Primera Plana: capitulo 11

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Tensión.

Entra las muchas conclusiones por las que a Changmin ha pasado, ha decidido elegir una, Minho está loco. Eso y además de que este es el peor trabajo que se le ha podido ocurrir entre la montaña de indecisiones que siempre le han ocurrido.

Pero lo que lo ha llevado a esa esencial conclusión, es el hecho de que se encuentra caminando por unas calles que desconoce, en medio de la noche y ningún taxi o al menos algún bus da señales de vida.

Y para colmo de todo, ha olvidado su celular.

Logra ver a tres tipos en una esquina, de la cuadra siguiente. Y en silencio maldice a su suerte, apresura el paso. Como si en realidad hubiera decidido ignorarlos pero en cuanto percibe los pasos detrás de él. Respira profundo. E intenta fingir que no se ha dado cuenta.

—Hey… Niño bonito… ¿Tienes algo de valor?

Pronto se ve rodeado. Rasca un poco su nuca, intentando no verlos a la cara. Intentando más que nada poder huir de ahí, pero uno de esos tipos lo empuja y el trastabilla un poco. ¡Maldito día!

—No, no tengo ni un centavo. ¿De acuerdo?
—¿Qué sucede? El niño bonito está… ¿Enojado?

Otro de esos sujetos lo empuja y Changmin arruga el entrecejo.

—Déjenme en paz.

Pero antes de que pudiera emprender una huida decente. Uno de los sujetos lo estrella contra la pared. Golpea su estómago, con una fuerza impresionante y por una razón que Changmin desconoce. Un lamento ahogado se escapa.

Los tres hombres ahora se han acercado. Ya desde ese momento Changmin empieza a declinar de la esperanza de poder ser salvado. Por que recibe un golpe en su quijada, uno lo suficientemente fuerte que logra hacerlo escupir un poco de sangre.

—¡¿Changmin?!

Escucha un carro frenar bruscamente, incluso subiéndose un poco sobre la vereda, impactando a esos sujetos que hasta hace un segundo lo golpeaban. No puede ver bien pero es un auto de los costosos.

Alguien sale del auto, Changmin tiene un ojo cerrado, cae de rodillas al suelo, adolorido como se encuentra no puede identificar a su salvador. Pero en cuanto escucha su voz una vez más, se sorprende.

—¿Qué demonios le están haciendo? ¡Lárguense de aquí!
—Pero mira nada más, otro niño bonito. ¿No te das cuanta que seguimos siendo más?

Una pequeña risa, una cruel que incluso hace que la piel de Changmin se estremezca. Del auto, Yunho saca una pistola. Una que sorprende a Changmin y que prefiere no saber por que la tiene ahí, pero con una precisión que asusta enfoca al que parece ser el líder.

—Niño bonito mi trasero; Ahora lárguense por que creo que incluso un premio me darían por eliminar a escorias como ustedes.

Changmin no sabe mucho de armas, pero sabe que esa manera de sostener un arma, sin vacilar, con tanta seguridad y certeza no es algo que se aprenda, sino algo más bien que brinda la experiencia.

Los pasos temblorosos y apresurados es lo único que Changmin logra escuchar antes de quedarse a solas con Yunho y que él guarde el arma y se acerque. Las pocas veces que ha convivido con Yunho cuando ha ido por Jaejoong no cuentan para que hiciera algo como eso.

Aún así, Changmin está infinitamente agradecido.

—¿Qué tan mal estás?
—Muy golpeado.

—¿Cómo para ir a un hospital?
—No, por favor. Los odio.

Yunho asiente, se agacha un poco y logra sostener su mano, para poder pasar su brazo por encima de los hombros de él. A Changmin le cuesta un poco levantarse. Principalmente le duele el estómago y el sabor metálico en los labios es asqueroso.

—Te llevaré a mi departamento, ¿te parece?
—Supongo…

No puede negarse, esencialmente por que no puede. Yunho abre la puerta de su auto, y lo sienta ahí, colocándole el cinturón de seguridad, suponiendo que esta lo suficientemente adolorido como para incluso hacer eso.

Desde su lugar, Changmin observa el auto, cerca del pequeño compartimiento que separa su asiento del de Yunho, pero cuando Jung entra, él opta por mirar hacía adelante. No entiende por que lo ha ayudado.

Pero supone que es instinto natural, sin embargo le parece un poco extraño. La disyuntiva en su mente se queda, cuando cierra los ojos y el auto arranca. Su cuerpo le duele, la cabeza también.

Y en ese momento solo piensa, que de haber dimitido desde el principio, no estaría pasando por tantos dolores de cabeza por aquel estúpido puesto. Y que tal vez todo esto no vale la pena.




Minho tiene el permiso para conducir; El problema radica en que no le gusta hacerlo.

Pisa el acelerador con una fuerza desmedida que impulsa el auto a alcanzar una velocidad desconocida que sube la adrenalina en su interior y mueve el indicador de velocidad con fuerza.

El viento se cola por las ventanas abiertas y sus cabellos se sacuden con una fuerza increíble, apenas puede ver el camino bien. Esta es una de las razones por las que no conduce, por que es impulsivo, es devastadoramente cruel.

Ha dejado a Changmin botado sabrá Dios donde, sus sentidos se han bloqueado. Su corazón aún late apresurado, agitado. Provocándole punzadas profundas en el pecho, los brazos y la cabeza.

Aún siente esa incomodidad en la mandíbula. El pecho es su principal problema, duele. De una manera incesante que le hiela la piel, hondamente como si no pudiera deshacerse de ese dolor.

Lo único que ha logrado con el pasar del tiempo es no definir un sentimiento que lo abarcara por completo. Y el hecho de que para Changmin todo le resulte tan liviano lo agota. ¡Minho no entiende!

