Primera Plana: capitulo 16

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Hermanos.

Key llegó un poco tarde a casa.

No muy preocupado en realidad, solo dejó su pequeño abrigo sobre uno de los sillones, relajado y descansado, verdaderamente de buen humor. Movió la cabeza un poco y estiró sus brazos. Realmente fortalecido durante esa noche.

Suponía que la boda de la familia Kim aún estaba en plena fiesta y que por tanto sus padres seguirían ahí. Únicamente tuvo la mirada un poco curiosa de la empleada cuando lo vio entrar de buen ánimo.

Pero mucha importancia Key no le dio, solo subió las escaleras directo a su habitación. Y suspiró. Joonghyun lo había sorprendido. Toda esa energía que el muchacho destilaba por sus poros era proporcionalmente percibida en cada una de sus acciones.

Kibum se descubrió agradablemente sorprendido, ante lo bien que ambos lograban congeniar en la cama. Entre las emociones, y la adrenalina que lo recorría. ¿Había sido eso lo que Minho había visto en él? Lo dudaba, Minho no solo buscaba buen sexo.

Buscara lo que buscara. Key encontró interesante descubrir el por que Minho lo había elegido a Joonghyun también.




El humo que se elevaba sobre el plato hizo a Taemin perderse en esa pequeña visión, incluso sonreír ante lo iluso que resultaba perderse en una imagen como esa. Pero el olor era agradable y por suerte no había mucho ruido.

—Es bueno verte sonreír de esa manera.

Jinki a su lado y Taemin sonrió un poco más, elevando los hombros y cerrando los ojos momentáneamente.

—Es mejor a que pasármela deprimida por él.
—Minho… aún no puedo creer que nos haya hecho esto.

Taemin encontró interesante que de repente Onew pareciera jugar con la comida en su plato. Revolver la comida mientras pensaba en algo referente al menor que justo ahora era el epicentro de ellos.

—Somos compañeros de instituto.— Taemin decidió empezar, con la voz un poco baja y suelta. –Minho siempre fue el chico popular, inteligente, divertido, amable. Todos lo idolatran, es quien todos quieren ser. Viene de las mejores familias del país, y sus hermanos son la envidia de todo el mundo.

Jinki levantó la mirada, observando las facciones de Taemin y la manera en que el cabello tapaba un poco su rostro.

—Yo siempre pensé que Minho sería al menos un poco insoportable. Lo tenía todo y a todos en sus manos. Minho verdaderamente tiene un gran futuro, está destinado a convertirse en la envidia de todos, igual que sus hermanos. Un día nos tocó hacer un trabajo juntos y todo empezó. Comenzó a hablarme, mirarme, notar que yo existía. Nos volvimos amigos. Y no fue hasta que me besó que descubrí que en realidad me gustaba mucho.

—Los besos de Minho son como magia.

Taemin giró y Onew sonrió.

–Siempre se lo decía. Cuando me sentía estresado por los exámenes en la universidad o por tantas cosas, él solo venía me abrazaba, me apoyaba, besaba mis labios, y todo parecía un poco mejor. Sentía que él me motiva a seguir adelante para un futuro. Yo sabía que su familia pesaba demasiado y si quería un futuro con él, necesitaba hacer muchos meritos, no tanto por él, sino por su familia, por que creí que él me amaba por encima de todo.

Taemin se encontró levemente sonriente ante las palabras de Key, lo anhelante que soñaba. Y lo mucho que debió haber preparado un futuro junto con Minho.

—La verdad es que más que la relación, me duele que haya lastimado nuestra amistad. Yo sabía que algo estaba pasando con él, pero al menos creí que valoraba nuestra relación. Le brindé mi ayuda tantas veces, yo en serio lo quería.

Onew levantó un pequeño vaso y sonrió.

—Yo lo amaba y tenía planeado todo un futuro. Brindemos por eso.

Taemin sonrió. Brindando junto a Jinki y bebiendo el contenido rápidamente. Como si hablar y desahogarse de repente fuera tan revitalizante que nada más importaba. Y el dolor fuera menguando de a poco.




