KINGDOM TVXQ!

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Arualthings

Primera Plana: capitulo 15


Fraternal.

Las piernas de Key apresaban la cintura de Joonghyun con firmeza.

Por un momento, Joonghyun se perdió en la sorpresa de que aquel muchacho en verdad pudiera aferrarse sin problemas a él mientras le devoraba la boca, incluso abrir la puerta fue sencillo. Los brazos de Key rodeaban su cuello.

Pero el equilibrio faltaba, y a cada paso parecía que la espalda de Kibum daba con algo, o la pared, o algún armario, los gemidos que abandonaban la boca de Key eran mortificadores, aplastaban su consciencia y su estúpido corazón enamorado.

Como si tan solo bastara con tocar esa piel y apoderarse de esos labios, como si para Joonghyun no existiera nada mejor que tener a Key contra su cuerpo, gimiendo y besándolo con una pasión extraña que no era dulce ni amorosa, tan solo era una pasión desbordante.

Sus labios sabían incluso extraño, luego se percató que eran pequeños hilos de sangre que se les escapaban. Un poco de astucia y sus manos se metieron bajo la camisa, esa piel suave y espectacular que estuvo a su disposición.

Lo lanzó contra la cama, con esos cabellos sacudiéndose ante el agotamiento y una sonrisa en los labios, mordiendo su labio inferior, Key sobre la cama. Terminó de quitarse la camisa, Joonghyun no necesitó de palabras de por medio.

Únicamente se lanzó a sus labios otra vez.

Quería perder la conciencia con el cuerpo de Kibum, deseaba más que nada deshacerse de ese amor por Minho, entre los pliegues de deseo que Kibum despertaba en él.




Minho volvió a bufar, con la cabeza un poco hacía atrás.

No le gustaba fumar, es más casi ni lo hacía. Pero justo ahora, como nunca le provocaba fumar un poco, y ni siquiera estaba seguro del por qué. Sentía claramente las miradas de la mayoría a su alrededor y de un par de fotografías indiscretas que la prensa le había tomado.

Cuando se suponía que era la boda de su ‘adorado’ hermano.

Se levantó en el momento en que vio a su padre charlando con Boa, junto con unos amigos más, necesitaba escapar. Salió del salón de eventos en el hotel, quitándole a uno de los meseros unos cigarrillos, por suerte también una de las fosforeras.

Los jardines del hotel eran amplios, y hermosos. Por un momento Minho se perdió en esa imagen. En el cielo oscuro y la marea de ideas que cruzaban por su cabeza. En Jinki, Taemin, Joonghyun y Kibum. En que probablemente ahora lo despreciaban.

El humo caló dentro de su organismo, incluso cerró los ojos.

Pero la paz le duró poco.

—¿Es que también fumas?

Últimamente la mirada de su padre era siempre así, una mezcla de decepción con sorpresa. Minho solo rodó los ojos, y sintió las manos de OhDae quitándole el cigarrillo de las manos y echándolo al piso, tan solo para poder pisarlo.

—Estás arruinando la boda de tu hermano. ¿Al menos podrías fingir que…?
—¿Qué? ¿Que nada está pasando? ¿Qué no soy tan inmoral como el resto del mundo cree?

OhDae afiló la mirada, plasmando la seriedad en sus facciones.

—Siento que ya no te conozco Minho.
—Yo solo te mostré al hijo perfecto que querías, en el fondo sabías que era así, no se por qué ahora luces tan indignado.

Minho respiró profundo, con las manos en los bolsillos y esa expresión vacía en el rostro que hasta ahora solo la mostraba ante Boa o sus hermanos. Sentía que ahora, fingir ya no era necesario.

—Llama a Changmin, que te lleve a casa, no quiero verte más por aquí.

Los pasos se su padre resonaron en el eco apenas audible de la música de la que pretendía ser el matrimonio perfecto. Minho sonrió, suponía que las cosas serían así. Sacó otro cigarrillo de su bolsillo y casi de inmediato lo encendió con la fosforera.

El celular en mano, y logró llamar a Changmin.

Minho, ¿dónde estás?
—Veámonos en el garaje, papá ya no me quiere aquí. Y yo solo quiero dormir.

Casi ni espero una respuesta del mayor, solo cortó la llamada. Y volvió a guardar el celular, le dio una larga calada a su cigarrillo y cerró los ojos un rato más, solo para pensar, que no todo estaba tan mal como pretendía.





Yunho no estaba precisamente acostumbrado a las luces, a las cámaras, ni a la atención constante como seguramente Yoona y Jaejoong si lo estaban. Así que se encontraba visiblemente incómodo con todo eso a su alrededor.

Jaejoong y Yoona estaban en el centro de la mesa principal con sonrisas en el rostro siendo estupendamente hermosos. Jaejoong en su traje negro elegante y sobrio. Yoona con su vestido sutil y blanco.

Con una copa con champagne en la mano, Yoona sonreía, asentía casualmente cuando los invitados la saludaban o le hacían gestos para llamar su atención. Jaejoong sin embargo solo sonreía a ratos y bebía whisky a cada momento.

Yunho frunció el ceño.

Jaejoong estaba emborrachándose a propósito.

Suspiró tranquilo, desde la mesa continúa que era para los padrinos y madrinas en la boda. Sintió el flash de otra cámara y solo cerró los ojos momentáneamente, era molesto y nada agradable, pero mientras las personas se pavoneaban por el salón Victoria en el hotel, Yunho solo preferiría permanecer sentado y pasar el mal rato de a poco.