¿Por qué no lo quiere? ¿Por qué no se ha enamorado de él?

Jinki, Taemin, Joonghyun e incluso hasta el mismo Kibum lo aman. De una manera que él no comprende, y que no le ha costado esfuerzo. ¡Pero Changmin no! Para Changmin esta bien besarlo, o no.

Para Minho no es igual. Empieza a preocuparse por eso.

Frena el auto, aprovechando que toda aquella zona cerca a su casa es desprovista de tráfico. Las mejores ciudadelas, resguardadas del mundo entero. Casi un mundo aparte; Minho siempre ha crecido así.

Tapa con sus manos el rostro lleno de frustración que posee en estos instantes. Changmin es solo un tipo pobre con un trabajo mediocre que no tiene aspiraciones en la vida. Que lo más cercano que puede estar al éxito es viviendo como trabajador en su casa.

Entonces, ¡¿por qué no lo quiere?!

No es solo que Changmin hasta ahora no haya llegado a desarrollar algún sentimiento por él. Es que le molesta esa desazón en su interior de saber que los otros cuatro lo aman por quien él finge ser.

Mientras que Changmin, quien lo conoce en realidad, no lo quiere.

—…¿Soy tan mala persona?

Y el susurro que sale de sus labios se encierra en el auto, en el silencio abrazador de la noche, en el frío que se escurre por las ventanas y que golpea violentamente su cuerpo. Ha llegado a la conclusión, de que no es mejor que sus hermanos.

Por que al final de todo, nadie los quiere en realidad.

Por que nadie conoce a su familia en verdad. Si entre ellos se odian y destruyen, ¿qué puede esperar de los demás? Minho se siente decepcionado de la vida que lleva, y de la verdad que Changmin sin pretenderlo le ha estrellado en la cara.




Ella es una mujer sencilla.

Sencilla y sin problemas, sin preocupaciones. Que no aspira demasiado, más que cumplir con su trabajo y tener un sueldo que la pueda mantener bien a ella y sus padres que viven en aquel pueblo.

Minkih nunca se ha preocupado por nada más. Retrocede por instinto, justo hasta que su espalda choca contra la pared, niega con la cabeza, tapando su boca y viendo como Yoochun algo torpemente se levanta de encima de su hermano.

Su hermano…

El recordar aquello ha trastocado su propia consciencia. Hay varias reglas que respetar en esa casa, entre ellas y la principal es que nada de lo que suceda se puede mencionar con nadie más, así conviva en el mismo lugar.

Pero esto la ha sobrepasado, la mirada preocupada de Junsu la enfoca. Hay un silencio abrumador, y a ella todavía le late el corazón rigurosamente, por que las manos le tiemblan e incluso siente que se ha puesto un poco pálida.

Tiene miedo de esos dos, y lo que puedan hacer por guardar su secreto.

—Minkih…
—¡Tranquilo joven!

Acalla sus palabras de inmediato, siente que ha levantado demasiado la voz, cierra los ojos con fuerza y respira profundo, regresando su mirada una vez más para que vean la severidad en sus palabras.

—Yo… No diré nada. Esto nunca pasó… Yo no…
—Pues más te vale, sirvienta. Por que esto ni siquiera lo debes recordar.

Duele de alguna manera percatarse que ha pasado de ‘Minkih’ a sencillamente ‘sirvienta’ hasta hace poco le parecía incluso un logro que los integrantes de la familia Kim la trataran bien, siendo sus caracteres tan desmedidos.

Pero Yoochun la ha mirado con fuerza; Y ella solo ha sentido miedo.

—Yo… No diré nada…

Corre apresurada, girando sobre sus pasos de regreso a su habitación, apretando los puños con fuerza, asustada, con el nerviosismo en su cuerpo, desarrollándose entre sus sentidos y bloqueándola de lo que ocurre a su alrededor.

No escucha la voz repleta de reproche en Junsu, ni se percata del corto “¿Qué crees estas haciendoLa asustas.” Que el menor ha expresado antes de ir corriendo tras ella, a Minkih en este instante no le preocupa.

Tapa su boca y corre más rápido, más allá del miedo que cargar con ese sentimiento le provoca, lo que siente es empatía, dolor e impotencia. Por que siempre lo había notado, lo mucho que esos dos se querían.

Y lo doloroso que debe ser para ambos, quererse y saber que no está bien.




—¿Qué esta sucediendo?

Junsu y Yoochun levantan la mirada, Boa se encuentra en la parte superior de las escaleras, atando la bata a su cintura, ella se ve preocupada. Pero los dos muchachos solo arrugan el entrecejo, Junsu es el primero en hablar.

—No te metas en lo que no te incumbe.

Luego de eso Junsu se marcha, Boa puede verlo irse por el pasillo que dirige a la cocina o a las habitaciones de los empleados, no está seguro de a donde se dirige el menor pero Yoochun solo sube las escaleras.

Se ve molesto, demasiado, pasa a su lado y tropieza con ella apropósito, el golpe le ha dolido un poco, su hombro derecho ha recibido el golpe, lo toca con cuidado. Por que Yoochun huele a licor y muy probablemente en este instante, sobrepasar su paciencia no es recomendable.




—Minkih…

Fue un golpe leve, Junsu apenas tocó la puerta de la habitación de la mujer y esperó; Especialmente por que no quería despertar a los otros empleados. Arregló un poco su camisa y respiró profunda. Estaba nervioso.

