Primera Plana: capitulo 13

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Preludio

—Supongo que deberíamos pedir un poco de caviar, es esencial en este tipo de eventos.

Taemin ojeó el pequeño cuadernillo entre sus manos, levemente apoyado en el escritorio, sintiendo a Jinki aproximarse sin problemas hasta él y medio agacharse un poco hasta leer lo mismo que hasta hace un momento él había chequeado.

—Tienes razón, tendremos que avisarle al servicio de catering.
—Yo me encargo de eso, por cierto. ¿Ya enviamos las invitaciones a los ministros del exterior?

Onew asintió, y Taemin tomó el teléfono inalámbrico, marcando un número que prácticamente se sabía de memoria. Desde que OhDae les hubiera encargado el evento de celebración de años de la empresa, el trabajo se había vuelto un poco más pesado de lo habitual.

Con la boda del hijo mayor a semanas de llevarse a cabo, y la fiesta de la empresa apenas un par de semanas después de la dichosa boda, todo estaba vuelto un caos, por que a más de lo principal, debían encargarse de la prensa, de la adecuada.

Y revisar cada detalle, era muy complicado.

—Pediré algo para almuerzo, ¿deseas algo en especial?

Taemin tapó la bocina del teléfono momentáneamente y negó con suavidad mientras Onew sacaba el celular de su bolsillo con una expresión algo cansada en el rostro. Jinki estaba muy ocupado últimamente.

Sin espacio siquiera para poder visitar o salir con Minho como le gustaría, lo inusual en medio de todo aquello era que al menor parecía no importarle. No había recibido un mensaje de él casi en días, y eso empezaba a extrañarlo.

Sacudió un poco la cabeza y decidió mejor hacer su llamada rápidamente, antes de que siguiera pensando más estupideces. Ya buscaría luego, un pequeño espacio de tiempo para al menos verlo unos minutos. Por que lo extrañaba, demasiado.




—Creo que deberías basar la campaña atribuyéndote sin ser demasiado efusivo en todo lo que has hecho por la comunidad en estos años.

Yunho señaló varios puntos dentro de la carpeta que le había extendido al mayor, OhDae arrugó un poco el entrecejo, leyendo cada palabra que Jung había redactado en el pequeño informe a sus manos.

—¿Realizaste la encuesta de reconocimiento?
—Por supuesto, y obtuviste excelentes resultados.

OhDae levantó la mirada y Yunho estaba otra vez extendiéndole una carpeta, los planes habían cambiado de repente, Yunho había dicho que si iba a dar un paso grande, lo diera con todas de la ley, y eso implicaba la candidatura a presidencia.

Kim OhDae tenía la fama de sus buenas obras que lo prescindían, nada de escándalos familiares, su hijo mayor era uno de los modelos más reconocidos, Yoochun un estupendo productor musical, Junsu uno de los coreógrafos mejor pagado en el país, Minho sin duda alguna uno de los estudiantes más destacados y Boa la dama de sociedad perfecta.

La vida de Kim OhDae a vista de cualquiera era perfecta, había conseguido lo que quería, tenía una de las empresas más poderosas, importantes e influyentes en el país, y gastaba parte de sus fondos en beneficencia, entonces, había dicho Yunho. Serías el candidato perfecto, al que el pueblo adoraría.

Yunho estaba lleno de ideas, de planes, de discursos. Emocionado, más que el mismo OhDae por que todo saliera perfecto respecto a su campaña. Aunque todo aquello involucrara una inversión de dinero casi asombrosa.

Aún así OhDae estaba dispuesto a correr el riesgo.

—De acuerdo, entonces seguiré tu consejo Yunho. Lancémonos a esta aventura, has oficial mi inscripción para candidato a la presidencia.
—Perfecto, me encargaré de armar todo lo correspondiente a la recolección de firmas y todo lo que necesitas para convertirte en un candidato oficial.

La sonrisa de Yunho vislumbró con fuerza, con entusiasmo, contagiando a OhDae de la misma confianza que al parecer el menor tenía de sobra. Tenía una confianza en Yunho casi absoluta.

Sabía de las discrepancias internas entre su familia, y que tristemente apenas y se soportaban. Y que por tanto, ninguno de sus hijos había querido estar de cerca de él a cargo de las empresas. Sus hijos lo respetaban, más no estaba seguro del amor que le profesaban, así que Yunho se había convertido fácilmente como el hijo que nunca tuvo.

El ser que no solo lo respectaba, lo apreciaba y cuidaba de él.

Así que en pocas palabras y en síntesis. Yunho era el hijo que nunca tuvo, y por primera vez en su vida, estaba poniendo su futuro en las manos de alguien más. Así que sonrió ligeramente, viendo al muchacho anotar un par de cosas en la laptop que reposaba en sus piernas.

—Entonces, tendremos que hablar con tus hijos para preparar un par de actividades y ponerlos en sobre aviso respecto  tu candidatura para que no vaya a haber ningún percance con la prensa, la mayoría son parte del ojo publico.