—Veamos a la feliz novia.

El susurro de Heechul apenas fue audible, agachándose suavemente para poder enfocar correctamente la imagen de Yoona a través del lente de la cámara. La expresión afable de la muchacha, aunque la seria de Jaejoong no encajaba muy bien con la feliz de Yoona.

Trataba de hallar el momento adecuado donde Jaejoong no se viera tan agraviadamente serio, pero el momento no se hallaba y Heechul ya se había cansado de esperar el momento adecuado, así que tan solo tomó un par de fotografías y con eso bastó para él.

Se dedicó a tomar más fotografías, de los invitados exclusivos, importantes o famosos que había. No había mucho acceso a la prensa, no más que el necesario. Sin embargo Donghae no había podido aparecerse, en especial por la nota que había publicado esa mañana del menor de la familia, y era mejor evitar problemas.

—¿Changmin?

Sus movimientos se detuvieron en cuanto le pareció ver de perfil a su compañero de trabajo. El hombre alto y de porte elegante que le pareció ver entre uno de los pasillos del lugar, le hizo arrugar un poco el entrecejo.

Caminó entre la gente hasta llegar hacía donde lo había visto, pero apenas llegó a los jardines del hotel no había nadie. Tan solo el poco aire que se colaba fuerte en la piel y ese olor sutil de cigarrillo no muy presente como para ser molesto.

Suspiró resignado.

Quizá había visto mal.




Junsu ya no estaba seguro de que estaba bebiendo.

Había empezado con algo de champagne, luego en algún momento había pedido whisky, y ahora simplemente le parecía que estaba bebiendo vodka. O algo que se le parecía, se encontraba en el bar dentro de la recepción.

Su vida era un asco.

Conclusión sabia a la que había llegado desde hace un par de tragos atrás. Su pareja no había querido acompañarlo a la boda de su hermano, la persona a la que amaba era su otro hermano, su hermano menor era la comidilla de media Corea.

Y se encontraba solo, bebiendo patéticamente durante la recepción de la ‘maravillosa’ boda. Y Yoochun desfilando por ahí con aquella mujer que lo había acompañado esa noche a la recepción.

Vacio el contenido de lo que posiblemente era vodka y aspiró hondamente, el sabor amargo casi nada agradable paseó por su lengua y se deslizó por su garganta provocándole un rictus aparatoso en el rostro que terminó en un dolor molesto en el estómago.

—Junsu por favor, no puedes seguir bebiendo así.

La voz dulce y agradable, tomando su mano que sostenía aún el vaso lo hizo levantar la mirada. Algo mareado por el movimiento brusco de su cabeza logró enfocar luego de unos segundos el rostro perfectamente maquillado de Boa. Y entonces sonrió despectivo.

Se soltó del agarre brusco y rió brevemente.

—Oh, por favor. Deja de fingir que realmente te importo.
—Estás bebiendo demasiado. Es la boda de tu hermano y ya suficiente es con el escándalo que se ha armado por lo de Minho.

—A mi no me interesa si Jaejoong está o no con la mujercita esa o si se casa o no. Por que esa es la mayor farsa de esta familia de la que he sido participe. Y si me emborracho o no, dudo que a Jaejoong le importe.

Junsu hizo un pequeño gesto ante el bar tender para que le llenara nuevamente el vaso, pero Boa de inmediato se interpuso negando con la cabeza, y pidiéndole al hombre que se alejara. Junsu frunció el ceño.

—No te metas más en esto.
—Ya detente Junsu. Estás completamente ebrio.
—¡Que te largues, maldición!

Junsu gritó y Boa prefirió no mirar de un lado a otro para no tener que afrontar las miradas curiosas de algunos de los invitados que seguramente habían reaccionado ante el grito del muchacho. Esperó que pasara un rato y volvió a tomar su mano. Esta vez con una mirada severa.

—Quieras o no vas a dejar de armar todo este espectáculo.

Y la mano de Boa jaló con fuerza la de Junsu. Logrando que se levantara de su lugar, llevándolo hacia uno de los salones adjuntos donde no había nadie. Tambaleante, finalmente Junsu pudo soltarse, mareado y algo indispuesto ante el movimiento negativo que realizaba la mujer frente a él.

—¿Por qué has bebido de esa manera? Pareciera que desde que saliste de casa todo…
—¡Todo ha sido un asco! ¡¡Salirme de ese infierno al que llamas casa no sirvió para NADA!!

Junsu apenas se mantenía en pie. Boa solo suspiró, pasando un mechón de su cabello tras la oreja.

—Voy a llamar a Kangtae, necesitas irte al departamento.
—¡No lo llames! No va a venir…— Junsu elevó una de sus manos, con una sonrisa burlona en el rostro. —…Es más, creo que hasta me odia.

Boa intentó analizar esas palabras, de alguna manera hallar el por qué. Pero pronto se dio cuenta que la mirada de Junsu estaba perdida y de que apenas podía mantenerse en pie, sin no tener que apoyarse en la pared.

—¿Cuál es tu problema?

Era una pregunta retórica, Boa incluso había girado dispuesta a salir de ese pequeño salón y llamar a Kangtae así Junsu se opusiera, en verdad no esperaba respuesta alguna, pero Junsu solo bufó audiblemente. Con unos pasos inestables hacía ella.