—Por favor abre la puerta. Te lo suplico…

Pocas veces en su vida ha hablado así, pero en este justo momento el miedo lo carcome, y esa inexplicable y estúpida razón llamada amor lo tiene ahí, parado frente a la puerta de aquella mujer, todo para que no abra la boca y perjudique a Yoochun.

Ni siquiera le importa lo que pase con él.

La puerta se abre, Minkih se ve asustada. Eso le da un poco de seguridad, ingresa a la pequeña habitación y cierra la puerta de inmediato, ella solo retrocede un poco. Junsu aún duda de sus palabras.

—Minkih, escucha. Lo que viste hoy es todo lo que estás pensando. Estas mal, es incorrecto, pero te juro que estamos luchando contra esto. Hoy Yoochun bebió de más, pero…

Toda su fortaleza de pronto recayó, parpadeó seguido, un poco inseguro y apretando los puños, ella solo apretó sus propias manos insegura.

—En realidad, ¿cuánto tiempo llevan así?
—Años, muchos años.

Minkih movió su pie, un poco indecisa y sin el suficiente valor de hacer la siguiente pregunta.

—Joven, no se moleste. Pero, ¿por qué cree que tan solo con distanciarse va a bastar? Mientras sigan bajo el mismo techo estas cosas seguirán ocurriendo. Esta vez los he descubierto yo, le juro que no diré nada, pero la próxima vez puede ser su padre.

La voz de la mujer era temerosa, no lo miraba a la cara. Pero aún así. Junsu entendía, que ella tenía la verdad en sus manos, por más que aceptarlo fuera difícil. Por que lamentablemente esa es una horrorosa verdad que no había querido afrontar.




Cuando entró al departamento de Jung; Changmin pensó que jamás había visto un departamento tan espectacular como ese. Aunque cojeaba y se encontraba un poco adolorido, aún así pudo apreciar la belleza de aquel lugar.

—Iré por un par de cosas al botiquín. Espera un momento.

No le quedó más que asentir, sentándose con cuidado en el sillón, con una pequeña mueca de dolor, mientras colocaba su mano izquierda en una de sus costillas derecha. Miró con curiosidad el lugar, y le llamó la atención ver aquella foto sobre el mesón cercano al pequeño estudio.

Habían dos niños abrazados ahí; Suponía que uno de ellos era Yunho, pero la niña de cabello negro no la pudo reconocer. Finalmente no conocía de las amistades de Jung. Decidió olvidar aquello y se dejó recostar con cuidado en el sillón, subiendo las piernas y cerrando los ojos, en verdad estaba adolorido.

—Oh, ya te pusiste cómodo.

La voz de Yunho sonaba distante, pero al mismo tiempo era conciliadora. Apenas pudo dejar escapar un pequeño lamento en señal de respuesta. Sintió las frías manos de Yunho levantando su camisa y empezando a deslizar una pomada aún más fría sobre su torso y estómago.

Su cuerpo se encogió ante el cambio de temperatura que enfrentó su cuerpo contra aquel contacto que lo tomó de improvisto. Se encontraba entre la inconsciencia y la realidad. Y especialmente entre el hecho de que se encontraba prácticamente con un desconocido siendo ayudado a toda disposición.

Justo en ese momento, Changmin pensó que Jung Yunho no podía ser tan mala persona.

Alguien que ayuda tan desinteresadamente a otra persona no puede ser malo. La pomada en esta ocasión llegó a su rostro. Una mueca fue su única respuesta. Yunho comentó algo que no alcanzó a escuchar. No habían demasiado golpes en su cuerpo, pero si lo suficientemente dolorosos.

—Te traeré unas mantas y una almohada para que descanses.
—Muchas gracias.

Quedarse en aquel departamento no le parecía una opción hasta que Yunho lo mencionó, pero sinceramente no se veía con ganas de moverse demasiado. Era consciente de que Yunho había curado varias de sus heridas, puesto algo de alcohol, algunas venditas a más de la pomada. Pero gran parte de ese trabajo, Changmin la había pasado medio dormido.

Rascó un poco su cabeza, esperando por las mantas y l almohada ofrecidas. De repente, la manera en que Yunho cuidó de él lo sorprendió, por que ahora que empezaba a pensar un poco más razonablemente. Un tipo como Yunho, no puede ser tan amable.

—¡¡Yunho!!

Esa voz la reconoce enseguida, es Jaejoong, golpeando la puerta con fuerza y se escucha molesto, demasiado tal vez. Changmin solo se hunde en su asiento, no está para más problemas. Por suerte Yunho aparece de inmediato soltando las mantas y la almohada sobre el sillón, con el entrecejo arrugado.

Parece no ser la primera vez que Jaejoong arma un escándalo así.

—Metete en la habitación y por nada del mundo salgas de ahí.
—De acuerdo.

No reniega, ni pide explicaciones. Los golpes de Jaejoong cada vez son más fuertes, por eso corre a la habitación que Yunho le ha señalado y apenas junta la puerta, escucha entonces los pasos de Jaejoong dentro del departamento.

—¿Por qué no abrías rápido?
—¿Por qué estas viniendo ahora todos los días en ese estado a mi departamento?
—¡Yo vengo en el estado en que me da la gana!

Jaejoong se lanza a la boca de Yunho, apretando su mandíbula con las manos, juntando sus cuerpos con una destreza que solo el reconocimiento de sus cuerpos le proporciona. Yunho parece sorprendido, por que en realidad no lo esperaba.

Retroceden unos pasos, las manos de Yunho viajan inconscientemente a la cintura de Jaejoong y él en respuesta solo profundiza el beso, con sus labios jugando sobre los del otro, con un pequeño gemido compartido.