—Pues Jaejoong esta a días de casarse, Yoochun anda un poco extraño, pero supongo que no es algo grave, Junsu se muda hoy con Kangtae, y Minho nunca ha sido un problema, a pesar de los problemas en asa.

Yunho asintió, sin acotar más allá de lo debido en la conversación.

Y cuando el celular en su bolsillo comenzó a vibrar, enteramente decidió no contestar, pero había olvidado que luego de un par de tonadas empezaba a sonar e inmediatamente OhDae lo notó.

—¿Por qué no contestas?
—Oh, no lo había escuchado. Estaba concentrado.

Sonrió débilmente, sacando el celular contra su voluntad. Y tal y como imaginaba, el nombre de Jaejoong se encontraba en el centro de la pantalla, torturando su calmada estancia hasta el momento.


Pensé que entendías todo lo que este plan involucraba. Ni yo que soy su prometida me ando con tantas ridiculeces como no querer besarlo. ¿Qué diablos sucede en verdad?


Y los recuerdos de las palabras de Yoona lo acosaron, incluso antes de que pudiera escuchar a Jaejoong.

—¡Yunho!

La voz del muchacho al otro lado del teléfono, clamando su atención, lo hizo abrir los ojos y erguirse en su lugar.

—Lo siento, Jaejoong. Estoy un poco cansado, dime…
Almorcemos hoy, quiero que hablemos… sobre ese difuso amor que dices sentir por mí.

Las palaras de Jaejoong sonaban tan desprovistas de emoción, ajenas de entusiasmo como si de pronto lo tuviera sin cuidado o estuviera haciendo algo mucho más importante. Yunho se removió incómodo, OhDae estaba a menos de un metro de distancia de él.

—Estoy ocupado, hemos empezado con la campaña de tu padre y… espera un momento.

Tapó la bocina del celular cuando vio a OhDae levantar una de sus manos, con una pequeña sonrisa en el rostro.

—Has trabajado ya mucho hoy Yunho, te doy libre el día si lo deseas.

Yunho apretó su puño, no visible para OhDae y sonrió lo más real que pudo, deseando enfermarse para tener al menos una excusa para no ver a Jaejoong, sin embargo la suerte no estaba de su lado hoy.

—Tu padre acaba de darme el día libre. ¿Dónde quieres que vayamos a almorzar?
Te veo en tu departamento a las tres.

—Es muy tarde para almorzar.
¿Y? Nos vemos.

La arrogancia palpable en Jaejoong lo hizo respirar profundo, colocando otra de esas falsas sonrisas en su rostro, otra de esas sonrisas que lograba convencer a OhDae y lo salvaba de explicaciones, por que siempre era más fácil decir que estaba cansado a admitir que no soportaba más este tipo de vida.





Los ojos de Joonghyun se abrieron con fuerza, arrugando el entrecejo y bajando los hombros, en cada foto que sus ojos repasaban, como si un viento helado lo recorriera y su cuerpo entero se estremeciera.

Kim Minho era lo más cercano que tenía al ser más importante en su vida, la única persona que había considerado valiosa fuera de su hogar y sus amigos. No confiaba mucho en la gente con dinero, por que desde siempre lo habían hecho a un lado por eso.

Y Minho había parecido ser diferente.

Ese frío pronto se convirtió en un calor que emanaba desde su estómago, quemando hasta el punto que dolía, de una manera indescriptible que lo hacía sentirse herido y traicionado, más allá que en las fotos que mostraban a Minho besándose con alguien más.

Sentía más rabia y dolor en esas fotos en las que Minho sonreía y reía, con esos otros dos que ni conocía. Por que eran las mismas sonrisas que colocaba cuando estaba con él. Exactamente las mismas, repetitivas y sin vergüenzas, como si no le resultar problema mostrar la misma máscara con todos.

Patinar, salir, divertirse sin problemas, los viajes, las pequeñas promesas implicadas, como si él único real hubiera sido él, patético, ingenuo y estúpido. Cada momento feliz siendo eliminado en cada segundo. En un par de fotos que ahora apretaba con fuerza mientras regresaba su mirada hacía Kibum.

Ese rostro de superioridad, y esa sonrisa extraña marcada en su rostro en tanto permanecía con los brazos cruzados.

—¿Qué ganas con esto? ¡¿Por qué has venido hasta acá solo para mostrarme esto?!

Joonghyun sabía el poco control que tenía, la rabia que pugnaba en su ser por ser liberada en quien fuera, así sea en aquel muchacho que estaba a unos pasos de él. Key difícilmente estaba dispuesto a hablar demasiado, así que decidió que una imagen sintetizara todas las explicaciones posibles.

Así que sacó su celular, y no buscó demasiado entre las fotos almacenadas en la galería. Agrandándola a toda la pantalla para que Joonghyun la pudiera ver, y cuando la puso delante del rostro del muchacho. Pensó que definitivamente esa había sido mejor opción.