—¿Sabes cuál es mi problema? Que tengo una culpa que me consume día a día, que lo único bueno en mí, lo único sano, está podrido. Este amor, este sentimiento que debería ser bueno, solo me hace sentir culpa y me hace llorar por las noches. No vivo. Solo siento que voy a enloquecer en cualquier momento, por que mi amor es correspondido pero está mal…

Boa no se molestó en retroceder, solo lo vio acercarse a ella. Con su mirada perdida y sus manos sacudiéndose en el aire. Boa solo neutralizó sus expresiones.

—Creo que si creyera en las religiones me pudriría en el infierno. Pero es curioso no creer y sentir esta culpa. Es extraño odiar al resto del mundo menos a mi hermano. Y es enfermo amarlo y desearlo justo como no debería. ¿Necesito más razones para enloquecer?

Junsu la miró directo a los ojos, y esas expresiones burlonas en el rostro de Kim se eliminaron por completo. Ese rostro estuvo pasivo, desamparado antes de caer en el suelo y quedar sentado, a unos pasos de las piernas de ella.

—Y ahora te he confesado el peor y más grande secreto que Yoochun y yo tenemos. Rompí nuestra promesa. Y de seguro vas a vengarte por todo lo que te hemos hecho estos años.

Kwon Boa sintió algo parecido a la empatía en cuanto notó la debilidad extrema en la que Junsu se encontraba. En la desnudez de su alma y lo difícil que debió haber sido soltar esas palabras. Acomodó su vestido y se colocó en cunclillas frente a él.

—Tranquilo… ya lo sabía, si no dije nada antes, ¿por qué lo haría ahora?

Los ojos repletos de duda de Junsu la hicieron sonreír un poco. Acarició el rostro del menor con cuidado. Y suspiró.

—Será mejor que te quedes aquí. Iré por un poco de café, ¿bien?

En cuanto se hubiera levantado, sintió la mano de Junsu, esta vez él tomando la suya.

—¿Por qué?
—Por que a diferencia de ustedes, yo nunca los he odiado. Y no soy quien para juzgar los pecados de los demás, suficiente tengo con los míos.

El agarre de la mano de Junsu disminuyó poco a poco, Boa sintió el contacto disminuir en cuanto volvió a girar y dar el primer paso. Junsu se quedó una rato más ahí. Espabilado e intranquilo con aquello. No era tan noble, como para confiar tan ciegamente.




Justo cuando Jaejoong terminaba con su sexto vaso de whisky salió una canción que le encantaba, las luces variaron un poco e inconscientemente movió la cabeza, dejó el vaso sobre la mesa, sonoramente, llamando la atención de Yoona junto a él.

—¿Por qué golpeas así la mesa?
—Quiero bailar, vamos.

La agarró bruscamente del brazo y escuchó a la perfección el quejido de dolor de parte de su esposa. Y aunque Yoona intentó fingir que no le dolía, caminar erguida y seguirle el paso a Jaejoong. Yunho si los alcanzó a ver desde el inicio.

—Jaejoong me estás lastimando, suéltame.
—¿Quieres dejar de quejarte? ¡Es mi maldita boda y quiero hacer lo que me plazca!

Una vez en el salón donde varias parejas bailaban, Yoona se sintió cohibida, temerosa de que alguien más hubiera escuchado las despreciables palabras de Jaejoong, pero era evidente que estaba demasiado bebido, y que no le convenía empeorar la situación. Sintió su brazo suelto una vez más, y sutilmente tocó el brazo de Kim.

—Por favor, Jae. Regresemos a la mesa.
—No me da la gana, quiero bailar dije. Así que si tanto me amas, bailemos y disfrutemos de nuestra noche, amor.

Yoona arrugó el entrecejo en especial cuando volvió a sentir la mano de Jaejoong apresando su brazo, cerrando con fuerza el agarre. Le placía cachetearlo ahí mismo, pero no se podía dar ese lujo. Apenas hizo un mohín cuando Jaejoong apretó más el agarre en su brazo, no le iba a demostrar que le dolía.

Era una guerra anunciada, apenas a unas horas de haberse casado.

—Jaejoong, deja de hacer esto, antes que alguien se de cuenta.

Yunho llegó a salvar la situación, agarró discretamente a Jaejoong del brazo, logrando que por fin Kim liberara el brazo de Yoona, pero Jaejoong solo pareció enfurecerse con su llegada, y por un momento Yoona pensó que su intervención no había sido buena idea.

—¿Qué haces aquí, Yunho? ¿No ves que quiero bailar con la radiante novia?
—Pues no deberías estar jalándola como lo haces.

Jaejoong se sacudió un poco, y miró directamente a la mujer.

—Ni se te ocurra seguirnos.

Y antes de que Yunho abriera la boca una vez más lo jaló de la leva de su saco directo hacia uno de los laterales, lejos de las miradas de los curiosos y por supuesto de Yoona. Apenas Yunho hubiera cerrado la puerta, él ya se estaba preparando para una pelea demasiado intensa como las que últimamente tenían.

Pero contrario a eso, Jaejoong tan solo lo agarró por el rostro y lo empotró contra una de las paredes. Incluso su espalda logró recibir un fuerte golpe que lo hizo gemir de dolor mientras el sabor a licor se conectaba con sus labios y los de Jaejoong.