Cuando Changmin abrió los ojos esa mañana, lo primero con lo que se encontró fue con el rostro de Minho cerca del suyo, dormido y con su respiración tranquila, con la luz de la mañana entrando por las ventanas y las cortinas sacudiéndose por el viento.

Recordó entonces que estaban en la habitación del menor, y que era muy peligroso continuar ahí, sin embargo el agradable aire fresco que había le hizo querer ralentizar el tiempo un poco más.

Changmin nunca había tenido tiempo para el amor, los estudios, luego el trabajo. Si no había tenido tiempo para él, no había comprobado que existía y por tanto no sabía como era. Pero las cosas que sentía justo ahora, no podían deberse únicamente al deseo que  Minho despertaba en él.

Justo ahora no había deseo de por medio. Solo había un delicioso sabor a paz. Levantó su mano con cuidado, y tocó su rostro. Como comprobando que fuera real, llevado por impulso, que lo hacía cerrar los ojos y suspirar. Él no debió enamorarse. Simplemente no debió.

—Changmin…

Y su nombre se escuchó tan bien desde esa boca.

—Buenos días, Minho.
—No me llevaste a la playa.
—¿Preferirías estar en la playa?

Por un breve instante, Minho tan solo lo contempló. Y aunque Changmin no estuvo muy seguro de si eso era bueno o no, solo esperó. Minho solo se abrazó un poco más a su cuerpo, hundiendo la quijada en su hombro, apresándose con fuerza a él.

—Prefiero estar así contigo, Changmin.

Él conocía a Minho, mucho más de lo que alguna vez los otros lo llegaron a conocer, y aún así Changmin no podía terminar de sentirse seguro de sus besos, de sus abrazos. Aunque para ser sinceros, Minho nunca había pronunciado las palabras tabú. Minho nunca había dicho o siquiera insinuado que lo amaba.

Estrechó sus brazos sobre el cuerpo de Minho, con tal de no dejarlo escapar. Preocupado por el hecho de que él era un adulto y Minho apenas un niño a punto de graduarse del instituto. Y aún así, estaba rendido ante él, aunque Minho aún ni siquiera lo supiera.

Cuando el timbre de la mansión los hizo levantarse un poco, Minho miró evidentemente a Changmin.

—De seguro la servidumbre no está en casa por lo de la boda. No dejes que papá o los demás se despierten.
—Voy en seguida.

Changmin se vistió como pudo, escuchando la segunda vez que el timbre sonaba, cuando se colocaba uno de los zapatos a mitad de las escaleras. Llevaba apenas el pantalón y la camisa blanca algo mal puesta, el cabello alborotado cuando finalmente abrió la puerta y Kibum apareció frente a él, con una mirada profunda y una sonrisa inquietante.

—Buen día, Changmin.
—Joven, buenos días.

—Deja los formalismos conmigo, Choickang Changmin.

Key ingresó sin problemas, dejando impávido a Changmin quien sostuvo la puerta un rato más. Antes de cerrarla y caminar hacía él, vigilando que nadie más bajara en ese momento.

—No sé de que estás hablando.

—Oh, vamos. Ahórrame toda la parolata innecesaria. Sé quien eres, que eres la joya favorita de WookDae, por eso te quiere como editor. Por eso seguramente estas aquí, buscando la forma de sacar la noticia que te de ese puesto que seguramente ambicionas demasiado, ahora, ¿estaba entre el plan metértele en la cama a Minho?

Key sonrió ladinamente, cruzado de brazos frente a él. Changmin ni siquiera tuvo la necesidad de dudar que en verdad lo supiera todo, por que aquel muchacho solo lo veía tan fijamente que podía atravesar sin problemas todas sus verdades.

—¿Desde cuando lo sabes?
—Desde hace algún tiempo, solo no había tenido tiempo de aprovecharte.

Changmin rió, por primera vez usando en aquella casa ese destile de egocentrismo que tan bien se ajustaba a su personalidad. Pero Key no pareció intimidarse con eso.

—¿Quién te crees? Solo eres un mocoso.
—Y tú estas en la casa de uno de los hombres más importantes de Corea, ¿por qué crees que si te descubren antes de tiempo no te la vas a pasar mal?