—Tú y él… ¿también?
—Si, en total Minho ha estado jugando con cuatro al mismo tiempo.

La mirada de Joonghyun estuvo sobre él, asombrado y desprovisto de emociones en esta ocasión. Key había optado por callar el hecho de que Changmin estaba medio involucrado también sencillamente por que aquel chofer podía ser una pieza clave en sus planes.

—Es imposible… no.
—¿No te vasta con las imágenes acaso?

Lo vio apoyarse en uno de los muebles, respirando profundo y al parecer intentando pensar en algo. Joonghyun llevó una mano a su cabeza. Y negó con fuerza. No podía ser posible, no Minho. Él menos que cualquiera.

—Minho es un bastardo… y eso no va a cambiar por mucho que lo niegues.
—Pero… él…

—¿Él te sonreía, se apegaba a ti como si fueras lo más importante, te abrazaba, te besaba hasta el punto de hacerte creer que tenías el poder en la relación? De pronto un día amaneciste con la idea de que la relación era perfecta para ti, por que Minho se adaptaba a ti, por que él fue el primero en decir que estaba enamorado. Y oh, sorpresa, todo lo demás fluyó por que como un imbécil caíste ante él.

—¡Ya cállate!

Kibum ya lo esperaba, ese impulso repleto de odio y rencor dirigido hacía él. Ese puño que intentó impregnarse en su mejilla, pero que él esquivo sin el menor de los problemas. Logrando que Joonghyun perdiera el equilibrio y cayera de rodillas al suelo.

Como si de pronto eso no le importara, Joonghyun se apoyó en el suelo, con ambas manos sobre él, y la cabeza baja, con los flequillos de su cabello cubriendo los ojos. ¿Tanto lo amaba? Key solo se había llenado de odio, no había llorado por Minho.

Joonghyun lo estaba sorprendiendo.

Pero se sorprendió más a si mismo cuando se colocó en cunclillas a su lado, con una mano sobre su hombro. Por que Key ante todo sabía jugar muy bien sus cartas. Y lo necesitaba, necesitaba a ese muchacho, por que solo no ganaría su guerra contra Minho.

—Tú y yo desde el primer momento prácticamente nos hemos odiado.

Las palabras de Kibum sonaban como un eco, como si de pronto intentara introducirse en su mente, palabras correctas y el tono de voz pausado y parsimonioso. Repleto de astucia que Joonghyun solo apartaba con un escudo, con los puños apretados y la mirada aún en el suelo.

—Pero sabes a la perfección que lo reclamas desde el fondo de tu ser es destruir a Minho, no importa lo mucho que lo ames, esa intensidad con la que amas, ahora llena tu odio, por que es injusto y cruel y no merece quedarse como si nada.

—¿Tú que sabes de lo que yo estoy sintiendo?
—¡Por qué yo también me he sentido así!

Era la primera vez que Kibum levantaba la voz, y por tanto Joonghyun levantó la mirada, arrodillado frente a él, con la respiración un poco desigual todavía.

—¿Y que quieres? ¿Vengarte? ¿Eso en que te ayudará, te hará sentir menos patético, avergonzado?
—Me ayudará a calmar esta impotencia que siento al no poder romperle la cara como se lo merece.

Sus miradas se conectaron por un leve instante en el que Joonghyun aún no confiaba en él. Y Key solo parecía dispuesto a cualquier cosa con tal de tenerlo de su lado.

—¿Por qué yo? ¿Por qué no buscaste a los otros dos?

Key sonrió. Tomando una de las fotos y enseñándosela a Joonghyun.

—Jinki es prácticamente un adulto, demasiado maduro como para envenenarse el alma con cosas como estas, con una vida casi armada como para ponerse en estas.— Kibum cambió de imagen y él solo suspiró. –Y él es Taemin, demasiado bueno como para hacer algo en contra de Minho a pesar de todo.

—¿Los conoces?
—Los he investigado.

A estas alturas, eso ni siquiera lo sorprendía, hubo otro silencio ante el cual Key rebasó los límites de su paciencia y se volvió a levantar.

—Es todo, no tengo por que esperar a que tu cerebro deje de funcionar con conexión a tus sentimientos. Has lo que te de la gana.

Joonghyun apretó los puños, aún repleto de odio y dolor, viendo a Key caminar hasta la salida, y sus impulsos lo llevaron a levantarse y caminar tras él.

—Espera…— Supo que su alma estuvo marcada desde el momento en que el muchacho giró y lo miró, serio y cansino. –En realidad… no quiero que esto se quede así, yo… solo no quiero que Minho gane.

Y una sonrisa de victoria apareció en el rostro de Kibum, por que entonces tendría todas las posibilidades faltantes.