El movimiento de la boca de Jaejoong era frenético, parecía querer devorar sus labios o algo parecido, e incluso sintió como juntaba sus cuerpos demasiado. Y esas manos que hace un rato estuvieron en su rostro ahora se deslizaban por su cuello.

Yunho abrió los ojos asustados, estaban tan solo en otro salón.

Cualquiera los podía descubrir.

Así que alejó a Jaejoong con cierto cuidado y en reproche, Jaejoong únicamente apresó su labio inferior, jalando de él lo más que pudo hasta que estuvo lo suficientemente lejos. Yunho incluso el sabor molesto de la sangre emergiendo de sus labios.

—¿Te volviste loco? Alguien nos puede descubrir.
—Últimamente te importa mucho ser el hipócrita de siempre, ¿no, Yunho?

Arregló su leva como pudo, ante la mirada sardónica de Jaejoong que únicamente se encontraba un par de centímetros de distancia de él.

—Tienes que calmarte con Yoona. La estabas lastimando.
—No seas patético Yunho, es MI boda, ella es MI esposa. Así que deja de preocuparte por ese pedazo de zorra.

Automáticamente la mano de Yunho se levanto, una vez hace semanas estuvo a tiempo de detenerse y lo hizo. Y sin embargo en esta ocasión fue inevitable. Incluso tomando de sorpresa al mismo Jaejoong que no se esperó aquella cachetada que inmediatamente quedó marcada en su mejilla.

Apenas dos segundos después, Yunho miraba su mano. Sin terminar de comprender como es que había osado a dejarse llevar por sus impulsos y miró aún confundido a Jaejoong. Ese rostro de perfil que aún miraba el piso y esos mechones de cabello rebelde que apenas ocultaban sus ojos.

—¿Me golpeaste por ella?

Los ojos de Jaejoong cuando se conectaron con los suyos, destilaban odio. Del más profundo y confuso. Aun más cuando ambos proclamaban ser amigos todo el tiempo. Y sin embargo la voz del mayor sonó con tanto resentimiento que Yunho, dio un paso hacía atrás.

—Te estas excediendo con ella, también es mi amiga. Tu esposa, pero no por eso puedo dejar que le faltes el respeto…

La voz de Yunho sonó titubeante, molestamente insegura. Y los ojos de Jaejoong no variaron ni un ápice. Una mirada profunda y conecta que únicamente estremeció a Jung, al punto de alzar la barbilla y fingirse no tan afectado como en realidad lo estaba.

El golpe llegó, del propio puño de Jaejoong. Fuerte y brutal, impactándose en la mejilla de Yunho sin problemas y logrando que el otro se mareara un poco e incluso ese dolor se volviera insoportable. Yunho esperaba algo como eso.

Lo que no esperaba, era la rodilla de Jaejoong golpeando agresivamente en su estómago. Haciéndolo exhalar con fuerza, toser ante la falta de aire. Sofocándolo en un dolor insufrible que lo hizo doblarse y abrir demasiado los ojos.

Y antes esa debilidad, Jaejoong vio la oportunidad perfecta para empujarlo y que jadeante cayera en el piso de aquel salón. Yunho tenía los ojos un poco desorbitados e incluso tosía, con las manos sobre su plano estomago ante el dolor que la patada de Kim le había provocado.

Así que Jaejoong se sentó sobre sus piernas, con una sonrisa retorcida, palpando su propia mejilla, ahí donde la mano de Yunho se había posado hace unos segundos atrás. Incrédulo aún de que se hubiera atrevido a golpearlo por Yoona.

—Tienes que recordar tu lugar Yunho. Sin mi no serías nadie, sin mi padre estarías trabajando en algún lugar de mala muerte, no tendrías ni el departamento, ni el auto ni ninguno de esos lujos que ostentas. El fracasado de tu padre los dejó en la ruina, llenos de deudas y tu madre se suicidó por eso. Prefirió dejarte solo que afrontar la realidad de una pobreza inevitable. Tú me debes la vida.

Las palabras de Jaejoong fueron pronunciadas con tanta calma que la amenaza implícita logró que Yunho se esforzara por calmar la respiración en sus pulmones mientras veía ese rostro tan cerca y esos ojos que se clavaban con fuerza en los suyos.

La mano de Jaejoong tomó la quijada de Yunho, dejando la marca de sus dedos en esa piel.

—Vuelve a levantarme la mano. Y te juro que no solo la vas a pasar mal tú, sino la zorra esa que tengo de esposa. ¿Ella es tu punto débil, no Yunho?

El tono burlón en la voz de Jaejoong hizo enfurecer a Yunho, aún más cuando sintió la mano libre de Jaejoong acariciando su rostro. Aumentando la presión de sus dedos en la quijada, que en verdad empezaba a ser incómodo.

—Lo que tengo me lo he ganado trabajando, ni tú, ni tu padre me han regalado nada.
—Si yo no le hubiera rogado a mi padre por que te dejara trabajar para él sin haberte graduado no hubieras llegado a ningún lado. Además mi padre pagó tus estudios por si lo olvidas.

—Entonces, ¿qué? ¿Te debo la vida?
—Casi, por si no lo sabes. Todo tú me pertenece, tu alma, cuerpo y pensamientos. Entiéndelo de una vez, sin mi no podrás ser feliz. Por que si logras serlo, me encargaré de destruirlo todo a tu alrededor.