Él no era tonto, lo veía en los ojos de aquel muchacho. Key no estaba ahí solo para charlar.

—¿Qué es lo que quieres?
—Nada especial. Solo quiero que me consigas una invitación para la fiesta de la compañía de las empresas de OhDae.

Por un momento Changmin pareció confundido, arrugando el entrecejo. Y moviendo un poco la cabeza.

—Oh, vamos… No ha de ser tan difícil. La fiesta es en unos días. Seguramente aquí ha de haber varias invitaciones.
—¿Para que las quieres?

—Quiero ir a tan tremenda celebración.
—No fuiste a la boda.

Key bufó, rodando los ojos y apoyándose en el pequeño piral junto a él.

—Me moriría de aburrimiento. Pero esta vez es diferente.
—No confío en ti.
—Pero Minho si confía en ti.

El cuerpo de Changmin pareció tensarse y para Key eso fue tan reconfortante que incluso sonrió. Acaparando la atención del mayor nuevamente.

—Anda, yo te guardo el secreto mientras tú me des esa invitación.

Sin embargo no obtuvo una respuesta inmediata. Por lo que solo suspiró.

—¿Por qué crees que eres tan diferente a nosotros? Minho ni siquiera terminó con nosotros, su jueguito le cayó en la cara que es distinto. Pero tú ya estabas entre sus sabanas cuando aún no sabíamos como era él realmente. Tú no eres diferente para él. Eres solamente quien le proporciona algo a su beneficio. Pero no eres especial, ni indispensable, no le debes nada.

Changmin solo bajó un poco la cabeza, apretando los puños y fingiendo brevemente que en realidad no estaba tan afectado como parecía. Únicamente caminó hacía la pequeña mesita principal donde había visto a Minkih colocar las invitaciones y abrió uno de los cajones. Solo quería que Key se marchara cuanto antes.

—¿Contento? Lárgate ahora.

Key vio frente a él la dorada invitación y una sonrisa suficiente se posó en sus labios, tomándola con cuidado y sonriéndole de regreso al mayor.

—Piensa sobre lo que te acabo de decir, Changmin. Minho solo acabará por destruirte como lo ha hecho con nosotros.
—Sé que vas a hacer algo muy malo con eso.

—Pero te conviene, tendrás una primera plana excelente.

Kibum balanceó la invitación en sus manos un poco, y Changmin sintió una extraña incomodidad cuando de repente lo vio acercarse demasiado a él, susurrando cerca de su oído.

—Nos vemos.
—¿Qué diablos haces aquí, Kibum?

Changmin entonces entendió el por qué, de esos movimientos en Key, Minho bajaba las escaleras, con el entrecejo arrugado y visiblemente molesto. Colocando de inmediato junto a él.

—Solo vine por la invitación de mi padre que se le quedó la noche pasada. ¿Cómo sigue tu vida, Minho? ¿Igual de arrebatadoramente popular?

Minho se acercó amenazante, un solo paso hacía él.

—Si ya tienes la dichosa invitación mejor lárgate, antes que te rompa la cara.
—¿Sabes, Minho? Con tu engaño no dañaste mi corazón o sentimientos. Sino mi orgullo y dignidad y eso es mucho peor.

Key entonces rompió la poca distancia, acercándose al oído de Minho, con su aroma cerca de él luego de tanto tiempo. Susurrando con sus labios rozando los oídos de Minho.

—Ten cuidado, Minho. Por que te voy a destruir, atacando lo que más te importa en estos momentos.

Inmediatamente Minho giró hacía Changmin, quien los veía sin entender mucho de lo que ocurría, pero Key solo se marcó con la misma expresión confiada y la sonrisa en su rostro. Minho sin embargo solo se cruzó de brazos.

—Aléjate de él.

Changmin entonces arrugó el entrecejo. Odiaba como había sonado aquello, una orden plasmada en la voz de Minho que solo lo hizo ponerse a la defensiva.

—No te atrevas a darme ese tipo de ordenes. Hace un tiempo creí haber dejado en claro que no me gustaba que me ordenaran sobre que hacer con mi vida privada.
—Key es peligroso, va a ponerte en mi contra.

