de informarse de lo que el chico estaba haciendo... era demasiado doloroso para él escuchar cosas cómo “Changmin está practicamente irreconocible...”, y más cuando él era el culpable de aquella situación.

Al menos no duró tanto como esperaba y salieron de la editorial poco más tarde de las siete de la tarde. Dentro de dos días, el diario sería publicado en toda Seúl.



05 de Junio de 1953

El pasado día Changmin lo pasó con su familia, poniéndose al día de todo. Se sintió mucho más aliviado y es que siempre le había faltado el apoyo de sus padres en su estancia fuera de Seúl, cuando su madre se enteró de que Yeonhoon le dejó fué a pasar unos días con su hijo a Los Ángeles, pero no fué suficiente... ahora por fín había cumplido su deseo de tener a su hijo en casa otra vez.

Se levantó temprano para desayunar, preparó café y cogió algo de bollería para después sentarse en la mesa de la cocina y hacerlo con tranquilidad. El periódico del día ya estaba en casa y cómo siempre hacía, se puso a leer las últimas noticias hasta que dió con una que de nuevo golpeo su corazón hasta la locura.

- Te... casas... – susurró mientras leía la entrevista del periódico y veía la foto con su futura esposa - ¡Maldito hijo de puta!

Lo único que fué capaz de hacer, fué levantarse de la silla y tirar el periódico contra esta, tirando el café y todo el desayuno por el suelo. Después un puñetazo voló hacía la encimera de la cocina probocando que se hiciera un buen moratón en esta, ¿cómo había sido tan estúpido?. Justo en ese momento sin saber que lo que estaba pensando no era en realidad así, se odió al entender que Yeonhoon le había dejado para casarse con una mujer, engañando a su corazón y rompiendo su alma al completo. Salió corriendo hacía su habitación, se quitó la ropa de estar por casa y se puso unos vaqueros junto a una camiseta. No se lo pensó dos veces, sabía perfectamente donde se encontraba Yeonhoon, y por todo su orgullo que el chico iba a pagar por todo lo que le había hecho.

Justo antes de salir de casa llegó su madre que apenas pudo entender por qué Changmin había salido así de casa. Esta fué hacía la cocina y vió toda la destrucción que allí había, cogió el periódico del suelo y entonces se dió cuenta de porque su hijo se fué corriendo.

- Changmin... – dijo completamente apenada – pequeño, espero que no cometas ninguna locura.

Pero su mente tan sólo estaba concentrada en una cosa, Yeonhoon tenía que sufrir todo lo que él lo estaba haciendo. En apenas tan sólo unos segundos en los que tardó en leer la noticia, su odio fué tan grande que hubiera sido capaz de matarlo con sus propias manos, y el pobre Changmin... no tenía ni idea de que todo aquello se hizo para salvarle la vida.

Llegó a la oficina donde Yeonhoon trabajaba y sin ni siquiera preguntar interrumpió allí pasando la seguridad y logrando llegar hasta donde se encontraba su ex-novio. No escuchó las advertencias de su secretaria y sin pensarselo dos veces entró en su despacho.

- Eres un hijo de puta – apenas sin tiempo para reaccionar, Yeonhoon recibió un puñetazo del joven - ¡DIOS! ¿Por qué habré confiado en tí todo ese tiempo? ¡Dime!

- Changmin... por favor, cálmate
– le dijo Yeonhoon intentando zafarse de él.

- ¿Qué me calme? – Changmin lanzó al chico de nuevo contra su butaca – ojalá hubiera tenido el valor de ser yo el que te dijera adiós, así al menos no me habrías destruído el corazón.

- ¡¿Crées que tú eres el único que sufre aquí?!
– Yeonhoon gritó dejando anonadado por completo a Changmin, pero este... ya no podía creerle.

- Si no fuera porque tengo mejor corazón que tú, te juro que te habría matado con mis propias manos.

- Minnie...
– le susurró apenado.

- ¡No me llames así NUNCA MÁS! – le volvió a gritar el joven – espero que tu mujer y tu seáis muy felices... y ojalá ella no tenga que sufrir jamás lo que yo estoy pasando.

Justo después de aquella discusión Changmin salió del despacho de Yeonhoon entre el escándalo que había provocado en la oficinal.

La seguridad de la empresa había llegado hasta aquella planta, pero no hizo falta que actuara puesto que el joven ya salía de allí. Yeonhoon, por su parte, cogió uno de sus pañuelos para limpiarse la sangre que tenía en los labios... jamás imagino que aquello fuera a ocurrir, pero se lo tenía bien merecido por haber engañado a Changmin de aquella manera.

Y no mentiría si dijera que hubiera preferido morir a tener que ver el semblante destrozado y ahora desconocido que ofrecía el joven. Se sentó de nuevo en su butaca, completamente destruido por dentro... si su alma ya estaba lo bastante desecha, ahora se había roto por completo, y no pudo evitar romper en lágrimas. Toda su historia con Changmin pasó ante sus ojos, dándose cuenta de todos los errores que había cometido, y aunque todo esto lo estaba haciendo para salvarle, quizás... después de todo, hubiera sido mejor que ni siquiera se conocieran.

- Mi amor... lo siento – susurró entre sollozos.

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