Apenas tuvo el alivio de sentir su quijada libre cuando Jaejoong lo soltó, pero de inmediato volvió a sentir sus labios, su lengua internándose dentro de su boca, apoderándose de ella. En un juego que ya no debería existir, o que al menos él suponía no continuaría después de la boda.

Cuando Jaejoong se sació de su boca, de invadir su persona con tan solo un par de besos. Cuando se cansó de humillarlo se levantó, limpiando con un pulgar el hilo de sangre que manchaba su rostro. En la comisura de sus labios.

Yunho volvió a llevar una mano a su estómago, una vez Jaejoong terminó de desaparecer. Le dolía demasiado ese golpe, y fingir que no era así había sido una travesía, aún más cuando ese beso demandante de Jaejoong casi lo deja sin aire.

—¡Yunho!

Escuchó los pasos de Yoona, su voz preocupada e incluso la manera en que el vestido se arrastró por el suelo cuando se arrodilló junto a él.

—Es un bestia, mira como te ha dejado.

Sonaba dulce, la voz dulce de Yoona, sonaba tan confortante que por un momento quiso creer que no los había visto. Por lo menos no todo el tiempo. Apenas notó un pequeño pañuelo contra la comisura de sus labios, seguramente por la sangre. Y los dedos de ella peinando su cabello algo alborotado.

Se sintió un poco más en paz. Y cerró los ojos sintiendo la humillación latente, con el único deseo de que en verdad no los hubiera visto. No quería a Yoona con aquella imagen grabada en la cabeza. Suficiente con saber lo que pasaba, como para que tuviera además que presenciarlo.




Taemin apenas había comido poco.

Se encontraba aún bajo las sábanas de su cama. Mirando la ventana en su habitación y esperando por que en verdad lo dejaran en paz al menos hasta mañana. Quería pasar sus momentos de decepción a solas.

Y sin embargo su madre parecía no entenderlo.

—Tae, por favor abre la puerta.
—Mamá no voy a quitarme la vida, así que deja la exageración. Solo quiero estar solo.

—Ya lo sé hijo, pero quiero decirte algo, abre la puerta por favor.

Taemin rodó los ojos. Un poco exasperado con aquello y fue directo a abrir la puerta. Su madre lo recibió con una sonrisa conciliadora en el rostro y la misma mirada apena que hacía a Taemin sentirse peor.

—¿Qué sucede?
—Afuera está un muchacho. Dice que es amigo tuyo, quiere verte.

No podía virar los ojos frente a su madre, pero un nombre hubiera servido. No aguardó las esperanzas de que se tratara de Minho por que seguramente seguía en la boda de su hermano, y aparentemente no era alguno que su madre conociera por que se lo hubiera mencionado.

—Ya bajo.

Fue por los zapatos, y en ese pequeño lapso de tiempo, recordó las veces que Minho había ido a dormir a su casa cuando la pasaba mal, cuando sencillamente no quería estar en casa. Taemin sabía que había sido más que una pareja para Minho. Había sido un amigo.

Y a cada momento se sentí más traicionado.

Cuando bajó y abrió la puerta principal de su casa, a pesar de la disimulada mirada de su madre. Se sorprendió un poco al ver a Jinki ahí, semi apoyado en su auto, jugando con las llaves en su mano, distraído de su llegada.

—¿Qué haces aquí?

Bajó lentamente los pocos escalones en la entrada de su casa. Y la expresión de Jinki, forzando una sonrisa que evidentemente no deseaba lo consternó.

—Solo tenía ganas de salir, ya me emborrache y no ayudo mucho, ¿sabes? ¿Quieres hablar?

Por un momento Taemin encontró algo incómoda aquella situación, pero luego comprendió que seguramente Jinki se sentía igual de presionado que él, tan solo quería pasar el tiempo con alguien que no tocara el tema Minho con aquellos tintes de lastima en la voz o la mirada. Suspiró un poco y miró hacía su casa.

—Creo que alejarnos un rato del resto, ayudará.

Corrió a cerrar la puerta y medio gritar que regresaría luego. Se subió al auto de Jinki sin problemas y se colocó el cinturón de seguridad, con la mirada en las calles y el agradable aire acondicionado.

No importaba si por el momento no cruzaban palabras. Por que era mejor eso, a que estar encerrados en una habitación, recordando momentos que ahora era preferible esquivar.




Oh, genial… Le dolía la espalda.

Joonghyun se removió sobre la cama, descubriendo su cuerpo desnudo sobre las sábanas. Curioso por que no solía dormir desnudo. Notó la oscuridad en su habitación debido a la noche. Y el frío que entraba por la ventana.

Y recordó.

Levantó la cabeza de la almohada, mirando de un lado a otro. Viendo su ropa regada por toda la habitación y ni rastros de la presencia de Kibum. Suspiró y volvió a echarse contra la almohada.

Le dolía un poco la cabeza.

No estaba seguro del por qué. Pero así era, suponía que el muchacho ya se había marchado hace un buen rato por que no había rastros de él y las luces estaban todas apagadas, pensó en darse un baño y hacerse algo de comer. Pero luego desistió cuando se percató que la droga del cuerpo de Kibum era eficiente mientras lo tuviera cerca.

Por que ahora que se encontraba solo, volvía a recordar a Minho.