—Serviría si confiaras un poco más en mí, ¿no?

Minho ni siquiera tuvo tiempo de responder, la puerta trasera de la cocina y el ruido de la gente llegando, seguramente de los empleados, los interrumpió. Lo suficiente como para que Changmin se alejará un paso, y Minho mantuviera su expresión molesta.

—Oh, joven Minho, buenos días. ¿Desea desayunar? En un momento le tenemos listo el desayuno.
—No se preocupen. Se me quitó el apetito.

Minho subió las escaleras velozmente, Changmin solo suspiró, recordando que había dejado parte de su ropa en la habitación del menor. Pero ninguna de las empleadas pareció notarlo. El celular en su bolsillo empezó a sonar, y resignado lo contestó cuando vio que se trataba de Siwon.

—Si, dime…
—Changmin tenemos que hablar de algo muy importante. Es urgente.

—¿Ahora? Estoy sumamente ocupado.
De acuerdo, entonces seré breve. ¿Recuerdas los papeles que me pasaste hace un tiempo en Chino? Los que hablaban sobre el cambio en edad de los tres herederos de OhDae.

Changmin masajeó un poco su sien. Caminando hasta su habitación al final del pasillo en la sección que era para los empleados, y se encerró, sin siquiera saludar a los pocos que se encontró en el camino.

—Si, claro. ¿Qué pasó con eso?

—Resulta que seguí investigando por que todo ese asunto me pareció muy extraño. Heechul, tiene un amigo que trabaja en China, llamado Hangen, es muy discreto con estas cosas y le pedí que averiguara un poco más. Al parecer tenías razón no solo cambiaron las fechas de nacimiento de Yoochun, Junsu y Jaejoong.

La mirada de Changmin se clavó en la pared, atenta y un poco anticipada.

—¿De que me estás hablando exactamente?

Cuando OhDae cambió las fechas de nacimiento de esos tres, fue dentro de un Orfanato en China, llamado Zen, OhDae cambió las fechas cuando los adoptó, cuando ellos tan solo tenían año y medio.

—Espera, ¿qué? ¿Cómo pueden tener los tres la misma edad?
—Es por que ellos son adoptados. La única diferencia de edad entre ellos es por apenas meses. OhDae los adoptó en China, cambió sus fechas de nacimiento, y los trajo para Corea.

Minho tapó un poco su boca, con una sonrisa aflorando en sus labios. Como si de repente la perspectiva de su vida hubiera cambiado

—Pero, ¿para qué haría eso? Además, ¿cómo nadie pudo darse cuenta?

—Tú mismo lo has dicho, entre ellos apenas hay un año diferencia escalonadamente, solamente mandó a uno de ellos a la escuela a temprana edad, el otro a edad normal, y al siguiente lo atrasó un año. Así de simple. La pregunta aquí es, ¿por qué?




Cuando OhDae ingresó en la oficina de Yunho, notó algo extraño.

Yunho hablaba muy bajamente por celular, mirando la laptop frente a él y tecleando un par de cosas, sin embargo apenas Jung detectó su presencia, terminó rápido con la llamada e incluso cerró la laptop. Con una expresión calmada en el rostro.

—¿Todo bien?
—Si, tranquilo OhDae. Solo revisaba un par de cosas de la compañía. Creí que estarías en tu casa, apenas ayer fue la boda de Jaejoong.

—Digamos que no tenía muchos ánimos de estar en casa ahora.
—¿Problemas con Boa?

OhDae negó suavemente, sacudiendo un poco la cabeza. Y sentándose frente a Yunho. Sintiendo una confianza mayor con el muchacho que cuando se sentaba a conversar con sus amigos. Los de su propia edad.

—Ayer me di cuenta que hice algo muy mal como padre.
—¿Lo de Minho? Sé que un poco… curiosa su historia, pero debes entender que es joven, un muchacho que está apenas creciendo y…

—Minho aunque me tiene un poco decepcionado, no es el problema en medio de todo esto. Quiero creer que es cosa de la edad, y que el hecho de que se hiciera publico solo lo empeoró… pero es que uno como padre solo espera que los hijos no cometan los mismos errores.