Changmin no se sorprende ante eso, ya lo imaginaba. Desde aquel primer día de trabajo cuando los escuchó en el estudio. Lo que tenía ahora eran pruebas que era diferente. Le resultó incomodo que Yunho y Jaejoong pudieran hacer algo mientras él estaba en la habitación, pero afortunadamente Yunho pareció recordar su presencia.

—Espera Jaejoong… No es el momento.

Justo en ese instante, Jaejoong se alejó. Enfurecido e incluso empujando a Yunho en el proceso. Con una mano pasándose entre su cabello, apoyándose un poco en el mesón cercano a la cocina, con la frustración visible en su cuerpo.

—Nunca es el momento… Últimamente nunca es el momento. Ni en tu oficina, ni en mi casa, ¡¿ahora tampoco en tu departamento?! ¡¿Es que el sexo conmigo te parece aburrido ahora?!

Changmin decidió cerrar por completo la puerta; Escuchar esa conversación se estaba volviendo algo un poco incomodo, y aún más cuando Yunho pareció no querer mediar la situación.

—No me place acostarme con alguien que me busca solo cuando esta abrió.

—¡¡Eso es mentira!! ¡Lo que sucede es que tu maldita actitud me tiene harto! ¡No se cuando estamos bien o mal! ¡¡No se lo que te traes con Yoona!! ¡Todos estos años lo único que he planeado es…!

Jaejoong parece haber perdido el hilo de las palabras, es inevitable. Vuelve abrir la puerta con cuidado. Jaejoong ahora mira a Yunho, parece haberse embelesado con su rostro. Yunho espera que continúe, pero Kim no planea continuar hablando, por que al parecer ha hablado demás.

—¿Planeado? ¿Qué has estado planeando Jaejoong?
—…Quedarme solo contigo.

Extrañamente a Changmin eso no le sonó romántico ni dulce, la forma en que lo dijo Jaejoong, la manera en que miraba a Yunho. Realmente, Changmin lo que sintió fue miedo. Esas palabras de la boca de Jaejoong salieron lentas y parsimoniosas.

Se pegó un poco a la puerta, pendiente de si Yunho había percibido el mismo aire escalofriante que Jaejoong había destilado. Pero la sonrisa en los labios de Jung le demostró que no fue así.

—¿Solo conmigo? No digas estupideces Jaejoong. Tú te vas a casar, yo seguiré siendo tu mejor amigo. Así estamos bien, es el orden natural de las cosas.
—¡Me vale un carajo el orden natural de las cosas! ¡Te quiero solo para mí!

Jaejoong volvió a agarrar a Yunho por la quijada, con ambas manos y juntando sus labios en un demandante y peligroso beso. En un primer instante Yunho intentó alejarlo, pero no pareció ser fácil, entonces Yunho abrió los ojos con algo de miedo.

Jaejoong parecía algo fuera de sus sentidos.

—¡Basta! ¿Qué sucede contigo? No quiero tener sexo contigo en ese estado.
—¿Por qué? ¿Estas con Yoona? Dile que se marche entonces.

Yunho pareció encontrar el momento indicado para quitarse a Jaejoong de encima, caminó hasta el teléfono y se lo extendió a Jaejoong. Con el entrecejo levemente arrugado.

—Llámala a su casa.

En el momento en que Jaejoong tomó el teléfono casi sin dudarlo. Yunho solo logró cruzarse de brazos. Unos minutos después Jaejoong parecía un poco más calmado, apretando el teléfono en sus manos.

Changmin suponía que Yoona le contestó, pero él ni siquiera se molesto en explicar el por que de su llamada, por que simplemente colgó. Escuchar su voz desde el otro lado del teléfono desde su casa era suficiente.

—¿Ahora puedes dejar la paranoia por favor? Yoona y yo no tenemos nada.
—…No te creo, me estás mintiendo. Lo sé.

Jaejoong aún continuaba dándole la espalda a Yunho, y desde su lugar Yunho solo se apoyó un poco en el sillón, con una sonrisa burlona en el rostro que sorprendió a Changmin.

—¿Entonces por que no simplemente me dejas de lado?

El silencio de Jaejoong, más la intensidad con la que apretó el teléfono en sus manos. Pareció regocijar a Yunho, por que su sonrisa se amplió mientras miraba a Jaejoong aún dándole la espalda. Como si de repente Kim fuera completamente débil, y la respuesta flotara en el aire.

Changmin no necesitaba saber demasiado, por que él podía ver lo mismo que Yunho y Jaejoong veían. La obvia respuesta con tan solo haberlos presenciado juntos por unos minutos.

Por que ya no puedes vivir sin mi.

Jaejoong no lo dijo, pero Changmin pudo ver en la sonrisa de Yunho y en el silencio y la frustración mezclada con impotencia de Jaejoong. Que esa era la verdad. Lo que Changmin no comprendió, es si Yunho tenía bien medido ese sentimiento que había logrado desarrollar en el mayor de los Kim.

—A veces no comprendo nuestra historia Yunho. A veces no sé quien es el malo de la historia, si tú o yo. Finalmente, de vez en cuando el cazador está tan seguro de su poder, que olvida que la presa puede ser incluso más inteligente y peligrosa. A veces el cazador se olvida que existen mentes más retorcidas que la suya. Como un cazador de serpientes, él tiene un arma. Pero la serpiente con una sola mordida puede acabar con su vida.

Jaejoong de pronto sonrió, con una confianza asombrosa, arreglando un poco su cabello. Sin mirar a Yunho aún. Y Jung mientras tanto solo parecía un poco confundido.

—La confianza es el peor enemigo de todos, Yunho, por que fácilmente el cazador se puede volver en presa. Por que el cazador puede llevar varios años intentando capturar a su presa. Pero él no sabe si la presa lo ha visto desde mucho antes, y conoce ya cada uno de sus movimientos, por que lo vio cuando apenas empezó a aprender a cazar.