…Y lo mucho que dolía su traición.




Yoochun se sintió sofocado dentro de aquel ambiente pretencioso.

Y optó por salir de ahí, por internarse en cualquier lado, alejado incluso de su acompañante. Pero cuando abrió una de las puertas y vio la espalda de Junsu, mientras permanecía sentado en el suelo, con la cabeza agachada se sorprendió.

—¿Su?

El rostro de Junsu giró hacía su voz, los ojos algo rojos y unas lágrimas corriendo por sus mejillas. Yoochun casi nunca había visto a Junsu llorar así, generalmente era él quien sufría y lloraba. El débil, Junsu siempre había sido el más fuerte entre los dos.

—Chunie, por favor… abrázame, por favor…

Los brazos de Junsu se estiraron calmados, casi sin moverse de su lugar. Y Yoochun corrió hasta él, hasta apresarlo contra su cuerpo y que esos brazos lo rodearan con toda la fuerza que pudieran. Inmediatamente el olor llegó hasta su nariz y fue fácil comprender por que el menor se encontraba así.

Pero fue fácil perderse un rato entre ese abrazo. Entre lo frágil que estaba Junsu y lo mucho que deseaba confortarlo, en que no lo había visto en semanas, y que hoy apenas y se habían dirigido la palabra.

El aliento de Junsu golpeaba en su oreja.

—Estoy cansado de suplicar por un poco de absolución, estoy a punto de perder la razón por culpa de la desesperación, Chun. Este amor enfermizo no se va, sigue aquí y planea volverme loco… ya no quiero seguir así…

Un poco más fuerte, sintió a Junsu un poco más fuerte contra su cuerpo y Yoochun solo pudo cerrar los ojos.

—¿Por qué esta mal quererte tanto?
Apretó los puños con fuerza cuando el susurro lastimero de Junsu atravesó la barrera de su conciencia. Pero Junsu fue el que se alejó mirando su rostro, como intentando ubicar algún cambio en el pasar de los días que no se vieron.

Cuando Junsu intentó acercarse en dirección concreta a sus labios, Yoochun se alejó un poco más.

—No lo hagas, Junsu. Mañana te vas a arrepentir.
—Vivo arrepentido de nacer bajo este apellido, Yoochun. Solo quiero besarte, una vez más… Así mañana lo olvide, quiero besarte otra vez.

Yoochun también recorrió las facciones de su hermano menor, cada pequeño cambio que pudiera ver, que pudiera existir, acarició su mejilla. Esa piel que hace mucho sus manos no tocaban.

Sus labios buscaron los de Junsu, tan suaves como siempre. Y besarlo fue como volver a vivir, como si el mundo ya no pintara tan mal como antes, como si ese latido frenético en su corazón volviera a serlo.

Con una emoción desbocada que no le cabía en el pecho. Y si sus manos apresaron con fuerza la ropa de Junsu, Junsu lo imitó, como si temieran caer, se aferraron el uno al otro, en un beso esporádico que de pronto sabía a gloria.




—¡Feliz noche de bodas!

La gente se dedicó a echarles arroz nuevamente, aplaudir y fingir que eran felices por ellos. Una vez que estuvieron dentro de la limosina, Yoona se permitió arrugar el entrecejo y mirar con desaprobación a Jaejoong quien con botella en mano había salido de la recepción y entrado a la limosina.

—¿No piensas dejar de beber?

Y el fastidio estaba ahí, latente. Luego de los golpes que ella hubiera notado, Jaejoong dejó en Yunho, además de la forma en que Jaejoong parecía beber sin detenerse. Como si quisiera vivir en la inconsciencia.

Jaejoong solo miró de soslayo a la mujer y sonreír.

—Tranquila esposita, solo quiero divertirme es mi primer noche de estar casado.
—No sé por que te has puesto así.

Jaejoong rodó los ojos y prefirió no discutir, notó que la botella se había terminado y suspiró. Mirando las calles desde su lado en la ventana. Miró por curiosidad hacía el otro lado por si tenían algún licor.

E indebidamente su mirada se deslizó por el vestido de Yoona, y la base un poco sucia, además de la discreta sangre que se encontraba en el final del vestido lo hizo arrugar el entrecejo. Y que su rabia bullera fuerte.

—¡¿Estuviste con él?!
—¿Qué?

Un poco asustada, ante el grito. Yoona miró a Jaejoong.

—¿Estuviste con Yunho luego de que te pedí que nos dejaras a solas?
—No escuché su conversación si es lo que te interesa. Solo salí un rato y lo vi en el suelo. Por si se te olvida somos amigos…

—¡Oh, solo cállate! ¿No se cansan de decir la misma parolata?
—¡Por que es verdad! Somos amigos.

Había empezado los gritos, Yoona miró al conductor que obviamente había notado la discusión y respiró hondo. No dispuesta a ser la comidilla de nadie.

—Yoona no tenemos ni un día de casados y estás agotando mi paciencia.
—¿Qué te está pasando Jaejoong? ¿Acaso no querías casarte conmigo?

Yoona quiso morderse la lengua. Pero la regla principal era fingir. Y cuando Jaejoong rió ladinamente, supo que al menos no estaba por mal camino.

—Ya nos casamos. Nada antes o después de eso te debe importar. Solo mantente lejos de Yunho, amor. Soy muy celoso.
—Es tú mejor amigo.