Yunho entonces arrugó un poco el entrecejo.

—Pero no es Minho exactamente quien me tiene así, son Yoochun y Junsu. Y preferiría no hablar de eso, es tan… Solo prefiero no hablar.
—¿Qué sucede OhDae? No te ves bien, y podrías enfermar.

El tono cálido en la voz de Yunho lo hizo sonreír, sentirse un poco mejor e incluso sonreír levemente. Admirar atentamente las facciones de Jung y suspirar.

—Eres un buen muchacho, Yunho. En verdad hubiera deseado que fueras hijo mío.

Yunho por debajo de la mesa solo apretó los puños, y colocó la mejor de las sonrisas que pudo. Ladeando un poco la cabeza.

—Ve a casa OhDae, terminarás estresado o enfermo acá. Ve, habla con Yoochun y Junsu. Lo que sea que hayan hecho, siempre podrás afrontarlo y ayudarlos. Eres un gran padre. Deja la empresa en mis manos.

OhDae sonrió nuevamente, levantándose de su asiento y moviendo un poco las manos, indicándole a Yunho que se levantara junto a él. Abrazó a Jung con fuerza, en un genuino gesto fraternal. Que hizo a Yunho cerrar los ojos y calmar todos sus demonios.

Hipócritamente correspondió al abrazo de OhDae e incluso sonrió.

Siempre era más fácil así.




—No quiero volver a verlos juntos otra vez. Junsu no está en condiciones de hablar ahora, pero no voy a permitir que sigan estando juntos. De ninguna manera, de ninguna forma.

Yoochun abrió los ojos intempestivamente.

Como si en realidad no hubiera dormido lo suficiente, y los recuerdos de la noche anterior lo atormentaran. Cuando abrió los ojos se encontraba en su habitación. Recordaba haber regresado a su casa junto a Junsu, su padre y Boa.

Ella suplicando a OhDae por que se calmara.

Pero Yoochun solo había podido ver a Junsu, su expresión lamentable y lo mucho que le hubiera gustado poder hacer por él. Se sentía como un niño. Incapaz de hacer algo, si por él fuera hubiera deseado que su padre jamás se enterara.

La mirada de decepción en su padre fue devastadora.

No llevaban una buena relación, pero sin embargo esa mirada había sido tan fuerte, había lastimado tanto. Que ver a Junsu en ese estado lo hacía únicamente darse cuenta de que ellos no podían ser felices.

Su amor traía más desgracia que felicidades, no importaba cuantas veces lo intentaran, su amor estaba condenado. Y así estuvieran juntos vivirían siempre en el eterno letargo del sufrimiento y la culpabilidad sobre la espalda.

Logró sentarse sobre la cama, pasando las manos por entre su cabello. Y sopesando alguna posibilidad de escape, pero nada se le ocurría. Y lo único que deseaba era ir corriendo hacia la habitación de Junsu.

Caminó hasta la puerta, desesperado por verlo, por ver que se encontrara mejor, que no se estuviera sumiendo por la culpa, entre lágrimas y sufrimiento, condenado a ese amor que le robaba el aliento.

Pero la perilla en su habitación no giró. Y Yoochun arrugó el entrecejo.

La puerta no se abría.




—Bienvenidos.

Boa terminó de bajar las escaleras. Con una sonrisa en el rostro. Abrazando cariñosamente a Yoona, quien junto a Jaejoong ingresaban dentro de la mansión, con los empleados detrás de ellos, metiendo las maletas.

—Espero que la hayan pasado bien en su noche de bodas.
—Eso a ti no te interesa, así que dejar de fingir.

Yoona giró sorprendida ante el trato que Jaejoong le dirigió hacía Boa, y antes de que pudiera replicar algo. Los golpes ya azotes contra una de las puertas en el piso superior sorprendió a todos.

—¡¡Abran la puerta!! ¡¡NO TIENEN NINGÚN DERECHO!! ¡Abran, maldición!