En medio de la metáfora, que Changmin no entendió muy bien, con una sonrisa en los labios, y sin terminar de entender muy bien lo que sucedía. Changmin observó a Jaejoong marcharse sin siquiera despedirse de Yunho o siquiera volverlo a mirar o tocar.

Yunho parecía confundido aún. Luego de unos segundos solo se acercó a cerrar la puerta, y Changmin se apresuró en fingir que se había dormido solo para evitar conversaciones incomodas. De pronto Jaejoong le parecía más peligroso que el propio OhDae.




Taemin bajó las escaleras velozmente.

Abrió la puerta y tal como lo había dicho Minho al teléfono, se encontraba ahí. En la puerta de su casa. En medio de la noche, como si nada. Cuando antes ni siquiera parecía querer cruzar palabras con él.

Guardó el celular en su bolsillo y lo miró.

Minho lucía levemente abatido, con una falsa sonrisa en los labios, con las manos dentro de su pantalón. Extrañamente la mirada de Minho viajaba de un lado a otro. Parecía un niño asustado.

—¿Qué haces aquí Minho?
—¿Me puedo quedar contigo esta noche?

Los ojos de Taemin se abrieron con sorpresa, por instinto miró hacía atrás, por si sus padres se hubieran despertado. Luego miró de regreso a Minho, quien ahora buscaba sus ojos con certeza.

—¿Por qué?
—No quiero llegar a mi casa; Me siento… Asustado, confundido… Solo.

Minho pudo no haberse dado cuenta, pero aquellas palabras dolieron. Taemin se había percatado que estaba ahí, con él, por que no tenía a donde más ir, por que no le quedaba otro lugar.

Y por que a pesar de lo mucho que Taemin lo quería; Minho parecía seguir sintiéndose solo.

—Pasa, pero guarda silencio.
—…Gracias, Taemin.

El declive de su relación estaba cerca. Por que Minho lo abrazó como nunca antes, con verdadera calidez, prendiéndose de él, como si en verdad lo necesitara. Besó su mejilla e ingresó.

Taemin solo sonrió diminutamente. Minho parecía no ser más su pareja. Parecía más bien un amigo. Apretó un poco su puño cuando lo vio empezar a subir las escaleras con cuidad. Taemin estaba intrigado, ¿en qué momento Minho lo había dejado de querer?

…Cuando él todavía seguía enamorado.




Junsu esa mañana supuso que tenía unas ojeras pronunciadas.

Se miró en el espejo, con la misma expresión vacía en su rostro. Respiró profundo y cerró los ojos. Intentó sonreír, pero sintió tan falsa esa sonrisa que sacudió un poco su cabeza y se apoyó mejor en la cómoda de su habitación.

Volvió a mirar hacía el espejo; Intentó entonces con una sonrisa más pequeña.

Pareció un poco más aceptable y un suspiro salió de sus labios. Pronto unos leves golpes en la puerta llamaron su atención.

—Su… ¿Estás listo?

Era la voz de Kangtae, volvió a respirar profundo, tomó su abrigo, billetera y celular. Miró su habitación una última vez y abrió la puerta con aquella pequeña sonrisa en los labios que Kangtae pareció apreciar.

—Buen día, Kang.
—Hola, Su. ¿Por qué me pediste que nos viéramos tan temprano?

Kangtae fue discreto besó su labios apenas brevemente a Junsu aquel contacto ya no se le hacía extraño, por lo mismo solo tomó las manos del castaño y sonrió un poco más.

—Desayunemos fuera, ahí te explico.

Él asintió, y lamentablemente antes de que pudiera cerrar la puerta de su habitación, Yoochun abrió la suya. Viéndose terriblemente mal. Producto quizá de la resaca. Sus ojos se encontraron, y Yoochun pareció tardar en percatarse de la presencia del otro, pero cuando eso ocurrió, él solo arrugó el entrecejo.

—Hola, Chun. Kang y yo saldremos a desayunar, que pases un buen día.

Seguramente Yoochun lo miraba con dolor, prefirió no saberlo. Por que apretó la mano de Kangtae y empezó a caminar lo más rápido que pudo, sin que pareciera que huía. Miró el suelo al caminar, con la sola idea de abandonar esa casa cuanto antes.

Morir por dentro, era más angustiante. Yoochun era su enfermedad y debía sanarse de él. Así como Yoochun debía sanarse de él.




Los pasos de Changmin fueron suaves.

Intentando no importunar a Yunho. Jugó con sus propias manos, mirando de un lugar a otro, intentando hallarlo en algún lugar. Cuando entró a la cocina encontró una pequeña nota junto a una taza vacía. Y un pequeño pan.

Al parecer Yunho se había marchado temprano a trabajar, no le plació café esa mañana, solo tomó el pan y arrancó un pequeño pedazo para empezarlo a masticar. No esperaba un desayuno espectacular, no era más que un invitado a fuerza en ese lugar. Es más, aquel pan le parecía incluso demasiado.

Se arrimó en el pequeño mesón y notó, que curiosamente aquel portarretrato que vio el día de ayer en la noche. De aquellos dos niños ya no estaba.

—¿Lo habré imaginado?

Francamente le parecía imposible; Pero viendo la hora en el reloj decidió que lo mejor era marcharse, llevarse el nombre de aquella pomada que Yunho le había aplicado y comprarla de camino a su trabajo.




—Este vestido definitivamente fue diseñado para ti.

Las adulaciones de la mujer, encargada de la tienda de vestidos de novia, la tuvo sin cuidado. Yoona solo observó el hermoso vestido blanco que se ceñía tan bien a su figura, lo bella que se veía y la envidia con que las demás mujeres la miraban.