Changmin asomó la cabeza por entre la puerta trasera de la cocina, y sonrió gustoso cuando notó el lugar prácticamente vacío, hizo un pequeño gesto con la mano, y escondido entre los arbustos, Minho corrió hasta él, con la maleta en la espalda y la ropa que había comprado en la playa todavía puesta.

—¿Seguro que no hay nadie?
—Si, entra antes que te vean.

Minho apresuró el paso, y una vez Changmin cerró la puerta suspiró tranquilo. Rió divertido ante la tontería de prácticamente entrar a escondidas y miró de un lado a otro solo por seguridad.

—Bien, sube a cambiarte antes que te vean.
—Nunca había hecho esto antes, por lo general amenazaba a los empleados para que no le dijeran nada a mi padre.

Changmin sonrió un poco contrariado con ese aspecto cruel en la vida de Minho, que aún no terminaba de encajarle en el menor. Por que eso no le agradaba ni un poco, y no planeaba acostumbrarse, pero Minho pronto se acercó y lo besó.

—Gracias.

El susurro que se coló entre sus labios fue estupendo. Changmin olvidó todo en lo que había estado pensando, su mente se concentró en esos ojos y esos labios que ahora estaban cerca, en sus frentes unidas y ese sentimiento asombroso que lo recorrió.

—Solo fue un paseo en la playa.
—Igual… gracias.

Nuevamente Minho se colgó de su cuello y sus bocas jugaron entre ellas, en un beso desprovisto de los repletos de pasión que usualmente se daban. Y ese hueco en el estómago hizo su aparición.

Changmin llevó sus manos a la espalda del menor y lo apresó contra su cuerpo. Desconocía el sentimiento que lo recorría, pero bastaba con respirar profundo y pensar que no todo estaba tan mal.

Minho se alejó con una pequeña sonrisa en los labios y ajustando la maleta a su espalda.

—Nos vemos luego.

Lo observó alejarse entre los pasillos que lo dirigían a las escaleras principales, con un paso tranquilo y moviendo la cabeza como si de pronto recordara una canción. Respiró hondo y metió las manos en los bolsillos de su pantalón.




Yoona caminó con el jarrón con café en las manos hasta su habitación, con los pies descalzos y la ropa ligera que justo ese día había optado por usar. Bebió un poco de la caliente bebida que recorrió sus sentidos.

El vestido blanco de novia reposaba sobre su cama, de un material y costoso que cualquiera envidiaría, que se ceñía a su cuerpo, con aquel corte en V en su espalda llegando casi hasta la cadera, con aquel toque de falsas perlas recorriendo la zona de su pecho y cintura.

Los hermosos zapatos en la caja también sobre la cama. Los pendientes, la fina pulsera de plata, todo lo que debía usar el día supuestamente más especial de su vida ya estaba listo. Todo a la perfección, no había detalle que se hubiera podido quedar fuera.

Yoona estaba lista para casarse.

Apretó entonces el jarrón en sus manos, presa del dolor y el odio que la recorrió intempestivamente, de toda esa rabia y rencor que la recorrieron con vertiginosidad y que provocó incluso un ardor indescriptiblemente en el es su estómago que pudo pasar fácilmente como alguna enfermedad.

Lanzó el jarrón todavía con café directo al piso, sobre la gran alfombra dentro su habitación, ensuciándola y logrando que el color cambiara de inmediato. Sus pasos fueron rápidos directos hacía aquel hermoso vestido que de pronto parecía incluso brillar.

Sus manos lo atraparon con fuerza y comenzaron a jalar de él, bruscamente, llena de odio y desprecio por la mentira que estaba viviendo, y sus manos rasgaron las costuras del vestido, rompieron los pliegues y destrozaron la forma perfecta en la que había sido diseñado.

—¡Te odio, maldición!

Lanzó el vestido lejos, lanzado la caja de zapatos lo más lejos que podía y soltando pequeños jadeos de cansancio y furia. Trato de respirar, viendo el pequeño destrozo que había logrado y calló contra la cama.

Apretando el edredón bajo su cuerpo y arrugándolo por completo. Devastada y contrariada, con esporádicos sollozos sin nombre, refundidos en lo más recóndito de su ser.

—…Te odio tanto…





La espalda de Jaejoong golpeó con fuerza contra una de las paredes.

El jadeo que salió de sus labios se escuchó con fuerza, pero a cambio Yunho solamente mordió su cuello, con intensidad, repasando su lengua en aquel níveo cuello a su disposición.

Las piernas de Jaejoong se ajustaron a la cintura de Yunho, para no caer por error, se apresó con vertiginosidad, sintiendo las manos de Yunho sosteniéndolo desde los glúteos, sosteniéndolo y levantándolo cada tanto.

Sus manso tocaban ese cuello, espalda. Y se envolvían entre su cabello, cada que sentía una mordida de Jung en su cuello y fue sencillo jalarlo de ese cabello algo corto y tuvo esa boca a su disposición una vez más.