Jaejoong sonrió socarronamente. —¿Ese es Yoochun?
—Es mejor que no lo molesten, no se encuentra muy bien.

Yoona miró a Boa brevemente, pero luego de un rato solo asintió, observando por las escaleras como el pasillo vacío dejaba de retumbar entre el escándalo, viendo a Jaejoong subir sin problemas y sintiendo el agarre de Boa en sus manos.

—La familia no está pasando por un buen momento, trata de ser comprensible.
—De acuerdo.

Puso una sonrisa en su rostro y fingió ante Boa, estaba tan acostumbrada a hacerlo, que un par de semanas más no molestaba. Y sin embargo esa bienvenida solo era el preludio de su infierno personal.




Yoochun pateó la pata de su cama.

Sentándose sobre el suelo, apenas apoyado en la cama, pasando las manos por su rostro y cabello, un poco exasperado con la exageración de su padre por dejarlos encerrados. Cuando escuchó el pomo de la puerta girar, miró directo hacía la puerta.

Pero fue Jaejoong el que atravesó el umbral, con una sonrisa molesta en el rostro.

—Vaya, vaya, hermanito… encerrado como el ganado.
—Mejor lárgate, si solo vienes a fastidiar.

Sin embargo Jaejoong no parecía dispuesto a colaborar, por que únicamente cerró la puerta tras de él y caminó dentro de la habitación como si en verdad disfrutara hacerlo, con las manos tras la espalda.

—Así que mis sospechas eran ciertas, ya decía yo que ustedes se querían mucho.

Inmediatamente Yoochun volvió a levantar la mirada, posando sus ojos furiosos en él.

—No te metas en esto Jaejoong, vete. Mejor ve a cuidar a tu esposita. O a tu amante. De todas formas ninguno de los dos te quiere de verdad.— Yoochun rió cruel. –Ni siquiera Yunho que siendo tu mejor amigo y amante, te quiere lo suficiente. Das pena.

Jaejoong borró la sonrisa en su rostro y afiló la mirada, apretando los puños.

—Por lo menos lo mío con Yunho no es tan enfermo y retorcido como lo de ustedes. Por lo menos yo no beso a Yunho con culpa, ni lloro por las noches por que el sufrimiento a veces es más fuerte que su disque asqueroso amor.

Yoochun se levantó precipitadamente, empujando a Jaejoong con fuerza. Herido por lo despreciable que sonaba su amor por Junsu en la boca de Jaejoong.

—No te las vengas a dar de moralistas, Jaejoong. A ti te da exactamente lo mismo lo que pase entre Junsu y yo. Así que ahórrate tus despreciables palabras.
—Cuando tenían sexo, ¿no se les escapaba decir ‘hermano’? ¿Cuántas veces no se te bajó e libido al estar sobre su cuerpo y recordar lo que en verdad son?

Yoochun volvió a empujarlo, esta vez más furioso que antes.

—Pues al menos amo y soy amado. Tú ni en sueños sabrás lo que es eso. Él nunca podrá amarte.

Jaejoong lo empujó de regreso. Haciendo que Yoochun cayera sobre la cama. Colocándose de inmediato sobre él.

—Dime Yoochun, te excita Junsu, ¿o tan solo te excita tener a alguien de tu misma sangre encima de ti?

La mirada de odio que Jaejoong destilaba era asombrosa. Yoochun arrugó el entrecejo, volviendo a empujarlo y sacudiéndose la ropa ante el contacto.

—No vuelvas a tocarme. Yo jamás he tenido sexo con Junsu, por más ridículo que te parezca le he hecho el amor. ¿Si quiera sabes lo que es que te susurren al oído ‘te amo’?
—Púdrete. Y sigue viviendo feliz tu incestuoso amor, por que al final, serás tú o Junsu el que termine consumido por la culpa.

Jaejoong se marchó, azotando la puerta con fuerza. Yoochun cayó sentado sobre la cama, tapando su rostro con las manos. Y suspirando sonoramente.




Era la primera vez que estaban como al comienzo.