—¿Por lo menos podrías sonreír un poco amiga? Parece que te casaras con el hombre que más odias en este mundo.

Hye arregló un poco el velo que caía por su rostro y colocó una mueca graciosa, Yoona solo suspiró. Prefiriendo no contestar a la broma de su amiga. Bajó la mirada hacía el vestido y levantó un poco los hombros.

—Supongo que este está bien.
—¿Segura? Mira que un vestido de novia es para siempre.

Yoona sonrió, su amiga parecía más entusiasmada que ella en todo lo de la boda, pero para ese instante Yoona decidió solo sonreír. No podía echarse para atrás. Había luchado mucho para llegar hasta donde había llegado. Así que estos mínimos detalles no retrasarían su plan.

—Si, este es el vestido perfecto.




Jinki se encontraba atareado entre todos los papeles sobre el escritorio.

Armar la fiesta para los quien sabe cuantos años de la compañía, por que incluso eso había olvidado, había resultado agotador.

—Taemin, ¿podrías…?

Cuando levantó la mirada y observó al menor, que lucía cabizbajo, mirando el lápiz en su mano. Pensativo y al parecer muy lejos de su lugar de trabajo. Onew suspiró. Conocía esa expresión, por que se parecía mucho a la que él últimamente tenía.

—Taemin…
—¿Eh? Oh, disculpa Jinki.
—Está bien, ¿problemas?

Lee mordió su labio inferior, al parecer no muy seguro de cómo contestar esa pregunta, Jinki entonces se quitó los lentes y sonrió.

—Son problemas personales, nada importante. ¿Continuamos?
—Como gustes.

Taemin sonrió cuando notó que Jinki estaba dispuesto a no indagar demasiado en el asunto. La verdad es que sus pensamientos volaban hacía Minho, en lo temprano que se había marchado esa mañana y en lo triste que le había resultado no poder haber sido de ayuda para él.

Tal vez en este momento Minho se encontraba en su casa, con ese problema que lo agobiaba. Taemin sentía que pudo haber hecho algo por él, si Minho lo hubiera dejado acercarse. Pero Minho tan solo impuso una barrera entre los dos.




Minho se encontraba en la mesa de la cocina.

Con un pequeño vaso con jugo de naranja en las manos. Mirando su contenido y esperando. Cuando Changmin ingresó por la puerta trasera de la cocina sus ojos se encontraron inmediatamente.

—¿Por qué llegas a estas horas?
—Bueno, me dejaste en la mitad de la carretera. ¿Cómo planeabas que llegara hasta acá sin un centavo encima?

Changmin lucía molesto. Minho entonces miró al resto de los empleados y todos se retiraron velozmente de ahí sin siquiera preguntar o hacer comentario alguno. Cuando estuvieron a solas Minho se levantó.

Percatándose recién de los golpes en la cara de Shim, en la funda proveniente de una farmacia que tenía en las manos.

—Fui hasta mi casa, me cambié y vine para acá si es lo que te estas preguntando. Camino acá compré la pomada.
—¿Qué te sucedió?

La mano de Minho viajó hacía el rostro del mayor, pero hábilmente Changmin lo detuvo, sosteniendo su brazo sin demasiada fuerza, mirándolo con frialdad.

—Intentaron asaltarme. Tuvieron que auxiliarme.

Minho abrió sus ojos con sorpresa. Visiblemente preocupado, pero Changmin pudo notar al mismo tiempo que no estaba entre sus planes disculparse, notó entonces que se encontraban demasiado cerca.

—Hagamos un trato joven Minho. De ahora en adelante solo mantengamos nuestra relación como al inicio. Usted ignorándome y yo cumpliendo con mi trabajo. No besos, no reclamos, no tensión entre nosotros.

Changmin soltó la mano de Minho. El menor entonces miró su brazo y el lugar donde Changmin lo había tomado. Respiró profundo y dio un paso hacía adelante.

—Espera, Changmin… Yo… Yo…

—¿Va a disculparse? Por que solo si es así me quedaré. Luego de que me vaya las disculpas no serán necesarias. Por que finalmente un niño rico siempre hace lo que le da la gana y la gente como ‘yo’ solo debe callar y aguantar.

Minho lo miró a la cara y pareció perder todo el valor, por que calló y entonces Changmin entendió. No podía contrarrestar la vida de alguien que había crecido de esa forma, no podía cambiar en unos meses toda una vida de comportamiento egoísta y frívolo.

Alguien como Minho era incapaz de disculparse, mucho menos de enamorarse.

Convencido de eso, Changmin decidió continuar su camino. Y esta vez no escuchó la voz de Minho pidiéndole que se detuviera.




Yunho abrió las puertas de la oficina de OhDae con una pequeña sonrisa en el rostro. Sin embargo vio a Jaejoong junto a su padre, riendo por algo. Y cuando él lo vio. Una extraña tensión se formó. Una que al parecer OhDae no notó.

—Yunho, buen día. ¿Qué te trae por aquí?
—Pues vine a mostrarte todo el tramite correspondiente a la ceremonia, el discurso y todo lo correspondiente ya que dentro de poco acabara tu lugar en la gobernación.

OhDae inmediatamente prestó atención, moviendo un poco su asiento y ajustando los lentes a su rostro. Tomando la carpeta que Yunho le extendía.

—Tienes razón, había olvidado aquello.

Jaejoong lo miró. Yunho no pudo evitar que su mirada también se deslizara hacía él, que por un momento ambos parecieran pedir disculpas con tan solo una mirada. Que inevitablemente Jaejoong pareciera querer decirle algo más.