Sus lenguas jugaron en una pelea sin sentido, mezclándose con cuidado de no perder el control, con sus labios uniéndose a los otros como si pretendieran fundirse. Jaejoong sentía incluso que podría quedarse pegado a la pared si Yunho continuaba tan cerca, tan firmemente unido a su cuerpo.

Y la ropa estorbaba, por lo que Jaejoong se bajó, sus pies tocaron el piso otra vez y sus manos abrieron la camisa a botones de Yunho, lo más rápido que pudo, con sus pasos dirigiéndose hacía aquella habitación que tan bien conocía.

Levantó los brazos cuando sintió a Yunho empezando a tocar los bordes de su camisa, quedando ambos apenas con los pantalones. Cuando la cama estaba a su disposición, empujó a Jung contra ella, y ese cabello junto con las sábanas se movieron.

Se lanzó a su cuerpo, sobre ese abdomen y esa piel que lo esperaban. Besando, mordiendo cada espacio con desesperación, por todos esos días que Yunho había estado colocando pretextos estúpidos.

Las grandes manos de Yunho tocaron su espalda, y Jaejoong por instinto se irguió. Con su espalda formando una deliciosa curva en el proceso, logrando que su cuerpo entero recayera sobre la ingle de Yunho, con un gemido compartido en el pequeño instante.

—Dijiste… que querías hablar.
—Me importa un rábano tu disque amor… por que no te creo, así que mientras me convences de tu mentira, prefiero disfrutar de tu cuerpo.

Yunho arrugó el entrecejo de inmediato. Levantándose como podía. Sentándose sobre la cama con Jaejoong en sus piernas, observando esa descarada sonrisa en los labios de su amante. Que tenía la mejor de las expresiones repletas de arrogancia que podía.

Sus dedos apresaron ese cabello castaño, algo largo que caía desastrosamente en Jaejoong. Despeinado por sus besos y manos. Y presuntuoso de que no haría algo en su contra Jaejoong sonrió.

Jaló lo suficiente como para que Kim incluso tuviera su cabeza caída hacía atrás, con la barbilla en alto y ese cuello en todo su esplendor ante él.

—¿Qué soy para ti Jaejoong?
—No querrás saberlo…

Y otra vez estaba esa desazón entre su pecho y la garganta. Yunho atacó ese cuello con fuerza, con marcas que se quedarían ahí por un buen tiempo. Si Jaejoong quería que le probara que lo amaba, entonces lo haría.

Llevaba años fingiendo.

Que un tiempo más, no haría la diferencia.




De pronto Junsu abrió los ojos. Y descubrió que había dormido más de dos horas.

Restregó un poco sus ojos y bostezó, confundido.

Todavía sobre la cama de Kangtae.

Lo último que recordaba era haberse levantado junto a Yoochun ese día, la llegada de Kangtae a recogerlo, el carro de mudanzas y entonces al llegar al departamento del que ahora era su pareja oficial, le había entrado un frustrante dolor de cabeza.

Que difícilmente había aguantado una hora mientras las cosas eran ordenadas dentro del departamento de Kangtae, una pastilla y había caído rendido sobre la cama que de ahora en adelanta compartiría con el mayor.

Se sentó con suaves movimientos y llevó una mano a la cabeza, por lo menos el dolor había desaparecido.

—¿Ya te sientes mejor?

Kangtae ingresó a la habitación, con una expresión amable en el rostro y esa aura etérea que Junsu a veces envidiaba, por que sencillamente él le parecía alguien sencillamente excepcional, como si no cargara culpas ni remordimientos.

Y ese es un tipo de vida, que a Junsu le gustaría llevar.

—Un poco, si.
—Me alegro.

Lo tuvo junto a él en menos de unos segundos, acariciando una de sus manos, con un suspiró en los labios.

—Te prometo que intentaré que seas feliz, Junsu.

Vio sus ojos repletos de esperanzas y Junsu decidió creerle, decidió que era el momento de aferrarse a él, de intentar comenzar desde cero y vivir una vida en paz, como la que le envidiaba Kangtae.

No tenía la menor idea de que palabras podía utilizar y por lo tanto lo abrazó. Así de fuerte que su corazón calló y la razón le ganó la partida en esta ocasión. Por que era lo correcto, por que era lo que debía hacer.

Por que al menos así no se sentía tan hundido en sus remordimientos.

Amar a Kangtae, era más fácil que amar a Yoochun.

Por que amar a Yoochun era doloroso. Demasiado.



Semanas Después.


Donghae se movió un poco en su silla, con el lápiz entre las manos y mirando la pantalla de su computadora, con su reciente artículo enviado a edición. Se movió un poco más y vio a Heechul enfrente de él revisando las fotos que enviaría para su artículo.

—¿Ya las escogiste?
—Creo que sí, enviaré las dos de OhDae en el anuncio del comienzo de su recolección de firmas para la candidatura y eso.

Lee asintió, mirando el perfil de Heechul, concentrado en lo que hacía, verificando una a una las fotos.