Ambos en el auto, sin cruzar palabra alguna. Changmin solo conducía, sin casi mirar a Minho en la parte de atrás del automóvil, callado y pasivo como si nada más le importara. Y Minho únicamente miraba su celular, encaminado hacía el instituto para ver las notas de sus exámenes.

Changmin pensaba que de hablarse, Minho apenas y hubiera averiguado las notas y ambos se hubieran ido a la playa como quería Minho la noche anterior. Pero Minho le había pedido que se marchara una vez lo dejara, y él no pensaba contradecirlo.

—Llegamos.

Bajó del auto para abrirle la puerta al menor y sin decirle algo, Minho solo se alejó hacía el interior del lugar, Changmin suspiró, pensando que demoraría lo suficiente como para ponerse a dar vueltas por ahí. Hasta que claro su teléfono sonó.

—Si, ¿diga?

—¡Changmin! Que bueno que me contestas, ¿tienes tiempo? Ya tengo los resultados de todos los papeles que me trajiste. Y créeme tenemos mucho de que hablar. Pero tiene que ser personalmente. Es un asunto delicado.

Consultó la hora en su reloj, y suspiró. Necesitaba esa información desde hace un buen tiempo. Y hoy parecía ser su día de suerte.

—Paso por tu consultorio en menos de media hora, Sungmin.
—De acuerdo, te espero.




Jaejoong caminó entre los árboles y las pocas personas que habían.

Nunca le habían gustado los cementerios, ni siquiera para visitar a su madre, simplemente no le agradaban. Pero hoy era un día especial por así decirlo. Necesitaba hacerlo. Cuando llegó, se quitó las gafas. Y leyó los nombre ahí escritos.

Apretando sus puños, pateó con fuerza la tumba.

—Es tu culpa, todo es tu culpa. ¡Ellos nunca debieron encontrarse! Nunca te agradé, todo por ser hijo de OhDae… ¡lo alejaste de mí!

Su voz llena de rencor llamó la atención de muchos y Jaejoong solo respiró un poco agitado antes de hundir las uñas en sus propias manos, casi sentir el suficiente dolor como para dejar de hacerlo.

Volvió a patear la tumba.

—Ella terminará como tú, pudriéndose bajo tierra si osa alejarlo. Él me pertenece. Y nadie puede cambiar eso.

Un poco más tranquilo, Jaejoong continúo viendo la lápida con desprecio, se obligó a calmarse a contemplar unos minutos aquel lugar, se colocó las gafas y miró con desprecio las letras que tan familiar se le hacían.

Que deseaba borrarlas de él, así como deseaba borrar las palabras de Yoochun de su cabeza.

Él nunca podrá amarte.



Junsu permaneció un rato más apoyado en la puerta, cansado de intentar de todo por abrirla. Sus ojos se abrieron en extremo en cuanto vio la figura de Yoochun en la ventana, caminando por el fino apoyo que había fuera de la casa.

—¡Chun!

Una vez el mayor estuvo dentro, Junsu lo abrazó con fuerza, con toda la que pudo.

—¿Te has vuelto loco? ¡Te pudiste haber matado!
—Necesitaba verte.

Yoochun se apresuró en besar sus labios, en volver a sentir ese amor que lo consumía y lo devolvía a la vida. Como si lo matara y lo reviviera constantemente. Y Junsu le respondió, con sus manos en la espalda, olvidándose de respirar por un instante.

—Te amo.
—Yo también te amo, Su.

Con sus frentes juntas, Yoochun cerró los ojos. Era un poco más fácil cuando estaba con Junsu, cuando su alma corrompida no pensaba en las consecuencias.

—Su, aguantemos un poco más. Ya me cansé de evitar esto. No se puedo, no puedo. No podemos, si voy a seguir amándote a la distancia, prefiero morir entre tus brazos. Por favor ya no me pidas que me aleje.

Junsu guardó silencio unos segundos, unos eternos segundos que pesaron demasiado.

—¿Qué pretendes Yoochun?
—Aguantemos un poco más, hasta la fiesta de las empresas de padre. Ese día, todos estarán tan ocupados que nadie se dará cuenta si nos vamos antes.

—¿Irnos?
—Lejos de aquí, muy lejos de todo esto. Donde nadie pueda encontrarnos. Donde nadie sepa nada de nosotros.