Jaejoong miró fijamente a Yoona. Y ella por un momento se debatió internamente el hecho de a quien celaba Kim Jaejoong, si a ella o a Yunho. Pero cuando Jaejoong dejó caer la botella, apoyándose en la ventana prefirió no continuar con la discusión.

Yoona pasó una mano por su rostro y bufó.

Esta era la parte más importante de su plan, solo era cuestión de tiempo. Solo eso necesitaba un poco más de tiempo. Y ella trató de convencerse así misma de eso.





Changmin subió las escaleras tras Minho.

El menor casi no había abierto la boca durante todo el camino a la mansión, ni siquiera había mostrado alguna expresión en su rostro. Y de algún modo Changmin se sintió desplazado, como si de repente hubiera vuelto a ser un simple chofer ante los ojos del menor.

Pero las cosas no parecían ser sencillas. Minho entró en su habitación y luego cerró la puerta. Sin mirarlo, sin detenerse. Changmin se sintió un poco estúpido al quedarse mirando la puerta de aquella habitación.

Si bien era cierto, Minho tenía mucho en que pensar. Esa barrera que repentinamente se había alzado. Era… desesperante. Exhaló largamente, cerrando un poco los ojos antes de empezar a bajar las escaleras, y justo antes de empezar a hacerlo pudo ver a Minkih subiendo, con algunas toallas en las manos.

Recordó su consejo, alejarse de Minho. Y Changmin en ese instante pensó que el consejo de Minkih llegó demasiado tarde, por que ahora ya no podía hacerlo, aunque le costara admitirlo. Miró a la mujer y ambos se quedaron inmóviles por un largo rato, como si ella hubiera detectado lo que él ahora pensaba.

—Changmin…

La voz un poco apagada de Minho lo hizo girar, ni siquiera había escuchado la puerta abrirse. Y por la distancia, dudaba que Minho pudiera ver a Minkih en la planta baja, apenas subiendo los escalones.

—¿Si?
—Ven…

Fue como si la mano que ahora Minho estiraba hacía él, fuera una cadena. Se sintió como un vil sirviente a ciegas órdenes de un Rey. Y ver la palma de Minho hizo que su corazón pegara un vuelco y que él a sus casi veinticinco años se desestabilizara.

Miró disimuladamente a Minkih y la mujer solo cerró los ojos, bajando un poco la cabeza y fingiendo que en verdad no había visto nada. Changmin captó el mensaje. Y subió las escaleras demasiado rápido para su gusto.

En ese preciso instante, Choickang Changmin se desconocía así mismo.

Tomó esa mano, entrelazando sus dedos, y viendo lo bien que se veían juntas. El contraste de sus pieles siendo una. Hipnotizado ni siquiera se percató de que habían entrado en la habitación y de que Minho había incluso cerrado la puerta.

—Siento haberte ignorado, es que… no sé ni que es lo que quiero ahora. Solo pensé en ir a esa playa a la que me llevaste la vez pasada y huir.

Minho apresó con más fuerza el agarre de sus manos y Changmin miró sus ojos. ¿Era eso, algún tipo de petición o invitación?

—¿Quieres regresar a la playa?
—¿Quieres llevarme una vez más?

Changmin decidió no esperar contestación. Fue hasta los labios de Minho y probó sus labios otra vez. Ese extraño sentimiento en su estómago que era como un vacío y al mismo tiempo como si dejara de respirar.

¿Qué le estaba pasando con él?

¿Por qué un solo beso podía calmar sus sentidos?

¿Por qué un simple gesto podía hacerlo obedecer hasta el más simple de sus caprichos?

Tristemente Changmin descubrió, mientras besaba sus labios, mientras tocaba su piel, mientras escuchaba su voz. Que había caído ante Minho, como un vil estúpido había caído rendido sin darse cuenta.

Igual que lo hubieran hecho Jinki, Joonghyun, Taemin y Kibum.

Solo que él era un poco peor. Por que él conocía al verdadero Minho, y aún así era capaz de cualquier cosa por tenerlo junto a él.




Fue un poco difícil encontrar un poco de café.

Boa sostuvo con cuidado la taza en sus manos, con el caliente café en su interior. Necesitaba que a Junsu se le bajara un poco el licor dentro de su organismo para poder llamar a Kangtae y evitar que dijera cosas indebidas.

Cuando se encontró a unos metros de la puerta notó a Yoochun hablando con un par de personas, pero al parecer se empezó a despedir, buscando a alguien entre los invitados. Probablemente a Junsu. Cuando lo vio encaminado hacía el pequeño salón, pensó que sería bueno dejarlos solos por unos minutos. Y se detuvo.

Pero tarde descubrió que OhDae seguía a Yoochun con la mirada desde hace rato. Y ella todavía estaba lejos como para alcanzarlo. Abrió los ojos asustada. No iba a llegar, Yoochun entró en el salón y OhDae estaba unos pasos atrás de él.

Se abrió paso entre los invitados, sin importarle que la vieran esquiva y apresurada, menos por que llevara una taza con café entre las manos.

—Boa, que bueno que te veo yo…
—Ahora no, estoy ocupada.

—Pero…
—¡Que ahora no puedo!

Esquivo a la mujer que frunció el ceño ante su grito y caminó lo más apresurada que pudo, OhDae se acercaba a la puerta y estaba a punto de gritarle cuando demasiado bruscamente su esposo abrió la puerta y ella perdió la movilidad en sus piernas.