Yunho prefirió dejar aquello de lado; Se sentó frente al escritorio y decidió mirar a OhDae quien analizaba el contenido de la carpeta.

—He estado pensado OhDae, ¿no sería bueno que te postularas para candidato al ayuntamiento? Definitivamente ganarías.
—¿En serio lo crees Yunho?

Habiendo capturado su atención, Jung asintió. OhDae pareció gustoso con la idea.

—Por supuesto, si lo deseas podría ayudarte. Podría ser el jefe de campaña y definitivamente se mezclarme bien con los medios.
—Lo pensaré, aunque me parece una excelente idea.

Jaejoong colocó las manos sobre los hombros de su padre en señal de apoyo. Con una casi inexistente sonrisa en el rostro. Notando recién lo involucrado que estaba Yunho en los negocios de su familia.

De repente la idea lo atacó, ¿en qué momento Yunho se había apoderado de esa forma de las decisiones que su padre tomaba?




—La fiesta de aniversario de las empresas de la familia Kim, está cerca.

Key levantó la mirada, en cuanto la voz de Heechul fue audible. Conversando con Siwon. Ambos parecían no haberse percatado de su presencia, y aunque lo hicieran, Key después de todo no era un extraño para ellos.

—¿Será tan fastuosa como la vez pasada?
—Supongo que si. Seguramente nos envíen a los dos a cubrir la nota.
—Demonios yo no hago la portada de sociales, ¿por qué debo ir?

Siwon pareció renegar de su suerte y Heechul únicamente sonrió divertido con aquello, antes de beber un poco de su café. Key se arrimó contra la pared y pensó que ese sería el momento ideal.

Frente a toda la sociedad, destruir a Minho frente a todo el mundo sería lo más factible. El problema era que no tenía un plan en mente y el tiempo se le acortaba.




Changmin pasó una mano por su rostro.

Frustrado, hastiado, cansado.

Hablarle así a Minho pudo no haber sido lo más inteligente que se le pasó por la cabeza, pero ya lo había hecho y no había vuelta atrás. Se quitó la camisa, con un fastidioso dolor en el hombro derecho.

Sacó la pomada de la caja y miró el medicamente recién adquirido con un poco de desconfianza. Finalmente suspiró y decidió aplicarlo como pudiera. La puerta de su diminuta habitación en la casa de los Kim se abrió.

Sin un toque de aviso previo, no fue complicado para Changmin suponer que se trataba de Minho. Quien al parecer no pareció tener ningún problema con que se encontrara sin camisa, al contrario solo cerró la puerta y suspiró, apoyándose en ella.

—¿Qué hace aquí?
—Puedes dejar de hablarme así, como si no me tuvieras ningún tipo de confianza.

Minho parecía también un poco fastidiado, caminó hasta él y le quitó la pomada de las manos mirándola un poco y al mismo tiempo asombrado de ver los golpes en su cuerpo. Changmin pensaba que no eran tan notorios, pero la mirada de Minho le indicaba que no era así.

—No es recomendable que estés aquí Minho.

Su estómago se contrajo cuando los dedos de Minho estuvieron sobre si, empezando a colocar la pomada en sus golpes. Desvió la mirada, con el pulso un poco acelerado y con la respiración irregular.

Las reacciones en su cuerpo lo sorprendieron, intentó respirar por la boca discretamente, par no ser tan obvio y que su respiración se calmara al menos un poco. Minho continuó en silencio con su trabajo, y definitivamente el tacto de Minho era distinto al de Yunho.

De repente perdió de vista al menor, se había colocado detrás de él, colocando un poco de pomada en su espalda. Y Changmin pensó que era mejor, por que al menos podía relajar un poco más las expresiones en su rostro.

—No sé como pedir disculpas, esa es la verdad.

El comentario fue repentino, la voz de Minho sonó particularmente conciliadora.

—Es algo que la gente normalmente hace, ¿cómo es posible que no sepas como hacerlo?
—No sé, así de simple. La gente como ‘yo’ aprende con el paso del tiempo, que tenemos prohibido equivocarnos y por tanto pedir perdón no es una opción… Jamás.

Changmin cerró los ojos. Recordó que Minho era un niño de apenas dieciocho años, terminando el instituto. A veces intentaba hallar demasiadas cosas en Minho, cosas que en un principio no debería ni siquiera buscar.

—Me voy a disculpar de la única manera que sé. De la única manera que mis instintos me piden que lo haga.

Fue electrificarte, sentir los labios de Minho depositarse con cuidado sobre su hombro izquierdo. Pronto las manos de Minho estuvieron en sus brazos. Changmin solo cerró un poco más los ojos.

Con esa misma sensación de vértigo que solo los labios de Minho le producían, como si estuviera frente a un precipicio, sostenido tan solo por el tacto del menor. Los besos de Minho subieron a su cuello algo distantes, algo cálidos.

No tardó demasiado en que sus manos buscaran tocar las de Minho, aquellas manos que se encontraban sobre su cuerpo, acariciando con lentitud cada centímetro de su piel. Y su cabeza giró lo suficiente como para que su boca encontrara la de él.

En un beso que se convirtió en la pasión envolvente que los enloquecía. Entre ese sentimiento de gritar ‘no’ y luego deshacerse en pasión cuando sus pieles entraban en contacto.

Era como una sensación inexplorada, recién descubierta.

Girar por completo no le resultó difícil entonces. Llevar sus propias manos hacía la cintura de Minho, rozar con las palmas de su mano aquella piel. Aquel cuerpo se estremecía y encogía un poco ante el tacto de su piel.