Los ojos de Yoochun brillaban con anticipación y Junsu no pudo evitar querer aferrarse a esas palabras, abrazó nuevamente a Yoochun y besó esos labios. Aspiró su aroma. Sintiendo que tan poco quería luchar.

—…Está bien, Yoochun. Nos iremos.




Seguía teniendo el poco gusto a los hospitales cuando entró.

El nombre de Lee Sungmin se encontraba en la placa de la puerta blanca, y antes de entrar, Changmin respiró hondo. Su amigo se encontraba sentado tras el escritorio, tipiando un par de cosas en la laptop.

—Oh, Changmin. Que bueno que llegaste.
—Hola, Sungmin.

Pronto el muchacho pareció desocuparse de lo que hacía e incluso cerró la laptop. Sacando la carpeta que él le había entregado hace semanas.

—Bien, necesito que me escuches atentamente Changmin. Por que todo es un poco complicado.— Changmin asintió tranquilo, acomodándose en un asiento frente al escritorio y viendo mejor. —Los papeles son todos originales, y reales. Comprobados totalmente.

—¿Pero de que hablan?

—La primera esposa de OhDae, se llamaba Rye. Sufrió de leucemia como bien ya sabrás. La leucemia es una enfermedad hereditaria, y cuando es la madre la portadora, las probabilidades de que esta enfermedad sea heredada son casi el doble. Es más una vez atendí un caso, en que la madre sufría de leucemia y sus cuatro hijas con el paso de los años contrajeron la enfermedad, las hijas murieron más rápido que la madre.

Changmin se movió en su asiento nervioso. Si los otros eran adoptados, el único que corría el riesgo ahí era Minho.

—Sin embargo, hay un pequeño detalle, que no coordina con esta historia. Rye era infértil, así que es imposible que Jaejoong, Yoochun, Junsu o Minho sean sus hijos.

Por un momento Changmin se sintió desconcertado.

—¿Cómo que no son sus hijos? Minho tiene que ser su hijo.
—Contradictoriamente.— Sungmin sacó unos papeles de la mitad de la carpeta, colocándolos sobre el escritorio. –Los cuatro muchachos si son hermanos de sangre.

Changmin sacudió su cabeza, viendo la foto de los cuatro herederos Kim cuando eran más jóvenes, datos privados de historial clínico. Asombrado por la reciente información.

—Jaejoong, Yoochun, Junsu y Minho, no son hijos de Rye, pero si son hijos, los cuatro de OhDae. Son hermanos, pero de diferentes madres.
—Es que es imposible. Acaban de pasarme una información de que los tres mayores son adoptados. OhDae los adoptó en China.

Sungmin hizo la cabeza un poco hacía atrás, arrugando el entrecejo.

—Pues te recomiendo que averigües bien esa información, por que estos exámenes son pruebas fidedignas de paternidad. Con una oportunidad casi nula de fallos. Y los porcentajes de veracidad son altos. Ellos son hermanos, hijos de OhDae.

Changmin soltó los papeles, apoyando la espalda en el asiento.

—¿Entonces por que los adoptaría? Son sus hijos después de todo.

—Si quieres mi consejo, ve a China. Estas cosas no son fáciles de averiguar, no se averiguan con terceros, tienes que ir al lugar, por que la verdad no la vas a sacar de los archivos, sino de personas que puedan acceder a contarte algo. Todo esto es muy complicado. Y extraño. Changmin, ¿sabias que OhDae se hizo una vasectomía hace un tiempo y Boa tiene meses viniendo a hacerse un tratamiento para salir embarazada?

Instantáneamente, Changmin elevó una ceja. Recordando el hecho de que Boa tenía un hijo perdido en alguna parte del país.

—¿Cómo sabes eso?
—Hay una copia, de los papeles de la operación de OhDae aquí y pues he visto a Boa un par de veces y se hace atender por uno de los especialistas en fertilidad.

Changmin por un momento se sintió perdido. Con ese montón de papeles en frente suyo, y una verdad latente que empezaba a pugnar por salir.



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