Junsu y Yoochun se besaban, sentados en medio del suelo de aquel salón.

Miró hacía atrás y dejó la taza en una de las mesas, aparentemente nadie más había notado algo, caminó hasta ellos. Donde OhDae apretaba con fuerza el pomo de la puerta y Yoochun y Junsu ya se habían separado, uno junto al otro. Mirando aterrados a su padre.

—¡¿Pero que demonios creen que están haciendo?!

Los pasos de OhDae fueron fuertes y seguros. Boa se apresuró en entrar tras él y cerrar la puerta.

—¡Papá, no!

OhDae había agarrado a Yoochun por la solapa de su camisa, levantándolo con brusquedad y mirándolo con una rabia indescriptible que hizo a Boa temblar. Junsu solo se arrodilló frente a él, con lágrimas en los ojos.

—Cálmate papá, déjanos explicarte. No es lo que piensas…
—¡¿Qué no es lo que pienso?! ¡¡NO TE ATREVAS A MENTIRME JUNSU!!

Junsu bajó la cabeza, apretando los puños con fuerza, como si de repente se sintiera menos mareado que antes, y Yoochun sintió su cuerpo siendo sacudido antes de ser colocado frente a Junsu. Y sus ojos volvieron a encontrarse, esta vez con más añoranza que nunca antes.

—¡Míralo! ¡¡MÍRALO YOOCHUN!! ¡¡Es Junsu, tú hermano menor!! ¡¿En que diablos estabas pensando?! ¡¡ES TU HERMANO, TU SANGRE!! ¡Creciste con él, demonios!

Yoochun bajó la mirada, sintiendo que iba a derrumbarse, mordiendo sus labios y con los ojos empezando a arderle. Su padre lo soltó con brusquedad y el cuerpo de Yoochun se estrelló contra el suelo. Junsu estuvo dispuesto a ir tras él, pero el grito de su padre lo detuvo.

—¡No te muevas Junsu!
—Pero padre…
—Junsu no tiene nada que ver…

Dificultosamente Yoochun se logró arrodillar, limpiando sus lágrimas y encarando a OhDae.

—¿No te das cuenta en el estado en el que está? Esta borracho, fui yo quien lo besó. No le eches la culpa a él.

Boa abrió los ojos con sorpresa, en verdad… ¿Hasta donde llegaba el amor de esos dos?

—¡Es mentira! Padre esto es cosas de los dos…— A pesar de la sorpresa inicial, Junsu decidió levantarse un poco difícil en su estado pero logro hacerlo, tomando las manos de su padre, mirándolo con súplica en los ojos. –Él sería incapaz de lastimarme, padre te juro que hemos intentando olvidarnos de esto pero es imposible…

Junsu agachó la cabeza, con más lágrimas en los ojos. Como si estuviera perdiendo parte de su alma. Como si de pronto hubiera llegado a su cabeza la imagen de su madre, en aquel hermoso cuadro sobre la chimenea, que la presencia de las esposas de su padre no habían logrado quitar.

—Por favor perdónanos…
—Cállate, Junsu.

—No puedo luchar contra esto, nosotros…
—He dicho que basta…

—…de verdad nos amamos.
—¡NO VUELVAS A REPETIR ESO!

La mano de OhDae se levantó con una violencia asombrosa, logró golpear la mejilla de Junsu tan duro que el cuerpo del muchacho cayó a varios pasos de distancia, provocando el eco de un golpe que hizo a Boa soltar un quejido de dolor ante lo que veía.

Junsu quedó sentado en el suelo, un poco aturdido y con la sangre emanando de su boca, era tanta que Boa incluso se asustó.

—¡Junsu!

Pero antes de que Yoochun pudiera llegar hasta él, su padre lo acorraló, arrodillado frente a él, tomándolo por la solapas de su camisa otra vez. Una cachetada se impactó en su rostro, sin tan fuerza como con Junsu, y Yoochun pensó que era injusto. Ese golpe bien pudo dejar inconsciente a su hermano.

—¡¿Hasta donde han llegado?!— Yoochun no quiso responder miró a los ojos a su padre y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas, su padre estaba desesperándose. —¡Habla, Yoochun! ¡¿Hasta donde han llegado?!

Sintió las sacudidas de su cuerpo proporcionadas por su padre, y otro golpe cayó en su mejilla. Esta vez más fuerte que el anterior. —¡RESPONDE!

—¡NOSOTROS NOS AMAMOS, PADRE! ¡¡Y ASÍ NOS MATES A GOLPES NADA VA A CAMBIAR ESO!!

OhDae se alejó de Yoochun, con su mano un poco temblorosa, viendo ofuscado a su hijo. Y la manera en que las lágrimas salían de su rostro. Lo asustado que se veía, cayó sentado y se arrastró, como en un intento por alejarse de él. Como si su contacto quemara.

Luego vio a su derecha a Junsu, Boa le daba un pañuelo para que la sangre no ensuciara su ropa. Pronto sintió lágrimas en su propio rostro. Sus dos hijos estaban a una prudente distancia de él, golpeados por su mano, y él solo continuaba sintiéndose perdido.

No podía ser verdad.

…No podía.

¿Qué había hecho tan mal como padre? ¿Qué tanto se había equivocado en esta vida?



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