—La candidatura de Kim OhDae es algo que se veía venir.
—¿Lo crees?

Donghae asintió. –Es el hombre perfecto, le ha costado años armar esa imagen, era algo que tarde o temprano pasaría.  Y si me preguntas, tiene todas las de ganar.

Heechul suspiró, levantando los hombros y conectando la cámara a la computadora de Donghae seguramente para poder enviar las fotografías al editor.

—Aunque sinceramente lo que me tiene intrigado son las vacaciones de Changmin. Es uno de los preferidos al puesto de Editor, ¿cómo se le ocurre tomarse vacaciones en un momento como este?

—La verdad, es lo mismo que me pregunto.
—¿Tú que opinas Siwon?

Desde uno de los escritorios, Siwon levantó apenas la mirada, despreocupadamente.

—La verdad, no sé que pase por esa cabeza. Pero seguramente regresará con una gran sorpresa entre manos.

Siwon regresó su mirada al artículo que analizaba. Fingiendo que estaba concentrado. Aunque en realidad sus pensamientos se hubieran desligado al menor. Lo poco que él sabía sobre lo que Changmin hacía se basaba en aquel cambio en las partidas de nacimientos de los hijos de OhDae.

Y el comentario vago de Changmin hace unos días, de que la ex esposa de OhDae, es decir la madre de Jaejoong, Junsu, Yoochun y Minho había muerto por leucemia y no por lo que el resto de Corea creía.

Desde ahí, Changmin ya tenía un material lo suficientemente bueno como para que sin duda alguna le dieran el puesto a Editor, ¿entonces por qué Changmin sencillamente no regresaba?

Aunque claro, todas eran sus suposiciones, nada podía ser real.

Aún así, la estancia de semanas de Changmin fuera de la empresa empezaba a preocuparlo.




Yoochun se cruzó de brazos y miró a la banda que ese día grababa en el estudio.

Afiló su mirada, observando las expresiones de todos ellos, atento a sus palabras a que siguieran adecuadamente con las notas predispuestas y el ritmo adecuado a la canción. Y cuando esta estuvo en sus últimas notas. Respiró profundo.

Los presentes llenaron en aplausos a la banda, y Yoochun sonrió complacido.

—Yoochun, te aseguro que esta banda llegará lejos.
—Eso espero, estamos invirtiendo mucho en ellos.

Wooksoo a su lado asintió, palmeando un poco su brazo y viendo a los jóvenes aún dentro de la zona de grabación, sonrientes y hablando entre ellos, repletos de emoción.

—Escuché que tu hermano hará la coreografía para una canción que compusiste, para el video de esta banda que nunca recuerdo el nombre.
—Si, eso escuché.

Yoochun arregló un mechón de su cabello y bajó un poco la cabeza, con una diminuta sonrisa en los labios.

—¿Eso escuché?
—Junsu ya no vive con nosotros, se mudó hace unas semanas con Kangtae.

—Oh, ya veo… Tu y él eran muy unidos, ¿cómo estas viviendo tu unilateral vida ahora?

Yoochun sonrió, viendo a su compañero, por que sabía que lo había dicho con aquel tono de burla, solo por que no sabía el trasfondo de su historia, y por su bien decidió únicamente seguirle el juego.

—Bien, la verdad es que muy bien.
—Eso es bueno. Sigue el ejemplo de tu hermano y consíguete alguien ya, deberías comenzar a estabilizarte Yoochun, enamórate que se yo.

Wooksoo sacudió un poco sus manos y Yoochun rió divertido, pasando un brazo sobre los hombros del mayor.

—Si, si… algún día Wooksoo.
—De acuerdo mientras eso pasa, vamos a almorzar. Ya es tarde y no he provocado bocado desde el desayuno.

Yoochun asintió, cambiando rápidamente de tema, por cualquier otro que no involucrara a Junsu, por que su vida estaba tomando rumbo otra vez, por que no era igual que antes, pero por lo menos vivía y estaba recogiendo los pedazos de su vida una vez más.

Con una sonrisa estable en los labios, una que le confiaba un futuro no muy lejano.




Los manteles, los cubiertos, las copas, los meseros y los encargados de colocar cada cosa en su lugar.

Yoona se encontraba parada en la mitad de aquel enorme salón, reservado únicamente para el día de su boda, con sus últimos toques antes del gran día que sería ya mañana. Estaba a horas de pertenecer legalmente a la familia Kim, a la más poderosa de las familias.

Se sentía sofocada, enclaustrada en un estanque invisible.

Miraba de un lado a otro y la gente seguía según lo ordenado como si nada pudiera detenerlos y el tiempo contra reloj fuera el conducto a su salvación propia, la salvación de todos, la condena de ella.

El vals de los novios se dejó escuchar, las pruebas de sonido habían comenzado. Todo listo con un día de anticipación. Todo perfecto, incluso su vestido había sido restaurado luego de su ataque de histeria. Ataque del cual ni siquiera Yunho se había enterado.