Jugar con sus bocas, con su lengua recorriendo cada lugar. Hasta el punto de que respirar pasara a segundo plano. De llevar las manos hacía aquel cuello, enredar sus dedos en el cabello lacio de Minho, que sus sentidos vibraran con esa respiración agitada sobre su rostro.

Su espalda recibía un contacto leve, las manos de Minho no se movían con la libertad que deseaban, probablemente buscando no causarle algún tipo de daño. Pero Changmin no tuvo reparos en despojarlo de su camisa.

Besando el cuello de Minho lo dejó sobre la cama, abriendo los pantalones del menor con algo de velocidad. Pensó por un momento en que Minho aún así seguía siendo menor a él por varios años. Y Minho pareció adivinar lo que pensaba.

Por que lo tomó por el rostro, obligándolo a que lo mirara.

—No dudes Changmin. No te atrevas a dudar, no ahora.

Minho atacó a sus labios, con una pasión desbordante, con los dientes mordiendo sus labios, jalándolos un poco. Changmin entonces comprendió que Minho acababa de derrumbar todas las barreras en él.

No tuvo tiempo para asustarse por ello. En especial por que sería la primera persona en lograr aquello. En ese instante solo pensó en que quería hacerle el amor. En que quería marcar una diferencia en Minho, quería, necesitaba que Minho olvidara a los demás.

Quería impregnarse tan dentro de la piel de Minho para que nunca lo olvidara, para que ya no necesitara a nadie más. Quería aferrarse a Minho y poder llevárselo de ahí. Quería que Minho lo necesitara. Tanto como él lo estaba necesitando en este momento.

Cuando escuchó un gemido de los labios de él, Changmin cerró los ojos. Albergando a un más la esperanza de algún día poder estirar su mano y que Minho decidiera tomar su mano. Rogando por que Minho no lo odiara cuando el nombre de su familia saliera en los periódicos.

—Agh… Changmin…

Los movimientos de su cuerpo resultaron más veloces de lo que hubiera esperado, la preparación previa el cuerpo de Minho la había recibido con facilidad, por que cuando sus emociones evocaron. Ya se encontraba dentro de ese cuerpo, con Minho soltando gemidos ahogados, apretando con fuerza las sábanas en la cama.

Fue su rostro compungido por el placer, lo que logró excitar aún más a Changmin, buscó su boca y un beso profundo que le indicará a Minho que quería seguir escuchando su nombre salir de esos labios.

Fue un vaivén lento lo que pareció enloquecer a Minho, quien se retorció, por que los detalles previos Changmin los había omitido, por que había despertado cuando esos jadeos de Minho llegaron hasta lo más ínfimo de su ser.

Y entonces cerró los ojos. Mordiendo el cuello de Minho, con sus pechos rozando el otro, y el pequeño calor que los empezaba a envolver, el sudor delgado que resbalaba por sus espaldas. Minho entonces lo atrajo hasta él.

Con un pequeño lamento ahogado saliendo de su boca.

—Por favor… Nunca te alejes de mí…

Luego de eso hubo un beso, Changmin no se vio en la obligación de contestar, y eso pareció bastar por el momento en lugar de un ‘te quiero’ uno que al parecer no llegaría jamás.

Changmin se propuso entonces perderse en el aroma de Minho, en su cuerpo y las caricias. En lo que sus sentidos estaban explorando. Y que justo en ese momento para su propio sufrimiento y sentimiento masoquista, empezaba a entender…

…Lo fácil que era enamorarse de él.




El celular de Yoochun vibró sobre el piano.

Él entonces optó por quitarse los audífonos y detener la composición por un instante. Había sido un día difícil de trabajo, en especial por que concentrarse había sido difícil.

Pero cuando vio el nombre de Junsu, contestar se volvió vital.

—¿Junsu?
Chun… Hola, ¿qué tal el día?

La pregunta casual, el tono distraído. Yoochun quiso gritarle que no se comportara así, ¡que no lo tratara con esa indiferencia! Quiso decirle que lo sentía, que lo disculpara, que no lo odiara. Pero fue más difícil de lo que había pensado.

—Un poco estresante. ¿Dónde estas? ¿Nos podemos ver?
Solo levanta un poco la cabeza.

Fue instantáneo, Yoochun miró hacía el gran ventanal que había en el estudio donde se encontraba componiendo y miró a Junsu del otro lado, con una mano en el vidrio. Yoochun se levantó, mirándolo con anhelo.

—Junsu… Lo de ayer…
Chun pon tu mano en el cristal, sobre la mía por favor.

Obedeció, sin rechistar y con su intento de disculpa a medias, cuando vio la sonrisa de Junsu sintió que aquello valió la pena.

Voy a mudarme, Yoochun. Creo que es lo mejor para ambos.

La noticia lo tomó por sorpresa, sus ojos se abrieron más de lo normal y Junsu bajó la mirada, luego lo volvió a mirar y le sonrió débilmente.

No intentes detenerme, por que es una decisión tomada. No quiero… Perder a mi hermano…

Cuando la voz de Junsu flaqueó, rompiéndose sin poder terminar. Yoochun sintió una lágrima correr un largo camino desde su mejilla hasta el cuello. Quiso entonces poder romper ese vidrio que los separaba y llegar hasta él.

Pero Junsu únicamente empezó a mover un poco su dedo índice escribiendo la conjugación de sus nombres invisiblemente, solo para que él lo notara.

…Adiós.

Yoochun decidió quedarse con el celular en su oído un momento más. Junsu lo miró y suspiró. Unos segundos después Junsu se marchaba, con un paso lento y distante. Por primera vez Yoochun escogió la resignación, cerró sus ojos y suspiró.

Desde un principio, en el fondo, sabía que las cosas terminarían así.



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