Apretó la pequeña cartera entre sus manos y con su cabello ondulándose a su paso abandonó aquel lugar, con su rostro serio y calmado. No en vano era una de las actrices más cotizadas del momento.

Y este era su mejor papel. El de novia enamorada e ilusionada.

Mañana sería el foco de atención de toda la prensa, de medio país. Aún más cuando su suegro se lanzaría oficialmente en unos días como candidato a presidencia. Yoona sonrió y caminó, directo al salón de belleza donde pasaría las próximas horas de cautiverio.




Minho había encontrado divertido aquel juego en su celular.

Particularmente no le tomaba importancia a ese tipo de juegos, y hoy oficialmente se podía decir que por primera vez le interesaba. Taemin a su lado suspiró, ambos sentados en una de las terrazas de los edificios de su instituto.

Taemin observó el perfil de Minho, sonriente y concentrado en lo que hacía, como si de pronto eso en verdad le resultara interesante. Se sentía relegado, desde hace días atrás. Si bien estaba ocupado con lo de sus practicas, su poco tiempo con Minho ya no eran lo mismo.

—Minho…

Kim giró hacía él. Con el rostro un poco despreocupado, así que sin problemas Taemin se acercó a sus labios y lo besó, las manos del mayor viajaron hasta su rostro. Y Minho respondió a su beso, sin problemas.

Con lentitud, con el movimiento de sus labios apresando cualquier duda, con aquella mano que tocaba su rostro y palpaba su piel. El beso era ideal, pero Taemin sabía que ese rastro de duda aún quedaba, por que un beso era muy diferente a lo que estaba sintiendo.

—Has estado extraño estos días, Minho.
—¿En serio?

—Casi ni nos vemos, más que en el instituto.
—He estado ocupado, y tú también con lo de las prácticas.

Taemin suspiró, Minho nunca admitiría que sus palabras tenían un poco de verdad así que mientras el receso terminaba, optó por apoyarse en el hombro de Minho y quedarse un tiempo más a su lado.

Él ya venía sospechando las cosas iban mal, y el día que Minho apareció en su casa en la noche pidiéndole que lo dejara quedarse a dormir con él, supuso que las cosas mejorarían, lamentablemente no había sido así.




—¡Muy bien, chicos! Vamos por un descanso, almuercen y los quiero en una hora aquí.

Junsu golpeó sus manos y todos se empezaron a levantar, entre conversas y risas. Junsu estiró un poco su cuerpo y movió un poco el cuello, sintiendo sumamente cansado en estos días, como si la suerte no estuviera de su lado estos días.

Tenía que estar con todas sus fuerzas para este nuevo video y aún así no terminaba de sentirse cansado. Antes de que pudiera armar una salida con los bailarines para salir a almorzar todos juntos la presencia de Kangtae lo hizo sonreír.

—Hola.
—Hola, ¿cómo así por aquí?

—Oh, bueno pensé que mi coreógrafo favorito tendría mucha hambre. Así que decidí invitarlo a almorzar, ¿qué dices?

Junsu sonrió divertido, agarró el abrigo que había dejado sobre una de las bancas y asintió, caminando junto a él, hasta el restaurante que Kangtae eligiera, dejando que sus pensamientos y sonrisas se perdieran en él.

Y en esa pequeña paz que ahora sentía.




Changmin vivía atormentado últimamente.

Mientras más convivía con Minho, más rápido parecía recordar aquellos papeles extraños que había encontrado en la oficina de OhDae que anunciaban las verdaderas causas de la muerte de la ex esposa de OhDae.

La leucemia rondaba y perseguía a los herederos Kim.

Y él no entendía aún, por que ninguno había sufrido las consecuencias. Se suponía que viniendo de la madre, eran más que inmediatas las repercusiones de dicha enfermedad. Su mente se abarrotaba de finales trágicos a su historia con Minho.

Y aún así no podía deshacerse de la idea de que posiblemente alguno de los hermanos estuviera ocultando su enfermedad, sería lo único razonable. Aún así no había investigado lo suficiente como para determinar si era o no posible que alguno de los hijos no heredara la enfermedad, y en ese caso entonces esa familia guardaba más secretos de los debidos.

La risa de Boa en la parte trasera del auto lo sacó de sus pensamientos. La mujer sentada junto a OhDae asentía divertida ante un comentario dicho por el hombre, e irracionalmente Changmin recordó su pequeña estancia en el departamento de Yunho semanas atrás.

Aquella foto y lo poco que había podido averiguar sobre Jung y alguna hermana que hubiera podido tener, respiró hondo, conduciendo con tranquilidad e intentando sacar un tema al respecto sin que fuera algo demasiado obvio.

—Escuché que Yunho llevará al altar a Yoona.
—Así es, ya ves que es huérfana, y como Yunho ha sido su amigo de años, pues es su mejor opción.

Boa asintió y Changmin miró por el retrovisor. Tratando de hallar el momento adecuado.

—Por cierto, Changmin. ¿Le llevaste el regalo a Yoona?
—Si, señora. Hoy en la mañana.

OhDae miró a su esposa y sonrió.

—¿Le enviaste un regalo de bodas a Yoona?
—Uno pequeño, nada trascendente.

Changmin apretó el volante. Y suspiró. Decidiendo lanzar un comentario casual para empezar.

—Supongo que toda la familia del señor Jung estará ahí, es la boda de su mejor amigo.
—Oh, Yunho perdió a sus padres cuando era pequeño. Ha sido un muchacho muy concentrado en su futuro desde entonces, puesto que le tocó crecer prácticamente solo.

¿Solo?” Los pensamientos de Changmin volvieron a sacudirse con fuerza en su cabeza. Boa entonces miró por la ventana.

—¿Entonces el señor Jung no tiene ni siquiera hermanos?

OhDae negó levemente. –Yunho es hijo único.

Frenó en el momento adecuado cuando vio el semáforo cambiar, la conversación pareció morir ahí, pero Changmin aún tenía esa duda instalada en su ser pendiente de ese extraño descubrimiento que ahora, parecía ser importante.




Yunho miró todo lo que tenía anotado en su celular.

Sonrió complacido con lo obtenido en estas semanas, poco tiempo en realidad, pero tenía todo preparado, para la presentación oficial de OhDae como candidato a la presidencia del país. Dos días después de la boda de Jaejoong.

Entró en la oficina, revisando aún la cantidad de firmas que se habían recogido, la aprobación ante todas las recepciones recibidas de acuerdo al reglamento, con un suspiro en los labios, dispuesto a llamar al mayor hasta que claro, divisó a Jaejoong sentado tras el escritorio.

—¿Qué haces aquí?
—¿Qué sucede? ¿No puedo visitar a mi mejor amigo acaso?

Yunho guardó el celular en su bolsillo y sonrió, viendo a Jaejoong levantarse de su lugar mientras se acercaba a él, y lo tomaba de la corbata, jalando de él y uniendo sus bocas, en un eso demandante de esos que últimamente se le venían haciendo costumbre a Jaejoong.

Como si planeara dejarlo sin aire en los pulmones para vivir.

—Te veo esta noche en tu departamento, quiero mi despedida de soltero.

Jaejoong mordió su labio inferior, con una sonrisa traviesa en los labios antes de soltarlo y abandonar la oficina sin el menor problema, como si su presencia y ese beso hubieran sido más que suficiente.

Yunho sintió un repentino dolor de cabeza atacarlo.

Jaejoong hace mucho que no pedía, últimamente exigía. Como si Yunho fuera su juguete preferido e hiciera y deshiciera con él, como bien le venía en gana. Estaba perdiendo el control de la situación y la sola idea lo alarmaba.





Joonghyun seguí sintiéndose incómodo con la presencia de Key.

Sentado junto a él en aquel lujoso carro que le pertenecía al menor, ambos a las afueras del instituto donde Minho estudiaba, despidiéndose de aquel muchacho que vestía su mismo uniforme, llamado Taemin.

La sonrisa débil en el rostro del menor fue fácilmente percibida. Y Minho parecía no notarlo, o fingía que no lo notaba, por que se despidió de él con una sonrisa, y un beso en los labios, agitando su mano. Y Key apretó los puños sobre el volante.

—¿Estás seguro de que tu plan funcionará?
—Si, solo tenemos que ir a hablar con Donghae, él es el encargado de la sección de Sociales.

—Tú no quieres salir involucrado. ¿Por qué yo si?
—Será como quieras, Joonghyun. Sin ti, igual siguen siendo dos y es más de lo que esa familia podría soportar. Pero tres sería algo mucho más escandaloso.

Joonghyun se cruzó de brazos y bufó.

—¿Y con respecto a lo otro?
—¿El golpe final?

Key miró a Joonghyun, y el muchacho solo asintió.

—Me faltan un par de cosas por cuadrar con respecto a eso, pero después de la boda de su hermano, Minho empezará a pagar por todo. Lo otro será para la fiesta de las empresas de su familia, todo el mundo estará ahí.

Un rato después un auto negro se estacionó justo frente a Minho, y él se lanzó a los brazos de Jinki sin problema alguno, con una sonrisa en el rostro y besando sus labios también.

Joonghyun apretó los puños y arrugó el entrecejo, ¿cuántas veces Minho no habría besado sus labios luego de haber besado a otro sin problemas?

—Vámonos ya. Seguramente Donghae ya nos está esperando.

Key encendió el auto una vez más, aprovechando la distancia para que Minho no los viera y por supuesto girando en la primera calle. Gustoso de que a pesar del tiempo, Joonghyun no cambiara de opinión y siguiera de su lado.

Por que la meta principal de Kibum era quitarle esa estúpida sonrisa del rostro a Kim Minho.



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